Capítulo 71 - Sin vasallo, pero con siervo

Tras un largo viaje y una vez consiguió pasar varias fronteras con controles mágicos debido a su puesta en búsqueda y captura; un hombre cubierto con capucha y una máscara había llegado a Albania. Sabía que podría haber llegado mucho antes a dicho país, pero necesitaba corroborar otras opciones antes de explorar la más sonada por los rumores.

Conociendo a quien buscaba, era evidente que él no se encontraría en pleno corazón del país, donde posiblemente también habría vigilancia. Así pues, aún con la dificultad que conllevaba por su herida, viajó con su escoba voladora hasta un pueblo de montaña conocido como Theth, donde reinaba la paz y la calma, lejos del bullicio de las ciudades, bajo los montes Prokletije.

Lo siguiente que debía hacer era buscar pistas de alguien a quien todos creían muerto. Todos, menos él, después de todo, ¿Quién podía engañar a la máscara?

- Nadie…- pensó, doliéndose de su herida.

Había alcanzado la iglesia del pueblo. Se detuvo un momento para lanzar más vendajes a su herida y detener todo lo posible la hemorragia. Se estaba haciendo cada vez más insoportable, pero sabía que no tenía tiempo para ponerse a buscar ingredientes para elaborar una poción curativa. Además, de nada serviría, pues su herida había sido obra de una maldición. Todo lo que podía hacer era seguir ganando tiempo hasta encontrarlo, pues estaba convencido de que él podía ayudarle.

Tras recuperarse un poco, siguió un poco más, hasta alcanzar la central eléctrica "Hidrocentrali i Shales ne Nderlysa". Con solo verlo recordó casi de inmediato el poque de su herida. Había enfrentado a una poderosa bruja, por no decir que era, probablemente, la más poderosa. Decidió que era mejor con centrarse mucho en lo que había pasado y hacer un esfuerzo por seguir, justo antes de llegar a la aldea de Nderlysaj. Allí, agotado por el viaje, optó por detenerse en una pequeña cantina. Allí, los tontos muggles lo miraron como si fuera un loco. Aun así, la tabernera le atendió y él simplemente pidió una copa de vino.

- No…- dijo ella, con una mirada cautelosa. - ¿no debería quitarse esa mascara para poder beber, señor? -

- Descuida, - dijo la máscara, mostrando sus labios. - tengo mis propios métodos…-

La tabernera palideció, y sin decir nada más se marchó a las cocinas a zancadas. Pasaron varios minutos hasta que el resto de muggles dejara de prestarle atención.

Mientras se concentraba en intentar sentir la magia de su señor, pudo escuchar a dos albaneses hablar en voz baja sobre un acontecimiento que le había llamado mucho la atención.

- ¿Ha vuelto a ocurrir, Pal? - dijo uno de ellos, que vestía con un abrigo enorme y peludo. Le recordaba a alguien.

- Eso me temo Dardan. - respondió el otro, tomando un trago de cerveza. Llevaba una chaqueta con el logotipo de la policía local muggle y un gorro de lana. - Si esto continua así no tendremos más remedio que avisar al alcalde para cerrar el camino hacia el Ojo Azul. -

- ¡Pe…pero es una de las principales atracciones turísticas que tenemos! - exclamó el tal Dardan, aporreando la mesa. - ¿¡Sabes de cuánto dinero estamos hablando!? -

- ¡Ya lo sé, no hace falta que grites! - masculló Pal, acercándose más a él.

- Que tontos…- se burló el hombre con mascara en voz baja. ¿En serio pensaban que él no entendía lo que estaban hablando?

- Pero no hay otra alternativa, Dardan. - repuso Pal. - El Ojo Azul ya no es seguro. Durante la última inspección encontramos los huesos de otra persona. Han sido diez días de análisis en los laboratorios forenses, pero no cabe la menor duda…se trata de Flamur…-

- ¿Qué…? - gimió Dardan. - No puedo creerlo, ese pobre idiota, ¿pero…que hizo esta vez? ¿Cómo…? -

- Ya estaba advertido de que no fuera allí, - dijo Pal, claramente molesto. - ese tío siempre ha sido muy imprudente. Aún recuerdo cuando intentó escalar las Cascadas de Grunas, solo para impresionar a una chica. ¿El resultado? Una fractura en la cadera y la columna…¡Ah! Y cinco meses de baja en el hospital. - Dardan ni se molestó en reírse. - Lo siento, sé que eso no toca ahora. La cuestión es que llevamos dos años tratando de averiguar qué es lo que está atacando y devorando las visitas. Cierto es que son pocos los restos que hemos hallado, pero…hasta ahora nada, nada…salvo unas células que coinciden mucho con la de las serpientes. Sin embargo, este ADN…no encaja con las especies conocidas. ¿Se tratará de una nueva? -

- No lo sé, a mí no me lo preguntes. - gruñó Dardan. - Por todos los cielos…no sé cómo se lo diré a Bertha…-

- ¿Bertha? -

- Si, mi prima, ¿no la recuerdas? - respondió Dardan, haciendo una mueca. - Veo que sí que te acuerdas. Sé que a veces es un poco idiota, pero es mi familia, ¿vale? Ah…lo cierto es que no se ha encontrado muy bien en los últimos años. Parece que con la edad ha ido a peor. -

- ¿Es por eso que…? -

- Si, - asintió Dardan. - en unos días vendrá a pasar las vacaciones aquí. Ha estado liada con su trabajo, esperaba que pudiera divertirse en el Ojo Azul, pero…con esta situación…-

La máscara se preguntaba qué era el Ojo Azul. Sea lo que fuere no estaba dispuesto a quedarse sin averiguarlo. Salió de la cantina tan rápidamente que ni se molestó en pagar por el vino. No tuvo más remedio que reducir la velocidad, ya que su herida volvía a darle problemas. Se apresuró en dar con algún aldeano al que poder extraerle información.

Entonces pudo ver a una mujer policía paseando por las cercanías de una granja con un perro rastreador. Recordó vagamente como lo hacían determinados agentes muggles para forzar a otro a darle información, a punta de pistola. Él no tenía una, pero no la necesitaba. Solo tenía que librarse del perro para que no llamara la atención. No muy lejos de ellos había un gato peludo de color gris husmeando entre varios escombros. Bastó un pequeño hechizo para forzarlo a ir corriendo cerca del perro. Este no tardó demasiado en perseguir al otro animal.

Justo cuando la agente iba a perseguir a su compañero sabueso, la máscara se plantó a sus espaldas y apuntó con su varita a la nuca de la mujer.

- ¿Qué me puedes decir…del Ojo Azul? - preguntó, con voz grave y profunda.

- Es…es una enorme piscina natural. - respondió la agente, intentando mantener la calma y alzando las manos. - Allí es donde va a parar el agua que baja de las montañas. Si…si quisieras ir solo tienes que seguir el río, hasta que encuentres el bosque…Aunque quizás, deberías saber que desde hace un tiempo ese lugar…-

Había escuchado suficiente de esa mujer. Apartó la varita, ella instintivamente fue a por su pistola, pero justo antes que se volviera la máscara la aturdió. Decidió ser piadoso con ella y, agarrándola de la chaqueta evitó que cayera bruscamente al suelo. No le apetecía llamar la atención, más de lo que ya lo había hecho.

Tan pronto como pudo, siguió el río hasta encontrar una señal que indicaba que debía cruzarlo para llegar a dicho lugar, donde se encontraba un gran bosque por donde el agua se introducía.

Al principió pensó que, ante la situación que se habían encontrado aquellos que se aventuraron a entrar allí, el lugar debía estar deshabitado. No podía estar más equivocado.

En los alrededores de los árboles había una vieja y solitaria cabaña. Silenciosamente se acercó allí, pudiendo llegar a oler el aroma de un caldo de pollo cocinándose a fuego lento. Asomándose por la ventana pudo ver a un hombre de aproximadamente cuarenta años, tirando a cincuenta. Por su ropa y la escopeta de caza la cual tenía apoyada en una silla supo que estaba ante un guardabosques.

- Quizás…- pensó la máscara, blandiendo su varita. - este sujeto me pueda orientar adecuadamente. -

Aporreó la puerta, listo para cualquier reacción del individuo que vivía allí. Pudo escuchar un jadeo y pasos ruidosos. A continuación, los pasos comenzaron a acercarse hasta la puerta. No cabía la menor duda, el individuo que residía en la cabaña estaba armado y listo para abrir.

- ¿Sí? - respondió con calma. Por su aspecto, diría que se trataba de un guardabosques, pero que al contrario que cierto guardabosques que recordaba vagamente, este era un hombre más bajito y flaco. El sujeto apuntaba frontalmente con una escopeta de caza muggle.

La máscara, bufando, no tardó nada en arrebatarle su arma y apuntar con su varita a la cabeza.

- Tengo entendido que ocurren cosas extrañas cerca de estos bosques…- masculló. El hombre albano se quedó tan sorprendido por la rapidez con la que había sido despojado de su arma que comenzó a temblar de miedo. - Dime…¿Qué fue de las personas que se adentraron allí? -

- ¿Acaso…eres de la policía? - jadeó el hombre, respondiendo en albanés, aunque la máscara entendía perfectamente lo que decía. - Creí que ustedes no tomaban en serio mis advertencias. Después de todo, pensáis que estoy loco…-

- No soy de la policía muggle, - respondió la máscara. - ahora, responde a mi pregunta…-

- ¿Muggle? Que es…- el guardabosques gimió cuando la máscara apretó con dureza la punta de su varita. - ¡Esta bien! ¡Lo siento, lo siento! Escuche…ese lugar…ese maravilloso lugar…Alguien lo ha maldecido. No he conocido a nadie capaz de aventurarse allí y volver, desde hace más de dos años…Llevo desde entonces intentando advertir a las autoridades y los viajeros que se olviden del Ojo Azul, pero nadie me escucha, a pesar de las evidencias. Sé que es una de nuestros mayores atractivos, pero debemos atenernos a la realidad…Todo aquel que se adentra en el bosque y se adentra en el Ojo Azul…jamás regresa. -

- ¿Por qué? -

- Se esfuman…- dijo el hombre, soltando unas lágrimas. - como si la tierra los devorara…o como mucho dejan unos pocos restos en los alrededores, completamente limpios, sin rastro de carne. Es tan triste, el Ojo Azul, todos disfrutábamos de nuestra gran maravilla, pero…ahora, parece un lugar que…Por…por favor…no me haga daño…-

- ¡Tch! Entiendo…- susurró la máscara, gimiendo un poco por la herida que tenía a un costado del cuerpo y lanzando un hechizo contra el hombre el cual provocó que cayera al suelo. Rápidamente, borró sus recuerdos más recientes y lo dejó tirado, cerrando la puerta para no dejar demasiadas evidencias.

Parecía que su intensa búsqueda por Albania estaba cerca de concluir. Durante ese tiempo estaba convencido de que daría con el Heredero de Slytherin. Había puesto a prueba a su rival y se había dado cuenta de que cuanto mejor supiera manejar su poder, más peligroso sería de cara a la culminación de su misión.

