La despedida de la audición no fue muy amable, desde mi punto de vista, pero al menos nos dijeron que nos llamarían al día siguiente, para que estuviéramos pendientes, y la verdad es que no sabía si yo quería estar al pendiente de esa llamada. Estaba seguro que lo había hecho muy bien, me había dado cuenta que mi coreografía había impresionado al que suponía era el director y a la coreógrafa, la chica de la sonrisa encantadora, lo había visto en sus ojos mientras ensayábamos la coreografía grupal.
El baile siempre se me había dado más que bien, y debo decir que, durante mis años de entrenamiento para el grupo, todos me pedían consejos o ayuda para ensayar. Sabía muy bien lo que hacía y solo porque a esa muñequita de porcelana coreana no le gustaba el K-Pop podía quedar fuera del musical. Pero no me iba a dar por vencido tan fácilmente, mi orgullo, y la posibilidad de regresar fracasado a Seúl, no me dejarían rendirme. Si no quedaba en ese musical buscaría otro, seguramente en Nueva York había más audiciones de las que imaginaba, así que podía lograrlo, después de todo.
–¿Pero no te dijeron nada más? –mi hermanita no dejaba de preguntar, aunque le hubiera dicho más de cuatro veces lo que había pasado, dejando a un lado la sonrisa de Leeteuk y la forma en que me había mirado, también la extraña forma en que me había hecho sentir–. No Sia, ya te dije todo lo que pasó. Tengo que estar pendiente del teléfono por si me llaman, ¿de acuerdo? Así que voy a colgar –y antes de que pudiera decir otra cosa, corté la llamada y aventé el teléfono, no quería hablar con nadie más.
Encendí la televisión y me perdí en uno de esos programas de criminología donde los investigadores nunca se despeinan ni se ensucian; no entendía la trama y hablaban demasiado rápido para mí, pero una de las actrices era guapa, así que no cambié el canal. Pero pronto mi mente regresó a la audición, el programa no había cumplido el objetivo de aburrirme y hacerme dormir. ¿Que había salido mal? Otra vez, y perdón si soy repetitivo, pero estaba seguro que lo había hecho muy bien.
Es decir, los demás bailarines habían presentado coreografías increíbles: unos literalmente daban vueltas en el aire solo con un ligero impulso (un miembro de nuestro grupo también podía hacerlo y a las fans les fascinaba), una chica de pronto movía los pies tan rápido que era casi imposible seguirla; y un tercero, el que más me impresionó, incluso dio un salto hacia atrás solo apoyándose en la pared con un pie. Mi coreografía era excelente, era uno de nuestros mejores bailes, de esos que volvían locas a las chicas en los conciertos y, cuando me di cuenta que no éramos tan conocidos en Estados Unidos, supe que era perfecta para la audición. Tenía de todo: saltos, movimiento de brazos, de cabeza, incluso una inclinación al estilo Michael Jackson... ¿y eso no había impresionado a la muñequita? Realmente no entendía qué era lo que quería.
Y mientras mi mente divagaba en esas cosas, la cara de Leeteuk llenó toda mi visión: la nariz recta y afilada, los pómulos definidos, la piel blanca ligeramente bronceada artificialmente, la boca mediana con labios bien definidos, cejas semi pobladas que enmarcaban esos ojos que miraban tan profundamente que me hacían sentir como si me estuviera hundiendo en una alberca. No hablemos de la forma en que caminaba: tenía el porte de un modelo que jamás había modelado, es decir, caminaba con la espalda recta y los brazos se movían libre y suavemente al ritmo de sus pasos, pero sin esa postura rígida que debían mantener los modelos en las pasarelas; ni de cómo se marcaron los músculos de sus brazos cuando los cruzó mientras me miraba, después de apagar mi música.
Abrí los ojos de golpe y la luz del televisor me lastimó por unos segundos. ¿Qué estaba yo pensando acerca de Leeteuk? ¿Acaso me había aprendido cada uno de sus rasgos, tanto que podía reproducirlos a la perfección? Un vacío se instaló en mi estómago y tuve que correr al baño, me incliné sobre el retrete esperando vomitar todo lo que había comido ese día, pero nada salió. Sólo podía oír mi respiración entrecortada y los latidos de mi corazón, que parecía estar instalado en mi garganta.
Me quedé ahí unos minutos, tratando de respirar profundamente para calmarme, pero sucedió todo lo contrario. Mientras más respiraba más pensaba en Leeteuk y en su perfecta piel y, por si fuera poco, ahora escuchaba su voz diciéndome que me fuera a sentar. ¡Tenía más autoridad en un dedo que mi manager en Corea en todo el cuerpo!
