Capítulo 51 - El Unioverum Patronus y el Misterio del Horrocrux
Después de la fiesta de año nuevo, Harry regresó al dormitorio de los chicos, más feliz que unas pascuas.
Hubo un hermoso espectáculo de fuegos artificiales. El profesor Flitwick reveló que preparó las explosiones de los cohetes con la colaboración de Fred y George, a quienes catalogó como un par de genios "Con un grandioso sentido del humor".
- Y Hermione insiste en que no tienen habilidad mágica…- pensó Harry, divertido.
Cuando Harry se echó a dormir, volvió a introducirse una vez más en un mundo lleno de voces extrañas, en vez de tener uno de sus sueños del tipo "cuentos de hadas", en el que solía montar encima de Buckbeack y luchar por rescatar a una bella princesa.
- Señor, quisiera preguntarle algo…- dijo la voz de Tom Ryddle.
- Pregunta chico, pregunta. - dijo una voz desconocida.
- Señor … me preguntaba, - dijo Tom en tono malvado. - ¿qué sabe usted a cerca de…Horrocruxes? -
- ¿Proyecto de Defensa contra las Artes Oscuras? - preguntó la voz misteriosa
- No precisamente señor. - dijo la voz de Ryddle. - Me encontré con este término cuando estaba leyendo y no supe interpretarlo de manera correcta. -
- No…bien…- dijo la voz misteriosa temblorosamente. - Sería muy difícil encontrar un libro en Hogwarts que te diera una explicación detallada acerca de los Horrocruxes. No Tom, esto es algo muy oscuro, muy oscuro de hecho…-
- ¿Qué serán los horrocruxes? - pensó Harry. - ¿Y porque estoy soñando con esas bobadas aún? Estúpido Ryddle, ¡ahora me jod** en sueños! -
La voz de aquel Ryddle en su versión joven e insoportable, al cual tuvo que hacer frente el curso pasado en la Cámara de los Secretos, resonaba en su mente desde hacía semanas. Eso sí, cada vez con menos frecuencia, lo que le hacía sospechar a Harry que la causa de esas voces fueron los Dementores (cuando invadieron el campo de Quidditch durante el partido contra Hufflepuff), y que si empezaba a dejar de oír esas voces era porque la influencia de esas criaturas, era muchísimo menor que a principios del curso.
Era imposible omitir ese extraño fenómeno de su cabeza, y por si fuera poco, estaba aquel brillo rojizo que en ocasiones veía reflejados en sus ojos cada vez que iba a asearse y estaba de mal humor (Demasiados deberes; Demasiados profesores actuando como vigilantes de turno; Peeves con sus bromas nocturnas no estaba ayudando en nada; etc, etc). Alcanzó un punto de necesitar hablar de estos sucesos con alguien, tanto en referencia a las voces como a ese extraño brillo en sus ojos. La pregunta era: ¿Quién?
Harry sabía perfectamente que siempre podía contar con Hermione, pero teniendo en cuenta la marea de deberes que tenía sobre la mesa a diario era difícil pensar que ella sería capaz de tener algo más en que pensar (lo cual, tratándose de ella, no se podía descartar). Era demasiado lo que estaba haciendo, aparte de no contar con mucho tiempo para dedicarse a las prácticas de duelo en los terrenos, donde solo Chloe y en ocasiones Ron acudían (Ginny había perdido un poco el interés y Luna estaba muy centrada en adelantar sus deberes). Dadas las circunstancias y con el asunto de Sirius Black circulando por todo Hogwarts, no era conveniente poner tantos misterios sobre la mesa.
¿Podría contarle algo a Ron? No se podía descartar la idea, al fin y al cabo, se trataba de su mejor amigo. En cuestiones de la vida, siendo un mago joven de su edad, era fantástico contar con su orientación, que no siendo la mejor que uno podía encontrar, era de lo más útil (La mayoría de sus soluciones para resolver problemas pasaba por una amenaza o la utilización de la fuerza bruta, omitiendo para colmo el dialogo). Pese a ser su mejor amigo, Ron no parecía la persona más indicada para tratar temas como voces en la cabeza u ojos que brillan. Lo más probable sería oírle habla sobre que Harry se estaba volviendo loco o chiflado como Dumbledore.
Entonces contempló la idea de contarle algo a Chloe. Podía ser infantil y graciosa, pero le aconsejó muy bien a finales del año pasado, ayudándole a aclaras sus ideas con respecto a sus sentimientos por Hermione, sentimientos que aún seguían ahí. ¿Por qué no hablarle al respecto? ¿Sobre las voces? ¿Sobre el brillo en los ojos? Justo cuando estaba por decidirse a buscarla para contárselo, recibió una nota por parte de Albus Dumbledore.
En una de sus clases, al acabar, el profesor Lupin le explicó a Harry que Dumbledore estaba investigando sobre lo sucedido durante el partido contra Hufflepuff con los Dementores. Si había alguien que podía resolver sus dudas mejor que nadie, indudablemente era Dumbledore (un tío con más de cien años de conocimiento y sabiduría a sus espaldas). El director citó a Harry para que acudiera a su despacho a las diez de la noche del 2 de enero, justo antes de que se reanudaran las clases.
Así pues, decidió que no era necesario hablar sobre las voces y el brillo en los ojos con nadie más, al menos hasta conocer la versión de Dumbledore y el contenido de su investigación. Ya había sido difícil para Harry hablar con Ron y Hermione sobre los poderes que Voldemort le transfirió cuando intentó asesinarle. Solo le quedaba esperar a la información de Dumbledore.
- Ojalá que esta vez me diga algo útil. - pensó Harry, esperanzado y ansioso por conocer lo que iba a decirle su director. - No es que hasta ahora no lo haya hecho, pero Dumbledore tiene tendencia a darme explicaciones a medias, y eso, obviamente es un poco molesto…-
El transcurso del segundo día de enero fue de lo más normal. Harry se pasó la mañana ultimando los deberes de Aritmancia con Hermione. Ambos se lo pasaron bien, distrayéndose con los significados de los números, y adquiriendo más conocimientos sobre la materia.
Sin embargo, Harry sabía que ella no hacía más que ocultar algo tan evidente como el estrés, y es que, tras unas agradables fiestas tener que retomar una rutina como la suya poco después no era lo más motivador del mundo. Ni más ni menos que doce asignaturas.
- Si yo con diez ya me como la cabeza, - pensó Harry, divertido y preocupado a la vez (Sensación muy extraña, ¿no?). - con solo ver su horario me da vértigo. Lo digo en serio, sería un milagro que no se volviera loca con su loco horario. -
Desde las navidades, Ron mejoró notablemente su relación con Chloe, llegando al punto de gastar bromas juntos a varios estudiantes de Slytherin. Harry sabía de antemano que a ella le gustaba los artículos de broma, y más si Hogwarts contaba con Fred y George y su tienda secreta donde se podía adquirir dichos artículos sin la necesidad de pasar por Hogsmeade.
Harry estaba contento porque después de año y medio, dos de sus mejores amigos dejaron un poco de lado aquellas discusiones absurdas que tenían, sobre todo, a la hora de comer. En vez de discutir, hablaban sobre Quidditch, ya que a los dos les gustaba el deporte rey del mundo mágico. En ocasiones, Harry se preguntaba porque Ron tenía tan mala suerte de que la muñeca Barbie de Chloe fuera a parar a su cabeza.
- Siempre me ha parecido raro. - pensó Harry. - Bueno, al menos ahora ella no lo lleva encima a todas partes. Me imagino que es una alegría para Ronald. -
A diferencia de Harry y Hermione, Chloe no era muy estricta con las cuestiones académicas (a pesar de todo, estudiaba mucho y sacaba muy buenas notas, siendo de las mejores en su año), y ese perfil claramente compatibilizaba con Ron, a quien le aburría las horas de estudio (Harry tampoco le culpaba por ello. Tercero estaba siendo muy exigente). A la mínima que ambos tenían sus deberes a buen recaudo, en vez de leer libros con fines académicos, los dos pasaban su rato en la biblioteca mirando libros de historietas graciosas sobre muggles (los comics).
- No sabía que había comics en Hogwarts. - pensó Harry, mirando de reojo un comic de "Capitana Marvel" que estaba leyendo Chloe. - Y no, las figuras no se mueven. Son comics 100% del mundo muggle. -
….
Con el regreso a las clases a la vuelta de la esquina, y para el descontento de Ron, Ginny pasó mucho tiempo con Draco Malfoy. Ya no se trataba de esos encuentros casuales durante las jornadas de estudio en Hogwarts, sino que iba desde en ocasiones saltarse las comidas en el Gran Comedor a juntarse en la biblioteca para estudiar juntos. Bastaba con decir que el único Weasley varón que no prestaba mucha atención a esta "relación amistosa" era Percy Weasley, cuyo único objetivo parecía limitarse a ejercer de Premio Anual y contentar a los profesores con muestras de excesivo respeto hacia ellos, autoridad sobre otros estudiantes y altas calificaciones.
Obviamente este pasotismo por parte de Percy no gustaba para nada a Fred, George y Ron. En especial los gemelos empezaban a molestarse con la cercanía de Draco Malfoy con Ginny. Fue casi rozando las navidades cuando los dos tuvieron que hacer esfuerzos en evitar a los gemelos, los cuales comenzaban a desarrollar pequeños planes para fastidiar a esa pajera. Desde luego fue un alivio que se fueran a la Madriguera a pasar las navidades.
Sin embargo, tan solo regresar de las vacaciones, los gemelos la volvieron a tomar con Malfoy, haciéndole jugarretas, por lo que ellos consideraban "Un amor prohibido" e intentando incitar al joven Slytherin a alejarse de Ginny.
Una de esas jugarretas fue un intento de los gemelos por arrojarle un gran barril lleno de gelatina verde y viscosa desde lo alto de la torre del reloj, cuando ambos estaban sentados en la fuente.
A Ginny aquello no le hizo ninguna gracia.
- ¿¡Queréis dejar de molestarnos ya!? - chilló ella, muy enfadada. - ¡Como sigáis así se lo diré a mamá! -
Esas palabras solo provocaron que los gemelos se partieran la caja de risa.
- Si se lo dices a mamá…- dijo Fred.
- Se enfadará contigo…- seguido de George.
- Por estar saliendo…- continuó Fred.
- ¡Con Dragón Malfoy! - dijeron juntos los gemelos, en tono burlón.
- ¡ES DRACO! - gritó Malfoy, con la cara roja. - ¡Y no estamos saliendo, par de zoquetes! ¡Como sigáis así iré a por vosotros! - gruño con malas pulgas.
- ¿Y que nos puede hacer…-
- …un chiquitín rubito como tú? -
Los gemelos lograron su propósito, sacar a Malfoy de sus casillas, y a Ginny aún más. Ambos blandieron sus varitas y fueron corriendo hacia la torre del reloj, con no muy buenas intenciones.
