TODOS LOS CRÉDITOS A SUS CREADORAS, ESCRITORAS Y AUTORAS DE LOS PERSONAJES DEL MUNDO DE CANDY CANDY A MISUKI E IGARASHI.

AMOR… REGRESA A MÍ.

Capítulo 24.

MÁS QUE AMOR

Su incipiente pancita era la muestra fehaciente de su amor, ambos disfrutaban de ese momento, sentirla a su lado acariciando su vientre lo era todo, cada día, cada mañana y cada noche era el ritual constante de sentirla muy cerca de él.

Buenos días mi amor – ella volteó su cuerpo para quedar frente a él abrazándolo por la cintura.

Te amo… – le contestó en una voz aun somnolienta

¿Cómo amanecieron mis amores?

Muy bien – acariciando las manos de Albert – hoy tenemos cita – volteó hacia la ventana – aún es de madrugada – él en respuesta beso sus labios con dulzura haciéndola estremecer de deseo, pegándola un poco más a él.

Entonces tenemos que levantarnos para llegar a tiempo…

Noooo… espera – Albert la separó un poco de él – hazme el amor…

Pero cariño el médico… quisiera hablar con él primero… no quiero lastimarlos – le dijo besando su pancita.

Te necesito… seremos cuidadosos… por favor… – le dijo mirándole los ojos… con esa mirada tan tierna y lujuriosa al mismo tiempo y solo eso bastó para que Albert comenzara a repartir besos por doquier, pasó demasiado tiempo desde aquella víspera de año nuevo cuando se decidió desde el momento en que supo que Candy estaba embarazada, pero escucharla y sentir sus pequeñas manos sobre él fue lo que impulsó a corresponder con todo el amor con el que era capaz, ella sentía como cada milímetro de su piel se estremecía bajo los influjos de los besos húmedos de él, sintió como aun con el camisón puesto Albert tomaba sus pezones con sus labios regalándole la más más placentera sensación de sentirla suya en cuerpo y alma, se colocó encima de él sentándose a horcajadas sobre su pelvis, sentía como la dureza de su erección presionaba su vagina y eso era demasiado para ella, sabía lo que era disfrutar de su amor en sus brazos, de sentirse uno solo en sus cuerpos, comenzó a mover sus caderas mientras él le quitaba con desesperada lentitud la ropa que lo separa de ella, era divino sentir sus manos acariciar su espalda, sentir que sus manos se cerraban a su aun existente cintura, la besaba con dulzura, con pasión, acunó sus rostro con inmensa ternura acercándola a él y besando sus labios.

Candy… – la colocó sobre la cama y se hincó ante ella reverenciando con besos cada parte de su cuerpo, tomó sus pies besando la planta y cada uno de sus dedos provocando en ella una risa que apenas podía contener, hizo surcos en su piel en donde iba sembrando besos húmedos hasta llegar a su pancita, abrió sus blancas y torneadas piernas para él, retomando el trabajo de hacer un camino hasta la puerta de su jardín, besó cada parte de su vagina, mientras estimulaba con sus manos sus pezones, sentía como Candy arqueaba su espalda tratando de hacer que los labios de Albert una vez más la llevara a la cima de su pasión, lamió, beso y prensó con sus labios la pequeña protuberancia de su clítoris y cuando sintió que sus piernas se tensaban supo que la estaba elevando al tercer cielo, A ese cielo donde dicen que se encuentra la misma gloria de Dios, tomando para si su recompensa de saborear la miel de su flor recién deshojada, las pequeñas manos de Candy acariciaban y jalaban al mismo tiempo su cabellos, mientras dejaba que sus piernas se liberasen de su orgasmo, aún con los divinos latigazos del orgasmo Candy se puso de nueva cuenta a horcajadas sobre el cuerpo de Albert buscando alivio a su deseo, besó sus labios como una sedienta, en ese momento su cuerpo reclamaba los casi cuatro meses de abstinencia que habían tenido.

