Capítulo 57 - El Giratiempo.
La euforia por haber ganado la copa de Quidditch le duró a Harry al menos una semana. Incluso el clima pareció acompañarle de alguna manera.
A medida que se aproximaba junio, los días se volvieron menos nublados, pero destacaba en gran medida la ausencia del sol, lo cual para muchos comenzaba a ser muy extraño y preocupante.
Lo normal por esas fechas era contar con un calor abrasador y un resplandeciente sol que invitara a todos a salir a pasear por los terrenos, dejarse caer en la hierba, beber grandes cantidades de zumo de calabaza bien frío; acercarse al lago negro para pescar (por ejemplo, caballitos de mar voladores, que venían de maravilla como ingrediente para la poción vigorizante) o ver los fantásticos movimientos del calamar gigante por la superficie del lago; jugar una partida improvisada de gobstones en el patio de la torre del reloj y también, porque no, disfrutar de las payasadas de los bromistas de la escuela, como era el caso de los gemelos Weasley.
Sin embargo, lo que se respiraba en el entorno ante semejante fenómeno era terror ante la idea de salir del castillo. Cierto era que "técnicamente" (aunque quisieran) no podía salir sin la vigilancia cercana de algún profesor, prefecto o premio anual, que es lo que ocurría cuando tenían que hacer actividades escolares por los terrenos, o a la hora de acudir a las prácticas y partidos de Quidditch, pues tras los muros de este se encontraba la causa de tal fenómeno climático: Los Dementores.
Allí seguían los guardianes de Azkaban, circulando por los terrenos de Hogwarts en busca del único mago que había conseguido burlar la prisión y escapar, al cual seguían sin localizar.
Harry tuvo que admitir que Dumbledore estuvo acertado en cierta medida en prohibir salir a los estudiantes a los terrenos sin la vigilancia cercana de algún docente o responsable de la escuela. No obstante, el director no parecía ser consciente de que algunos estudiantes, como el propio Harry y sus amigos, se habían estado saltado las advertencias y medidas dadas a principios del año escolar, y todo porque Harry quería seguir con la práctica de hechizos, la cual resultaba bastante efectiva para mejorar la correcta realización de estos.
¿Cómo consiguió Harry organizar esas reuniones de prácticas en los terrenos cerca del lago, con los Dementores sueltos por los alrededores? Pues todo era gracias a su inusual capacidad para conjurar el encantamiento Patronus.
- Lo sé, - pensó el joven mago, alzando la nariz e inflando el pecho - soy genial. -
Al principio solo unas pocas personas conocían su capacidad para conjurar un encantamiento el cual, era complicado de dominar hasta para los magos y brujas más experimentados. De ahí la sorpresa por parte del profesor Lupín cuando lo conoció en el tren de camino a Hogwarts.
No fue hasta el partido contra Hufflepuff cuando todos descubrieron que, entre los estudiantes más jóvenes había uno con la capacidad de alcanzar un nivel de conocimiento y potencial mágico tan alto, que prácticamente se podía especular que era capaz de rivalizar con los talentos más grandes de la historia mágica, pues el gigantesco Patronus había sido algo que nadie había hecho nunca.
Por suerte, Harry se apresuró en decir que lo ocurrido fue un fenómeno accidental y que de ninguna manera sería capaz de volver a conjurar un Patronus de semejantes dimensiones. La principal razón por la que afirmó esto tajantemente fue porque no estaba interesado en recibir alguna visita por parte del ministerio y, sobre todo, por parte de la prensa mágica.
- Vale, lo admito. - pensó Harry, mientras desayunaba en el Gran Comedor. - Solo por conseguir que la gente de este castillo deje de seguir viéndome como alguien a quien le están apuntando con un rifle sería capaz de llamar a "El Profeta" y desahogarme con el periodista de turno. A ver quién es el gracioso que sigue subestimándome…-
Lo que no negó Harry es su capacidad para conjurar un Patronus completo y ordinario, en forma de león, el cual era más que efectivo para expulsar a todos los Dementores que intentaran atacarle. Evidentemente esa era la gran diferencia con respecto al denominado "Unioverum Patronus" con respecto al encantamiento normal: El más poderoso tenía la capacidad de borrar por completo a dichos seres, mientras que el ordinario solo los alejaba muy lejos de donde se encontraba el mago o la bruja que conjuraba el encantamiento.
No obstante, Harry estaba muy satisfecho que después de aquel acontecimiento fuera capaz de conjurar con éxito un Patronus completo, logrando así una de sus metas desde inicios del año escolar.
Otra de sus metas para el año estaba por llegar, y tres semanas después de su victoria ante Slytherin, Harry finalmente decidió hablar con Ron y Hermione sobre sus descubrimientos con el lingote de oro y de la existencia de un método para encontrar el Santuario de Gryffindor.
Durante una tarde, cuando la Sala Común se encontraba vacía, los tres amigos se sentaron en el sofá delante de la chimenea. Harry, ante la mirada curiosa de sus amigos, alzó una mano y generó fuego en su palma.
- ¡Ah! - saltó Hermione, sacando rápidamente su varita. - ¿¡Pero como…!? -
- No hace falta que apagues su mano con Aguamenti. - le dijo Ron, sin apartar la vista del fuego que Harry tenía en su mano. - Lo tiene bajo control. -
El azabache asintió. - Así es, - asintió, cerrando el puño bruscamente para apagar el fuego de su mano. - aunque no sé exactamente cómo puedo explicar esto…-
- Dijiste que ibas a contarnos algo de tus estudios con el lingote. - dijo Hermione, intentando relajarse. - ¿Esta habilidad tiene algo que ver? -
- Mucho. - dijo Harry, cerrando los ojos y recordando el día en que descubrió que Sirius Black era su padrino. - ¿recuerdan cuando salí furioso de las Tres Escobas tras escuchar la conversación que tuvieron McGonagall, Flitwick, Hagrid, Rosmerta y Fudge? -
Les explicó cómo tras apretar tanto los puños, se hizo una herida en su mano, y con la mano de sangre tocó el lingote para analizarlo un poco como método de relajación, lo que consecuentemente sufrió un brillo en su cuerpo y un torrente de conocimientos y símbolos de magia desconocidos en su cabeza.
- A partir de ese día, he sido capaz de hacer fuego sin la varita y sin necesidad de usar el hechizo Incendio. -
- Debe ser magia antigua. - observó Hermione. - Harry, ahora mismo me viene algo a la mente. No sé si lo has leído, pero la magia antigua se ejecuta mediante jeroglíficos y logogramas mágicos antiguos (creo que veremos ese temario en nuestro quinto año). ¿De casualidad has visto si en alguna parte de tu cuerpo tienes un símbolo que no tenías antes? -
- No, - respondió este. - al menos que yo sepa. ¿Ron, tú has visto algo? -
- ¿Me ves a mí con cara de interesarme lo que tienes en tu cuerpo? - preguntó Ron, frunciendo el ceño. - A menos que tengas un tatuaje en el brazo pues me parece que no tienes ningún símbolo. -
- Entonces creo que no. - Harry se encogió de hombros. - En fin, esa idea quedará como una teoría hasta que descubramos si tengo algún símbolo inusual o no. -
- Ten cuidado con esa habilidad. - le advirtió Hermione. - No creo que sea muy prudente que la uses delante de mucha gente. ¿Te imaginas la cantidad de preguntas que te harían? Ya fue un milagro en su día que la gente no escribiera a "El Profeta" para que vinieran a entrevistarte tras el partido contra Hufflepuff. -
- Conseguí convencerles de que aquello fue un fenómeno inusual, - dijo Harry. - y que no soy capaz de hacerlo de nuevo. -
- ¿Te imaginas si algún periodista se entera de esto? - preguntó Ron. - Ya no hablamos solo del Patronus, estamos hablando de que eres capaz de lanzar fuego por las manos, es decir, magia no verbal siendo un tío de trece años. Ahí ya no colaría la chorrada de que "Fue algo inusual, casual, y no volverá a pasar". -
- Lo más sorprendente fue que les convenciste. - dijo Hermione, pensativa. - Es decir, el año pasado muchos creían que tú eras el heredero de Slytherin, y por mucho que tu saliste a desmentirlo no te creían. ¿Qué crees que ha pasado esta vez? -
- Bueno, - se río Harry. - digamos que tuve un poco de ayuda de Dumbledore. -
- ¿Eh? -
- Si, - repuso el azabache. - Dumbledore habló con los jefes de casa para organizar reuniones en las salas comunes. Es cierto que no llegaron a reunir a todos los estudiantes, pero sí a la mayoría, y a todos ellos se les aclaró que mi "Unioverum Patronus" era un fenómeno que había provocado al combinar mi Patronus con el clima, provocando dicho efecto en el encantamiento, con lo cual, sentaron catedra en que no volvería a pasar, o que era muy difícil que volviera a pasar. -
- ¡Es por eso que los periodistas no vinieron! - exclamó Ron. - Es decir, nosotros recibimos la charla, pero no pensé que todas las casas tuvieron la misma charla. -
- Eso, y que Dumbledore habló con la prensa para desmentir cualquier rumor. Debo reconocer que se le da bastante bien. -
- Que bueno, - suspiró Hermione. - y lo de tu habilidad con el fuego, me imagino que a parte de nosotros tres la única que lo sabe es Chloe, ¿no? -
- Si, - dijo Harry. - aunque no descarto que se lo haya contado a Ginny y Luna. Ellas están muy unidas, ya sabes. -
- Bueno, mientras no lo cuenten nada a nadie más…-
- Yo en tu lugar iría practicando el hechizo desmemorizante. - sugirió Ron a Hermione. - ¿Te imaginas que se corra la voz? A Harry no lo dejarían en paz. -
- Lo pensaré, - asintió Hermione. - Harry, ¿y qué hay del Santuario? ¿Has averiguado algo? Mientras estaba estudiando en la biblioteca estos meses he consultado varios libros buscando información sobre posibles pasillos y accesos ocultos del castillo, pero no he encontrado gran cosa pues apenas dan información. - Ron se puso a reír. - ¡Vale! ¡Lo sé! Si fuera tan fácil habríamos atinado la ubicación de la Cámara Secreta a la primera, ¡pero tenía que intentarlo! ¡no te rías! -
- Evidentemente no nos lo iban a poner nada fácil. - dijo Ron, sin dejar de sonreír.
- A mí me sorprende que hayas tenido tiempo de buscar información. - reconoció Harry, sorprendiéndose. - Es decir, con lo atareada que has estado este año suena raro que tengas tiempo para eso. - Hermione se sonrojó un poco y desvió la mirada, sin decir nada. - Bueno, no es necesario que te preocupes por consultar libros para saber la ubicación exacta del Santuario, ya que la única manera de encontrarlo es por medio de la Espada de Gryffindor. -
- ¿¡Qué!? - inquirieron Ron y Hermione.
- Así es. - asintió Harry. - Durante una de mis visitas a Dumbledore aproveché que él no estaba para preguntarle al Sombrero Seleccionador sobre posibles pistas para encontrar el Santuario. Él me dijo que la Espada tiene un poder muy útil que me guiará hasta él. También me dio la pista de que la entrada podría encontrarse entre Hogwarts y el bosque…-
- Eso significa…- empezó Hermione, emocionándose. - ¡que la entrada al Santuario debe de estar fuera del castillo! -
- ¡Genial! - saltó Ron. - ¡No puedo esperar a salir y buscarlo! A pesar de tener a una congregación de seres encapuchados con la capacidad de succionar la felicidad de la gente en los terrenos. ¡Fenomenal! - añadió con sarcasmo.
- ¿Tan pronto olvidas que puedo convocar un Patronus para protegernos? - preguntó Harry, frunciendo el ceño. Ron hizo un mohín, claramente no le entusiasmaba la idea de salir a la aventura con los Dementores fuera del castillo. - De todos modos, no podemos centrarnos en esa búsqueda ahora. Los exámenes finales están al caer, debemos prepararnos. -
Ante ese comentario, Hermione estuvo más que de acuerdo, debido a que cada vez estaba más ansiosa por saber si lo haría bien en las pruebas prácticas. A nivel teórico lo tenía todo bien aprendido, pero aún con todo y las practicas con Harry en los terrenos consideraba que le venía bien tener los hechizos bien practicados.
- No me lo recuerdes, anda…- bufó Ron, cabizbajo.
Con los exámenes a la vuelta de la esquina, en lugar de holgazanear, los estudiantes tenían que permanecer dentro del castillo haciendo enormes esfuerzos por concentrarse mientras por las ventanas entraban tentadoras ráfagas de aire estival.
Incluso se había visto trabajar a Fred y George, porque estaban a punto de obtener los TIMOs (Título Indispensable de Magia Ordinaria). Percy se preparaba para los ÉXTASIS (Exámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas), la titulación más alta que ofrecía Hogwarts. Como Percy quería entrar en el Ministerio de Magia, necesitaba las máximas puntuaciones. Se ponía cada vez más nervioso y castigaba muy severamente a cualquiera que interrumpiera por las tardes el silencio de la Sala de Estudios de la Torre.
De hecho, la única persona que parecía estar más nerviosa que Percy era Hermione. Hacía meses que Harry y Ron se habían resignado a preguntarle cómo se las apañaba para acudir a varias clases a la vez, pero, por lo menos Ron, no pudo contenerse cuando vieron el calendario de exámenes que tenía, la noche antes del lunes.
LUNES
9 en punto: Aritmancia
9 en punto: Transformaciones
Comida
1 en punto: Encantamientos
1 en punto: Runas Antiguas
- ¿Hermione? - dijo Ron con cautela, porque aquellos días saltaba fácilmente cuando la interrumpían. - Eeeh... ¿estás segura de que has copiado bien el calendario de exámenes? -
- ¿Qué? - dijo Hermione bruscamente, cogiendo el calendario y observándolo. - Claro que lo he copiado bien. -
Sin embargo, Harry estaba muy preocupado. No se esperaba tener los exámenes de Aritmancia y Transformaciones en una hora, y Encantamientos y Runas Antiguas en otra. ¿Cómo demonios lo haría para aparecer en dos pruebas al mismo tiempo?