- ¡Ahí viene la pareja feliz! - exclamó George alegremente, sacando un micrófono y brillando con confetis festivos a su alrededor. - ¡Y aquí empieza la ronda informativa! - dijo.
- ¡Pánico en el patio de Hogwarts! - dijo Fred, con otro micrófono e imitando a un presentador de noticias muggles. - ¡Tenemos a una serpiente furiosa subiendo por la torre del reloj! ¡Es el novio rubio, feo y con mala leche que sale con nuestra pequeña hermanita! -
- ¡Se aconseja a toda buena gente despejar la escalera! – exclamó George entre risas. - ¡Ya que…! -
- ¡El temporal de hoy nos aguarda una tormenta de remolachas…! –
- ¡…CON BIGOTES! - exclamaron juntos, lanzando confetis y chispas, haciéndolos brillar.
Los gemelos tenían preparado uno de sus "fabulosos" planes. Los dos había rellenado un saco con "Remolachas con Bigotes gruñonas" que estaba colgando del techo que daba con una de las escaleras. Fred le lanzó un "Diffindo" al saco para abrirlo de un corte.
Empezaron a llover remolachas con bigotes gruñonas desde lo alto de la escalera. Al impactar en el suelo se podía distinguir el sonido inconfundible de las pedorretas que desprendían las remolachas con mala uva.
Los gemelos empezaron a hablar como si fueran un coro.
- ¡Oooooh, pobrecillos los tortolitos! -
- ¡Eso les enseñará a no andarse de rositas con nosotros aquí! -
- ¡Así es mi capitán Nelson! ¡Tienen que saber que mientras estemos aquí…! -
- ¡…No hay lugar para el romance prohibiditoooooo! -
Ambos chocaron los cinco por lo que ellos mismos denominaron "Fabuloso y exitoso plan Fastidiacitas". Sin embargo, a espaldas de los gemelos, dos personas se aclararon la garganta.
- Me parece que…-
- Os habéis olvidado…-
- De que hay dos escaleras…-
- Que dan con este piso…-
Al darse la vuelta, Fred y George palidecieron. Malfoy y Ginny habían subido por la otra escalera, por lo que su broma resultó ser de lo más inútil. Los dos esbozaba un par de sonrisas malévolas.
Sin tiempo a reaccionar, ambos fueron "castigados" con un par de potentes "Rictusempra" que dejaron a Fred y George suplicando clemencia. Tras unas risas de satisfacción, Malfoy y Ginny dejaron que los gemelos siguieran retorciéndose de risa.
….
Debajo de la torre, cerca de las escaleras, se podía oler un apestoso olor a Remolachas con Bigotes gruñonas. Ron y Chloe, que pasaban por ahí, tuvieron la mala suerte de notarlo.
- ¡Puaj! - dijo Chloe, asqueada. - ¿Qué es esta peste? -
- Me recuerda al olor que desprenden las remolachas con bigotes de Fred y George…- dijo Ron, tapándose la nariz. - Creo que viene de arriba. -
En ese momento llegaron Harry y Hermione.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Hermione. - ¡Oh! Que es ese olor…- dijo, llevándose la mano a la nariz.
Harry lo olió como si nada, aunque haciendo una mueca. - Hm…- dijo asqueado. - No cabe duda, son las remolachas con bigotes de Fred y George. -
- ¿No escucháis como unas risas? - preguntó Chloe, mirando hacia arriba de las escaleras.
- Si…son ese par de bobos que tengo por hermanos. - bufó Ron. - Deben de estar ahí arriba haciendo de las suyas. -
Los cuatro subieron por las escaleras, siguiendo el rastro de olor fétido de las remolachas gruñonas. Al llegar arriba, pudieron ver que Fred y George se estaban retorciendo de risas por los suelos, con lágrimas en sus ojos y sus caras más rojas que el tono de cabello característico de los Weasley.
- A ver, ¿que habéis hecho esta vez? - preguntó Harry divertido. - ¿Buscabais gastarle una broma a los Slytherins? Me parece que no habéis atinado. -
- Debe de ser eso, - dijo Hermione, mirando de reojo a los gemelos. - aunque no me parece normal verlos reírse de esa manera…-
- Oigan, tómense un respiro hermanos. - les sugirió Ron, pero ellos seguían riéndose. - Os vais a ahogar. -
- Hm…¿no creéis que tal vez hayan sido víctimas de un Rictusempra? - preguntó Chloe, tras observarlos.
- ¿¡QUE!? - gritaron Ron y Hermione.
Rápidamente, Harry blandió su varita, apunto hacia los gemelos y dijo: - ¡Finite Incantatem! -
Los gemelos dejaron de reírse, y comenzaron a respirar con mucha fuerza.
- Gracias…Harry…- dijo Fred casi sin voz.
- Esos dos tienen…- dijo George, casi ahogándose. - muy mal genio…-
- ¿Quién os ha hecho eso? - preguntó Ron, intentando no reírse.
- Fueron Ginny y…- dijo George con dificultad.
- Dragón Malfoy…- susurró Fred, pero sin podía reírse. Harry entendió que ya se habían reído demasiado.
- Es Draco. - replicó Chloe, inflando sus cachetes.
- ¡Ha! - se burló Hermione, señalándolos con un dedo acusador. - De seguro que habéis querido molestarles, como si no os conociera. - les regañó en tono mandón. - Debéis dejar ese complejo de hermanos mayores, Ginny sabe perfectamente con quien estar. Ella ya está harta de deciros que no están saliendo. Además, si así fuera, vosotros no podríais hacer nada al respecto. ¡Está en su derecho de salir con quien quiera! -
Los gemelos querían protestar, pero seguían tendidos en el suelo, tratando de recuperar el aliento.
- Y tú también, Ron. - añadió Chloe, mirándolo con un puchero. - ¿Porque sigues mirando con malos ojos a Draco y a Ginny? -
- ¡Porque es mi hermana! - gruñó Ron, molesto. - ¡Y porque se hizo "amiga" del peor sujeto posible! Pero bueno, allá ella, que haga lo que quiera…Ojalá no les llegue a verlos besándose en mis narices…-
- ¡Ronald! - exclamó Hermione, dándole un tortazo en la nuca.
- Ronald, madura de una vez…- dijo Harry en tono aburrido. - No sé porque se empeña en creer que Ginny y Malfoy están saliendo. - pensó. - A lo menos Ginny insiste en que son solo amigos. Quizás solo se quede en eso y ya. -
Después de discutir durante diez minutos acerca de Malfoy y Ginny, Harry y Ron llevaron a los gemelos a la enfermería, por precaución. El resto del día transcurrió con total normalidad, hasta la caída de la noche.
Casi a las diez, Harry recorrió los pasillos del castillo hasta plantarse frente a la gárgola que daba acceso al despacho del director.
Una vez allí, se aclaró la garganta y susurró: - Caramelos de menta...-
La gárgola comenzó a girar, revelando poco a poco las escaleras que le llevarían hasta el despacho de Dumbledore. Harry llamó a la puerta una vez llegó arriba.
- ¿Profesor? - preguntó, tocando a la puerta. - Soy yo, Harry. -
La puerta se abrió lentamente. Harry asomó las narices con discreción, para saber si Dumbledore se encontraba dentro de su despacho o no. Al abrir completamente la puerta, pudo corroborar que Dumbledore no estaba.
- ¿Me pide venir a esta hora y no está presente? - pensó el azabache, frunciendo el entrecejo. - Pues vaya…-
Tras cerrar la puerta con cuidado, se encaminó hasta el escritorio. Fue entonces cuando vio una vez más al Sombrero Seleccionador. Aprovechando la situación, Harry intentó hablar con él.
- ¿Hola? - dijo. - ¿Sombrero Seleccionador? -
- ¿De nuevo por aquí, mi señor? - escuchó su voz desde su mente, como si hubiera despertado de un largo sueño.
- Dumbledore me pidió que acudiera está noche. - pensó Harry. - ¿Sabes dónde está? -
- El director mencionó que el día de hoy iba a recibir un paquete muy importante, - comentó el Sombrero. - por lo que de seguro fue a recibirlo. Personalmente, diría que lo ha esperado con demasiado entusiasmo. -
- Oh, ya veo…- dijo Harry, antes de ponerse a pensar. Tenía una gran oportunidad de preguntarle más cosas al Sombrero en referencia a la Espada de Godric Gryffindor y el Santuario. - Hay algo que quería preguntarte. Es sobre La Espada de Godric Gryffindor, y el Santuario que él mismo construyó…-
- ¿Sí? - preguntó el sombrero. - ¿Qué sucede con la Espada y el Santuario? -
- Verás, - dijo Harry mentalmente. - Dumbledore me dijo que había dos formar de empuñar la espada: una es por medio tuyo, es decir, sacándola de ti, y la otra…bueno, la otra forma es que yo mismo puedo llamarla. Pero no sé cómo…-
- ¿Ah no? - preguntó extrañado el Sombrero. - ¿Ha intentado invocarla diciendo las palabras mágicas? Mire, recuerdo que mi antiguo amo solía hacerlo así…En primer lugar, visualizaba desde su mente a la espada, extendía su mano y pronunciaba estas palabras: "Custo Gladipredium". - explicó alegremente. - ¿Comprende? -
- Hm…vamos a ver…- Harry empezó a recordar los puntos importantes. - Visualizar mentalmente la espada…extender mi mano…y decir "Custo Gladipredium" …¿eso es todo? -
- Bueno, - dijo el Sombrero. - según me contó Gryffindor, la espada tiene un poder muy útil que le permitirá a usted hallar la ruta hasta el Santuario. Tenga esto por seguro, él lo construyó hace mucho tiempo, en alguna parte cercana entre Hogwarts y el bosque. - hizo una pausa, mientras bostezaba de nuevo. - Me imagino que no será algo tan sencillo de encontrar, incluso si lo encuentra a saber, a que tendrá que enfrentarte, pero confíe en sus instintos y estoy seguro de que hallará la respuesta. No por nada sois muy inteligente mi señor. -
- Si…tal vez tengas razón. - dijo Harry, esperanzado con la información. - ¿Funcionará lo que me ha dicho? - pensó, antes de preguntarle algo más, ya que tenía la certeza de que el Sombrero volvería a dormirse. - Y si quiero hacer desaparecer la espada, ¿cómo puedo hacerlo? -
- Pronuncie…"Somnum…Amigladio"…- y el sombrero volvió a dormirse.
- Menuda lata, - se quejó Harry mentalmente, con los ojos entrecerrados. No le dio tiempo a preguntarle más sobre el Santuario. - ya volvió a dormirse…-
- Oh, - dijo una voz sobradamente conocida. - ya estás aquí Harry. Muy bien. -
Era Albus Dumbledore, quien esbozaba una gran sonrisa y llevaba en su mano una caja de tamaño medio. Entonces, Harry recordó que había entrado al despacho del director sin el director adentro.
