Capítulo 61 - Libertad Condicional

La señora Pomfrey se llevó una sorpresa (un tanto desagradable) cuando vio quienes acompañaban al profesor Dumbledore: Harry, Ron, Hermione, Chloe y el prisionero de Azkaban, Sirius Black, habían entrado en la enfermería.

A Harry le sorprendió al principio que ella no blandiera su varita, pero pensándolo detenidamente no había nada de qué preocuparse con Dumbledore allí presente. Unas pocas palabras del viejo director fueron más que suficientes para convencerla de que todo estaba correcto y que los heridos necesitaban atención médica (especialmente Sirius). Así pues, la señora Pomfrey asignó una cama para cada uno de ellos.

- ¿Quiere mi diagnóstico, señor director? - dijo la señora Pomfrey, después de observar el estado de Sirius. - Me parecer que para curarle deberíamos llevarle a San Mungo. No solo está gravemente herido, también está desnutrido. De hecho, me parece increíble que haya podido llegar andando hasta aquí. -

- Confío en que puedas hacer todo lo posible por curarle, Poppy. - dijo Dumbledore. - No te voy a engañar, en circunstancias normales Sirius sería trasladado allí de inmediato, pero…digamos que ahora mismo es poco aconsejable que pase por allí. Al menos…hasta que todo se aclare, empezando con la charla que tendré mañana con Cornelius. -

- A buenas horas. - dijo la señora Pomfrey, cogiendo un enorme rollo de vendas del armario de primeros auxilios. - Probablemente le asignarán a alguien que se encargue de su cuidado una vez le hagan el diagnostico en San Mungo. -

- Habrá que esperar a que pueda pasar por allí para saberlo seguro. - repuso Dumbledore, dirigiéndose a la puerta. - Espero que paséis la noche lo mejor posible, pues mañana nos espera un largo día. Ante todo, os pido que descanséis bien y repongáis las fuerzas. - añadió, con un brillo en los ojos mientras salía de la enfermería.

La señora Pomfrey tardó veinte minutos en vendar a Sirius. Cuando terminó, a Harry le pareció que estaba viendo a una momia, pues solo se le veían los ojos y la nariz. Poco después la enfermera se acercó a él y tras hacerle la revisión se quedó bastante consternada.

- Por Merlín, muchacho. - dijo, frunciendo el ceño. - ¿En qué clase de problemas te metes? Es como si te hubieran lanzado un potente hechizo explosivo. -

- ¿Tardaré en recuperarme? - preguntó Harry, empezando a preocuparse.

- No, no creo. - respondió la señora Pomfrey, sorprendida. - Al parecer la herida no ha alcanzado ningún órgano vital. Tienes una masa muscular bastante resistente para tu edad. -

Harry se sonrojó un poco, pero gimió cuando la señora Pomfrey le empezó a untar la herida con esencia de díctamo.

Después de vendarle, fue a ver a Hermione, quien al igual que Harry había recibido una paliza por parte del Sauce Boxeado. A parte de una serie de heridas leves estaba el fuerte golpe que recibió de lleno en el abdomen, que afortunadamente no llegó a más. La señora Pomfrey le entregó un frasco con poción herbovitalizante y le puso un vendaje en la zona más afectada.

A continuación, se acercó a Chole. Ella solo tenía una ligera luxación en el brazo derecho (a parte de los rasguños y diferentes heridas en la cara), por lo que no era un problema para la enfermera. Por su parte, Ron solo tenía unos cuantos rasguños, lo que daba a entender que el profesor Snape le había reparado la pierna con éxito.

Sirius no decía nada, y no fue hasta que la señora Pomfrey apagó la luz y se fue de la enfermería cuando Harry se dio cuenta de que se había quedado dormido (podía oír ligeramente los ronquidos de su padrino).

- ¿Qué creéis que quiso decir Dumbledore? - dijo Chloe de repente.

- ¿Qué dijo? - preguntó Ron, mientras abría su frasco de poción herbovitalizante.

- Dijo que le recuerdo a alguien muy especial…No sé a quién se refiere, es muy raro. -

- Dumbledore es una persona muy mayor. - dijo Hermione, razonablemente. - Quiero decir, es posible que le recuerdes a alguien de su juventud, ¿no crees? -

La simple idea de imaginarse a Dumbledore en sus años de estudiante era bastante rara para Harry, pues se había acostumbrado a ver en él a un imponente y poderoso mago de más de cien años. ¿Cómo había sido el director de joven? ¿A los trece años tenía el cabello plateado y la barba larga?

- ¡Guau! Eso tendría que verlo. - pensó, pero sin reírse. Le dolía mucho la espalda y el abdomen.

- Hmm…Tal vez…- se escuchó a Hermione hablar, como si pensara profundamente. - le recuerdas a su primera novia. -

- ¿¡Q-que!? - chilló Chloe, mientras que Harry hizo esfuerzos titánicos por no reírse, ya que escuchó como Ron había escupido la poción herbovitalizante.

- Piénsalo, él te dijo que le recuerdas a alguien muy especial…con la edad que tienes. Quizás se trata de su novia de la infancia, o de una amiga suya pero que en realidad le gustaba. Porque tal y como hablaba de ella…-

- ¿Qué quieres decir? - le preguntó Harry a Hermione.

- Creo que las cosas no terminaron bien entre ellos. ¿Recordáis lo que estaba por decir? Parecía muy arrepentido de algo. En fin, no creo que sea muy agradable meternos en la vida privada de Dumbledore. -

- ¿Desde cuando haces ese tipo de observaciones? - se quejó Ron. - Que horror, pareces mi madre con los cotilleos de la revista Corazón de Bruja. -

- Bueno, - suspiró Hermione, - es lo que pasa cuando tienes a una madre que mira programas en la televisión de ese estilo mientras una estudia en la sala de estar. Cotilleos sobre parejas…-

- ¿Cómo es una televisión? - le preguntó Chloe con interés. - He visto una imagen en uno de los libros de la biblioteca. Era como si una habitación con muggles con folletos y hablando a la nada quedara encerrada dentro de una caja con antenas, que cosa más rara. - Hermione se río desde su cama.

Siguieron discutiendo durante varios minutos más hasta que se quedaron dormidos. A Harry le costó mucho dormir con tranquilidad, ya no se trataba solo de que el enmascarado había vuelto, también estaba lo sucedido con el profesor Lupin. Se había confirmado su estado de licántropo cuando se manifestó durante la aparición de la luna llena. El maestro de Defensa contra las Artes Oscuras fue descuidado al no tomarse la poción matalobos, y por ello, su naturaleza de lobo feroz quedó desatada, siendo incapaz de controlarse y atacar a cualquier persona, por muy amigo que fuera. Aunque este último no fue el caso.

- Me parece que esto no va a acabar bien…- pensó Harry, aún cuestionándose si había tomado la decisión correcta al no ir a buscar a Lupin al Bosque Prohibido. - Espero que Lupin esté bien y haya conseguido controlarse lo suficiente…-

A la mañana siguiente, Harry abrió los ojos tras ser alcanzado por los rayos de sol de la ventana al frente de su cama. Alzó la vista y echó un rápido vistazo al reloj postrado al lado de la entrada, donde pudo ver que ya eran las once de la mañana (lo que quería decir que se había saltado el desayuno). Soltando un bufido se levantó de su cama, siendo testigo de los resultados de los cuidados de la señora Pomfrey.

- San Mungo no sabe lo que se pierde. - pensó el azabache, valorando los esfuerzos de la señora Pomfrey.

Desde la noche el dolor había disminuido y su herida se había terminado de curar. Mirando a su alrededor se dio cuenta de que Ron, Chloe y Sirius no se encontraban en la enfermería. ¿A dónde habían ido? La única persona que seguía con él era Hermione, quien dormía plácidamente.

Harry pensó en lo poco que ella había dormido durante el año escolar, debido al alocado reto de cursar doce asignaturas. Era la primera vez en mucho tiempo que no la pillaba dormida encima de un escritorio, como ya había sucedido tanto en la Biblioteca como en la Sala de Estudios de la Torre de Gryffindor.

Sigilosamente, Harry se acercó a ella, solo para verla con una sonrisa. ¿Por qué insistía en que no era guapa y que había chicas que lo eran más que ella? Cada vez que Harry dejaba caer lo hermosa que era ella no le daba mucha importancia.

Repentinamente vino a su mente el momento en que la sostuvo en sus brazos, cuando ella cayó del Sauce Boxeador. Sin darse cuenta, había vivido uno de esos momentos que solo había visto en esos sueños de fantasía caballeresca los cuales hacía meses que no tenía (en su lugar, tuvo que soportar constantes sueños que involucraban a sus padres el día de su muerte, a Voldemort, a los Dementores y a ese recuerdo borroso el cual no lograba entender).

- ¿Sabes? - pensó Harry, mientras acariciaba la cabellera de su mejor amiga. - A veces me pregunto si soy el indicado para ti…Por eso, antes que tomar el riesgo quiero estar seguro de darte tiempo, para que conozcas a más gente y quien sabe, quizás así tengas una vida feliz y más segura…Me gustan los retos, quiero ser más fuerte para vencer a Voldemort y proteger a las personas que quiero…por lo que convivir conmigo también implica estar en problemas…Por eso…yo…-

Su corazón volvía a latir con fuerza, sintiéndose atraído por ese rostro somnoliento y esos labios indefensos. Si algo le gustaba a Harry era que la belleza de Hermione era natural, pues ella no usaba maquillaje o pintalabios como la mayoría de las chicas. En realidad, nunca la ha visto preocuparse por la estética, aunque tampoco era necesario.

Inconscientemente la cabeza de Harry se acercaba lentamente hacia el rostro de su amiga, y él no quería detenerse. Era como si dentro de su ser existiera un duelo entre su corazón y su consciencia. Mientras dejaba que su cuerpo actuara solo recordó ese viejo cuento de "la Bella Durmiente", donde el príncipe derrotaba a una temible bruja y hada malvada de nombre Maléfica, que se convirtió en una poderosa Dragona (curiosamente, gracias a una espada envuelta en magia, el príncipe logró vencerla). Solo un beso de amor podía despertar a la princesa…

La diferencia era que Harry no estaba en una de sus locas fantasías. Estaba despierto, consciente, y tenía a la persona que más amaba muy cerca de sus labios. Pero justo cuando estaba a punto de hacer realidad ese sueño, Hermione bostezó.

Harry sintió como si su corazón quisiera salir de su pecho de un salto, y sin querer, se resbaló con un rollo de vendaje que estaba tirado en el suelo, cayéndose.

- ¿Eh? ¿Qué ocurre? - farfulló Hermione, levantándose de la cama tras oír la caída.

Harry sintió que su cara ardía en llamas. ¿Qué estuvo a punto de hacer? No le había pasado nada parecido en todo el año, a pesar de todas las veces que estuvieron juntos en horas de estudio, y sin embargo…

- ¿Por qué ahora? - se preguntaba, pensando detenidamente en que fue una suerte haberse resbalado, pues tenía una pequeña excusa para justificar él porque estaba tirado.

- ¿Harry? - dijo Hermione, mirándole desde la cama. - ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien? -

- Errr…sí. - farfulló Harry, tratando de tranquilizarse. - Me resbalé con un rollo de vendaje sin querer. No sabía que estaba debajo de mi cama. -

- Oh…- Hermione se frotó los ojos, miró el reloj y dijo: - Cielos, que tarde es. ¿Dónde están los demás? -

- Me imagino que ya habrán bajado. - supuso Harry, poniéndose de pie. - Snape ya había reparado la pierna de Ron y Chloe tenía una pequeña luxación, por lo que se han recuperado más rápido. Por cierto, esto me lleva a preguntarme porque Sirius no está aquí…-

- ¿Crees que se lo habrán llevado a…? - preguntó Hermione con preocupación.

- Si Fudge ha visto a Pettigrew con vida, - dijo Harry, cruzándose de brazos. - no le quedará más remedio que callarse y asumir el error del Wizengamot. Sirius merece un juicio justo y quedar en libertad, y dejar que Pettigrew se pudra en Azkaban…- añadió, con un atisbo de rabia.

Hermione se puso en pie y le tocó el hombro de manera reconfortante. - Venga, - dijo, sonriéndole. - relájate un poco. Ha sido una noche muy larga, pero estamos bien, y has descubierto la verdad sobre Sirius. -

Harry se sintió un poco afligido, recordando como se había descontrolado frente a sus amigos, como les había aterrorizado, obligándoles a retroceder, y como había estado cerca de matar a Sirius. ¿Hermione estaba siendo amable con él a pesar de todo?

- Aun así, me siento horrible. - dijo Harry, cabizbajo. - Actué sin pensar, perdí la cabeza y casi mato a Sirius…-

- Tu creías que Sirius era el traidor, - repuso Hermione. - el que vendió a tus padres a Voldemort, y como consecuencia tuviste que pasar una infancia muy dura. Harry, si el mejor amigo de mis padres hiciera algo así yo…-

Entonces dejó de hablar y desvió la mirada. Harry entendió que ella no podía responder, pues ella no había vivido lo mismo que él. Cuando conoció a los Granger supo que Hermione era hija única, al igual que él, pero a diferencia suya ella tenía el amor de sus padres y creció en un hogar feliz, mientras que Harry no tuvo más que problemas desde el principio en la casa de sus horribles tíos, y ocasionalmente en la escuela.

- Espero que jamás tengas que pasar por algo así…- susurró Harry.

- ¿Qué? -

- A veces me pregunto cómo sería eso, - dijo Harry, imaginando un acogedor entorno familiar. Lo había visto entre magos con los Weasley, pero nunca en una casa muggle. - tener contigo a unos padres maravillosos, que te quieren, que se preocupan por ti y que te dan todo aquello que necesitas…Tenerlos siempre ahí, brindándote amor y apoyo…-

- Harry…yo…-

Harry sonrió afablemente. - Discúlpame, - dijo. - no pretendía hacerte sentir mal, sin embargo, estaría bien que lo tuvieras presente. Son unas personas maravillosas…- pensando en donde podría encontrarse Sirius y sus amigos, cogió su túnica, se la puso y decidió ir a buscarlos.

Justo cuando recordó que se había dejado la varita en la mesa de noche, se volvió, y repentinamente Hermione le envolvió en un abrazo, pillando por sorpresa a Harry. Sintió como su cara volvía a arder.

- Escucha, - dijo, una vez se separó de él. - ¿volverás a Prive Drive este verano? -

- Tampoco es que tenga más alternativas…- respondió Harry, luchando por calmarse tras el abrazo. Su ritmo cardiaco se había disparado. - Estaré un mes allí y luego me iré a…-

- Ven a mi casa. - dijo ella de repente.

- ¿Eh? -

- A mis padres les gustaría verte, - repuso Hermione. - cada vez que me escriben me preguntan para cuándo vendrás a visitarles y bueno…lo cierto es que cada vez que pienso en ello termino olvidándome de decírtelo. -

- Ah…- Harry se sentía incómodo. No porque no le gustara la idea de conocer más a fondo a los Granger, sino por la idea de dormir en la misma casa que Hermione. Supondría estar mucho más cerca de ella que en el colegio, donde existían ciertas limitaciones. - bueno, si quieres que vaya yo…-

- ¿Vendrás? - la mirada de Hermione radiaba de ilusión. Era difícil decirle lo contrario.

- Errr…sí. - respondió Harry.

- ¡Genial! - saltó ella, abrazándolo. - Espera a que escriba a mis padres, estarán encantados de recibirte. -

- Gracias por la invitación. - sonrió Harry. - Esto…¿Qué tal si bajamos y buscamos a Sirius y los demás? -

Tras recoger sus varitas de las mesas de noche se pusieron en marcha. Recorrieron el pasillo para ir hacia la Gran Escalinata, y justo cuando empezaron a bajar escucharon a alguien gritarles desde el primer piso.