- Oh no…- dijo fastidiado, recordando su horario. - Tendré que hablar con la profesora McGonagall. No sé cómo lo haces Hermione, pero yo no cuento con esa capacidad para estar en dos sitios a la vez… ¿Cómo lo haré para acudir a dos exámenes al mismo tiempo? - se preguntó así mismo con frustración. - Quizás tenga que renuncias a dos pruebas, no queda otra…-
Hermione se mordió una uña y lo miró con preocupación, mientras que Ron rodó los ojos.
- Deberías habértelo pensado mejor antes de escoger tres optativas. - dijo este último. - Aunque en realidad, creo que los horarios de los exámenes están mal organizados este año. -
- No te preocupes Harry, - dijo Hermione, cogiendo a Harry de la mano con un brillo en los ojos. Mientras que Ron los miró extrañados. - después de cenar iremos a hablar con la profesora McGonagall. Te aseguro que encontraremos una solución. -
Tras acabar la cena, Hermione se llevó a Harry al despacho de la profesora McGonagall. Tocó la puerta, esperaron por cinco minutos y tras contar con el permiso, entraron.
La Profesora McGonagall estaba tan atareada como el resto de profesores. Se encontraba ultimando todos los pergaminos que repartiría para las pruebas. Tenía que ocuparse de los exámenes para los estudiantes de primero a cuarto, los TIMOs para los de quinto, y los EXTASIS para los de séptimo año. Tenía la suerte de no tener que preparar las pruebas prácticas para los de quinto y séptimo, ya que esas pruebas eran competencia del Tribunal de Exámenes Mágicos.
- Profesora, - dijo Hermione. - siento mucho que la molestemos a esta hora, pero…Harry tiene un problema. -
McGonagall se puso bastante tensa, imaginándose muchas cosas. Harry se dio cuenta de que no era muy prudente decir lo que dijo Hermione, sobre todo si tenían en cuenta que había un asesino suelto en búsqueda y captura merodeando por los alrededores de Hogwarts. A la profesora le saltaron las gafas de la nariz y se le quedaron colgadas en el cuello como si fueran un collar.
- No me digan que Sirius Black está intentado asesinar a Potter otra vez…- dijo ella, con sus labios temblorosos.
Inmediatamente, los dos negaron con la cabeza.
- No es eso profesora. - dijo Harry, intentando no enfadarse por la mención a Sirius Black. - Lo que sucede es que, al igual que Hermione, tengo los exámenes de Aritmancia y Runas Antiguas, y estos coinciden con las pruebas de Transformaciones y Encantamientos. No tengo ni idea de cómo lo haré para acudir a todo…-
La profesora McGonagall se sintió más aliviada. - Ya veo…- suspiró. - Si, ciertamente tuvimos algunos problemas este año con la organización de los horarios. No me extraña, tenemos que realizar pruebas para todos los estudiantes de todos los cursos, año tras año. Es difícil si se tiene que hacer todo en una semana y si son muy pocos los alumnos que deciden tomar todas las asignaturas optativas…- explicó, volviendo a ponerse las gafas y mirando de reojo a Hermione. Esta se sonrojó. - Me temo que solo hay un modo de que puedas asistir a todos los exámenes de mañana, Potter. Señorita Granger, ya sabe qué hacer. -
Hermione se quedó boquiabierta. - ¿Está segura, profesora? - preguntó, y Harry no sabía a qué se refería.
- ¡Absolutamente! - respondió la profesora con firmeza. - Tal vez debería haber hecho lo mismo que con usted para que Potter no tuviera problemas con su horario. -
- No los he tenido hasta ahora profesora. - aseguró Harry. - Mi horario a estado perfectamente organizado, he podido acudir a todo. Aunque ahora, con los exámenes…-
- Exactamente. - asintió McGonagall. - Granger, quiero que mañana te lleves a Potter a todos los exámenes. Pero os lo digo desde ya, esto quedará entre nosotros tres, ¿lo habéis entendido? -
Harry y Hermione asintieron. El primero sin entender del todo a que se referían.
- Bien, y no se olvide de las reglas señorita Granger. - añadió la profesora McGonagall. - No deben ser vistos. -
Muchos interrogantes imaginarios azotaron la maquinaria cerebral de Harry mientras salían del despacho. No se explicaba como lo haría Hermione para llevarlo a todos los exámenes a tiempo.
Antes de dirigirse a la Sala Común de Gryffindor, Hermione "arrastró" a Harry hasta un aula vacía del séptimo piso. Una vez dentro, se quedaron a oscuras, con la luz de la media luna a través de una de las ventanas del aula como única luz. Estando los dos ahí, solos, hizo que Harry comenzara a imaginarse muchas cosas, y todas ellas "muy positivas".
- ¿Por qué…me traes aquí, Hermione? - preguntó, ruborizándose y sentándose con ella en un par de sillas al lado de la ventana que daba con la luz de la luna.
Hermione frunció el entrecejo. - ¿En qué estás pensando? - preguntó.
- En muchas cosas, - respondió Harry con honestidad, a la vez que sonreía. - pero dudo que alguna de ellas tenga algo que ver con que me hayas traído hasta aquí. -
Ella se ruborizó mucho. - Errr, no, - farfulló, sacándose de la camiseta una cadena de oro, muy larga, fina y con un pequeño reloj de arena que pendía de ella. - te he traído hasta aquí para que no nos escuche nadie mientras te explico lo que haremos mañana. -
- Oh, ¿para es ese collar, Hermione? - preguntó Harry, mirando de reojo aquel collar tan peculiar.
- Es un giratiempo. - explicó Hermione, enseñándole el reloj de arena. - Me lo dio la profesora McGonagall el día que volvimos de vacaciones. Lo he utilizado durante el curso para poder asistir a todas las clases. McGonagall me hizo jurar que no se lo contaría a nadie, tuvo que escribir un montón de cartas al Ministerio de Magia para que me dejaran tener uno. Les dijo que era una estudiante modelo y que no lo utilizaría nunca para otro fin. Le doy vuelta para volver a disponer de la hora de clase. Gracias a él he podido asistir a varias clases que tenían lugar al mismo tiempo, ¿te das cuenta? -
El azabache estaba completamente atónito. Cuando era más pequeño había leído historietas y visto películas muggles sobre viajes en el tiempo, pero nunca en su vida se imaginó que existiera un artilugio mágico con semejante capacidad.
- ¡Esto es estupendo! - exclamó él, muy emocionado. - Entonces, esto también explica como lo hicieron Bill y Percy para acudir a todas las clases y hacerse con los doce TIMOs (Bueno, lo que no me explico es como no se volvieron locos, basta con verte a ti). Mira que McGonagall también podría haberle pedido al ministerio que me dejaran uno…- añadió con decepción.
- La profesora McGonagall tuvo dudas acerca de tu horario, - comentó Hermione, mientras guardaba de nuevo el reloj de arena. - pero al final no vio necesario que utilizarás uno. Creo que ni ella misma se esperaba acabar el año con los horarios de los exámenes tal cual se han designado. -
- Si, quizás tengas razón. - dijo Harry. Fue entonces cuando se le cruzó una de sus curiosidades en su mente. - Y…¿cuánto tiempo es capaz de retroceder un giratiempo? -
- Solo puede retroceder hasta el inicio del día. - respondió ella.
- Hm…ya veo…- suspiró Harry, un poco decepcionado.
- ¿Qué tenías en mente? - le preguntó Hermione.
Era increíble cómo había pasado de la emoción de saber que existían los viajes en el tiempo a la decepción. Y es que era inevitable pensar que un instrumento como el giratiempo podría haber salvado la vida a muchas personas en el pasado. En especial, la vida de sus padres.
- Es que…- empezó Harry, tratando de explicarse lo mejor posible. - había pensado, que quizás con el giratiempo habría una mínima posibilidad de…-
Hermione no necesitó que terminara de explicarse. - Piensas que si hubieran usado un giratiempo el día que asesinaron a tus padres, - dijo. - quizás ellos estuvieran vivos ahora, ¿verdad? -
Harry asintió lentamente. Ella le frotó el hombro de manera reconfortante, compadeciéndose de él una vez más.
- Sé que es una tontería, - admitió Harry, cabizbajo. - y…aunque les hubieran salvado por ese método, quien sabe lo que podría haber pasado después. ¿Las cosas serían mejores? ¿Peores? ¿Quizás lo mismo? En realidad, nadie lo sabe. Pero si de algo estoy convencido es que el tiempo es algo con lo que no se puede jugar…-
- Así es Harry. - asintió Hermione. - Un claro ejemplo de las grabes consecuencias de viajar en el tiempo puede ser que, si alguna vez te encuentras con tu yo del pasado, podrías…volverte loco, incluso atacarte a ti mismo…-
- ¿Atacarme a mí mismo? - pensó Harry, con un repentino interés. - Un duelo contra mí mismo sería un gran ejercicio para volverme más hábil. ¡Sería fascinante! -
- La profesora McGonagall me dijo que han sucedido cosas terribles cuando los brujos se han inmiscuido con el tiempo. Muchos terminaron matando por error a su propio yo, pasado o futuro…-
- Si, bueno…- dijo Harry, rascándose la nuca. - reconozco que sería muy extraño. Bien, entonces, ¿mañana podré acompañarte a las pruebas? -
- Si. - respondió Hermione, sonriendo. - y ya que he terminado por contarte mi pequeño secreto, creo que es momento de que me cuentes el tuyo, ¿no? -
- ¿Eh? - farfulló Harry, sin entender a qué se refería.
- No pensarás que me he olvidado de lo sucedido hace unos meses cuando nos enfrentamos al Boggart, ¿verdad? - le recordó Hermione, mirándolo de reojo. - Harry, ¿A que le tienes tanto miedo? Ese…ser encapuchado con la túnica que Slytherin que se parecía a ti, ¿Quién era? -
Harry se puso un poco cabizbajo, con los ojos casi cerrados y tratando de encontrar el modo más adecuando para explicarse. - La verdad…- empezó, respirando con fuerza y mirándose las manos. - es que no se me daría bien explicarlo. Creo que para responderte adecuadamente tendría que remontarme a mis años en la escuela muggle. -
- ¿Pasó algo malo? - preguntó Hermione, intrigada. - Quiero decir, ya tenías problemas con tus tíos en casa, pero en la escuela…-
- Mi tortura se extendió en parte allí, - reconoció Harry, amargamente. - al mismo tiempo que la escuela era mi vía de escape de la casa de tía Petunia, también era un horror cuando llegaba la hora del recreo. Era allí cuando aparecía mi primo Dudley y su banda, con el único fin de hacerme bullying. -
- ¿¡QUE!? - se escandalizó Hermione. Harry le pidió rápidamente que bajara el tono. - Perdón, pero…no puedo creerlo. ¿Y no se lo dijiste a ningún profesor? -
- No podía. - respondió Harry, con un suspiro de frustración.
- ¿¡Por qué!? -
- Primero porque en la escuela no sufrí daño alguno. Es decir, cada vez que escapaba de la pandilla de Dudley pasaba algo extraño…-
- Espera…¡Claro! Hacías magia accidental en la escuela… -
Harry asintió lentamente. - Si, así pasaba mis horas de recreo, huyendo. Odiaba ser incapaz de hacerles frente y por eso en lugar de chivarme optaba por escapar. - alzó la mirada, recordando como se sentía en esos años. - Un día, como si nada, terminé en lo alto del tejado de la escuela…creo que incluso conseguí volverme invisible en una ocasión, porque hubo un día en el que no conseguían verme, fue muy raro, al igual que el resto de sucesos por los que pasé, y luego…luego…- se llevó una mano a la cabeza, intentando recordar mejor lo que ocurrió un día cuando salió de la escuela. - No estoy seguro, siento que me he olvidado de algo…salvo mis últimos días corrientes con los Dursley y lo que he vivido desde que descubrí que soy un mago. Desde mi llegada a Hogwarts, he aprendido y mejorado mis habilidades mágicas a una velocidad alarmante. No he podido evitar darme cuenta de que he progresado más rápido que otros magos y brujas…al menos en cuanto a los hechizos de duelo. -
Hermione asintió, mirándolo extrañada. - Te has esforzado mucho por progresar, - dijo. - sin embargo, ¿Qué tiene eso que ver con tu boggart? -
Era inevitable recordar lo que había pasado poco después de abandonar el despacho de Dumbledore tras rescatar a Ginny de la Cámara de los Secretos. El duelo contra Lucius Malfoy, su ira desatada, el despertar de un poder increíble, y a la vez peligroso.
- Al principio solo me puse a practicar y entrenar porque quería ser un gran mago, - siguió Harry. - pero cuando me crucé con Voldemort hace dos años mi motivación cambió. Quise volverme más poderoso para algún día volver a enfrentarlo y vencerlo de una vez por todas. No obstante, a medida que mi poder y mi habilidad han ido mejorando la duda me ha invadido Hermione…- mirándola a los ojos pudo darse cuenta de que ella se estaba asustando. - ¿Y si me acabo descarriando como Voldemort? ¿Y si el poder llega a dominarme y me convierte en algo que no soy? - cerró los ojos y añadió: - Si, eso es lo que más temo. Acabar como él…-
Harry se imaginaba que Hermione se asustaría ante su declaración, pero sorprendentemente ella solo quedó un tanto anonadada.
- Harry, eso no es…- empezó ella, negando con la cabeza, pero Harry siguió hablando.
