Capítulo 63 - Reiumta

Mientras caminaba en dirección a las Mazmorras, Harry no podía evitar preguntarse impacientemente lo que sucedería una vez alcanzara el aula de pociones. ¿Qué tipo de prueba le pondría Snape para cumplir con sus expectativas? ¿Tendría la posibilidad de aprender sobre las artes de su archienemigo por medio de un experto en ellas? ¿O simplemente tendría que soportar una exasperante reprimenda por parte del profesor y una negativa a enseñarle Artes Oscuras? Con todo lo que había ocurrido en las horas pasadas la posibilidad estaba allí, después de todo, si algo no había cambiado en Snape en los tres años que Harry llevaba estudiando en Hogwarts, era su mal humor y lo estricto que podía llegar a ser a nivel académico.

Todo lo que quedaba por hacer era cruzar la puerta tras obtener el permiso de entrada y averiguarlo por sí mismo. Tan pronto como Harry entró en el despacho del Profesor Snape, este se levantó de su silla, blandió su varita y murmuró una serie de conjuros que no llegó a entender, pero que apuntaban directamente hacia la puerta por donde había entrado, la cual se cerró de golpe.

- Toma asiento, Potter. - dijo Snape, guardando su varita y volviendo a sentarse.

Harry asintió y se sentó para que ambos se miraran cara a cara. Hacía apenas unas horas habían pasado muchas cosas, y se revelaron varias verdades que el joven mago desconocía, lo que le permitía conocer un poco mejor al hombre que tenía en frente. Una parte de él se preguntaba si estaba haciendo lo correcto al pedir ser adiestrado en las artes oscuras, ya que eran las mismas artes mágicas que usaba su mayor enemigo. También podía considerar que lo que estaba por aprender (si es que iba a aprender) era, a fin de cuentas, conocimiento.

- Creí que me enviaría una nota. - dijo Harry.

- Esa era la idea inicial, ¿no? - replicó Snape. - Por desgracia las Artes Oscuras son un tema delicado de tratar dentro de este castillo, más concretamente…entre sus habitantes. Por tanto, había que desviar la atención. Tenemos que ser discretos, señor Potter... -

- Entiendo. - Harry asintió.

Snape intensificó su mirada. Parecía que estaba calculando, pero al mismo tiempo le invadía la incertidumbre, como si no pudiera tener del todo claro su decisión. ¿Aún estaba pendiente de tomarla?

- ¿Cómo te encuentras? - preguntó el profesor.

- Mucho mejor que ayer, desde luego. - admitió Harry. - Entonces, ¿me pondrá a prueba? -

Snape negó con la cabeza. - Después de tu última visita a mi clase, - dijo. - estuve dándole vueltas a tu propuesta, preguntándome porque debería enseñarle a un crío de trece años los secretos de las artes oscuras…Los últimos acontecimientos me han llevado directamente a la decisión final. Te concederé…el conocimiento de las Artes Oscuras…-

- ¿De verdad? -

- Primero, - continuó Snape. - tenía pensado ofrecerte los principios básicos, pero entiendo que más que conocimiento lo que necesitas en este momento es, por encima de todo, practica…y control. -

- ¿Qué? -

- Dime…- susurró Snape. - esa energía que emerge de tu interior cuando estas en problemas (o eso creo), y que te permite enfrentar a magos más experimentados, ¿Cómo crees que consigues acceder a ella? ¿Qué sientes cuando esa magia te envuelve y se apodera de ti? -

Harry se quedó de piedra. Sonaba como si Snape supiera realmente lo que le pasaba cuando perdía el control. "Practica y control más que conocimiento", ¿por qué? ¿Qué pretendía decirle con eso?

- Errr…- farfulló el muchacho. - Yo…me suelo frustrar mucho cuando claramente estoy en desventaja, y que por mucha voluntad que ponga de mi parte no consiga superar a mi adversario. Empieza por ahí, pero luego…luego…-

- Es ahí cuando empieza…- finalizó Snape. - Bien, ahora, ¿en quién…enfocas tu ira? -

A duras penas existía el ruido en el despacho, salvo por el flujo del agua y el ruidillo generado por los sopóforos que tenía guardado el profesor en su armario de ingredientes. Harry se sentía entre la espada y la pared, porque nunca pensó que terminaría sincerándose con el profesor por el que alguna vez llegó a sentir una especie de odio que pasó de ser constante a uno sosegado con el pasar de los meses, al menos hasta el año anterior donde empezó a verlo como un docente más con el que poder sacar buenas notas.

- Mi ira…mi odio…solo van dirigidas hacia el ser que asesinó a mis padres, y por el cual tuve que pasar diez largos años conviviendo por personas que me tenían en su casa, pero que no me querían allí por ser (según ellos) un…bicho raro. -

Snape soltó un suspiro, sin apenas gesticular. - Entonces, - dijo. - cuando entras en ese estado de ira y desesperación, la imagen del Señor Tenebroso aparece ante ti. -

Harry frunció el ceño. No le gustaba que Snape dijera "Señor Tenebroso" en vez de Voldemort, ya que era como si tuviera respeto hacía él, lo cual Harry creía que aquel horrible ser no lo merecía.

- Bueno, - dijo el joven mago, intentando mantener la calma. - más que desesperación es odio, es desprecio, es como si de repente el individuo al que estoy enfrentando se convirtiera en él. Con la misma risa, la misma mirada desquiciada y…- haciendo memoria de las muchas veces que había soñado con la trágica muerte de su madre, una desagradable y aterradora imagen llegó a su mente. - esos ojos rojos con iris de gato…Creo que desde que empecé a ver a los Dementores empecé a ver con más claridad esos recuerdos…Son muy desagradables. -

- Lo entiendo…- susurró Snape. - y dime, más allá tus sentimientos, ¿cuáles son tus sensaciones en ese estado? ¿Eres capaz de controlarte? ¿Recuerdas lo que hacías mientras estabas bajo la influencia de esa magia? -

- Si, - respondió Harry, frunciendo el ceño. - me sentía más liviano, más rápido y mi magia fluía como nunca…y recuerdo mucho de lo que hice salvo…cuando todo se tornó oscuro…-

- ¿Oscuro? -

- El hombre enmascarado, - recordó Harry. - al principio lo miraba, pero luego todo perdió su color…solo veía figuras, como si fueran imágenes en movimiento dibujadas sobre un cartón negro. Y luego…mi cuerpo empezó a actuar de manera autónoma. -

- ¿Dejaste de tener el control sobre tus acciones? - preguntó Snape. Harry asintió. - ¿Qué más recuerdas? -

- Poco más. - susurró Harry. - Fue como si me quedara dormido allí mismo, pero era un sueño incómodo. En todo momento sentía el dolor de los golpes y hechizos que recibía. -

- Sin embargo…- dijo Snape, con una mirada misteriosa. - es una gran mejoría con respecto a…-

- ¿Respecto a qué? -

La charla empezaba a molestar un poco a Harry, porque Snape estaba actuando muy parecido a Dumbledore a la hora de dar la información a medias. Aunque en el caso del profesor con el que hablaba, podría decirse que había más. ¿Qué era aquello que él sabía y que Harry no?

- Pronto descubrirás cosas que quizás te confundan, - explicó Snape en tono misterioso. - pero obtendrás respuestas, por supuesto…Dichas respuestas serán necesarias para el objetivo que nos marcaremos de cara a mis lecciones. Bien, he podido comprobar de antemano tu nivel de…Oclumancia. -

Por supuesto, Harry tenía claro que alguien tan conocedor de las Artes Oscuras como podía ser Snape, debía haber descubierto su capacidad para usar la Oclumancia. No se sorprendió en absoluto.

- Tienes un buen nivel, desde luego ha sido conveniente que aprendieras dicha habilidad, para controlarte…pero aún estas lejos de tener el control absoluto de la habilidad, y es necesario que lo lleves a su máximo nivel. -

- ¿Quiere decir que necesito más practica? - preguntó Harry. - ¿Por qué? No es como que yo haya estudiado antes las Artes Oscuras. De ser el caso no habría acudido a usted. -

Snape entrelazó sus dedos y apoyó su nariz. - Por alguna extraña razón, - dijo. - tú…ya posees magia oscura en tu interior…-

Esa declaración descolocó a Harry. - ¿Cómo dice? - preguntó con intriga.

- Lo que acabo de decir, tal cual. - repuso Snape. - No entiendo muy bien porque, y no, esto va más allá de tu estancia en Hogwarts y el mundo mágico. Esto viene de lejos…-

- ¿De lejos? - preguntó Harry, cada vez más desconcertado. - ¿Qué intenta decirme? -

- Mas pronto que tarde…lo sabrás. - insistió Snape. - Antes de seguir, dime…¿Qué es lo que entiendes por Oclumancia? -

- Pues…- farfulló Harry, aclarándose la garganta antes de responder. - Es una habilidad que pertenece a las Artes oscuras, la cual impide que las intrusiones y las influencias mágicas penetren en la mente. Al principio pensé que solo se trataba de evitar que otros leyeran mis pensamientos, pero luego entendí que también se puede ocultar sentimientos…-

- Bien, - susurró Snape. - parece que entiendes la teoría. Entonces también entenderás que la mente no es ningún libro que uno pueda abrir cuando se le antoje o examinarlo cuando le apetezca. Los pensamientos no están grabados dentro del cráneo para que los analice cualquier invasor. La mente es una potencia muy compleja y con muchos estratos señor Potter…o al menos así son la mayoría de las mentes. La finalidad normal del aprendizaje de la Oclumancia debería ser la de evitar la intrusión de Legeremánticos que puedan, bajo determinadas condiciones, hurgar en la mente de sus víctimas e interpretar de forma correcta sus hallazgos, sin embargo, el aprendizaje de la Oclumancia es clave para el control de la habilidad que se apodera de ti. -

- Oh, - dijo Harry. - aún desconocía la teoría del Legeremántico…-

- Si pretendías controlar a la perfección la Oclumancia, - se burló Snape. - entonces no has escogido el mejor camino. Dime, ¿qué sueles hacer para reforzar tu escudo Oclumántico? -

- Me concentro en meditar y vaciar mis emociones. - explicó Harry, frunciendo el ceño.