- ¡Harry! ¡Hermione! -

- Hermione, - dijo Harry, observando quien les llamaba. - ¿esa no es Susan Bones? -

- Si, es ella. - asintió Hermione. - ¿¡Qué ocurre, Susan!? -

- Dumbledore quiere veros en su despacho. - dijo Susan. - ¡Daos prisa! ¡Esto va a ser genial! -

Harry y Hermione se miraron con confusión, antes de apresurarse en bajar. Susan Bones era una Hufflepuff de su año a quien veían regularmente en sus clases. La conocían especialmente porque siempre hablaba con sus compañeros de casa sobre diferentes casos que tenía que resolver su famosa tía, Amelia Bones, la jefa del Departamento de Seguridad Mágica, quien era muy querida y respetada entre la comunidad mágica.

- ¿Por qué nos quiere ver Dumbledore? - preguntó Hermione.

- Miren, normalmente saldría corriendo a contarles esto a los compañeros, - dijo Susan. Parecía muy ansiosa. - pero tanto el profesor Dumbledore como mi tía Amelia me han pedido que no diga nada. -

- ¿Amelia? - dijo Hermione, saltando repentinamente. - ¿¡Ma-Madame Bones está aquí!? -

Susan asintió con entusiasmo. - Es mejor que veáis lo que hay una vez dentro. - dijo con entusiasmo.

Se acercaron a la gárgola que daba acceso al despacho del director. Una vez allí, Susan gritó "Caramelos de Menta" y la gárgola giró, haciendo aparecer la escalera. Cuando los tres llegaron al despacho, este se encontró abarrotado de gente. Harry se sintió aliviado al ver a Sirius, a quien al principio no reconoció. Se encontraba en un sillín, en un rincón de la chimenea del despacho. Tenía mejor aspecto, pues ya no llevaba sus ropas de prisionero, sino que vestía un traje bastante normal, y formal (muy propio de los muggles, lo cual era raro de ver en un mago). Llevaba puesto una americana de color azul marino, con pantalones y corbata a juego, acompañado por unos zapatos negros. Estaba más limpio y su largo cabello estaba lavado y mejor peinado, eso sí, seguía muy vendado también.

Sonriendo, Harry se fijó en la compañía: Estaban el profesor Dumbledore, Ron, Chloe, la profesora McGonagall, el profesor Snape, un consternado ministro Fudge y dos mujeres a las que Harry no había visto nunca, pero que había oído hablar de ellas.

La primera era una mujer de cabello corto, ondulado, con una mezcla de color castaño y gris, de ojos azul marino, mandíbula cuadrada y mirada seria. Iba vestida con una túnica de color negro y dorado, adornada con una hermosa placa de oro donde se podía leer "DSM" (Departamento de Seguridad Mágica) con el símbolo característico del Wizengamot (Una "M" encima de una balanza, con una varita mágica en medio y custodiado por dos estrellas). No había duda de quien se trataba, era Amelia Bones.

Cuando Harry miró a la otra mujer, por un momento pensó que estaba ante una versión adulta de Chloe, por el enorme parecido que tenía con ella. Se trataba de una mujer de buena estatura (medía casi metro setenta), tenía un cabello rubio claro que le llegaba hasta la cintura, ojos azulados, y a pesar de la seriedad de su mirada era muy hermosa. Sin duda debía tratarse de Narcisa Malfoy, la madre de Chloe, quien (según palabras de su hija) era la principal responsable de los Servicios Administrativos del Wizengamot (llevaba temas judiciales, leyes, etc, etc), además de ser miembro del mismo.

- Buenos días a los dos, - les saludó el director. - confío en que os encontréis mejor. - ambos asintieron. - Me imagino que aún no habéis bajado a desayunar, por tanto, intentaremos hacer esto lo más rápido posible. -

Entonces escucharon una especie de gruñido. Los allí presentes se miraron tratando de saber de dónde venía, sin embargo, Harry sabía muy bien lo que pasaba. Chloe tampoco había desayunado.

- Lo siento…- dijo ella, poniéndose roja. Harry pudo ver como su madre le lanzaba una mirada afable, lo cual hizo que el parecido con su hija fuera aún mayor.

- Como dije, - prosiguió Dumbledore, riéndose un poco. - intentaremos hacer esto rápido. Llevamos reunidos más de tres horas. ¡Qué barbaridad! -

- ¿Y qué esperas, Albus? - inquirió el ministro. Se veía muy incómodo. - ¿Es que no piensas en cómo va a reaccionar la comunidad mágica ante esto? ¿Qué dirán de nosotros? ¿¡De mí!? -

- Cornelius…- dijo Madame Bones en tono de autoridad, lo que fue más que suficiente para que en el despacho del director reinara el silencio.

- Eee…¿Si? ¿Amelia? - farfulló Fudge.

- Independientemente de la opinión pública, nuestro deber es ejercer el correcto funcionamiento de la justicia mágica. - declaró Madame Bones. - Cierto es que al escapar de Azkaban, el señor Black incurrió en un delito de fuga y, por tanto, tendrá que ser juzgado a su debido tiempo. Por ahora, lo primero será enmendar este gravísimo error. -

- No me parece justo que le culpen por la fuga. - intervino Harry. - Estuvo allí encerrado doce años sin un juicio justo. Solo él sabía que era inocente, y solo él sabía que Pettigrew seguía con vida. Nunca se molestaron en averiguar la verdad, lo cual me llama la atención teniendo en cuenta que contáis con herramientas para hallarla. -

- En ese momento no contábamos con pruebas suficientes, - aclaró Madame Malfoy. A Harry le sorprendió que no le mirara con asco, como solía hacer Lucius Malfoy. - salvo el dedo de Pettigrew y un considerable número de muggles que fueron testigos de aquella masacre. Se celebraron tres reuniones y al final todos coincidimos en que había que encerrarlo sin más. -

- Vaya, - gaznó Sirius, fulminándola con la mirada. - menudo criterio tiene esta gente. -

- Sirius…- empezó Dumbledore, pero Sirius perdió la paciencia.

- ¡Miren, se acabó! - se quejó, levantándose de la silla. - Aquí el único que se ha tragado más de tres horas de charla soporífera y no ha dicho nada soy yo. Cornelius se queja de la imagen que tendrá de cara al público, y yo me pregunto, ¿Qué hay de mi imagen? ¿De mi persona? Aquí se me ha pintado como un traidor, un asesino, un loco, y no pasa nada ¿eh? Qué más da, ¿verdad? - se burló, tirando de sarcasmo. - Al parecer lo importante es que yo quede como un puñetero héroe, - y entonces comenzó a remedar a Fudge: - ¡Oh si, mírenme! ¡Soy el tío que atrapó al asesino que traicionó a los Potter, ¿¡eh!? ¡Toma ya! ¡Vamos! ¡Corran, corran! ¡Hay que llamar a "El Profeta" para que corran la voz y comenten lo absurdamente genial que soy! -

- Esto...yo…- Fudge parecía una imitación de Pettigrew, cuando se encogía de miedo. Harry recordó que él había capturado en su día a Sirius, por lo que entendía la "actuación" de su padrino. Miró un momento a sus amigos, solo para verlos conteniendo las ganas de reír.

- Nunca me diste la oportunidad de demostrar mi inocencia, ¡nunca! - gruñó Sirius, señalando al ministro de mala gana. - Lo fácil era capturarme y dejar que me pudriera en una celda, mientras tu gozabas de la gran oportunidad que se te presentó para ser ministro. ¡Venga ya! -

- ¡Sirius! - exclamó Dumbledore, pidiendo que se calmara. Sirius hizo un mal gesto con el brazo y se volvió a sentar, enfurruñado. - Bien, ahora que los cuatro estáis aquí, - dijo, mirando a Harry, Hermione, Ron y Chloe. - os queríamos pedir que explicarais a Madame Bones y Madame Malfoy lo sucedido anoche. Ambas quieren oírlo de vosotros mismos puesto que sois quienes descubrieron a Sirius y Pettigrew. -

Entre los cuatro comenzaron a explicar nuevamente más los sucesos de la pasada noche. Mientras lo hacían, Harry miró como a un lado de la señora Malfoy se encontraba un pergamino flotante y una pluma blanca, la cual se movía autónomamente y anotaba sin parar todo lo que decían.

- ¡Una pluma que escribe todo lo que dices! - pensó el azabache, impresionado. - Creo que sé lo que es, un vuelapluma. La verdad es que no me vendría mal uno de esos, lo malo es que en Hogwarts los estudiantes lo tenemos prohibido…creo. -

Mencionaron todo lo ocurrido con Sirius, Pettigrew, Lupín y también lo ocurrido con Mérula Snyde y el hombre con mascara de serpiente. Esto último intrigó a las mujeres del ministerio y al ministro.

- ¿¡Un…un hombre con mascara de serpiente!? - inquirió Fudge, tragando saliva y arrugando su sobrero el cual tenía entre sus manos. - Du-Dumbledore, no crees que se trate…-

- No recuerdo que los seguidores de Lord Voldemort llevaran una máscara así, - dijo Dumbledore, intuyendo lo que quería decir el ministro. Este palideció. - sin embargo, todo parece indicar que ese individuo es uno de sus seguidores. Especialmente si tomamos en cuenta sus últimas acciones. -

- Oh…- dijo Fudge, aclarándose la garganta. - entonces…debe tratarse sin duda de un fanático, ¿no? Quiero decir, ¿Qué sentido tiene seguir a un mago que ya está muerto? -

- ¿Qué ya está muerto dice? - pensó Harry, indignándose. ¿Cómo podía el ministro de magia ser tan ingenuo? Pero justo cuando estaba por replicarle Dumbledore le pidió con un gesto que se callara.

- Fanático o no, el hecho de que vaya tras el señor Potter con la intención de matarle lo convierte en un peligro público. - señaló Madame Bones. - Narcisa, ¿te has quedado con la descripción de ese individuo? - Madame Malfoy asintió. - Bien, lo pondremos en búsqueda y captura. Esperemos que la oficina de aurores den la talla esta vez. Desde la salida de nuestro mejor Auror no han demostrado la misma competencia que antaño. -

- Parece que Snyde tenía razón sobre la incompetencia de dicha oficina. - pensó el azabache con decepción.

A continuación, Ron explicó la convivencia que tanto él como su familia tuvieron con Scabbers, la identidad de Pettigrew durante más de doce años. Como su hermano Percy lo encontró un día en los alrededores de la Madriguera y lo adoptó como mascota, para luego cedérselo a él. En ningún momento habían sospechado de que se tratara de un animago, pues su comportamiento era tal cual, el de una rata.

- De acuerdo, - asintió Madame Malfoy, deteniendo a su pluma mágica. - tenemos todo lo que necesitamos. Severus, ¿testificarás en su defensa? - le preguntó al profesor Snape. Él asintió fríamente.

- E…eso significa…- empezó Sirius, sin poder creérselo.

- Si señor Black, - asintió Madame Bones. - comenzaremos los preparativos para su juicio y en unos días será llamado para acudir a los juzgados del Wizengamot. Por ahora, - blandió su varita e hizo aparecer una luz dorada. - por el poder que me concede la cámara del Wizengamot, le concedo la libertad condicional. - Harry miró a Fudge, parecía que quería desmayarse. - Narcisa, prepara los tramites y las condiciones. -

Madame Malfoy asintió, hizo aparecer unas gafas de lectura, se las puso y empezó a repasar un nuevo pergamino. - Desde este momento, - leyó. - el señor Sirius Orion Black quedará en libertad condicional bajo estricta vigilancia. Podrá moverse libremente por el país, pero sin poder atravesar las fronteras. En otras palabras, si planeabas irte de vacaciones a una isla hawaiana, olvídate. - le entregó el pergamino a Sirius para que firmara.

- Pfff, muy graciosa. - dijo este, rodando los ojos mientras firmaba. - Tampoco soy un tonto. -

- Eso es discutible. - dijo Madame Malfoy, frunciendo el ceño y recibiendo de vuelta el pergamino. Harry vio como Ron y Chloe se resistían a reír.

- Bien, - sonrió Dumbledore. - con la condicional ya puedes visitar San Mungo, Sirius. Hablaré con alguien de confianza para que te ayude con tu tratamiento a la espera que todo se esclarezca. No creo que sea prudente revelar todo lo ocurrido de golpe. - Fudge suspiró aliviado. - Tendrá que pasar un largo tiempo hasta que la gente se acostumbre a ver a Sirius pasear libremente como cualquier mago inocente. -

- Si tanto miedo tienes de ofrecer una explicación ante los periodistas, - dijo Madame Bones, mirando al ministro. - puedes dejarme a mí dicha tarea. Hacer autocrítica no tiene por qué ser un drama. -

- E-está bien…- suspiró Fudge, con aspecto derrotado. - Iré a hablar con los aurores para que se lleven a Pettigrew. -

- Disculpe, señor ministro, - dijo Hermione tímidamente. - ¿Qué hay de los Dementores? -

- Volverán a Azkaban, por supuesto. - repuso el ministro, poniéndose su sombrero. - ¿A qué viene esa pregunta? -

- Desde hace meses que su número se incrementó mucho. - explicó Hermione. Tan pronto como dijo aquello, Harry sintió un escalofrió recorriendo por su cuerpo. - No sabemos si se debe a que han surgido de la nada o simplemente han venido más por órdenes suyas. -

- Si mal no recuerdo, - dijo Fudge. - hace meses hubo un fenómeno climatológico bastante extraño que provocó la desaparición de muchos de ellos. Recibimos una lechuza informándonos de dicho fenómeno y por tanto tomamos la decisión de enviar refuerzos a Hogwarts. Sin embargo, no me esperaba que se multiplicaran tanto, lo que me lleva a pensar que aquí más de uno a estado asustado. -

- ¡Como para no estarlo! - protestó la profesora McGonagall.

- Descuiden, - les tranquilizó Madame Bones. - en breve abandonarán la escuela. Por ahora hemos terminado. - asintió cortésmente a Dumbledore y los profesores, antes de salir del despacho junto a Susan. Fudge se despidió rápidamente y la siguió.

Madame Malfoy se aclaró la garganta y miró a Dumbledore. - ¿Albus? - dijo.

- ¿Si, Narcisa? - preguntó el director con amabilidad.

Ella se quitó las gafas y dijo con suavidad: - Nos vemos en el Wizengamot. - y con un gesto cordial hacia los profesores se dirigió a la puerta.

- Vaya, - dijo Sirius en voz baja. - eso fue un poco extraño…-

Había algo en la mirada de la mujer que desconcertó a Harry. ¿Era tristeza? No estaba seguro. Quizás no le gustaba la idea de que su primo (Sirius) fuera inocente, lo cual era el pensamiento lógico por parte de los Malfoy, quienes tenían tendencia a rechazar todo lo que olía a muggles y sus defensores. Sin embargo, y de haber sido el caso, ¿Cómo es que ella no intentó colar algún pretexto con calzador para estorbar el camino hacia la libertad de Sirius?

- Bueno, - suspiró Sirius. - supongo que ahora pasaré unos días en San Mungo. Espero que sean benevolentes conmigo. -

- Descuida Sirius, - sonrió Dumbledore. - insisto en que estarás en buenas manos. -

- Disculpen, - dijo Chloe tímidamente. - ¿podemos salir ya? -

- Si señorita Malfoy, - dijo la profesora McGonagall. - ya pueden retirarse. -

Ron y Chloe salieron rápidamente por la puerta tan pronto como escucharon que si podían irse. Evidentemente no tuvieron tiempo de pasar por el Gran Comedor. Hermione estaba por salir, sin embargo, a Harry aún le quedaba una duda en la mente.

- ¿Qué hay del profesor Lupin? - preguntó.

La buena atmosfera del despacho se había perdido casi de golpe con esa pregunta. Snape se encogió de hombros y salió elegantemente por la puerta, dejando a la profesora McGonagall con una mirada triste, a Dumbledore cabizbajo y Sirius con una mano en la frente.

- Él…- susurró Sirius. - bueno, está en su despacho. Recogiendo sus cosas…-

A Harry no le gustó escuchar eso.

- ¿¡Por qué!? - inquirió Hermione.