- Tener poder y habilidad es algo que requiere de un gran sentido de la responsabilidad sobre tus actos. - dijo. - Lo que mayor miedo me da es que acabe haciendo cosas que no deseo por nada hacer, como…hacer daño a las personas que tanto quiero…- añadió, mientras concentraba su mirada en aquellos ojos castaños que tenía en frente suyo. - Eso representa mi Boggart, todo aquello en lo que no deseo convertirme. En un monstruo…-
Ella retrocedió un poco, como si lo conociera por primera vez. - Harry…- dijo. - hay algo que hace meses debí preguntarte, pero…-
- ¿Qué es? -
- ¿De casualidad tu…ya conocías a Snyde? -
- ¿Eh? - Harry no se esperaba esa pregunta. - ¿Cómo que si la conocía? ¿Quieres decir…de hace poco, o hace tiempo? -
- De hace tiempo. - aclaró Hermione.
- Hm…no. - respondió Harry, pues él no recordaba haber conocido a Mérula Snyde más allá de su tercer año. - ¿A qué viene esa pregunta? -
- ¿Recuerdas nuestra última visita a Hogsmeade? Me encontré con ella cuando caminaba cerca de la Casa de los Gritos…-
- ¿Y qué pasó? -
- Bueno…ella me habló de ti como si te conociera de hace tiempo. Ella dijo…que tú eres peligroso…-
Harry se quedó de piedra. ¿Esa era la impresión que tenía Snyde de él? No sabía si tomárselo a mal, o si esa declaración era para estar más que orgulloso. Es decir, si la presumida cazarrecompensas piensa que es peligroso, indudablemente ella le habrá visto en acción, pero si era así la pregunta aterrizaba de golpe. ¿Dónde fue? ¿y en qué momento?
- Si ella dijo algo así de mí, - dijo finalmente. - puede que sea verdad…Me habrá observado. Quizás también sepa lo que me ocurre cuando…-
- ¿Eh? -
- Lo que pasa es que…- pensando detenidamente, Harry pudo ver vagamente entre sus recuerdos a un grupo de niños por el rabillo del ojo de su yo más joven. - me viene algo a la cabeza, como aquel día que salí del colegio y…Creo que aquel día Dudley y su pandilla iban a por mí después de clase…-
- ¿Qué pasó aquel día? - inquirió Hermione.
- ¡Tch! No lo sé, - dijo Harry, sacudiendo la cabeza. - no consigo recordarlo. -
- Estabas diciendo algo sobre lo que te ocurre cuando…-
- No sé si decirlo…-
- Vamos Harry…-
- Hermione, no quiero hablar de ello. -
- ¿No confías en mí? -
Harry la miró por un momento. ¿Cómo iba a reaccionar ella una vez supiera lo que pasaba cuando perdía el control? ¿Como se iba a tomar el hecho de que dejaba de ser él mismo y obtenía unos poderes increíbles cuando la ira se apoderaba de él? Cierto era que Chloe no se lo había tomado a mal cuando fue la primera en descubrirlo (De hecho, ella creía que su habilidad para descontrolarse era alucinante), pero no era algo agradable de contar.
No obstante, si algo le había demostrado Hermione desde que se conocieron, es que podía confiar en ella.
- Si, confío en ti. - repuso, con cada vez más firmeza. - Pero no es algo agradable de contar... -
Explicarle a Hermione lo que pasaba cuando Harry perdía el control no fue nada fácil para él, y menos confesar que había hecho frente a Lucius Malfoy en un duelo, llegando a ganarle. No era lo único, pues había tenido pesadillas no solo de la muerte de sus padres, si no que en el último mes había recordado aquel día que huyó del zoológico, cuando fue de visita con los Dursley, donde estuvo a punto de morir atropellado poco antes de descubrir el Caldero Chorreante (En vez de ser atropellado mandó a volar el choche, haciendo que se estrellara). Esa fue la primera vez que sintió emerger ese poder, lo sabía. Pues ese mismo poder fue el que sintió cuando hizo frente a Malfoy, y tras conocer más profundamente la historia de Tom Ryddle, sabía que, aunque no quisiera, podía darse esa situación.
Había sido un alivio dejar de escuchar a Ryddle hablando con Slughorn en sus sueños, pero luego pasó algo extraño. En las últimas semanas había visto imágenes muy raras en su mente, como pequeños fragmentos de un día que no recordaba con claridad. Él saliendo del colegio muggle para volver a la casa de sus odiosos tíos, con la pandilla de Dudley siguiéndolo de cerca, pero allí terminaba. ¿Por qué recordaba ese día? ¿Qué había pasado allí?
- No importa…- siguió Harry, con la mirada fija en sus zapatos. - lo que más me preocupa es que en vez de ser un gran mago, este poder que tengo me lleve por otro camino…-
Hermione agachó la cabeza y se quedó pensando durante un rato, sin saber que decir. Parecía asustada y, sin embargo, allí seguía.
- Escúchame…- dijo ella finalmente, cogiéndole de las manos. - Tu eres una gran persona, de buen corazón; siempre estás ahí para ayudar y apoyar a las personas que amas. Harry, tú no eres como Vol-Voldermort, - pronuncio aquel nombre con algo de dificultad. - no eres un monstruo. Es cierto que tu vida ha sido difícil, pero eso es justo lo que ha hecho que muestres lo mejor de ti mismo. -
- Hermione…-
- ¿Recuerdas cuando te conocí? Había entrado en un mundo desconocido, muy diferente al que solía estar acostumbrada. Cierto es que a veces me pasaban cosas extrañas, pero quedaban en meras anécdotas (como él día en que le cambié el color de pelo a la gata de una de mis vecinas). Una de las cosas más importantes que mis padres me han enseñado es a prepararme para lo desconocido. Por eso me puse a recorrer el Callejón Diagon, para hacerme con toda la información posible antes de seguir, y entonces tropecé contigo. A partir de ese día, y después de conocerte, supe que no me volvería a quedar sola una vez partiera a Hogwarts…-
- Pero…- Harry sintió que su corazón latía como nunca, pero a la vez se sentía triste. ¿Por qué había conocido a una persona tan maravillosa como ella? ¿Qué más necesitaba para decirle lo mucho que la quería? - Lo menos que puedo hacer es darle tiempo y permitirle elegir…- pensó con testarudez. - ¿Nunca has pensado que soy un problema? Es decir, ya no es solo lo que te acabo de contar (lo que me pasa cuando pierdo el control), sino todo lo que nos ha pasado hasta ahora, y lo que puede que aún este por llegar…-
- Al principio me asustaba la idea de que siempre estuvieras en problemas, - admitió Hermione, entrecerrando los ojos. - pero con el tiempo me he acostumbrado a que estés buscando un desafío en todo momento. - Harry se encogió un poco. - Escucha, sé que eso te agrada, te pones a prueba a ti mismo e intentas demostrar a la gente que tienes unos talentos increíbles en la magia a pesar de tu edad, pero eso no quita que las personas que quieres se preocupen también por ti. Estoy segura de que si todos nuestros amigos llegaran a conocer tu problema seguirían apoyándote, porque eso es lo que tú haces por nosotros, por Ron, por Chloe…y también por mí. -
- Yo…-
- Mientras que Vol-Voldemort solo tiene eso, el poder, la intimidación y la soledad… y seguramente que ni apreciaba el apoyo de sus seguidores. Sigo pensando que solo quedaban como meros peones a sus ojos. Y ahora mírale, divagando por el mundo como un vulgar espectro. -
- Entonces, si pierdo el control, ¿seguirías siendo mi amiga? -
Lo siguiente le pilló completamente de sorpresa. Hermione se acercó más a él, hasta darle un beso en la frente. - Siempre seré tu amiga, pase lo que pase…- dijo, ruborizándose. - Y, siento que también necesito disculparme contigo…-
- ¿Por qué? -
- Es que…- Harry no se había dado cuenta al principio, por lo oscura que estaba el aula, pero ella había llorado. Se secó rápidamente las lágrimas. - creía que podía con todo, lo creía y me lo quería creer, pero ha sido demasiado. Y por si eso fuera poco, siento…que no he pasado tanto tiempo contigo y nuestros amigos. -
- Eso no es cierto, - repuso Harry. - hemos estudiado juntos todo el año y…-
- Pero falté a muchas de las practicas que hacías en los terrenos, - dijo Hermione, bajando la cabeza. - y la idea de practicar contigo y con Chloe me agradaba. Cuando en nuestro primer año tenía miedo de coger una escoba y volar tú me abriste los ojos. De nada sirve leer tantos libros y absorber tanta teoría si no lo pones en práctica. Si cada año que pasemos aquí tendremos problemas con los que lidiar, me gustaría estar preparada. - Se puso en pie y se acercó a la puerta del aula - Nos vemos mañana. - añadió. - Gracias por confiar en mí, te aseguro que te seguiré pase lo que pase…- y salió del aula.
Harry se quedó allí sentado, al lado de la ventana y sin dejar de mirar por donde había salido Hermione. Una gran parte de él estaba convencida de su relación con ella no sería la misma después de sincerarse, y sin embargo fue todo lo contrario. Harry sintió que su vínculo con ella era aún más fuerte, y la idea de verla en los terrenos practicando con él, Chloe (y Ron cuando no estaba gastando bromas con sus hermanos gemelos) le entusiasmaba mucho.
Mientras salía del aula vacía para ir al dormitorio de los chicos, Harry pensó que a la larga tendría que aprender los caminos del mago oscuro si quería ser capaz de enfrentar a uno en un futuro no muy lejano. Pues también podía acogerse a la filosofía de las acciones que definían el cómo era una persona, ya que gracias a Dumbledore entendía que también se aplicaba del mismo modo en el mundo mágico. Por un momento había olvidado aquel detalle.
Harry pensó en todo aquello detenidamente durante la noche, una vez se acostó en su cama. Recordó que Voldemort era posiblemente el ser que más conocía sobre artes oscuras en todo el mundo mágico, incluso más que Dumbledore.
- Voldemort debió ser muy poderoso, - pensó Harry. - ya que acabó con muchos magos de gran nivel. Todo aquel que le hacía frente y se oponía a sus ideales acababa siendo víctima de su varita…Debería tratar de profundizar más en las artes oscuras, elaborar mis propios hechizos…Sí, eso podría ser útil, así tendría más opciones contra él. Pero, ¿Quién podría enseñarme artes oscuras en este colegio? - y entonces, "se le iluminó la varita". - ¡Por supuesto! ¡El profesor Snape! -
Harry estaba esperanzado en que el Profesor Snape (el maestro de pociones) pudiera darle algunas clases extra para entender mejor las artes oscuras, y de paso, aprender a crear sus propios hechizos. En una visita a Dumbledore, este le mencionó que Snape poseía habilidades asombrosas en la magia, en especial si se trataba de las artes oscuras. Por algo lo consideraba un genio.
La semana de los exámenes había comenzado y el castillo se sumió en un inusitado silencio. Los alumnos de tercero salieron del examen de Transformaciones el lunes a la hora de la comida, agotados y lívidos, comparando lo que habían hecho y quejándose de la dificultad de los ejercicios, consistentes en transformar una tetera en tortuga. Hermione irritó a todos porque juraba que su tortuga era mucho más galápago, cosa que a los demás les traía sin cuidado.
- La mía tenía un pitorro en vez de cola. - se quejaba ella. - ¡Qué pesadilla...! -
- Vamos Hermione, fue un éxito. - insistió Harry.
- ¿Las tortugas echan vapor por la boca? - preguntó Ron divertido. - Bueno, la mía seguía teniendo un sauce dibujado en el caparazón. ¿Creéis que me quitarán puntos? -
Después de lograr dar esquinazo a Ron, Harry y Hermione se escondieron detrás de un tapiz. Ella cogió su giratiempo y lo pasó por encima de la cabeza de Harry para después, darle una vuelta al reloj.
Harry tuvo la sensación de que volaba muy rápidamente hacia atrás. Mirando de reojo lo que había tras el tapiz, veía pasar manchas de formas y colores borrosos, notaba palpitaciones en los oídos. Sintió el suelo firme bajo sus pies, ya dejaron de ir hacia atrás. Cuando salieron del tapiz, todo parecía igual que siempre, pero con la diferencia de que las personas que estaban por ahí cerca, ya no estaban.
- ¡Wow! - dijo el azabache con emoción - ¡Hermione, hemos viajada en el tiem…! - pero Hermione le tapó la boca.
- ¡Shh! ¡Ya lo sé! - susurró ella. - Ya después te emocionas, ahora vamos. Tenemos que ir a Aritmancia. -
Corrieron juntos escalera arriba, de regreso al séptimo piso, esquivando a los atolondrados estudiantes que, de bien seguro, iban de camino a Transformaciones. Cuando llegaron al aula 7A, tuvieron que esconderse detrás de una librería, ya que los otros de Harry y Hermione (acompañados por Ron), de hace una hora, iban de camino a Transformaciones.
- ¡Rayos! - dijo Harry, muy sorprendido por lo que acababa de ver. - Tenías razón, si nos hubiéramos aparecido ahora mismo seguramente habría respondido con mi varita. -
- Por eso debemos tener cuidado. - replicó Hermione, empujando con prisa a Harry para que se metiera en el aula. - Venga, entremos a clase de una vez. -
La profesora Vector les dio un repaso de lo lindo. A Harry y a Hermione les tocaba realizar una dificilísima prueba de Numerología y Gramática. Era un examen que pedía realizar la Aritmancia al estilo de los caldeos, quienes dividían su alfabeto en tres décadas repitiendo algunas letras. Cambiaban en letras numerales las de los nombres de aquellos que les consultaban y referían cada nombre a algún planeta, de lo cual sacaban sus presagios.
- Si, algo de Astrología tiene. - pensó Harry divertido. - Esto sin duda entusiasmaría mucho a Firenze. -
Tras acabar, de manera tan exitosa su examen, Harry y Hermione salieron del aula, ambos muy satisfechos.