Me dejé caer sobre el piso del baño y recargué la cabeza en la pared. Sentía un sudor frío bajar por mi espalda, ¿o era el frío de la pared? No sabía y tampoco importaba, pero ciertamente estaba ayudando a que mi respiración se pausara, aunque mi corazón seguía latiendo con toda la fuerza de la que era capaz.
No pude ponerme de pie, así que me fui de rodillas hasta la cama y, como pude, me subí en ella y me quedé dormido de inmediato.
El tono destinado a los números desconocidos de mi celular me despertó, pero no lo suficientemente rápido para responder y la llamada se perdió. El número tenía el código de Nueva York y, en cuanto quise devolver la llamada, sonó otra vez.
–¿Hola? –no estaba seguro si mi voz sonaba rara, pero de cualquier manera me aclaré la garganta de inmediato.
–Hola Siwon, soy Brenda, la asistente de Leeteuk –¿por qué mi estómago dio un vuelco en cuanto escuché su nombre? Sacudí la cabeza para enfocarme y responder algo, pero la muchacha continuó hablando, agradecí que lo hiciera despacio–. Necesitamos que vengas para algunas pruebas de fotografía y canto, te esperamos en el estudio a las doce, ¿ok?
Miré el reloj y vi que eran las diez de la mañana, apenas tenía tiempo para arreglarme y salir. Por un segundo pensé en decirle que ya no seguiría en el proceso, que bien podían quedarse con su musical y yo regresaría a Corea, pero en lugar de eso, de mi boca salió un "sí, claro, ahí estaré".
–¡Excelente!
Y sin más, colgó el teléfono.
Me quedé parado en medio de la habitación mirando al vacío. Ahora tendría que ir a hacer pruebas de fotografía y canto... no es que fuera extraño para mí, ya que las había hecho infinidad de veces para los dramas en los que había participado, pero volver al estudio no era algo que yo estuviera buscando hacer.
Aun así, mis pies se dirigieron al baño, me metí en la regadera y, en la hora que tenía de tiempo, me arreglé lo mejor que pude. En momentos como ese apreciaba infinitamente la labor de nuestras maquillistas y peinadoras, que nos hacían lucir de lo mejor en un tiempo récord. Escogí la mejor ropa que había llevado: una camisa beige con líneas verticales negras, los puños iban abiertos y, para darle un toque latino, los adornaban encajes delgados del mismo tono beige; la había usado en un video de ese estilo musical y me sentía sexy con ella; completé el atuendo con un pantalón de vestir negro y zapatos a juego. Me miré por última vez en el espejo y me sentí satisfecho con mi imagen, aunque faltaba el maquillaje, pero estaba seguro de que se encargarían de eso en el estudio.
Llegué unos quince minutos antes de la hora, el taxista casi nos mata un par de veces, pero cuando me baje del auto le agradecí por haberme hecho ahorrar tiempo.
Nos indicaron que esperáramos en el mismo salón del día anterior, que ahora lucía diferente: había luces por todas partes, sombrillas negras desviando la iluminación y un enorme telón blanco detrás de un banco colocado en el centro, donde seguramente nos tomarían las fotografías.
Pude ver que habíamos menos personas de las que asistimos a la audición de baile, seguramente ya habían descartado a varios y la revelación me golpeó de pronto: había pasado a la segunda ronda. No sé si me sentí feliz o el más desdichado del mundo, pero ahora estaba seguro de algo: seguiría adelante con el proyecto.
–Buenas tardes –habló el hombre que había estado sentado al lado de Leeteuk durante las audiciones–, bienvenidos de nuevo, mi nombre es George y soy el director de este musical. El día de hoy les tomaremos algunas fotografías para ver cómo se ven ante las cámaras y posteriormente haremos pruebas de canto –evidentemente se sentía más libre y seguro ahora que el coreano no estaba cerca–. Ustedes han pasado a la siguiente fase de selección, necesitamos quince personas incluyendo los suplentes, así que después de hoy cinco de ustedes no regresarán.
Mi estómago dio otro vuelco. Todo dependía de este momento, de cómo luciría en las fotografías y cómo se grabaría mi voz durante la prueba de canto. Aunque me sentía confiado, no podía evitar los nervios. De pronto pensé que desde que entré al grupo todo lo había tenido garantizado: el éxito, las fans, los videos, los dramas. Sólo se decía mi nombre y todo estaba hecho, aquí era diferente: estaba en las manos de Leeteuk y George, y eso no me gustaba en absoluto.