- Como ya saben, ayer Remus se transformó, - explicó Sirius. - y al no ir a buscarle él simplemente se perdió por el Bosque Prohibido. -

- Evidentemente la decisión que tomasteis tuvo consecuencias…- dijo la profesora McGonagall, quitándose las gafas. - Decisión que, dentro de las circunstancias, fue la más acertada. Atravesó el bosque hasta llegar a Hogsmeade y…atacó a algunas personas del pueblo. Se armó un auténtico escándalo, uno que quizás será de los más recordados (tristemente). Los habitantes del pueblo sacaron sus varitas (incluso horquillas y antorchas) y empezaron a perseguirle por todo el poblado. Por fortuna no hubo heridos, pero lo peor vino después. -

- ¿Qué ocurrió? - preguntó Harry, preocupado ante lo que podría haber hecho Lupín en su estado Licántropo.

- Tranquilo, Harry. - dijo Dumbledore con suavidad, tal vez intuyendo lo que el muchacho estaba pensando. - Lo que sucedió fue que la luna se ocultó, y el profesor Lupin perdió su transformación. La gente se molestó muchísimo con él, he incluso le amenazaron con llamar a la unidad de captura de hombres lobo si volvía por Hogsmeade. Yo llegué poco después y regresamos juntos al castillo…tras ofrecer una disculpa a la gente, por supuesto. Lo triste es que la noticia se extendió como la pólvora. Evidentemente una simple disculpa no va a convencer a todo un poblado de callarse lo ocurrido. Os podéis imaginar hasta donde han llegado las noticias…-

- Quiere decir, ¿que algunos padres de estudiantes se han enterado? - preguntó Hermione, temiendo la evidencia.

- Me temo que si…- dijo Sirius con tristeza. - De hecho, han empezado a llegarle cartas a Dumbledore, incluso vociferadores. - el mencionado no parecía muy cómodo ante esa declaración. - Remus no lo pudo soportar, por lo que voluntariamente ha presentado su dimisión. Pobre Remus, tiene muy mala suerte…- suspiró, negando con la cabeza.

El grupo se quedó callado, hasta que Harry habló una vez más.

- Iré a verle. - dijo, antes de salir corriendo por la puerta del despacho.

Para Chloe, la idea de ver a su madre en Hogwarts le parecía algo increíble, pues quien normalmente solía hacer esas visitas era su padre (al menos hasta que dejó de ser miembro del consejo escolar). En cambio, ella se pasaba mucho tiempo ocupada en su trabajo.

Su madre le contó que cuando entró en el ministerio (poco después de graduarse), gracias a sus excelentes calificaciones en sus EXTASIS y varias recomendaciones entró inicialmente como trabajadora del Departamento de Registro Administrativo (los responsables de la inscripción de la población mágica en Gran Bretaña).

Le bastó tres años para hacerse con el puesto de jefa, y más adelante tuvo más trabajo cuando fue ascendida a jefa de los Servicios Administrativos del Wizengamot, consiguiendo ser miembro del alto tribunal mágico tras detener (con la ayuda de varios aurores) magistralmente a un grupo de seguidores de Voldemort, quienes seguían cometiendo atrocidades a pesar de que su señor ya no estaba. Entre esos seguidores destacaba un miembro en particular: Bellatrix Lestrange.

- Mi madre no suele hablar mucho de ella, - pensó Chloe. - al parecer es una bruja que perdió la cabeza después de que Voldemort muriera y lideró a esos seguidores para seguir con las maldades que hacía él…-

Su madre le contó una vez que las personas del ministerio no confiaban completamente en ella, debido a que su padre (Lucius Malfoy) había sido un seguidor de Voldemort. Sin embargo, él se escudó en que Voldemort le había hechizado para seguir sus órdenes y que, aunque compartían ideas, él no quería seguirle porque su manera de llevar a cabo sus planes le parecían incorrectas y poco humanas.

- Mi padre podrá engañar a sus amigos, - pensó Chloe, suspirando. - pero dudo que su excusa haya colado entre el resto de la comunidad mágica. Tiene mucha influencia en el ministerio, y sin embargo hay quienes desconfían de él…y esa desconfianza también afecta a mi madre…-

Así era su madre, una persona estricta, seria, trabajadora y que cumplía a rajatabla con las normas del ministerio. Esos rasgos no eran precisamente los que más le gustaban a Chloe de su madre, y sin embargo la amaba, ¿Por qué? Porque era muy cariñosa con ella, mucho más de lo que alguna vez fue su padre.

Muchas veces su madre le había sugerido que se preparara bien académicamente para entrar en el ministerio, pero a Chloe no le gustaba demasiado la idea. Ella lo que realmente quería era jugar al Quidditch como golpeadora, la cual era su posición favorita (le gustaba golpear las Bludgers con precisión y derribar a sus rivales).

- Es como un duelo, - pensó con una sonrisa. - pero en escobas, ¡y en vez de una varita tengo un bate! -

A su madre le habría gustado que ella siguiera sus pasos, pero tampoco le desagradaba la idea de ver a su hija convirtiéndose en una famosa jugadora de Quidditch. Además, en parte cumpliría con varios atributos que gustan a la familia Malfoy: Fama, fortuna, grandes influencias…

No eran las grandes prioridades de su vida, pero allí estaban, y podría lograr todo eso siendo la mejor en su posición y en el deporte que más amaba.

Hogwarts era el primer paso, sin embargo, no pudo entrar en su segundo año porque Oliver Wood no quiso hacer pruebas de selección, y a Chloe no le extrañaba. Gryffindor tenía un auténtico equipazo, y todos ellos como colectivo funcionaban de maravilla. Qué decir de Harry, que con el talento que tenía a Chloe le parecía hasta extraño no verlo jugar en el Quidditch profesional.

Ver a ese equipo solo motivó a Chloe a prepararse durante el verano para presentarse a las pruebas el siguiente curso. No le importaba empezar como suplente, ya que eventualmente podía luchar por hacerse con el puesto (sintiéndolo mucho por Fred y George, pero quería jugar cuanto antes).

Recorriendo el primer piso, Chloe recordó lo mucho que a su madre siempre le había encantado Hogwarts. En su día se molestó mucho con su padre cuando este quería enviar a Draco y a ella a una escuela extranjera donde solo había magos y brujas sangre pura (sobraba decir que al final su padre tuvo que ceder).

Durante sus años antes de entrar al colegio, disfrutaba como nadie de esas noches donde platicaba con su madre sobre las maravillas que descubriría una vez fuera a Hogwarts, para luego escuchar la dulce melodía de su voz cuando cantaba para hacerla dormir.

- A veces me pregunto porque mamá no se dedicó a la música…- pensó Chloe, una vez consiguió escapar de los globos de agua que Peeves se puso a lanzar desde el tercer piso a los estudiantes que bajaban por la Gran Escalinata.

Mientras bajaba al Gran Comedor con Ron, ambos encontraron a Ginny, quien estaba bajando por las escaleras del vestíbulo. Una vez más Chloe no pudo evitar fruncir el ceño cuando vio a su mejor amiga con varios libros entre sus manos.

- ¿Qué haces, Ginny? - le preguntó Ron. - El curso ya ha terminado, ¿Qué acaso Hermione te ha lanzado por accidente un hechizo para convertirte en un ratón de biblioteca? -

- ¿De qué hablas? - bufó Ginny. - Hermione es la única persona a la que he visto envolverse (literalmente) en libros. Yo simplemente me dedico a preparar varios temas que repasaré durante las vacaciones. No voy a hacer como tú que a lo único que te dedicas es a pasear por la Madriguera y enfadarte cada vez que mamá te asigna una tarea para hacer en casa. -

- ¡Eh! - protestó Ron. - También practico para ser Guardian. -

- Y eso está muy bien, - admitió Ginny. - pero también debes preocuparte por tus notas, Ron. ¿Qué será este año? ¿Has estado estudiando con Harry y Hermione y no puedes conseguir un solo Extraordinario? No sé, eso es un poco raro…-

- Antes eras más divertida…- susurró Ron, mirando a Ginny como si no la conociera. - ¿Qué diantres te ha pasado? -

- ¿Este año? Nada. - dijo Ginny, encogiéndose de hombros. - Mas allá de tener el castillo plagado de Dementores en los terrenos, ha sido un año muy tranquilo. Es genial, me puedo centrar en estudiar sin preocuparme por otras cosas que no vengan a cuento. -

- Esto…¿Ginny? - dijo Chloe, intentando llamar la atención de Ginny. - Rayos, creo que se ha enfrascado tanto en estudiar que ya ni se entera de a quien tiene a su alrededor. -

- ¿Eh? ¡Oh! Hola Chloe, - le saludó ella con una sonrisa. - he estado preparando nuestro plan de estudios para las vacaciones. Viendo lo difícil que lo han tenido nuestros amigos de tercero para superar el año con las optativas no estaría de más prepararnos bien. Mira, - sacó de su túnica un rollo de pergamino. - aquí tienes, hice este para ti. - añadió, entregándole el pergamino a Chloe. - No hagas como Ronald y estés todo el tiempo dándole al bate de golpeador. El año que viene promete ser muy estresante para nosotras, pero lo superaremos. -

Chloe infló los cachetes con frustración. Ginny no necesitaba recordarle que al año siguiente tendrían tres asignaturas más (lo mínimo eran dos optativas, pero ella también quería hacer Estudios Muggles) y, por tanto, la carga de trabajo sería mayor, lo que consecuentemente podría reducir su tiempo para practicar duelo con Harry y entrenar para ser golpeadora (tenía práctica, pero también necesitaba mantener su condición física). Con solo ver el grosor del pergamino tragó saliva; su amiga había pasado de ser una chica divertida, amante de las bromas y el quidditch a ser una especie de "Pseudo-Hermione" (era muy estudiosa pero aún no estaba a su nivel de autoexigencia que superaba lo exagerado).

- ¿De verdad hay que hacer todo esto? - suspiró ella, temiendo que no tendría vacaciones.

- No seas quejica, - dijo Ginny, rodando lo ojos. - creo que pasar tanto tiempo gastando bromas con Ronald no te ha sentado muy bien. -

- ¡Oye! - protestó Ron.

Chloe sintió como sus mejillas se calentaban un poco.

- Por cierto, - dijo Ginny. - antes de llegar aquí vi pasar a una mujer rubia que se dirigía a la biblioteca. No la he visto nunca, pero parecía muy seria. ¿Alguien sabe quién es? -

- Es…mi madre. - farfulló Chloe.

- Pensé que se había ido con el ministro y Madame Bones. - dijo Ron, sorprendido. - ¿Por qué va a la biblioteca? -

- Bueno, ella me preguntó por Draco, - respondió Ginny. - así que le dije que estaba en la biblioteca. Con solo verla tuve la sospecha de que era la madre de Chloe, pero no estaba del todo segura. -

- ¿Por qué? - preguntó Ron. - Yo la vi en el despacho de Dumbledore y son idénticas, solo que ella tiene más años que Chloe. -

- No es eso Ron, - se río Ginny. - es solo…que no parece alguien que ponga caras graciosas como Chloe. -

Chloe frunció el ceño. Su madre podía sonreír, pero lo cierto era que el poner caras graciosas era una característica personal suya. Aunque parte de ella deseaba que su madre tuviera también esa "cualidad".

- Que bueno sería hacer caras y reírnos juntas. - pensó momentáneamente. Se guardó el pergamino en la túnica antes de decir: - Iré a verla. No suele salir mucho del trabajo por estas fechas, y en casa no hablamos mucho. -

- ¿Por qué? - le preguntó Ginny.

- Por…mi padre. - respondió Chloe con incomodidad. - Yo…os alcanzaré luego. - dijo, marchándose rápidamente por el cuarto piso y sin darle tiempo a Ron y Ginny de decirle algo más.

Era realmente frustrante sentirse incapaz de ser sincera con sus amigos y decirles abiertamente que su padre había pasado de ser alguien orgulloso de su hija a tratarla como si fuera alguien de familia muggle (un trato despectivo). Para él que ella terminara en Gryffindor supuso una alta traición.

Como olvidar la carta del año anterior, donde había dejado en claro que ella había sido apartada de la herencia de los Malfoy (es decir, en caso de que su padre falleciera, ella no heredaría absolutamente nada por parte de su familia, por lo que toda la herencia sería para Draco).

- Tampoco es que me importe…- pensó Chloe, negando con la cabeza y alcanzando el cuarto piso. - Cuando me convierta en una golpeadora profesional yo misma me ganaré los galeones. A ver qué cara pone cuando me vea alzando títulos con mi equipo. - empezó a moverse sigilosamente entre columnas, armaduras y floreros, a medida que el camino la llevaba hasta la Biblioteca.

En ocasiones, cuando estaba en la Mansión Malfoy, Chloe tenía la costumbre de esconderse (por este tipo de situaciones agradecía no ser tan alta) a la espera de escuchar conversaciones interesantes. Al principio solo se trataba de casos en los que su madre trabajaba con Madame Bones y las quejas de su padre sobre la (según él y cualquier supremacista de sangre) falta de respeto a los sangre pura porque la mayoría de la comunidad actuaba como si nada ante la presencia de magos nacidos de muggles (para él lo normal sería marginarles e incluso encerrarles en Azkaban por la cara), además de soltar pestes sobre el señor Weasley y su familia, con quienes Chloe había entablado una gran amistad.

- Al final no me ha ido tan mal en Gryffindor. - pensó ella, mientras observaba como su madre alcanzaba el pasillo que daba con la entrada a la biblioteca. - No hemos hablado en todo el año. Quizás si vuelvo a casa no pueda hablar con ella sobre esa carta…Cielos, me ha visto con Harry, Ron y Hermione. ¿Y si…? -

Algo la apartó de sus pensamientos. Vio a su madre de pie frente a la entrada de la biblioteca, hablando con Draco, quien llevaba algunos libros en la mano. A Chloe le seguía costando ver a su hermano mayor en "Modo Intelectual", más si recordaba la cantidad de veces en las que le vio haciendo el tonto y metiéndose con ella y con su muñeca Barbie (según él porque era un pedazo de plástico inútil con peluca, y encima fabricado por muggles).

- Pero también es un regalo de mamá. - pensó Chloe, inflando los cachetes y prestando atención a lo que Draco y su madre iban a hablar.

- ¿Estarás bien con todos esos idiotas molestando? -

- No hables así de mis compañeros Draco. - dijo Narcisa tajantemente. - Solo son personas que dudan y se dejan comer la cabeza con tonterías. -

- A veces da la impresión de que no dudan, - repuso Draco. - que solo buscan alguna excusa para señalarte…¿Qué está pasando, madre? -

- Hm…no lo sé. - dijo Narcisa, pensativa. - De cualquier manera, no venía a hablar de eso. Quería felicitarte por tu año. - sonrió. - Tu progreso es impresionante, Draco. He hablado con el profesor Dumbledore y me ha permitido ver tus calificaciones. Has alcanzado un gran nivel académico, estoy muy orgullosa de ti. -

- Gracias madre. - dijo Draco, inflando el pecho con orgullo. - He decidido seguir tu consejo y enfocarme más en alcanzar el top. Me gustaría considerar una meta más allá de la colección de objetos "interesantes" que tiene mi padre. -

Narcisa se llevó una mano a la frente. - Lucius, - resopló. - durante estos años solo se ha dedicado a pavonearse por el ministerio, presumiendo de nuestra fortuna y jugando con su influencia, pero…aún no le he visto aprovechar sus talentos para algo productivo. Confío en que tu tengas otros planes una vez termines los estudios. -

- Descuida, - dijo Draco. - he comenzado a variar opciones. El ministerio parece interesante, pero…debo reconocer que la medicina mágica es algo…fascinante. -

- ¿Medicina mágica? - pensó Chloe, con la boca abierta. - Por Merlín, ¿acaso mi hermano planea ser doctor? Esto es increíble, ¿Qué le ha pasado a mi estúpido hermano? -

- Por cierto, madre, - siguió Draco. - ¿A qué se debe tu visita? No sueles dejar tu despacho en el Departamento de Seguridad Mágica a menos que vayas a casa o tengas un caso entre manos. -

- A veces me gustaría hacer una visita normal a Hogwarts, - admitió Narcisa, con una sonrisa triste. - pero no, me temo que lo que me ha traído aquí es la segunda razón. Afortunadamente la situación está…relativamente bajo control. -

- ¿Relativamente? - repitió Draco, frunciendo el ceño.

- Ahora no, Draco. - dijo Narcisa con suavidad. - Por cierto, quería buscarte para hablar contigo sobre cierta…relación que tienes con una chica de Gryffindor. -

Tan pronto como su madre dijo aquello, el rostro de Draco se ensombreció. - ¿De qué relación me hablas? - preguntó.