Sus heridas aún eran dolorosas. Por mucho que lo intentara, no podía acelerar el proceso de curación. Parte de él no le extrañaba, después de todo, Mérula Snyde era una bruja muy poderosa (o más bien, la más poderosa, como ella solía presumir). No importaba lo fuerte que fuera, nadie podía entrometerse en su camino, pues su misión era ayudar en todo lo necesario al Heredero de Slytherin, tal y como lo ordenó el fundador.

- No debería estar muy lejos...- pensó el hombre enmascarado, rastreando con varios hechizos de búsqueda la zona y esperando encontrar a su señor. - Le necesito de vuelta, mi lord...su misión a penas a comenzado…-

No había tiempo que perder. Sin dudarlo más se adentró en el bosque, siguiendo de cerca el flujo del río y su cascada. No sabía aún si se encontraba cerca de la orilla del legendario Ojo Azul, o entre los árboles, por lo que decidió dar un rodeo mientras bajaba hacia allí.

Las memorias de su máscara (el cual controlaba su voluntad) le transmitía que ese solía ser el tipo de hábitat de su señor, donde abundaba la humedad. Tenía mucho sentido que el heredero se ocultara allí, pues probablemente buscaba mantenerse en comunión con su antepasado. Mientras cortaba arbustos y ramas de árbol caídas para abrirse paso, una sensación de terror consiguió invadir su cuerpo, algo que lo dejaba consternado.

Quizás se debía a la cantidad de restos humanos que estaba viendo escondidos entre las plantas, aunque solo se trataba de huesos. Aun así, tan solo verlo le estaba dando escalofríos.

- Maldición…- pensó amargamente, al mismo tiempo que comenzaba a sentir una presencia mágica por los alrededores. - no es momento para esto. Debo encontrarlo…- la oscuridad del lugar no estaba ayudando en nada, por lo que decidió encender su varita.

Tras abrirse paso consiguió llegar al denominado Ojo Azul. Lo primero que vio fue a muchos cadáveres de animales (especialmente reptiles) cerca de la orilla, lo que daba a entender que quizás el heredero se encontraba allí, intentando sobrevivir.

- Mi lord…puedo sentir su magia divagando por este lugar…- dijo, desplazando la luz de su varita entre los arbustos. - Estoy a su servicio y completa disposición. Había oído rumores de que estaba por estos lares, pero no creí mucho en esas personas, es por eso que seguí pistas que me llevaron por el sur de Europa…Tras tanta búsqueda decidí seguir la pista de los rumores y por una vez…debería haber hecho caso. Su presencia, esta energía que emana es tan parecida a la de él…no…es incluso superior, lo cual es sorprendente teniendo en cuenta que en estos momentos carece de cuerpo físico…¿Estoy en lo cierto? -

Fue entonces cuando vio una figura deslizándose por las cercanías de la orilla. Atravesando el agua, alcanzando el pasto húmedo...hasta que finalmente se reveló ante él. Se trataba de una enorme serpiente verde, de aproximadamente tres metros y medio de largo y tan gruesa como el muslo de un hombre. El reptil se levantó, mirándolo a la cara.

- ¿Quién eres? - preguntó en pársel. - ¿a quién estás buscando? -

- Al heredero de Slytherin...- respondió la máscara en el mismo idioma. - o como los mortales de hoy suelen llamarle..."El que no debe ser nombrado", "Ya sabes quién"…Lord Voldemort...-

- ¿Ah sí...? - habló la serpiente, pero esta vez en inglés. - ¿Y...para qué estas buscándome? -

El enmascarado se arrodilló con dificultad y lo miró con firmeza. - Por fin tengo el honor de encontrarlo...mi lord...- dijo. - Su cometido está escrito, al igual que el mío. Salazar Slytherin, mi creador, me dijo que debía estar a su lado para ser su asistente durante la misión que le ha sido encomendada. -

- Misión, ¿eh? - habló Lord Voldemort desde la serpiente. - ¿Así que su herencia no se reduce solo a un puñado de baratijas y su Cámara? Interesante...en cuanto a ti, sigues sin decirme quién eres...¿Que ocultas tras esa máscara? -

- El rostro de mi huésped...pero poco importa ya quien sea…- respondió la máscara. - Mi creador me llamó Cerpentos, mi cometido...escoger una vida para llevar a cabo mi labor, siendo su fiel siervo en su lucha. -

- ¿Así que mi antepasado me ofrece un siervo? - silbó Voldemort. - Supongo que no está mal. Ahora bien, ¿qué clase de misión tiene mi querido ancestro para un servidor? -

- En este mundo existen unos seres que se parecen a nosotros, - explicó Cerpentos. - al menos, físicamente. La voluntad de mi creador es que su obra, su plan maestro, quede culminado. La especie conocida como muggle debe ser eliminada de la faz del planeta. -

- ¿Quiere que me ponga a cazar sangre sucia? - gruñó el Lord Oscuro. - No necesito que él me lo pida para hacerlo precisamente. Eso mismo estaba haciendo yo…de una manera u otra, lo encuentro un estorbo…-

- No exactamente...- aclaro Cerpentos. - Esa tarea no es tan simple como una cacería. La idea es que no vuelvan a existir. Si…su cometido no es otro que exterminar su especie, para que de esta manera brujas y magos de sangre pura puedan divagar por el mundo sin restricciones. Ya no más esconderse, ya no más preocuparse por llamar la atención o porque esta escoria quiera aprovecharse de nuestro poder. El mundo será puramente mágico una vez acabemos con ellos...Y usted, mi señor...será el líder del nuevo mundo...-

- Interesante...- dijo Voldemort, con tono de satisfacción. - No obstante, ¿cómo esperas que cumpla esa expectativa si no soy más que un mero espectro? -

- Cierto...su cuerpo...-

- No importa, - le silenció por ahora. - porque estás ante Lord Voldemort, el mago más poderoso de este miserable mundo. El objetivo parece claro, aunque sigo sin conocer qué clase de método espera Slytherin que utilice para llevar a cabo su…voluntad. ¿Alguna idea? -

- Si…todo lo que necesitamos lo hallaremos…- dijo Cerpentos con dificultad. - pero antes hay ciertos objetos que recuperar…para que nos indiquen el camino…y mucho más…-

- ¿Objetos? - repitió Voldemort. - ¿Qué clase de objetos? ¿Sabes? No me gusta recibir información a medias, eso no se le hace a Lord Voldemort. -

- Por supuesto que no, - repuso Cerpentos. - se trata de unas joyas con un poder inconmensurable…tienen una utilidad más allá de permitirle a quien las posea un don extraordinario, y que de bien seguro a usted le entusiasmaría obtener…-

- Cuidado con lo que me estas a punto de decir…- le advirtió Lord Voldemort. - te sorprendería saber lo que soy capaz de hacer a pesar de no contar con un cuerpo físico…Ahora dime…¿de qué don estamos hablando? -

- Uno digno de los mismismos dioses, - respondió Cerpentos. - uno que le permitiría destacar por encima de cualquier mortal de este mundo. Sin embargo, no se me permite revelarlo aquí, tan a la ligera. Solo puedo prometerle una cosa, todo sacrificio que se haga a partir de hoy merecerá la pena. Porque una vez las esmeraldas de Defectorus sean encontradas su misión y su gran deseo se verán cumplidos…-

- ¿Acaso pretendes decirme que conoces mi gran deseo? - gruñó Voldemort

- Me hago una idea, - asintió Cerpentos, pensando en la manera que su señor había sobrevivido. - después de todo, uno no puede seguir vivo de cualquier manera sin un cuerpo físico. Cualquiera que lo viera daría por sentado que es usted un fantasma. -

- Déjate de minucias, - masculló Voldemort. - si tu conclusión es que no vas a darme más detalles aparte de esas esmeraldas de Defectorus no tiene caso que sigamos con esta charla. De momento optaré por comprobar lo útil que puedes ser. Si…esto es lo que haremos. Conozco una poción que puede crear un cuerpo rutinario para mí. No es lo mejor que hay, pero puede servir como comienzo para no tener la necesidad de poseer más a mi querida Nagini. -

- ¿Se refiere a la serpiente? - preguntó Cerpentos.

- Si...- respondió Voldemort. - tuve mucha suerte de encontrarla divagando por la orilla del lago dos meses atrás. Se ha predispuesto a seguirme...es curioso, no cualquier ser vivo es capaz de soportarme en su interior tanto tiempo...soy demasiado poderoso para la mayoría de mortales, sin embargo, ella...es especial. -

- Entiendo, - dijo Cerpentos, llevándose nuevamente la mano al abdomen herido. - diga pues mi señor...¿por dónde empezamos? -

- ¿Qué tal si primero te recuperas bien de esa herida? - señaló Voldemort. - Parece que te han herido gravemente con magia oscura...Hm...qué curioso, este conjuro me resulta bastante familiar...En fin, no hay imposibles para Lord Voldemort. ¡Primero! Encontremos un refugio para revisar tu herida. Entonces te verás beneficiado de mis conocimientos...una vez estés listo...solo quedará analizar la situación actual, tener en claro el objetivo, planificar nuestros movimientos y…esperar una buena oportunidad para atrapar al chico...-

- Estoy a su completo servicio, mi lord...-

- Vamos pues...- siseó Voldemort.

Sus vendas no eran suficientes para ralentizar la herida. ¿Qué podía hacer el heredero de Slytherin al respecto? Y más, ¿si no tenía un cuerpo físico con el que mostrar sus poderes? No quedaba de otra, había que seguirle, había que seguir al líder que traería el nuevo mundo.

Lo primero que hicieron fue pensar en sus opciones. Definitivamente el escenario que se les presentaba no podía ser mejor. Cerpentos le comentó a Lord Voldemort que los muggles planeaba cellar la entrada al Ojo Azul ante los acontecimientos ocurridos en los dos últimos años. Además, había una cabaña de guardabosques cerca, y a la vez alejada lo suficiente del pueblo como para ser un buen refugio.

- Tienes información, - siseó Lord Voldemort, mientras serpenteaba. - y además has encontrado un lugar útil en menos que canta un hipogrifo. Supongo que empezamos bien…-

Una vez alcanzaron la cabaña, Cerpentos abrió la puerta, donde encontraron inconsciente al muggle albano que había aturdido antes. Lord Voldemort se preguntaba porque el puñetero muggle que residía en la cabaña seguía con vida.

- ¿¡Que clase se siervo de Salazar Slytherin eres!? - chilló enfurecido. - ¡No te quedes ahí parado! ¡Empuña esa varita y acaba con él! -

Cerpentos no tuvo más remedio que obedecer. Una luz verdosa salió de la punta de su varita, y poco después el hombre al que antes había aturdido dejó de respirar.

- Eso está mejor, - asintió la serpiente, poseída por Lord Voldemort. - así Nagini tendrá algo para cenar…Luego, no estaría mal ir en búsqueda de mi varita…Bien, no hay tiempo que perder, siéntate en la silla de esa mesa y quítate las vendas. Si creo que se trata de la maldición que tengo en mente, no debería tardar demasiado en dar con la cura…-

….

