SIWON

¿Por qué tan temprano?

Ese ruido otra vez. En mi sueño era un pajarito que volaba sobre mi cabeza, torturándome con el mismo sonido. En algún momento mi cerebro dijo que no era un pájaro y tampoco era un sueño, y entonces fue cuando abrí los ojos: el estúpido celular sonaba y sonaba sin parar. Intenté ignorarlo, pero sabía que no podría hacerlo durante mucho tiempo, pues era el tono que había registrado para el teléfono de mi hermana menor, Sia.

–Hola –respondí con la voz pastosa.

–¿Todavía estás dormido? Y no Siwon, no creas que no sé qué hora es en Nueva York.

–No tengo otra cosa que hacer, Sia –me incorporé y me senté en la cama, bostecé ruidosamente para que mi hermanita se diera cuenta que su llamada no era bienvenida a esa hora. Mi primer día en la ciudad y ella ya lo estaba arruinando.

–¡Claro que sí, Siwon! ¿Cómo quieres ganar la audición si no practicas y haces ejercicio? ¿Ya estableciste tu rutina?

Mi rutina. Sia se había empeñado en hacerme practicarla una y otra vez durante dos o tres semanas. Ella era peor que mi manager. Muchas veces le había dicho que no lo era, sólo era la presidenta de mi club oficial de fans, pero ella no lo entendía así. Decía que mi carrera necesitaba todo mi esfuerzo y empeño, sin importar lo grande o chico del proyecto que comenzaba, era un verdadero fastidio, pero la amaba con locura.

–Ya la he practicado bastante –respondí mientras me levantaba de la cama y caminaba hacia la ventana, para observar la vista.

–Bailarla en conciertos no es suficiente, Siwon –ahí estaba otra vez, diciéndome lo que tenía que hacer–. Tienes que estar preparado para cualquier cosa.

Hice una mueca al cristal frente a mí, pero estaba dirigida a ella.

–Sia, tengo que irme –y sin más, colgué el teléfono, realmente no tenía que seguir escuchándola, estaba dispuesto a tomarme esos días en Nueva York como unas merecidas y necesarias vacaciones.

Hacía mucho que no participaba en un musical, la banda me tenía muy ocupado y la compañía cuidaba bastante que mis proyectos de solista no se confundieran con el grupo, pero esta vez era diferente, esta vez sentía que debía hacer esa obra, incluso hasta rogué a mi manager que enviara mi video con la audición previa, para participar.

El ruego no se me da nada bien. Si alguien me quiere en su proyecto entonces participo, si no, ellos se lo pierden. La banda me daba lo suficiente tanto económica como profesionalmente para no pensar en muchas cosas más. Había participado en dramas y películas que ayudaron a posicionar mejor mi imagen ante el público, así que ¿por qué me interesaba ese musical en particular?

El resumen decía que era una obra original. El autor era el mismo productor, de nombre Leeteuk. Yo suponía que era asiático, pero no tenía idea de qué país. Como fuera, eso fue lo primero que llamó mi atención, si alguien asiático podía hacer un musical en Nueva York, entonces yo también podría hacerlo.

Claro que nadie me dijo que el viaje a Nueva York iba a ser tan terrible. Era la primera vez que cruzaba el Pacífico y para cuando aterricé mi estómago estaba hecho trizas. Pero por primera vez no me importó, este paso era el más grande que había dado desde que tenía memoria.

Mi padre me había enseñado a enfrentar los miedos luchando, como él lo había hecho cuando fue llamado al ejército, meses antes de que yo naciera. Entonces ¿por qué ese hombre que me había dado la vida y me había enseñado tanto no quería que fuera a Estados Unidos? No lo comprendía del todo, y claro que no me dio ninguna explicación, pero yo, hijo respetuoso, no discutí, simplemente tomé mis maletas y me subí al avión.

Ese día fui a Central Park, descubrí que es mucho más grande de lo que había imaginado. Un par de chicas se acercaron y me preguntaron si yo era yo y, después de intercambiar una sonrisa, autógrafos y fotos, seguí mi camino.

Es extraño, pero cuando decidí hacer la audición pensé que sería reconocido en Nueva York. Se suponía que mi banda de K-pop era popular en el mundo entero, pero estando ahí me di cuenta de la realidad: sí éramos conocidos, pero no famosos. Alguien nos había mentido. Sentí enojo y decepción, quizá más la segunda que la primera, porque todos habíamos trabajado duro para llegar al número uno en todo el mundo. Sacrificamos amigos, escuela, tiempo personal, incluso mi novia de la preparatoria me había dejado porque decía que no podría soportar estar con una estrella, y ahora, al otro lado del mundo nadie sabía quién era yo.

Pero ya estaba ahí. Mi manager había arreglado todos los detalles para que el viaje fuera todo incluido: vuelo, hotel y alimentos, así que no tenía nada de qué preocuparme, excepto de lo que yo quisiera gastar. ¡Y hay bastante para gastar en Nueva York! Entré a más tiendas de las que puedo recordar, compré regalos para todos, pero más para mi papá y mi hermana. No tenía idea de cómo me llevaría todo eso, pero ya me preocuparía después. Quizá pudiera enviar por mensajería internacional los regalos para los chicos de la banda y así suavizar un poco el desagrado que mostraron cuando les dije que me iría de viaje.