- Siento haber entrado sin permiso, profesor. - intentó explicarse. - Lo que sucede es que…-
- Tranquilo Harry, después de todo fui yo el que te llamó. - dijo Dumbledore, quien parecía ir flotando en vez de andar. - En realidad, siento mucho haberme retrasado. Lo que sucede es que hoy me llegó un paquete que estaba esperando con ansias. -
- ¿A sí? - preguntó Harry, con curiosidad. - ¿De qué se trata, señor? -
Dumbledore se sentó en su asiento, dejando el paquete encima de su escritorio. Después de frotarse las manos, lo desenvolvió con cada vez más ganas, y reveló lo que parecía ser una bolsa enorme de caramelos de menta.
- ¡Qué bien! - dijo, más feliz que unas pascuas. - Se retrasaron con el envío este año. El servicio de correo vía lechuza lo tenía confiscado, no entiendo por qué. Al fin y al cabo, son solo caramelos de menta. - empezó a comerse unos caramelos, y le ofreció unos cuantos a Harry amablemente. - ¿Te apetece, Harry? -
- Gracias profesor. - aceptó Harry con educación. - Sin embargo, me gustaría hablar del motivo por el cual usted me ha llamado esta noche. -
- Directos al grano, ¿eh Harry? - preguntó el director con una sonrisa. - Bien, venía a explicarte lo que he averiguado en referencia al encantamiento Patronus que utilizaste contra los Dementores que te atacaron durante el partido contra Hufflepuff. -
- ¿En serio? - preguntó Harry, ansioso por conocer la respuesta. - ¿Qué ha averiguado? -
- Bueno Harry, - empezó Dumbledore. - como ya debes de saber, el encantamiento Patronus tiene una función particularmente conocida: la capacidad de repeler a los Dementores en caso de se haya convocado correctamente. Hasta ahora esa era la única función conocida del Patronus, la cual, todo aquel que sepa utilizar el hechizo conoce perfectamente. - Harry asintió. Él conocía "perfectamente" al Patronus, o eso creía. - Hace algunos años descubrí que el Patronus corpóreo podía ser utilizado para otras dos funciones: enviar mensajes con tu voz o transportar algunas cargas. -
- No sabía que un Patronus tuviera esas capacidades. - dijo Harry, interesado por aprender aquellas dos funciones adicionales.
- Un Patronus es la encarnación de la felicidad, - siguió Dumbledore. - dado que se tiene que pensar, y concentrarse en un recuerdo feliz para invocar el Patronus…Sin embargo, Harry, tu no usaste un recuerdo feliz para crear aquel Patronus. -
- ¿Eh? - dijo Harry, confuso.
- No Harry…- repuso Dumbledore. - Tu no llegaste a usar un recuerdo, ya que de haber sido así el Patronus corpóreo solo habría repelido a los Dementores…o como mucho, los habría alejado del lugar. Tú, en cambio, lograste algo más: los hiciste desaparecer por completo…-
- Pero como…- dijo Harry, aún con dificultades para asumir su enorme hazaña. - ¿Cómo pude lograrlo? -
- Harry, ¿recuerdas lo que hablamos el día después en que derrotaste a Voldemort, e impediste que se adueñara de la Piedra Filosofal? - preguntó amablemente.
Harry asintió, entonces se le pasó una posible idea por su lucida mente. - Usted cree, ¿que fue el amor de mi madre? - dijo.
- No Harry…- sonrió Dumbledore. - Es amor, si…pero no el de tu madre…-
- ¿No es el amor de mi madre? - repitió Harry, cada vez más confuso.
Dumbledore negó con la cabeza. - Harry, cuando convocaste el Patronus, utilizaste un sentimiento puro y cálido, en lugar de un recuerdo feliz. - explicó. - Probablemente, el encontrarte rodeado de dementores, te hizo alcanzar un estado agónico, ¿Sentías como si la vida te estuviera abandonado? - preguntó, acariciando su plateada barba.
- Si…era como si mi vida entera pasara ante mis ojos…- dijo Harry, recordando ese día. - No quería perder contra ellos, no quería ser derrotado y me mantuve decidido a luchar hasta el final. Fue entonces cuando los recordé a todos…a todas esas personas que tienen un significado especial en mi vida…a mis amigos…-
- Exacto Harry, exacto…- dijo Dumbledore, con una amplia sonrisa. – Son muchos los que ignoran que tan poderoso puede ser el amor…la amistad…Lo que ese gran sentimiento puede hacer contra el mal, el miedo y la desesperación…Es justo ese sentimiento el que te permitió invocar no a un Patronus cualquiera, sino a un Unioverum Patronus. -
- ¿Un… Unioverum Patronus? - preguntó Harry con asombro.
- Así es, - dijo Dumbledore. - el nombre, creo yo, lo dice todo. Cuando el mago utiliza algo tan puro y cálido como es lo que siente hacia otras personas, y ese sentimiento es verdadero, es posible que el Patronus se manifieste como un corpóreo majestuoso y poderoso (¡El tuyo tenía un tamaño semejante a una constelación!). Tras varias consultas, encontré unos antiguos escritos de la edad media en el que se contaba un mito: Un joven mago que fue capaz de convocar a un gigantesco espíritu que borró de la faz de la tierra a la oscuridad. Por supuesto es eso, un mito sin más detalles de cómo sucedió o que hizo aquel mago para invocar ese Patronus. En fin, cuando vi a aquel magnifico león, en los cielos, despejándolos y liberándonos de los Dementores, pude sentir como la paz llegaba a mi corazón…- Harry pensó que aquellas palabras sonaban un poco cursis. - Fue indudablemente lo más hermoso que he visto en mi vida. Te lo puedo asegurar…-
- Lo que siento por mis amigos…¿fue lo que derrotó a los Dementores? - preguntó Harry, mirándose las manos como si hubiera obrado un milagro.
- Si Harry…- repuso Dumbledore. - El amor y la amistad, que en conjunto forman el sentimiento más poderoso que existe y, por ende, los Dementores son incapaces de soportar tanta felicidad, tanta alegría, tanta calma…que acaban por desaparecer sin remedio, al no poder soportar algo tan puro…-
- ¿Hay algún inconveniente si se utiliza, o si se vuelve a utilizar? - preguntó Harry con curiosidad.
- De eso aún no estoy del todo seguro, - admitió Dumbledore, mientras sacaba un cuenco de su mesa para colocar dentro los caramelos de menta. - necesito investigar más en lo referente a este fenómeno tan inusual. De hecho, deberían concederte una Orden de Merlín por dicha hazaña muchacho. Eres el primero que consigue invocar un Unioverum Patronus, bueno, al menos en esta época. -
Harry se rascó la nuca, un poco sonrojado. - Oh…- farfulló. - bueno…no es para tanto…- dijo riendo nerviosamente, antes de pasar a un tema más serio. - Gracias por compartir este conocimiento conmigo profesor, sin embargo, hay algo que deseo contarle…Es algo muy importante…-
El director se guardó los caramelos y dijo: - ¿De qué se trata, Harry? -
- Durante el ataque de aquellos Dementores, - dijo Harry pensativo. - empecé a oír voces. Algunas son conocidas y otras…son de gente que no conozco en absoluto. Es muy extraño…-
- Continua…- le indicó Dumbledore.
- A habido ocasiones en las que en mis sueños oía esas voces, - explicó Harry, mientras observaba como el director asentía. - de hecho, reconozco a dos de ellas: una es la de mi madre, el día en que se sacrificó para salvarme, con Voldemort en frente de ella, en el momento que la asesinó... Pero hay otra más…También escuché la voz de Tom Ryddle, con el mismo tono que tenía el recuerdo que albergaba su diario... -
- ¿Y…que fue lo que dijo Tom? - preguntó Dumbledore, mientras se tocaba los bigotes.
- Hablaba con otra persona. - dijo Harry. - No sabría decirle de quién se trataba, pero…creo que era un antiguo profesor de Hogwarts (su voz no me suena a la de ningún profesor de los que conozco actualmente). Tom le estaba preguntado sobre un método por el cual un mago es capaz de dividir su alma, algo denominado…Horrocrux…-
Tan pronto como dijo aquella palabra, la expresión calmada de Dumbledore cambió. Era como si se hubiera enterado de la muerte de un ser querido.
- ¿Cómo…has dicho? - dijo este, aturdido.
- Errr…Horrocrux. - repitió Harry. - Eso fue lo que le escuché decir. Ryddle estaba también obsesionado con el número siete y…Profesor, ¿Usted sabe porque tengo ese tipo de sueños? -
Dumbledore hizo un gesto con la mano, como pidiéndole a Harry un poco de tiempo. Harry asintió y esperó por tres minutos, en los que Dumbledore se llevó las manos a la cabeza, como si no creyera lo que había escuchado. Harry no podía evitar pensar que le acababa de revelar algo muy importante, pues no era normal ver al director tal y como estaba: serio, intranquilo, casi como enfadado.
Poco después, Dumbledore se puso en pie y dijo: - Creo…que Voldemort, no solamente te transfirió parte de sus poderes. Cabe dentro de lo posible que también te haya dejado algunos de sus recuerdos, ocultos en tu interior. -
- ¿Voldemort dejó algunos de sus recuerdos…en mi interior? - preguntó Harry, consternado.
- Eso parece, Harry…- Dumbledore hizo una pausa antes de seguir hablando. - Creo que el incidente con los Dementores logró despertar esos recuerdos tan bien escondidos. En lo referente a los horrocruxes, si es cierto lo que me estás diciendo, puede que estemos ante la clave para detener definitivamente a Lord Voldemort…- añadió con un brillo en los ojos, pero hablando seriamente.
Harry sintió una enorme emoción en su interior. Impaciente por saber más, preguntó: - ¿Qué es un Horrocrux? ¿Y porque Voldemort estaba tan interesado en ellos? -
Dumbledore se acarició la barba antes de responder. - Es…- dijo. - posiblemente el acto más cruel y despiadado que pueda realizar un mago…- aquello dejó a Harry boquiabierto. - Lo que te estoy a punto de contar, Harry, no quiero que nadie más lo sepa. Es altamente secreto, ¿lo has comprendido? -
Harry asintió, pero por dentro estaba bastante emocionado. Por una vez, Dumbledore le iba a confiar algo de suma importancia.
- Un Horrocrux…es un objeto muy poderoso en el que un mago o bruja ha ocultado un fragmento de su alma. - explicó Dumbledore con el rostro sombrío. – Esto se hace con una finalidad, con el propósito de alcanzar…la inmortalidad. -
Harry palideció. - ¿Me…e-está diciendo que es posible alcanzar la inmortalidad? - susurró entrecortadamente.