Tan pronto como había sentido una especie de pinchazo en la cabeza (muy cerca de su cicatriz), Harry se levantó de golpe, jadeando un poco. Fue un alivio ver que solo estaba en la enfermería (otra vez en muy poco tiempo), y que por como brillaba el sol probablemente estaba cerca de ser mediodía. Observó las demás camas, viendo que él era el único que se encontraba allí. ¿Tan cansado estaba?

- ¡Oh! Potter, - escuchó hablar a la señora Pomfrey, la cual llevaba una bandeja plateada con vasos de agua limpios, los cuales estaba guardando en un armario. - ya era hora que despertaras. Ni siquiera te has molestado en ir a desayunar con los demás. -

- ¿A qué hora se fueron? - preguntó Harry, frotándose un poco los ojos mientras revisaba con satisfacción que se había curado de sus heridas.

- Bastante temprano la verdad, - respondió la enfermera, acercándose a su cama. - cualquiera diría que aún estáis en plena temporada escolar. Tan solo espero que esta sea la última vez que ustedes me visiten en búsqueda de una recuperación, al menos hasta el curso que viene. Ni siquiera su padre me había visitado con tanta frecuencia cuando estudiaba en Hogwarts. -

- Me lo puedo imaginar…- dijo Harry, sonriendo un poco. - tampoco creo que pueda, dado que hoy nos vamos…-

- Por cierto, - dijo la señora Pomfrey, dejando la ropa limpia de Harry en una silla. - me encontré esta mañana con el profesor Dumbledore. Me dijo que una vez despertaras que acudas a su despacho lo antes posible. -

- ¿Mencionó para qué? - preguntó Harry, aunque esperando de antemano una respuesta negativa.

- Dijo que quería hablar contigo antes de que regreses a Londres, - explicó ella, entregándole un corto libro de crucigramas muggle. - si hay un momento es ahora, salvo que prefiera dejarlo para después del verano. -

Harry asintió, haciendo un esfuerzo por levantarse de la cama. En el momento que comenzó a cambiarse detrás de la cortina sintió que le pesaba mucho el cuerpo, quizás por todo el esfuerzo que empleó cuando se aventuró a encontrar el Santuario. Una vez se vistió fue caminando hasta el despacho del director. El ambiente estaba siendo agradable, pero a la vez movido, y no era de extrañar. En unas horas llegaría la entrega de la Copa de las Casa y poco después, tendrían que ir a la estación de Hogsmeade para tomar el Expreso de Hogwarts de regreso a Londres, por lo que no le extrañó ver a muchos estudiantes moviendo material escolar u otras pertenencias. Por fortuna él ya tenía listo su baúl, solo quedaba esperar a la entrega del trofeo y la hora de partir.

Mientras se acercaba al despacho del director, Harry se preguntaba porque Dumbledore le había entregado un crucigrama muggle. Como distracción decidió abrirlo para ver que contenía. Lo que pudo leer son varias palabras marcadas con tinta de pluma, como local, elaborado, memoria, escondite…y finalmente la misma palabra de lo que sostenía.

- Crucigrama…- leyó, y de repente escuchó el movimiento de una estructura de piedra.

Sin darse cuenta había llegado a la entrada del despacho del director. La gárgola comenzó a girar, revelando los peldaños de la escalera de caracol. Harry plegó el crucigrama y empezó a subir, omitiendo el dolor que sentía, hasta alcanzar la puerta.

- ¿Profesor? - preguntó Harry, mientras tocaba la puerta. - Soy yo, Harry. -

- Si, si, adelante. - escuchó decir a Dumbledore. - Puedes pasar Harry. -

Una vez abrió la puerta, Harry pudo ver a Dumbledore sentado en su escritorio, con Fawkes a su lado y escribiendo con una pluma lo que parecía ser el crucigrama de un periódico muggle, el "Daily Mail".

- ¿Qué hace señor? - preguntó Harry, mirando al directo con curiosidad.

- Oh, me lo trajeron esta mañana. - dijo Dumbledore con una sonrisa, mientras dejaba la pluma de escribir y enrollaba el periódico - Lo cierto que es que llevo suscrito a este curioso periódico muggle desde hace un par de años. La profesora Charity Burbage, de Estudios Muggles, me lo recomendó después de su entrevista de trabajo. Debo admitir que los no mágicos son muy ingeniosos, saben entretener a todo tipo de personas. Entonces se me ocurrió que podía ofrecerte la contraseña de mi despacho de una manera más…creativa. -

- Gracias, a mucha gente le gusta los crucigramas. - dijo Harry, frunciendo el ceño. - Esto...¿me podría decir para que me llamó? No falta mucho para que tengamos que ir a la estación de Hogsmeade. -

- Primero…tengo entendido que ayer por la noche tu y tus amigos fueron muy tarde a la enfermería. - explicó Dumbledore, mirándolo por encima de sus gafas lunares. Harry se quedó de piedra, no esperaba que él lo supiera. - Normalmente la señora Pomfrey no me da reportes de alumnos accidentados salvo que sufra de heridas graves o…que los mismos alumnos acudan a la enfermería de manera recurrente. No hace mucho que los cuatro se recuperaron de lo sucedido con Sirius y el enmascarado. -

- Si, lo sé…- reconoció Harry, dando por sentado que el director sabía lo de su búsqueda. - fui a buscar el Santuario. Ellos insistieron en acompañarme. -

- ¿Hubo suerte con dicha búsqueda? - preguntó el director con calma.

- A medias, - admitió Harry, aún sorprendido al ver la tranquilidad con la que Dumbledore le preguntaba. - encontramos el Santuario…pero no tuvimos muchas respuestas. Sigo sin saber mi verdadero cometido, lo que quiere Gryffindor de mi más allá de combatir a Voldemort y sus seguidores. -

- Entiendo, - dijo Dumbledore, con un suspiro. - no obstante, te animaría a no obsesionarte con la búsqueda de respuestas Harry. Teniendo en cuenta como habéis vuelto de vuestra pequeña aventura…-

Harry asintió. - Nadie dijo que sería fácil, ¿no? -

- Tengo plena confianza en que algún día todas tus dudas quedarán resueltas. - afirmó Dumbledore, frotándose la barba. - Por tanto, te pediría que no te precipites. Sé paciente, sé inteligente, pero también…sé el buen muchacho que eres siempre…-

- Si tan solo se molestara en darme más detalles quizás toda esta búsqueda no sería necesaria…- pensó Harry, suspirando levemente. - aunque quizás tenga algo de razón. ¿Me estaré precipitando? Hm…de momento debería centrarme en encontrar el resto de Sellos, pero sin perder los cabales. Rayos…-

- En segundo lugar, están tus clases extraescolares con el profesor Snape, - dijo el director. - si hay alguien adecuado para la tarea de enseñarte a dominar tus habilidades especiales sin influenciar en el orden habitual del programa estudiantil es él. -

- ¿Llama usted "habilidad especial" a la magia oscura? - inquirió Harry.

- No creo que la idea de que mucha gente asocie la magia oscura a ti sea de tu agrado. - señaló Dumbledore. Harry hizo una mueca. - No tienes por qué tomártelo a mal. La magia oscura no deja de ser conocimiento, al final…debes de ser tú quien decida qué hacer con dicho conocimiento. Con que finalidad darle uso, así como el pársel…-

- ¿Cree que pueda hacer un bien con esto? - preguntó Harry, mirando su mano diestra.

- Solo si aprendes y sabes usarlo. - aclaró Dumbledore. - El profesor Snape quería mi aprobación antes de poner en marcha esas clases extra. Confío en que estés preparado para el reto, eres quizás el alumno más joven junto a Tom y el propio Severus en aprender su funcionamiento…-

A Harry le sorprendió escuchar que Snape había practicado la magia oscura desde muy joven, y por supuesto no esperaba menos de Ryddle. Esto también le llevo a preguntarse sobre qué había pasado con el enmascarado, y si finalmente se había reunido con él.

- En tercer lugar, - añadió Dumbledore, en un tono más serio. - quería ofrecerte un avance en mi investigación sobre los horrocruxes…- Harry prestó más atención. - He conseguido localizar a la persona con la que habló Tom Ryddle hace muchos años atrás. Aquel quien le explicó el procedimiento para crear un Horrocrux aun cuando Tom ya sabía de ellos…-

- ¿Y bien? -

Dumbledore guardó el periódico y la pluma dentro de su escritorio, para a continuación ponerse en pie. - Conseguí un recuerdo suyo, - dijo. - uno el cual confirma todas nuestras sospechas, Harry. -

- ¿Un recuerdo? - preguntó el azabache, aunque gracias a Snape ya había visto uno.

- Si, permíteme explicarte…- dijo Dumbledore. - Los recuerdos como tal sirven para rememorar hechos. Podemos verlos una y otra vez por medio de un Pensadero. -

- ¿Un Pensadero? -

- Oh sí. - dijo el director con una sonrisa. - De hecho, yo poseo uno. Está por aquí...-

Dumbledore y Harry se acercaron a un armario negro. Al abrirlo, del armario salió una luz plateada, que al apagarse levemente reveló una vasija de piedra poco profunda, con tallas de runas y distintos símbolos. La luz plateada provenía del contenido de la vasija, donde pudo contemplar una multitud de recuerdos color blanco brillante, plateado. Estos se movían sin cesar.

- Esto, es un Pensadero. - explicó Dumbledore. - Sirve para revisar recuerdos, o en mi caso, para despejar la mente. A veces me parece (y estoy seguro de que tú también conoces esa sensación) que tengo demasiados pensamientos y recuerdos metidos en el cerebro. -

- Ya veo…- dijo Harry, asombrado ante tal artilugio. - No me vendría mal uno de estos chismes…- pensó.

- En esas ocasiones…- siguió Dumbledore, señalando la vasija de piedra. - uso el Pensadero. No hay más que abrir el grifo de los pensamientos que sobran, verterlos en la vasija y examinarlos a placer. Es más fácil descubrir las pautas y las conexiones cuando están así, ¿me entiendes? -

- Entonces, - dijo el azabache, observando la sustancia blanca que giraba en la vasija. - ¿Estos son sus recuerdos? -

- Eso es…- asintió Dumbledore. - pero a continuación, no veremos uno de mis recuerdos, sino los de otra persona en particular. Hace unos días, concretamente antes de que te encontraras con Sirius, tuve un encuentro con un viejo amigo y colega mío: Horace Slughorn. -

- ¿Slughorn? - repitió Harry.

- Es el nombre del profesor que le explicó a Tom como realizar con éxito un Horrocrux. - dijo Dumbledore. - La voz de la persona a la que no reconocías en tus sueños, ¿te das cuenta? -

- Y usted logró convencerlo de dejarle ver ese recuerdo, ¿no es así? - supuso Harry.