Albert… ¡Dios! Te deseo tanto – mordió como una hambrienta los labios de su esposo haciendo que éste gimiera parte por el dolor y otro por el placer que le estaba provocando, tomó con una mano el pene erecto y endurecido y se lo introdujo en su vagina bajando poco a poco hasta llegar a la base y mientras lo hacía sentía que una corriente eléctrica recorría su cuerpo desde la punta de los dedos de sus pies hasta su cabeza y comenzó a moverse, sus caderas tenían vida propia y su lenguaje se acoplaba al de Albert, sus pequeñas manos pasaban del fuerte pecho a los muslos de él, Albert se estaba conteniendo un tanto para no hacer que el encuentro se tornara demasiado fogoso, haría que lo disfrutara pero también la amaba demasiado como para exponerla a ella y a su bebé, pero ésta vez, el cuerpo de Candy no entendía de razones, se estaba dejando llevar por el deseo desenfrenado que ya era parte de su ser – por favor… – su voz apenas ahogada le suplicaba por más y comenzó a cabalgarlo con más ímpetu, Albert controlaba con sus manos sus caderas y comenzó a moverse concediéndole a ella el derecho de sentirse satisfecha sin lastimarla, los gemidos de ambos se igualaban como si fueran dos bailarines de nado sincronizado, aun en ese momento Albert y con el deseo a mil se incorporó dejando a Candy a gatas y penetrándola desde atrás tomando con sus manos el cabello de la rubia, el canto que sus cuerpos pronunciaron en ese momento los unió mucho más, ya nada podía detenerlos, el estrujaba sus pechos sensibles a causa de su embarazo y con la otra mano buscaba ese pequeño interruptor para ayudarla a llegar a su nivel más alto de excitación, sus cuerpos sudorosos contribuían a que el deseo se prolongara.

Te amo Candy… eres mi vida – y la penetraba con más rapidez haciendo que ella gritara de puro placer hasta que la espalda de ella se arqueo sobre su pecho liberándose ambos en un orgasmo poderoso y prolongado, la abrazó por la cintura recostándola sobre la cama y cubriéndola con sus brazos desde atrás, tomándose su tiempo para recuperarse – mi amor…

¿Mmmm?

Tenemos que arreglarnos…

5 minutos más amor… – le dijo con voz cansada.

No mi amor… – le dijo sonriendo y besando su cuello provocándole risa, con sumo cuidado se salió de ella, se levantó y fue hasta el baño para llenar la bañera y regresó por ella cargándola en sus brazos y ambos entraron disfrutando de la tibieza del agua, ella recargada en su pecho gozaba de las manos de él lavándole el cabello y después su cuerpo.

Me haz dejado agotada…

¿es acaso un cumplido o la sutil manera de reclamar que no hemos podido hacernos el amor?

Un poco de ambas… fue increíble… no lo cambiaría por nada…

¿Qué cosa amor? – mientras él enjabonaba su espalda y pasaba la esponja por sus pechos.

Hacer el amor contigo – se volteó hacia él mirándolo a los ojos – tú me complementas – él la tomó del rostro cubriendo con sus labios los de ella en un beso profundo y muy apasionado.

Estaban a mediados del mes de abril y aun hacía frío, las fuertes ráfagas del viento alborotaban su cabello haciendo que ella buscara el calor en sus brazos, cuando llegaron al consultorio esperaron hasta que tocara sus turno, y como ya en otras ocasiones, Candy sabía lo que tenía que hacer, se acostó en la camilla y una doctora muy amable se acercó a ellos.

¿Sr y Sra. Andley? – reacomodándose un poco sus lentes – según el expediente ¿es el segundo ultrasonido que se hace verdad?

Si…

Bien… sugiero que se lo haga cada mes sucesivo a éste… ¿podemos empezar? – le preguntó sonriente.

Claro – Candy se descubrió su vientre y permitió que la doctora le aplicara un gel que al primer contacto la hizo estremecerse del frío.

¿es su primer embarazo?

No… es el tercero – coloca el sensor sobre su vientre y comienza a esparcir el gel por todas las direcciones.

¿desean escuchar su corazón? – ambos asienten emocionados, y ahí estaban el par de rubios escuchando el incesante y fuerte golpeteo de los latidos de su pequeño corazón.

¿No es muy rápido? – preguntó Candy.