- Si, pero a un precio demasiado caro…- dijo Dumbledore con el rostro severo. - La creación de un único Horrocrux permite adquirir la capacidad de resucitarse a sí mismo si su cuerpo es destruido. De ser cierto lo que se explica en tus sueños, es posible que este sea el método que utilizó Voldemort para permanecer con vida, a pesar de que su cuerpo quedó destruido al rebotarle la maldición asesina con la que intentó matarte…-
- Ya veo…- dijo Harry, apretando su puño derecho. - entonces, ¡por eso Voldemort no puede morir! - Dumbledore asintió lentamente. - Según usted, crear un Horrocrux requiere de un alto precio…¿de qué estamos hablando exactamente? - preguntó, temiendo la respuesta.
- Verás Harry, crear un Horrocrux es un proceso complejo, ya que se debe matar a una persona cada vez que se decida crear uno. - dijo Dumbledore con algo de tristeza. - Cuando uno mata a una persona, el alma se desgarra y así…se introduce en donde se haya decidido guardar cierta fracción de ella…normalmente, en objetos comunes. -
Los ojos de Harry se abrieron de golpe. Quedó tan impactado que tuvo que apoyarse en el escritorio de su director. - Suena…muy propio de ese miserable hacer eso…- dijo con furia.
Dumbledore se puso en pie, y fue a buscar un libro en su vieja y polvorienta estantería, de ella, sacó un libro negro. El director dio un soplido, retirando el polvo, y revelando el titulo junto con el autor. "Secretos de las Artes más Oscuras" de Owle Bullock.
- Hace unos cincuenta años atrás, - dijo Dumbledore. - Tom Ryddle intentó por todos los medios a su alcance aprender artes oscuras, muy oscuras de hecho. Por eso decidí retirar este libro de la Sección Prohibida. Entre sus apartados, hay uno donde se explica los pasos a seguir para crear un Horrocrux…-
A Harry le pareció un libro muy, pero que muy tentador, pero a la vez tan oscuro que no quería leerlo. Pero por otro lado se sentía tentado.
- Eh…se-será mejor que aleje ese libro de mi…- pidió Harry, apartándose un poco. - No quiero ni imaginarme que horrores puede contener…-
- Oh si, muchos horrores. - corroboró Dumbledore. - Este libro está lleno de magia muy oscura…tan oscura como para tentar a la oscura mente de Voldemort. Tú dices que él logró averiguar el proceso de la creación de un Horrocrux por medio de otra persona…-
- Hm…yo creo que Voldemort ya sabía de los horrocruxes. - dijo Harry, pensando detenidamente. - Recuerdo que dijo "¿Y si divides tu alma en siete?". -
- Vaya, - suspiró Dumbledore. - tal y como lo imaginaba, Tom ya sabía cómo crear uno. Es posible que lo que el buscara era saber qué pasaría si divides el alma en siete partes…si, ahora esto empieza a cuadrar…-
- Sí. - supuso Harry de brazos cruzados. - Como le dije, creo que la persona que le explicó ese detalle era un antiguo profesor de Hogwarts. Tiene que haber sido alguien que impartió clases durante la juventud de Voldemort…-
- Hm…de acuerdo. - dijo Dumbledore, volviendo a guardar el libro en lugar seguro. - Trataré de averiguar todo lo que pueda Harry. En cuanto tenga más información, y consiga confirmar nuestras sospechas, te llamaré. – añadió.
Harry asintió. - Ojalá nos sea de utilidad para hallar un método por el cual destruirle…- dijo, antes de salir por la puerta.
El azabache se mantuvo pensativo mientras recorría los pasillos, revolviendo una y otra vez lo que Dumbledore le había explicado. Era demasiado gordo como para asimilarlo todo tan deprisa. Podría pasarse igual todo lo que quedaba de noche, más el día siguiente. Cuando entró a la Sala Común, Harry se topó con Wood, su gran capitán.
- ¿Qué tal las Navidades? - preguntó este, y luego, sin esperar respuesta, se sentó, bajó la voz y dijo: - He estado meditando durante las vacaciones, Harry. Después del último partido, ¿sabes? Si los dementores acuden al siguiente no nos podemos permitir que tú... bueno...- se quedó callado, con cara de sentirse incómodo.
- Te puedo asegurar de que esta vez podré controlar la situación, - dijo Harry tranquilizadoramente. - en caso de que los dementores hagan su aparición. De modo que no te preocupes capitán. -
- Ya veo…- dijo Wood. Su rostro se animó. - Bueno, en ese caso... Realmente no quería perderte Harry, no solo eres nuestro mejor buscador, sino un gran amigo y activo para el equipo. ¿Has comprado ya otra escoba? -
- No tienes que preocuparte por eso, - dijo Harry, con algo de esperanza. - tengo la certeza de que contaré con una escoba nueva para el partido contra Ravenclaw. Ojalá que la Saeta de Fuego esté bien…- pensó.
Pasó un mes desde que comenzaron las clases. Desde la última charla con Dumbledore, y anteriormente con el Sombrero Seleccionador, Harry comenzó a analizar el lingote de oro que encontró en la Cámara de los Secretos, un lingote que sin saber cómo, le había proporcionado la extraña habilidad de utilizar el fuego con las manos.
- Nunca pensé que sería capaz de hacer algo así. - pensó, mientras extendía una mano y lanzaba una ráfaga de fuego contra un caldero que estaba cerca de la cabaña de Hagrid, el cual atinó. - ¡Es increíble! -
La idea era descubrir que más podía aportarle el lingote, como, por ejemplo, alguna pista de donde se podía encontrar el Santuario perdido de Gryffindor.
Entre su diseño, aparte del león bien dibujado, estaba rodeado con una especie de marco con palabras diminutas, pero bien escritas: "Hoc fragmentum non valet pondere in auri, sed in scientia.".
- Debería probar otra cosa. - pensó el azabache. - Quizás este lingote me sea útil, pero cuando encuentre el Santuario...-
Intentó utilizar su sangre una vez mas a ver si ocurría algo extraño y el lingote le hacía brillar de nuevo, pero no ocurrió nada. Harry sacó la conclusión de que posiblemente, había obtenido todo cuanto podía del lingote que estaba en posesión suya y que no podría sacar nada mas de él hasta localizar el Santuario y hacerse con lo que este ocultara.
Llegó el tres de febrero. Mientras Harry salía de la biblioteca junto con Hermione, ambos se encontraron con la profesora McGonagall, quien traía en sus manos la Saeta de Fuego. Parecía en perfecto estado.
- Buenos días profesora McGonagall. - saludaron con amabilidad Harry y Hermione a la jefa de su casa.
- Buenos días chicos. - dijo la profesora con una sonrisa, dirigiendo su mirada a Harry. - Fui a buscarte a la Sala Común de Gryffindor para devolverte la Saeta, aquí la tienes. - añadió, entregándole la escoba a Harry. - Hemos hecho todas las comprobaciones y parece que está bien. En algún lugar tienes un buen amigo, Potter. -
Harry se quedó con la boca abierta mientras sostenía su Saeta de Fuego, que tenía un aspecto tan magnífico como siempre.
- ¿Puedo quedármela? - preguntó con emoción. - ¿De verdad? -
- De verdad…- repuso la profesora McGonagall. - Tendrás que familiarizarte con ella antes del partido del sábado, ¿no? Haz todo lo posible por ganar. Recuerda que tenemos una reputación que mantener…- añadió mientras se daba la vuelta. - La verdad es que me gustaría seguir teniendo la Copa en mi despacho…- murmuró para sí misma mientras se alejaba.
- Bueno, - suspiró Hermione. - me alegro mucho de que la escoba esté en condiciones. Pero si no fue Sirius Black, ¿quién te la habrá regalado? -
- No tengo ni idea, - dijo Harry sin darle mucha importancia, sosteniendo la Saeta y asegurándose de no estar viviendo un sueño. - pero sea como sea ahora cuento con la mejor escoba posible para el partido contra Ravenclaw. Vamos a la Torre, se la mostraré a Ron y a los demás. -
Los dos se pusieron en marcha, subiendo por las escaleras hacia la torre de Gryffindor, con Harry sosteniendo orgullosamente su nueva Saeta de Fuego. Al doblar una esquina, vio a Ron, quien charlaba entre risas con Chloe al mismo tiempo que sostenían varios artículos de broma. Ambos se acercaron había él y Hermione, muy sonrientes.
- ¿¡Te la han dado!? - preguntó Ron con emoción.
- Así es…- dijo el azabache con admiración hacia su nueva escoba. - ¡La Saeta de Fuego es mía definitivamente! -
- ¡Genial! - chilló Chloe dando un saltito, emocionada. - ¡Y justo a tiempo para el partido contra Ravenclaw! -
- Y tu haciendo caso a los caprichos de Hermione…- bufó Ron. - Bien podrías haberte ahorrado todo ese cuento de la revisión. -
- Bueno, - farfulló Hermione, desviando la mirada. - era mejor estar seguros de que es…segura, ¿no? -
- En efecto. - repuso Harry. - Ella solo se preocupa por mi seguridad Ronald, no hay nada de malo. -
- Bueno, como sea. - dijo Ron, con los ojos pegados a la escoba. - ¿Me dejarás que monte en ella? ¿Mañana? -
- ¿Y a mí Harry? - preguntó Chloe, con la cara casi pegada a la escoba. - Me gustaría saber hasta qué velocidad alcanza…-
- Tranquilos, - dijo Harry, riéndose. - os dejaré dar una vuelta a ambos después del entrenamiento de mañana. -
Llegaron al corredor que llevaba a la torre de Gryffindor, y vieron a Neville Longbottom que suplicaba a Sir Cadogan que lo dejara entrar.
- ¡Las escribí, pero se me deben de haber caído en alguna parte! - se justificó Neville, hecho un manojo de nervios.
- ¡Id a otro con ese cuento! - vociferó Sir Cadogan. Luego, viendo a Harry y compañía se enderezó y dijo: - ¡Voto a bríos, mis valientes y jóvenes vasallos! ¡Venid a atar a este demente que trata de forzar la entrada! -
Ron iba a replicarle, pero Harry de inmediato interactuó con su retrato favorito.
- No se preocupe mi honorable amigo, - dijo Harry, hablando con un tono noble. - Neville es uno de los nuestros, pero le cuesta aprenderse de memoria sus tan ingeniosas contraseñas. -
A Chloe se le cayeron varias bombas fétidas mientras comenzaba a reírse. Ron no tardó demasiado en contagiarse de su diversión.
- ¿Y a estos que les pasa? - pensó Harry, frunciendo el entrecejo. - Ahora si nos disculpa…Rompetechos. - dijo la contraseña para entrar.