- Teniendo en cuenta como es tu padre considero que lo mejor es zanjar esta situación lo antes posible. - dijo Narcisa, negando con la cabeza. - Veras, hace unas semanas tu padre recibió una lechuza de parte de los Parkinson. Ellos aseguran de que pasas mucho tiempo con la hija de Arthur Weasley. -

- Ya, ¿y? - dijo Draco secamente.

- Personalmente no tengo ningún problema con Arthur, - aclaró su madre. - pero tu padre y él no se pueden ni ver. Especialmente después del show que armaron en Flourish & Blotts hace dos años. -

Como olvidar aquella pelea en la que el señor Weasley y su padre olvidaron que tenían varitas (en parte menos mal) y se pelearon a puñetazos, delante de muchas personas. Chloe sintió una gran vergüenza ese día, porque a su padre se le había ido la cabeza y porque ese mismo día coló el dichoso diario de Tom Ryddle en el caldero de Ginny. ¿A caso le daba igual matar a una niña con tal de crear polémica en torno a los Weasley y que Voldemort regresara? Desde ese día no miraba a su padre como lo solía hacer antes de llegar a Hogwarts. ¿Qué había sido de aquel padre que la quería, le consentía, e incluso le animaba a ser una gran jugadora de Quidditch? Todo se había ido al traste cuando el sombrero la colocó en Gryffindor.

- Aun así, creo que no habría encajado en Slytherin. - pensó Chloe, cabizbaja. - probablemente estaría sola todo el tiempo. Aquí he conocido a grandes amigos…-

¿Debería contarle a su madre lo que su padre intentó hacer con el diario? Era una prueba irrefutable de que su padre la había engañado, afirmando que Voldemort le había controlado para ser uno de sus seguidores…Pero entonces recordó una charla que tuvo con su hermano el año anterior, donde este le pidió no decirle nada a su madre, ya que eso destrozaría a la familia.

- Draco no soportaría verlos separarse. - pensó Chloe con tristeza. - O lo que puede ser peor, que mi padre termine en Azkaban…-

- Los problemas que tenga mi padre con el señor Weasley me dan igual. - dijo Draco tranquilamente. - Es asunto de ellos. Y mi relación con Ginny Weasley es una relación amistosa, nada más. -

- ¿En serio? - preguntó Narcisa, mirando a Draco como si lo acabara de conocer. - ¿No hay ninguna chica interesante en Slytherin? -

- No. - repuso Draco. - La mayoría son interesadas, aburridas o tontas como Pansy (algo increíble teniendo en cuenta que estamos en Slytherin). Ella piensa que me he enamorado de Ginny y por eso siempre que puede está molestándome. -

- Y a eso hay que sumarle a Ron, Fred y George. - pensó Chloe, reprimiendo una risita.

- Ya veo, - suspiró su madre. - y pensar que tu padre la contempló como opción para una futura relación… pero si va a estar en ese plan mejor que quede descartada. -

Chloe suspiró aliviada. La simple idea de tener a Parkinson como cuñada era el equivalente a convivir con un Grindylow furioso. - Si ya sin ser yo de Gryffindor era insoportable, - pensó, sacudiendo la cabeza. - que decir ahora. Como alguna vez se case con mi hermano…¡Cielos! ¡Ni hablar! ¡Tendría que preparar las maletas y fugarme del país! -

- ¿Por qué es necesario que me emparejéis con alguien? - preguntó Draco, enfadándose.

Su madre se puso cabizbaja. - Para mí no es necesario, - aclaró. - pero venimos de ciertas tradiciones que ya conoces. Tus abuelos en su día buscaban pareja para nosotros y lo arreglaban todo de cara al futuro. ¿Necesitas que te recuerde los requisitos? Tu padre quiere asegurarse de que terminarás casándote con una chica sangre pura, que venga de una familia reputada y que siga fielmente la filosofía de la pureza de la sangre. -

- ¡Hmph! - bufó Draco. - Pues si quieres dile que yo decidiré con quien quiero estar. Ya intenté en su día seguir su ejemplo y salió mal. - se acomodó los libros. - Si has terminado, nos vemos en casa en unos días, madre…-

Justo cuando se disponía a marcharse a zancadas en dirección a la gran escalinata, su madre la detuvo.

- Te quiero, hijo. - dijo ella. - Por encima de los deseos de tu padre está tu propia felicidad…Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad? -

Draco asintió levemente. - Lo sé, - dijo. - gracias madre. Nos veremos en casa…- soltó suavemente su mano y se marchó hacia la Gran Escalinata.

La seriedad con la que habló su hermano le sorprendió mucho a Chloe. Era tan surrealista pensar que hacía poco más de un año atrás él era tan insoportable con Parkinson, hasta que perdió nuevamente contra Harry en el Club de Duelo. Allí iba él, con la mente enfocada en un proyecto de futuro como era el de entrar en el mundo de la medicina mágica. Lo que Chloe no entendía era de dónde venía ese interés, ¿era por lo bien que se le daba la clase de pociones? ¿O quizás tuvo la inspiración necesaria cuando visitó a Ginny en la enfermería el año anterior?

Narcisa se llevó una mano a la cabeza, soltando un suspiro. - ¿Qué debería hacer? - se preguntó así misma, negando con la cabeza. Miró un momento a la entrada de la biblioteca antes de desplazarse hacia la Gran Escalinata.

Chloe la siguió con sigilo, preguntándose qué estaba pasando por la mente de su madre. Mientras volvía a la Gran Escalinata, pudo ver como ella saludaba cortésmente al Barón Sanguinario.

- Increíble, - pensó Chloe, pasmada ante lo que acaba de ver. - mira que es difícil hablar con el Barón. Mi madre debe ser de las pocas personas que hablaban con él. -

También se río cuando vio como su madre hechizaba unos globos de agua que le había lanzado Peeves desde el quinto piso, congelándolos y devolviéndoselos, para luego ver como el poltergeist huía despavorido una vez se dio cuenta de que por poco atinaba al Barón Sanguinario.

- Supongo que hay cosas que nunca cambian…- dijo Narcisa, riéndose levemente al ver como el Barón arremetía contra Peeves, una vez se apareció frente a él en el séptimo piso. Siguió bajando las escaleras hasta salir al patio de la torre del reloj. Chloe la siguió, esperando ver si pensaba en irse o en dar una vuelta por el exterior del castillo.

Para su suerte ocurrió lo segundo. Su madre paseó tranquilamente, utilizando un hechizo para dejar como nuevas las estatuas de águila de adornaban la vieja fuente. Luego empezó a caminar por el puente cubierto, el cual conducía hasta el Circulo de Piedra. A medida que avanzaban, Chloe pudo oír a su madre cantar.

"Te encontraré en alguna parte...Seguiré intentándolo hasta el día de mi muerte...Solo necesito saber lo que pasó...La verdad liberará mi…alma…"

- Parece que habla de alguien, - pensó Chloe, maravillándose con la voz de su madre. - ¿Quién será esa persona? -

Finalmente, su madre se sentó en una de las rocas del Circulo de Piedra. A Chloe le parecía bastante raro, ya que ella era una persona sofisticada que de ninguna manera haría algo como sentarse en una roca mohosa, pero lo hizo. Decidida a hablar con ella, decidió dejar de esconderse.

- ¿Mamá? - dijo, sorprendiéndola. - ¿Va todo bien? -

- Oh, no sabía que estabas por aquí, Chloe. - dijo Narcisa, con una mirada más suave.

- Pensé que volverías al ministerio con Madame Bones. - dijo Chloe, sentándose al lado de su madre. - ¿Te han dejado tiempo libre al fin? -

- Un poco, - admitió Narcisa, riendo levemente. - Amelia sabe lo mucho que me gusta estar aquí, así que mientras espero a que venga un coche para ir al Ministerio he pensado en, bueno…disfrutar de todo esto una vez más. -

- Oh…- dijo Chloe, observando a lo lejos como Hagrid jugaba con Fang y Buckbeak en su jardín, lanzando una vieja y desgastada Quaffle. - Oye mamá, yo…creo que no hemos hablado mucho durante el verano. Has estado muy ocupada. -

- Si, lo sé. - suspiró Narcisa. - Me habría gustado pasar más tiempo con Draco y contigo, pero llevamos meses planificando un…bueno…-

- ¿Sí? ¿Qué es? -

Narcisa rodó los ojos. - Tranquila, lo sabrás a su debido tiempo. - dijo, acariciando el pelo de Chloe. - No sé si te has dado cuenta, pero…te has estirado unos centímetros. -

- ¿¡En serio!? - dijo Chloe, entusiasmándose. - Y mira que muchos me siguen diciendo que soy bajita. -

- Bueno, - sonrió Narcisa. - aún lo eres. -

- ¡Mamá! - se quejó Chloe.

- Con el tiempo ya tendrás una buena estatura, - aseguró Narcisa. - aunque tampoco es que sea un detalle tan importante. Yo creo que lo mejor es que tengas una buena salud y estés llena de vida, como haces siempre. - dejó un momento de sonreír y añadió: - Dime, ¿hay algo que te preocupa? -

- Pues…yo…- Chloe suspiró antes de decir: - sigo pensando en la carta que me mandasteis el año pasado. -

Narcisa dejó de acariciar el cabello de su hija. - Chloe, esa carta…-

- ¿Te parece mal que mi mejor amiga sea Ginny Weasley? - preguntó Chloe, cabizbaja. - ¿Qué entre mis amigos haiga una nacida de muggles, un mestizo y un traidor a la sangre? - miró a su madre, apretando los puños y sintiéndose dolida al recordar lo que ella escribió. - Mira, la herencia me da igual, pero por favor, no me alejes de ellos. Creo que si no los hubiera conocido mi estancia en Gryffindor habría sido muy diferente. Hasta ahora…estar con ellos es lo mejor que me ha pasado desde que estoy en Hogwarts. -

- Chloe, - dijo Narcisa, mirándola tristemente. - ¿Por qué piensas que quiero alejarte de tus amigos? -

- ¿Qué otra cosa quieres que piense? - replicó Chloe, intensificando su mirada. - Yo no te había hablado de ellos, los conociste hace nada y todo por lo que pasó con tío Sirius y el enmascarado. -

- Hija, yo…-

- Antes de llegar aquí solo me relacionaba con niños de la misma mentalidad de mi padre…¿Te dije alguna vez como me aislaban? ¿Cómo se alejaban de mí? ¿Mirándome como si fuera un bicho raro al que no querían ni ver? - Chloe sintió que no iba a poder contener sus lágrimas por mucho tiempo. - ¡Incluso Draco insinuó una vez que me habían adoptado y que por eso no entendía las tradiciones de la familia! -

- ¿¡Dra-Draco dijo eso!? - inquirió Narcisa, asombrada. - Chloe, hija, no…no…-

- Nunca he tenido amigos, mamá, ¡nunca! - lloró Chloe. - Y papá estaba todo el tiempo insistiendo en que debía entenderme con ellos. ¿Ustedes realmente creían que iba a encajar en Slytherin? El sombreo me dijo que, aunque tuviera un linaje plagado de Slytherins yo tenía más cualidades de Gryffindor que de Slytherin. Yo…yo no quería decepcionarles y por eso me puse a discutir con él…no sabía qué hacer. Al final el sombrero se enfadó conmigo y me envió a Gryffindor porque…porque no había manera, no me decidía, así que al final él escogió a Gryffindor para mí. - con una mirada suave, Narcisa la abrazó. - Yo en ningún momento quería que estuvierais decepcionados de mí, pero…lo siento mamá…, no iba a soportar a esa gente. -

- Lo sé…- susurró su madre, dándole un beso en la frente y mirándola. - Escucha cielo, cuando escribí la carta tenía a tu padre dictándome todo lo que debía escribir. En todos estos años nunca había estado más insoportable, fue un completo dolor de cabeza hasta las navidades. Como creo que entenderás, no iba a escribir una carta apacible con tu padre más furioso que un ogro a mi lado. Sinceramente, yo esperaba que tuvieras presente lo que hablamos antes de que subieras al tren, ¿lo recuerdas? -

Los ojos de Chloe se abrieron de golpe. ¿Cómo pudo haber olvidado lo que le dijo su madre antes de partir hacia Hogwarts en el tren en su primer año?

"Hace mucho tiempo, cuando recibí mi Premio Anual, un sabio mago me dijo que no son nuestras habilidades las que definen como somos, sino nuestras elecciones."

"¿Qué significa eso, mamá?"

"En el apartado casas, esto que te acabo de decir se aplica de la siguiente manera: Más importante que la casa a la que representarás, está lo que harás en Hogwarts, es decir, tus acciones y las decisiones que tomes. Quiero que vayas allí, que te diviertas y aprendas todo lo posible mientras creces y te conviertes en una gran bruja. Recuerda, yo siempre te apoyaré."

"¿Incluso…aunque me pusieran en Gryffindor?"

"Bueno, nunca me ha gustado una casa donde hay gente que prioriza la valentía antes que el talento y el ingenio, pero…si esa llega a ser tu casa, no cambiará en absoluto lo mucho que te quiero. Es decir…son casas, es casi como los equipos de Quidditch, no tiene por qué pasar nada si terminas fichando por el eterno rival."

- Mamá…yo…-

- En parte tengo la culpa por no aclararte nada, - admitió Narcisa. A continuación, infló sus cachetes, lo que sorprendió e hizo reír a Chloe. - pero en serio, esperaba que mi querida hija recordara que su madre no la apartará a un lado porque esté en Gryffindor y porque tenga amigos en Gryffindor (Quiero decir, ¡es lo normal! ¡Si estas en Gryffindor evidentemente tendrás amistades de esa casa!). -

- Tienes razón, - dijo Chloe, secándose la cara. - perdóname mamá, no debería haber dudado de ti. Aunque es triste que ya no me pueda hablar con papá. -

- Solo dale tiempo, cielo. - dijo Narcisa, aunque no parecía muy segura de lo que decía. - Es un hombre difícil, pero creo que terminará asumiéndolo. -

- ¿Y si nunca lo asume? - preguntó Chloe con preocupación. - ¿Recuerdas lo que le pasó a tío Sirius? Toda la familia Black le repudió por años, incluso tuvo que irse de su casa antes de terminar sus años en Hogwarts. Mamá, ¿y si…? -

- No lo permitiré. - repuso Narcisa con seriedad. - Lucius se puede poner como quiera, pero yo nunca te abandonaré. Quiero decir, no has hecho nada malo ni cometido un delito grave, por Merlín. ¡Solo te han puesto en Gryffindor! -

Capítulo 62 - El cuarteto de oro

Era difícil de creer que por segunda vez el enmascarado había conseguido escapar de ella, ¿o era al revés? Mérula no sabía muy bien que pensar, especialmente si lo que se ocultaba tras aquella mascara era real. No se atrevía a sacar esa conclusión tan a la ligera, ya que ese individuo había demostrado poseer dotes para el engaño y la manipulación. No obstante, la manera de luchar que tenía le resultaba muy familiar, así como su actitud al final del enfrentamiento.

Cuantas veces había hecho frente en el pasado a alguien así, sufriendo constantes decepciones, pero todas y cada una de ellas solo la impulsaban a hacerse más fuerte y poderosa.

- ¿Realmente será él? - era todo en lo que podía pensar tras su último encuentro, mientras alcanzaba Hogsmeade como podía, ya que no conseguía concentrarse lo suficiente para aparecerse allí.

Había montado en el Autobús Noctámbulo, donde el estúpido asistente no dejaba de insistirle en que se acostara en una de las literas, mientras que ella no paraba de mandarle a la mie***. ¿Cómo se atrevía ese bueno para nada a darle órdenes a Mérula Snyde? Al final el autobús la dejó a las afueras del pueblo.

No solo estaba agotada por el intenso duelo que tuvo contra el misterioso mago, también estaba furiosa porque su oponente consiguió herirla, provocándole una fractura en la zona del soleo de su pierna derecha, además de una hemorragia externa en su brazo izquierdo (cerca del hombro), por lo que tuvo que vendarse las heridas ante la falta de díctamo. Tomó nota mental de preguntarle a Snape cómo realizar exitosamente el hechizo "Braquiam Emendo", porque ella no sabía muy bien cómo hacerlo, además de que en caso de hacerlo mal podía conllevar consecuencias fatales, según lo que había leído. Por otra parte, tampoco estaría mal conocer el maldito contrahechizo de la maldición con la que le había dañado el brazo.