- La meditación es uno de los métodos que existen para mejorar la Oclumancia, - dijo Snape, asintiendo. - pero ni de lejos es el método más efectivo para perfeccionar la habilidad. Tu mente sigue siendo vulnerable a la intrusión de magos más experimentados. El año pasado tu nivel era muy bueno (a duras penas podía ver un atisbo de tu memoria), pero es posible que la influencia de los Dementores haya conseguido mermar la concentración de tu mente, debilitando tu habilidad Oclumántica. Por tanto, parte de las lecciones que te voy a dar consistirá en perfeccionar tu Oclumancia. Solo así tendrás el control total sobre la habilidad cuyo poder es capaz de hacerte perder el control y la razón. - abrió uno de sus cajones y sacó una libreta que Harry rápidamente identifico como de muggles por la marca "Oxford".

- ¿Una libreta muggle? - observó Harry.

- Nada relevante más allá de la ingenuidad de la mayoría de los magos y brujas, - explicó Snape tranquilamente. - al subestimar cualquier material fabricado por muggles. - Harry pensó que era increíble escuchar esa afirmación por parte de un Slytherin. - Lo que contiene esta libreta son varios años de investigación sobre las Artes Oscuras, información cuyo contenido es muy probable que no encuentres en libros estándar. Entre los informes hay un capítulo que habla de la habilidad que has experimentado. Abre la libreta y busca el capítulo veintiuno. Allí encontrarás la información que necesitas sobre "Reiumta"-

- ¿Reiumta? - repitió Harry, recibiendo el libro por parte del profesor. El joven le echó un vistazo a la tapa. Allí se podía leer:

Caminando entre la Magia Oscura

de

Severus Snape y Ryan Walker

- ¿Quién es Ryan Walker? -

- Un…viejo amigo, - dijo Snape con tranquilidad. - de los pocos que tuve en la escuela junto a Lily. Aunque a diferencia de tu madre, a él si le interesaba conocer las Artes Oscuras. Es posible que al principio no confiara mucho en él, pero tras varios meses empezamos a compartir descubrimientos, e incluso a investigar por nuestra cuenta para que cada vez que nos reuniéramos, fuéramos recopilando nuestros descubrimientos en esta libreta. -

- ¿Cómo es que usted no confiaba en él? - preguntó Harry.

- No pertenecíamos a la misma casa, - respondió Snape, poniéndose de pie. - y no teníamos en común muchas cosas más allá que el hambre del conocimiento. En cualquier caso, Potter, no estamos aquí para hablar de la vida de Ryan, sino para entender esta habilidad que posees. Curiosamente, el interés de Ryan en esta magia en específico surgió…por mí. -

- ¿Por usted? -

- Cuando leas la investigación entenderás mejor en que consiste esta…habilidad mágica. - dijo Snape en tono misterioso. - Quien sabe, quizás sea esta la habilidad que te permita algún día hacer frente al Señor Tenebroso, o como mínimo ser capaz de defenderte de él. No obstante, de nada te servirá si eres incapaz de controlar y dominar esta habilidad…-

Harry abrió la libreta y empezó a leer atentamente los informes en capítulos. Algunos fueron escritos por Snape, sin embargo, había otros cuya letra era distinta, por lo que pensó que esos capítulos fueron escritos por el tal Ryan Walker. También era curioso la manera en la que explicaban sus informes, ya que leyendo un poco por encima el formato de dichos informes era lo más parecido a cartas, aunque sin destinatario. Fue pasando las paginas hasta dar con el capítulo importante, el cual dio por sentado que había sido escrito por Walker, ya que no era la misma letra que la de Snape.

Capítulo 21: REIUMTA

La magia oscura está plagada no solo de increíble conocimiento, sino también de mucho misterio. Cuando pisé por primera vez los pasillos de Hogwarts yo venía con la idea de que la magia era un don, una habilidad la cual requería de un aprendizaje, y un manejo. Pero con el pasar del tiempo me fui dando cuenta de que había mucho más. Ya no solo la discrepancia (en ocasiones silenciosa, y en otras más abierta) entre nacidos de muggles y magos sangre pura, sino también las diferencias entre la magia común (o magia "normal") y la magia oscura. Un conocimiento tan codiciado por los amantes del mismo o de aquellos que anhelan por encima de todo, el poder.

Cuan maravilloso fue la primera vez que descubrí que había mucho más detrás de ese camino oscuro de la magia. Al principio tenía curiosidad, hasta que el indicio de la existencia de una habilidad especial había llegado a mí, una la cual significaría alcanzar la meta de los perseguidores del poder tras presenciar de primera mano su capacidad. No podía creerlo, así que para estar absolutamente seguro de lo que había contemplado la primera vez no podía hacer más que seguir buscando oportunidades para hacer pruebas.

Mi buen amigo Severus, no tengo más que palabras de agradecimiento hacia él por permitirme seguirle en sus investigaciones, a pesar de que no soy partidario de aquellos a los que califica como "sus amigos", pues no puedo seguir a gente con semejante visión, cuya finalidad no es otra que esclavizar o asesinar personas tan solo por ser de familia muggle. Sigo sin entender como no pueden ver la importancia que tienen que brujas y magos de familias no mágicas aprendan a darle un uso adecuado a su poder.

Pero dejando todo eso de lado, la primera vez que vi las capacidades de la habilidad que, tras varias investigaciones (sobra decir que tuve que colarme en la Sección Prohibida tan solo para hallar la referencia) me di cuenta de que su aportación consistía en incrementar el poder mágico del brujo que conseguía acceder a ella, a unos niveles cuyos límites a día de hoy, sigo sin entender del todo. Ambos conocemos lo que es el potencial mágico, el cual es una manera de medir cuanto poder mágico posee un mago (este puede variar en base a su dedicación a la práctica mágica). Hemos estado juntos cinco años, y no fue hasta mi sexto año cuando vi indicios de esta habilidad.

Estoy convencido de que entre su conocimiento y esa gran rivalidad que ha tenido todo este tiempo con James Potter fue el detonante para que finalmente esta habilidad despertara. Creo que, si no me hubiera dado cuenta a tiempo, a día de hoy Severus sería perseguido por los aurores, pues la habilidad no es fácil de controlar. Incluso para alguien con una excelente capacidad Oclumántica como es él.

Aproveché al máximo mi último año en la escuela para ver como evolucionaba esta habilidad en Severus. Después de la graduación zarpe en búsqueda de respuestas, recorriendo tierras desconocidas las cuales nunca había visitado antes (Cada país cuenta con una o varias áreas a las cuales los muggles no pueden acceder por la magia que fluye). Empezaba a impacientarme hasta que, tras persuadir a unos lobos de mar en una taberna de Groenlandia (Si, ellos son como los piratas muggles, pero en vez de espadas utilizan varitas) decidí ir en búsqueda de unas viejas ruinas escondidas en el Circulo Dorado de Islandia.

¡Menuda aventura! Llegué incluso a interceptar a unos exploradores mágicos que, al parecer, trabajan para una organización conocida como "R". ¿Por qué alguien tendría interés en enviar a esta gente a explorar esta maravilla de la naturaleza? A día de hoy sigo pensando que trabajaban para Voldemort. Es evidente que alguien como él busca poder incluso debajo de las piedras. No me extraña en realidad, pues cuando encontré la bóveda que contenía las runas con la información entendí el porqué de todo.

A esta habilidad se le conoce como Reiumta, la cual consiste en el incremento del poder mágico a través de un arranque de furia, fruto de un profundo sentimiento de odio hacia alguien. Por lo que he podido comprobar, no todos son capaces de despertar esta habilidad (si fuera así entonces existirían muchas brujas y magos oscuros con dicha habilidad). ¿Los requisitos? Sigo sin estar del todo seguro, pues las runas que encontré no me revelaron muchos más detalles. Yo diría que hay que tener un buen conocimiento sobre las artes oscuras, ser un practicante habitual de dicha magia, y tener mucho rencor hacia alguien en particular.

En el caso de Severus, todo su odio iba dirigido hacia James. Ya no solo se trata de todos los años que lleva molestando a mi colega, sino también el hecho de que él sea una de las razones por las cuales mi compañera Lily ya no le hable. No quiero entrar mucho en la vida personal de Severus, él sabe de sobra lo que ha hecho, y lo que estuvo a punto de hacer.

Harry dio la vuelta a la página para seguir leyendo, con cada vez mayor interés.

Tener esta habilidad sería de gran ayuda para mi causa, pues me proporcionaría la capacidad de hacer frente a miles de enemigos, pero desgraciadamente no poseo esa capacidad. Todo cuanto tengo es mi habilidad física y mental para resolver cualquier situación que se interponga en mi camino, como cuando estoy en alta mar a la hora de tripular mi querido barco (creo que ya llevo seis páginas mencionando a la vieja reliquia de mi familia, pero…¡puede hasta volar por los cielos!). Podría intentar investigar un camino diferente para adquirir la habilidad, pero dudo mucho que exista. La única manera que he podido comprobar con seguridad que existe para alcanzar tal poder es que se genere una situación cuyo impacto provoque un profundo odio del usuario hacia alguien en concreto, eso sí, como ya mencioné antes, no todos los magos y brujas son capaces de alcanzar dicha habilidad.

Pues esta magia puede dotar al mago de un gran poder, pero que sin control puede tornarse en tu contra, y obligarte a actuar de una manera que quizás dicho mago no quiera. Escribiendo esto caigo en la conclusión de que, teniendo en cuenta de que casa vengo (más bien, mi personalidad) es probable que esta habilidad sea más problemática que beneficiosa para mí, y si buscara dominarla tendría que dedicar mucho tiempo de práctica, al igual que mi buen amigo tuvo que hacer para dominarla.