- Comprendido mi valiente compañero, - dijo Sir Cadogan, con un brillo en los ojos y revelando el agujero de la entrada. - vos y vuestros camaradas tenéis permiso de acceder a los aposentos de Gryffindor. -
- Ese Harry está tan chiflado como Sir Cadogan. - comentó Ron, apoyándose en Chloe. Ella, instantáneamente dejó de reírse y se puso roja.
Hubo murmullos repentinos y emocionados cuando todos se dieron la vuelta y rodearon a Harry para admirar su Saeta de Fuego.
- ¿Cómo la has conseguido, Harry?
- ¿Me dejarás dar una vuelta? -
- ¿Ya la has probado, Harry? -
- Ravenclaw no tiene nada que hacer. Todos van montados en Barredoras 7. -
- ¿Puedo cogerla, Harry? -
Después de unos diez minutos en que la Saeta de Fuego fue pasando de mano en mano y admirada desde cada ángulo, la multitud se dispersó, dejando a Harry y a sus amigos solos en la Sala Común.
- No puedo quejarme, - pensó el azabache, antes de dirigirse a sus amigos. - por lo menos ahora se centran más en la Saeta que en mi odiosa fama…- se aclaró la garganta y dijo: - Iré a dejar la Saeta arriba, ahora vuelvo. -
- ¡Yo la llevaré! - se ofreció Ron con entusiasmo, dejando sus artículos de broma encima de la mesa. - Tengo que darle a Scabbers el tónico para ratas. - cogió la Saeta de Fuego y, sujetándola como si fuera de cristal, la subió hasta el dormitorio de los chicos.
- Oh vamos, - se quejó Hermione, quien parecía bastante agotada. - ni que se tratara de la reina de Inglaterra…-
- Un poco más y querrá casarse con la escoba…- bufó Chloe, inflando sus mofletes de una manera bastante cómica.
- Sabes Hermione, deberías dejar un par de asignaturas. - le sugirió Harry a Hermione con preocupación. - A penas has descansado durante el último mes. De seguir así podrías sufrir desmayos, lo dijo en serio. -
- ¡No puedo hacer eso! - respondió Hermione, escandalizada, y tambaleándose un poco.
- Mira, - dijo Chloe. - no es por meterme, pero me parece que estás haciendo demasiado Hermione. Estas cursando un total de doce asignaturas. Honestamente, a cualquiera le estallaría la cabeza con tantas asignaturas y tan poco tiempo libre. -
- Y en eso tiene toda la razón. - asintió Harry y Hermione rodó los ojos.
En aquel preciso instante resonó un grito ahogado en la escalera de los chicos. Todos los de la sala común se quedaron en silencio, petrificados, mirando hacia la entrada. Se acercaban unos pasos apresurados que se oían cada vez más fuerte. Y entonces apareció Ron arrastrando una sábana.
- ¡MIREN! - gritó, acercándose a zancadas a donde estaban Harry, Hermione y Chloe. - ¡MIREN ESTO! - bramó, sacudiendo la sábana delante de sus caras.
- ¿Qué sucede Ron? - preguntó Chloe parpadeando los ojos. - ¿Qué-qué es eso rojo? -
- ¡SCABBERS! - gritó Ron, descompuesto. - ¡MIREN! ¡SCABBERS! -
Harry observó la sábana que sostenía Ron. Había algo rojo en ella. Algo que se parecía mucho a...
- Es…sangre…- susurró el azabache.
- ¡EXACTO! - exclamó Ron en medio del silencio. - ¡NO ESTÁ! ¿¡Y SABEIS LO QUE HABÍA EN EL SUELO!? -
- No, no…- dijo Hermione con voz temblorosa.
Ron tiró algo encima de la mesa donde había dejado sus artículos de broma, tirándolas con rabia. Harry y las chicas se inclinaron hacia delante. Encima había unos pelos de gato, largos y de color canela.
- Oh, oh…- pensó Harry con preocupación. - Esto no me gusta nada…-
Capítulo 52 - Remontando contra Ravenclaw
Parecía el fin de la amistad entre Ron y Hermione. Estaban tan enfadados que ambos habían adoptado posiciones firmes, cada uno defendiendo a capa y espada sus propios argumentos.
A Ron le enfurecía que Hermione no se hubiera tomado en ningún momento en serio los esfuerzos de Crookshanks por comerse a Scabbers; que no se hubiera preocupado por vigilarlo; que todavía insistiera en la inocencia de su gato y en que Ron tenía que buscar a la rata debajo de las camas.
Hermione, en tanto, sostenía con encono que Ron no tenía ninguna prueba de que Crookshanks se hubiera comido a Scabbers; que los pelos canela podían encontrarse allí desde Navidad y que Ron había cogido ojeriza a su gato desde el momento en que éste se le había echado a la cabeza en la tienda de animales mágicos.
A Harry le parecía lógico que Crookshanks fuera sospechoso de la desaparición de Scabbers, no por nada era un gato. Y si, para él la rata solo había desaparecido, pues no se atrevía a postularse hacia ninguna dirección sin contar antes con pruebas contundentes de por medio. Ya era suficiente con ver que Chloe se alejaba de los dos cada vez que la asediaban para que se posicionara a favor de uno y en contra del otro.
El no posicionarse y guardar silencio no era ninguna solución, desde luego. Ron estaba cada vez más molesto que había comenzado a no dirigirle la palabra Harry, y por si eso no era suficiente, Hermione estaba molesta con él por sospechar de su gato.
- ¡No puedo creer que tú también pienses que fue Crookshanks! - se quejó ella con indignación.
- Si vas a hacer tu berrinche sin dejarme hablar, - dijo Harry, sin dejarse dominar y empezando a perder los papeles. - entonces mejor me voy. -
Para su alivio, imponerse había funcionado. Lejos de prepararse para soportar otro enfado monumental de su parte, Hermione se quedó callada y enfurruñada.
- Muy bien, - dijo Harry, cruzándose de brazos. - si no tengo más remedio que posicionarme me parece que necesito argumentos para que eso ocurra. Yo no puedo ponerme de parte de uno o de otro solo porque me cae mejor, eso no sería justo. Bien, por donde empiezo…tú conoces perfectamente a quien tienes como mascota, a Crookshanks, que no es otra cosa que un gato…-
- Si, - admitió Hermione, pero se puso a la defensiva. - eso es verdad, pero…-
- Y a los gatos les gusta cazar y comer ratas…¿no? A ver, no nací ayer, eso lo sabemos desde parvulario. Forma parte de su naturaleza a fin de cuentas…-
- Si, ya lo sé, pero esa no es la cues…-
- Por ende, - siguió Harry, sin darle tiempo a Hermione a replicar. - y teniendo en cuenta las pruebas mostradas por Ronald, todo apunta a que fue él…- y antes de que ella volviera a quejarse, siguió hablando. - No obstante, hay que analizar también los tiempos. Si mal no recuerdo, no solamente en navidad, sino también en otras repetidas ocasiones hemos visto a Crookshanks merodeando por nuestra habitación cuando tu entrabas. Así que hasta que tengamos todo en orden, el seguirá siendo sospechoso para mí. A menos que quieras que me ponga como un tonto a señalarlo porque si y lo acuse de ser el directo responsable sin más. -
- ¡No! - dijo Hermione con enfado. - Bueno, quiero decir…Está bien, supongo que cabe dentro de lo posible que Crookshanks se haya comido a Scabbers, pero…-
- ¡Excelente! - dijo Harry con satisfacción. - Eso es todo lo que quería oír. Tenemos lo que queda de curso para resolver este pequeño misterio, pero por ahora nos limitaremos a seguir con nuestra rutina académica e intentar hablar con Ronald. - Hermione soltó un bufido. - Vale, primero hay que darle un tiempo, ambos sabemos que es un cabeza de piedra cuando se empeña en tener la razón. - y antes de marcharse pensó: - A veces me pregunto porque es tan difícil convencer a Hermione de ciertas cosas…-
En cuanto a Ron, pasó de estar enfadado a muy triste porque por la pérdida de su rata.
- Vamos, Ron, siempre te quejabas de lo aburrida que era Scabbers. - dijo Fred, con intención de animarlo. - Y además llevaba mucho tiempo descolorida, se estaba consumiendo. Sin duda ha sido mejor para ella morir rápidamente. Un bocado... y no se dio ni cuenta.
- ¡Fred! - exclamó Ginny indignada.
- ¿¡Como podéis ser tan insensibles!? - dijo Chloe enfadada. - Scabbers era su amigo. - miró a Ron y le dijo con empatía. - Significaba mucho para ti, ¿verdad? - Ron asintió.
- ¡Bah! Lo único que hacía era comer y dormir Ron, - intervino George. - tú también lo decías. -
- ¡En una ocasión mordió a Goyle! - dijo Ron con tristeza. - ¿Te acuerdas…Harry? -
- Aún lo recuerdo…- respondió Harry, feliz de que su mejor amigo le hablara de nuevo. - Fue sin duda su acto más heroico y recordado. -
- Fue un momento grandioso. - comentó Fred, incapaz de contener una sonrisa. - La cicatriz que tiene Goyle en el dedo quedará como un último tributo a su memoria. - añadió en tono dramático. - Venga, Ron. Vete a Hogsmeade y cómprate otra rata. ¿Para qué lamentarse tanto? -
Ginny y Chloe se molestaron tanto que comenzaron a arrojarles bombas fétidas a Fred y George para que se marcharan.
- ¡Fuera! - dijo Ginny, logrando darle a Fred en el trasero. - ¡Fuera de aquí! -
- ¡No necesitamos a un par de idiotas sin sentimientos para animar a un corazón herido, lárguense! - bramó Chloe, quien logró atinarle varias bombas fétidas a George en la cabeza.
Los dos gemelos salieron corriendo, entre risas y caras asqueadas por el olor de las bombas, mientras que Harry, aprovechando el momento, se acercó a Ron para intentar animarle.
- Venga Ronald, - insistió el azabache. - si quieres puedes acudir al último entrenamiento de Quidditch. Así cuando acabemos te dejo subir en la Saeta. -
- ¿¡En serio!? - dijo Ron, mucho más animado. - ¿Y podré marcar unos cuantos goles? -
- Por supuesto. - dijo Harry con una sonrisa. - Mira, así te vas familiarizando con los anillos. Ya que tantos deseos tienes de entrar en el equipo algún día…-
Y así era. Ron llevaba desde el verano pasado planeando unirse al equipo de Quidditch como guardián, debido a que Wood estaba a punto de graduarse.
- ¿Podemos ir nosotras también? - pregunto Chloe, que al igual que Ginny tenía un brillo de ilusión en sus ojos.
Harry sonrío nerviosamente. - Está bien. - dijo. - Supongo que no pasará nada. Solo espero que no le estéis contando nada de esto a Malfoy…-
Como respuesta por parte de las chicas, ante la desconfianza de Harry, este se ganó un azote en la nuca, mientras que Ron no se contuvo y se puso a reír escandalosamente.
