Slytherin ganó el partido contra Gryffindor.

Esa noche, la Sala Común se llenó de alumnos festejando la victoria, celebrando entre música y bebida la recuperación del equipo en la liga. Scorpius estaba en el centro de todas las miradas, vitoreado y alabado por todos. Albus estaba en un segundo plano, veía la escena desde fuera sentado en una esquina de la Sala Común, alejado del barullo central.

Albus comparó aquella situación con lo que vivía cada vez que andaba cerca de James, comparó el sentimiento de aislamiento y desazón que sentía cada vez que James era alabado por todo aquel que andaba cerca. Y sentía celos de James, celos y rabia. Pero con Scorpius era distinto. Él estaba allí, sentado en una esquina y manteniéndose al margen y aun así, sentía que formaba parte de su victoria, compartiendo su alegría con él. Scorpius desprendía luz propia. Su mirada brillaba y resplandecía entre la oscuridad de la sala de Slytherin. Contagió con su felicidad y alegría a todos los alumnos, alborotados a su alrededor gritando su nombre.

De repente, se encontró con los ojos de Scorpius entre le gentío abandonando el centro de la sala.

—¿Que haces? —preguntó Albus al encontrárselo frente a él.

—Ven conmigo.

—¿Estás loco? ¡No! —se quejó Albus mientras Scorpius le cogía de la mano, insistiendo a que se levantara de la silla—. Scorpius, no.

—Vamos, Albus… Todo esto es gracias a ti.

Albus se puso en pie.

—¿Gracias a mi? ¿Qué dices? Yo no he hecho nada.

—¿Cómo que no? Albus, tu lo has cambiado todo —dijo Scorpius—. Toda mi vida de pies a cabeza.

—¿Estás borracho? —Albus le miró enfurecido—. Habéis puesto Whisky de Fuego en el ponche… ¿A que sí?

—¿Qué? ¡No! —exclamó Scorpius—. Bueno, quizás un poco… Pero ese no es el caso. Lo que intento decirte es que tu me haces mejor cada día, Albus. Y esto… —señaló a todos los alumnos que bailaban y saltaban en la Sala Común, celebrando esa victoria que simbolizaba el renacimiento de una Casa ensombrecida—. … es gracias a ti y sólo a ti.

—Estás loco.

—En todo caso estoy borracho, pero lo que digo es totalmente verdad —se puso la mano en el pecho—. Te lo juro.

Albus sonrió, un calor asfixiante le colapsaba la mente. —Lo adoro —pensó.

—¡Ven, vamos! —Scorpius tiró de él y se dejó llevar.

Pronto se vieron envueltos por todos aquellos alumnos que bailaban, cataban y saltaban a su alrededor. El bullicio ardía y palpitaba entre aquellos muros, haciendo temblar el suelo bajo sus pies. Albus se alegró por estar en las mazmorras, porque de tanto salto acabaría desplomándose el suelo. La música retumbaba en sus oídos y por un momento sintió que formaba parte de algo.

—¡Atención! —Scorpius llamó la atención de todo—. ¡Escuchadme todos un momento! —Los que estaban más cerca se giraron a mirarle, prestándole total atención—. ¡Quiero dedicarle esta victoria a alguien muy especial! ¡Albus Potter!

Para su asombro, todos los presentes gritaron ovación a Albus, como un aullido de victoria. La respuesta de los allí presentes lo dejó atónito, no sabía como actuar y simplemente sonrió. Antes de que pudiera pronunciar palabra, Scorpius se agachó y puso la cabeza entre sus piernas, se levantó y lo alzó en el aire.

—¡Scorpius! —gritó alarmado por la sorpresa.

Estaba sentando sobre sus hombros, siendo alabado por todos. Alzó las manos en un acto reflejo, aullando y vitoreando al son de todo Slytherin. Supo entonces que si formaba parte de algo, de un algo más grande que él. Formaba parte de ese equipo que Scorpius y él habían creado, una unión mágica de dos mentes y dos cuerpos destinados a estar juntos.

Albus recordaba aquellos días con una calidez extraña en su corazón. Llegaron las últimas de semana del curso y aún podía notar como en su interior regurgitaba un nosequé inexplicable, una alegría que nunca antes había sentido. Por primera vez en todos sus años en Hogwarts, extrañaría la escuela durante el verano. Sentía cierta tristeza ante la idea de que en unas semanas tendría que volver a casa y despedirse de Scorpius. Una sensación no sentida nunca antes, como una amarga nostalgia por todo lo que había vivido ese año. El futuro se le presentaba borroso, un futuro oculto tras un manto nebuloso, no podía concebir estar sin él, ya no. Sintió pánico, repentino y atroz. ¿Cómo iba a soportarlo?