Cuando Hermione se levantó de la cama el día siguiente, notó sus brazos y sus piernas un poco pesadas. Las agujetas del ejercicio del día anterior empezaban a aparecer y no eran nada agradables. Se lavó la cara y bajó a desayunar un zumo de naranja y unas tostadas. Se puso el bañador, un vestido de verano, preparó su bolsa de deporte y se dirigió al gimnasio nerviosa por saber si Snape estaría allí. No sabía si el hombre iba a entrenar cada día, e internamente no sabía si realmente tenía ganas de volver a verle nadar o no.

Llegó al gimnasio y dejó en el vestuario su bolsa, se hizo una coleta, se enfundó el gorro de piscina en la cabeza y con sus gafas en la mano y cubierta por una toalla salió a la piscina donde vio que Snape ya estaba allí nadando. Sin decir palabra, se colocó en el carril de su derecha y empezó a nadar. Llevaba ya quince piscinas cuando paró para descansar, viendo como el profesor se iba acercando con sus sincronizados movimientos perfectos. Al llegar donde se encontraba Hermione, paró de nadar y por sorpresa de Hermione se la quedó mirando.

- Granger. - dijo.

- ¿Sí? – preguntó la chica poniéndose un poco tensa.

- Se cansa tanto porque no respira adecuadamente. – sentenció él de forma tajante. Hermione se sonrojó y se medio ofendió, pues llevaba nadando desde que era una niña muy pequeña.

- ¿Qué quiere decir? – preguntó ella.

- Respira cada cuatro brazadas, tiene que respirar cada dos. Si no respira con suficiente frecuencia, a los músculos no les llega suficiente oxígeno y se cansa. Debería saberlo. Además, ya que se está iniciando debería parar cada cuatro piscinas unos quince segundos para descansar y así poder hacer entrenamientos más completos. - Dicho esto, el profesor se sumergió y continuó nadando.

Hermione no tuvo tiempo a decir nada más, pero un poco presionada al saber que el profesor la había estado observándola decidió continuar nadando siguiendo los consejos que le había dado el profesor. Descubrió que, como sospechaba, el profesor tenía razón. Respirando cada dos brazadas se cansaba mucho menos, por lo que al final pudo hacer muchas más piscinas que el día anterior. Cuando paró y se decidió a salir, vio que el profesor la seguía hasta el spa al igual que el día anterior. Ocuparon los mismos sitios en silencio, hasta que Hermione se decidió a hablar:

- Profesor. Muchas gracias por los consejos, hoy he aguantado mucho más que ayer. – El profesor asintió, pero no dijo nada. Hermione, curiosa, preguntó - ¿Cuántos metros ha nadado usted?

- 7500 metros dos días a la semana y 5000 cuatro días a la semana, luego un día de descanso. – Contestó él orgulloso.

- Impresionante. – contestó ella. - ¿También nada durante el curso escolar?

- A veces, no todos los días. - contestó él, sin querer decirle ni cuándo, ni dónde.

- Muy bien. – Contestó ella. Entonces, tras unos segundos de silencio, el profesor habló.

- Granger, ¿Cuántos años tiene? – Y Hermione se sonrojó al oír la pregunta.

- 17, profesor.

- ¿Y no conoce ningún hechizo para no tener que ponerse las gafas acuáticas?

- Pues… la verdad es que no lo había pensado, profesor. Hoy mismo buscaré en los libros que tengo en casa si hay alguno, aunque no creo… No tener la biblioteca de Hogwarts disponible es muchas veces un inconveniente. – Hermione se sintió un poco estúpida por no haberlo pensado antes, y se sonrojó al verse expuesta frente a su profesor como una alumna que no sabía una respuesta.

El profesor, tras esa afirmación, sintió algo de empatía por la chica. A pesar de lo insufriblemente sabelotodo que era, cuando no sabía una cosa se mostraba humilde y con ganas de encontrar la respuesta. Además, el mismo se había encontrado muchas veces cuando era joven con la problemática de no tener acceso a la biblioteca de Hogwarts.