A veces me pregunto si todo cuando estoy anotando es prudente que se guarde en algo tan insignificante como una libreta escolar muggle. Podría guardar esta información aquí y luego tirarla al fondo del Océano, o también contarles algo de esto a mis aliados, pues podría ser útil para descubrir una manera de acabar con "El que no debe ser nombrado", quien con cada día que pasa crece su poder. Además, ¿para que si no he puesto tanto tiempo y dedicación a esta investigación?

Si hay algo que temo de esta habilidad, es el uso que haga Severus de ella. Sigo pensando se equivoca al rodarse de gente interesada en Voldemort y su causa extremista. Tan solo espero que no comenta el terrible error de unirse a su bando, y que esa decisión nos obligue a enfrentarnos.

.

El ambiente en el castillo estaba muy lleno de vida, como hacía más de un año, curiosamente cuando todo el asunto de la Cámara de los Secretos quedó zanjado. Sin embargo, Ron tenía la sensación de que el movimiento era muy parecido al de una jornada de estudios. Y es que entre varios profesores y estudiantes de séptimo año estaban ultimando los preparativos para el festín del día siguiente, que sería donde los alumnos más veteranos celebrarían su graduación (entre los que se encontraba el pomposo y ambicioso hermano mayor de Ron, Percy).

Por supuesto, a Ron no se le había ocurrido nada mejor que hacer que subir a la Sala Común de Gryffindor y ponerse a jugar una partida solitaria al ajedrez mágico en una mesa al lado de una ventana que daba con el campo de entrenamiento donde los alumnos más pequeños solían practicar vuelo con la señora Hooch. Mientras uno de sus caballos derribaba otra torre en su tablero de ajedrez, y a la vez, intentando olvidar el disgusto que se llevó en el gran comedor por culpa de Draco Malfoy, Ron no podía dejar de pensar en ello, en todo lo que le había dicho. ¿Qué gastaba muchas bromas? ¿Qué debería ser más como Ginny? ¿Qué era un idiota?

- Bueno, - pensó momentáneamente, mientras observaba la caída de la reina enemiga. - eso siempre me lo dice porque sí. - soltó un suspiró una vez tumbó el ultimo alfil que se interponía entre él y el Rey.

- Hola Ron. - le saludó Neville, sacándole de sus pensamientos. - ¿Va todo bien? Ya sabes, después de tu encuentro con Malfoy…-

- No sé, - bufó Ron, estirándose sobre la silla. - ahora mismo…desearía soltarle un puñetazo en esa gran bocaza que tiene. Tiene gracia que se haya pasado todo el año intentando darme lecciones cuando hace poco más de un año era un idiota que no hacía más que molestarnos todo el tiempo. -

- Si, - dijo Neville, acomodando a Trevor en su hombro. - hasta a mí me ha parecido muy raro tenerlo más dedicado a estudiar que a molestar. ¿Qué habrá cambiado? -

- ¿En él? - inquirió Ron, levantándose de la silla. - Quizás lo que ha cambiado sea la estrategia. ¡Eso es! Piénsalo, es una maldita serpiente de Slytherin. Es posible que haya optado por ser más pensativo y elaborado en su manera de actuar. -

- Pero tú siempre dices que es un idiota. - señaló Neville, sentándose frente a él y ayudándole a guardar su juego de ajedrez mágico.

- Porque lo es, - insistió Ron. - se comporta como tal, pero eso no quiere decir que no tenga cerebro. Es evidente que ser directo no le ha salido muy bien estos dos últimos años, por lo que quizás ahora quiera molestarnos de otra manera. -

- Pues al único que parece molestarle este Malfoy es a ti, a Fred y a George. - dijo Neville, frunciendo el ceño. - Personalmente me siento más cómodo con un matón menos en el colegio, aunque eso no quita que Crabbe y Goyle sigan por ahí dando problemas por culpa de Parkinson. -

- Esos idiotas son como pollos sin cabeza, - dijo Ron, encogiéndose de hombros. - o tienen a alguien dándoles ordenes o no son nadie. Pero me da igual lo que hagan, cada vez hay más gente que piensa que Malfoy ha cambiado, y eso comienza a ser preocupante. -

- ¿Por qué según tu es un truco? - preguntó Neville - ¿No es más fácil creer que Ginny ha sido una buena influencia para él? -

Ron sintió como una vena palpitaba en su frente.

- ¡Quiero a ese c*br*n lejos de mi hermana! - pensó, negando con la cabeza bruscamente. - Al contrario, - dijo de malhumor. - él ha influenciado a mi hermana, pero para parecerse más a Percy. ¿Tienes idea de lo molesto que es tener de "vecino" a un tío que está todo el tiempo recordándote las normas de la escuela, los horarios, soltando piropos sobre profesores (¡Incluido a Snape!) y dando la paliza con los méritos y las medallitas? -

- ¿Qué tienes en contra de los méritos y las medallas? -

- ¡Nada! - exclamó Ron, aporreando la mesa y tirando algunas piezas de su ajedrez. - Pero molesta tener a alguien restregándotelo en la cara todo el tiempo. Encima debo aguantarle cuando se pone a hablar de sus planes de futuro, ¡esa es otra! Ya ni siquiera esconde que lo que pretende es ser ministro. Seguramente Ginny le ha contado a Malfoy algo al respecto, y allí es donde entra una pieza más de su plan: Tener a un nuevo pomposo arruinando mi estancia en Hogwarts. -

- Hm…no sé…¿no crees que es un poco paranoico lo que estás diciendo? -

- Ahora lo tengo claro, - repuso Ron, ignorando a Neville. - tiene que ser una estrategia, ¡un truco! Quiere hacer ver a todo el mundo que se ha convertido en un "niño bueno", cuando sé de sobra que en el fondo sigue ahí ese odioso niñato supremacista de sangre. Es cuestión de tiempo en que se revele como tal, quizás entonces Ginny dejé de amistarse con él. -

- Bueno, - farfulló Neville. - e…es cierto que ahora para mucho tiempo con él, ¡pero hey! Sus notas son las mejores de su año, aunque aún le falta un poco más para superar los récords de Harry y Hermione. -

Pero Ron omitió aquel comentario, pues la simple imagen de su hermana en su séptimo año, graduándose con honores tras haber sido Prefecta y Premio Anual le daba escalofríos. Tras subir al dormitorio de los chicos para guardar su juego de ajedrez mágico, Ron decidió que haría lo posible por alejar a Draco Malfoy de Ginny, con los dos mejores aliados con los que podía contar: Las bromas y las travesuras.

- Entonces, ¿planeas ir a por Malfoy? - le preguntó Fred, una vez Ron entró en la tienda secreta.

- ¿Ustedes no tienen pensado hacer algo al respecto? - preguntó Ron, apretando los puños.

- ¿Nosotros? - preguntaron los gemelos al unísono.

- Nos estábamos preparando para darle a Percy un merecido gesto de despedida. - explicó George, ordenando un juego de cromos de rana de chocolate en un expositor de madera.

- Empezando por entregarle esto. - dijo Fred, mostrándole a Ron un trofeo en el cual ponía "Percy Ignatius Weasley" y debajo "Premio por ser el mayor charlatán de futuros aburridos que no interesan a nadie y ultra fanático de las normas en la historia de Hogwarts".

- ¿Eso es todo? - preguntó Ron, frunciendo el ceño. - ¿Un trofeo destacando a Percy en todo su esplendor? -

- Caray Ron, - se burló George. - parece que aún no conoces todos los ases en la manga de tus superiores, ¿verdad? -

- Sorpréndanme, superiores. -

- Tsk, Tsk, no tan rápido. - dijo Fred, con un brillo malévolo en los ojos. - Te lo explicaremos una vez Percy haya recibido el premio como se merece. Por el momento…-

- ¿Has pensado que piensas hacer con Malfoy? - preguntó George, al mismo tiempo que hacía levitar unas cajas.

- Desenmascararle. - gruñó Ron. - De una manera u otra voy a exponer a ese cabr*n. -

- ¿Desenmascararle? - repitió Fred, mirando a George.

- Nosotros solo pensamos que nuestra hermanita no debería enamorarse de un tipo tan aburrido y refinado. - dijo este.

- O de ninguno. - añadió Fred. - Pero creer que Malfoy está fingiendo…-

- No se nos había pasado por la cabeza… - admitió George.

- A nadie al parecer, - se quejó Ron. - excepto a mí. -

- ¿Sabes lo que eso significa? - preguntó Fred, con una sonrisita.

- ¿Qué? -

- Eres…-

- ¡EL CHIFLADO DE LA SEMANA! - exclamaron los gemelos al unísono, desplegando confetis y purpurina brillante.

- Como premio por ser un tipo que cree en algo que los demás no…-

- Se te concede el honor el honor de rebuscar un regalito…-

- ¡EN LA CAJA! -

Los dos agitaron sus varitas e invocaron una caja de color escarlata con un lacito dorado. A simple vista parecía muy atractivo, pero a Ron le daba mala espina. La Caja del Chiflado de la Semana de Fred y George (una de las creaciones de los gemelos durante el primer año de Ron) no siempre contenía premios satisfactorios.

- Adelante Ron. -

- No…-

- No seas un rajado. -

- ¡La última vez que puse mi mano en esa caja me picó una araña! - dijo Ron, negándose a rebuscar en la caja.

- Ya, - admitió George. - pero tal vez…-

- Encuentres algo útil. - añadió Fred.

Ron rodó los ojos, y queriendo terminar lo antes posible con la tontería decidió ceder y rebuscar en la caja, al mismo tiempo que cruzaba los dedos para no encontrar, por ejemplo, a un Doxy. Para su fortuna, lo que encontró no era más que una bolsa para almacenar bombas fétidas.

Fred y George bufaron con decepción.