- Mi pobre cabeza…- pensó Harry, frotándose su "pobre cabeza". - Creo que las chicas de este colegio tienen muy mal genio…-
Así que juntos se dirigieron hacia el campo de Quidditch. La señora Hooch, que seguía supervisando los entrenamientos de Gryffindor para cuidar de Harry, estaba tan impresionada por la Saeta de Fuego como todos los demás. La tomó en sus manos antes del comienzo y les dio su opinión profesional.
- ¡Mirad qué equilibrio! Si la serie "Nimbus" tiene un defecto, es esa tendencia a escorar hacia la cola. Cuando tienen ya unos años, desarrollan una resistencia al avance. También han actualizado el palo, que es algo más delgado que el de las "Barredoras". Me recuerda el de la vieja "Flecha Plateada", es una pena que dejaran de fabricarlas. Yo aprendí a volar en una y también era una escoba excelente...-
Siguió hablando de esta manera durante un rato, hasta que Wood dijo: - Señora Hooch, ¿le puede devolver a Harry la Saeta de Fuego? Tenemos que entrenar. -
- Sí, claro. - dijo la señora Hooch. - Toma, Potter. Me sentaré aquí con el señor Weasley y estas dos señoritas...-
Ella, junto con Ron, Ginny y Chloe abandonaron el campo, sentándose en las gradas. El equipo de Gryffindor rodeó a Wood para recibir las últimas instrucciones para el partido del día siguiente.
- Harry, - dijo Wood. - acabo de enterarme de quién será el buscador de Ravenclaw, es Cho Chang. Es una alumna de cuarto y es bastante buena. - explicó, mientras que a Harry le pareció ver a Katie Bell soltar un bufido. - Yo esperaba que no se encontrara en forma, porque ha tenido algunas lesiones. - frunció el entrecejo para expresar su disgusto ante la total recuperación de Cho Chang. - Por otra parte, monta una Cometa 260, que al lado de la Saeta de Fuego parece un juguete. - ante ese comentario, el equipo sonrío, pero ninguno como Katie. Tras echarle a la Saeta una mirada de ferviente admiración, grito: - ¡Vamos! -
Y por fin Harry montó en la Saeta de Fuego, elevándose del suelo. Era mejor de lo que había soñado, la Saeta giraba al más ligero roce, parecía obedecer más a sus pensamientos que a sus manos. Corrió por el terreno de juego a tal velocidad que el estadio se convirtió en una mancha verde y gris.
Harry le dio un viraje tan brusco que Alicia Spinnet profirió un grito, a continuación, descendió en picado con perfecto control y rozó el césped con los pies antes de volver a elevarse diez, quince, veinte metros…
- ¡Harry, suelto la Snitch! - gritó Wood. Harry se volvió y corrió junto a una Bludger hacia la portería, la adelantó con facilidad, vio la Snitch que salía disparada por detrás de Wood y al cabo de diez segundos la tenía en la mano. El equipo lo vitoreó entusiasmado, Harry soltó la Snitch, le dio un minuto de ventaja y se lanzó tras ella esquivando al resto del equipo.
- Vale, tengo que admitirlo…- pensó Harry eufórico desde su mente. - ¡ESTA ESCOBA ES UNA PASADAAAAAAA! -
La localizó cerca de una rodilla de Katie, dio un rodeo y volvió a atraparla. Fue la mejor sesión de entrenamiento que habían tenido nunca. El equipo, animado por la presencia de la Saeta de Fuego, realizó los mejores movimientos de forma impecable, y cuando descendieron, Wood no tenía una sola crítica que hacer, lo cual (como señaló George) era una absoluta novedad.
- Bueno, - dijo Wood con orgullo. - me parece que todos tenemos bien claro quién ganará mañana. Ah, y Harry, en cuanto a los dementores…-
- No serán un problema. - dijo Harry con determinación. - Esta vez tengo mi defensa bajo control, sé que podré sobrellevar la situación si es necesario. -
- Bueno, tampoco tendríamos que preocuparnos demasiado. - dijo Fred, con total seguridad. - Los Dementores no volverán a aparecer Oliver, ya que Dumbledore se irritaría. -
- Esperemos que no. - dijo Wood. - En cualquier caso, todo el mundo ha hecho un buen trabajo. Ahora volvamos a la torre, hay que acostarse temprano...-
- Yo me quedaré un rato más. - comentó Harry a Wood. - Ron y las chicas quieren probar la Saeta. -
Mientras el resto del equipo se encaminaba a los vestuarios, Harry fue hacia Ron, Ginny y Chloe, que saltaron la barrera de las tribunas, muy emocionados, y se dirigieron hacia él. La señora Hooch se había quedado dormida en el asiento.
- Bueno, - dijo el azabache, levantando las cejas. - ¿quién será el primero? -
- ¡Me lo propusiste a mí en primer lugar! - se quejó Ron.
- Vale, tu primero Ronald…- dijo Harry con los ojos entrecerrados, mientras le entregaba la Saeta a Ron. - Deberían enseñarle en su casa aquel dicho de "las damas primero". - pensó, en referencia a la falta de madurez de su mejor amigo.
Ginny y Chloe pusieron mala cara, no teniendo más remedio que esperar su turno para montar en la Saeta.
Ron montó en la escoba con cara de emoción y salió zumbando en la noche, que empezaba a caer, mientras Harry se quedó quieto en el campo, observándolo. Después de un rato, Ron le cedió su turno a Ginny y a Chloe, pero como ninguna de las dos se decidía quien sería la primera en subir, al final, se subieron las dos a la escoba.
Las niñas volaron a gran velocidad, pegando gritos de emoción desde el aire.
- Como se nota que son unas niñas. - comentó Ron entre risas. - Deben de pensar que van montadas encima de un dragón. -
- Mejor tu no hables de niñerías…- espetó Harry en voz baja.
Cuando la señora Hooch despertó sobresaltada ya era completamente de noche. Riñó a Harry y a los demás por no despertarla y los obligó a volver al castillo.
- Si claro, - pensó el azabache divertido. - ni que fuera culpa nuestra que se quedara dormida…-
Harry se echó al hombro la Saeta de Fuego y los cuatro salieron del estadio a oscuras, comentando el suave movimiento de la Saeta, su formidable aceleración y su viraje milimétrico.
Estaban a mitad de camino cuando Harry, al mirar hacia la izquierda, vio algo que le hizo dar un brinco. Dos ojos que brillaban en la oscuridad, se detuvieron en seco.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Ron.
El azabache no respondió, blandió su varita y dijo: - ¡Lumos! - apuntando hacia donde aparecieron los ojos brillantes.
Un rayo de luz se extendió sobre la hierba, llegó hasta la base de un árbol e iluminó sus ramas. Allí, oculto en el follaje, estaba Crookshanks.
- ¡TU! ¡Sal de ahí! - bramó Ron, agachándose y cogiendo una piedra del suelo. Pero antes de que pudiera hacer nada, Crookshanks se había desvanecido con un susurro de su larga cola canela. - ¿¡Lo ves!? - dijo con furia, tirando la piedra al suelo de mala gana. - ¡Aún le permite andar a sus anchas! Seguramente piensa acompañar los restos de Scabbers con un par de pájaros…-
Harry, Chloe y Ginny se limitaron a ver a Ron con los ojos entrecerrados. Y sin más, los cuatro Gryffindors regresaron al castillo.
…..
Al día siguiente, Harry bajó a desayunar con Hermione, y los demás chicos de su dormitorio siguiéndolos a sus espaldas. Por lo visto, pensaban que la Saeta de Fuego era merecedora de una especie de guardia de honor.
- Hm…¿y porque no hicieron lo mismo con mi Nimbus 2.000? - pensó Harry un poco fastidiado. Para él, su Nimbus seguía siendo una "Escoba Legendaria". - Eso no es justo…-
A pesar de estar enfadados, el uno con el otro, Ron y Hermione decidieron darse una tregua y seguir a Harry allá donde fuera, aunque manteniendo un poco las distancias.
Cuando entraron en el Gran Comedor, todos se volvieron a mirar la Saeta de Fuego, murmurando emocionados. Harry vio con satisfacción que los del equipo de Slytherin estaban atónitos. Hermione no pudo evitar reírse cuando a Pansy Parkinson se le cayó la cuchara.
- Que malvada eres…- le susurró Harry a Hermione en tono divertido.
- Por mí que se muera de envidia. - replicó ella, desviando la mirada de "esa víbora".
- ¡Miren sus caras! - exclamó Ron con alegría, mientras miraba a la mesa de Slytherin. - ¡No se lo pueden creer! ¡Es estupendo! -
Wood también estaba orgulloso de la Saeta de Fuego. - Déjala aquí, Harry. - dijo, poniendo la escoba en el centro de la mesa y dándole la vuelta con cuidado, para que el nombre quedara visible.
Los de Ravenclaw y Hufflepuff se acercaron para verla. Cedric Diggory fue a felicitar a Harry por haber conseguido un sustituto tan soberbio para su Nimbus.
- ¡Una Saeta de Fuego! - dijo Cedric, mirando la escoba de reojo. - Vamos a tener que tomarte muy en serio a partir de ahora Harry. -
- Si, supongo que tienes razón. - dijo el azabache con una sonrisa. - Aunque la escoba no juzga la habilidad del mago sobre ellas precisamente…- pensó.
La Premio Anual y novia de Percy, Penelope Clearwater, de Ravenclaw, pidió permiso para cogerla.
- Sin sabotajes, ¿eh, Penelope? - le dijo efusivamente Percy mientras la joven examinaba detenidamente la Saeta de Fuego. - Penelope y yo hemos hecho una apuesta. - dijo al equipo de Gryffindor. - Diez galeones a ver quién gana. - Penelope dejó la Saeta de Fuego, le dio las gracias a Harry y volvió a la mesa. - Harry, procura ganar…- añadió de un susurro apremiante. - porque no tengo diez galeones. ¡Ya voy, Penelope! - Y fue con ella al terminarse la tostada.
- Solo por ver la cara que se le queda perdería el partido, - pensó el azabache con diversión. - pero no, no puedo hacerle eso al equipo solo para satisfacer mi curiosidad…-
A las once menos cuarto el equipo de Gryffindor se dirigió a los vestuarios. El tiempo no podía ser más distinto del que había imperado en el partido contra Hufflepuff. Hacía un día fresco y despejado, con una brisa muy ligera.
- Es una señal esperanzadora, de que tal vez hoy tengamos un partido libre de Dementores…- pensó el azabache, deseoso de no tener que recurrir una vez más al Patronus en mitad de un partido.
Esta vez no habría problemas de visibilidad, empezaba a sentir la emoción que sólo podía producir un partido de Quidditch. Oían al resto del colegio que se dirigía al estadio. Harry se quitó las ropas negras del colegio, sacó del bolsillo la varita y se la metió dentro de la camiseta que iba a llevar bajo las ropas de Quidditch.
