—¿Estás con alguien? —le preguntó James a su amigo.
—¿Qué?
—Ya sabes… ¿Si sales con alguien?
Daren le miró y arqueó las cejas.
—¿Te estás declarando, Potter? —Daren le dio un trago a la botella—. Lo siento pero no eres mi tipo…
James rio.
—No, no… Ahora enserio —volvió a insistir—. ¿Sales con alguien?
Daren suspiró.
—¿Por qué lo preguntas?
—Quiero saberlo… Últimamente desapareces más de lo normal.
—No estoy con nadie.
—No te creo.
Continuaron bebiendo y escondiéndose tras una nube de espeso humo. Los dos amigos estaban sentados en un pequeño rincón de algún pasillo perdido del castillo. Se habían traído una gran cantidad de alcohol y tabaco muggle. Disfrutaban de una leve conversación y de las adicciones mundanas más soeces.
—Ahí que ver lo poco disimulados que sois… —Albus apareció al torcer la esquina del pasillo continuo. Se quedó parado frente a los dos chicos sentados en el suelo—. ¿Se puede saber que hacéis?
—Matar el tiempo —James subió la vista a su hermano y le sonrió—. ¿Nos acompañas?
—Tengo cosas mejores que hacer… —contestó Albus rodando los ojos.
Nunca conseguiría librarse de su hermano. A todos lados a los que iba, James Potter le seguía. Había decidido salir a dar uno de sus paseos nocturnos, pero ni aún a altas horas de la madrugada, podía disfrutar de la soledad.
—¡Va, Al! Siéntate con nosotros y bebe algo… —insistió Daren.
Albus se sentó en el suelo frente a los dos chicos, formando un pequeño circulo con la bebida y el tabaco en medio. James cogió la botella, le dio un trago y se la tendió a su hermano. Albus la cogió y dio un sorbo. El licor bajo por su garganta, abrasándole. Hizo una mueca de angustia a la que Daren y James respondieron con risas y un no sabe tragar.
—No quiero saber de donde sacáis todo esto… —dijo Albus.
—No, no quieras saberlo…
Albus dejó influirse por Daren y James. Y aunque no eran sus dos personas favoritas en el mundo, pasó un buen rato. Quizás fue por el alcohol que poco a poco embaucaba su mente aturdiéndole los sentidos, pero Albus disfrutó de aquel rato con su hermano y Daren. Se dio cuenta de que Daren le miraba más de la cuenta —al menos cuando James estaba presente—. Sus ojos estaban algo enrojecidos, pero había un brillo especial en Daren que Albus pocas veces había visto.
—¿Sabes lo que James me ha preguntado antes? —dijo Daren a Albus, este negó ladeando la cabeza—. Qué si salgo con alguien…
Daren estaba completamente ebrio, supo Albus. Él jamás hubiera hecho un comentario así delante de nadie, jamás se hubiera arriesgado tanto.
—¿Enserio? —Albus rio, sin saber muy bien que decir—. ¿Y que le has contestado?
—Ha dicho que no —dijo James. El chico se inclinó demasiado hacía delante y podría haber caído de cara al suelo si no hubiera sido porqué el hombro de Daren le sirvió como apoyo—. Pero no le creo… Y quiero saber con quien está, no me da la gana que se acueste con nadie a mis espaldas.
—¡Qué gracioso! —dijo Daren con ironía y miró a Albus—. ¿Tu que crees? ¿Crees que estoy con alguien? —su voz sonaba ronca y estrepitosa. Estaba totalmente ebrio, pero sonaba sensual y peligroso de la misma forma que siempre, incluso un poco más. Albus sintió como se excitaba solo de verle.
Albus ladeó una sonrisa y continuó con el tonteo.
—Si…
—¡Ves! —exclamó James—. No soy el único que lo piensa…
—¡Cállate, James! Quiero saber porqué Albus cree que estoy alguien… ¿Me lo explicas?
—Porqué tienes un brillo inusual después de acostarte con él, porqué te pones rojo cuando le ves aparecer por el pasillo aunque no quieras admitirlo y porqué se que solo con tocarte se te pone dura —sentenció Albus con una cara de victoria.
James comenzó a reírse a carcajadas, mientras un bulto crecía en el pantalón de Daren —de la cual cosa James no se percató—.