- Efectivamente, - dijo Dumbledore. - a decir verdad…- sacó de un cajón una pequeña botella. En ella, había la misma sustancia de los recuerdos. - me costó unas cuantas horas persuadirle y convencerle de que me hiciera entrega, de esto…-

- Y…¿porque no intentó leerle la mente? - le preguntó Harry.

Dumbledore parecía un tanto impresionado ante la pregunta. - ¿Qué te ha llevado a pensar que cuento con dicha habilidad? - preguntó amablemente.

Harry dijo con tranquilidad: - Usted tiene tendencia a "adivinar" en cierta medida lo que piensa alguna que otra persona. Creo que hace tiempo que soy consciente, no tiene caso que me esconda algo tan evidente…-

- Hm…ya veo, - dijo Dumbledore, sonriendo. - eres muy perspicaz, Harry. Por supuesto…viajé por el mundo durante muchos años, y he logrado aprender muchas habilidades. Entre ellas, la Legeremancia y la Oclumancia y…tengo la impresión de que tú conoces la última, ¿estoy en lo correcto? -

- Prácticamente siempre lo está…- respondió Harry con una sonrisa leve. - de hecho, el profesor Snape me ayudará a reforzar mi Oclumancia ya que no es perfecta. En cualquier caso, no quiero que piense que por ser Oclumántico yo desconfíe de usted y su criterio. Es simplemente que no me hace mucha gracia que husmeen en mis memorias. Eso…es privado…-

Dumbledore asintió. - Tranquilo, - dijo. - esa razón es perfectamente comprensible. Es más, te felicito por tomar esas precauciones. Tú eres como un enorme baúl de secretos. Sería imprudente dejar que tus memorias llegaran al conocimiento de…mentes equivocadas…- Harry asintió levemente. - En cuanto al porque no recurrí a la Legeremancia con Horace, es muy simple. Él también posee habilidades Oclumánticas, bastante avanzadas si se me permite añadir. -

- Ya veo…-

- Por eso decidí persuadirle con suavidad y sin ir tan directamente al grano. - explicó Dumbledore. - Fueron casi diez horas (confieso que por momentos me vi en la tentativa de abandonar, algo que no es propio de mi desde luego) pero lo logré. - destapó la botella y vertió el recuerdo sobre el Pensadero. - ¿Estás preparado? -

- ¿Qué debemos hacer? - preguntó el azabache.

- Entrar…- respondió Dumbledore.

Harry, aún sin entender del todo el funcionamiento de tan peculiar artilugio, se inclinó sobre el Pensadero y notó cómo los pies se le separaban del suelo…Se precipitó en la oscuridad y aterrizó en un despacho, rodeado por varios calderos e ingredientes de pociones. Allí había un hombre, no muy alto, pero demasiado gordo, de cara redonda con un tupido y brillante cabello rubio oscuro y bigote rojizo.

- Hm…ese debe ser el tal Slughorn…- pensó Harry. - De modo que así funciona un Pensadero…que raro…es como viajar en el tiempo…es parecido a la sensación que tuve cuando el maldito Ryddle me mostró el recuerdo de la captura de Hagrid…-

Slughorn estaba sentado en el cómodo sillón de orejas, con los pies apoyados en un puf de terciopelo y una copita de vino en una mano mientras con la otra rebuscaba en una caja de piña confitada. Lo rodeaban media docena de adolescentes, también sentados, entre los cuales se hallaba Tom Ryddle, en uno de cuyos dedos relucía el anillo de oro con una piedra negra.

- Es ese miserable…- gruñó Harry, entre dientes y voz baja. - ¿Hm? Oh, es usted profesor…- dijo, tras ver que Dumbledore aterrizó a su lado.

En ese preciso instante, Ryddle empezó a hablar. - ¿Es cierto que la profesora Merrythought se retira, señor? -

- ¡Ay, Tom! Aunque lo supiera no podría decírtelo - respondió Slughorn, e hizo un gesto reprobatorio con el dedo índice, aunque al mismo tiempo le guiñó un ojo. - Desde luego, me gustaría saber de dónde obtienes la información, chico. Estás más enterado que la mitad del profesorado, te lo aseguro. - Ryddle sonrió y los otros muchachos rieron y le lanzaron miradas de admiración. - Claro, con tu asombrosa habilidad para saber cosas que no deberías saber y con tus meticulosos halagos a la gente importante...Por cierto, gracias por la piña, has acertado, es mi golosina favorita. - varios alumnos rieron disimuladamente. - No me extrañaría nada que dentro de veinte años fueras ministro de Magia. O más bien quince, si sigues enviándome piña. Tengo excelentes contactos en el ministerio. -

- Si fuera ministro estaríamos en medio de una eterna guerra civil…- pensó Harry amargamente.

Tom Ryddle se limitó a sonreír de nuevo mientras sus compañeros reían otra vez. Pese a que Ryddle no era el mayor del grupo, Harry se fijó en que los demás lo miraban como si fuera el líder.

- A puesto a que convenció a todos esos idiotas de seguirle los pasos. - pensó Harry. - Claro, no por nada es un experto en la manipulación…- sentía un odio tan profundo hacia Ryddle que, si no fuera porque se trataba de un recuerdo, iría el mismo a estrangularle.

- No creo que sirva para la política, señor…- dijo Ryddle, cuándo las risitas cesaron. - Para empezar, no tengo los orígenes adecuados. - un par de muchachos se lanzaron miradas de complicidad. Al parecer daban por sentado, o al menos creían, que el cabecilla de su grupo tenía un antepasado famoso, y por eso interpretaban las palabras de Ryddle como un chiste.

- No digas bobadas, - dijo Slughorn, riéndose. - está más claro que el agua que procedes de una estirpe de magos decente. De lo contrario, no tendrías esas habilidades. No, Tom, tú llegarás lejos. ¡Y nunca me he equivocado con ningún alumno! -

- ¡Desde luego! - pensó el azabache, cada vez más enfadado. - ¡Se convertirá en el ser más despreciable e imbécil del universo! ¡Vete a la mi*rd*! -

El pequeño reloj dorado que había encima de la mesa dio las once, y el profesor se volvió para mirarlo. - ¡Madre mía! - dijo. - ¿Ya es tan tarde? Será mejor que os marchéis, chicos, o tendremos problemas. Lestrange, si no me entregas tu redacción mañana, no me quedará más remedio que castigarte. Y lo mismo te digo a ti, Avery. -

Los muchachos salieron uno a uno de la habitación. Slughorn se levantó con dificultad del sillón y llevó su copa, ya vacía, a la mesa. Entonces notó que algo se movía detrás de él y se giró. Ryddle seguía allí plantado.

- Date prisa, Tom. - dijo Slughorn, frunciendo el entrecejo. - No conviene que te sorprendan levantado a estas horas. Además, eres prefecto...-

- Huy si, ¡Prefecto! - pensó Harry con odio. - De seguro pensará que al serlo es el amo y señor del castillo. ¡No me j*d*s! -

- Quería preguntarle una cosa, señor. -

- Pregunta lo que quieras, muchacho, pregunta...-

- ¿Sabe usted algo acerca de los Horrocruxes, señor? -

Slughorn lo miró con fijeza mientras, distraídamente, acariciaba con sus gruesos dedos el pie de la copa de vino. - Es para un trabajo de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿no? -

- ¡Hmph! Por supuesto, - pensó Harry, advirtiendo que Slughorn sabía muy bien que aquella cuestión no tenía nada que ver con un trabajo escolar. - intereses académicos…-

- No exactamente, señor…- respondió Ryddle. - Encontré ese término mientras leía y no lo entendí del todo. -

- Ya, claro...Es que no creo que sea fácil hallar en Hogwarts ningún libro que ofrezca detalles sobre los Horrocruxes, Tom. - explicó Slughorn. - Eso es magia muy, pero que muy oscura. -

- Pero estoy seguro de que usted sabe todo lo que hay que saber de ellos, ¿verdad, señor? Sin duda alguna, un mago como usted...Disculpe, si no puede contarme nada es evidente que... En fin, estaba convencido de que, si alguien podía hablarme de ellos, ése era usted, y por eso se me ocurrió preguntárselo. -

Harry quería incendiar a Ryddle. - Asqueroso manipulador… - pensó. Tenía ganas de acabar con él. - Algún día acabaré contigo… -

En eso consistía la habilidad de Ryddle. El titubeo, el tono despreocupado, el prudente halago, todo en la dosis adecuada…Harry tenía la suficiente experiencia en sonsacar información a sujetos reacios para reconocer a un maestro en acción. Además, Ryddle daba mucha importancia a la información que pretendía obtener. Quizá llevara semanas preparando ese momento.

- Bueno…- murmuró Slughorn, sin dirigirle la mirada y jugueteando con el lazo de la caja de piña confitada. - no va a pasar nada si te doy una idea general, desde luego. Sólo para que entiendas el significado de esa palabra. Horrocrux es la palabra que designa un objeto en el que una persona ha escondido parte de su alma. -

- Ya, pero no acabo de entender el proceso, señor…- insistió Ryddle, a pesar de que controlaba rigurosamente su voz, el azabache se dio cuenta de que estaba emocionado.

- Es solo un recuerdo…- pensó el azabache, apretando los puños. - y aun así, ¡quiero arrancarle la cabeza! -

- Pues mira, divides tu alma y escondes una parte de ella en un objeto externo a tu cuerpo. De ese modo, aunque tu cuerpo sea atacado o destruido, no puedes morir porque parte de tu alma sigue en este mundo, ilesa. Pero, como es lógico, una existencia así...- el rostro de Slughorn se contrajo. - Pocos la desearían, Tom, muy pocos. Sería preferible la muerte. -

Pero Ryddle no quedó satisfecho, su expresión era de avidez. Ya no podía seguir ocultando sus vehementes ansias. - ¿Qué hay que hacer para dividir el alma? - preguntó.

- Verás…- dijo Slughorn, incómodo. - has de tener en cuenta que el alma debe permanecer intacta y entera. Dividirla es una violación, es algo antinatural. -

- Sí, pero ¿cómo se hace? -

- Mediante un acto maligno, el acto maligno por excelencia, matar…- dijo Slughorn. - Cuando uno mata, el alma se desgarra. El mago que pretende crear un Horrocrux aprovecha esa rotura y encierra la parte desgarrada...-

- ¿La encierra? Pero, ¿cómo? -

- Hay un hechizo...¡Pero no me preguntes cuál es porque no lo sé! - Slughorn negó con la cabeza. Parecía un elefante viejo acosado por una nube de mosquitos. - ¿Acaso tengo aspecto de haberlo intentado? ¿Tengo aspecto de asesino? -

- No, señor, por supuesto que no. - se apresuró a decir Ryddle. - Lo siento, no era mi intención ofenderlo...-

- Esto es patético…- pensó Harry, negando con la cabeza.