- Desde lo sucedido con la Bludger loca el año pasado llevó la varita conmigo, - pensó el azabache. - no vaya a tener accidentes innecesarios. Me pregunto si está vez acudirá el profesor Lupin…-
- ¡Ya sabéis lo que tenéis que hacer! - exclamó Wood, motivando al equipo cuando se disponían a salir del vestuario. - ¡Si perdemos este partido, estamos eliminados! ¡No podemos perder! ¡Sólo tenéis que hacerlo como en el entrenamiento de ayer y todo irá de perlas! -
- ¡Esta vez sí pienso atrapar la Snitch! - dijo Harry con decisión. - ¡Así que a por ellos! -
Los leones de Gryffindor rugieron, antes de saltar al campo, cargados de motivación y entusiasmo. Salieron y fueron recibidos con un aplauso tumultuoso. El equipo de Ravenclaw, de color azul, aguardaba ya en el campo. La buscadora, Cho Chang, era la única chica del equipo. Bonita, con un cabello largo, brillante y oscuro y una nariz pecosa. Harry juraría que era una cabeza más corta que él.
- Así que ella es Cho…- pensó el azabache, mientras que frotaba la nariz. - Si, la he visto en repetidas ocasiones al lado de Cedric. Me temo que me va a costar ser un caballero en este partido…-
- Wood, - dijo la señora Hooch. - Davies, daos la mano. - Wood le estrechó la mano al capitán de Ravenclaw. - Montad en las escobas...Cuando suene el silbato...¡Tres, dos, uno! -
Harry despegó del suelo y la Saeta de Fuego se levantó más rápido que ninguna otra escoba. Planeó por el estadio y empezó a buscar la Snitch, escuchando todo el tiempo los comentarios de Lee Jordan.
- ¡Han empezado a jugar y el objeto de expectación en este partido, además del poderoso Harry Potter, es su Saeta de Fuego! Según la revista "El mundo de la escoba", la Saeta es la escoba elegida por los equipos nacionales para el campeonato mundial de este año. -
- Jordan, - interrumpió la voz de la profesora McGonagall. - ¿te importaría explicar lo que ocurre en el partido? -
- Tiene razón, profesora. Sólo daba algo de información complementaria. La Saeta de Fuego, por cierto, está dotada de frenos automáticos y...-
- ¡Jordan! - le llamó la atención de nuevo.
- Vale, vale. Gryffindor tiene la pelota. Katie Bell se dirige a la meta...-
- Jordan, - pensó el azabache con una sonrisa, mientras usaba su "vista de halcón" para localizar la posición de la Snitch. - lo digo en serio, ojalá no te retires nunca como comentarista. Tienes un talento sin igual…-
Harry pasó como un rayo al lado de Katie y en dirección contraria, buscando a su alrededor un resplandor dorado y notando que Cho Chang le pisaba los talones. La jugadora volaba muy bien, continuamente se le cruzaba, obligándolo a cambiar de dirección.
- ¡Enséñale cómo se acelera, Harry! - le gritó Fred al pasar velozmente por su lado en persecución de una Bludger que se dirigía hacia Alicia.
- ¡Tu déjamelo a mí, Fred! - gritó el azabache. - Lo cierto…es que me cuesta tomarme el partido en serio si mi principal oponente es una chica…- pensó mientras volaba.
Harry aceleró la Saeta al rodear los postes de la meta de Ravenclaw, seguido de Cho. La vio en el momento en que Katie conseguía el primer tanto del partido y las gradas ocupadas por los de Gryffindor enloquecían de entusiasmo.
- ¡Vamos Harry! - animó con energía Hermione desde la grada, mientras agitaba una banderita de Gryffindor. El azabache la vio y le dedicó una sonrisa.
La Snitch, muy próxima al suelo, cerca de una de las barreras. Harry descendió en picado, Cho lo vio y salió rápidamente tras él. Harry, embargado de emoción. aumentó la velocidad, pues unas de sus grandes especialidades eran los descensos en picado.
Estaba a tres metros de distancia...entonces, una Bludger impulsada por uno de los golpeadores de Ravenclaw surgió ante Harry veloz como un rayo. Logró esquivarla por un centímetro, tras esos escasos y cruciales segundos, la Snitch desapareció.
- ¡Tch! Maldita sea…- bufó Harry fastidiado, mientras reanudaba el vuelo.
Los seguidores de Gryffindor dieron un grito de decepción y los de Ravenclaw aplaudieron a rabiar a su golpeador. George desfogó su rabia enviando la segunda Bludger directamente contra el golpeador que había lanzado contra Harry. El golpeador tuvo que dar en el aire una vuelta de campana para esquivarla.
- ¡Vamos George! - bufó Ron desde la grada. - ¡Hasta nuestra madre lo haría mejor! -
- ¡Gryffindor gana por ochenta a cero! - anunció Lee Jordan. - ¡Y miren esa Saeta de Fuego! ¡Potter le está sacando partido! ¡Vean cómo gira! ¡La Cometa de Chang no está a su altura! La precisión y equilibrio de la Saeta es realmente evidente en estos largos...-
- ¡JORDAN! - estalló McGonagall como si fuera un volcán en erupción, haciendo que Lee se encogiera a su lado. - ¿¡TE PAGAN PARA QUE HAGAS PUBLICIDAD DE LAS SAETAS DE FUEGO!? ¡SIGUE COMENTANDO EL PARTIDOOOO! -
El público estalló entre carcajadas y risas. Ravenclaw jugaba a la defensiva. Ya habían marcado tres goles, lo cual había reducido la distancia con Gryffindor a cincuenta puntos. Si Cho atrapaba la Snitch antes que él, Ravenclaw ganaría.
- ¡Oye Harry! ¡No te cortes y dale un empujón! - le sugirió Ron. Ante aquellas palabras, Chloe, quien estaba cerca de él, le arreó una patada mientras le gritaba "¡No seas salvaje!".
- Hay que ver con esos dos. - pensó el Harry entre risas, pero tuvo que ponerse serio ante la situación. - No puedo permitir que mi equipo pierda el titulo…-
Harry descendió evitando por muy poco a un cazador de Ravenclaw y buscó la Snitch por todo el campo.
Vio un destello dorado y un aleteo de pequeñas alas. La Snitch rodeaba la meta de Gryffindor y Harry aceleró con los ojos fijos en la mota de oro que tenía delante. Pero un segundo después surgió Cho, bloqueándole.
- ¡HARRY, NO ES MOMENTO PARA PORTARSE COMO UN CABALLERO! - gritó Wood cuando Harry viró para evitar una colisión. - ¡SI ES NECESARIO, TÍRALA DE LA ESCOBA! -
- ¡SI MI CAPITÁN! - rugió Harry. Fuera una chica o no, su misión era capturar la Snitch a toda costa.
La Snitch había desaparecido de nuevo. Harry ascendió con la Saeta y enseguida se encontró a siete metros por encima del nivel de juego. Por el rabillo del ojo vio que Cho lo seguía... Prefería marcarlo a buscar la Snitch.
- ¡Hmph! No eres la primera que trata de seguirme el rastro para encontrar la Snitch…- pensó el azabache con arrogancia. - Si vas a hacerlo, será mejor que te prepares para asumir…las consecuencias…-
Volvió a bajar en picado, Cho, creyendo que había vuelto a ver la Snitch, quiso seguirle. Harry frenó muy bruscamente, Cho se precipitó hacia abajo. Harry, una vez más, ascendió veloz como un rayo y entonces la vio por tercera vez, la Snitch brillaba por encima del medio campo de Ravenclaw. Aceleró, también lo hizo Cho, muchos metros por debajo. Harry iba delante, acercándose cada vez más a la Snitch. Entonces...
- ¡Ah! - gritó Cho, señalando hacia abajo.
Harry bajó la vista con discreción. Tres dementores altos, encapuchados y vestidos de negro lo miraban.
- ¿¡Otra vez!? - dijo Harry, enfadándose. - ¡Esta vez no pienso perder por vosotros, malditas sabandijas! - blandió la varita y exclamó: - ¡Expecto Patronum! -
De la varita de Harry salió una luz plateada, que adoptó la forma de un león. Esta vez se trataba del Patronus corpóreo original, quien embistió a los tres dementores, haciéndolos perderse.
- ¡Y no volváis más! - gritó Harry con satisfacción, guardándose la varita. - ¡Ahora, a atrapar mi Snitch! -
Con la mente despejada, miró delante de él. Ya casi estaba, alargó la mano y pudo hacerse con la pequeña y rebelde Snitch. Se oyó el silbato de la señora Hooch. Harry dio media vuelta en el aire y vio seis borrones rojos que se le venían encima. Al momento siguiente, todo el equipo lo abrazaba tan fuerte que casi lo derribaron de la escoba. De abajo llegaba el griterío de la afición de Gryffindor.
- ¡Éste es mi valiente! - exclamaba Wood una y otra vez. Alicia, Angelina y Katie querían comerse a besos a Harry y los gemelos aporrearle la espalda para felicitarle por su exhibición, recibiendo al final un abrazo de equipo.
En completo desorden, el equipo se las ingenió para abrirse camino y volver al terreno de juego. Harry descendió de la escoba y vio a un montón de seguidores de Gryffindor saltando al campo, con Hermione y Ron en cabeza. Antes de que se diera cuenta, lo rodeaba una multitud alegre que le ovacionaba.
- ¡Has estado genial, Harry! - chilló Hermione con emoción, saltando a sus brazos.
- ¡Sí! - gritó Ron, subiéndole a Harry el brazo. - ¡Sí! -
- ¡Bien hecho, Harry! - le dijo Percy muy contento. - ¡Acabo de ganar diez galeones! ¡Tengo que encontrar a Penelope! -
- ¡Volaste de maravilla! - exclamó Ginny.
- ¡Si, un vuelo magnifico! - chilló Chloe, dando un saltito.
- ¡Estupendo, Harry! - gritó Seamus Finnigan.
- ¡Muy bien Harry! - dijo Hagrid con voz de trueno, por encima de las cabezas de los demás Gryffindors.
- Y así acaba otro gran partido con una nueva victoria en mi historial…- pensó Harry, alzando el pecho con orgullo. - Además del calor de mi casa…-
- Ese Patronus ha sido espectacular, Harry. - susurró una voz a Harry junto al oído.
Harry se volvió y vio al profesor Lupin, que estaba encantado y sorprendido.
- ¡Hola profesor Lupín! - saludó Harry con una amplia sonrisa. - ¿A que estuvo bien? - alzó la voz y gritó a los cuatro vientos: - ¡Que los Dementores de Azkaban se enteren! ¡No volverán a arruinar un partido en la vida! - sus compañeros y amigos le aplaudieron y vitorearon.