No… en ésta etapa es normal… sacaré sus medidas… Sr y Sra. Andley… el bebé A…

¿disculpe? – Preguntó Candy confundida.

Así es Sra. Andley, ustedes serán padres de dos bebés – les dijo sonriente, Albert se inclinó y besó los labios de su esposa muy emocionado.

¿segura doctora? – le preguntó con duda Candy.

Por supuesto – les volteó la pantalla del doppler y si ahí estaba – ahí están sus piernitas… sus bracitos… tienen buen tamaño ambos… la posición de la placenta está bien ¿desean que les revise sus riñones e hígados?

Por favor… – con lágrimas de emoción, Albert y Candy observaban a sus pequeños dentro de aquel refugio que los albergaría por otros meses más, cuando concluyó el examen ambos estaban muy emocionados, y mientras Candy se limpiaba su vientre, la doctora entregaba a Albert un sobre con la ecografía de sus bebés.

Bien… pueden pasar con el médico obstetra, les dará las indicaciones que deberán de seguir en los próximos cinco meses.

Gracias – salieron tomados de la mano, cualquiera que los viera pensarían que es el primer bebé que esperan, había emoción, alegría e incertidumbre en sus miradas y gestos.

Cuando llegaron a su hogar Albert y Candy no pudieron callar más la noticia, Pauna y George recibieron con inmensa alegría las buenas nuevas.

Tenemos que decirle a papá y a mamá…

Si pero primero iremos con tía Elroy… dentro de tres días partimos a Londres y no nos perdonaría si omitimos cierta información.

¿Cuándo piensan ir? – les preguntó Pauna

Iremos hermanita… mañana, hoy ya es un poco tarde y Candy necesita descansar, cuatro horas de camino de ida y vuelta en su estado no es para estar tan dispuesto.

Amor… yo no he dicho que esté cansada, además el médico dijo que ya podría hacer lo que habitualmente hago.

Si amor… pero mi deber es cuidarte para que tú y nuestros hijos estén bien.

Hablando de hijos… ¿Dónde están mis bebés?

En su siesta… salimos a pasear y regresaron muy agotados…

¿a donde los llevaron? ¿ya cenaron?

Fuimos a caminar… tus hijos serán unos grandes exploradores… y si ya cenaron – Mary se acercó en ese momento y le entregó a Albert unos sobres y al ver el remitente Candy se dio cuenta que se tensó.

¿todo bien amor? – él suspiró y solo negó con la cabeza y sonrió tratando de aligerar la situación.

No tienen importancia – dejando sobre el recibidor la correspondencia – me muero de hambre ¿Por qué no pasamos al comedor? – Candy lo observó un tanto confundida pero al ver que Albert dejó atrás los sobres ella decidió que por el momento dejaría que él fuera quien le dijera lo que estaba pasando, después de la comida vino el postre y platicaron de temas diversos, Pauna los observaba y se sentía muy feliz por ellos que todo regresara al punto en el que nunca debieron haberse separado, aún pesaba en su conciencia todo lo que ella hizo en su momento, y aunque Candy ya la había perdonado, ella se sentía con la obligación moral porque el matrimonio de su hermano jamás tuviera que pasar de nueva cuenta por una prueba semejante.

¿Qué pasa contigo Pauna? Te veo muy pensativa – le dijo Albert.

Vaya… por lo visto soy demasiado obvia… pensaba en ustedes… me da gusto verlos como siempre debieron haber estado – Candy se emocionó y se levantó para abrazarla.

Gracias Pau… realmente valoro todo lo que haz hecho por nosotros… y lo de aquella vez – suspiró – si no hubiera sido por eso… quizá Albert no hubiera sabido que tendríamos un bebé y en éste momento no estaríamos en el proceso de agrandar más a la familia – los cuatro rieron ante el comentario.

Cuando terminaron de comer las dos parejas fueron al salón del castillo, Pauna y Candy iban tomadas del brazo riendo, mientras George y Albert caminaban atrás de ellas.

¿Qué pasa Albert? Y no me digas que nada, vi tu rostro cuando leíste el sobre.

Es Eliza ¿crees que debo decirle a Candy?