- Descuida, no me has ofendido. - repuso Slughorn con brusquedad. - Es natural sentir curiosidad acerca de estas cosas. Los magos de cierta categoría siempre se han sentido atraídos por ese aspecto de la magia...-

- Sí, señor. - repuso Ryddle. - Pero lo que no entiendo…(se lo pregunto sólo por curiosidad) no veo demasiada utilidad en utilizar un Horrocrux. ¿Sólo se puede dividir el alma una vez? ¿No sería mejor, no fortalecería más, dividir el alma en más partes? Por ejemplo, si el siete es el número mágico más poderoso, ¿no convendría...? -

- ¡Por las barbas de Merlín, Tom! - exclamo Slughorn, muy preocupado. - ¡Siete! ¿No es bastante grave matar a una persona? Además...Dividir el alma una vez ya resulta pernicioso, pero fragmentarla en siete partes...- contemplaba a Ryddle como si nunca se hubiera fijado bien en él.

Harry comprendió que el profesor lamentaba haber entablado aquella conversación. - Tampoco lo culpo por caer de lleno en las palabrerías de ese manipulador de mi*rd*… - pensó amargamente.

- Claro que todo esto…- masculló Slughorn. - Es puramente hipotético, ¿no? Puramente teórico...-

- Sí, señor, - dijo Ryddle con presteza. - por supuesto…-

- Pero, de cualquier modo, Tom, no le digas a nadie lo que te he contado…- dijo Slughorn, casi en tono de súplica. - o, mejor dicho, lo que hemos hablado. A nadie le gustaría saber que hemos estado charlando sobre Horrocruxes. Mira, es un tema prohibido en Hogwarts. Dumbledore es muy estricto con este punto...-

- No diré ni una palabra, señor…- le aseguró Ryddle, y se marchó.

Harry alcanzó a verle el rostro, donde se reflejaba la misma exaltada felicidad que el día que se lo encontró en la Cámara de los Secretos, como un recuerdo. Esa clase de felicidad que no realzaba sus hermosas facciones, sino que, en cierto modo, las volvía menos humanas...-

- Vámonos Harry…- dijo Dumbledore con voz queda.

Capítulo 72 - Unas vacaciones más que esperadas.

Cuando Harry pisó de nuevo el suelo del despacho, el director ya estaba sentado a su escritorio. El joven mago se sentó también, ahora un poco más relajado y menos molesto. Esperó a que Dumbledore hablara.

- Hace meses que esperaba conseguir este testimonio…- dijo el anciano profesor al fin. - Y que confirmara la teoría que te planteé a principios de este año. Tenemos la prueba contundente de que los Horrocruxes, son lo que debemos encontrar…- de pronto, Harry se fijó en que todos los antiguos directores y directoras (cuyos retratos colgaban de las paredes) estaban despiertos y escuchaban con interés su conversación. Incluso un mago corpulento de nariz colorada había sacado una trompetilla. - Bien, Harry…- prosiguió Dumbledore. - Estoy convencido de que ahora comprendes mejor la importancia de lo que acabamos de oír. Cuando Tom Ryddle tenía aproximadamente dieciséis años, intentó por todos los medios averiguar cómo podía alcanzar la inmortalidad. -

- Si, me contó lo mismo en enero…- respondió Harry con seriedad. - Entonces…esta es la razón por la cual Voldemort no murió en día en que trató de matarme. Hizo no uno, sino siete de esos malditos Horrocruxes…-

Dumbledore asintió. - Ya has oído a Voldemort, - dijo. - lo que en realidad quería de Horace era su opinión acerca de qué podría pasarle al mago que creara más de un Horrocrux. O qué podría pasarle a un mago tan decidido a evitar la muerte que no le importara matar muchas veces y desgarrar repetidamente su alma para almacenarla en varios Horrocruxes que luego escondería. Era evidente que esa información no la encontraría en los libros. Que yo sepa, y que Voldemort supiera, estoy seguro, hasta ese momento lo máximo que un mago había logrado era dividir su propia alma en dos. - hizo una breve pausa, puso en orden sus pensamientos y siguió hablando. - El año pasado me trajiste la prueba definitiva de que Voldemort había dividido su alma. -

- ¿Dónde? - inquirió Harry. - ¿Cómo? -

- Me la diste tú, Harry. - repuso el director. - El diario de Tom Ryddle era la prueba, el que daba instrucciones sobre cómo volver a abrir la Cámara de los Secretos. -

- No puede ser…- susurró Harry, horrorizado. - ¡Ese maldito diario era un Horrocrux! -

- Si…- asintió Dumbledore. - Verás, aunque no vi al Ryddle que salió del diario, lo que tú me describiste era un fenómeno que yo jamás había presenciado. ¿Un simple recuerdo que actuaba y pensaba de forma autónoma? ¿Un simple recuerdo que ponía en peligro la vida de la niña en cuyas manos había caído? No, yo estaba casi seguro de que dentro de ese libro vivía algo mucho más siniestro, un fragmento de alma. Y esa certeza resolvía muchas cuestiones, pero planteaba otras. Lo que más me intrigaba y alarmaba era que ese diario había sido pensado como arma, y no sólo como salvaguarda. -

- Bueno, - dijo Harry, cruzándose de brazos. - si lo que me está contando es verdad, el diario funcionaba como se supone que debe hacerlo un Horrocrux. Es decir, el fragmento de alma encerrado en su interior estaba a salvo. Me imagino que hizo su particular contribución para evitar la muerte de Voldemort. Pero el idiota quería que ese diario se leyera, deseando que la parte de su alma encerrada en él se trasladara al cuerpo de otra persona, que la poseyera, con el fin de poner en libertad al monstruo de Slytherin, otra vez...- miró resentido el Diario de Tom, con más deseos de incendiarlo. - ¿Así que matando a otras personas ha logrado que sea imposible matarlo a él? - inquirió con furia. - ¡Tch! Si tanto le interesaba la inmortalidad, ¿por qué no fabricó una piedra filosofal o robaba una? ¿¡Era necesario asesinar a tanta gente inocente!? -

- Tranquilo, Harry. - dijo Dumbledore con calma. Harry hizo un esfuerzo por calmarse, pero le costaba. - Bueno, lo de hacerse con una piedra filosofal ya sabemos que lo intentó hace dos años. - le recordó. - Pero, a mi entender, hay varias razones por las que una piedra filosofal debía de atraerlo menos que los Horrocruxes. Aunque, en efecto, el Elixir de la Vida prolonga la existencia, debe beberse regularmente durante toda la eternidad si el sujeto pretende seguir siendo inmortal. Por lo tanto, Voldemort dependería por completo de dicho elixir, y si éste se agotaba o se contaminaba, o si le robaban la piedra filosofal, moriría igual que cualquier otro mortal. A Voldemort le gusta trabajar solo. Creo que la idea de depender de algo, aunque fuera del Elixir de la Vida, debía de resultarle intolerable. Naturalmente, estaba dispuesto a beberlo si de ese modo lograba salir de la espantosa seudovida a la que quedó condenado después de atacarte a ti, pero sólo con el propósito de recuperar un cuerpo. Estoy convencido de que a partir de entonces decidió seguir confiando en sus Horrocruxes. Si lograba recuperar la forma humana, no necesitaría nada más. Ya era inmortal, ¿entiendes? O tan inmortal como puede llegar a ser un hombre…- Harry soltó una risa carente de humor. - Pero ahora, Harry, con esta información en la mano, con el crucial recuerdo que hemos obtenido, estamos más cerca de lo que nadie ha estado nunca de obtener el secreto para acabar con Lord Voldemort. Ya has oído lo que dijo…-

- "¿No sería mejor, no fortalecería más, dividir el alma en más partes? Por ejemplo, si el siete es el número mágico más poderoso..." - citó Harry, con desprecio hacia las palabras de Voldemort.

- Si, el siete es el número mágico más poderoso. - dijo Dumbledore, mientras varios retratos emitían ruiditos de asombro e indignación. - Creo que la idea de un alma dividida en siete partes debía de seducirlo plenamente. -

- Si, - bufó Harry, mientras se frotaba la nuca. - tanto que ha conseguido que sea muy difícil encontrar esos malditos horrocruxes. -

- Me llena de satisfacción comprobar que sabes valorar la magnitud del problema. - repuso el director con serenidad. - Pero, antes de nada, permíteme que te corrija, Harry. Voldemort no creó siete Horrocruxes, sino seis. La séptima parte de su alma, aunque mutilada, residía en su cuerpo. Esa parte de su ser que, si no me equivoco a días de hoy aún lleva una existencia espectral. Así ha sido durante todos estos años de exilio, sin ella, Voldemort no es nada. Esa séptima parte de alma, la parte que vivía en su cuerpo, es la última que cualquiera que desee matar a Voldemort debe atacar. -

- Pero entonces, - empezó Harry. - los seis Horrocruxes...¿Qué se supone que hemos de hacer para encontrarlos? -

- Olvidas que tú ya has destruido uno. -

- No fui yo profesor, - se apresuró Harry en corregir. - fue Hermione. Lo destruyó con un colmillo de basilisco…- no quiso comentarle que estuvo a punto de morir envenenado por la mordedura de la enorme serpiente. - yo solo me limité a matar a la serpiente. -

- Cierto, - recordó Dumbledore. - cuando me lo contaste el año pasado me quedé pensando en lo rápido que ella había actuado, más con tan poco margen de tiempo para pensar. No resulta tan sencillo destruir un Horrocrux. - Harry asintió, sintiendo orgullo por su mejor amiga. - Si nuestra teoría del alma dividida en siete partes es correcta, aún quedan cinco Horrocruxes. -

- Hm…podrían ser cualquier cosa. - dijo Harry. La idea de tener que buscar más cosas le exasperaba. - Objetos muy comunes, me puedan pasar desapercibidos para cualquiera…-

- Efectivamente, - repuso Dumbledore. - dar los con los horrocruxes será difícil, pero ya sabemos lo que hay que hacer. Durante este verano me centraré en la búsqueda y averiguaré todo lo que pueda. - se acercó a Harry y añadió: - Nada me daría más gusto que pudieras llevar una vida de estudiante de Hogwarts más normal, pero me temo que eso no depende tanto de mí como me gustaría. Durante esta búsqueda pueden pasar muchas cosas, hasta que hallemos todos los horrocruxes…Debes prepararte Harry, pero también, disfrutar de las compañías. -

- Eso haré señor. - asintió Harry.

- Bien, no tengo nada más de añadir por el momento. - dijo Dumbledore, acompañándolo a la puerta. - Disfruta de tus vacaciones todo lo que puedas, te lo has ganado. Durante el curso que viene te mantendré informado de mis avances. -

- ¿De verdad? - preguntó Harry, sorprendido por el voto de confianza.

- Por eso te he pedido que vinieras, - sonrió Dumbledore. - por el momento no tengo más que añadir. Tengo que barajar en cuales objetos podríamos hallar horrocruxes…En fin, hasta el curso que viene querido muchacho. -

Asintiendo una última vez, Harry dejó el despacho del director. No quedaba mucho por hacer más allá de preparar su baúl para el regreso al mundo muggle.