Daren tuvo que contenerse mucho para no partirle la cara a Albus allí mismo por haber dicho aquello delante de James. Pero dado la cantidad que alcohol que había consumido, desistió y lo dejó pasar. Sabía que James no le daría importancia y que quedaría en una simple broma. Y en efecto, todo se quedó en eso, una broma.
Pronto estuvieron de camino a sus respectivas casas. James iba por delante. Llevaba el Mapa del Merodeador en la mano, vigilando atento a cualquier aviso de que Filch estuviera husmeando por allí. Daren y Albus caminaban tras él.
Habían aceptado acompañar a Albus hasta la primera planta, pero se habían resistido a bajar hasta las mazmorras. James se había negado rotundamente, declarando yo solo bajo a las mazmorras porqué tengo que ir a Pociones, que si no... Albus había rodado los ojos y había dejado el comentario en el aire.
James caminaba por delante cuando Daren se acercó demasiado a Albus.
—La próxima vez podrías contenerte con los comentarios, Al…
—No se ha dado cuenta… —objetó el Slytherin.
Daren volvió a acercarse a Albus, esta vez con segundas intenciones.
—¡Aparta! —Albus le empujó.
—¿Qué crees que haces?
—Estás borracho…
—¿Y? Tu también lo estás.
—No quiero que me toces cuando estás así…
Continuaron andando detrás de James y pronto llegaron a las escaleras que conducían a las mazmorras. Se despidieron de Albus y el chico se marchó escaleras abajo. Daren y James le miraban mientras descendía escalón tras escalón. Mirando a Albus, Daren no sabía bien lo que sentía. Quizás era por el exceso de alcohol —o quizás no— pero algo le decía que Albus era mucho más especial de lo que él creía. Hasta hacía un tiempo solo le veía como un lugar donde poder correrse a gusto, con la seguridad de que Albus no se lo diría a nadie. Pero ese sentimiento de comodidad que había encontrado en Albus, estaba empezando a convertirse en un instinto de protección que le obligaba a vigilar todos sus pasos. Porqué Albus era suyo y de nadie más.
James y él pusieron rumbo a la Torre de Gryffindor. Caminaron por los pasillos en silencio, siempre atentos al Mapa y con la Capa en la mano, alerta a cualquier visita inesperada.
Los recuerdos florecían en la mente de Daren, salpicándole como ácido en las entrañas. Recordaba cuando se acercó a Albus por primera vez. Fue una noche como esta, en la que el alcohol era dueño de sus acciones y su cuerpo de dejaba llevar por impulsos. Albus y él se habían quedado solos en James salir corriendo detrás de una chica para magrearse con ella en los pasillos. Estaban en un pasillo a oscuras, solos. El Mapa dejaba constancia de que no había nadie cerca. Daren sabía que algún día podría pasar, sabía que tarde o temprano sus verdaderas inclinaciones saldrían a la luz y que no lo podría evitar —por mucho que le costará aceptarlo—. Le gustan los chicos, le atraen los brazos fuertes, las espaldas anchas, las piernas musculosas, los glúteos duros y firmes. Le gusta los sombreados de la barba y las mandíbulas prominentes. Le gustan los pechos firmes de pectorales marcados, le gusta el tacto de esa piel caliente y sudorosa contra las yemas de sus dedos. No puede evitarlo y se odia por ello. Pero Albus le hacia sentir seguro, seguro de que él jamás revelaría su secreto. Porqué por encima de cualquier cosa era su amigo. Fue el año pasado, cuando Albus estaba en cuarto y él en quinto. Daren lo arrinconó en una esquina del castillo e hizo con él lo que quiso. Albus se dejó, suplicando más. Pero Daren siempre dejaba una cosa muy clara —Esto es solo por diversión, Albus… Nada más—. Lo repetía cuando Albus se volvía pesado e insistía.
—¿Ella te gusta?
—¿Y a ti que te importa? —respondía Daren ante las reprimendas de Albus.
—¿Te gusta más yo?
—Tu no me gustas, Albus… Lo que tu y yo hacemos es por diversión, nada más.