También había caído en la cuenta de que no había dormido en toda la noche, lo que evidentemente no ayudaba.

Mientras pensaba en alquilar una habitación en las Tres Escobas para descansar, a Mérula le estaba mareando todo lo que había pasado en menos de doce horas. Desde luego fue frustrante encontrarse ante la sorpresa de que Sirius Black era en realidad un hombre inocente que fue injustamente encarcelado en Azkaban, justo cuando al fin había dado con el preso fugado (era decir adiós a la recompensa por su captura y posiblemente, hasta una Orden de Merlín). En principio no le habría importado encerrar a Black y cobrar el premio, pero el pensar en sus padres, estando en ese horrible lugar que era Azkaban le hizo reflexionar, ¿realmente merecía la pena?

Siempre se preguntó qué hubiera pasado si sus padres hubieran intentado fingir que fueron controlados por una maldición para cumplir la voluntad de Voldemort, como hicieron en su día los Malfoy. Esto le hizo pensar que sus padres no actuaron como auténticos Slytherins, pues actuaron por orgullo y jactándose de ser seguidores de Voldemort optaron por enfrentar a las autoridades. Esa estúpida actitud se asemejaba más a los estúpidos Gryffindors.

Pensando en los Malfoy, recordó que entre los funcionarios del ministerio se encontraba la esposa de Lucius Malfoy, Narcisa.

No podía decir que fuera un asco de persona como su marido, ella fue de hecho muy razonable. Le dijo en su día que, si intentaba algo para sacar a sus padres, entonces tendría que hacer lo mismo con el resto de los seguidores de Voldemort, lo cual sería un escándalo. Mérula no sabía muy bien como tomarse esa decisión. Por un lado, se resintió al tener la impresión de que Narcisa Malfoy solo quería salvar su propio pellejo al no atreverse (El que Lucius Malfoy fuera un seguidor de Voldemort en el pasado había quedado en un rumor, por lo que existían unas pocas voces dentro del Ministerio que no creían en la inocencia de Malfoy, por ende, esto manchaba la reputación de Narcisa). Por otra parte, estaba que la decisión de rebajar la condena a sus padres no dependía totalmente de ella, si no de lo que votaran la mayoría de miembros del Wizengamot. Era evidente que la mayoría no estarían de acuerdo de suavizar la pena de sus padres.

- Idiotas…- pensó Mérula, sintiéndose cada vez más agotada y preguntándose porque pensaba tanto en unos padres que poco a poco estaban perdiendo la cabeza en prisión y olvidando que tenían una hija.

A medida que avanzaba por la calle encontró que el ambiente estaba bastante movido. Algunas casas tenían marcas de arañazos y destrozos, como si hubieran dejado escapar a una bestia de su jaula. ¿Qué habría pasado? Cuando se puso a pensar en ello varias personas que estaban caminando por la calle empezaron a mírala con susto y preocupación.

- ¡Eh, muchacha! - le dijo un mayor de sombrero picudo desde la tienda de mascotas. - ¿Estás bien? -

- Cállate…- gruñó Mérula con testarudez.

- A lo mejor es que a ella le atacó el lobo. - dijo una bruja bajita.

- ¿¡Que!? - chilló un hombre a su lado. - Eso quiere decir que…-

- ¿De qué diablos estáis hablado? - inquirió Mérula, sintiéndose tonta al reaccionar ante la estupidez de los habitantes del pueblo. - Por si no lo habéis notado, acabo de llegar, ¡idiotas! -

- ¿Cómo te sientes querida? - preguntó la señora bajita, acercándose hacia ella. - ¿Has sufrido alguna reacción extraña durante la noche? -

- ¿Te ha mordido? - preguntó un joven directamente, haciendo que los demás miraran a Mérula con caras de terror y pena.

- ¡No me ha atacado ningún hombre lobo! - bramó Mérula, blandiendo su varita para obligar a la bruja a retroceder. - ¡No se acerquen a mí, panda de chiflados! ¡Dejadme en paz! - siguió su camino e ignoró los bufidos de indignación por parte de los habitantes. No quería compasión por parte de nadie, estaba de tan mal humor que no le importaba nada sus estúpidas quejas, a pesar de estar herida. Tras esto nadie más se acercó a ella, tomándola por loca.

Su único deseo era saber si quien se ocultaba tras aquella mascara de serpiente era en realidad la persona más importante de su vida, y parte de ella anhelaba que así fuera, porque así, con más razón le partiría la nariz de un puñetazo.

- Maldita sea, - pensó ella. - ni siquiera pude traer conmigo una poción herbovitalizante, esta vez me ha puesto en muchos problemas…-

La visión empezaba a fallarle, y no sabía con certeza el porqué. Quizás se debiera a la falta de descanso y a la pérdida de sangre, no estaba segura. Se apoyó en una pared, deteniéndose poco a poco. Todo lo que pudo distinguir una vez se desplomó contra el suelo fue a un sapo verde que llevaba una bomba fétida atada a la espalda.

- ¿De…Dennis? - susurró Mérula, antes de perder el conocimiento.

No sintió nada más allá de la brisa, y el croar del sapo Dennis. Poco después tuvo la sensación de que se elevaba por el aire, flotando como una pluma liviana, incapaz de obligar a su cuerpo a moverse. ¿Qué estaba pasando? No podía saberlo con certeza. Solo le quedaba ser paciente hasta recuperar el gobierno de su cuerpo.

Entonces por su cabeza empezó a visualizar imágenes del duelo que había tenido con el enmascarado. Se aparecieron en lo más alto de la Torre Eiffel, que se encontraba en Londres. Fue una suerte que ningún muggle los viera batirse en duelo, porque entre los dos se lanzaron muchos hechizos que bien podrían haber confundido con aquellas luces explosivas que los muggles usaban en celebraciones (los fuegos artificiales). De no haber sido así lo que por lógica debería haber ocurrido es que se hiciera alusión al duelo en algún artículo de "El Profeta", cosa que tampoco le disgustaría.

Con cada movimiento, con cada acción, aquel estilo de lucha…eran muy familiares, y Mérula lo veía con cada vez más claridad. La pregunta quizás era: ¿Por qué?

¿Como había llegado a esa situación? Si le hubieran dicho que John se iba a sacrificar por ella cuando ambos hicieron frente a Sokolov y que el resultado iba a ser peor de lo que imaginaba, hubiera preferido mil veces saltar y sacrificarse ella por él, o por el contrario morir en esa bóveda. Todo eso antes que asumir lo que realmente le había pasado.

- ¿Cómo es posible? - pensó, luchando contra si misma por aceptar la realidad. - Pero, pero él no puede…-

Quería pensar que todo era una alucinación creada por ese hombre con mascara, que lo que se ocultaba tras esa figura no era él. Pero el parecido era tal que, le resultaba irrefutable.

- John…- pensó, sintiendo como unas lágrimas resbalaban por sus mejillas. - ¿Por qué John? ¿Qué diablos te ha pasado? -

…..

Poco después de que Harry abandonara el despacho de Dumbledore, este le pidió a Hermione que acompañara a Sirius hasta la entrada a los terrenos del castillo, donde en unos minutos se presentaría un vehículo para llevarle a San Mungo. Por supuesto no iban a pasear por los pasillos como si nada, después de todo, Sirius seguía siendo a ojos de los demás un asesino fugado de Azkaban. Es por eso que él tenía que ir oculto bajo una capa invisible que Dumbledore le había prestado (Hermione pensó que no tenía la misma calidad y aura misteriosa que tenía la capa de Harry, pero que al fin y al cabo era útil por el momento).

La idea era no levantar revuelo entre los estudiantes y el resto de docentes que pudieran estar circulando a plena luz del día mientras Sirius se dirigía a la entrada de la escuela.

Durante el trayecto, Hermione pensó que estaba viviendo una de sus mañanas más movidas. Si se ceñía a que ya no tenía el Giratiempo, que no había más exámenes y clases a las que acudir y que el resto de días hasta el regreso al mundo muggle eran de puro ocio (Estaban pendientes de celebrar el fin del curso y ser testigos de una nueva victoria para Gryffindor con la Copa de las Casas; además de la graduación de los alumnos que terminaban su séptimo curso, como era el caso de Percy).

Sin embargo, entre la alegría que suponía la próxima puesta en libertad de Sirius, estaba la tristeza de saber que el profesor Lupin, quien indudablemente era el mejor profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que había tenido en tres años, no iba a seguir, y todo por su condición como Licántropo (y que la noticia se extendiera como la pólvora, siendo un escándalo). Hermione podía entender perfectamente los sentimientos de Harry. Ya no solo era perder a un profesor más que decente, sino que no vería en Hogwarts a quien fue uno de los mejores amigos de su padre.

Durante el camino a los terrenos decidió no hablar con Sirius, especialmente porque se vería muy raro verla hablando sola (a ojos de los demás). De vez en cuando le susurraba para saber si la estaba siguiendo, a lo que él con discreción respondía positivamente. Cuando ambos alcanzaron el vestíbulo, Hermione se encontró con Ron.

- Aquí estas, - dijo Ron, frunciendo el ceño. - ¿Por qué has tardado en bajar? ¿y donde está Harry? -

- Bueno, - suspiró Hermione. - lo que sucede es que Harry preguntó por el profesor Lupin y…-

- Ah…eso. - dijo Ron con tristeza. - Si, ahora que estaba allí dentro la gente no paraba de hablar del tema (¡Incluso los fantasmas!). Aun así, Lupin debería entrar un momento al Gran Comedor y ver la reacción. La mayoría están tristes por su dimisión, a excepción de esas malditas serpientes. - añadió con disgusto. - Por supuesto, como te puedes imaginar esta gente lo está celebrando, especialmente Parkinson. Se ha pasado todo el año repitiendo machaconamente que Lupin va con harapos, que siempre está enfermo, que alguien así no vale para ser profesor, que…-

- Hermione, - dijo Sirius de repente. - será mejor que salgamos de aquí, porque estoy a punto de entrar en ese comedor…¡y mostrarme ante esa mesa de víboras como el loco asesino que supuestamente soy! -

- ¿¡E…él está aquí!? - inquirió Ron. - ¿¡Estáis locos!? ¿¡Tienen la más mínima idea de que pasará si le descubren!? -

- ¡Shhhh! - masculló Hermione, en voz baja. - Si, ya lo sé, por eso está bajo una capa invisible. Mejor vámonos afuera, antes de que haga algo tonto. - Sirius bufó molesto.

A través de la entrada del Gran Comedor, varios estudiantes comenzando a mirarlos raro, lo que empujó a Hermione y Ron a llevarse a Sirius lo antes posible fuera del castillo. Una vez atravesaron las puertas, Hermione se llevó una auténtica sorpresa. Desde hacía meses que el día no brillaba tanto. No había rastro de nubes oscuras ni de un extraño frío atosigándoles. Este fenómeno era la clara consecuencia de tener a los Dementores muy lejos de Hogwarts y sus terrenos.

- Por fin…- pensó Hermione, llevándose una mano a la frente para hacer sombra.

Los tres atravesaron el patio y caminaron por el puente de madera, disfrutando del agradable ambiente que les rodeaba. El sol resplandecía radiantemente, era un día magnifico y, sin embargo, no había tanta gente como debería haber. En el Lago, Hermione pudo distinguir a Fred y George pescando encima de un bote (lo cual miró con desaprobación, ¿Qué hacían esos dos cogiendo un bote sin permiso?); también visualizó a Hagrid, quien jugaba en el huerto de su cabaña junto a Fang y Buckbeack (el hipogrifo se había hecho muy amigo de ambos) y aquellos pájaros y hadas que se mantuvieron ocultos durante casi todo el año volvían a salir y volar alegremente por los terrenos.

- Ahora que lo pienso, - dijo ella de repente, mirando a Ron. - ¿Chloe no estaba contigo? -

- Si, - dijo Ron. - pero entonces apareció Ginny y le dijo que su madre seguía merodeando por el castillo. Parece que cuando están en casa no hablan demasiado. -

- De seguro que ella lo está pasando mal en su casa desde que está en Gryffindor. - dijo Sirius de repente. - Lo más probable es que cuando está allí pasa las vacaciones encerrada en su habitación, contando impacientemente los días restantes antes de volver a Hogwarts…-

- Es difícil de saberlo, - dijo Hermione. - no nos ha contado mucho sobre sus vacaciones, salvo que hizo sus deberes, practicó magia y entrenó para ser golpeadora. -

- ¡Wow! ¿Mi sobrina quiere jugar al Quidditch? - dijo Sirius, mostrando su rostro. - Caray, quien lo diría, ojalá que le vaya mejor que a Narcisa…-

- ¿Qué pasa con la señora Malfoy? - le preguntó Ron.

- Bueno, - sonrió Sirius. - Narcisa es seguidora del Quidditch, y de las Montrose Magpies…-

- Oh, mira por donde, - bufó Ron, rodando los ojos. - apuesto a que es seguidora de las Urracas solo porque son el equipo más laureado de la historia de la Liga. -

- También tienen dos Copas de Europa. - añadió Hermione.

- Cállate. - gruñó Ron.

- Será mejor que Minerva no te escuche, - se río Sirius. - ella es seguidora acérrima de las Magpies. -

Ron soltó un bufido. - Vale, - dijo de mala gana. - ahora, ¿porque esperas que a Chloe le vaya mejor que a la señora Malfoy? -

Sirius volvió a ocultar la cabeza bajo la capa, por si le veían atravesando el puente. - Porque Narcisa nunca ha jugado al Quidditch. - respondió.

- ¿Y eso? - se extrañó Ron.

- Cuando era pequeña su hermana mayor le gastó una broma muy pesada. - explicó Sirius, haciendo una mueca. - Tras completar su primer año en Hogwarts, Narcisa quiso practicar con su escoba porque quería entrar al equipo de Quidditch de Slytherin en su segundo año, pero…cuando voló por unos minutos repentinamente la escoba se elevó hacia arriba, sin detenerse por nada. Narcisa intentó recuperar el control de su escoba, una y otra vez, pero fue inútil, y en un momento dado ella se resbaló y cayó desde los cielos, mientras que la escoba se perdió entre las nubes. -

- ¡Dios mío! - exclamó Hermione, llevándose las manos a la boca y recordando como en su primer partido de Quidditch Harry había perdido el control de su escoba por culpa de Quirrell.

- Podría haber muerto de no ser porque su padre la salvó, - añadió Sirius. - desde ese día Narcisa no quiso volver a montar una escoba en su vida, por lo que se dedicó a ir a los partidos para disfrutar de ellos como una seguidora del Quidditch más. -

- Vaya, - suspiró Hermione. - por un momento pensé que le daba miedo el volar en escoba (un poco como a mí), pero lo suyo está más que justificado. ¿A quién le apetecería volver a montar en una escoba después de caer desde los cielos? -

- ¿A Harry? - sugirió Ron.

- ¿Eh? - farfulló Hermione. - Bueno, sí, pero es Harry. Él es…un caso muy especial. -

- Desde luego, - repuso Sirius. - mi ahijado es una auténtica caja de sorpresas. Con lo hábil que es no podemos descartar que algún día consiga alcanzar el nivel de Dumbledore. -

- ¿Tú crees que llegue tan lejos? - preguntó Hermione, entendiendo el pronóstico.

- Tiene un potencial increíble. - dijo Sirius, en tono orgulloso. - Nunca he visto a un chico de trece años con semejante poder mágico. Creo que lo único que necesita es aprender a controlar ese temperamento que tiene. -

- En eso tienes toda la razón. - suspiró Ron.

- Él suele ponerse así con todo lo que está relacionado con…Vol-Voldemort. - dijo Hermione, intentando perder el miedo y resquemor que sentía hacia ese nombre.