¿Podía realmente disfrutar de un periodo de vacaciones después de todo lo que había pasado? Harry no estaba muy seguro. Aún no tenía noticias de cómo estaba yendo el juicio de Sirius, ni tampoco sabía nada del paradero del enmascarado. Entre el viaje al recuerdo de Slughorn y la charla con el director, la hora de ir a Hogsmeade para tomar el expreso de Hogwarts estaba más cerca. De momento, todo lo que quedaba por hacer era acudir a la entrega de la Copa de las Casas.

Estaba claro quién era el vencedor. Sería la tercera Copa de las Casas para Gryffindor por tercer año consecutivo (ganando así el segundo doblete consecutivo).

- El año pasado no cuenta solo porque suspendieron el Quidditch, - pensó Harry, mientras se acercaba al Gran Comedor. - Si hubiéramos derrotado a Hufflepuff y a Ravenclaw…-

Si se ponía a pensar, a nivel académico había sido un buen año, sintiendo que debía hacer caso a Hermione y esforzarse un poco más en Historia de la Magia. Al momento que se puso a pensar en ella dio con que se encontraba en la mesa donde solían comer, junto a Ron y Chloe, que a juzgar por su conversación parecía que hablaban de los próximos Mundial de Quidditch. También era notable la presencia de lechuzas mensajeras, las cuales habían repartido en su mayoría ejemplares del diario "El Profeta". Al acercarse, vio que Hermione sostenía uno de ellos.

- ¡Aquí estas! - dijo Ron.

- ¿Cómo puedes haberte quedado dormido tanto tiempo? - le preguntó Chloe, al mismo tiempo que jugueteaba con un cáliz.

- No tanto, - se defendió Harry, pero riendo. - me he tardado un poco porque Dumbledore me pidió hablar con él sobre…el plan para el año que viene. -

- ¿Qué plan? - le preguntó Hermione, alzando la mirada. - ¿Tiene que ver con tus "habilidades especiales"? -

- Si, - asintió Harry, frunciendo el ceño por el adornado de sus palabras. - quizás os cuente algo al respecto cuando subamos al Expreso de Hogwarts. - se quedó mirándola durante unos segundos, aprovechando que había alzado la vista del periódico. Tan pronto como sintió que sus mejillas comenzaban a arder decidió cambiar de tema. - ¿Y bien? - carraspeó. - ¿Hay alguna novedad con Sirius? - preguntó, señalando el periódico y sentándose a su lado.

- ¿Ciñéndonos al juicio? Nada, - comentó ella, frunció el ceño. - tampoco es de extrañar. No ha habido ninguna declaración por parte del Wizengamot. Me imagino que cuando lo anuncien a más de uno se le irá la cabeza. ¿Te lo imaginas? Miles de personas que daban por sentada la culpabilidad de Sirius... -

- En parte yo también, - admitió Harry, pensando aún en la paliza que le había propinado cuando se encontraron en la Casa de los Gritos. - a ver si le escribo cuando regrese a Londres, quiero sabe cómo se encuentra. -

Hermione asintió. - Ahora bien, - añadió. - la noticia del día es que han puesto en búsqueda y captura al enmascarado. -

- ¿Sale? - inquirió Harry.

- Míralo tu mismo. - dijo Hermione, pasándole el periódico y señalando a un costado de la portada. Harry comenzó a leer.

Peligro Enmascarado

En los últimos días, ha sido avistado por los alrededores del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería a un misterioso mago cubierto con capucha y una máscara de aspecto vagamente similar al de una serpiente. Dicho mago consiguió de alguna manera burlar la seguridad del colegio y adentrarse en los terrenos, en un intento fallido de ataque hacia Harry Potter, el niño que vivió.

Harry enrojeció de repente. - Ya empezamos… - pensó, negando con la cabeza.

Afortunadamente este era uno de los objetivos de la conocida cazarrecompensas Mérula Snyde, quien siguió en todo momento al individuo. En un gran acto de valentía y mientras uno de los profesores ponía a salvo a Harry Potter, se apresuró en sacar al enmascarado de la escuela para hacerle frente. Desafortunadamente, este consiguió escapar.

Los últimos informes han dejado indicios de que posiblemente, el individuo haya huido del país. Aun así, el Departamento de Seguridad Mágica no descarta la posibilidad que haya ido a esconderse, para lamerse las heridas, a la espera de una pronta recuperación y un nuevo intento por atacar al joven mago.

El jefe de la oficina de aurores, Rufus Scrimgeour, ha anunciado el precio de la captura del misterioso enmascarado. Ni más ni menos que cincuenta mil galeones.

- ¿¡QUE!? - saltó Ron, aporreando la mesa y asustando a la lechuza de Neville. - ¡No recuerdo que pusieran una recompensa tan alta por alguien! -

- ¿Será cierto que ya no se encuentra en el país? - preguntó Chloe, mientras Harry doblaba el periódico y se lo devolvía a Hermione.

- Puede ser…- reflexionó él en voz baja. - después de todo, él iba a buscar a Voldemort. Eso quiere decir…-

- Que habrá ido a Albania…- añadió Hermione.

Los cuatro se miraron durante unos minutos, sin pronuncia palabra alguna, lo que hacía más audible el bullicio. Harry podía ver en ellos preocupación, ante lo que podía pasar mas adelante. De haberse encontrado con él, ¿estarían comenzando a pensar y planificar? La simple idea resultaba perturbadora.

- ¿Ya habéis terminado de empacar? - preguntó Harry, intentando no pensar mucho más en ello.

- Como siempre, - dijo Ron, animándose un poco. - cuando vuelva a casa tengo que ponerme al día con el entrenamiento de Guardian. A ver si me puedo quedar con el puesto de Wood. -

- ¿Y qué hay de ti, Chloe? - le preguntó Harry a su amiga. - ¿Piensas decirle a tu madre que te deje ir a la Madriguera durante el verano? -

- Mientras dormías, le escribí una carta. - dijo ella, sonrojándose un poco. - No quiero hacerle esa pregunta en casa, por eso decidí hacerlo así. Le pregunté si como mínimo podía pasar parte de las vacaciones allí, ahora solo…tengo que esperar a verla para saber que piensa…-

- Ojalá que te diga que sí, - dijo Harry, sonriendo. - la Madriguera es genial. Hay muchas actividades para hacer durante el verano. -

- Vamos, - bufó Ron, con las orejas rojas. - tampoco es para tanto…-

- ¡Quiero ayudaros a desgnomizar el jardín! - sonrió Chloe. - ¡Te apuesto que puedo lanzar a los gnomos más lejos que tú! -

- El récord lo tiene Harry, - dijo Ron, señalándolo con el pulgar. - eso sí, veo difícil que me superes. -

- ¿Eso crees, tipo duro? - inquirió Chloe, alzando el puño.

- Me alegra que quieras desgnomizar gnomos con nosotros, - dijo Ginny de repente, sentándose a su lado. - pero creo que tendremos que centrarnos en tener listo los deberes de vacaciones y prepararnos para hacernos con un puesto en el equipo de Quidditch. -

- ¿Dónde has estado? - le preguntó Ron. Poco a poco más alumnos iban llenando el Gran Comedor. Entonces, pudo ver que Draco Malfoy acababa de sentarse en la mesa de Slytherin, lo que le daba una idea de donde había estado su hermana.

- Hablando con Luna de las vacaciones, - respondió ella alegremente. - me ha dicho que también irá a los Mundiales este verano. ¡Va a ser genial! Hacía mucho tiempo que no se celebraban en Reino Unido. -

- ¿Estabas con Luna? - inquirió Ron, fulminándola con la mirada. - ¿O quizás con Malfoy? -

El rostro alegre de Ginny se transformó de repente en algo muy parecido a un tigre con enormes y amenazantes colmillos. - No empieces Ron…- le advirtió, con la varita en la mano.

- ¿¡Que no empie…!? -

- ¡Déjalo ya! - dijeron Hermione y Chloe a la vez, mientras golpeaban a Ron.

Harry empezó a reír ruidosamente. Ginny, que se sorprendió al ver aquella reacción, no tardó demasiado en unirse a la carcajada que se había vuelto general en la mesa de Gryffindor cuando Fred y George se pusieron a lanzar confetis. Cuando se recuperó, Ron comenzó a quejarse ruidosamente, pero las risas impedían que se le escuchara.

- Me pregunto cómo sería la cosa si él empezara a salir con Chloe... - pensó detenidamente, al mismo tiempo que agachaba la cabeza para esquivar una lechuza muy gorda que sobrevoló cerca de la mesa de Gryffindor. – Bueno, a ver si va a la Madriguera. Quizás allí progresen un poco más…-

En el momento, Dumbledore carraspeó en lo alto de la mesa de los profesores, llamando así la atención del alumnado.

- Así pues, - empezó. - llegamos a la conclusión de otro año escolar. Primero que nada, me gustaría mandarles mis más sinceras disculpas por parte del Ministerio, en referencia a la presencia de los Dementores de Azkaban durante el curso. Sé que algunos de ustedes se ha sentido incomodo, o incluso en peligro, - Harry estornudó. - por la presencia de estas terribles criaturas. Les puedo asegurar que esta será la última vez que los tengamos merodeando por Hogwarts. A los estudiantes de séptimo curso me gustaría desearles una vez más lo mejor en la meta que se hayan marcado. La puerta hacia los retos de la adultez ha quedado abierta para ustedes, por tanto, os corresponde escoger la mejor ruta para alcanzar su meta. - Percy alzó el pecho con orgullo, seguramente pensando que ir corriendo al Ministerio. - Solo me queda pedirles, que siempre tengan presente de dónde vienen. No es correcto olvidar el camino por donde venís porque eso significaría perderse. Tenedlo presente. -

- A Percy se le olvidará enseguida. - le dijo Fred a Harry en voz baja.

- Para los que estén interesados, - prosiguió Dumbledore. - los resultados de sus exámenes finales por fin han sido publicados en los tablones de anuncios. Y ahora sí, vamos a por lo que tanto estabais esperando, la entrega de la Copa de la Casa. El recuento final ha quedado así: En cuarto lugar, Ravenclaw con cuatrocientos puntos; En tercer lugar, Slytherin con cuatrocientos setenta puntos; En segundo lugar, Hufflepuff con quinientos veinte puntos; Y en primer lugar, Gryffindor con setecientos puntos. -

Los Gryffindor rompieron a aplaudir y tirar sus sombreros al aire, mientras la casa Slytherin al completo se hundía en decepción.

- Gryffindor gana…¡la Copa de la Casa! - anunció el director, entregándole la copa a la profesora McGonagall, quien sonreía de oreja a oreja, mientras Snape se cruzaba de brazos con cara de pocos amigos.

El bullicio y el festejo invadieron la mesa de Gryffindor. Fred y George sacaron confetis luminosos y bengalas del Doctor Filibuster que la profesora McGonagall no dudó en desvanecer casi en el acto mientras permitía que todos tocaran y alzaran con orgullo la copa.