- Bueno, - dijo Ron, muy contento mientras se guardaba la bolsa. - siento haberos aguado la fiesta. -

- Ojalá que vuelvas a ser un crédulo dentro de unos días. - dijo Fred.

- Di lo que quieras, - gruñó Ron. - pero estoy convencido de lo que digo. Malfoy está engañando a la gente, por eso hay que desenmascararle. -

- ¿Y cómo lo harás para que se revele? - le preguntó George.

- Creo que para exponerle lo mejor es provocarle, - dijo Ron, pensativo. - así tal vez consigamos que se muestre tal y como es. -

- De acuerdo, - dijo Fred, muy contento mientras se frotaba las manos cual villano de cuentos de hadas. - ¿con que j*der*mos a Dragón Malfoy? -

- La última vez intenté que se bañara en ectoplasma, - recordó Ron. - pero Malfoy se ha vuelto muy ágil. Tendremos que pillarle por sorpresa. -

- Hm…Quizás…- empezó Fred.

- ¿Estás pensando en probarlo? - le preguntó George.

- Bueno, - sonrió Fred. - Es por una buena causa, ¿no? ¿Qué mejor oportunidad que esta? -

- ¿De que estáis hablando? - preguntó Ron, empezando a impacientarse.

George sonrió y dijo: - He aquí una nueva exclusiva para ti, Hermanito. -

- Para que luego te quejes de que somos crueles contigo. - añadió Fred. Ron le miró mal, sin olvidar que le hicieron daño con el cohete dirigible atado a la muñeca de Chloe.

- Durante los últimos meses hemos estado desarrollando un nuevo prototipo, - explicó George brevemente. - fue una idea que encontramos entre varios libros que pertenecían a la clase de Estudios Muggles. -

- Estos muggles son una autentica fuente de inspiración para bromistas. - dijo Fred, mientras cogía una bolsa que Ron pudo identificar como pienso para gallinas. Este estaba llenando un cuenco y poniéndolo debajo de una enorme caja. - Podemos darle una lección a ese pequeño sinvergüenza convirtiéndolo en nuestro particular conejillo de indias. -

- Por ahora deberías relajarte hermano. - sonrió George. - Hace un día estupendo y tú estás aquí amargado por lo que pasó en el Gran Comedor. -

Ron sintió que sus orejas se calentaban. - ¿Cuánta gente estaba al pendiente de lo que pasaba? - preguntó, sin ganas de oír la respuesta.

- Todos en el Gran Comedor, - se burló Fred. - chico listo…-

- Gracias, - gruñó Ron. - solo intentaba ser un poco optimista para variar…-

Tras leer el "informe", Harry solo podía sentirse más intrigado, queriendo saber más. Para él, descubrir que poseía magia oscura en su interior no hizo más que generarle nuevas preguntas, empezando por saber el porqué de esto. A la vez, también podría explicar en cierta medida su rápido desarrollo como mago.

Sin embargo, lo que más le había llamado la atención del informe, fue descubrir que Snape tenía el mismo "problema" que él, en este caso debido a su padre. ¿Tan grande había sido su odio? ¿Tenía algo que ver con el hecho de que Walker temiera que Snape se uniera a Voldemort?

- Dígame…- empezó Harry. - ¿Por qué Walker creía que usted podía unirse a las filas de Voldemort? -

- Creo que ya te explicamos lo suficiente cuando encontramos a Black… - susurró Snape, fulminándole con la mirada. - Además, la razón por la que te he aportado esta información es otra…-

- Usted odiaba a mi padre…- señaló Harry. - ¿Qué fue aquello que estuvo a punto de hacer? -

- No tengo porque decírtelo… - dijo Snape, haciendo una mueca de desprecio. - A estas alturas sabes perfectamente porque tu padre no me agradaba…-

- Pero aun así…-

- Tu padre hizo que mi estancia en Hogwarts fuera insufrible, - gruñó Snape. - año tras año, y todo porque el muy idiota no sabía cómo alcanzar el corazón de Lily…le molestaba que yo fuera su mejor amigo…Pero basta de hablar de eso, te dejé leer este informe para que conozcas las características de "Reiumta" y la importancia que tiene el que seas capaz de dominar esta habilidad…-

- Lo sé, - dijo Harry, casi de un gruñido. - debo controlarlo para evitar que esta me domine, y…me lleve a lastimar a quienes no quiero hacer daño…-

- Este informe solo te explica la teoría de la habilidad, - dijo Snape. - aunque visto lo visto puedo atreverme a aventurar que el descubrimiento de Ryan no es más que algo básico ya que…no se compara a lo que tú tienes, Potter…El cambio que sufres cuando usas esta habilidad es algo "diferente" a lo visto en mi caso. -

- ¿Por qué lo dice? - preguntó Harry, frunciendo el ceño.

Snape le dirigió una mirada sombría. - Puede que te sorprendas al escuchar lo que te voy a contar a continuación, - dijo. - pero a la vista de los últimos acontecimientos considero que ha llegado el momento, de revelarte uno de los mayores secretos que nos vimos obligados a apartar de ti…-

Harry se sintió rígido, como si un frío invernal hubiera invadido su cuerpo. - ¿Un secreto…que se vio obligado a apartar de mí? - preguntó, intensificando su mirada. - ¿Qué quiere decir con eso? -

No fue hasta que pasaron quince segundos cuando Snape finalmente respondió.

- Hace casi cinco años, ocurrieron una serie de acontecimientos que provocaron el despertar de tu Reiumta... -

- ¿Hace cinco años? - inquirió Harry. - ¿De qué está hablando? Yo no recuerdo que…-

- Por supuesto que no lo recuerdas…- susurró Snape con frialdad. El aula parecía mas oscura que de costumbre. - Cómo ibas a recordarlo cuando sencillamente, no puedes…-

Snape abrió uno de los cajones de su escritorio, sacando de él una pequeña caja negra del tamaño de una de cerillas. Murmuró un hechizo que Harry no consiguió entender, pues lo único que pudo oír con claridad fue una especie de "click". A continuación, el profesor abrió la caja y sacó de su interior un pequeño frasquito el cual contenía una sustancia muy rara.

Parecía una especie de luz liquida y gaseosa. Snape blandió su varita e hizo que la sustancia quedara pegada a esta. - Esto que ves aquí, - dijo, acercando a Harry la sustancia. - es un recuerdo. -

- ¿Un recuerdo? - preguntó Harry, mirando la sustancia con curiosidad.

- Si, - asintió Snape. - extraída…de ti. -

- ¿Qué? - Harry no lo podía creer. - ¿Cómo que de mí? ¿Cuándo…? -

- Hace cinco años despertaste tu Reiumta. - explicó Snape. - Por supuesto, no era el momento para que descubrieras tu identidad como mago, y además, me parecía poco prudente que tras todo ese lío mantuvieras el recuerdo, por lo que tuve que modificarlo, al mismo tiempo que debía hacer lo propio con los muggles involucrados. -

Harry sintió que su cabeza podía estallar. ¿Cómo era posible que Snape le extrajera ese recuerdo cinco años atrás?

- ¿Por qué? - preguntó, apretando los puños. - ¿Cómo es que usted…? –

- Hay una manera más practica de que lo entiendas…- dijo Snape, acercando el recuerdo a su cabeza. - Ten…averígualo por ti mismo…-

El recuerdo desaparecía en la frente de Harry, y tan pronto como sucedió sintió que algo que le habían arrebatado volvía a él en forma de imágenes que no podían hacer otra cosa más que dejarle sin palabras.

Capítulo 64 - La primera "caída" del heredero

6 de octubre de 1989

En el pueblo de Little Whinging, solo había tres escuelas, en la primera se impartía la educación inicial y primaria; en la segunda la secundaria y formación profesional; y en la tercera se encontraba el bachillerato y la educación universitaria.

Para Harry Potter estar en aquel pueblo no hubiera resultado tan difícil, de no ser porque pasaba la mayor parte de su tiempo encerrado en la casa de sus horribles tíos (Petunia y Vernon), además de su enorme, brusco y mimado primo Dudley.

Harry solo tenía tres motivos para salir de aquella casa: ir a hacer recados, ir a la escuela o quedarse en casa de la señora Figg cuando sus tíos tenían que salir y no querían dejar la casa a su cuidado.

Mientras el resto de familias y niños de su edad que vivían en el pueblo parecían contar con una bonita vida, la de Harry era propia de alguien atrapado en el patio de recreo de una prisión rodeada de verjas con espinas, y en casa de sus tíos, estaba su jaula (no encontraba mejor sobrenombre para su habitación, que no era otra que la alacena debajo de las escaleras que daba con el piso superior de la casa).

Harry siempre tuvo la idea de que la escuela de primaria de Little Whinging podía ofrecerle una vía de escape de su tormentosa vida en el número cuatro de Prive Drive. No deseaba otra cosa más que luchar por seguir adelante, esforzarse al máximo en los estudios, y cuando llegara el momento, escapar de esa maldita casa para no volver jamás y ver de nuevo a esos crueles parientes con los que le tocó vivir.

Por el momento, no le quedaba de otra que resistir, no solo con las obligaciones que tenía en la casa, sino también con sus propios problemas en la escuela.

- Muy bien clase, - dijo la profesora Eliza, quien impartía clases de Ciencias Naturales en primaria y además, era la principal tutora de su año. - ahora que nos quedan treinta minutos para terminar, podéis aprovechar el tiempo que queda para adelantar los deberes de cara al lunes. -

- Aquí estoy de nuevo, - pensó el pequeño niño de cabello azabache, sentado en su pupitre mientras resolvía unos problemas de ciencias naturales. - respondiendo a obviedades como la diferencia entre vertebrados e invertebrados mientras medito como voy a escapar de Dudley y sus payasos esta vez…-

- ¿Profesora? - preguntó un "gordo muy pesado y feo".