- ¡Hermione! - exclamó Ron. - ¿Tú también? -

- Bien echo, - dijo Sirius con aprobación. - no hay que temer al nombre de ese desgraciado. Empiezo a entender porque mi ahijado está tan unido a ti. -

- Bueno, es mi mejor amigo, - respondió Hermione, con una sonrisa. - y ese…ser le arruinó la vida. Por su culpa Harry no está teniendo una vida normal (dentro de lo que es "normal" entre brujas y magos). -

- Eh, - dijo Ron, señalando el Circulo de Piedra. - ¿no es Chloe la que está allí? -

Alzando la vista, Hermione pudo visualizar que en el Circulo de Piedra estaban Chloe y su madre. Parecían estar en medio de una plática muy divertida, y por la manera en la que Chloe movía los brazos Hermione pensó que estaban hablando de Quidditch y de golpear Bludgers.

- ¡Algún día conseguiré alcanzar el nivel de golpeo de Erika Rath! - dijo Chloe con entusiasmo a su madre.

- Si sigues entrenando con ganas de seguro que lo consigues. - asintió Madame Malfoy, riendo.

- Vaya, - dijo Sirius, destapando su cabeza. - pero si es ni más ni menos que la jefa de los Servicios Administrativos del Departamento de Seguridad Mágica. -

- ¡Chicos! - dijo Chloe, volviéndose y sonriéndoles.

- Hola Sirius, - le saludó Madame Malfoy secamente, volviéndose para mirarle. - veo que no has sido tan tonto como para salir del despacho de Albus y pavonearte por el castillo. Por un momento pensé que los estudiantes huirían despavoridos tras ver a un "psicópata asesino de masas". -

- ¿Así describes a un tipo tan atractivo? - se burló Sirius.

Madame Malfoy frunció el ceño. - Serás atractivo, - dijo. - pero entre calaveras decrepitas. Definitivamente Azkaban no te ha sentado bien. -

Sirius se encogió de hombros. - ¿Y que esperabas? - dijo, haciendo una mueca. - Han sido doce años pudriéndome en una asquerosa celda. Al menos no he perdido la cabeza…Por cierto, me olvidé de darte las gracias, cuando estábamos con Dumbledore y los demás. -

- ¿Por qué me lo agradeces? - preguntó Madame Malfoy, frunciendo el ceño.

- Yo…- suspiró Sirius. - pensé que harías todo lo posible por encerrarme de nuevo…-

- ¿Y porque piensas eso? -

- Porque Lucius es tu marido, - señaló Sirius. - podrás defenderle todo lo que quieras Narcisa, pero yo he visto en primera persona lo que él es…y también lo manipulador que puede llegar a ser. -

Madame Malfoy desvió la mirada. - Mira, - dijo en tono enfadado. - si vas a hablar así de mi marido mejor vete. Lucius ya me dejó en claro que él fue controlado por "quien tú sabes" y que, aunque compartiera gran parte de sus ideas, en ningún momento planeaba ser un seguidor suyo. Lucius será muchas cosas (y a veces puede llegar al punto de ser un idiota) pero no es ningún criminal. -

- No es lo mismo que he escuchado mientras estaba en Azkaban. - dijo Sirius. - ¿Sabes lo que piensan allí de él? ¿De ti? Insisten en que le estas encubriendo. -

- Si hiciera algo así, - dijo Madame Malfoy, apretando un puño. - en estos momentos estaría haciendo todo lo posible por dejarte otros doce años en Azkaban…-

- Yo solo te cuento lo que he escuchado y he visto, - repuso Sirius. - no hace falta que te enfades. -

- Bueno, no me esperaba menos de Azkaban y sus prisioneros. - suspiró Madame Malfoy, mientras Chloe sostenía una de sus manos. - Muchas de esas personas intentaron reclutarme para la causa de "quien tú sabes" en el pasado. Yo…escogí mi camino. -

- Mamá capturó a algunos de ellos hace años. - comentó Chloe con orgullo. - Es normal que digan cosas horribles de ella, como se ha encargado de encerrarles allí pues hay que repetir incansablemente lo "mala" y "cruel" que es. - añadió con sarcasmo.

Madame Malfoy se río un poco. - Bueno, - dijo. - se presentó la situación hace once años y me tocó ser partícipe de la captura de varios de los seguidores restantes de "Quien vosotros ya sabéis". -

Hermione no lograba entender del todo bien lo que sucedía entre los Malfoy. Por un lado estaba Lucius Malfoy, quien no había ocultado en ningún momento su deseo de ver a los nacidos de muggles sometidos unas vez más (según lo que le explicó Harry cuando se perdió por el Callejón Knockturn, y por como miraba a sus padres cuando visitaron Flourish & Blotts); Draco había seguido inicialmente los pasos de su padre, aunque siendo más infantil al actuar como un idiota (reaccionando positivamente a finales del año anterior); Chloe resultó ser una chica graciosa, valiente y buena amiga, quien no compartía los mismos ideales de su familia…

En cuanto a Madame Malfoy, para nada esperaba descubrir que ella desempeñaba una función de alta importancia en el Ministerio. Con la inmensa fortuna que debía de tener por la herencia de su familia, alguien así no tendría la necesidad de trabajar. Sin embargo, allí estaba, ejerciendo una función importante dentro del Departamento de Seguridad Mágica. ¿Sería cierto que Lucius Malfoy no era tan mala persona? ¿O acaso Madame Malfoy tenía una idea equivoca de qué clase de persona era su marido?

- Mi padre me dijo una vez que hay personas que desconfían de usted. - comentó Ron.

- ¿Qué? - Madame Malfoy arqueó las cejas.

- La mayoría de ellos son los mismos que no confían en su marido, - aclaró Ron. - piensan que él se ha hecho el inocente y ha utilizador sus influencias para eludir su ingreso en Azkaban. -

- ¿A caso estás insinuando que Lucius…? -

- Al menos deberías vigilarlo de cerca. - dijo Sirius, y antes de que Madame Malfoy se enfadara de nuevo añadió: - Como mínimo asegúrate de cómo es él en realidad, porque después de doce años escuchando a esos desgraciados como despotricaban contra él daba la extraña sensación de que él si servía conscientemente a Voldemort. - ella se quedó callada, desviaron la mirada. Parecía que en realidad si le preocupaba lo que envolvía a su marido. - También los escuché hablar mal de ti. Se sentían traicionados, como si alguna vez hubieras formado parte de su maldita banda. -

- Esa siempre fue la expectativa hacía mí, ¿no? - suspiró Madame Malfoy. - Pues bien, como has podido comprobar aquí estoy, en un día maravillosos a la espera del coche que me llevará de vuelta a la oficina. -

- Está bien, - dijo Sirius. - no voy a insistir más en ello. Pero como mínimo piénsalo…-

Madame Malfoy no respondió, y ante la tensión por la que acababa de pasar la conversación Chloe decidió cambiar de tema.

- Ojalá que este próximo curso puedas darte una vuelta por Hogsmeade, - dijo. - al menos para desconectar un poco. Pasas mucho tiempo encerrada en tu despacho, mamá. -

- Bueno…- dijo Madame Malfoy en tono misterioso. - puede que lo haga… -

- ¿Y eso? - preguntó Sirius.

- Ahora no, - dijo ella rápidamente. - en unos meses lo sabréis. -

- ¿De que estará hablando? - preguntó Ron a Hermione.

- No lo sé, - respondió ella. - pero me da la sensación de que va a ser algo importante. -

- Caray, es difícil de pensar que alguien con tanto dinero y prestigio tenga la necesidad de trabajar. -

- ¿Por qué es difícil de pensar? - preguntó ella. - Quiero decir, es una bruja muy talentosa, y ha hecho méritos para estar donde está. Si quiere trabajar pues que lo haga. -

- Bueno, - farfulló Ron. - no me mal intérpretes, me parece bien que no sea una buena para nada como el patán de su marido. Pero honestamente, con tanto dinero yo invertiría mi tiempo en otras cosas. -

- ¿Cómo qué? -

- No sé, ¿comprar mi propia Saeta de Fuego? ¿viajar por el mundo para jugar partidas de ajedrez mágico con otros jugadores? ¿acudir a los partidos de Quidditch de los Chudley Cannons? (¡A ver si como mínimo nos clasificamos para la QEF Champions League!) ¿Comer todo lo posible? Cielos, la verdad es que hay mucho que podría hacer…-

- Eso es lo que harías tu Ronald. - se río Hermione.

…..

Harry no podía creerlo. ¿Por qué? ¿Por qué el mejor profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que había tenido hasta la fecha tenía que irse? Y no le importaba en lo absoluto que fuera un hombre lobo, tenían a un fantástico profesor y su condición no tenía que ser un problema si se tomaban medidas. No se detuvo hasta alcanzar el pasillo del tercer piso.

La puerta del despacho de Lupin estaba abierta, ya había empaquetado la mayor parte de sus cosas. Junto a un depósito vacío, la maleta vieja y desvencijada se hallaba abierta y casi llena. Lupin se inclinaba sobre algo que había en la mesa y sólo levantó la vista cuando Harry llamó a la puerta.

- Te he visto venir. - dijo Lupin sonriendo. Señaló el pergamino sobre el que estaba inclinado. Era el mapa del Merodeador.

- Acabo de estar con Sirius y los profesores…- jadeó Harry. - Me han dicho que usted ha presentado la dimisión. No es cierto, ¿verdad? -

- Me temo que sí…- respondió Lupin. Comenzó a abrir los cajones de la mesa y a vaciar el contenido.

- ¿¡Por qué!? - inquirió Harry, alterado. - ¡Si no fuera por su intervención, no habríamos capturado a Pettigrew! ¡Sin usted, Sirius seguiría siendo considerado culpable! Es usted el mejor profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que hemos tenido, tuvimos que aguantar a dos inútiles antes de su llegada y para una vez que tenemos no solo a uno decente, si no al mejor…se tiene que ir…- se puso cabizbajo. - Quizás…quizás tuvimos que intentar buscarle en el bosque durante la noche…-

- No Harry...- dijo Remus, acercándose a Harry y cogiéndole de los hombros. - hicieron lo correcto…Yo jamás hubiera querido haceros daño, ni como licántropo, ni como hombre. Lo más importante es que al final descubrimos la verdad y capturamos al verdadero culpable. Puede que ya no sea tu profesor, y si, echaré de menos serlo, pero…si así Sirius (quien en verdad era inocente) pasa a ser un hombre libre entonces, habrá merecido la pena…- sonrió afablemente. - Si de algo estoy más que orgulloso es de todo lo que has aprendido este año, eres un gran estudiante. Y…- titubeó, y a continuación le entregó también el mapa del merodeador. - ya que no soy profesor tuyo, no me siento culpable por devolverte esto. Aunque fue una autentica temeridad lo que hiciste, debo reconocer que eso mismo hubiera hecho tu padre. - parecía muy feliz, recordando al padre de Harry. - A mí ya no me sirve, y me atrevo a creer que tú y tus amigos le encontraréis utilidad. -

Harry cogió el mapa y sonrió. - ¿Cree que los merodeadores se sentirían orgullosos de mí…por ser como soy? - preguntó.

- Por supuesto. - dijo Lupin, mientras cerraba la maleta. - Mas si tenemos en cuenta esa temeridad que tienes. Aún recuerdo como tu padre solía tacharme de ser un aferrado a las reglas. - se rio un poco.

- No soy tan temerario como piensa. - dijo Harry en tono divertido. - Suelo respetar las normas (más que Fred y George seguro) y normalmente las rompo si la situación así lo requiere. Aunque sí, reconozco que últimamente he sido más temerario…- añadió, rascándose la nuca.

Alguien llamó a la puerta. Harry se guardó rápidamente en el bolsillo el mapa del merodeador. Era el profesor Dumbledore.

- Hola Remus, - dijo él, con una sonrisa afable. - me acaban de decir que el coche está en la puerta. Hace unos minutos envié a Sirius a la entrada, ahora mismo debe estar allí. -

- Gracias, señor director. - dijo Lupin, cogiendo su vieja maleta y el depósito vacío.

- ¿Puedo acompañarle hasta la salida? - preguntó Harry a su director. - Me gustaría despedirme del profesor Lupin y de Sirius. -

- Por supuesto, Harry. - dijo Dumbledore, guiñándole un ojo.

Harry ayudó a Lupin con el depósito vació, y juntos bajaron por las escaleras hasta el vestíbulo, donde encontraron a algunos estudiantes despidiéndose de Lupin, y lamentando su dimisión (este les respondió con amabilidad, afirmando que fue todo un honor ser su profesor). Una vez pasaron por la fuente del patio nadie les siguió el paso, y así fue hasta llegar al Círculo de Piedra.

Siguieron el camino con lámparas de exterior en cada lado hasta alcanzar la entrada a los terrenos, donde se encontraban las suntuosas verjas de hierro flanqueadas por columnas de piedra coronadas por estatuillas de cerdos alados que vio a principios del curso escolar. Allí, se encontraban Sirius, Ron, Hermione, Chloe y sorprendentemente, Madame Malfoy.

- Os mandaré un mensaje próximamente. - dijo Sirius al grupo. - Estoy en deuda con todos vosotros. Jamás olvidaré lo que hicisteis por mi…-

- Oh, no fue nada…- dijo Ron, colorado.

- Esperemos que todo esté en orden lo antes posible, Sirius. - dijo Hermione con una sonrisa.

- Lo estará, - repuso Madame Malfoy. - aunque la reputación de nuestro Departamento quedará en entredicho tras esto. -

- Siempre podemos culpar a Cornelius, ¿no? - se burló Sirius. Miró a Chloe y añadió: - Espero que tú también me escribas. -

- Solo si tú también lo haces, - sonrió ella. - y no, las cartas no incluyen bengalas del Doctor Filibuster. -

- ¿Ah no? - dijo Sirius. - ¡Pues las mías si! - y todos se rieron, a excepción de Madame Malfoy, quien frunció el ceño.

- ¿Sirius? - dijo Lupin.

Sirius asintió, se acercó a él y le dio un abrazo amistoso. - No te deprimas amigo mío. - dijo en tono jovial. - Ahora que seré libre podré ser de mejor ayuda para ti. Juntos saldremos de esta, como siempre hemos hecho. -

- Lo primero es tu recuperación. - dijo Lupin con tranquilidad. - Y…no quiero ser una carga para ti. -

- ¿Una carga? ¿Para mí? Venga ya, soy Sirius Black, puedo con esto y más. - declaró Sirius en tono presumido. Se acercó a Harry y dijo: - Bueno Harry, esto es todo por ahora. Oh, y casi se me olvida…- metió su brazo dentro del bolsillo interno de su chaqueta americana y sacó un objeto que sorprendió mucho a Harry. - En agradecimiento por lo que has hecho por mí, me gustaría darte esto. -

Harry no podía creerlo. Sirius le acababa de entregar un lingote de oro con el emblema de Gryffindor, el cual era idéntico al que encontró cerca de la entrada a la Cámara de los Secretos.

- ¿Dónde lo has encontrado? - preguntó, guardando rápidamente el lingote en el bolsillo interno de su túnica para que nadie lo viera.

- He estado todo este tiempo oculto en la Casa de los Gritos, - explicó Sirius brevemente. - por lo que a veces me distraía escarbando en el sótano del lugar. Hubo un día donde vi algo brillante (la verdad es que me entretuve mucho, estaba bastante frustrado por mi intento fallido de matar a Peter) y cuando terminé de escarbar me encontré esto. En un principio pensé en guardarlo hasta venderlo en una casa de objetos de valor, pero teniendo en cuenta lo que hiciste por mí el verano pasado y lo que has hecho hace nada, dándome la oportunidad de limpiar mi nombre, desde luego que me lo he pensado mejor. -

- Gracias Sirius. - dijo Harry con una sonrisa.

- De nada. - sonrió Sirius, acariciando el cabello azabache de Harry. - En fin, es hora de irnos, pero estoy seguro de que muy pronto nos volveremos a encontrar…prométeme que serás "un buen chico". - añadió, guiñándole el ojo.