- ¡Lo hicimos Hermione! - exclamó Harry, victorioso. - ¡Lo hicimos! -
- Aún no señorito. - replicó Hermione rápidamente. - Debemos volver con Ron cuánto antes. -
- ¿Eh? -
Y sin darle tiempo a preguntar, Hermione cogió a Harry de la oreja y se lo llevó derechito hacia la gran escalera. Entre jadeos y respiraciones fuertes, ambos se encontraron con Ron, quien parecía no haberse enterado de que se habían ido.
- ¿Estáis bien? - preguntó este, bastante extrañado. - Tampoco es que sea la primera vez que bajamos por ahí, ¿no? -
Los dos negaron con la cabeza, y sin decir nada más, se sentaron juntos para comer. Mientras se servían el almuerzo, Harry pensó que hacer viajes en el tiempo a diario debía ser una locura, pues solo con viajar una vez y ver lo que ella tenía que hacer para no ser vista hasta que su otro yo retrocediera en el tiempo era exasperante. Saber esto solo hizo que su admiración hacia ella (y también hacia Bill y Percy) fuera aún mayor.
Dedicaron las horas restantes para prepararse lo mejor posible ya que, aparte de presentarse al examen de encantamientos, Harry y a Hermione tenían que acudir también al examen de Runas Antiguas. Afortunadamente, ambos estaban sobradamente preparados.
Después de una comida apresurada la clase volvió a subir para el examen de Encantamientos. El profesor Flitwick puso en el examen, de nuevo, los encantamientos estimulantes. Harry y Hermione disfrutaron mucho con el examen. Lejos de ser una prueba difícil resultó de lo más confortable.
Por su parte, Ron se echó a reír como un histérico a causa de su encantamiento, el cual exageró. Tuvieron que llevárselo a un aula vacía y dejarlo allí una hora, hasta que estuvo en condiciones de llevar a cabo el encantamiento.
- Pobre Ronald. - pensó Harry entre risas, mientras compartía aquel momento de diversión con Hermione. - Bueno, por lo menos pudo pasárselo bomba haciendo el examen. -
Ron se dirigió a la Sala Común de Gryffindor para continuar repasando. Entonces, Harry y Hermione se escondieron en el armario de las escobas (Sobra decir que entre el armario y antes con el tapiz, Harry se sentía muy a gusto teniendo tan cerca a Hermione). Volviendo a repetir lo de antes, ella giró el reloj de arena, pero esta vez fueron dos veces, ya que perdieron un par de minutos al estar con Ron.
Una vez retrocedidas las dos horas, ambos salieron del armario, y subieron por las escaleras hasta el sexto piso, esquivando a otro gran número de estudiantes que subían y bajaban por las escaleras, cada quien yendo a hacer sus pruebas.
Entre jadeos lograron llegar al aula 6A, que es donde se imparte la asignatura de Runas Antiguas. La profesora Babbling dejó un examen bastante sencillo, se resumía en distintos ejercicios de traducción de números y completar las palabras aprendidas en clase.
- Es más fácil que un crucigrama, - pensó Harry. - eso seguro. -
Al salir del examen, los dos regresaron corriendo hasta el armario de escobas, aunque antes, tuvieron que ocultarse de Ron, para que no los viera. Una vez dentro del armario, inmediatamente salieron.
- A sido una gran experiencia. - dijo Harry, como si acabara de bajar de Buckbeak tras volar por los cielos. - Gracias por ayudarme…-
- Un placer…- respondió Hermione, aunque agitada.
- ¿Sabes? - dijo Harry de repente. - Aún me cuesta creer que seas capaz de hacer todo esto. Yo me volvería loco. -
- Si, tienes razón…- suspiró Hermione. - ¿Sabes qué? Lo estuve pensando durante la última semana, también dejaré Estudios Muggles una vez acabe el curso. Odio admitirlo, pero de seguir así me acabaré volviendo loca. -
- ¡Creí que nunca lo dirías! - sonrió Harry. - Eso significa que tendrás más tiempo para, bueno, hacer algo más que estudiar…- se acercó a ella para decirle con sinceridad: - Oye, aunque dejes dos asignaturas para mi seguirás siendo la mejor. Puede que no hayas conseguido la meta de las doce asignaturas, pero…es muy meritorio haber estado en todas ellas teniendo las mejores notas. - Hermione se puso roja. - Vale, no podemos decir lo mismo de Adivinación, ¿pero sabes qué? Que le den a esa asignatura, no merecía de tu tiempo. -
Ambos subieron juntos hasta la Torre de Gryffindor, para unirse a Ron y los demás, y así, repasar todos juntos Cuidado de Criaturas Mágicas, Pociones y Astronomía.
Hagrid presidió el examen de Cuidado de Criaturas Mágicas, que se celebró a la mañana siguiente, con un aire alegre y lleno de felicidad. No por nada era la primera vez que ponía a prueba a sus alumnos.
Para empezar, el gigantesco mago evaluó la capacidad de todos ellos para domar a sus hipogrifos, y eso entusiasmó mucho a Harry. Como si fuera un jinete medieval, Harry galopó sobre Buckbeak, haciendo piruetas espectaculares desde los cielos, volando por los alrededores y aterrizando correctamente.
- Llámenme…¡Sir Potter! - pensó Harry, mientras reía como un tonto.
Ron hizo lo propio, pero hasta en tres ocasiones estuvo a punto de caerse, mientras que Hermione tenía el corazón en un puño (era la primera vez que volaba sobre un hipogrifo). Voló durante quince minutos, tiempo que lo pasó dando gritos de terror y provocando las carcajadas de Pansy Parkinson, su archirrival.
Cuando por fin se bajó de su hipogrifo, Hermione tenía ganas de arrancarle la piel a tiras a Parkinson. Una vez más, Harry y Ron tuvieron que sujetarla con fuerza para que no hiciera ninguna locura.
- Bueno, - pensó Harry, cansado de que aquella "víbora" se metiera tanto con ella. - si sigue así acabaré soltando a Hermione. Por mí que la despelleje. -
Hagrid, por su parte, penalizó a Pansy con veinte puntos menos en su examen, a pesar de ello, la chica de Slytherin logró pasar su prueba, para descontento de Hermione.
Tras la exitosa prueba con los hipogrifos, solo quedaba contestar a unas preguntas en formato test. En vez de papel, Hagrid les repartió unas tablas de piedra, en ellas estaban escritas las preguntas, con sus posibles respuestas. Tras recibir un clavo y un martillo, Harry marcó todas las casillas correctas, y luego le entregó su tabla de piedra a su "profesor".
- Por un momento pensé que había viajado a la edad de piedra. - pensó Harry, sin saber del todo si los test de piedra formaban parte de la asignatura o era una idea de Hagrid.
Aquella tarde tuvieron el examen de Pociones, que acabó en un rotundo éxito. Tras lograr espesar correctamente su poción de confusión, Snape le dio la nota máxima, al igual que Hermione.
- Si es que somos los mejores. - pensó Harry con orgullo.
Al terminar las pruebas, Harry espero pacientemente a que todos se fueran (intentando que Ron y Hermione no se dieran cuenta) para poder hablar con el profesor de pociones para hacerle la petición que llevaba pensando desde la noche anterior.
- ¿Quiere algo…señor Potter? - preguntó Snape, frunciendo el entrecejo y con su habitual mal humor.
- Profesor, lo he estado pensando. - empezó Harry. - Después de dos años en Hogwarts he llegado a la conclusión de que tarde o temprano tendré que lidiar con Voldemort. - Snape se mantuvo inexpresivo a pesar de utilizar aquel nombre. - Es por eso que estoy interesado en aprender más sobre las artes oscuras…- la mirada de Snape se intensificó ante aquellas palabras. - además de aprender a crear mis propios hechizos. Me gustaría conocer mejor a mi enemigo, por eso acudo a usted. Después de todo, es un experto en la materia, ¿cierto? -
Snape se quedó en silencio durante unos minutos, con los brazos cruzados y los ojos cerrados. Repentinamente los abrió y dijo: - Sabes bien que, en Hogwarts…está prohibida la enseñanza de las artes oscuras, Potter. Sin embargo, tus motivaciones parecen…comprensibles. Quizás no sea tan descabellado darte algunas clases especiales. Lo consideraré…-
- Entonces…- dijo Harry con emoción. - ¿¡me enseñará artes oscuras!? -
- Si acepto, señor Potter…- aclaró el profesor Snape. - lo primero que haré será ponerle a prueba. Después de lo que vi el año pasado me di cuenta de que usted posee cierto talento y potencial para la magia, lo cual debo reconocer que me llama la atención. Por tanto, después de los exámenes le enviaré una nota. En ella especificaré un lugar en concreto donde llevaremos a cabo la prueba…Si al final lo considero y usted me convence, entonces accederé a enseñarle los caminos para…elaborar el éxito…-
A Harry le pareció curiosa la forma en la que el profesor hablaba de las artes oscuras, pero la posibilidad de aprender el camino de su enemigo estaba muy cerca. - Estoy ansioso por demostrarle lo que soy capaz de hacer, profesor…- dijo.
- Solo espero no desperdiciar mi tiempo con usted, señor Potter…- dijo Snape, con su tono habitual.
A media noche, arriba, en la torre más alta, tuvieron el examen de Astronomía (sin problemas). El miércoles por la mañana fue el turno de Historia de la Magia, prueba en la que Harry tuvo que hacer grandes esfuerzos para no dormirse en mitad del examen. Él no tenía ningún problema en aquella asignatura (siempre era bueno conocer la historia detrás de la magia y el mundo de esta en general), pero para alguien como Harry, la historia era un completo aburrimiento, y más si el que impartía la asignatura era un fantasma que invitaba a sus alumnos a tomarse una siesta.
- Lo sé, - pensó, mientras se concentraba. - pero es una asignatura más. Haré todo lo posible por sacar el máximo provecho de ella, aunque eso signifique tener que tirarme medio barril de café diariamente…-
Por la tarde tenían el examen de Herbología, en los invernaderos bajo un sol abrasador, cuya prueba acabó en otro éxito. Luego volvieron a la sala común, deseosos de encontrarse al día siguiente a aquella misma hora, cuando todo hubiera finalizado.
El último examen, para Harry, fue el de Defensa Contra las Artes Oscuras, durante la mañana del jueves. El profesor Lupin había preparado el examen más raro (y a la vez emocionante) que habían tenido hasta la fecha. Una especie de carrera de obstáculos fuera, en la que tenían que vadear un profundo estanque de juegos que contenía un Grindylow, atravesar una serie de agujeros llenos de gorros rojos, chapotear por entre ciénagas sin prestar oídos a las engañosas indicaciones de un hinkypunk, y meterse dentro del tronco de un árbol para enfrentarse con otro Boggart.
- ¡ES EL MEJOR EXAMEN QUE HE TENIDO NUNCA! - pensó Harry. Estaba tan eufórico que quería enfrentarse a un dragón.
- ¡Estupendo, Harry! - dijo Lupin, cuando el joven bajó sonriente del tronco. - Tienes la nota máxima. -
Harry se sintió como un globo estallando en miles de luces brillantes y más feliz que unas pascuas. Se quedó esperando para ver a Ron y a Hermione.
Ron lo hizo muy bien hasta llegar al hinkypunk, que logró confundirlo y que se hundiese en la ciénaga hasta la cintura. Hermione lo hizo todo perfectamente, incluso logró superar al Boggart con forma de McGonagall.
- ¡Bien hecho Hermione! - dijo el profesor Lupin, muy contento. - Esto te contará como nota máxima…- añadió, mientras apuntaba su nota en un pergamino.
- Bueno, no lo habría logrado sin un poco de ayuda…- reconoció Hermione, con las mejillas rosadas.
- Si, has aprendido muy bien. - dijo Harry, asintiendo con una sonrisa orgullosa. Y es que fue él quien le enseñó a Hermione que no había razón para temer a un Boggart, ya que solo era una imitación de aquello que más miedo te daba.
- ¿Y qué le hiciste a tu Boggart, Hermione? - le preguntó Ron con curiosidad.
Hermione se puso muy nerviosa. Desde luego no quería contestar a esa pregunta.
Y con ese último examen, Harry ya había terminado con "la maratón de pruebas", sin embargo, a Ron aún le quedaba el examen de Adivinación y a Hermione el de Estudios Muggles. Cierto era que ella tenía pensado dejar la asignatura, pero no quería despedirse de esa clase sin antes acudir y aprobar la prueba, por lo que fue allí de todos modos.
Aprovechando el momento, Harry se escabulló hacia el tercer piso para entrar una vez más en el pasadizo secreto de la Bruja Tuerta y así recuperar la Capa Invisible, la cual permaneció allí por bastante tiempo desde que se escapara a Hogsmeade la última vez. Lo sorprendente fue darse cuenta de que la Capa estaba limpia, como si el acumular polvo, humedad y suciedad no le afectara.
- Esta capa no deja de sorprenderme. - pensó, una vez dejó su mochila al lado de su cama y guardó la capa en su baúl.
Capítulo 58 - La rata, el gato y el perro.
Harry miró su reloj y se apresuró en bajar por las escaleras del dormitorio, ya que quería reunirse con Ron antes de ir a buscar a Hermione (Porque el aula de Adivinación se encontraba en el mismo séptimo piso, mientras que el aula de Estudios Muggles se encontraba en el primer piso). Justo cuando abrió la puerta se chocó de bruces contra alguien.
- ¡Ay! Eso dolió…- gimió la persona con la que Harry había impactado.
- ¿Pero qué…? - farfulló él. - ¡Chloe! - dijo, al darse cuenta de quien era.