–No es bueno que el visual del grupo esté fuera justo antes de comenzar la gira, hay conferencias de prensa y entrevistas que atender –dijo uno de ellos, haciendo una mueca y dándome la espalda

Pero ¿qué podía hacer yo? Tenía que pensar en mi carrera. Además, no era la primera vez que me ausentaba de giras, entrevistas y todo eso. Lo habían hecho bien cuando tuve que enlistarme en el ejército. El líder se encargó maravillosamente de mi ausencia, seguro lo haría de nuevo, para eso es el líder, ¿no?

El segundo día lo dediqué al Centro Rockefeller, el Empire State, la estatua de la Libertad y todos los lugares turísticos que no se deben perder en Nueva York. Comí un hot-dog en la calle, es una experiencia que absolutamente todos deben tener, y regresé al hotel antes de que anocheciera, para descansar y estar listo al día siguiente, para las audiciones.

Revisé el itinerario del día y me di cuenta que la cita en las oficinas era a las diez de la mañana. ¿Por qué tan temprano? ¿Qué no saben que los ídolos debemos tener un descanso profundo y prolongado? Mi rutina de arreglo me llevaría, al menos, dos horas, y no soy amante de levantarme antes de las ocho de la mañana. Resoplé frustrado, pero no había otra cosa qué hacer, o me presentaba a esa hora, o simplemente no podría participar.

Me desperté a las seis de la mañana y no pude volver a dormirme. Debo admitir que estaba nervioso, pero no era por la rutina o algo así, era otra cosa, algo más profundo. Me levanté e hice mi rutina de ejercicios, después tomé un baño y me arreglé mientras subían el desayuno a la habitación. Salí del hotel con bastante tiempo de anticipación y pedí un taxi que me llevara directamente al estudio. Hicimos poco más de una hora hasta el destino y, desde luego, el taxímetro corrió hasta que me bajé del auto.

Entré en el recinto, dije mi nombre y me condujeron a un salón lleno de espejos donde ya había varios hombres y mujeres haciendo estiramientos, supuse que yo debía hacer lo mismo. En realidad no lo necesitaba, pero no iba a quedarme sin hacer nada.

En punto de las diez de la mañana la puerta se abrió y entraron unas cinco o seis personas que, en silencio, se sentaron en la larga mesa que habían puesto en un extremo del salón.

–Buenos días –comenzó a decir uno de ellos en un inglés tan neoyorkino que no sé si entendí todo lo que dijo–, sean todos bienvenidos y gracias por participar en esta audición. Lo que haremos primero es ver la rutina que tienen preparada y después harán una coreografía en grupo. Nuestra experta –señaló a una mujer castaña de ojos verdes y sonrisa encantadora– hará grupos de diez y les enseñará lo que tiene preparado, después ustedes tienen que replicarla, ¿dudas?

Todos negamos, más bien porque el tono que usó no dejaba espacio para que alguien hablara. Enseguida se sentó y tomó los folders que tenía frente a él, seguramente con toda nuestra información detallada. Fue llamando uno por uno para que presentara la rutina de baile que tenía preparada, algunos me dejaban realmente sorprendido de lo bueno que eran, otros no tanto, pero yo no estaba ahí para juzgar.

–Siwon –mi nombre resonó en todo el salón y mi estómago dio un brinco. Me puse de pie y fui al centro, frente a la mesa, hice una reverencia para saludarlos, puse mi música y comencé a bailar.

Me perdí en el baile. Era mi pasión desde niño, aunque lo hacía a escondidas para que mis papás no me vieran, a ellos no les gustaba nada de lo que tenía que ver con el medio artístico, pero después de haber sido seleccionado para el grupo cambiaron de opinión. Sentía que lo estaba haciendo más que bien en la audición, mis piernas y brazos se movían tan ágilmente que parecía volar. Entonces la música se detuvo de pronto, perdí el balance y por poco caigo al suelo. Miré al frente y ahí estaba el asiático, mirándome fijamente y con los brazos cruzados sobre el pecho.

–¿Qué crees que estás haciendo? –me preguntó en inglés, pero su acento era raro.

–¿Perdón? –fue lo único que atiné a responderle. Quise decir más pero no pude, por primera vez en mi vida me había quedado sin palabras.

–Siéntate –me dijo, señalando la banca donde nos habíamos instalado todos esperando nuestro turno–, y espera la coreografía grupal. No me interesa una rutina de K-pop para esta audición.

No se escuchó un solo ruido en el salón, sólo sus pisadas al regresar a la silla colocada en el centro, detrás de la mesa. Le susurró algo al hombre que habló por primera vez con nosotros y éste asintió. Y luego Leeteuk, pues obviamente era él, clavó sus ojos oscuros en los míos, sonriéndome.