Tras el banquete, todos salieron para ver los resultados de los exámenes. Harry había vuelto a sacar la nota máxima en prácticamente todas las asignaturas, debido a que en Historia de la magia solo alcanzó una "A+" cuando la máxima era "A+++". Hermione, en cambio, volvió a obtener la nota máxima en todas las asignaturas (Adivinación no contaba por abandono). Por su parte, Ron también había sacado buenas notas en todas sus asignaturas, aunque no logró sacar la máxima en ninguna de ellas.

- Bueno, - pensó Harry, mientras repasaban las notas. - Ronald no es tan estudioso como Hermione y yo, pero se esfuerza, y si, saca muy buenas notas a pesar de todo…-

- Yo quería aprobar y punto. - repuso él, ganándose una mirada severa de Hermione.

En su año, Chloe fue una de las mejores (En Historia de la magia aprobó por poco; En Defensa Contra Las Artes Oscuras fue la mejor junto con Ginny y en las demás obtuvo notas alrededor de "A" y "A+"), estando casi a la par con Luna (a ella le había ido mejor en Historia). Ginny fue la mejor alumna de su año, ganándose muchas miradas de sorpresa. Percy obtuvo las más altas calificaciones en ÉXTASIS. Fred y George consiguieron varios TIMOs cada uno, lo que garantizaba en cierta medida que la señora Weasley acabara por perdonarles la vida.

Poco después, Harry se puso a jugar un clásico de Snaps explosivos con Ron, Hermione y Chloe en la Sala Común, a la espera de que llegaran los carruajes que los llevarían de regreso a la estación de Hogsmeade.

- ¿Saben? Es una pena que ya se acabe el año. - dijo, encontrando dos imágenes iguales y haciéndolas estallar para ganar un punto. - Esta es la parte del año que menos me agrada, otra vez debemos despedirnos…-

- Si…- suspiró Hermione. - menudo año hemos tenido. ¿Creéis que alguna vez tendremos uno que sea tranquilo? -

- ¿En Hogwarts? - preguntó Ron, frunciendo el entrecejo. - Sería un milagro si tuviéramos un año aburrido y sin emociones. -

Chloe golpeó rápidamente dos imágenes idénticas con su varita, ganando un punto. - ¿Con vosotros? - preguntó, riendo. - ¡Dudo que llegue a saber lo que es! -

No era una respuesta con la que alguien podía quedarse tranquilo, y sin embargo allí estaban, riendo juntos a pesar de la racha que tenían desde que empezaron a asistir a Hogwarts. Desde luego, Harry estaba ansioso por saber que le deparaba en el próximo curso.

Después de unas horas más, todos empezaron a caminar rumbo a la entrada de la escuela, donde volvieron a subir en los carruajes tirados por Thestrals. A penas sin notarlo, se encontraban los cuatro en Hogsmeade. Como el tren aún estaba por llegar y tenían que cargar el equipaje de los estudiantes, disponían de una hora antes de ir a la estación para partir a Londres.

Harry no iba a perder la oportunidad de tomar una última ronda de cerveza de mantequilla antes del viaje, por lo que invitó a sus amigos a unos tragos. Dentro de la taberna de la Tres Escobas había un ambiente alegre y acogedor, a la vez que lleno de gente. No tenían idea de donde podían sentarse, hasta que alguien les alzó la mano.

Era la chica pelirroja a la que había conocido en su primera visita a Hogsmeade, se trataba de Tulip Karasu, quien era amiga de Fred y George.

- ¡Hola Harry! -

- ¡Mirad, es Tulip! - dijo Harry, diciéndoles a sus amigos que podían ir con ella.

En cuanto pudieron abrirse paso se dieron cuenta de que Tulip no estaba sola. Había alguien más sentada con ella a parte de su sapo, Dennis. Tenía un alargado pelo castaño y un mechón anaranjado, vestía con una camisa de cuadros, parecida a la que usaban los leñadores, con una camiseta interior de color marrón, además de unos pantalones negros rasgados y unas botas de cuero a juego. En cuanto vio eso último, se hizo una idea de quién podía ser.

- Ella no es…- empezó Hermione.

- ¡Snyde! - dijeron Harry, Ron y Chloe con incredulidad.

- ¿Eh? ¿Seguís aquí? - dijo ella de malhumor, al mismo tiempo que tomaba una cerveza de mantequilla. - Creía que los estudiantes ya habían partido hacia Londres. De todas formas, ¿a qué vienen esas caras de idiotas sorprendidos? -

- Es que…- intentó decir Chloe, pero se quedó corta.

- No pareces el tipo de persona que viste…bueno, normal. - observo Ron, dando un brinco de susto cuando Snyde mostró sus dientes, que parecían colmillos de felino.

- Nos han comentado que disponemos de una hora antes de tomar el tren. - explicó Hermione, sonriendo nerviosamente. - Quizás haya habido un pequeño retraso por una avería en el tren. Una vez Percy me dijo que una de las calderas del vagón principal…-

- Hablar de cacharros muggles y sus problemas es aburrido, - bufó Snyde. - Ahora, ¿vais a quedaros ahí parados como bobos o tomáis asiento? -

Hermione puso la misma cara que cuando la interrumpían en mitad de una clase, mientras que Chloe infló los cachetes, dado que a ella si le gustaba hablar de cosas de muggles. Al final, los cuatro se sentaron y Madame Rosmerta se acercó a la mesa.

- ¿Qué os pongo, guapos? -

- ¡Cuatro cervezas de mantequilla! - dijo Ron casi en el acto, al mismo tiempo que sus orejas y mejillas se tornaban rojas. Chloe lo miró con el ceño fruncido mientras que Harry intentaba no reírse de su mejor amigo.

- Weasley, no seas patético…- escuchó Harry murmurar a Snyde. Tulip ni se molestó en ocultar su diversión.

- De acuerdo, - sonrió Madame Rosmerta, volviéndose y haciendo volar hasta la barra unas jarras vacías. - en breve os acerco el pedido. -

- Si estás por aquí, - le dijo Harry a Snyde, una vez la tabernera se había marchado. - me imagino que lo que escribían en la edición de "El Profeta" tenía algo de verdad. -

- Me hablas de él, ¿verdad? - gruñó Snyde, tomando un largo trago. - Bueno, no sé qué habrás leído en esa excusa de periódico, pero si han corrido la noticia que el idiota al que persigo se ha fugado del país…-

- ¿Entonces es cierto? - preguntó Chloe. - ¿Cómo fue…ya sabes, el duelo? -

- ¡Ese canalla miserable consiguió atinarme! - exclamó Snyde con furia, aporreando la mesa con su jarra vacía y poniendo de los nervios a los amigos de Harry. También se podía escuchar los murmullos de la gente, tomándola por loca. - ¡Justo cuando estaba muy cerca de acabar con él! Pero si, el muy desgraciado consiguió escapar…¡Aun así! No se fue sin antes dejarle un bonito corte en el abdomen…-

- ¿Piensas ir tras él? - le preguntó Hermione, mientras Ron se ponía en pie para ayudar a Madame Rosmerta con las cervezas de mantequilla. - Han puesto un precio descomunal por su captura. -

Mérula le lanzó una mirada fulminante, pero antes de que respondiera, Tulip dijo: - Aún se está recuperando de su ultimo encontronazo. No es seguro que se ponga a perseguir magos oscuros en este estado. -

- ¡NO LE DIGAS A CUALQUIERA EN QUE ESTADO ME ENCUENTRO! - rugió Snyde, haciendo que Tulip se encogiera, sin dejar de reír. - ¡Tch! De todas formas, no me interesa la recompensa. Si cazo a esta clase de idiotas es para dejarles en claro lo poderosa que soy y que, si quiero patearles el culo, ¡lo hago y punto! -

- A ti si te patearé el culo y te echaré fuera del local si sigues asustando a los clientes con esos gritos. - le advirtió Madame Rosmerta, con los brazos en jarra y encarándola.

A Snyde le aparecieron varias venas en la frente, pero se quedó callada. Tulip les explicó que la gente de Hogsmeade la tenían en el punto de mira por como había llegado al pueblo, rechazando todo tipo de ayuda y amenazando con maldecir al primero que la tocara.

- Fue una suerte que Dennis la encontrara en la trastienda, - admitió ella. - si no la hubiéramos encontrado…-

- Solo me hubiera desmayado… - gruñó Snyde en voz baja, ante la mirada fulminante de Madame Rosmerta.

Hablaron un poco más, donde Tulip aseguró que Snyde poseía una gran voz, y que en sus años escolares componía canciones para toca con su grupo, pero que por otras circunstancias se había alejado de ese camino y había optado por dedicarse a dar caza a magos tenebrosos.

Al final tuvieron que dejar la conversación porque había aparecido Hagrid, quien les avisó de que el Expreso de Hogwarts estaba a punto de llegar. Después de un último trago, los jóvenes se despidieron de Tulip y Snyde antes de salir de la Taberna, no sin antes pagar a Madame Rosmerta por las bebidas.

El trayecto había sido tan monótono que, casi sin darse cuenta se encontraban sentados en un compartimento del tren, el cual estaba en movimiento.

No se sentía muy apenado como en años anteriores por tener que volver a Londres y, aun así, Harry se puso a contemplar el paisaje por la ventana, viendo cómo desaparecía Hogwarts detrás de una montaña. Pasarían más de dos meses antes de volver a ver el castillo y sus terrenos.

- ¡Un momento! - saltó Chloe, mirando a Hermione con sorpresa. - ¡Estamos aquí y aún no nos has dicho como has acudido a todas las clases de ese horario de locos que tenías! -

Harry frunció el ceño. No había caído en que Hermione no había explicado a sus amigos su extraordinario método para acudir a todas las clases. Eso le hizo recordar que todavía tenía pendiente explicarles todo cuanto había aprendido con Dumbledore, sobre su investigación de horrocruxes y las clases que tendría con Snape.

- ¿Eh? Ah, eso…-

- ¿Vas a seguir jugando al despiste? - inquirió Ron con impaciencia. - Ya no estamos en la escuela, ¿qué excusa tienes ahora? -

- Ninguna, - repuso Hermione, riendo. - solo que la profesora McGonagall me hizo jurar que no se lo dijera a nadie, pero…ya que no lo tengo. No tiene caso que os lo esconda más. -

Por fin, Hermione les explicó que había conseguido ir a todas las clases gracias al Giratiempo, un artilugio mágico que solo pudo conseguir gracias a la Profesora McGonagall y a las muchas cartas que había escrito al ministerio. También les contó que Harry había tenido que echar mano del Giratiempo para acudir a tiempo a los exámenes finales, y que por eso pudo enterarse antes que ellos.

- Todavía no puedo creer que no nos dijeras nada. - dijo Ron resentido.

- ¡Se supone que somos tus amigos! - se quejó Chloe, inflando los cachetes.

- Lo siento, - dijo Hermione, riendo mientras se disculpaba. - pero como os he dicho, le tuve que jurar a la profesora McGonagall que no se lo contaría a nadie. -

- Bueno, - bufó Ron. - ¿y porque dejaste de usar el Giratiempo? -

- Porque decidí dejar los Estudios Muggles…- suspiró Hermione.