Albert… es imperativo que confíes tus problemas con ella, y como bien dice Pauna, han pasado por muchas, lo que venga estoy seguro las superarán – Albert se detuvo y fue hasta la entrada para recoger de nueva cuenta la correspondencia y regreso sobre sus pasos hasta entrar al salón y se sentaron frente a la chimenea para compartir el té.

Amor… ¿me permites un momento? – ella se levantó y se separaron de Pauna y George.

Adelante están en su casa – dijo George.

¿Qué pasa?

Sea lo que sea lo que haya en el contenido de este sobre no quiero que te vaya a perjudicar ni a ti ni a nuestros hijos…

Albert…

Amor… ni yo sé que hay dentro del sobre…

Sea lo que sea… ¿no deseas compartirlo con George? Después de todo él es tu representante legal.

Bien… entonces regresemos con ellos – regresaron tomados de la mano y se encontraron con los rostros preocupados de Pauna y George y entregándole los sobres en la mano a su cuñado, George abrió uno de ellos y lo leyó en silencio, cuando terminó se dirigió a ellos.

Es del tribunal… desean saber si quieres ratificar tu declaración para que le dé formalidad a la sentencia…

Por supuesto que si… – Albert sintió la mano de su esposa sobre la suya – Candy…

Amor… ¿a quien se refiere?

A Eliza cariño…

Albert… he pensado en lo que me dijiste… han pasado casi dos años…

Amor… Eliza es la responsable de todo lo que nos ha pasado… siempre te ha aborrecido, sobre todo a ti…

Si amor pero…ella necesita estar con su bebé – sus ojitos se le llenaron de lágrimas.

Candy… mi vida, no vayas por ahí… no voy a permitir que por tu buen corazón vayas a sufrir las consecuencias de lo que sea ella tenga en sus intenciones, fue más que suficiente todo el daño que nos causó… todo empezó por ella… y si este es motivo para que tu te sientas mal… mi amor voy a tener que evitar darte preocupaciones y más en tu estado – Candy lo quedó viendo sorprendida.

Dijiste que compartiríamos todo… que no habría secretos – haciendo un puchero.

Candy… Albert tiene razón – le dijo Pauna sentándose a su lado, ella solo asentía tratando de mitigar su sentimiento – ella planeó todo desde el principio, y todos caímos en su trampa, no puedes permitir que ella siga manipulando todo.

¿Cuánto… cuanto tiempo le dieron?

7 años – Candy posó sus manos sobre su vientre y se levantó del asiento para ir a la ventana, Albert fue tras ella y la cubrió entre sus brazos.

Mi amor… todo lo que hemos pasado… a lo mejor nos tenía que pasar, por muy doloroso o increíble que haya sido, es porque teníamos que vivirlo, esto es parte del aprendizaje que debemos de procesar desde el momento que decidimos enfrentar todo lo que se nos ponga lo que ha de venir… no te sientas culpable, es mi decisión protegerte y salvaguardar a nuestros hijos… no se trata de algo que yo esté decidiendo, es la justicia la que se está haciendo cargo…

Pero… ¿y su bebé?

Está con su padre… él tiene la custodia de su hijo – tomó su cabeza e hizo que la recargara en su hombro.

Éramos amigas ¿Qué fue lo que sucedió?

Amor… siento decirte ésto pero estoy seguro que ella nunca te consideró como tal, Candy lo que le está pasando a Eliza son las consecuencias de sus actos, ella buscaba deliberadamente la manera de separarme de ti… cuando pasó lo de nuestra separación y me llevó al hotel, meses después dijo que el bebé que esperaba era mío… amor… tu me conoces y lamento profundamente lo que pasó, te amo y para mi tú eres y serás siempre la única… lo que pasó entre ella y yo fue un error que no quiero volver a cometer por la única y sencilla razón de que te tengo a ti, eres el amor de mi vida, mi mujer, mi esposa, la madre de mis hijos…

El bebé…

No es mío… cuando nació, Robert y yo nos hicimos exámenes de paternidad la cual salió a favor de él y como es natural pidió la custodia total de su hijo… amor… no deseo por ningún motivo que te angusties por algo que está fuera de nuestras manos…

Pero tú… la ratificación…

Es algo que se debe hacer, Candy… después de todo lo que hemos pasado me prometí cuidarlos y protegerlos y es lo que he hecho ¿me entiendes verdad?