- ¿Si, Dursley? -

- ¿Puedo jugar al parchís con mis amigos? - preguntó inocentemente. - Hemos trabajado duro durante toda la semana y…-

- Hasta tercero solía ser así, - dijo la profesora, frunciendo el ceño. - pero estáis en cuarto año Dursley, aquí se viene a aprender y prepararse para cuando forméis parte de la sociedad. Eso implica que desde este año las cosas sean cada vez más serias. Y otra cosa más…- añadió, mientras se acomodaba las gafas y abría su fichero con exámenes. - hablé con tus padres de la poca implicación que tienes con los estudios, si no te pones las pilas es posible que los demás, incluido tu primo, se adelanten a ti…- varios en la clase comenzaron a reír.

- Vaya, - sonrió Harry. - eso fue un golpe muy duro para ti, cachorrito…- pensó, mientras Dudley le miraba con odio, a la vez que apretaba los puños. Por supuesto conocía el significado de eso.

Como ya era costumbre, Harry estaba en problemas, y no por culpa suya precisamente…¿o sí? Simplemente no podía creer en su suerte.

- Y ahora, - gruñó la profesora Eliza. - dejen de perder el tiempo, ¡a trabajar! -

Si bien tenía un pequeño consuelo, como el de contar con la capacidad para responder preguntas en clase de manera acertada casi sin pestañear (y tener así el reconocimiento de sus profesores), de poco le servía para ganarse el aprecio de sus compañeros de clase. Cuando Harry respondía correctamente y esperaba algún gesto de aprobación por parte de ellos, en sus miradas solo encontraba envidia y gestos de burla, como si él fuera alguien patético y nada "guay".

Era considerado como uno de los mejores estudiantes de su año, pero de nada le servía para hacer amigos. ¿Los motivos? Por lo que Harry pudo observar y escuchar, aparte de ser catalogado como una especie de "rarito", existían dos motivos más. Por una parte, estaba su aspecto, pues sus tíos le daban ropa ya usada por su primo Dudley, ya que al crecer tanto (no de altura precisamente) tenían que comprarle tayas más grandes casi de manera constante, por lo que la ropa que no le servía iba para Harry. Cualquiera pensaría que tampoco estaba tan mal, pero cuando alguien veía a Harry usando esas prendas se hacían la idea de alguien pequeño usando tallas extragrandes.

- A los ojos de los demás solo soy un pequeño escuálido sin fuerza…- pensó Harry, a la vez que describía la función de varios órganos vitales. - una pena para ellos que no sea tan debilucho como se empeñan en creer…-

Y por otra, estaba Dudley y su pandilla, quienes constantemente hablaban pestes de Harry, burlándose de él, de que sea huérfano y el hecho de que era mas bajito y delgado que su robusto primo. Por si eso no fuera poco, a la mínima que parecía que alguien iba a entablar una amistad con Harry, este grupo se aseguraba de que ese alguien no volviera a interactuar con él.

- No tengo amigos aquí…- pensó tristemente. - y a pesar de todo…-

Era en la hora del patio donde la evidencia de un rechazo general hacia él por parte de los otros niños se notaba más. A pesar de no haber sido alimentado de manera adecuada, Harry era también un buen deportista, y sin embargo nadie lo quería para ser parte de algún equipo de futbol o básquet cuando hacían equipos para jugar un partido (para colmo, cuando estaban en clases de educación física y les tocaba hacer ejercicios en colectivo, Harry se convertía en una especie de "patata caliente", ya que ningún grupo deseaba juntarse con él, ya sea por su primo o por sí mismo). Tampoco había quien se animará a jugar a las canicas con él, o a saltar a la comba, o simplemente a juegos más sencillos como el "pilla, pilla", el "piedra, papel, tijera" o el escondite.

Era irónico, y a la vez frustrante, que al único juego que podía jugar en la hora del patio era al escondite, ya que durante esa media hora tenía que escabullirse entre la multitud y encontrar algún sitio donde esconderse de Dudley y su pandilla.

¿Qué razón existía para esta constante persecución en su contra por parte de su primo? No era solo que Dudley odiara la estadía de Harry en la casa de Prive Drive, sino que cuando estaban en el colegio, siempre que podía, Harry se dedicaba a arruinar su "diversión" y la de sus colegas.

Dudley se dedicaba a molestar y golpear a niños más débiles que él. Era una de las cosas que Harry más despreciaba de su primo, y si podía hacer algo para ayudar a esos niños (a pesar de ser unos malditos desagradecidos), lo iba a hacer, ya sea enfrentándolo o distrayéndole para darle al débil la oportunidad de huir (sobraba mencionar que, tras la escuela, tenía la tendencia de ir con su pandilla a buscar alguna victima a la que hacerle bullying tras la escuela).

- A veces no puedo evitar preguntarme por qué lo hago…- pensó amargamente, a falta de dos páginas para acabar con los deberes. - no es como que a los demás les importe lo que pueda pasarme…-

¿Eso era todo? Posiblemente no, pues por algo Dudley se empeñaba en dejar claro a todos lo raro que era Harry, especialmente por algunos episodios que había experimentado tanto en casa de sus tíos como en la escuela.

Una vez consiguió que, de manera misteriosa, una pelota quedara pegada a su mano como si esta fuera de metal, y Harry un imán. Dudley había chutado tan fuerte la pelota con la que él estaba jugando en el patio que esta terminó en el tejado de uno de los vecinos. Fue entonces cuando al extender la mano en su dirección, Harry consiguió atraer a la pelota hacia él.

Eso no había sido todo, pues el último episodio había sido el colmo. Mientras escapaba de Dudley y sus amigotes durante la hora del patio del jueves pasado, Harry se había vuelto invisible a los ojos de sus perseguidores, justo cuando ellos habían conseguido dejarle sin salida. No lograba entender como había conseguido tal hazaña, pero gracias a ello pudo escapar.

Desconocía si podía lograrlo una vez más, pues durante la última hora del patio había alcanzado a escuchar a un grupo de niños de quinto año, hablando del alarde de Dudley y sus colegas. Al parecer tenían pensado perseguir a Harry después de que todos salieran de clases, todo con tal de demostrar que ellos imponían respeto.

Si ya en la casa Dudley era insoportable, en la escuela se había vuelto una especie de tirano. Lo peor de todo es que tío Vernon y tía Petunia tenían conocimiento de su actitud, pero lejos de actuar como lo harían unos padres responsables, ellos justificaban en todo momento las acciones de su hijo.

Ante esta situación, a Harry se le acababan las opciones. Una de ellas podría ser la de abandonar la casa de sus tíos y escapar, pero…¿A dónde iría? Más allá de Little Whinging no conocía Surrey lo suficiente como para aventurarse a perderse por la ciudad.

Justo cuando estaba por terminar con la mitad de los deberes, sonó el timbre de la clase, lo que indicaba que era la hora de salir.

- Muy bien niños, - dijo la profesora Eliza, acomodándose sus enormes gafas, las cuales parecían un antifaz. - quiero ver los ejercicios completados para la próxima clase, y Dudley, haz el favor de mejorar esa caligrafía. -

- Si, profesora. - respondió Dudley, con su cara de cerdo enrojecida hasta las orejas, al mismo tiempo que salía todo lo rápido que podía del aula.

Mientras sus compañeros preparaban sus cosas y guardaban sus libros en sus mochilas para salir, Harry no podía evitar las miradas que le dirigían. Era como si por una parte sintieran satisfacción, pero a la vez incertidumbre, ¿en que estaban pensado?

- ¿Potter? - dijo la profesora, antes de que Harry se dispusiera a salir del aula.

- ¿Si, profesora? - preguntó el muchacho.

- Espero que no tengas ningún problema en traer los deberes para la semana que viene. - dijo ella, mirándolo con serenidad. - Eres un alumno muy brillante, eso sin duda, no obstante, ha habido días en los que no me has traído los trabajos acabados. Tienes que trabajar mas duro, jovencito. -

Harry sintió un repentino deseo de estallar y dejarle en claro a la profesora que la culpa era de Dudley, pues siempre que podía intentaba husmear en su mochila haber si podía copiar los deberes. Además, también estaba el problema de que sus tíos a penas se molestaban en pagar por el material para él.

Al final decidió contenerse, respondiendo afirmativamente antes de salir del aula. Avanzando por los pasillos, llenos de taquillas viejas y oxidadas, se podía escuchar el cuchicheo de los demás. La mayoría solía hablar de futbol, películas y series de animación, pero también estaban aquellos que comentaban sobre otros estudiantes. Harry, el denominado "fenómeno" por parte de su primo y los Dursley en general, solía ser víctima de aquellos chismes.

No le gustaba lo que oía mientras salía de la escuela. Hubo miradas dirigidas hacia él por el camino, tanto en tono de burla como de pena (lo cual en parte le sorprendía, pues no pensaba que él fuera de importancia para alguien en aquel lugar, donde solo los profesores mostraban un pequeño interés en su existencia).

- Esto no me gusta nada…- pensó, tratando de mostrarse pasivo ante el murmullo general.

Sabía que no era muy apreciado en la escuela, pero no pensaba que iba a tener tan mala suerte como para que existieran niños que no lo querían ni ver. Una vez cruzo la puerta, y comenzó a andar por la calle no cabía más dudas para él.

Las constantes huidas de una posible paliza iban a tener una continuación, lejos de la vigilancia de los docentes, lejos de las paredes de la escuela, donde si ya no contaba con la seguridad adecuada, menos la iba a encontrar en la calle.

Harry hizo caso omiso a las voces de ciertos niños, que ya de por si estaban al pendiente de él por si tenían la oportunidad de arrinconarle, primero para reírse de él, y luego para provocarle e intentar atinarle un golpe. ¿Cómo pudo haber llegado a semejante situación?

Sintiendo como su ritmo cardiaco aumentaba al oír como aquellas voces burlonas se acercaban, Harry empezó a andar más rápido. No sabía muy bien cual era el mejor camino para llegar lo antes posible a la casa de sus tíos (donde tampoco iba a estar bien, pero como mínimo no sería víctima de una paliza), así que dejó que sus instintos lo guiaran.