- ¿A qué viene tanta prisa, Harry? - bufó ella, levantándose del suelo. - ¿Espera? No te habrás saltado algún examen, ¿verdad? -
- ¡Claro que no! - repuso Harry, sacudiendo la cabeza. - Solo bajaba para ir a buscar a Ron y a Hermione. Ellos tenían que acabar sus últimos exámenes. -
- ¡Genial! - sonrió Chloe, aun frotándose la cabeza. - ¿Puedo ir? Quizás podamos hacer algo para celebrar que se terminaron los exámenes. -
- De hecho, - dijo Harry, mientras ambos salían por el retrato de la Dama Gorda. - había pensado en ir a ver a Hagrid. Está muy contento con su primer año como profesor y estaría bien hacer una pequeña reunión en su casa para celebrarlo. -
- Hm…¿no pasará nada por salir? Quiero decir, aún no lo tenemos permitido y ya sabes, hay Dementores allá fuera. -
- ¡Eh! Yo tengo un Patronus ahuyenta-Dementores, - dijo Harry en tono presumido. - no habrá ningún problema. -
- De acuerdo, - asintió Chloe, mientras revisaba su bolso rosado. - si vamos a salir necesitaremos distracciones para que los Prefectos no nos pillen. Por suerte tengo algunos "Globos Luminosos No Explosivos". -
Fueron por el corredor del séptimo piso hasta llegar a la escalera de caracol que daba con el despacho de la profesora Trelawney. En el techo, había una trampilla circular con una placa de bronce. Por esa trampilla es donde entraban los alumnos que iban a la clase de Adivinación.
De repente, la trampilla se abrió y una escalera plateada descendió hasta los pies de Harry. Por ahí bajó Ron, cargando su mochila y una bola de cristal "mágica".
- Oh, estáis aquí. - dijo Ron, una vez bajó de la escalera. - ¿Ocurre algo? -
- ¿Mas allá de celebrar que al fin se terminaron los exámenes? - sonrió Harry. - Pues sí. Había pensado en ir a por Hermione para ir juntos a ver a Hagrid. ¿Te apuntas? -
Ron se encogió de hombros. - Bueno, - dijo. - a estas alturas no me vendría nada mal estar entre el ambiente hogareño de la Cabaña de Hagrid, aunque eso signifique saltarnos una vez más las normas... -
- Ah, ¿ahora te preocupan las normas? - se burló Chloe.
- ¡No estaría tan preocupado si no fuera por tu metedura de pata en Hogsmeade! - replicó Ron, fulminándola con la mirada.
- ¡La culpa fue de Parkinson, no mía! ¡Idiota! - se quejó ella.
- ¿¡Que dijiste!? - gruñó Ron, poniendo su cara a la altura de Chloe y encarándose con ella.
- Venga, venga, - Harry les separó rápidamente. - es un día para celebrar, no para recordar el día en que me quitaron el mapa. - añadió, lamentándose un poco. - Por cierto, - dijo, observando la bola de cristal. - ¿Por qué llevas esa bola de cristal, Ronald? ¿No se supone que es de la clase? -
- ¡Por Merlín! - saltó Ron. - E-es la bola de cristal de la profesora Trelawney. ¡Es la que estaba usando para examinarnos! A mí me tocó examinarme en último lugar, j*der. - se acercó a Harry y le entregó la bola. - ¿Puedes devolvérsela? -
- ¿Eh? -
- Apuesto que a ti no te dirá nada. - aclaró Ron. - Mientras tanto iremos a buscar a Hermione y te esperaremos cerca de la salida que da con el patio de la Torre del Reloj. -
- Pero…-
Harry no pudo replicar, ya que Ron tomó a Chloe de la mano y se la llevó escalera abajo como si fuera una muñeca de peluche (sobra decir que era tremendamente graciosa la cara que ella puso). Resignado y encogiéndose de hombros, Harry subió por las escaleras para devolverle la esfera a la profesora Trelawney.
Una vez arriba, Harry tuvo que reconocer que estaba ante el aula de aspecto más extraño que había visto en su vida. No se parecía en nada a un aula: Era algo a medio camino entre un ático y un viejo salón de té. Al menos veinte mesas circulares, redondas y pequeñas, se apretujaban dentro del aula, todas rodeadas de sillones tapizados con tela de colores y de cojines pequeños y redondos.
Todo estaba iluminado con una luz tenue y roja. Había cortinas en todas las ventanas y las numerosas lámparas estaban tapadas con pañoletas rojas. Hacía un calor agobiante (meritorio teniendo en cuenta que tras los muros del castillo se encontraban los Dementores), y el fuego que ardía en la chimenea, bajo una repisa abarrotada de cosas, calentaba una tetera grande de cobre y emanaba una especie de perfume denso. Las estanterías de las paredes circulares estaban llenas de plumas polvorientas, cabos de vela, muchas barajas viejas, infinitas bolas de cristal y una gran cantidad de tazas de té.
Luego vio un escritorio con un soporte de esferas libre. Entendiendo que se trataba de la mesa de la profesora debía ser allí donde tenía que estar la esfera. Se acercó y con cuidad, Harry la colocó en el soporte.
- Bien, - pensó satisfecho. - será mejor que me apresure, antes de que a esos tres se les dé por salir del castillo sin mí. -
Pero entonces, justo cuando iba a volver a la trampilla, Harry oyó detrás de él una voz potente y áspera: - Sucederá esta noche…-
Harry dio media vuelta. La profesora Trelawney estaba rígida en un sillón. Tenía la vista perdida y la boca abierta.
- ¿Cómo dice? - inquirió él.
Pero la profesora Trelawney no parecía oírle. Sus pupilas comenzaron a moverse. A Harry le pareció bastante alarmante.
- Quizás tenga que llevarla con Madame Pomfrey… - pensó detenidamente. No sabía si salir corriendo hacia la enfermería, porque la profesora parecía a punto de sufrir un ataque.
Entonces la profesora Trelawney volvió a hablar con la misma voz áspera, muy diferente a la suya: - El Señor Tenebroso está solo y sin amigos, abandonado por sus seguidores. Su vasallo ha estado encadenado doce años…Hoy, antes de la medianoche, el vasallo se liberará e intentará reunirse con su amo. El Señor Tenebroso se alzará de nuevo, con la ayuda de su vasallo y el hombre con mascará de serpiente…más grande y más terrible que nunca… Hoy... antes de la medianoche... el vasallo...la máscara…irán... a reunirse... con su amo...-
- ¿El vasallo? ¿El hombre con la máscara de serpiente? - pensó Harry, alarmándose. - No, ¡no es posible! ¿A caso Snyde no pudo…? -
Su cabeza cayó hacia delante, sobre el pecho. La profesora Trelawney emitió un gruñido. Luego, repentinamente, volvió a levantar la cabeza. - ¡Ah! Que…que…- farfulló. - ¡Oh! Hola Harry, ¿por qué estás en mi clase? Cielos, debe haber sido el calor del día, ¿sabes...? Me he quedado traspuesta…-
- Hm…ya. - dijo Harry con cautela. - Yo solo vine a regresarle su bola de cristal. Mi amigo Ronald Weasley se la llevó por error, sin darse cuenta. -
- Oh, ya veo. - dijo la profesora, un poco decepcionada. - Pensé que habías reconsiderado tu decisión de no tomar esta asignatura. Para alguien como tú sería muy útil, créeme…-
- Ya, pero mi decisión está tomada y no tengo pensado cambiar de idea. - repuso Harry, intentando no ser grosero. - Disculpe, pero, ¿se encuentra bien? -
- ¿Yo? - preguntó Trelawney. - Si querido, con calor, pero por lo demás estupendamente. ¿Por qué lo dices? -
- Es que usted...- A Harry le costaba responder y al mismo tiempo procesar lo que había escuchado. - acaba de decirme que el Señor Tenebroso volverá a alzarse, que su vasallo va a regresar con él...y también el mago con mascara de serpiente…-
La profesora Trelawney se sobresaltó. - ¿¡E-el Señor Tenebroso!? ¿¡El que no debe ser nombrado!? Querido muchacho, no se puede bromear con ese tema...Alzarse de nuevo, cielo santo por Merlín…-
- ¡Pero usted acaba de decirlo! - exclamó Harry. - Usted ha dicho que el Señor Tenebroso...-
- Creo que el calor también te está afectando, querido. - repuso la profesora Trelawney, con la clara intención de terminar la charla. - Desde luego, nunca predeciría algo así. -
Harry decidió no insistir y salir lo más rápidamente posible del aula para reunirse con sus amigos cerca de la entrada al Patio de la Torre del Reloj. Mientras bajaba por la escalera de caracol no podía quitarse de la cabeza lo que acababa de oír. ¿Era cierto que el vasallo de Voldemort y el enmascarado se reunirían con él en la noche? ¿Cómo? Y lo más importante, ¿era una predicción creíble? Trelawney tenía fama de no acertar con sus predicciones, y Harry siempre estuvo convencido de que la adivinación era un fraude (al menos en su tiempo como estudiante). Pero la posibilidad estaba ahí, y el momento en que la predicción pudiera convertirse en realidad estaba a pocas horas de producirse.
Solo había una manera de averiguarlo, y era esperar a ver como de desarrollaban los acontecimientos una vez se reuniera con Ron, Hermione y Chloe en el patio para salir del castillo y ver a Hagrid.
- Por fin, Harry. - bufó Ron en cuanto lo vio. Él, Hermione y Chloe se encontraban cerca del armario de escobas. - ¿Qué te entretuvo? -
- ¿Tu descuido, tal vez? - soltó Harry, frunciendo el ceño. - La próxima vez no te lleves una bola de cristal de Trelawney sin avisar. - Ron se sonrojó y se frotó la nuca, riéndose. - ¿Que tal te fue en la prueba, Hermione? - le preguntó a ella.
- Bien, - sonrió ella, con algo de tristeza. - pero la profesora Burbage se puso triste cuando le dije que iba a dejar su asignatura. Aun así, lo entendió, pues ella al igual que todos los profesores sabía que estaba haciendo demasiado. -
- Me alegro de que hayas llegado a esa conclusión. - repuso Chloe. - Aunque te hayas tardado todo el año en decidirte. -
- Bueno, - bufó Hermione. - ya me decidí, ¿no? -
- ¿Te han dicho lo que vamos a hacer? - le preguntó Harry.
- Normalmente no estaría de acuerdo con la situación que tenemos ahí afuera, - replicó ella, suavemente. - pero se terminaron los exámenes y ha sido un año exasperante. No me vendría mal visitar a Hagrid para variar. -
- Y con eso nos basta. - sonrió Ron. - Venga Chloe, suelta esos globos luminosos. -
- ¡Marchando! - dijo Chloe, poniendo una cara cómica y rebuscando en su bolso los globos luminosos no explosivos.
Había hasta tres prefectos custodiando la entrada, pero gracias a las pedorretas de los globos luminosos consiguieron distraerles, ya que despertó en ellos el interés de descubrir al bromista. Sigilosamente, Harry, Ron, Hermione y Chloe se escabulleron y salieron por la puerta, alcanzando rápidamente el puente de madera donde perdieron de vista a cualquier que pudiera estar a la expectativa de otra de sus escapadas.
El poco sol que había se hundía ya en el bosque prohibido, dorando las ramas más altas de los árboles. Harry no recordaba cuantas veces se habían escapado del castillo para poder practicar hechizos en los terrenos durante el año escolar. Hacía semanas que no lo hacía y sintió una gran emoción al respirar el aire fresco una vez alcanzaron el Circulo de Piedra.
Sin embargo, tuvieron un problema al encontrarse con tres Dementores.
- ¡Atrás! - dijo Harry a sus amigos, mientras blandía su varita. - ¡Expecto Patronum! -
De la varita de Harry surgió un gran león luminosos, el cual con un poderoso rugido ahuyentó a los Dementores. Dicha habilidad no dejaba de sorprender a sus amigos.
- Me muero de ganas por aprender a conjurar un Patronus... - dijo Chloe con envidia. - ¡Pero es rematadamente difícil! -
- Solo tenemos que seguir practicando. - le animó Hermione. - Si somos aplicadas en la materia es posible que dominemos el encantamiento en menos de un año. -
- ¿Un año? - se quejó Ron. - Y lo dices como si nada. Harry solo tardó cuanto, ¿cinco meses? -
- Si ponéis empeño es posible que aprendías el encantamiento en ese tiempo. - dijo Harry, mientras guardaba su varita. - Venga, vamos con Hagrid antes de que vuelvan esos malditos insectos. -
Llegaron a la cabaña y llamaron a la puerta. Hagrid tardó en contestar, y por el olor que salía de la chimenea Harry entendió la razón: Estaba preparando sus pasteles de roca.
- ¿Quién anda ahí? - preguntó el guardabosques desde el interior, y cuando abrió la puerta se sobresaltó. - ¡Por todos los cielos! ¿¡Que hacéis aquí!? -
- ¿Venir a verte? - preguntó Harry, riéndose. - Vamos Hagrid, se terminaron los exámenes, queríamos celebrarlo contigo. -
- Oh, - Hagrid se quedó momentáneamente en blanco ante la sorpresa. - bueno, aun así no me parece seguro que hayáis salido para…¡Bah! Que demonios, entrad. -
Los cuatro entraron en la cabaña, y mientras Hagrid se concentraba una vez mas en la chimenea, Hermione cogió una de las teteras para hacer té. Desde hacía semanas, a Harry le entraba dudas sobre como lidiaba Hagrid con la presencia de los Dementores tras las paredes de su casa.
- Sería algo interesante de preguntar. - pensó detenidamente. - pero teniendo en cuenta de que estuvo en Azkaban con esos seres cerca de él no creo que sea agradable de preguntar. Lo mejor es alegrarle el día. -
Hagrid colocó sus pasteles de roca sobre la mesa. El olor era delicioso, y seguramente el sabor sería muy bueno, pero parecía tan solido que con un simple mordisco bastaría para dejar a cualquiera sin dientes. La situación era bastante extraña, especialmente para Ron y Chloe, quienes miraban ceñudos los pasteles.