- Hasta mañana. – Dijo él antes de levantarse y salir de la piscina. Al hacerlo, Snape se preguntó por qué le había dicho eso a la chica, pues no sabía ni si ella iba a ir a nadar mañana. Al salir por las escaleras, Snape pasó muy cerca de Hermione, que pudo admirar muy de cerca el cuerpazo de su profesor.

- Nos vemos mañana, profesor. - contestó ella, sorprendida de que su profesor se hubiera despedido.

Le vio alejarse y se mordió el labio "Madre mía con el profesor Snape, creo que nunca un hombre me había puesto tan nerviosa… ¿cómo debe ser que te abrace con estos brazos tan fuertes? Seguro que tiene una larga lista de pretendientes en su vida privada…" y cuando se dio cuenta del rumbo que seguían sus pensamientos, re recriminó "por el amor de Dios, Hermione, es tu profesor, te odia a ti y a todos tus amigos… no puedes pensar así de él… Necesitas a un chico para que te quite estos pensamientos calientes que tienes ¡YA!"

Esperó unos minutos más bajo los relajantes chorros de agua y burbujas y salió del spapara repetir la rutina del día anterior. Lo primero que hizo al llegar a casa fue buscar el hechizo para poder ver bien bajo el agua sin que le picaran los ojos con el cloro de la piscina, pero tal y como se imaginaba no encontró nada. Frustrada, decidió ir a dar una vuelta por el parque con sus padres en bicicleta.

Esa noche, Hermione cayó rendida a la cama debido a todo el ejercicio físico que había hecho el día anterior. Tardó apenas un minuto en dormirse, y al hacerlo empezó a soñar cosas que jamás hubiera imaginado. Estaba ella en la piscina, en el spa, cuando el profesor Snape entraba con su bañador negro, se ponía a su lado y sin decir palabra la besaba. Ella intentaba escapar, pero los musculosos brazos del hombre la retenían. No tardaba más de unos segundos en entregarse al profesor y meter su lengua en su boca. Aún y siendo un sueño, notaba cómo empezaba a excitarse al sentir la lengua de su profesor jugando con la suya. Entonces, el profesor la cogía por las nalgas y la ponía sentada a horcajadas encima de sus piernas. Hermione, como loca, no podía dejar de besarle y le cogía su pelo negro con fuerza. Nunca había besado a nadie así, y dudaba que nadie pudiera proporcionarle en la vida real tanto placer. Entonces, atrevida, se quitaba la parte de arriba del bikini que llevaba para exhibirse delante de su profesor, notando entre sus piernas cómo él también estaba excitado. El profesor se lanzó a besar sus pechos y succionar sus pezones, y Hermione sentía que ya no podía más: iba a morir de placer. Deseaba más, mucho más, pero la alarma de su despertador a las nueve de la mañana la despertó bruscamente cargándose todos sus maravillosos sueños.

- Snape- gimió ella al despertarse. Cuando empezó a tomar conciencia que todo eso había sido un sueño se sintió decepcionada y avergonzada.

Tras unos segundos, se dio cuenta de que estaba sudada por completo, y su entrepierna estaba más mojada que nunca. No sabía si había tenido ya algún orgasmo, pero se metió la mano dentro de las bragas y empezó a frotar su entrepierna de forma brusca, violenta, llena de excitación recordando su sueño y maldiciendo al despertador. Tuvo el que le pareció el orgasmo más largo y placentero de su vida, y luego empezó a reflexionar sobre lo que acababa de pasar "Hermione, es tu profesor ¡No puedes pensar así de él! Aunque esté más bueno que el pan… Además, te saca vete a saber tú cuántos años… Eres una niña para él, y por si fuera poco te odia por ser amiga de Harry… Esto no podrá suceder jamás, así que no te hagas falsas ilusiones…". Aunque tenía que ir a la piscina, decidió darse una ducha fría para aclararse las ideas y luego procedió a ir al gimnasio.

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