Se desvió hacia la derecha, donde solía haber una heladería (estaba cerrada por reformas), pero por aquel camino llegaban otros cinco niños de su misma edad, con sonrisitas que no le gustaba nada a Harry. Mirando hacia atrás se dio cuenta de que estaba siendo alcanzado por Dudley y su pandilla (eran cuatro niños más él), si intentaba ir hacia allí no contaría con la suficiente agilidad como para zafarse de ellos. Solo quedaba un camino por donde podía desviarse, para luego intentar volver a casa de sus tíos.

¿Cómo podía tener tan mala suerte? Por una parte, había una casa abandonada, la cual tenía la puerta sellada con cadenas y un candado (además de un cartel con un comunicado de que estaba pendiente de ser demolida), y por otra parte estaba la librería del barrio, la cual estaba cerrada pues el librero se encontraba enfermo (esto quería decir que tristemente, no podía esconderse allí).

No le quedaba más remedio que arriesgarse. Harry corrió hacia aquel callejón desconocido, donde no sabía si encontraría una salida una vez se aventurara allí. Cuando llegó, vio que había un enorme patio, muy apropiado para jugar a básquet, pero lamentablemente no había otra salida, y para cuando Harry quiso volver atrás, no había salida posible.

- Maldición…- pensó, intentando ocultar el miedo que sentía, y más al ver las caras burlonas de Dudley y sus colegas. Parecían ansiosos por dejarle por los suelos.

Era en ese momento, donde más que nunca deseaba que ocurriera algo extraño, que por arte de magia pudiera sacarle de aquella situación. Su única esperanza era cruzar los dedos.

- Te pareció divertido, ¿eh? - le preguntó Dudley en tono burlón, mientras que Harry era sujetado por los brazos por Gordon y Malcolm, dos de sus amigotes. - Una vez más has estado haciéndote el gracioso en clase. -

- No es mi culpa que hagas preguntas estúpidas. - dijo Harry, recibiendo un golpe en el estómago.

- Este idiota no se entera de lo que está pasando. - dijo Piers en tono burlón.

- Para nada, - asintió Dudley. - y luego se hace el listo en clase. No dejas de reírte de nosotros, Potter, en cada momento que puedes te empeñas en amargarnos el patio. -

- Sois vosotros los que insistís en golpear a los más débiles por diversión. - gruñó Harry, intentando zafarse inútilmente del agarre. - ¿A cuántos niños de primero habéis golpeado esta semana después de la escuela? ¿No tenéis agallas con los de nuestro año? ¿Qué me decís de los de quinto y sexto? -

- Los de quinto no juegan en nuestra liga. - comentó Dennis, chocando sus puños. - ¿Pero de nuestro año? Tenemos uno aquí mismo. -

- ¡Una rareza, ni más ni menos! - añadió Piers.

- Oh si, - se burló Harry con arrogancia. - diez contra uno, que gran proeza…-

Dudley le golpeó en la cara. - ¡Así es como se atrapan a las rarezas como tú! - gruñó como un gorila. - Sigo pensando que escapaste del área cincuenta y uno, de otra manera no habrías podido darnos esquinazo durante tanto tiempo. ¿Qué harás ahora, fenómeno? ¿Desaparecerás? ¿Volaras? ¿Darás un supersalto y empezarás a tirarnos piedras? - agarró de la camiseta a Harry y comenzó a golpearle. - ¡Vamos! ¿¡Que truco nos mostrarás hoy, fenómeno!? -

Notando como comenzaba a salir sangre de su nariz, Harry fue tirado al suelo, sintiendo dolor en sus costillas y en la cara. Aun así, no estaba dispuesto a perder siendo humillado.

- ¿Es esta la manera en la que te diviertes? - inquirió con dificultad. - ¿Golpeando en grupo a alguien?

- Mi padre siempre dice que los hombres se construyen en la calle. - alardeó Dudley. - Pero tú, no eres nadie, solo un montón de basura que hace bulto en mi casa. - se acercó lentamente hacia él y añadió: - ¿Por qué? ¿Por qué mis padres siguen teniendo a alguien como tú viviendo con nosotros, cuando ellos mismo se empeñan en recordar el estorbo que eres? -

- ¿Por qué es huérfano? - se burló Piers con obviedad.

- Yo os diré porque, - declaró Dudley. - mi tía Marge siempre dice que su madre estaba loca, y que su padre era un borracho asqueroso. -

Harry sintió como la rabia le invadía. ¿A cuento de que venía que Dudley hablara así de sus padres?

- Mi abuelo siempre dice que conducir bebido tiene sus riesgos. - dijo Malcolm.

- Claro, claro, - dijo Gordon, rodando los ojos. - ya sabemos que tu abuelo es un tío muy listo, aun así, ningún borracho es capaz de perder tanto el control. -

- Cállate…- gruñó Harry, aunque en voz baja, mientras se levantaba como podía.

- ¿Y si a eso le sumamos a una loca? - preguntó Piers. - A lo mejor ella cogió el volante, pero giró hacia la izquierda en vez de la derecha. -

- ¡Cállate! - dijo Harry con más claridad, pero las risas de los otros niños fueron más ruidosas.

- Mi madre me dijo que ella era otro fenómeno, - dijo Dudley con burla. - pero se ve que de poco le sirvió para evitar que el borracho de su marido los acabara matando. -

- ¡CÁLLATE! - rugió Harry, golpeando con todas sus fuerzas a Dudley en la cara. Sin embargo, este apenas retrocedió. - ¡No permitiré que hables así de mis padres! -

- Hablando de locos…- dijo Dennis, riéndose.

- Este ya perdió el norte…- dijo Gordon.

- ¿¡Como te atreves!? - gruñó Dudley, frotándose la mejilla donde recibió el golpe. - Espera a que mi padre…-

- ¿En serio vas a decirle que te pegó un patético enano escuálido? - le preguntó Dennis, conteniendo las ganas de reír. Dudley se sonrojó un poco y negó con la cabeza.

- No tiene remedio…- dijo Malcolm. - Él solo se lo ha buscado. -

- Creo que está pidiendo a gritos que le demos una lección…- se burló Piers.

Dudley miró con dureza a Harry, y mientras se ajustaba los nudillos dijo con frialdad: - Quizás lo mejor hubiera sido que te perdieras con ellos…-

Aquel comentario alcanzó a Harry como si le hubieran clavado una espada. Sin tiempo a reaccionar, Dudley le tumbó al suelo de un puñetazo, mientras los demás le rodeaban para empezar a darle de patadas, mientras se reían sin parar.

Harry sentía mucho dolor, pero al mismo tiempo sentía tristeza, desesperación e ira. Era como si su cabeza no tuviera tiempo a procesar todo por lo que estaba pasando, a su vez, no podía olvidar todo lo que Dudley había dicho de sus padres. Sabía que no era la primera vez que algún Dursley hablaba así de ellos, pero aun así le daba rabia, porque siempre tenía en mente el cómo podría haber sido su vida, si sus padres nunca lo hubieran dejado.

No podía evitar pensar en que, dentro de poco, podía al fin reunirse con ellos, aunque fuera tan prematuramente. Pensar en aquello solo hizo que en su cabeza pudiera escuchar los gritos de una mujer desesperada, la cual suplicaba clemencia por la vida de Harry. De manera momentánea fue capaz de visualizar esa imagen, de un hombre con el rostro demacrado apuntando con un palo a una mujer pelirroja, la cual extendió sus brazos de manera protectora, para luego recibir de lleno una luz verde. ¿Aquella mujer había su madre? Si ese fuera el caso, ¿Por qué sus tíos insistían en que sus padres murieron en un accidente de coche?

Ya no importaba, pasara lo que pasara a continuación no quería marcharse, no sin darles su merecido a los cretinos que le estaban golpeando a diestra y siniestra. Entonces fue cuando ocurrió.

Una extraña energía oscura comenzó a cubrir su cuerpo, y el dolor de la paliza se convirtió en rabia, odio, y ansias de venganza. De repente, y tras gritar a pulmón vivo, Harry vio como la energía expulsó de su alrededor a los malvados niños, dejando a todos inconscientes.

Sentía dolor, pero su voluntad por hacerles pagar cada golpe era muy grande. Quería hacerles sufrir, tanto como le habían hecho sufrir a él. No sabía muy bien lo que ocurría, igual que cada vez que tenía episodios raros, pero le daba igual. No volvería a permitir que alguien le hiciera daño, o se metiera con sus padres y su memoria.

- Ahí tienes mi gran truco, - gruñó Harry (con una voz que sonaba más grave), poniéndose de pie y mirando a Dudley con un profundo odio. - esto es lo que pasa cuando traspasas la línea, cerdo imbécil…- extendió su mano y sorprendentemente el cuerpo inconsciente de Dudley flotó, yendo lentamente hacia él. - ¿A caso es culpa mía que seas un niñato mimado y un estudiante mediocre? ¿Cómo es que los inútiles de mis tíos no son capaces de criarte como es debido? ¿¡QUE TAL A BASE DE GOLPES!? - entonces le golpeó en la cara, haciendo que impactara contra el suelo. - Crianza en la calle…dudo mucho que sirva de algo contigo…-

Podía sentirlo, su ira le había dominado, hasta el punto de que en su cabeza solo tenía ideas para torturar a Dudley. Aún podía sentir el dolor de la paliza, pero poco le importaba, pues su máxima prioridad en aquel momento, era lo que haría con su presa. Avanzó hacia él, y mientras lo hacía, la energía que emanaba de su cuerpo le estaba vistiendo con unas ropas extrañas, una chaqueta larga que le llegaba hasta los zapatos con capucha (la cual ocultaba bien su rostro), unas botas negras, una camiseta, un cinturón y pantalones a juego.

Una sonrisa malévola se había dibujado en su rostro, mientras pisoteaba placenteramente el pecho de su repugnante primo.