- Hm…voy a intentar esto…- susurró Chloe, sacando su varita mientras Hagrid iba a por las tazas para servir el té. Se aclaró la garganta, agitó su varita y dijo en voz baja: - Spongify…-
- ¡Oh! ¡El encantamiento de ablandamiento! - pensó Harry, ante el ingenio de su amiga. - Ya se me podría haber ocurrido antes, pero no, en vez de eso estuve a punto de perder los dientes en visitas anteriores. -
- Tienen buena pinta, ¿eh? - sonrió Hagrid, sentándose en su taburete y repartiendo las tazas de té. - Había pensado en dejarlas listas para mañana, pero creo que sabrán mejor si las comemos recién hechas. -
- ¡Saben a melaza! - dijo Harry, muy contento tras probar un bocado. El hechizo de Chloe había funcionado exitosamente ya que, a diferencia de años anteriores, el pastel que estaban comiendo era suave, sabroso, y lo mas importante: No era un riesgo descomunal para los dientes del que lo comía.
- Siempre que te veo en el Gran Comedor estas como loco por conseguir melaza, - se río Hagrid. - así que pensé en hacerlas de ese sabor. - entonces miró como Chloe comía entusiasmadamente uno de sus pasteles. - Creo que esta es la primera vez que vienes a visitarme. - dijo, con aparente sorpresa.
Ella se rió. - Alguna vez tenía que animarme, ¿no? - dijo, algo avergonzada. - Además, no en cualquier sitio me encuentro un lugar tan hogareño como este. Es fascinante, muy de campo. -
Hagrid soltó una carcajada. - Es increíble, - dijo. - tu valoración de mi casa es completamente opuesta a la de tu padre. -
Chloe entrecerró los ojos. - ¿Qué dijo de tu casa exactamente? - preguntó.
- A él no le pareció que fuera una "casa". - respondió Hagrid, haciendo una mueca. - Encima no tuvo ninguna educación y entró sin permiso. -
- Típico de Lucius Malfoy. - se burló Ron, terminando por poco su pastel.
- Suena mucho a él, - dijo ella con fastidio y negando con la cabeza. - siempre se ha creído que con nuestro apellido puede hacer lo que le da la gana, y encima es muy superficial. -
- ¿Y tú? - le preguntó Ron de repente.
- ¿Yo? - se río Chloe, sonrojándose un poco. - Digamos que no soy tan exagerada, en lo superficial, quiero decir... -
- Qué raro…- Hagrid se dio cuenta de que el pastel no era duro como de costumbre, una vez lo probó. - no recuerdo que le pusiera tan poca harina, ¿a vosotros os sabe bien? -
- ¡SI! - dijeron los cuatro jóvenes de la mesa casi en el acto.
Mientras Hermione se sentaba al lado de Harry tras servir el té, Hagrid les contó lo bien que lo había pasado en su primer año como profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas. El azabache entendía muy bien lo que significaba para él, es decir, estaba enseñando precisamente su asignatura favorita.
- ¡A sido un año esplendido! - siguió Hagrid. - Dumbledore vino a verme ayer. Está tan satisfecho con mi trabajo, ¡que quiere subirme el sueldo! - añadió, con un brillo de emoción en sus ojos. - ¡Un gran hombre, Dumbledore! -
- Eres todo un fenómeno, Hagrid. - le alabó Harry, mientras tomaba sorbos de té. - Para haber sido tu primer año te has lucido. -
- ¿Has pensado en que nos enseñarás el año que viene? - le preguntó Hermione.
- Si, - asintió Hagrid con entusiasmo. - le comenté a Dumbledore que me gustaría hacer una clase con dragones. - Ron y Chloe se atragantaron con sus pasteles y Hermione palideció.
- Aunque me gustaría que llevaras a cabo tu ingeniosa idea Hagrid, - dijo Harry, un poco decepcionado porque sabía que la idea de su amigo (por muy buena que fuera) no se podría llevar a cabo. - no creo que a los padres les haga mucha gracia que los alumnos se las vean con dragones en una clase. -
- Eso, - añadió Ron. - y que Charlie estaría dispuesto a hacerse pasar por alumno de Hogwarts solo para ver que dragones traerías. -
- De eso no tengo ninguna duda, - reconoció Hagrid, riendo un poco. - pero no, no podrá ser. Dumbledore pensó que por muy interesante que fuera la idea también es peligrosa, de modo que tendré que seguir mirando el temario para el curso que viene. Y que, ¿cómo han ido los exámenes? - preguntó.
Harry, Ron y Hermione empezaron a contar todo lo sucedido durante los exámenes. Algunos fueron más entretenidos, fáciles y mejor sobrellevados que otros, que resultaron ser bastante cargantes, y complicados. Chloe también habló de las pruebas de segundo, y de que la mejor durante los exámenes fue Ginny. De paso, Hermione reveló al grupo su secreto para acudir a todas las clases, el Giratiempo.
- ¡Eso es alucinante! - chilló Chloe, mirándola con los ojos muy abiertos.
- ¿¡Porque no nos lo dijiste antes!? - bufó Ron, como siempre. - Se supone que somos tus amigos…-
- Le juré a la profesora McGonagall que no se lo diría a nadie. - se explicó Hermione, agitando las manos a la defensiva. - pero de todos modos el año que viene ya no lo tendré. He devuelto el giratiempo y he renunciado a Estudios Muggles. Por lo que a partir de ahora cursaré tres optativas, como Harry. -
- ¡SI! - gritó Harry, subiéndose al taburete. - ¡Esto hay que celebrarlo! ¡Os invitaré a todos a una ronda de cerveza de mantequilla en las Tres Escobas! - festejó, riendo como un bobo.
Hagrid y Ron lo acompañaron con un coro, y Chloe riéndose a carcajadas. Hermione se rió flojamente mientras negaba con la cabeza, pero sin dejar de sonreír.
- Oh, es verdad, acabo de acordarme de algo. - dijo Hagrid de repente, poniéndose de pie. Se dirigió a una de sus viejas estanterías, para sacar un tarro viejo y polvoriento. Del tarro, para sorpresa de Ron, sacó a Scabbers.
- ¡Scabbers! - exclamó Ron, muy emocionado. - ¡Estas vivo! -
Cogió a la rata (que forcejeaba por escapar) y la levantó para verla a la luz. Tenía un aspecto horrible, estaba más delgada que nunca. Se le había caído mucho pelo, dejándole amplias lagunas, y se retorcía en las manos de Ron, desesperada por escapar.
- Tranquilo, Scabbers. - dijo Ron. - No hay gatos, no hay nada que temer. -
- Deberías aprender a vigilar más de cerca a tu rata, Ron. - le dijo Hagrid, con un mínimo de severidad.
- Bueno, bueno. - dijo Hermione, de brazos cruzados y aclarándose la garganta. - Me parece que alguien me debe una disculpa. No crees, ¿Ron? -
- Vale, cuando volamos arriba me disculparé con Crookshanks. - dijo Ron con una sonrisa, mientras acariciaba a su rata.
- ¡Se refería a ella, tonto del bote! - bufó Chloe, dándole un golpe en la nuca, mientras que Harry se reía a gusto.
- ¡Cielos! - dijo Hagrid, bastante alarmado - ¡Que tarde se ha hecho! ¡Debéis regresar al castillo cuanto antes! Os escoltaré, dejad que vaya a por la ballesta. -
- No hace falta Hagrid, - dijo Harry ("¿En serio piensa que una ballesta es efectiva contra los Dementores?" pensó detenidamente). - al final siempre vamos exageradamente protegidos por gusto. Si salimos los cuatro solos volveremos en un santiamén al castillo. -
Hagrid asintió. - Está bien, - dijo, sin estar del todo seguro. - pero dense prisa. Oh, y cuidado con los Dementores. -
- Descuida, - sonrió Harry, blandiendo su varita. - ellos no serán un problema. -
Los cuatro salieron corriendo de la cabaña de Hagrid, y casi a mitad de camino de poder alcanzar el Circulo de Piedra, hasta cuatro Dementores se acercaron a ellos.
- Esto se pone interesante…- sonrió Harry, agitando su varita. - ¡Expecto Patronum! -
El león plateado volvió a surgir de la varita del azabache, y con su poderoso rugido alejó a las criaturas tenebrosas.
- ¿Es cosa mía o hay mas de lo normal? - inquirió Chloe, mirando a su alrededor.
- Se han multiplicado con el pasar de las semanas. - observó Hermione. - Esto empieza a ser muy preocupante. Harry, tal vez deberíamos hablar con Dumbledore. -
- ¡Auch! - se quejó Ron. - ¡Scabbers! ¿¡Porque me has mordido!? - Scabbers estaba aterrorizada. Se retorcía con todas sus fuerzas, intentando soltarse de él.
- ¿Qué le ocurre? - le preguntó Harry.
- Eh, - señaló Chloe. - Hermione, ¿ese no es Crookshanks? -
Efectivamente, Crookshanks estaba acercándose a ellos, arrastrándose y con los grandes ojos amarillos destellando pavorosamente en la oscuridad. Harry tenía claro que los chillidos de Scabbers eran la razón por la que estaba ahí.
- Tal vez Ronald tenga razón y sí que quiere comérselo. - pensó, sin distraerse mucho, pues había muchos Dementores por los terrenos que en cualquier momento podían lanzarse al ataque.
- ¡Crookshanks! - gritó Hermione, llamándole la atención a su gato. - ¡No, Crookshanks! ¡No lo hagas! - pero el gato solo se acercó más.
- Scabbers...¡NO! -
Era demasiado tarde. La rata escapó por entre los dedos de Ron, se echó al suelo y huyó a toda prisa. De un salto, Crookshanks se lanzó tras el roedor, y antes de que Harry, Hermione y Chloe pudieran detenerlo, Ron salió corriendo tras ellos.
- ¿¡Será posible!? ¡Scabbers! ¡Vuelve aquí rata mala! - gritó Ron con enfado, corriendo tras Crookshanks y Scabbers, adentrándose en la oscuridad. - ¿¡Quieres dejar de fastidiar a Scabbers de una vez!? ¡Gato estúpido! -
- ¡Ron! - gritó Chloe. - ¿¡A dónde vas!? ¡Debemos volver al castillo! -
- ¡Vuelve Ronald! - le regañó Hermione.
- Demonios, - gruñó Harry. - ¡no es momento para tonterías, Ronald! -
Bufando exasperadamente, Harry, Hermione y Chloe los siguieron. Oían delante de ellos el ruido de sus pasos y los gritos que Ron dirigía a Crookshanks.
- ¡Aléjate de él! ¡Aléjate! ¡Scabbers, ven aquí ahora mismo! -
Oyeron un golpe seco.
- ¡Te he atrapado! - exclamó Ron, cogiendo a Scabbers. - ¡Lárgate de aquí, traga-ratas! ¡Ya has causado demasiados problemas! - añadió, mirando a Crookshanks con malas pulgas.
Harry, Hermione y Chloe alcanzaron a Ron, quien estaba tendido en el suelo. Scabbers había vuelto a su bolsillo y este sujetaba con ambas manos el tembloroso bulto.
- Venga, ya has recuperado a Scabbers. - dijo Harry, mirando a sus espaldas por si había Dementores cerca.
- Ahora volvamos al casillo, - dijo Hermione en tono mandón. - ¡antes de que nos pillen los profesores y nos quiten puntos! -
- ¡Prioridades, Hermione! - se quejó Chloe, acercándose a Ron. - Yo creo que es mas preocupante que nos atrapen los Dementores a que lo hagan los profesores. -
De repente, oyeron los pasos de unas patas gigantes. - No…no puede ser. - Ron palideció al ver de qué se trataba. - Chicos, marchaos, ¡es el Grim! ¡CORRED! -
Harry se volvió de inmediato, pero en vez de asustarse se emocionó al ver de quien se trataba en realidad. - ¡Ahí va! - señaló, muy contento. - ¡Es él! ¡Es el perro que cuidé en vacaciones! -
- ¿¡Que!? - chilló Chloe, muy asustada. - ¿¡Has cuidado de un Grim!? ¿¡Estas loco!? -
Pero Harry la ignoró y se acercó al perro. - Hola amigo, - le dijo amigablemente. - ¿cómo fue que me encontraste? -
- La verdadera pregunta sería, - dijo Hermione, mirando con desconfianza al perro. - ¿Cómo ha entrado aquí? -
El perro no parecía estar en plan amistoso, ya que había dado un gran salto y, con sus patas delanteras, golpeó el pecho de Harry. Este cayó de espaldas, con un fardo de pelo. Sintió el cálido aliento del fardo, sus dientes de tres centímetros de longitud…Pero el empujón lo había llevado demasiado lejos.
- Au…eso dolió…- gimió Harry, llevándose la mano al pecho. - ¡Oye! ¿¡Que te pasa!? ¿Así me agradeces que te haya cuidado en vacaciones? Que perro más desagradecido…- bufó molesto.
Oyó rugir al animal, preparándose para un nuevo ataque. Ron empujó a Chloe hacia un lado y el perro mordió el brazo estirado de Ron.
- ¡NO! - gritó Chloe, embistiendo como pudo al animal y agarrándolo por el pelo, pero éste arrastraba a Ron con tanta facilidad como si fuera un muñeco de trapo.
- ¡Ya basta, suéltales! - exclamó Harry, levantándose rápidamente y yendo a por el perro, pero entonces, algo surgido de no se sabía dónde que lo golpeó tan fuerte en la cara que volvió a derribarlo.
Oyó a Hermione chillar de dolor y caer también. Harry manoteó en busca de la varita, parpadeando para quitarse la sangre de los ojos.