Si… pero…

No cambiaré de opinión mi amor – le dijo con determinación – esto es algo que se tiene que hacer, de no hacerlo… en caso de que ella intentara volver a lastimarte la ley no estaría de nuestra parte por omisión de declaración – ella suspiró y se abrazó a él.

Entiendo...

Gracias mi amor… – cuando regresaron Pauna y George ya se habían retirado para darles un poco de privacidad – nos quedamos solos… ven tienes que descansar…

Quiero ir a ver a mis hijos…

Tengo una mejor idea – salieron del salón y se dirigieron a su recámara, la levantó en brazos y la llevó hasta la cama – espérame… traeré a nuestros hijos – Candy le regaló una sonrisa de vuelta.

Gracias mi amor…

No tienes por que darlas… me place mucho tenerlos juntos… ustedes son mi felicidad – besando sus labios.

Salió de la recámara y encontró a cada uno de sus niños en sus respectivas camas.

Dorothy ¿podrías llevar a Albert a con mi esposa? Hoy dormirá con nosotros

Por supuesto señor – cargó en brazos al niño y tras tomar algunas cosas que pudieran ocupar sus padres salieron de la pequeña recámara, Kate llevó a Rose y Albert a Anthony, cuando se quedaron solos Albert y Candy y desde cada extremo observaban con amor a sus hijos, entrelazaron sus dedos acunando entre ellos a sus tres pequeños tesoros.

Son tan perfectos…

Seremos 7… – le contestó con esa sonrisa tan cautivadora

Amor… 5 es la cantidad perfecta… he pensado que – tragó un poco de saliva – tenemos a los hijos que amamos más que a nuestra propia vida…

Me haré la vasectomía – Candy abrió grandotes sus ojos – amor… no solo tú tienes que cargar con esa decisión… pero tienes que reconocer que nuestros soldaditos nos salen bien bellos – Candy comenzó a reír a carcajadas – sería una lástima no utilizar al regimiento que está en espera – Candy se abrazaba del estómago tratando de mitigar la risa.

Albert… los niños – haciéndole una seña con el dedo para no despertarlos – ¿desearías tener más hijos?

Siempre quise tener una familia numerosa… crecí siendo prácticamente como si fuera Hijo único, mamá y papá siempre fueron grandiosos… pero habían momentos en los que yo deseaba tener otro hermano varón… el cual por supuesto nunca llegó… – Candy se levantó de donde estaba poniendo una almohada a lado de Anthony para después ir hasta donde estaba recostado Albert acariciando su mejilla.

Mi amor…

Pero ahora Anthony tiene a Albert y seguramente Rose tendrá a otra hermanita… serán tres dos, ya sean niños o niñas, pero sin son niños nuestra princesita será la única entre sus hermanos.

No me había puesto a pensar en eso… en cambio yo siempre estuve rodeada de niños en el hogar de Pony, y cuando vivía con el Dr. Leonard y su esposa en su casa siempre habían niños… nunca me sentí sola – le dijo pensativa esa ultima frase – pero por el momento nuestras manos estará muy ocupadas y pensar en tener más hijos, estoy segura que no es lo más conveniente.

Te amo… eres una excelente madre… Candy…

¿mmmh?

¿te quieres casar conmigo? – ella lo miró sonriente.

Albert… estamos casados…

En el hogar de Pony – esa petición tomó por sorpresa sin poder articular una sola palabra más que un gemido.

Hola chicas, una vez más GRACIAS por sus mensajes y el apoyo que le dan a la historia a través de la plataforma de Fanfiction y la página de Fanfic Albert Y Candy.

Carol Aragón.

Elizabeth.

MaríaGpe22.

Guets1.

Saryfan.

sayuri1707.

Sincity12345.

anohitoAlbert.

Espero sus mensajes, criticas y aportaciones gracias una vez mas y si Dios lo permite no leemos hasta la próxima.

Enhorabuena y bendiciones.