- Oh cachorrito…- dijo Harry con suavidad y maldad. - ¿Qué…haré contigo? Podría enviarte de vuelta con los idiotas de tus padres…¡Oh! Espera, aún mejor, ¿Qué tal metido dentro de una caja? Así podría facilitarles el entierro, para que luego se quejen de que su sobrino no piensa en la familia…-

¿Cómo pudo llegar a esa situación? ¿De verdad sería capaz de matarle? Sin darse cuenta había llegado al extremo de desear acabar con él, aunque antes de tomar ese camino tenía que pensar en cómo hacerle daño, para cobrar una justa venganza. Pensando en dañar a Dudley de manera permanente, escuchó el bullicio de unas sirenas de policía. Eran cuatro, rápidamente estos salieron de dos coches patrulla y desenfundaron sus pistolas, apuntando hacia él.

- ¡Eh, tú! - exclamó uno de los oficiales. Quizás era quien lideraba la intervención. - ¡Aléjate de los niños, ponte de rodillas con las manos en alto! -

- ¡Hmph! A mí nadie me da ordenes…- gruñó Harry, apretando los puños. - ¿¡Por qué debería hacer esa ridiculez!? -

- Si te resistes, - advirtió el oficial. - no tendremos más remedio que obligarte por la fuerza. -

Harry se río a carcajadas, confundiendo a los guardas. - Ustedes lo pidieron, polis…- dijo en tono burlón, mientras hacía aparecer energía en sus manos. - jugaré un rato con vosotros…-

Los policías abrieron fuego, sin embargo, las balas perdieron velocidad hasta quedar suspendidas en el aire, no muy lejos de Harry (él había extendido una mano para provocar aquello). A continuación, las balas se convirtieron en canicas y con un movimiento de su mano fue más que suficiente para que volaran de regreso hacia ellos, a gran velocidad.

- Creo que me lo pasaré mejor jugando con estos patéticos insectos…- pensó Harry, disfrutando de la energía que le envolvía y le invitaba a humillar a los policías.

Eran canicas, y sin embargo habían provocado un gran daño a los policías, pues muchos terminaron por los suelos. Otros dos coches patrulla habían acudido al encuentro, saliendo de ellos más agentes. Tan pronto como se plantaron frente a él, abrieron fuego en su contra.

- ¿Cuántos de estos tipos han venido? - pensó, mientras detenía las balas. - Y lo más importante, ¿Quién los llamó? - sonriendo con malicia dijo: - ¿Qué tal…si os hago probar vuestra propia medicina? -

Con un movimiento de mano, fue suficiente para que las balas volvieran hacia sus tiradores. Tan pronto como pudieron los policías se cubrieron con sus vehículos, mientras que otros terminaron con heridas de gravedad. Harry sacudió la cabeza, pues, aunque disfrutaba con lo que era capaz de hacer también le estaba dando miedo. Él no estaba para pelear con los agentes de la ley, sino para devolverle la paliza recibida a Dudley y compañía.

También estaba el hecho de que no sabía quién había llamado a los agentes. Pensando en que era mejor buscar al "chivato", Harry miró más allá de los policías, y sin apenas inmutarse, apareció allí.

- Tenías razón, Dudley, - pensó Harry, mirando sus manos, mientras dejaba atrás a los agentes, quienes intentaban levantarse de nuevo, al mismo tiempo que no parecían tener idea de donde se encontraba, lo cual le llamaba la atención. - soy un fenómeno después de todo. -

- ¿Quién eres, mago oscuro? -

- ¿Hm? -

Alzando la mirada, Harry vio a un grupo de cuatro personas con vestimentas extrañas (tanto como la que llevaba puesta). Uno llevaba sombrero puntiagudo y nariz chata, otro parecía más viejo y llevaba una larga barba, el tercero tenía pelo castaño y gafas rectangulares y la cuarta era una mujer de cabello negro rizado. Estas personas le estaban apuntando con unos palos de madera, ¿Por qué estaban haciendo algo tan estúpido? ¿Y porque le llamaban "mago oscuro"? Era evidente que desconocían lo que era capaz de hacer.

- Podría preguntarles lo mismo. - replicó Harry.

- Has hechizado a un grupo de niños y oficiales de la ley muggle con magia oscura. - dijo un hombre con el sombrero puntiagudo. - ¿Tienes idea de la gravedad de tus actos? -

¿Hechizado? ¿De qué estaba hablando aquel sujeto? Mirando hacia atrás, Harry vio a los agentes de policías, confundidos y heridos, al mismo tiempo que revisaban el estado en el que se encontraban los niños que no hacía mucho, le habían atacado.

- ¿Yo…hice esto? - pensó, sintiendo una punzada de terror en su corazón. - No…no, esto no era lo que…-

Ninguno de ellos dijo nada, sin embargo, la mujer del grupo dijo: - Por el momento tendremos que llevarte a una celda en Azkaban. Nos llevará tiempo borrar todo indicio mágico que has dejado aquí. -

- ¿Qué…qué es Azkaban? - preguntó Harry, confundido y sin dejar de pensar en lo que había hecho.

Los sujetos misteriosos se miraron entre sí, hasta que uno dijo en un murmullo: - ¿Qué le pasa a este tipo? -

- No parece tener idea ni de donde está. -

- Por Merlín, definitivamente parece perdido, pero de la cabeza. -

- Muy bien, chalado. - dijo la mujer. - Por si nunca has pisado ese lugar, Azkaban es la prisión de los magos. -

- ¿Una…prisión para magos? - inquirió Harry. - Pero yo…yo no…-

- Si, - dijo el hombre con gafas rectangulares. - y es allí donde te quedarás hasta organizar un juicio por tus crímenes. -

- ¿Crímenes? - gruñó Harry, sintiéndose muy ofendido. - ¿¡Crímenes!? ¡Mi único "crimen" fue defenderme se esos infelices! Iba a darles su merecido por todo el tormento que me han causado…¡hasta que esos idiotas con pistola tuvieron que intervenir y estorbar mi venganza! -

- Esas personas no pueden hacer magia como nosotros, - replicó la mujer. - y mucho menos defenderse de la magia tenebrosa que has usado. Ya de por si el uso de esa magia es un peligro, y darle uso contra muggles…No, has obrado mal. -

- Mi compañera tiene razón. - dijo el señor de las gafas. - Si quieres, podemos hacer esto por las buenas, muchacho (creo que lo eres, a menos que seas una mezcla de mago y duende). Baja las manos, acompáñanos y si todo sale bien, quizás podamos…-

- Habéis dicho que me queréis encerrar en una prisión…- gruñó Harry, recordando que en Prive Drive dormía en la alacena debajo de las escaleras, como si se tratara de un montón de cachivaches inservibles. - No necesito otra prisión, de modo que…no. ¡Bajo ningún concepto iré a otra prisión! -

- Es una pena que opongas resistencia… - dijo la mujer, negando con la cabeza y apuntando con firmeza hacia él con su palo. - ¡Incarcerous! -

De repente, del palo de la mujer salieron unas gruesas cuerdas que se acercaban a gran velocidad hacia Harry. Este alzó las manos, deseando no ser atrapado por aquella gente, entonces fue cuando la extraña energía que emanaba de su cuerpo volvió a actuar. Las cuerdas quedaron suspendidas en el aire, y luego (con un gesto de rabia) Harry las apartó de su camino. Las cuerdas desaparecieron por medio de un extraño fuego oscuro.

- ¡Imposible! - dijo el hombre con sombrero, muy sorprendido.

- ¡He dicho que no iré con ustedes! - exclamó Harry, sintiendo como la rabia volvía a invadir su voluntad con fuerza. - ¡Lárguense! Antes de que pierda la poca paciencia que me queda…-

- ¿¡Pero como…!? - farfulló la mujer, sin creerse lo que había ocurrido.

- Increíble, - dijo el hombre con gafas. - no tiene idea de lo que hace, y aun así está haciendo magia sin varita. -

- ¿Magia sin varita? - pensó Harry, sin desviar la mirada de aquellos sujetos. - Lo que estoy haciendo…lo que he hecho todo este tiempo…¿es magia? -

- ¡De prisa! - exclamó el hombre de sombrero puntiagudo. - Hay que incapacitarlo, ¡ahora! -

- ¿¡Listos!? -

- ¡DEMAIUS! -

Los cuatro apuntaron hacia él y de sus palos empezaron a salir una especie de rayos de luz y chispas roja. Harry alzó las manos contra ellos y su extraña energía creó una barrera que rechazaba las luces que intentaban impactar en él. Estas fueron desviadas por todas direcciones, provocando algunos destrozos en la calle.

- ¡Alto, parad! - gritó el hombre con sombrero. - ¡Nos estamos exponiendo demasiado! -

- Los muggles están empezando a escandalizarse. - gruñó el señor con gafas. - Si esto sigue así tendremos mucho más trabajo para desmemorizarles. -

- Pusimos algunas protecciones para rodear la zona y evitar que más muggles vieran nuestra intervención. - dijo el señor con barba. - Si esto se prolonga demasiado la misión se complicará. -

- ¡Entonces hay que alejarlo de aquí! - gritó el hombre con gafas.

- Chester, Bird, - dijo la mujer, mirando al hombre con sombrero y al que tenía barba. - Id desmemorizando a los muggles. Myers y yo llevaremos esta pelea a otra parte. -

- ¿¡Os atrevéis a luchar contra mí!? - inquirió Harry, sin poder creer en lo que estaba pasando. Unos adultos que hacían cosas raras (como él) iban a hacerle frente.

- ¡Vamos Spooner! - exclamó el tal Myers, mirando a la mujer, para luego apuntar firmemente con su palo a Harry - ¡Depulso Máxima! - gritó.

De repente, una fuerte y misteriosa fuerza hizo volar a Harry por los aires, saliendo despedido. No podía controlar nada desde el aire, solo gritar y agitar los brazos, rezando internamente para que sus extrañas habilidades hicieran algo para salvar su vida.