- ¡Tch! - se quejó, agitando la varita y gritando "¡Lumos!". - ¿Y esta es la recompensa que tengo por rescatar a un perro de la calle? Genial... -
La luz de la varita iluminó un grueso árbol, habían perseguido a Scabbers hasta el Sauce Boxeador, y sus ramas crujían como azotadas por un fortísimo viento y oscilaban de atrás adelante para impedir que se aproximaran.
Al pie del árbol estaba el perro, arrastrando a Ron a pesar de que Chloe había conseguido cogerle de la mano para intentar salvarle, pero era inútil y al final, ambos terminaron arrastrados hacia un hueco que había en las raíces. Los dos lucharon denodadamente por soltarse del perro, pero sus cabezas se estaban perdiendo de vista.
- ¡Ronald, Chloe! - gritó Harry, intentando seguirles, pero una gruesa rama le propinó un restallante y terrible trallazo que lo obligó a retroceder.
- ¡HAAARRYYY! - chilló Hermione.
Al principio, Harry no se había dado cuenta, pero el Sauce Boxeador había capturado a Hermione. La estaba agitando con sus ramas en el aire, como si fuera una muñeca.
- ¡HERMIONE! - gritó Harry. - ¡Tú te lo has buscado, Sauce! ¡Te convertiré en leña! ¡Hermione, cúbrete! -
- ¿¡QUE TIENES PENSADO HACEEEER!? - chilló ella, dejando de forcejear con el sauce y optando por cubrirse como pudo.
Harry agitó la varita y gritó: - ¡Diffindo Duo! - utilizando una versión más potente del encantamiento seccionador. No dio el resultado que esperaba, las ramas del Sauce boxeador bloquearon el hechizo. - ¡Venga ya, solo estoy calentando un poco! ¡Flipendo Tria! - hizo el intento de liberar a Hermione a base de maleficios rechazo, pero estos salían rechazados por las ramas. - ¿¡Conque esas tenemos, eh!? Muy bien, ya me estás cabreando…- susurró con furia, pensando en incendiar el sauce. - ¡OYE, TÚ! - gritó, generando fuego en su mano. - ¡SUELTA A HERMIONE O TE HARÉ POLVOOOOO! -
- ¡NI SE TE OCURRA QUEMARLO! - gritó Hermione. - ¡EL SAUCE NO TIENE LA CULPA, SOLO SE ESTÁ DEFENDIENDO! -
La posición defensiva de Hermione solo irritó mas a Harry. - Maldición, - pensó, cerrando el puño con fuego de mala gana. - vamos piensa, ¿Cómo puedo paralizarlo? Hm…tal vez…-
Pero justo cuando Harry estaba a punto de dar con la solución, Crookshanks dio un salto al frente, se deslizó como una serpiente por entre las ramas que azotaban el aire y se agarró con las zarpas a un nudo del tronco. De repente, como si el árbol se hubiera vuelto de piedra, dejó de moverse.
- Se...detuvo…- susurró Harry, incrédulo. - Hermione, ¿Estás bien? - le preguntó.
- ¿¡A ti te parece que estoy bien!? - chilló escandalizada. - ¡Por supuesto que no! ¿¡Y ahora como voy a bajar de aquí!? -
- Tu suéltate, yo te cogeré. - dijo Harry, preparando los brazos. - Confía en mi…-
Hermione temblaba de miedo, en cualquier momento caería irremediablemente. Cerró los ojos y gritando como una loca se soltó de las ramas. Afortunadamente, calló en los brazos de Harry, a quien estuvo a punto de tirar al suelo.
- Lo siento. - farfulló ella, poniéndose roja. - Gra-gracias…-
- E-eh, no es para tanto…- farfulló Harry, sintiendo que le ardía la cara. Rápidamente dejó a Hermione con los pies en la tierra. - Bueno, por mí no la soltaría, pero…-
Ella miró a Crookshanks, bien atónita. - Crookshanks…- dijo. - ¿Como sabías que…? -
- Es amigo del perro…- dijo Harry, con repentina decepción. El perro le agradaba, pero después de lo que hizo no pensaba lo mismo. - Los he visto juntos...vamos. - añadió, mientras cogía su varita y conjuraba un "Lumos". - Será mejor que tengas la varita a punto. -
En unos segundos recorrieron la distancia que les separaba del tronco, pero antes de que llegaran al hueco que había entre las raíces, Crookshanks se metió por él agitando la cola de brocha. Harry lo siguió, entró a gatas, metiendo primero la cabeza, y se deslizó por una rampa de tierra hasta la boca de un túnel de techo muy bajo. Crookshanks estaba ya lejos de él y sus ojos brillaban a la luz de la varita de Harry. Unos segundos después, entró Hermione.
- ¿Dónde estará Ron? - le preguntó, un poco atemorizada.
- El perro lo arrastró por aquí. - indicó Harry, siguiendo a Crookshanks.
- ¿Adónde irá este túnel? - le preguntó Hermione, sin aliento.
- No lo sé...- dijo Harry, mientras comenzaban a caminar. - Está señalado en el mapa del merodeador, pero Fred y George creían que nadie lo había utilizado nunca. Se sale del límite del mapa, pero tenía la impresión de que iba a Hogsmeade...-
Avanzaban tan aprisa como podían, casi doblados por la cintura, por momentos podían ver la cola de Crookshanks. El pasadizo no se acababa, parecía tan largo como el que iba a Honeydukes.
Se dieron cuenta de que Crookshanks los había estado esperado pacientemente, ya que pudieron seguirle el rastro, mientras reanudaban su travesía por el oscuro túnel.
El túnel empezó a elevarse, y luego a serpentear. Crookshanks había desaparecido, en vez de ver al gato, Harry veía una tenue luz que penetraba por una pequeña abertura. Avanzaron con cautela hasta la abertura y levantaron las varitas para ver lo que había al otro lado. Había una habitación, muy desordenada y llena de polvo. El papel se despegaba de las paredes, el suelo estaba lleno de manchas. Todos los muebles estaban rotos, como si alguien los hubiera destrozado, las ventanas estaban todas cegadas con maderas. Harry miró a Hermione, que parecía estar asustada, pero asintió con la cabeza.
Harry salió por la abertura mirando a su alrededor, la habitación estaba desierta, pero a la derecha había una puerta abierta que daba a un vestíbulo en sombras.
Hermione cogió el brazo de Harry, y miraba de un lado a otro con los ojos muy abiertos, observando las ventanas tapadas.
- Harry…- susurró. - Creo que estamos en la Casa de los Gritos…-
Harry miró a su alrededor. Posó la mirada en una silla de madera que estaba cerca de ellos, le habían arrancado varios trozos y una pata. - Algo está claro, - observó con interés. - aquí no habitan fantasmas…-
En ese momento oyeron un crujido en lo alto, algo se había movido en la parte de arriba. Miraron al techo, Hermione le cogía el brazo con tal fuerza que perdía un poco de sensibilidad en los dedos. Para Harry, los momentos de tensión como el que estaban viviendo merecían la pena.
- Sobre todo si tengo a Hermione cerca…- pensó el azabache, con una sonrisa orgullosa.
Tan en silencio como pudieron, entraron en el vestíbulo y subieron por la escalera, que se estaba desmoronando. Todo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, salvo el suelo, donde algo arrastrado escaleras arriba había dejado una estela ancha y brillante. Llegaron hasta el oscuro descansillo.
- ¡No dejaré que lo mates! - se escuchó la voz de Chloe.
- Tranquilízate…- dijo una voz desconocida.
Aquello fue suficiente para que Harry y Hermione se apresuraran más. Solamente había una puerta abierta, al dirigirse hacia ella, oyeron un movimiento al otro lado. Un suave gemido, y luego un ronroneo profundo y sonoro. Cambiaron una última mirada y un último asentimiento con la cabeza.
Sosteniendo la varita ante sí, Harry abrió la puerta de una patada.
Crookshanks estaba acostado en una magnífica cama con dosel y colgaduras polvorientas. Ronroneó al verlos. En el suelo, a su lado, sujetándose la pierna que sobresalía en un ángulo anormal, estaba Ron, y a su lado, con una cara de espanto, estaba Chloe, con varias heridas en el rostro y en las manos.
Harry y Hermione se acercaron a ellos rápidamente.
- ¡Ronald! ¡Chloe! - exclamó Harry. - ¿¡se encuentran bien!? -
- ¿¡Dónde está el perro!? - inquirió Hermione.
- No hay perro…- gimió Ron. El dolor le hacía apretar los dientes. - Harry, esto es una trampa...-
- ¿Qué...? -
- ¡Él es el perro! - chilló Chloe, señalando por encima del hombro de Harry. - ¡Harry, es un animago! -
Harry se dio la vuelta. El hombre oculto en las sombras cerró la puerta tras ellos. Una masa de pelo sucio y revuelto le caía hasta los codos. Si no le hubieran brillado los ojos en las cuencas profundas y oscuras, habría creído que se trataba de un cadáver. La piel de cera estaba tan estirada sobre los huesos de la cara que parecía una calavera. Una mueca dejaba al descubierto sus dientes amarillos, era Sirius Black.
- ¡Expelliarmus! - exclamó, dirigiendo hacia ellos la varita de Ron.
Harry sintió como la ira invadía su mente al ver a aquel individuo. Agitó su varita rápidamente y dijo: - ¡Protego! -
El encantamiento protector de Harry hizo que el encantamiento desarmador de Black se volviera contra él. La varita de Ron saltó de su mano, y Harry la recuperó con la otra. Después se la tiró a Ron.
- Vaya, eres bueno…- susurró Sirius Black, bastante sorprendido.
- Ahórrate los elogios, sabandija…- masculló Harry, con una voz amenazadora. Se guardó la varita y se ajustó los nudillos. - Hermione, sé que me pediste que no lo matara si encontraba a este individuo, pero, ¿recuerdas lo que te dije que pasaría si me encontraba con él? - preguntó, sonriendo con malicia. Sintió que dentro de poco la ira iba a dominarle y no le preocupaba en lo más mínimo. Quería hacerle pagar a Black su traición.
- S-si…- farfulló Hermione con voz asustadiza. - Pero…pero es necesario que…-
- ¡ME LAS VAS A PAGAR, BLACK! - rugió Harry, hecho una furia. Iba a darle a Black la paliza de su vida, pero dos pares de brazos lo mantuvieron sujeto, con fuerza.
- ¡NO HARRY! - chilló Hermione, temblando de terror.
- ¡SILENCIO! - gritó Harry, rojo de ira y totalmente desencajado.
- ¡N-NO SEAS ESTUPIDO! - lloró Chloe, sujetando a Harry con todas sus fuerzas.
- ¡SUELTENME! ¡DEJEN QUE LE PARTA EL HOCICO! -
- ¡Si quiere matar a Harry…!- le dijo Ron a Black, con fiereza, mientras hacía un esfuerzo abismal por mantenerse en pie. - ¡Te-tendrá que matarnos también a nosotros! -
Algo titiló en los ojos sombríos de Black. - Échate…- le dijo a Ron en voz baja. - O será peor para tu pierna. -
- ¿Me ha oído? - dijo Ron débilmente, apoyándose en Harry para mantenerse en pie. - Te-tendrá que matarnos a los tres…-
- Sólo habrá un asesinato esta noche…- respondió Black, acentuando la mueca.
A Harry no le preocupaba en lo absoluto si entraba en locura. Había sufrido constantes pesadillas sobre la muerte de sus padres durante el curso y estaba dispuesto a ponerle remedio. Soltó una risilla malévola, haciendo sobresaltar a sus amigos. Era un signo de que empezaba a perder la cabeza. Black retrocedió un poco, algo aturdido.
- Si Black…- susurró Harry, mirando a Black con odio. - solo habrá un asesinato esta noche…Hace años no te importó matar a todos aquellos muggles, al mismo tiempo que a Pettigrew...¿Que sucede? ¿Te ablandaste en Azkaban o qué? - preguntó con burla.
- ¡Harry! - sollozó Hermione. - ¡Cállate, por favor! -
- ¡ME DA IGUAL! - rugió Harry, descompuesto. - ¡VOY A MATAR A ESE MISERABLEEEEEEEEEEE! - una extraña energía apartó bruscamente a Ron, Hermione y Chloe, obligándolos a soltarle, y enrabietado se lanzó a por Black.
- ¡HARRY, NO! -
Como si fuera un león enfurecido y de un salto le dio un fuerte puñetazo en el rostro, tumbándolo al suelo, y luego, pisó su pecho con el pie diestro.
- ¡Levántate! - gritó Harry, apretando los dientes y respirando bruscamente. En su cabeza empezó a recordar todo lo que le había pasado durante el año, como el ataque de los Dementores durante un partido de Quidditch. - ¡Levántate y enfréntate a mí, traidor! -
- ¿Vas a matarme…Harry? - preguntó Black, gimiendo de dolor.