- No cabe duda de que ahora es bien difícil que ellos te puedan hacer daño. - dijo Lupin con una sonrisa. - Sin embargo, no derribaste a tres dementores precisamente…-
- ¿Eh? - preguntó el azabache, alzando las cejas.
- Ven y lo verás. - le dijo el profesor Lupin.
Sacó a Harry de la multitud para enseñarle el borde del terreno de juego.
- Le has dado un buen susto al señor Flint y a sus compañeros. - dijo Lupin.
Tendidos en confuso montón estaban Flint y el resto del equipo de Slytherin, a excepción de Draco Malfoy. Todos forcejeando por quitarse unas túnicas largas, negras y con capucha.
Delante de ellos, muy enfadada, estaba la profesora McGonagall.
- ¡Un truco indigno! - gritaba. - ¡Un intento cobarde e innoble de sabotear al buscador de Gryffindor! ¡Castigo para todos y cincuenta puntos menos para Slytherin! Pondré esto en conocimiento del profesor Dumbledore, no os quepa la menor duda. ¡Ah, aquí llega! -
Harry empezó a reírse con muchas ganas. - Eso os pasa por idiotas…- pensó.
Si algo podía ponerle la guinda a la victoria de Gryffindor era aquello. Ron, que se había abierto camino para llegar junto a Harry, se unió a las risas. Luego, llegaron Hermione y el resto de la casa Gryffindor, todos miraban entre carcajadas a los "saboteadores" por los suelos.
- ¡Vamos, Harry! - dijo George, abriéndose camino. - ¡Vamos a celebrarlo ahora en la Sala común de Gryffindor! -
- ¡SI! - rugió Harry con euforia. - ¡Hemos ganado! ¡Y el equipo de Slytherin está castigado! ¡A CELEBRAR! - gritó en tono triunfante.
Todos los Gryffindors a una acompañaron a Harry en su grito eufórico. Fueron compartiendo risas y comentarios sobre el partido y la Saeta de Fuego mientras regresaban a castillo.
…..
Era como si hubieran ganado ya la Copa de Quidditch. La fiesta se prolongó todo el día y hasta bien entrada la noche. Fred y George desaparecieron un par de horas y volvieron con los brazos cargados con botellas de cerveza de mantequilla, refresco de calabaza y bolsas de dulces de Honeydukes.
- ¿Cómo lo habéis hecho? - preguntó Angelina Johnson, mientras George arrojaba sapos de menta a todos.
- Con la ayuda de Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta…- susurró Fred al oído de Harry, a lo que este le sonrío.
Sólo había una persona que no participaba en la fiesta. Hermione, inverosímilmente sentada en un rincón, se esforzaba por leer un libro enorme que se titulaba "Vida doméstica y costumbres sociales de los muggles británicos". Harry dejó la mesa donde Fred y George habían empezado a hacer juegos malabares con botellas de cerveza de mantequilla, y se acercó a ella.
- Vamos Hermione, - dijo Harry, sentándose a su lado. - ¿no puedes ni siquiera celebrar este momento conmigo y los demás? -
- No puedo Harry, - respondió Hermione, que parecía un poco histérica. - aún tengo que leer cuatrocientas veintidós páginas. -
- Si sigues así terminarás fundiéndote el cerebro, - dijo Harry con seriedad, mientras la sacaba de su concentración y la cogía de las manos. - necesitas desconectar un poco. Solo un poco, anda por favor…- le susurró con un brillo en los ojos.
- Bueno…- farfulló Hermione. - está bien, pero solo un rato. -
Había funcionado. Sin más remedio, Hermione guardó todo su material y se unió a la fiesta, tomándose con Harry y los demás unas cuantas jarras de deliciosa cerveza de mantequilla. Ni siquiera Ron se acordó de Scabbers. Estaba tan eufórico que todo lo que hacía era acordarse una y otra vez del ridículo que había protagonizado el equipo de Slytherin en su intento de asustar a Harry.
La fiesta de Gryffindor sólo terminó cuando la profesora McGonagall se presentó a la una de la madrugada, con su bata de tela escocesa y la redecilla en el pelo, para mandarles que se fueran a dormir. Harry y Ron subieron al dormitorio, todavía comentando el partido.
Al final, exhausto, el azabache se metió en la cama de dosel, corrió las cortinas para tapar un rayo de luna, se acostó y se durmió inmediatamente.
Para su gran suerte, dejó de soñar con la tragedia de sus padres, o con las voces extrañas relacionadas con Tom Ryddle. Harry pensó que todo fue gracias a la alegría vivida con la victoria ante Ravenclaw y el absurdo intento de los jugadores de Slytherin por asustarle.
Convencido de que soñaría algo diferente y mas alegre, Harry profundizó en sus sueños.
- Harry…Potter…-
- ¿Eh? -
Repentinamente, una voz emergió entre los pensamientos de Harry. Por un momento pensó que, tristemente volvería a escuchar a Ryddle charlando con el tal Horace Slughorn. Sin embargo, la voz no sonaba como Ryddle, o como Slughorn.
- Potter…Potter…-
- ¿Quién eres? - preguntó Harry.
- Ya viene…- susurró la voz. - ya viene…-
- ¿Quién? -
Y de repente, otra voz gritó de tal manera, que logró sacar a Harry de aquel sueño tan extraño.
- ¡AAAAAAAAAAAAAAGH! ¡NOOOOOOOOOOOO! -
Harry se levantó de un salto. - ¿¡Que ha pasado!? - dijo escandalizado.
Desorientado en medio de la total oscuridad, buscó a tientas las cortinas de la cama. Oía ruidos a su alrededor, y la voz de Seamus Finnigan desde el otro extremo del dormitorio.
- ¿Qué ocurre? -
A Harry le pareció que se cerraba la puerta del dormitorio. Tras encontrar la separación de las cortinas, las abrió al mismo tiempo que Dean Thomas encendía su lámpara. Ron estaba incorporado en la cama, con las cortinas echadas a un lado y una expresión de pánico en el rostro.
- ¡Black! ¡Sirius Black! ¡Con un cuchillo! -
- ¿¡Qué!? - inquirió Harry.
- ¡Aquí! ¡Ahora mismo! ¡Rasgó las cortinas! ¡Me despertó! -
- ¿No estarías soñando, Ron? - preguntó Dean.
- ¡Mirad las cortinas! ¡Os digo que estaba aquí! -
Todos se levantaron de la cama. Harry fue el primero en llegar a la puerta del dormitorio. Se lanzaron por la escalera, las puertas se abrían tras ellos y los interpelaban voces soñolientas.
- ¿Quién ha gritado? -
- ¿Qué hacéis? -
La Sala Común estaba iluminada por los últimos rescoldos del fuego y llena de restos de la fiesta, no había nadie allí.
- ¿Estás seguro de que no soñabas, Ron? -
- ¡Os digo que lo vi! -
- ¿Por qué armáis tanto jaleo? -
- ¡La profesora McGonagall nos ha mandado acostarnos! -
Algunas chicas habían bajado poniéndose la bata y bostezando.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Hermione, acercándose a Harry.
- ¿Por qué todos están despiertos? - preguntó Ginny entre bostezos.
- Oigan, que mañana hay clases…- bufó Chloe, frotándose los ojos y sosteniendo con un brazo a su muñeca Barbie.
- Estupendo, - dijo Fred, sonriendo. - ¿continuamos? -
- ¡Todo el mundo a la cama! - ordenó Percy, entrando aprisa en la sala común y poniéndose, mientras hablaba, su insignia de Premio Anual en el pijama.
- Percy... ¡Sirius Black! - dijo Ron, con voz débil. - ¡En nuestro dormitorio! ¡Con un cuchillo! ¡Me despertó! -
Todos contuvieron la respiración. Los niños y niñas más jóvenes chillaron con terror, mientras que los mas grandes se pusieron tensos.
- ¡Absurdo! - dijo Percy, con cara de susto y agitando los brazos para pedir calma. - Has comido demasiado, Ron. Has tenido una pesadilla. -
- Te digo que...-
- ¡Venga, ya basta! -
Llegó la profesora McGonagall. Cerró la puerta de la sala común y miró furiosa a su alrededor.
- ¡Me encanta que Gryffindor haya ganado el partido, pero esto es ridículo! ¡Percy, no esperaba esto de ti! -
- ¡Le aseguro que no les he dado permiso, profesora! - dijo Percy, indignado. - ¡Precisamente les estaba diciendo a todos que regresaran a la cama! ¡Mi hermano Ron tuvo una pesadilla. .! -
- ¡NO FUE UNA PESADILLA! - gritó Ron. - ¡PROFESORA, ¡ME DESPERTÉ Y SIRIUS BLACK ESTABA DELANTE DE MÍ, CON UN CUCHILLO EN LA MANO! -
La profesora McGonagall lo miró fijamente.
- No digas tonterías, Weasley. ¿Cómo iba a pasar por el retrato? -
- ¡Hay-hay que preguntarle! - dijo Ron, señalando con el dedo la parte trasera del cuadro de Sir Cadogan. - Hay que preguntarle si ha visto...-
Mirando a Ron con recelo, la profesora McGonagall abrió el retrato y salió. Todos los de la sala común escucharon conteniendo la respiración.
- Sir Cadogan, ¿ha dejado entrar a un hombre en la torre de Gryffindor? -
- ¡Sí, gentil señora! - gritó Sir Cadogan.
Todos, dentro y fuera de la sala común se quedaron callados, anonadados.
- ¡No puede ser! - gritó Harry. No se esperaba que Black llegara tan lejos. Hermione lo abrazó rápidamente, con el rostro atónito y pálido.
- ¿De...de verdad? - farfulló la profesora McGonagall, con la voz temblorosa. - Pero ¿¡y la contraseña!? -
- ¡Me la dijo! - respondió altanero Sir Cadogan. - Se sabía las de toda la semana, señora. ¡Las traía escritas en un pedacito, de papel! -
- ¿Un pedacito de papel? - pensó Harry. Entonces recordó algo que lo dejó aturdido. - ¡Oh no! ¡No me digas que es el papel donde Neville escribió las contraseñas de la semana! -
La profesora McGonagall volvió a pasar por el retrato para encontrarse con la multitud, que estaba estupefacta. Se había quedado blanca como la tiza.
- ¿Quién…ha sido? - preguntó con voz temblorosa. - ¿¡Quién ha sido el tonto que ha escrito las contraseñas de la semana…y las ha perdido!? -
Hubo un silencio total, roto por un leve grito de terror. Neville Longbottom, temblando desde los pies calzados con zapatillas de tela hasta la cabeza, levantó la mano muy lentamente. Harry no pudo hacer mas que mirarle con compasión ante su mala suerte.
El tono blanco de la piel de la Profesora McGonagall pasó a un rojo furioso en cuestión de segundos. - ¡LONGBOTTOOOM! - estalló enfadada.