Harry le dio un abrazo amistoso. - Hasta nuestro próximo encuentro. - dijo. Miró un momento a Lupin y añadió: - ojalá algún día pueda volver a impartir clases, profesor. -

- Aunque me gustaría la idea de volver en un futuro, - admitió Lupin de un suspiro. - veo muy difícil que eso suceda. Especialmente tras este último episodio…-

- ¡Tonterías! - se quejó Sirius. - Algún día asumirán que fuiste el mejor profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que ha tenido este colegio en años. -

- Después de tres años, - sonrió Hermione. - ha estado bien tener a un buen profesor en el puesto para variar. -

- Si, - repuso Ron, rodando los ojos. - hemos tenido a un tartamudo al que le daba miedo los vampiros y decoraba la clase con ajo y a un fanfarrón que iba por la vida de héroe pero que al final resultó ser un farsante. -

- Vaya, - dijo Lupin con sorpresa. - si ese es el historial espero que mi sustituto esté a la altura de lo que Hogwarts necesita. -

- ¡Ojalá le vaya bien profesor! - dijo Chloe, deseándole suerte. - He aprendido mucho este año gracias a usted. -

- Todos vosotros sois alumnos muy talentosos en la materia, - alabó Lupin. - espero que en los próximos años mantengáis esta dinámica. Eso sí, sin olvidas el resto de asignaturas. - los jóvenes asintieron.

Tras guardar sus maletas y el resto de las pertenencias en el coche, Sirius y Remus se despidieron de todos ellos y se subieron en la parte trasera. En pocos minutos se alejaron de Hogwarts por la carretera.

- Hasta nuestro próximo encuentro…- pensó Harry, viendo como las verjas de la entrada se cerraron una vez el coche se perdió de vista.

Poco después apareció otro coche, muy parecido al que Harry y los Weasley usaron el año anterior para ir a la estación de Kings Cross. Este llevaba el logotipo del Departamento de Seguridad mágica.

- Bueno, - suspiró Madame Malfoy, mirando a su hija. - será mejor que vuelva al Ministerio. Tenemos que preparar el juicio de Sirius. - miró un momento a Harry y dijo: - ¿Potter? -

- ¿Sí? - preguntó este.

- He escuchado muchas cosas de ti en estos tres últimos años, - dijo ella. - como que eres uno de los estudiantes más talentosos que ha pasado por esta escuela. Mi hija tiene una buena impresión de ti. -

- Oh, - Harry sintió que se ruborizaba. - gra-gracias. - miró un momento a Chloe, solo para verla ponerse roja.

- También he podido confirmar esos rumores sobre tu tendencia a involucrarte en situaciones peligrosas, - añadió Madame Malfoy, mirándole con seriedad. - cómo ha sido el caso de Sirius. Considero que habéis sido muy afortunados de que la situación no empeorara (sobra decir que estaremos atentos a los movimientos de ese enmascarado). Entiendo que eres amigo de mi hija y es por eso que tengo que pedirte que…-

- ¡No es justo! - dijo Chloe de repente. Harry, Ron y Hermione la miraron. - Ya te dije que Harry no se mete en problemas porque él quiera, los problemas llegan a él por sí solos. -

- Eso es verdad. - pensó Harry, frotándose la nuca nerviosamente. - Sin embargo, a una gran parte de mí le gusta estos malditos problemas, siempre que involucren a sujetos poderosos a los que enfrentar…¡Agh! ¡Quiero enfrentar de nuevo a ese cabr*n con mascara de serpiente! -

- Te lo voy a preguntar una sola vez, hija. - dijo Madame Malfoy. - ¿Hasta qué punto es importante para ti seguir a estos chicos? -

Chloe se puso un poco nerviosa, pero respondió: - Ellos me ayudaron mucho a sentirme cómoda en Gryffindor, incluso antes cuando los conocí en el Callejón Diagon. Me han ayudado mucho y he aprendido mucho de ellos (en especial de Harry, ¿sabías que conoce una gran variedad de hechizos de combate mágico?). -

Madame Malfoy suspiró. - Por un lado, quiero que seas feliz, pero… - dijo. - por otra parte, también has adoptado esa tendencia a meterte en problemas. Mira, solo te voy a pedir que procures no involucrarte demasiado en esos problemas. -

- Haré lo que pueda. - dijo Chloe con sinceridad.

- Por otra parte, - añadió Madame Malfoy. - debo reconocer que estás con un grupo muy interesante académicamente hablando. Me alegro de que te ayuden en los estudios, desde luego tus notas reflejan que le has puesto empeño. -

- ¿¡Ya salieron las notas!? - chilló Hermione.

- El profesor Dumbledore fue muy amable de permitirme saber las de mis hijos. - repuso Madame Malfoy con una sonrisa. - En fin, como iba diciendo, una cosa no quita la otra, quiero que tengas más cuidado. Bueno, - carraspeó un poco. - es difícil de pedir esto si recuerdo una vez más que Hogwarts siempre está lleno de misterios. -

- Chloe es una gran duelista. - intervino Harry. - Ha aprendido muy rápido, y es importante prepararse para lo desconocido, ¿no cree? -

- Al parecer estamos de acuerdo en eso, señor Potter. - dijo Madame Malfoy, dirigiéndose a la salida. - Sin embargo, - añadió, acomodándose el pelo. - os voy a pedir que evitéis todo lo posible esos problemas y os centréis en estudiar. Sobre todo, si tenéis interés en trabajar para el Ministerio en un futuro próximo. Oh, y si te lo preguntas, si, esto es perfectamente extrapolable al Quidditch, Chloe. - añadió, haciendo que su hija hiciera un mohín. Salió por la verja y subió al coche, donde a los pocos minutos se perdió de vista por la carretera.

Los cuatro se miraron y se dieron la vuelta para caminar en dirección al Círculo de Piedra. El día era estupendo, y sin nada más que hacer antes de que se celebrara la ceremonia de Graduación de los alumnos más mayores y la entrega de la Copa de las Casa, Harry se preguntaba que podían hacer, mientras asimilaba el toque de atención que le había dado Madame Malfoy.

- ¡Vamos! - se quejó. - Chloe tiene razón, los problemas me buscan a mí. Es como lo de ayer, que fue casual. Ni siquiera sabía que…-

En realidad, si lo sabía. Quizás no el cómo, pero la advertencia de la profesora Trelawney seguía allí, y lo más preocupante era que había estado acertada. ¿Eso quería decir que el enmascarado se había reunido con Voldemort? Era difícil de saberlo, menos porque aún no había noticias de Snyde.

- ¿Qué querías decir, Harry? - le preguntó Hermione.

- No, nada. -

- Bueno, - razonó Ron. - es normal que la señora Malfoy diga algo así. Es decir, ¿a qué clase de madre le gusta la idea de que su hija se meta en problemas? -

- ¿Sugieres que le diga a tu madre en los líos que te metes al seguirme? - preguntó Harry, arqueando las cejas. - Ahora que lo pienso, ¿debería hacerlo? Siempre les pido que se abstengan de seguirme cuando tengo claro que voy a meterme en problemas gordos, pero…-

- ¡Ni de broma! - exclamó Ron. - Mi madre se volvería loca si lo supiera, y me tendría cortando el césped del jardín por semanas, ¡y sin magia! -

- Bueno, - añadió Hermione, sonriendo. - tampoco se te da muy bien usar el encantamiento seccionador, así que... -

- ¡Cállate! - gruñó Ron. Chloe se río a carcajadas.

- Al menos ahora puedo estar más tranquila. - dijo ella, muy feliz. - Estuve meses pensando en esa dichosa carta, pero ahora sé que no va a pasar nada. -

- ¿Por qué te preocupaba tanto esa carta? - le preguntó Ron.

- Pensé que mi madre me alejaría de Hogwarts una vez se enterara de quienes son mis amigos, - respondió Chloe. - pero ha sido todo lo contrario. ¡Es genial! -

- Tu madre realmente me ha sorprendido, - confesó Hermione. - debo admitir que me esperaba otra cosa. -

- Si, - resopló Chloe. - todo gracias a la primera impresión causada por mi padre…- miró a Ron y dijo: - Y supongo que sigues pensando que soy como él… -

- Hm…bueno…- murmuró él, sonriendo. Chloe lo miró mal. - Es broma, a diferencia de tu padre tú eres guay. -

Las mejillas de Chloe se pusieron rojas. - ¿De…de verdad lo crees? -

- Claro, - repuso Ron. - hemos gastado muy buenas bromas juntos, y además…Si alguna vez el idiota de tu hermano me pilla diré que fuiste tú. -

- ¡Ronald! - se quejó Chloe, dándole un golpe en el brazo mientras que Hermione se reía.

Harry observó a sus amigos un momento. Lo que al principio había empezado como una serie de acontecimientos extraños que envolvían al castillo Hogwarts, y que por consiguiente invitó a Harry y compañía a la aventura, se había convertido en una especie de habito (ya eran tres años metidos en situaciones misteriosas y peligrosas). A Harry le encantaba contar con retos interesantes que pusieran a prueba sus habilidades como mago, y normalmente invitaba a sus amigos a que se abstuvieran de seguirle, cosa que ni por activa ni por pasiva llegaban a hacer (lo cual en parte le gustaba, demostrando la lealtad que tenían hacia él).

Cuando conoció a Chloe el año anterior esperaba que sus encuentros con ella se limitaran a actividades más "normales" dentro de una escuela de magia, como las prácticas de duelo o charlas amistosas (fue ella quien, después de todo, le ayudó a tomarse un tiempo para dejar que Hermione decidiera con quien quería estar en cuanto a parejas se refería). Sin embargo, durante el año pasado había desarrollado una cercanía progresiva hacia ella. No solo se trataba de haber encontrado a alguien con la misma pasión por los duelos que él, también a una buena amiga que le brindaba apoyo cuando lo necesitaba.

Sin darse cuenta, ella se había convertido en su tercera amistad más cercana entre los estudiantes. Que decir cuando ella se aventuró a seguirles hasta la Cámara de los Secretos para rescatar a Ginny. Aunque no se enfrentó directamente al basilisco, ayudó a Ron a mover las rocas después de que Lockhart quisiera estropearlo todo. A partir de ese día, se había convertido sin tan siquiera proponérselo en una más del grupo que había formado inicialmente con Hermione y Ron, hasta el punto de que se habían envuelto en dos situaciones importantes en lo que iba de año. Todo esto le hizo recordar la historia que entre Sirius y Lupin le habían contado sobre los Merodeadores.

Harry no necesitaba nada más para detenerse un segundo y hacerse la siguiente pregunta.

- ¿Y si lo hacemos oficial? - pensó, antes de hablar. - ¿Saben? Llevamos ya tres años juntos, y a pesar de los problemas que me envuelven seguís aquí, conmigo. -

- Creía que ya tenías asumido que no nos vamos a alejar de ti. - dijo Hermione afablemente.

- A pesar de que muchas veces se te va la olla. - dijo Ron, riendo.

- ¡Ronald! - dijeron Hermione y Chloe al unísono.

- En eso tienes toda la razón, - admitió Harry. - por eso no dejo de sorprenderme, mas después de lo que pasó ayer. -

- Has pasado por muchas cosas, Harry. - dijo Hermione, tocando suavemente su hombro. - No tienes por qué sentirte mal o avergonzarte de lo que pasó. -

- La verdad es que sentí mucho miedo ayer, - confesó Chloe. - pero también pensé en todo lo que me contaste, por todo lo que estabas pasando desde que empezó el año. Y pensar que yo me quejaba de lo mío…-

- Ya tienes mucho con lo que lidiar en tu casa, - suspiró Harry. - y a pesar de todo aún quieres seguirme. -

- Lo que suceda en mi casa es irrelevante, - dijo Chloe tajantemente. - eres mi amigo, Harry, tú, Ron y Hermione. Me habéis recibido con los brazos abiertos, yo…a mi nunca me había pasado algo así…al menos fuera de la escuela. Mi vida cambió cuando os conocí, y luego cuando subí al expreso de Hogwarts para conocer a Ginny y a Luna. -

- Ahora que lo pienso, - dijo Hermione, frunciendo el ceño. - no te he visto mucho con ellas este año. Quiero decir, más allá de ir a las clases o estudiar. -

- Desde que empezó el curso cada quien ha ido por su camino. - admitió Chloe. - Luna se ha aficionado a la herbología gracias a Neville y tiene muchas ganas de que llegue el año que viene para entrar en Cuidado de Criaturas Mágicas. En cuanto a Ginny, bueno, ya la habéis visto. Ha puesto mucha dedicación al apartado académico este año, además de pasar mucho tiempo con Draco. -

- Ese idiota…- murmuró Ron.

- Aún así nos seguimos viendo, - repuso Chloe. - y de vez en cuando quedamos para hacer algo fuera de lo que es la rutina escolar. Y con vosotros…¡es vivir algo increíble casi a diario! Ya no es solo estos momentos peligrosos por los que hemos pasado, ¡es todo! Me encanta practicar hechizos con Harry, gastar bromas con Ron…e incluso estudiar con Hermione, por mucho que me cueste estar centrada. -

- Al menos te tomas los estudios más en serio que Ron. - se río Hermione.

- Yo solo quiero aprobar. - admitió Ron, encogiéndose de hombros. - A mi nunca me ha interesado ser un superdotado académico como tú. -

- Tampoco se trata de ser un superdotado, Ronald. - bufó Hermione. - Solo ser el mejor alumno posible. -

- Bueno, - dijo Chloe, frunciendo el ceño. - yo diría que Ronald ya es superdotado en algo. -.

- ¿En qué? - preguntó él.

- ¡En ajedrez mágico! - se quejó ella. - ¡No hay manera de vencerte! ¡Ya van doce intentos en lo que va de año! -

Las orejas de Ron se tornaron rojas. - Bueno, - balbuceó. - eso no es gran cosa. Realmente me gustaría…hacer mas cosas bien además del ajedrez mágico. -

- Puedes haces mas cosas bien, - dijo Harry, sonriendo. - siempre y cuando te lo propongas. -

- Es más fácil decirlo que hacerlo. - se quejó Ron, frotándose la nuca.

- Si lo haces el mérito será enorme. - señaló Harry.

- De todos modos, ¿a que viene que hablemos de eso? ¿Del hecho de que te sigamos por mucho que la situación sea chunga? -

- Yo…había pensado en hacer oficial nuestra "sociedad". - dijo con una sonrisa. Hermione, Ron y Chloe lo miraron. - Miren, si de mi dependiera os alejaría a toda costa de ciertos problemas en los que termino metiéndome, pero…- miró fijamente a sus amigos y añadió: - Es a vosotros a quienes debo que aún no me halla descarriado. -

- Realmente lo que pasó ayer te ha afectado mucho… - dijo Hermione tristemente.

- Si, - admitió Harry. - pero ya no se trata solo de lo de ayer, se trata de todo. Valoro mucho el que sigáis a mi lado. Estoy seguro de que si el resto de la escuela supiera lo que sucede cuando pierdo el control creo…que todos huirían de mí. Parecido a como se sentía Lupín con su Licantropía cuando estaba en la escuela…y bueno, qué decir del año pasado, cuando todo el mundo pensaba que era el tataranieto lejano de Slytherin. -

- Ya te digo. - dijo Ron. - Ahora que lo pienso, si Fred y George supieran lo de tu descontrol, seguramente volverían a hacer bromas sobre ti, haciéndote ver como un loco poseído por un demonio de la edad media. -

- Probablemente. - sonrió Harry.

- Al menos no te lo tomaste a mal. - dijo Chloe, riéndose. - Creo que hasta les seguiste el juego a esos dos cuando sorprendiste a los Hufflepuff en la Biblioteca. -

- Eso les pasó por dudar de mí, - Harry se encogió de hombros. - cosa que vosotros no habéis hecho. Por todo eso, y por lo que pienso que está por venir…había pensado en hacer esto. No somos exactamente como los Merodeadores, pues nuestros objetivos son diferentes, pero como ellos tenemos un propósito. La idea es que tengamos éxito en nuestros estudios y estemos preparados para cualquier situación difícil que se interponga en nuestro camino. Por eso, para mí sería un honor que formáramos un equipo, o como dirían Fred y George: "Un cuarteto de oro". -

- ¡Oh no! - se quejó Ron. - Como ese nombre llegue a oídos de esos dos harán chistes nuevos de nosotros en el Gran Comedor. Ya los estoy viendo. -

- Somos mejores como equipo. - sonrió Hermione. - Si soy sincera, yo nunca pensé que formaría parte de uno. -

- Yo tampoco, - admitió Chloe. - hasta que llegué aquí y os conocí. ¡Esto va a ser genial! -

- Tengo una idea, - dijo Harry, blandiendo su varita. - pero primero necesitamos una frase que nos identifique. -

- ¿Una frase? - preguntó Hermione.