Entonces, mientras estaba en el aire volando hacia saber dónde, alcanzó a ver al hombre con gafas y a la mujer subidos en…¿escobas voladoras?

- ¿Qué está pasando? - pensó Harry, agitando las manos inútilmente mientras recibía mas golpes invisibles. - ¿Escobas que vuelan? ¿Palos que lanzan luces? ¡Si no sintiera todo este daño de seguro pensaría que es un maldito sueño! -

No supo exactamente cuánto tiempo se mantuvo en la misma situación, pero siguió recibiendo golpes hasta que, en un arranque de ira, Harry gritó hacia el cielo, y la energía que emanaba de su cuerpo creó una especie de onda expansiva que detuvo el avance de los tres. A continuación, cayó en picado, hasta lo que parecía una llanura con pequeños arboles y un río, el cual no reconocía.

Justo cuando creía que iba a impactar contra el suelo, la energía oscura le protegió y amortiguó el impacto ("Eso estuvo cerca", pensó Harry). Por su parte, los dos adultos con poderes como él habían amortiguado la caída a su manera, recomponiéndose rápidamente para enfrentarlo.

- ¿Crees que hay muggles aquí? - le preguntó el tal Myers a Spooner, la mujer.

- No da la sensación…- dijo ella en voz baja, a la vez que movía la varita. - pero por si acaso…-

Murmuró algo que Harry no conseguía entender, pero tras aquello, parecían plenamente predispuesto a reanudar su ataque contra él.

- No sé quien eres, - dijo Spooner. - pero claramente eres un peligro. Acabas de perder una carta importante para apelar en tu defensa…-

Harry estaba harto. - ¡Váyanse al diablo, ustedes, su juicio y su maldita prisión! - bramó con su voz grave, sintiendo una furia increíble.

- Me temo que hemos sido demasiado benevolentes con él Spooner, - dijo Myers, apuntando con su palo mágico hacia Harry. - es hora de patearle el trasero…-

- ¡YO SI QUE OS DARÉ PATADAS! - gritó Harry, alzando las manos y esperando que su extraña energía hiciera su parte. Y vaya que si lo hizo.

Unas extrañas ráfagas de energía oscura salieron de sus manos (Eran como bolas de fuego envueltas en oscuridad). Los dos adultos repelieron su ataque, aunque parecían tener problemas para contenerlo.

- ¡A ver si resisten mis puños! - gruñó Harry, con un gran deseo por golpearles. Corrió hacia ellos, y cuando parecía que iba a pegar a Myers en la cara, en vez de un puñetazo normal había recibido el impacto de una ráfaga de energía oscura. El hombre salió despedido hacia atrás, hasta impactar en un árbol, donde quedó atrapado por unas gruesas ramas.

- ¡Myers! - exclamó Spooner, preocupada por su colega. A continuación, miró con furia a Harry y gritó con su palo: - ¡Bombarda! -

Tan pronto como pronunció aquellas palabras, una explosión de fuego alcanzó a Harry, el cual había provocado un cráter de tamaño considerable. Una vez más, la extraña energía que envolvía su cuerpo había sido su salvación, al mismo tiempo que estaba actuando como su arma particular.

Aquel truco pudo haberle hecho daño de verdad, y eso no hizo más que enfurecer con más contundencia a Harry. - ¡Me las pagarás, estúpida! - gruñó de mala gana.

Sus manos quedaron envueltas por la energía, y comenzó a tirar ráfagas oscuras contra ella, al mismo tiempo que la mujer esquivaba o rechazaba sus ataques.

- ¡Desmaius! - gritó la mujer, llegando a lanzar tres luces rojas al mismo tiempo contra Harry.

- ¡PIÉRDETE! - gruñó él con rabia, y con mucha fuerza agitó su brazo, esperando hacer algo para contraatacar.

Para su suerte pasó algo surrealista. Una larga llamarada oscura salió de su mano, provocando una especie de látigo de fuego que incendió todo a su paso en línea recta (incluido las luces rojas que estaban por alcanzarle). Spooner esquivó el ataque por muy poco.

- ¡Vermillious Tria! - exclamó ella, lanzado unas luces parecidas a los rayos eléctricos contra él.

Harry se cubrió rápidamente, pero está vez no pudo cubrirse completamente. Los rayos le generaron algunas heridas que empezaron a escocer.

- ¡TÚ! - rugió Harry, sintiendo algunas venas palpitando en su frente.

Se le ocurrió una idea. Alzó las manos, esperando que su poder creara una poderosa esfera de energía capaz de finalizar la pelea. ¿Por qué se le había ocurrido aquella idea? Básicamente porque todo cuanto estaba pasando era completamente surrealista y fuera de lo normal. ¿Qué le quedaba por hacer?

- ¿¡Como…como diablos…? - gimoteó la mujer.

Sorprendentemente apareció una esfera de energía de un tamaño considerable. Harry agitó sus brazos con fuerza y tiró la esfera contra Spooner. Ella rápidamente salió de la trayectoria, sin embargo, la esfera podía alcanzar a Myers.

- ¡MYERS, APARTATE DE ALLÍ! - gritó ella.

El hombre reaccionó a tiempo, y con mucha dificultad consiguió apartarse antes de que la espera oscura impactara contra el árbol. Una explosión se formó, arrasando con el árbol y creando un enorme cráter. Harry no era capaz de creer en lo que estaba viendo.

- ¡Eres…un monstruo! - exclamó ella, con miedo en su rostro.

- ¿Un monstruo? - se burló Harry.

Era absolutamente delirante que después de todo por lo que había pasado, alguien terminara llamándolo de esa manera. ¿Qué había hecho? Todo cuanto deseaba era tener justicia, por todas las tonterías e injusticias que tuvo que soportar por culpa de su primo y aquellos que lo siguieron.

- Claramente…- siguió Harry. - no sabéis nada de mí…¡Si tan solo supierais que…! -

- ¡Flipendo! -

Una poderosa luz azulada había impactado de lleno en Harry, haciéndolo retroceder e impactar contra el suelo. Era extraño, sin embargo, que lejos de sentir un gran dolor ante un impacto como aquel, no lo sintiera (el nivel de daño era muy parecido al de un golpe por parte de Dudley). Tan rápido como pudo se puso de pie, solo para ver de nuevo a Myers al lado de Spooner.

- Hay que reducirle cuanto antes. - gimió Myers.

- ¿Estás bien? - le preguntó Spooner, sin dejar de mirar a Harry.

- Creo que no recibí muy bien aquel golpe. - replicó el hombre. - Ahora sí que estoy cabreado de verdad…-

- ¡PUES CABREATE, IDIOTA! - rugió Harry, siendo rodeado por su energía. - ¡USTEDES NO HICIERON MAS QUE SEGUIR PROVOCANDOME! -

- ¡Tenemos que dejarlo fuera de combate! - dijo Myers con contundencia. - ¡Ahora! -

- ¡Hagámoslo! - dijo Spooner.

- ¡Petrificus Totalus! - exclamó Myers.

No sabía lo que el hombre le estaba lanzando, por lo que Harry intento cubrirse de nuevo, sin embargo, no fue lo suficientemente rápido. Tan pronto como fue alcanzado por una extraña energía azulada y transparente, Harry perdió completamente el gobierno de su cuerpo. Estaba totalmente paralizado, por mucho que se esforzaba no había manera de poder moverse. A continuación, Spooner volvió a lanzarle un rayo rojo con chispas, y sin más remedió, Harry lo recibió de lleno. Esto último no hizo más que hacerle perder las ansias de darles una paliza o de seguir luchando, se suponía que su único objetivo era Dudley. Los dos adultos se acercaban cautelosamente hacía él, a medida que iba perdiendo visión. Entonces algo inesperado sucedió.

En frente de los dos adultos apareció un tercero, Harry pudo verla. Era una mujer, y tan pronto como vio aquella túnica negra y escarlata, y sobretodo, aquel hermoso, largo y pelirrojo cabello, sintió un enorme atisbo de esperanza y a la vez tristeza.

Pelirroja, interponiéndose entre Harry y las personas que querían encerrarle en una prisión. ¿A caso era posible que fuera…?

- ¿Ma…madre? - pensó, alcanzando a ver como ultimo el comienzo de una pelea entre la mujer pelirroja y los otros dos adultos, antes de perder el conocimiento.

Nota del Autor:

Quería aclarar algo respecto al cambio de color de ojos de Harry, porque he leído los comentarios y al parecer piensan que su cambio de color es el mismo que el de Voldemort, lo cual no es así. De hecho, los ojos de Voldemort cambiaron a consecuencia de la creación de sus horrocruxes, teniendo una apariencia similar a la de los ojos de un gato. Os lo explico, la esclerótica (la parte blanca que rodea la esfera de color) es la que cambia a color rojo, el iris, que originalmente era marrón, cambia a un color amarillezco, y la pupila (la esfera negra central) se estira, hasta convertirse en una línea alargada que le termina dando esa apariencia de ojo de gato.

Bien, dicho esto, el fenómeno que le ocurre a Harry, tiene como cambio físico destacable en los ojos el color del iris, que pasa a tener un color rojizo brillante, el resto del ojo no cambia. Por tanto, no, no es "un Horrocrux", es la magia de Reiumta explicada por el profesor Snape.

Y para los curiosos, la palaba "Reiumta" la cree con las ultimas letras de tres palabras en latín: Furore (Furia), Imperium (Poder) y Vindicta (Venganza). No sé si os guste el nombre de esta habilidad mágica, pero a mi gusto se ve bien xD

Ah, y una cosa más…¡Mil disculpas por la tardanza! Cuando me olvido de añadir cosas pues me tengo que poner a ello. Ahora si, a por todas para acabar más capítulos. En todo caso ya dejaré algún aviso ya sea por aquí o por mis redes de los dos siguientes capítulos. ¡Nos vemos!