Fui de los últimos, como siempre. Estaba empezando a pensar que era a propósito, y seguramente la muñequita de porcelana tenía todo que ver con eso, pero ahora estaba decidido a que no me afectara. Posé para la cámara como lo había hecho decenas de veces antes: fui natural, sonreí, hice todo lo que el fotógrafo me había dicho, incluso hice un poco de modelaje para que vieran que tenía experiencia en este tipo de cosas. Como era de esperarse, nadie dijo nada, pero sí noté que el fotógrafo me tomó más fotos que a los demás.
Después de eso me fui a la prueba de canto, que tampoco representó ningún problema. Nos dieron una canción que se incluiría en el musical, la ensayamos una sola vez y, según ellos, estábamos listos para grabar. Noté algunos candidatos un poco nerviosos, evidentemente no estaban acostumbrados a salir e improvisar y, por extraño que parezca, en ese momento me sentía completamente en mi elemento. Quizá porque el productor no estaba ahí y el ambiente se notaba más ligero y relajado.
Por la cara del director musical supe que lo había impresionado. Sonreí al terminar, hice una reverencia y volví a mi lugar para esperar instrucciones. No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando todos finalizaron las pruebas de canto nos llevaron de nuevo al salón, y otra vez nos dijeron que estuviéramos pendientes de una nueva llamada en la que nos dirían si habíamos sido seleccionados o no para el musical. Sólo ellos sabían cuánto tardaría esa llamada, había que revelar las fotografías, analizar todas y cada una de las grabaciones y así harían la selección.
Esperé a que todos salieran del salón para hacer lo mismo, en mi camino a la salida pasé por otro estudio, pero este era más pequeño y tenía paredes de cristal, por lo que podía ver perfectamente el interior: era igual al grande, donde habíamos hecho las audiciones y la sesión de fotografías, pero este se veía un poco más íntimo.
Clary, la coreógrafa, estaba poniendo una rutina a un chico, no podía ver muy bien su cara porque la imagen se distorsionaba ligeramente con el cristal que tenía frente a mí, pero parecía joven, más de veinticinco, pero menos de treinta. Me quedé parado ahí, viendo cómo se desarrollaba la rutina, cómo Clary sonreía y aplaudía mientras el muchacho hacía movimientos impecables. En cuanto terminó la coreógrafa dio saltitos de gusto mientras seguía aplaudiendo; incluso yo reconocí que el desarrollo de la rutina había sido perfecto. Quizá era un bailarín profesional, pero yo también lo era ¿o no? De pronto comencé a sentir calor dentro de mí y fui consciente de que estaba apretando los puños, como si me dispusiera a comenzar una pelea con alguien, y no era sorpresa imaginar con quién quería pelearme.
Con todo el coraje que sentía en ese momento me di la vuelta para salir de ahí lo más pronto posible. Caminaba furioso, con la mirada fija en el suelo sin ver por dónde iba; doblé en un pasillo más por instinto que por otra cosa y de inmediato sentí un golpe seco en todo el cuerpo, escuché el ruido de cosas caer al suelo y un par de manos sosteniéndose de mis brazos. Levanté la vista y me encontré con el rostro de Leeteuk a escasos centímetros del mío, no me había dado cuenta que nuestra estatura era casi la misma, mucho menos imaginaba que tuviera tanta fuerza en los brazos.
Mi corazón se aceleró en fracción de segundos, abrí la boca para decir algo, pero la cerré de inmediato en cuanto vi que él hizo lo mismo y, curiosamente, tampoco dijo nada. Tragué saliva, estábamos imposiblemente cerca y ninguno de los dos hicimos algo por movernos. El aroma de su loción llegó a mi nariz: era cítrico, fresco, como si acabara de tomar un baño; su respiración también se había agitado y podía sentir su aliento en mi piel. Vi cómo sus ojos recorrieron mi rostro, desde la frente hasta la barbilla, se mojó los labios lentamente y entonces, como si hubiera despertado de un sueño, Leeteuk sacudió la cabeza y dio un par de pasos hacia atrás para agacharse a recoger los papeles que estaban tirados por el suelo.
–Déjame ayudarte –le dije y mi voz salió más grave de lo normal.
–No, déjalo, yo lo hago. Si ya terminaste con las pruebas, puedes irte.
Y sin decir nada más, terminó de recoger los papeles y entró casi corriendo al salón de las paredes de cristal. Lo seguí con la mirada y vi cómo, mientras saludaba al otro bailarín, se acomodó el cabello con un rápido movimiento de cabeza; un gemido escapó de mis labios y me sentí mareado, busqué dónde sentarme pero no pude moverme porque el pantalón negro que con tanto esmero había escogido esa mañana, me apretaba imposiblemente y estaba húmedo.