- ¡Ya sé! - dijo Ron, con un brillo en los ojos. - Algo así como lo que dicen los Merodeadores en su mapa, ¿cierto? -

- Si, algo parecido. - asintió Harry. - Pensemos…-

Una frase para definir el equipo que Harry y sus amigos habían formado, en eso debían pensar. Tenía que ser algo pegadizo pero que más o menos reflejara las intenciones que tenían de cara al futuro. Tras pensar cuidadosamente en la frase, los cuatro se miraron.

Harry levantó su varita y dijo: - Alzad las varitas e iluminadlas con "Lumos". - sus amigos hicieron lo que les dijo. - Ahora, repetid conmigo: "Ya sea en primavera, verano, otoño o inverno, me esforzaré al máximo por cumplir mis sueños". -

Los cuatro repitieron la frase, y las cuatro varitas se iluminaron tanto que estallaron en pequeñas chispas de luz, las cuales parecían pequeñas luciérnagas a plena luz del día. Una vez se maravillaron con su primera declaración oficial de intenciones, reanudaron su camino hacia el castillo, más contentos que nunca.

- Mi madre es casi tan estricta como la profesora McGonagall. - explicó Chloe, cuando le preguntaron más sobre su madre. - Por un momento pensé que iba a tomar alguna medida importante para alejarme…-

- Debo reconocer que esperaba que tu madre fuera más…"Malfoy". - dijo Harry.

- ¿Te refieres a ser más como mi padre? - preguntó Chloe, y él asintió. - Bueno, desde que conozco a mi madre ella siempre me ha tratado como su favorita (espero que Draco no haya escuchado eso). Personalmente es muy cariñosa, aunque cuando era más pequeña se mostró bastante estricta. -

- ¿Qué solíais hacer en casa? - le preguntó Hermione con interés.

- A parte de nuestros estudios primarios, estaba esa insoportable practica de "modales", - bufó Chloe. - ya sabes: espalda recta, mirada al frente, camina bien, saluda cordialmente (a pesar de que murmuren pestes de ti por no pensar como ellos), clases de baile, música (vale, esas dos últimas clases me gustaron), etc, etc. Somos una de las familias más tradicionales del mundo mágico después de todo. -

- ¿Es por eso que gastas bromas conmigo? - le preguntó Ron. - ¿Por qué vienes de una familia estirada y aburrida? -

- Lo hago más para reírme. - sonrió Chloe. - Si hiciera algo así en casa…creo que no solo pondría furioso a mi padre, sino también a mi madre (también un poco a Draco, aunque eso me da igual). A ella no le gustan los artículos de bromas. -

- Anda, igual que mi madre. - se río Ron.

Mirando a sus amigos hablar, Harry se preguntaba si Ron era consciente de las cosas que tenía en común con Chloe, porque a duras penas demostraba tener algún interés especial en ella, lo cual no dejaba de sorprenderle. Hasta ese momento, el único indició que tenía Harry de los sentimientos de Ron hacia ella era la teoría que Hermione explicó sobre Dumbledore y esa persona tan especial que le recordaba Chloe.

- Harry, - le dijo Hermione, sacándole de sus pensamientos. - ¿seguiremos con la investigación de la ubicación del Santuario? -

- ¿Eh? -

- Aún nos quedan unos pocos días antes de que volvamos a casa por vacaciones. - le recordó ella. - Deberíamos intentar registrar los terrenos, más ahora que los Dementores se han ido. -

- ¿De que estáis hablando? - preguntó Chloe, volviéndose para mirarlos.

Harry cayó en la cuenta de que ella no estaba al corriente de su búsqueda del Santuario. Bien podría tratarse de la primera búsqueda oficial que hacen como equipo, pero ignoraba que podía haber dentro de aquel lugar si llegaban a encontrarlo. Pensando detenidamente en si era una buena idea o no explicar la situación, cayó en la cuenta de que aún no habían comido, y estaban cerca de la hora de comer.

- Te lo explicaremos luego, - repuso Harry. - primero vamos al Gran Comedor. Aún no hemos comido nada. -

De repente escucharon un gruñido. No supieron exactamente lo que era hasta que vieron a Chloe sonrojarse. - ¡Mi estomago! - se quejó ella. - Tenías que recordarme que ni he bajado a desayunar…-

- Fuiste tu quien se abstuvo de ir por hablar con tu madre. - dijo Ron, sonriendo.

- ¡Cállate Ronald! -

No volvieron a tocar el tema durante el resto del camino hacia el castillo. La hora de la comida fue bastante entretenida, a pesar de que aún había estudiantes cuchicheando sobre la marcha del profesor Lupin.

- Me pregunto a quién nos pondrán el próximo curso. - dijo Seamus Finnigan con melancolía.

- ¡Tal vez a un vampiro! - sugirió Dean Thomas con ilusión.

- Bueno, - pensó el azabache con una sonrisa, mientras se servía un bistec con puré de patatas. Entre el menú también había platos con un delicioso espagueti italiano con salsa de tomate. - mientras no sea un chiflado…-

- ¿Tu qué dices Neville? - le preguntó Seamus a Neville.

- ¿Yo? - dijo él, una vez terminó su zumo de calabaza. - Bueno, a mí me gustaría que volviera. Sé que es muy difícil con todo lo que ha pasado pero el mejor profesor que hemos tenido en Defensa contra las Artes Oscuras. - suspiró con tristeza y añadió: - Con lo bien que me había ido este año…-

- Y eso a pesar de Sirius Black. - dijo Dean.

- Y de los Dementores. - añadió Seamus.

- Y de el enmascarado…- quiso añadir Harry, pero no le parecía prudente hablar sobre alguien que pretendía acabar con él para entregárselo a Voldemort como trofeo.

- ¿Cómo te encuentras? - le preguntó Ginny a Chloe, señalando su brazo.

- No me duele, - respondió ella, moviendo su brazo ágilmente. - así que supongo que los cuidados de la señora Pomfrey han dado sus frutos. -

- Aún no me puedo creer lo que pasó ayer. - dijo Ginny. - Y Sirius Black…¿En realidad él es inocente? -

- Una vez más, sí. - dijo Chloe con impaciencia. - El auténtico culpable es un animago no registrado que estuvo viviendo con vosotros en su forma de rata durante más de doce años. -

- Esto es increíble, - suspiró Ginny. - y pensar que ese sujeto a dormido en el mismo dormitorio que Ron durante…-

- Sabéis que estoy aquí, ¿verdad? - gruñó Ron, tras acabarse su plato de espaguetis.

- Si, lo sabemos. - dijo Ginny, rodando los ojos y terminando rápidamente su bistec. - En fin, es una pena que este año no hayamos tenido pruebas de selección para entrar en el equipo de Quidditch. Habrá que esperar al año que viene. -

- Llevo dos veranos entrenando arduamente para ganarme el puesto de golpeadora, - se quejó Chloe. - pero Wood estaba tan contento con el equipo que tenía que no vio necesario hacer pruebas de selección…¡No he sacado mi Nimbus 2001 a volar para nada! -

- ¡Mentira! - se burló Ron. - Si que lo hiciste, para lanzarle huevos podridos desde el cielo a dos chicos de Ravenclaw por robarle sus zapatillas a Luna. -

- ¡Chloe! - dijo Ginny, escupiendo su zumo de calabaza al reírse.

- Se lo tenían merecido. - dijo Chloe tajantemente, mientras fulminaba con la mirada a los dos chicos que mencionó Ron.

- No podía estar más de acuerdo. - se río Ginny, levantándose de la mesa. - Hablando de Luna, hemos quedado cerca del lago para ir a pescar, ¿te apuntas? -

- ¡Efo sueña geñialf! - dijo Chloe, con la boca llena (quería decir "Eso suena genial").

- Vale, nos vemos pronto. - y se marchó, sin dejar de reírse.

- ¿Y qué esperáis pescar? - preguntó Ron. - ¿Al calamar gigante? -

- A lo mejor consiguen capturar algún Grindylow, - comento Harry, bebiendo de su cáliz. - o quien sabe, hasta una sirena. En una ocasión el profesor Lupin me contó que debajo del agua tienen una voz increíble. -

- Pero eso ya es complicado de pescar. - dijo Ron, frunciendo el ceño. - Lo más probable es que se harten a encontrar cosas que ha tirado la gente en el lago. -

- Siempre hay cosas interesantes a encontrar en el lago, Weasley. - dijo una voz que arrastraba las palabras. - Por ejemplo, un calamar que sirva de sustituto para tu cerebro. -

Harry se volvió. Detrás de Chloe había aparecido Draco Malfoy.

- Hola Draco, - dijo ella. - ¿has hablado con mamá? -

- Si, - dijo Draco, encogiéndose de hombros. - no ha tenido un buen año. Desde que echaron a nuestro padre del Consejo Escolar ha tenido que soportar su malhumor (Otra vez), y en el ministerio han empezado a aparecer algunas voces en su contra. -

- ¿Por qué? - preguntó Chloe, sin sorprenderse. Harry no entendía muy bien el porqué de la pregunta si ya habían hablado de ese tema antes con su madre.

- Después hablamos. - dijo Draco. Miró a Harry y dijo: - Potter, Snape quiere hablar contigo. -

- ¿Te ha dicho por qué? - preguntó Harry.

- Me imagino que es por tu estúpida escapada de anoche, - comentó Draco. - aunque no entiendo porque debería hablar contigo. No es el jefe de la casa Gryffindor precisamente…-

Pensando detenidamente en el motivo de la llamada de Snape, Harry recordó que él mismo le había pedido unas clases particulares en las Artes Oscuras, para aprender más de Voldemort y la magia que más usaba. También recordó que el profesor había quedado en enviarle una nota, pero si había enviado a Malfoy para comentarle dicho tema, era evidente que los planes habían cambiado. ¿Le enseñaría Artes Oscuras o simplemente se negaría con rotundidad?

- Él estaba con nosotros ayer, - comentó Ron, rodando los ojos. - seguramente nos querrá poner un castigo a cada uno. No hay que descartar que nos llame luego para darnos deberes hasta aburrirnos todo el verano. -

- De ser así, - dijo Chloe, tras terminarse el zumo de su cáliz. - ¿no debería llamarnos a nosotros cuatro? ¿Por qué de uno en uno? -

- A lo mejor son diferentes temarios para cada uno. - razonó Hermione. - No sería la primera vez que Snape nos pide un trabajo con temarios más avanzados. Esto no llevará a que cada uno se las tenga que apañar por sí mismos. -

- ¡Oh no! - se quejó Ron. - ¿Me estás diciendo que lo tendré que resolver todo yo solo durante el verano? -

- Es lo que hay, Ronald. - dijo Hermione tajantemente. - Es evidente que Snape nos observa durante las horas de estudios y sabe que siempre estas pidiendo ayuda con los temas más complicados. Esto lo ha hecho para que nos las apañemos solos. -

- Por eso digo que un calamar sería un mejor cerebro para ti. - se burló Draco de Ron. - Que inútil eres, Weasley. -

- ¿¡Que dijiste!? - gruñó él, con las orejas rojas.

- En vez de estar haciendo el imbécil por el castillo con tus bromitas (y no, no me hizo gracia que intentaras tirarme un barril con ectoplasma) deberías tomar más ejemplo de tu hermana y emplearte más a fondo en los estudios para no depender de los demás. -

Ron se levantó y le fulminó con la mirada. - A Ginny le gustaba gastar bromas conmigo y mis hermanos antes de venir a Hogwarts. - dijo con furia, mientras los demás miraban lo que sucedía. - Desde que te conoció ya no es la misma…-

- Ella tiene un potencial increíble para hacer grandes cosas, - señalo Draco. - pero con gente como tú, que solo se dedica a hacer el payaso en este colegio, es imposible que explote ese potencial. Ya es bastante molesto que arrastres a mi hermana a hacer el tonto contigo -

- Hacemos bromas para no ser unos aburridos como tú. - dijo Chloe, con los ojos entrecerrados. - Por supuesto que hay que estudiar, pero tampoco es bueno estar todo el día con la nariz en los libros. Eso mismo le pasó a Hermione este año y apenas pudo dormir, casi se vuelve loca. - Hermione rodó los ojos, enfurruñada.

- Mi padre siempre alardeaba de que eras más estudiosa que yo. - dijo Draco, encarándose con su hermana. - Hoy en día dudo que pueda decir lo mismo. -

Chloe soltó una risa sarcástica. - Venga ya, - dijo. - no diría eso de mí incluso si sacara un "Extraordinario" en todas las asignaturas, lo sabes de sobra. Además, tú siempre has sido su favorito, hoy en día más que nunca. -

- Ya, - gaznó Draco. - y tú la favorita de nuestra madre…Adiós. - dijo, marchándose hacia el vestíbulo.

- Idiota, - bufó Ron. - ya sabía yo que no había cambiado…-

- Yo diría que en parte a madurado. - observó Hermione. - Ya no se mete con nosotros de manera absurda y se toma mucho más en serio los estudios en vez de perder el tiempo con Crabbe y Goyle. -

- Me da igual, - dijo Ron de mal humor. - sigue siendo un idiota, y más ahora que está convirtiendo a Ginny en una aburrida como él. -

- Entonces tengo que hacer algo. - dijo Chloe, levantándose de un salto. - A penas hemos hecho actividades juntas durante el año, pero quizás con suerte consiga convencerla de que no tome doce asignaturas. -

- ¿¡Que!? - saltaron Harry, Ron y Hermione.

- No estoy de broma, - repuso Chloe, inflando los cachetes. - ha visto como Hermione lo ha pasado mal y a pesar de ello piensa que puede lograrlo siguiendo el ejemplo de sus hermanos mayores. -

- ¿¡Pero que…!? - bufó Ron. - Jod*r, tu hermano quiere convertir a mi hermana en una especie de Percy. No quiero tener a dos empollones pomposos en casa. -

- ¿Decíais algo de mí? - preguntó Percy a espaldas de ellos, justo cuando Chloe salió del Gran Comedor.

- Nada, nada. - gaznó Ron. - Me imagino que estarás con ganas de que llegue mañana para que tiréis sombreros al aire por la graduación. -

- Es el momento más importante de la vida de un estudiante de Hogwarts. - dijo Percy, inflando el pecho orgulloso. - Una vez salgamos de este castillo empezará el camino hacia la grandeza y la búsqueda del éxito, donde tendremos que usar todo el conocimiento adquirido como base para alcanzar nuestras metas. -

- ¿Te refieres a llegar a ser ministro? - preguntó Ron, arrugando la nariz.

- Eventualmente, - respondió Percy, acomodándose las gafas. - quien sabe…- y se marchó, sonriendo misteriosamente.

- ¿Ves porque te dije hace un año que él podría encajar en Slytherin? - le preguntó Harry a Ron.

- Mira, - bufó este, poniéndose de pie de mal humor. - si alguna vez llega a ministro, tan pronto como lo consiga me voy de este país. -

- ¿A dónde vas ahora? - le preguntó Hermione.

- ¿Yo? - gruñó Ron, terminando su cáliz con zumo de calabaza. - Intentaré desconectar con un poco de ajedrez mágico, y si eso no funciona, bueno…siempre puedo buscar a Malfoy y soltarle un puñetazo en la nariz. - y tras soltar un ligero eructo se marchó a zancadas.

- En fin…- suspiró Harry. - creo que iré a ver al profesor Snape. Espero que no me deje demasiado trabajo, aunque…bien podríamos ayudarnos durante el verano. Ya que estaré en tu casa…-

- ¡Cierto! - saltó Hermione. - Aún no les he escrito a mis padres. Hm…será mejor que vaya a la biblioteca, aquí hay mucho bullicio. Harry, ¿puedo usar a Hedwig? -

- Como si fueras su dueña…- susurró Harry automáticamente.

- ¿Eh? - Hermione frunció el ceño, pero se encogió de hombros. - Muy bien, estaré en la biblioteca si me necesitas. -