Daren estuvo saliendo con una chica durante un tiempo. Un tiempo en el que Albus tuvo que compartir a Daren con aquella chica de Gryffindor un año mayor. Todo el mundo sabía que ella y Daren estaban juntos, estuvo en boca de todo el mundo aquel nuevo romance. Pero nadie sabia a donde iba Daren las noches que no estaba con ella, nadie sabia que necesitaba a Albus como al respirar, aunque solo fuera por diversión.
Albus llegó a la Sala Común de Slytherin mucho antes de que Daren y James llegarán a la Torre de Gryffindor. El reloj de pared de la Sala Común marcaba las dos y media, Albus suspiró con resignación. Su hermano y Daren le habían entretenido más de la cuenta y le habían hecho beber. La Sala Común le daba vueltas y sentía como las nauseas se le acumulaban en la boca del estómago. Una bruma espesa nublaba sus ojos y tuvo que sujetarse a una de las columnas para no caer de bruces al suelo.
—¿Necesitas ayuda? —la voz sonó ronca desde una de las mesas del fondo de la Sala. Albus la escuchó lejana y turbia dentro de su nebulosa atmósfera. Se giró y se encontró con Scorpius Malfoy.
—¡Hola, Scorpius!
—¡Shhh! No chilles, Al —el chico se puso en pie y caminó hasta él—. ¿Estás borracho?
—¿Yo? ¡Noo!
—Si lo estás —Scorpius alzó las cejas—. Y mucho…
Albus se dispuso a dar un paso hacía algún lado, no estaba muy seguro de a donde quería ir. Pero, en solarse de la columna, los pies le fallaron y hubiera caído al suelo si Scorpius Malfoy no hubiera estado ahí para sujetarle. Pasó el brazo de Albus por sus hombros y dejó que se apoyara en él.
—Gracias…
—No hay de qué —dijo Scorpius—. Vamos, te llevaré a la cama...
Albus juró que se le enrojecieron las mejillas, pero no por meditación propia. Fue inevitable el gesto ante aquel comentario. La embriaguez de su mente le jugó una mala pasada y dio gracias a que Scorpius no le estaba mirando en ese momento. Se sintió culpable —en parte— por tomarse así la amabilidad de su nuevo amigo. ¿Amigo? Pensaba Albus mientras caminaba sustentado por la fuerza de Scorpius Malfoy.
—¿Qué estabas haciendo a estas horas tu solo? —preguntó Albus, girando el rostro hacía el de Scorpius, quedando muy cerca el uno del otro.
—Esperándote —Scorpius sonrió y le dedicó una cálida mirada.
—No… —dejó ir su voz ronca y melodiosa, sin creerse las palabras de Malfoy.
—Vale, no… —su sonrisa crecía por momentos mientras se acercaban a la habitación de Albus. No sabía como podía ver con tanta claridad el rosto del chico, a pesar de estar a oscuras y ver todo lo demás borroso y totalmente difuminado—. No podía dormir y estaba leyendo… ¿Y tu donde has estado?
—Que bien hueles —dijo Albus con la nariz entre el cuello y los mechones rubios de Scorpius.
—¿Eso es un cumplido, Potter?
—Más o menos… —Los ojos de Albus estaban entre abiertos, debatiéndose entre la realidad y el sueño. Intentando mantenerse despierto y mover los pies para poder andar.
—Cuidado delante de quien lo dices, podríamos meternos en problemas —dijo Scorpius siguiéndole el juego.
—Me gustan los problemas.
Entraron en la habitación. Sus compañeros dormían con las cortinas bajadas. So oían unos ronquidos de fondo y respiraciones profundas cuando se encaminaron hacía la cama de Albus. Scorpius le ayudó a subirse sobre el mullido colchón. El chico se acurrucó, abrazándose a la almohada y Scorpius le miró enternecido.
—¿Algo más, mi señor?
—Mmm… —ronroneaba Albus abrazado a la almohada—. Dame un beso de buenas noches.
—Estás muy borracho, Al…. —Scorpius le acarició el hombro con suavidad—. Duérmete —suspiró con resignación—. Buenas noches.
—Buenas noches.
Scorpius salió de la habitación sin hacer ruido. Tenía un saber extraño en la boca y un fuerte nudo en el estómago, más parecido a un martilleo constante. Esa sensación desconocida perduró más de lo que le gustaría y se volvía más intensa a media que pasaban los días.
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Nos vemos en el próximo.