- ¿¡Que!? - chilló Chloe. - ¡Pero aprobaste el examen con el 320 por ciento de eficacia! -

- Lo sé, - repuso Hermione. - pero no puedo soportar otro año como éste. El Giratiempo me estaba volviendo loca. Lo he devuelto, sin los Estudios Muggles y sin Adivinación, volveré a tener un horario normal. - Se volvió para observar a Harry, quien reía y disfrutaba viéndolos discutir. - ¿Qué hay de ti? ¿Piensas contarnos lo que pasó con Dumbledore? -

Las risas había prácticamente murieron para Harry. Lo que tenía que contar no era precisamente agradable. Aun así, consideraba que era lo justo, necesitaba confiar en sus amigos, cuyo coraje y valor había resultado ser incalculable. Nunca había conocido gente capaz de seguirlo a cualquier peligro como si nada.

- No sé si debería…- susurró Harry, y antes de que sus amigos protestaran añadió: - No es fácil de explicar, ¿vale? No es que no quiera contároslo es que…no sé si sea buena idea. Lo que sé…lo que está pasando…-

- ¡Oh venga! - se quejó Ron. - ¿A caso también le has jurado a Dumbledore que no nos contarías nada? -

- Yo…-

- ¿Qué es eso de ahí afuera? - preguntó Chloe, mirando por la ventana.

Harry se volvió a mirar. Algo muy pequeño y gris aparecía y desaparecía al otro lado del cristal. Se levantó para ver mejor y distinguió una pequeña lechuza que llevaba una carta demasiado grande para ella. La lechuza era tan pequeña que iba por el aire dando tumbos a causa del viento que levantaba el tren. Harry bajó la ventanilla rápidamente, alargó el brazo y la cogió. Parecía una Snitch cubierta de plumas. La introdujo en el vagón con mucho cuidado. La lechuza dejó caer la carta sobre el asiento de Harry y comenzó a zumbar por el compartimento, contenta de haber cumplido su misión. Hedwig dio un picotazo al aire con digna actitud de censura. Crookshanks se incorporó en el asiento, persiguiendo con sus grandes ojos amarillos a la lechuza. Al notarlo, Ron la cogió para protegerla.

Harry recogió la carta. Iba dirigida a él, la abrió y gritó: - ¡Es de Sirius! -

- ¿¡Qué!? - exclamaron Ron, Hermione y Chloe, emocionados. - ¡Léela en voz alta! -

Querido Harry:

Espero que recibas esta carta antes de llegar a casa de tus tíos, no sé si ellos están habituados al correo por lechuza. Tengo dudas acerca de la fiabilidad de la lechuza, pero es la mejor que pude hallar, y parecía deseosa de acometer esta misión. Digo esto porque aún no es seguro que me deje ver en público y, por tanto, no he podido acercarme a una tienda de mascotas. En caso de que no lo sepas, "El Profeta" no ha publicado nada acerca del juicio que están preparando para mi caso. Fudge no quiere que la gente se entere de nada hasta que todo haya pasado que, por cierto, falta poco. Una vez salga la sentencia se ha comprometido a dar una rueda de prensa ante los medios junto a Dumbledore y los miembros del Wizengamot para explicar todo lo sucedido.

- Es más o menos lo que estábamos especulando. - dijo Hermione. - pero es bueno saber que no falta mucho para que se aclare todo lo sucedido.

Hay algo que no llegué a contarte durante nuestro último encuentro: fui yo quien te envió la Saeta de Fuego.

- ¡Aja! - exclamó Hermione, triunfante. - ¿Lo veis? ¡Os dije que era de él! -

- Sí, pero él no la había gafado, ¿verdad? -observó Ron, rodando los ojos. - ¡Ay! -

La pequeña lechuza, que daba grititos de alegría en su mano, le había picado en un dedo de manera al parecer afectuosa.

- Parece que le gustas, Ron. - se río Chloe.

Crookshanks llevó el envío a la oficina de correos. Utilicé tu nombre, pero les dije que cogieran el oro de la cámara de Gringotts número 711, la mía. Por favor, considéralo como el regalo que mereces que te haga tu padrino por cumplir trece años. También me gustaría agradecerte por cuidarme aquella vez que me encontraste deambulando por el Callejón Diagon. Debo admitir que fue divertido que me cuidaras como si fuera un perro de verdad. Si te soy sincero, es uno de los recuerdos más felices que tengo, y lo más cerca de ti que pude estar en aquel entonces. Una vez todo esto es esclarezca, espero poder verte de nuevo.

Ahora mismo me encuentro recuperando mis fuerzas en una habitación de San Mungo, aunque mi presencia aquí es un completo secreto, salvo por la chica que me está cuidando. Es muy joven, guapa, y muy atenta, pero parece que está un poco enferma, como resfriada. No sé si será mi imaginación, pero en parte me recuerda a Remus.

Te envío en la carta algo que espero que te haga disfrutar más el próximo curso en Hogwarts. Si alguna vez me necesitas, comunícamelo. Con o sin libertad siempre estaré allí para ti, tu lechuza sabe dónde encontrarme.

Volveré a escribirte pronto.

Sirius

Harry miró impaciente dentro del sobre, había otro pergamino. Lo leyó rápidamente, y se sintió tan contento y reconfortado como si se hubiera tomado de un trago una botella de cerveza de mantequilla.

Yo, Sirius Black, padrino de Harry Potter, autorizo por la presente a mi ahijado a visitar Hogsmeade los fines de semana.

- ¡Esto le bastará a Dumbledore! - sonrió Harry contento. - Ahora ya no tendré que colarme en Hogsmeade por la entrada de la bruja tuerta. - Volvió a mirar la carta de Sirius. - ¡Un momento! Hay una posdata…-

He pensado que a tu amigo Ron tal vez le guste esta lechuza, ya que por mi culpa se ha quedado sin rata.

Ron abrió los ojos de par en par. La pequeña lechuza seguía gimiendo de emoción.

- ¿Quedármela? - preguntó dubitativo. La miró muy de cerca durante un momento, y luego, para sorpresa de Harry, Hermione y Chloe se la acercó a Crookshanks para que la olfatease. - ¿Qué te parece? - preguntó al gato. - ¿Es una lechuza de verdad? - Crookshanks ronroneó. - Es suficiente, - dijo, muy contento. - me la quedo. -

Harry, Hermione y Chloe se pusieron a reír. Después de todo un año de lanzar improperios contra el gato, Ron estaba siendo amable con él, hasta el punto de confiar en su inteligencia. Era tan increíble que cualquiera pensaría que se trataba de un chiste.

Sin embargo, la carta de Sirius resultó más que oportuna, ya que eso permitió a Harry librarse de tener que explicarles a sus amigos todo el asunto de los horrocruxes y las clases especiales con Snape. No se sentía preparado para dicha charla.

Así, y tras unas partidas más a Snaps Explosivos, el Expreso de Hogwarts había llegado a la estación de King's Cross. Chloe se despidió de ellos y se marchó para reunirse con su hermano y su familia (Harry esperaba que sus vacaciones no le fueran tan mal).

- Ojalá que no se quede mucho con ellos. - pensó detenidamente, mientras observaba como Lucius Malfoy demostraba una gran frialdad ante la presencia de Chloe (Por su parte, Draco permanecía en silencio). A ella no parecía importarle demasiado, ya que comenzó a hablar entusiasmadamente con su madre. - En especial con él...-

El joven mago se sintió reconfortado cuando detectó la mano de Hermione, mientras Ron iba por delante cuando atravesaron la barrera del andén nueve y tres cuartos. No tardó demasiado en localizar al tío Vernon. Estaba de pie, a buena distancia de los padres de Ron y Hermione, mirándolo con recelo. Harry fue a saludarles antes de que sus caminos se separaran.

- Hola Harry cielo, - le saludó la señora Weasley, dándole un abrazo. - estaba hablando con Dan y Jean. ¿Es cierto que vas a pasar las vacaciones en su casa? - Harry asintió, aunque podía notar como sus mejillas se calentaban. - Bueno, espero que te lo pases bien y no descuides tus deberes de vacaciones. Tengo a dos de mis hijos a quienes tengo que programarles una serie de tareas para el verano. Será posible…-

- A Fred y George no les fue tan mal. - intentó defenderles Harry, pero no parecía servir de mucho. La señora Weasley se volvió para regañar a los gemelos cuando los dos habían vuelto tras un nuevo intento de gastarle otra broma a Draco Malfoy.

- Vendremos a buscarte en unas semanas, - le dijo el señor Granger a Harry, cuando fue con ellos. - espero que seas tan bueno en deportes como Hermi dice. Podría contactar con unos amigos del Manchester United para incorporarte a los entrenamientos de futbol y…-

- ¡Dan! El ni siquiera juega al futbol. - dijo la señora Granger, rodando los ojos y colocando un trozo de pastel de fruta en la boca de su marido. - Tendrás que disculparle cariño, como puedes ver a mi marido le gusta mucho el futbol. En cuanto veas la casa…-

- Seguro que será genial, - sonrió Harry. - no puedo esperar a que vengáis a buscarme. ¿Tenéis la dirección? -

La señora Granger asintió. - Hermione nos envió una lechuza con la dirección hace unos días, - dijo. - aunque me gustaría que se pudiera hablar por teléfono, debo reconocer que el sistema no está tan mal. -

- Los artefactos muggles no funcionan bien en Hogwarts, - explicó Harry brevemente. - lo único que escucharíais serían puras interferencias. -

- Hay que ver con estos magos…- suspiró la señora Granger.

- ¡La magia es genial! - dijo el señor Granger, riendo.

Negando con la cabeza, Jean se puso a limpiar la cara con nata de su marido con un pañuelo. Mientras tanto, Hermione se acercó a Harry.

- Bueno, - dijo ella, sonriendo. - cuídate mucho, Harry. Y procura no dejar los deberes de Historia de la Magia para el final. -

- Sabia que diría eso…- pensó Harry, riendo un poco. - Lo sé, - respondió, mirándola a los ojos y con el calor aún en sus mejillas. - no te preocupes. Sabes que daré lo mejor de mí…-

Hermione le dio un fuerte abrazo antes de marcharse con sus padres. No podía esperar a que llegaran las vacaciones en su casa. Quizás no iba a estar en un lugar mágico como el Callejón Diagon o la Madriguera, pero estaba convencido de que su estancia con la familia Granger sería inolvidable.

Nota del Autor: ¡Feliz 2022! Siento mucho haberme tardado con los capítulos, pero estaba tremendamente ocupado estas ultimas semanas, por motivos tanto laborables como personales. Eso sí, siempre que he estado con tiempo e inspirado he seguido dándole caña al teclado. No pienso darme por vencido, ahora es cuando va a comenzar un año que esperaba con muchas ganas. Grandes momentos se avecinan de cara al nuevo año, solo espero no tardarme mas de la cuenta con los capítulos, a ver si consigo disponer de más continuidad. ¡Hasta los próximos capítulos! ¡QUE COMIENCE EL AÑO IV!