Aquella mañana, Hogwarts amaneció eufórico. Los alumnos estaban al borde del colapso, la emoción corría por sus venas.

Gryffindor contra Slytherin.

El resultado de aquel partido iba a comentarse el resto del año. Aquel partido iba a ser el tema de conversación más recurrente durante los meses siguientes. No se jugaban partidos como ese todos los días. Los dos más grandes cazadores de la historia estaban a punto de enfrentarse en un partido mítico, James Potter y Scorpius Malfoy. Nadie recordaba un año con tanta rivalidad entre las casas de los leones y la de las serpientes. El rojo y el verde no habían sido más contrarios nunca antes.

—Buena suerte, Potter —decían muchos cuando pasaban por su lado.

—Os voy a hacer llorar de la emoción, Gryffindor —James estaba de pie en la mesa del Gran Comedor. Era la hora del desayuno, muchos alumnos entraban y salían adormecidos, pero los leones ya se habían montado su victoria. Ya tenían las pancartas listas, las caras pintadas de colores y la emoción latiendo en sus corazones.

La mesa de Slytherin también rebosaba de energía. Los miembros del equipo tenían su propio corrillo de alumnos que les deseaban suerte y les animaban. Muchos llevaban las caras pintadas y grandes carteles.

Scorpius Malfoy estaba rodeado de una veintena de chicas que buscaban como locas la atención del capitán del equipo. El chico mandó una mirada de soslayo a su amigo. Para su sorpresa, Albus también le miraba.

El chico estaba distraído mirando a Scorpius hablando con aquel séquito de chicas, cuando Daren apareció imponente frente a él.

—¿No me vas a desear suerte? —Daren llevaba la escoba en la mano.

—Supongo que no tengo elección.

—Supones bien.

—Buena suerte, Daren… —dijo Albus con una sonrisa burlona—. La necesitarás.

La mañana transcurrió sin grandes altercados entre las dos casas. Pronto estuvieron todos los alumnos en las gradas, agitando carteles y pancartas, esperando a sus jugadores para salir al campo.

Albus vio a su padre en la grada de los profesores. Sabía de su visita, había sido informado por carta. Ningún alumno se había enterado de la visita de Harry Potter a la escuela, y lo mejor era que nadie lo hiciera. En la grada de los profesores también estaba Draco Malfoy. Elegante y refinado, estaba sentado dos gradas por encima de Harry. Albus dedicó toda su atención a aquella curiosa escena. Él y su padre parecían estar manteniendo una conversación, se dieron las manos y volvieron su atención al campo de nuevo. El tío Ron siempre hablaba de su enemistad legendaria con los Malfoy, pero aquel gesto de su padre, aquel apretón de manos entre un Potter y un Malfoy, daba a entender que aquella enemistad legendaria quedaba reducida a un tiempo y un espacio que estaban abandonados en el pasado. Un pasado demasiado lejano y doloroso como para querer seguir viviendo en él.

Los jugaros aparecieron volando en el cielo. Surcaban con gracia y sutileza los bajos cielos del campo, dejando ser alabados por los alumnos. El vitoreo y los aplausos inundaron el ambiente, haciendo que Albus se contagiara por aquel alegre espíritu. Todo aquello se vio reducido a la nada cuando Scorpius Malfoy apareció en su escoba. Volaba por encima de sus cabezas con una gracia etérea. El aire acariciaba su pelo y lo movía con fiereza.

El partido dio comienzo y los jugadores comenzaron su danza.

Cuando Albus bajaba la vista del cielo y la retiraba de Scorpius, la dirigía hacía su padre. Harry se mantuvo atento al partido durante la mayor parte del tiempo.

La atención se centró en los dos capitanes cuando Scorpius Malfoy consiguió la pelota. James volaba tras él con la intención de quitársela. El capitán de Slythiern volaba con una rapidez inimaginable, sorteando a todos los jugares que le impedían el paso. Los esquivó a todos. James, tras él, buscaba la manera de alcanzarle. El partido estaba empatado, la Snitch no aparecía y el tiempo se acababa. Scorpius llegó hasta los aros, estaba muy cerca de alcanzarlos, se inclinó para coger impulso y antes de que pudiera lanzar, sintió un empujón en la parte trasera de la escoba.

Antes de que pudiera reaccionar y agarrarse al palo, cayó al vació y aterrizó bruscamente sobre el suelo del campo.

Todo se volvió negro.

Albus se irguió y miró aterrorizado el cuerpo que yacía sobre la arena. Scorpius había caído de su escoba y Albus sabía perfectamente porqué. Lo había visto con sus propios ojos. Había sido testigo de cómo su hermano había propinado una fuerte patada a la escoba de Scorpius, provocando la inevitable caída del chico. De repente le invadió una fuerte e imparable oleada de rabia, que llegó hasta las puntas de los dedos.

Scorpius fue recogido del suelo y llevado a la enfermería. El chico pudo levantarse y andar por su cuenta, pero aquello no tranquilizó a Albus que seguía encolerizado por lo que había hecho James.

Cinco minutos más tarde, Gryffindor ganaba el partido. Rose Weasley encontró la Snitch y con eso, ganó 100 puntos para su equipo. Slytherin perdía un año más, sometidos por el rugir de los leones.

Albus se encontró con su padre cuando bajó de las gradas camino a la escuela. Harry estaba escondido entre las columnas de madera que sustentaban las gradas en el aire. Lucía una modesta capa negra con la que pretendía pasar desapercibido en la escuela. Y a pesar de todos sus esfuerzos por intentar no ser visto, seguía siendo Harry Potter. Albus se desesperó al verlo. Miró con angustia hacía todos lados, deseando que nadie se hubiera dado cuenta. Se acercó a él y quiso abrazarle, pero no lo hizo, sería demasiado arriesgado.