- Por ti, mis padres están en el otro mundo…- empezó Harry. - ¡Por ti! ¡Crecí sin ellos! ¡POR TI! ¡TUVE QUE VIVIR UN MALDITO INFIERNO! - lágrimas de rabia resbalaban por sus mejillas, mientras pisaba con más fuerza el pecho de Black y liberaba su frustración. - ¿¡QUE MAS NECESITO PARA ACABAR CONTIGO!? ¿¡TENER A LOS PROFESORES SUBESTIMANDO MI PODER TODO EL TIEMPO!? ¿¡CREYENDO QUE NO SOY CAPAZ DE LIDIAR CON UN GUSANO COMO TÚ!? - se abalanzó sobre Black y empezó a pegarle puñetazos en la cara. - ¡ESOS INSECTOS NO TIENEN IDEA DE LO QUE SOY CAPAZ DE HACER! -
- ¡Harry! - lloró Chloe descontroladamente. - ¡Por favor, detente! -
- Harry…- le suplicó Hermione entre lágrimas mientras que, junto con Ron, se acercaban lentamente hacia Harry. - por favor, cálmate, no sigas…-
- Pobre Black, - se burló Harry, riéndose a placer e ignorando a sus amigas. - has escapado de Azkaban solo para presentarte ante mí en bandeja de plata. ¿Qué provocó tu huida? Déjame pensar…¡Oh! Si…¡Que el maldito ministerio repartiera a los Dementores por todo el colegio! ¡Felicidades! ¡Casi me matas! ¡Y casi matas a Ron en vez de a mi cuando te colaste en la Torre de Gryffindor! ¡Que genio! ¡Que fenómeno! -
- Harry, - dijo Ron débilmente. - ya está. No sigas por favor…-
- ¡Silencio! ¡No se acerquen! - advirtió Harry a sus amigos rápidamente, sin dejar de mirar a Black. - He esperado este momento todo el año…- sintió como la rabia y la tristeza estaban pudiendo más que él, y eso le frustraba aún más. - Hoy…se terminará esta pesadilla…-
Hermione, sin aliento y con sangre en el labio, retrocedió. Chloe se quedó muda y calló de rodillas, con las lágrimas resbalando por las heridas de su rostro, mientras que Ron se arrastró hasta la cama y se derrumbó sobre ella, jadeando, con la cara ya casi verde, asiéndose la pierna rota con las manos.
- No lo niego…- dijo Black débilmente, y recibiendo un último puñetazo de Harry. - Pero…si supieras toda la historia...-
- ¿Toda la historia? - repitió Harry, poniéndose más furioso. - ¿¡Toda la historia!? - agarró a Black de la camisa, y con una incomprensible fuerza, logró levantarlo, sujetándolo con firmeza. Empezó a golpearle la cara. - ¡TU! - gritó, dándole un golpe. - ¡LOS VENDISTES! - y otro. - ¡A VOLDEMORT! - y otro más, cuya fuerza tumbó al fugitivo al suelo. - ¡Eso es todo lo que necesito saber! - rugió, respirando con más fuerza y rabia.
- Ti-tienes que escucharme…- dijo Black, tembloroso. No ofrecía resistencia alguna a los golpes. - Lo lamentarás si no…si no comprendes...-
- ¡Comprendo más de lo que crees! - dijo Harry, apretando los dientes con fuerza. - ¡Tu no la has oído nunca! ¿¡verdad!? ¡A mi madre! ¡Impidiendo que es bastardo de Voldemort me matara! - parecía que se le iban a salir los ojos en cualquier momento, por lo fuerte que fulminaba con la mirada a Black, a quien le resbalaba la sangre por la cara tras la paliza que había recibido.
Antes de que nadie pudiera decir nada más, algo canela pasó por delante de Harry como un rayo. Crookshanks saltó sobre el pecho de Black y se quedó allí, sobre su corazón. Black cerró los ojos y los volvió a abrir mirando al gato.
- Vete…- le ordenó Black, tratando de quitarse de encima al animal. Pero Crookshanks le hundió las garras en la túnica. Volvió a Harry su cara fea y aplastada, y lo miró con sus grandes ojos amarillos. Hermione, que estaba a su derecha, lanzó un sollozo, Harry miró a Black y a Crookshanks.
- ¡Hmph! ¿Ahora también tengo que matar al gato? - se preguntaba Harry, desde su enfurecida mente. - Es su aliado, su camarada...no sé si Hermione me perdonará por esto, pero…- Si Black quería salvarlo, eso sólo demostraría que le importaba más Crookshanks que sus padres. - Una vez acabe contigo el siguiente será tu querido Voldemort. Si…cuando lo encuentre también a ese miserable lo borraré de la existencia para siempre…- susurró con voz gélida, mientras se preparaba para saldar cuentas con el fugitivo.
Black lo miraba fijamente, con Crookshanks sobre el pecho. En la cama en la que estaba tendido Ron, se oía una respiración jadeante. Hermione permanecía en silencio, y entonces oyeron algo que no habían oído hasta entonces, unos pasos amortiguados, alguien caminaba por el piso inferior.
- ¡ESTAMOS AQUÍ ARRIBA! - gritó Hermione de pronto. - ¡ESTAMOS AQUÍ ARRIBA! ¡SIRIUS BLACK! ¡DENSE PRISA! -
Black sufrió tal sobresalto que Crookshanks estuvo a punto de caerse, mientras que Harry, tras desfogarse a gusto, se tomó un respiro. En eso, aparecieron dos individuos imaginarios, su lado bueno, y el lado malo. Se presentaron como dos mini Harrys: el bueno iba vestido de blanco, con alas de pájaro, mientras que el malo iba de rojo, con cuernos y sonrisa malévola.
- Si Harry, - le incitó su lado oscuro, con voz diminuta y malicia de por medio. - sí, mátalo…mátalo y haz que pague por todo lo que has tenido que pasar. -
- ¡No lo hagas Harry! - chilló la voz de su lado luminoso, también en tono diminuto. - ¡No merece la pena! ¡Aunque lo mates, eso no hará que tus padres vuelvan contigo! -
- ¡Cállate, canario cobardica! - bufó el lado oscuro. - ¡Tú pasa del señor "buena gente hasta con los asesinos" y cárgate ya a ese tío! -
- En serio, ¿Desde cuándo tengo mi conciencia separada por dos idiotas? - pensó Harry, mientras escuchaba como sus dos "mini yo" se indignaban y comenzaban a insultarle.
La puerta de la habitación se abrió de golpe entre una lluvia de chispas rojas y Harry se volvió cuando el profesor Lupin entró en la habitación como un rayo. El profesor Lupin tenía la cara exangüe, y la varita levantada y dispuesta. Miró a Ron, que yacía en la cama, a Hermione, encogida de miedo junto a la puerta, y a Harry, que estaba en frente de Black, quien estaba sangrando y sosteniendo a Crookshanks.
- ¡Apártate de él, Harry! - le dijo Lupin a Harry.
- ¡Hmph! Bueno, - gruñó Harry con desgana y cruzándose de brazos mientras se hacía a un lado como ordenó Lupin. - de todos modos, ya le di su merecido. Por mi haga lo que quiera…-
- ¿Dónde está, Sirius? - le preguntó Lupin a Black.
Harry miró a Lupin, sin comprender qué quería decir. - ¿De quién…está hablando? - se volvió para mirar de nuevo a Black, cuyo rostro carecía completamente de expresión. Durante unos segundos no se movió. Luego, muy despacio, levantó la mano y señaló a Ron. Desconcertado, Harry se volvió hacia el sorprendido Ron.
- Pero entonces...- murmuró Lupin, mirando tan intensamente a Black que parecía leer sus pensamientos. - ¿Por qué no se ha manifestado antes? A menos que...- De repente, los ojos de Lupin se dilataron como si viera algo más allá de Black, algo que no podía ver ninguno de los presentes. -...a menos que fuera él quien...a menos que te transmutaras...sin decírmelo...- Muy despacio, sin apartar los hundidos ojos de Lupin, Black asintió con la cabeza.
- Profesor Lupin, - interrumpió Harry. - ¿de qué están hablando? Pero que…-
Lo que vio a continuación, lo dejó mudo. Lupin bajó la varita, un instante después, se acercó a Black, lo cogió de la mano, tiró de él para que Crookshanks cayese al suelo, y abrazó a Black, como a un hermano.
- Esto no…era lo que me esperaba…- pensó Harry. Estaba entre helado, y a punto de estallar, otra vez.
- ¿¡Que significa esto!? - inquirió Chloe, saliendo del shock e indignándose.
- ¡NO PUEDO CREERLO! - gritó Hermione.
Lupin soltó a Black y se volvió hacia ella. Hermione se había levantado del suelo y señalaba a Lupin con ojos espantados.
- Usted...usted...-
- Hermione...-
- ¡... usted y él! -
- Tranquilízate, Hermione. -
- ¡No se lo dije a nadie! - gritó Hermione. - ¡Lo he estado encubriendo! -
- ¡Hermione, escúchame, por favor! - exclamó Lupin. - Puedo explicarlo...-
- ¡Yo confié en usted! - gritó a Lupin, flaqueándole la voz. - ¡Y en realidad era amigo de él! -
- ¡Estáis en un error! - explicó Lupin rápidamente. - No he sido amigo suyo durante estos doce años, pero ahora sí...Dejadme que os lo explique...-
- ¡NO! - gritó Hermione. - ¡Harry, no te fíes de él! ¡Ha ayudado a Black a entrar en el castillo! ¡También él quiere matarte! ¡Es un hombre lobo! -
Se hizo un vibrante silencio. Todos miraban a Lupin, que parecía tranquilo, aunque estaba muy pálido.
- Oh…- dijo de repente Harry. - ¡Claro, ahora lo entiendo! A eso se refería el profesor Snape, por eso nos dejó aquel trabajo sobre licántropos. ¡Debí suponer que era por algo más que una nota extra! - su furia había sido remplazada por la curiosidad. Entre la sorpresa de todos los presentes, pasó de estar echo una fiera a un estado anímico más normal.
- ¿Snape…es profesor? - se preguntaba Black, frunciendo el entrecejo. Lupin asintió.
- Supongo que os dejó aquel trabajo para ver si alguien se daba cuenta. - razonó este, antes de mirar a Hermione. - Estás acertando mucho menos que de costumbre, Hermione. - dijo. - Me temo que sólo una de tres. No es verdad que haya ayudado a Sirius a entrar en el castillo, y te aseguro que no quiero matar a Harry...- se estremeció visiblemente. - Pero no negaré que soy un hombre lobo. -
Chloe chilló de terror, y Ron hizo un esfuerzo por volver a levantarse, pero se cayó con un gemido de dolor. Lupin se le acercó preocupado.
- ¡Aléjate de mí, licántropo! - gruñó Ron. Chloe lo abrazó con fuerza.
Lupin se paró en seco. Y entonces, con un esfuerzo evidente, se volvió a Hermione. - Nunca he conocido una bruja de tu edad tan inteligente, Hermione…-
- No soy tan inteligente…- susurró Hermione, mirándolo con furia. - ¡Si lo fuera, le habría dicho a todo el mundo lo que es usted! -
- Ya lo saben. - dijo Lupin. - Al menos, el personal docente lo sabe. -
- ¿¡Que!? - se escandalizó Chloe. - ¿¡Dumbledore lo contrató sabiendo que era usted un licántropo!? -
- Ya está, - gimió Ron. - Dumbledore ha perdido el juicio…-
- Hay profesores que opinan que sí. - admitió Lupin. - Le costó convencer a ciertos profesores de que yo era de fiar. -
- No me importa que sea un hombre lobo, - aclaró Harry. - sin embargo, no puedo creer lo que acabo de ver…- añadió con decepción. - Para una vez que tenemos a un profesor decente en el puesto de Defensa contra las Artes Oscuras y resulta que es el ayudante de Sirius Black…-
- No he ayudado a Sirius. - insistió Lupin. - Si me lo permitís, os lo explicaré. -
Harry seguía fulminando a Black con la mirada, pero decidió contener su ira y escuchar, antes de actuar otra vez. - Se me está acabando la paciencia…- le dijo a Lupin. - En primer lugar, quiero saber cómo supo usted que nos encontrábamos aquí. -
- Fue gracias al mapa del merodeador. - explicó Lupin. - Estaba en mi despacho examinándolo...-
- De modo que usted sabe cómo funciona…-
- Por supuesto. - asintió Lupin, haciendo con la mano un ademán de impaciencia. - Yo colaboré en su elaboración, yo soy Lunático...Es el apodo que me pusieron mis amigos en el colegio. -
- ¿Usted colaboró en la creación del map…? -
- Lo importante es que esta tarde lo estaba examinando porque tenía la idea de que tú, Ron, Hermione y Chloe estaríais visitando a Hagrid. Y estaba en lo cierto, ¿a que sí? - los cuatro asintieron. - Os vi cruzar los terrenos del colegio y entrar en la cabaña de Hagrid. Veinte minutos más tarde dejasteis a Hagrid y volvisteis hacia el castillo. Pero en aquella ocasión os acompañaba alguien. -
- ¿Qué dice? - interrumpió Harry. - Si mal no recuerdo, nadie nos acompañaba. -
- No podía creer lo que veía…- prosiguió Lupin, todavía paseando y sin escuchar a Harry. - Creía que el mapa estaría estropeado. ¿Cómo podía estar con vosotros? - Harry frunció el entrecejo, sin saber de quién hablaba. - Y entonces vi otro punto que se os acercaba rápidamente, con la inscripción "Sirius Black". Vi que chocaba con vosotros, vi que arrastraba a tres de vosotros hasta el interior del Sauce Boxeador. -
- ¡A dos de nosotros! - dijo Ron enfadado.
- No, Ron. - dijo Lupin. - A tres…- dejó de pasearse y miró a Ron. - ¿Me dejas echarle un vistazo a la rata? - preguntó con amabilidad.
- ¿Qué? - preguntó Ron. - ¿Qué tiene que ver Scabbers en todo esto? -
- Todo. - repuso Lupin. - ¿Podría echarle un vistazo, por favor? -
Ron dudó, metió la mano en la túnica. Scabbers salió agitándose como loca. Ron tuvo que agarrarla por la larga cola sin pelo para impedirle escapar. Crookshanks, todavía en las rodillas de Black, se levantó y dio un suave bufido. Lupin se acercó más a Ron. Contuvo el aliento mientras examinaba detenidamente a Scabbers.
- ¿Qué? - volvió a preguntar Ron, con cara de asustado y manteniendo a Scabbers junto a él. - ¿Qué tiene que ver la rata en todo esto? -
- No es una rata…- graznó Black de repente.
- ¿Qué quiere decir? - inquirió Ron. - ¡Claro que es una rata! -
- No lo es…- dijo Lupin en voz baja. - Es un mago. -
- Un animago…- aclaró Black. - Llamado Peter Pettigrew…-