—¿Qué haces aquí?

—Hola, hijo… —dijo Harry con desgana—. Yo también me alegro de verte…

—Lo siento, pero hay mucha gente. Podrían verte y la que se arma es poco.

—Vayamos dentro —Harry le puso una mano en el hombro a su hijo. Él se removió y la retiró.

—No —declaró Albus con severidad—. He de ir a ver a alguien…

James apareció en la escena cual animal inquieto y salvaje.

—¡Papá! ¿Me has visto? ¡Hemos ganado! ¡Merlín, que partido! —exclama eufórico. No se había quitado la ropa de juego y parecía querer llamar la atención de todos a su alrededor.

Harry felicitó a su hijo, le dio un abrazo y expresó su desbordante orgullo. Albus miraba de lado a lado, rezando para que nadie se diera cuenta de que su padre estaba allí. Lo único que quería irse a la enfermería a encontrarse con Scorpius, pero no iría a ninguna parte sin decirle a su hermano cuatro cosas, con la única intención de que su padre —tan enormemente orgulloso— lo escuchara.

—Eres un tramposo —dijo Albus, señalando a James—. Lo he visto y no he sido el único. Los jueces no te lo han contado por ser quien eres.

—¿De qué hablas, Al? —quiso saber Harry.

James le sonreía burlón.

—Gyrffindor ha ganado, Albus… Acéptalo. Nadie ha hecho trampas.

—Le has tirado de la escoba. Él nunca se hubiera caído. Nunca.

—¿Cómo lo sabes?

Harry era un mero espectador en aquella encarnizada discusión entres sus dos hijos.

—Has hecho que se cayera de la escoba. Le he visto entrenar desde hace meses y nunca a vacilado ni lo más mínimo. Es mucho mejor que tu y le has tirado para no tener riesgo a perder.

—¡Basta! ¿Podéis explicarme que es lo que pasa? El chico de Slytherin que ha caído de su escoba…

—No se ha caído, papá… James le ha tirado.

—Yo no he tirado a nadie. Si el idiota de Malfoy no sabe volar no es culpa mía —dijo James con la única intención de que su padre supiera finalmente sobre la supuesta amistad entre Albus y Scorpius.

—¿Malfoy? —dijo Harry—. ¿Scorpius Malfoy, el hijo de Draco?

—Sí—James sonrió mientras Albus apretaba los dientes—. El mismo

—¿Porqué lo defiendes? —Harry miró a Albus—. ¿Porqué dices que tu hermano le ha tirado?

—¡Porqué es verdad! —reivindicó Albus—. ¿Soy el único que ha visto el partido? ¡Joder! Pero me da igual que hayáis ganado, James. No me importa lo más absoluto. ¿Sabes lo que si me importa? —miró a su padre—. Mi mejor amigo esta la enfermería por culpa de mi hermano. Y si, papá, Scorpius Malfoy es mi mejor amigo y puede incluso… —se calló de golpe—. No importa. Esto es ridículo —ahora se dirigió a su hermano de nuevo—. Enhorabuena por la victoria, espero que te sientas orgulloso y puedes meterte la Copa por el culo, si quieres.

Albus se dio media vuelta y caminó hasta la entrada del castillo, siguiendo a la multitud. Escuchó a lo lejos como su padre le llamaba enfurecido. Pero no se volvió. Siguió caminando hasta dejar atrás el bullicio de alumnos. Subió al segundo piso y corrió hacía la enfermería. El corazón le latía apresurado, le saldría del pecho en cualquier momento, la adrenalina corría por sus venas, los pies se movían solos y sus oídos, ensordecidos por el éxtasis del momento—, no escucharon las advertencias de la señora Pomfrey al entrar en la enfermería como un torbellino.

—¿Albus? —Scorpius se incorporó. Estaba tumbado en una camilla, tenía la cara toda arañada y el brazo roto —¿Qué haces aquí?

Albus no pronunció palabra, se acercó hasta el cuerpo tendido de su amigo y le abrazó con fuerza. Scorpius —frío y duro ante un primer contacto— se ablandó a su tacto, deshaciéndose bajo el calor de los brazos que rodearon su cuerpo.

—Ha sido James —dijo Scorpius.

—Lo sé, lo he visto.

—Los jueces no.

—Es injusto —Albus no deshizo el abrazo.

Scorpius sentía los labios de Albus moverse temblorosos contra su oreja. El contacto era electrizante.

—Al…

—¿Mmm? —seguían abrazados, cuerpo contra cuerpo.

—¿Desde cuando nos abrazamos? —dijo Scorpius con una dolorosa sonrisa.

—Lo siento —Albus se retiró.

—No… Ven, vuelve. —Scorpius abrió los brazos y dejó que el chico se acurrucara en su pecho. El silencio perduró unos segundos, los justos y necesarios para que el momento fuera único.

—Albus, yo…

Antes de que Scorpius pudiera pronunciar palabra, alguien interrumpió en la enfermería.

—¡¿Dónde está mi hijo?! —gritaba desesperado—. ¡¿Dónde está?! ¡Déjame pasar! Es mi hijo…

Alto, imponente, majestuoso, elegante, Draco Malfoy apareció ante ellos.


Siento tardar tanto... Los estudios, la falta de inspiración y el poco tiempo, se me han juntado. Es horrible.

Estoy poniendo todas mis ideas en orden. La historia está llegando a su fin. Espero poder darle el final que se merece. ¡Pero no se preocupen demasiado! Que aun quedan unos cuantos capítulos...

Espero poder actualizar pronto. Los siguientes capítulos van a ser interesantes.

Gracias por seguir aquí, sin vosotros esto no iría a ningún lado.

Besos, Lúthien.