Al llegar, el profesor ya estaba entrenando. Al verle, un escalofrío le recorrió la espalda pensando en lo que había sucedido en su sueño.

Sin decir nada, entró en la piscina y se puso a nadar tal y como había hecho los dos días anteriores. Tras hacer unas cuantas piscinas, Hermione ya se sentía con ganas de terminar para ir al spapara ver si Snape también salía y podía hablar con él. Intentando mantener la cabeza fría, la chica nadaba e iba cambiando de estilo para que el tiempo le pasara más rápido, pero la piscina cada vez le parecía más larga y al final se dio cuenta de que no estaba disfrutando del entrenamiento. Un poco enfadada consigo misma, decidió parar aunque fuera un poco más temprano de lo habitual para posarse en el spay ver cómo su profesor nadaba. Así lo hizo: encendió el chorro de burbujas que le daba directamente en la espalda y se empezó a relajar viendo a Snape nadar cada vez más deprisa. "Madre mía, tendría que ser ilegal tener unos brazos tan grandes y fuertes… Si en la vida real es tan bueno en la cama como lo ha sido en mi sueño, no me extraña que sea tan borde con la gente… le deben sobrar las mujeres…" pero luego se recriminaba "Por el amor de Dios Hermione, ¿Otra vez con tus pensamientos calenturientos? Deja ya de babear por tu profesor que pareces una loca pervertida". Tras unos minutos de observarle en silencio, se dio cuenta de que tanto deporte en tan pocos días le estaba pasando factura y que le dolían un poco las cervicales por las agujetas, así que se dirigió al chorro de agua con más presión de la piscina y se colocó debajo buscando algo de alivio. Cuando el chorro terminó, se sumergió durante unos segundos y cuando salió otra vez a la superficie se encontró con el profesor Snape sentado en su sitio.

- Hoy ha aguantado menos que ayer. – Comentó Snape, estirando los brazos hacia arriba para estirar todos los músculos tras un intenso entreno. – Y, además, ha vuelto a traer las ridículas gafas acuáticas.

- Yo…- empezó a titubear Hermione. – Lo siento profesor, no encontré en ningún libro el hechizo que me comentó. Además estoy un poco cansada, no estoy muy acostumbrada a hacer tanto deporte en tan pocos días. - y empezó a tocarse la cervical dolorida.

- ¿Dolor cervical? – preguntó él casi sin querer. "No es que me importe cómo se encuentre la sabelotodo tampoco, pero Dumbledore me pidió explícitamente que velara por la seguridad y bienestar de todos los mocosos… y ella es una mocosa más ¿no?".

- La verdad es que sí. Tenía agujetas, pero creo que además se me ha hecho un nudo. No se preocupe, estoy bien.

- No me preocupo, Granger.- contestó él de inmediato, haciendo que la chica se sintiera ridícula y retrocediera un poco. Al ver que sus mejillas estaban de un color rojo intenso, casi quiso enmendar el error. Puso los ojos en blanco y le dijo.- A ver, déjeme ver Granger.

Sin esperar respuesta de Hermione, se levantó, se acercó andando donde se encontraba la chica y situándose detrás de ella empezó a tocar dónde ella estaba tocando antes. Hermione no podía creer lo que estaba sucediendo. Tenía la mano de su profesor en su espalda desnuda. No recordaba que nunca antes se hubieran tocado, por lo que le resultó muy extraño notar la mano de su profesor caliente: siempre había pensado que tocar al profesor Snape sería como tocar a una gélida serpiente, pero nada más lejos de la realidad. El corazón de Hermione estaba a punto de estallar, y durante el breve masaje que el profesor le dio soltó un pequeño gemido que le puso al profesor los pelos de punta e hizo que su pulso también acelerara un poco. Al percatarse, Hermione se moría de vergüenza y se mordió el labio fuertemente para que no volviera a suceder.

El profesor, por su parte, se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no tocaba a una mujer, y sintió su piel suave bajo su palma, mientras buscaba el origen de su dolor. Cuando lo encontró, le ordenó a Hermione darse la vuelta.

- Gírese, Granger. Ya sé como arreglarle la espalda.

Hermione hizo caso sin rechistar.

- Suba las manos hacia arriba y míreme a los ojos.

Otra vez, Hermione hizo caso al instante y subió ambas manos imitando el gesto del profesor. Al hacerlo, su pecho salió del agua, que le cubría justo donde terminaba la parte de arriba del bikini. Cuando esto sucedió, el profesor no pudo evitar echar un vistazo a la parte que salió y notar que en el bikini había dos grandes marcas que antes no estaban: los pezones de Hermione estaban completamente erectos, aunque ella parecía no haberse dado cuenta. "¿Está excitada?"Se preguntó en su interior "Imposible, debe tener frío… aunque el agua esta parece que está más caliente que nunca… Madre de Dios, Severus, veo que aunque no hayas catado mujer en mucho tiempo tus manos siguen siendo mágicas, y nunca mejor dicho". Teniendo estos pensamientos, se dio cuenta de que la chica no era la única que estaba excitada, pues notó que algo crecía dentro de su bañador y palpitaba pidiendo atención. Intentando no pensar en ello, miró a la chica a los ojos y le aplicó un conjuro de relajación muscular. Aprovechando el momento de contacto visual, también le aplicó un hechizo para crear una capa muy fina de protección en sus ojos para que pudiera ver debajo del agua durante tres horas sin que le entrara cloro y se le irritaran.

- Guau, profesor. Este ha sido el caso de magia sin varita más impresionante que he visto nunca. Mi espalda no había estado nunca tan bien. Parece como que he vuelto a nacer. - dijo ella notando los efectos al instante.

- También le he aplicado, solo por hoy, el hechizo para que pueda ver debajo del agua sin tener que usar las ridículas gafas. Si quiere usarlo más días, tendrá que seguir buscando bibliografía. – dijo él, orgulloso.

- ¿De verdad? – preguntó ella, y se sumergió para probar cómo funcionaba el hechizo para sorpresa del profesor. Eso el profesor no lo tenía pensado, pues al encontrarse justo delante de la castaña, cuando ésta se sumergió lo primero que vio fue…

"Oh Dios mío! ¿Esto es lo que creo que es? No puede ser… No, debe ser una ilusión creada por el agua… Nunca antes he visto una en directo, pero parece tan grande… ¿Debe ser así siempre, o es que ahora está excitado? No, no… imposible! Seguro que o es así siempre o es una ilusión óptica por el agua… ¿Cómo va a ser así siempre? No podría ni andar… Madre mía qué fuerte… Seguro que es una ilusión óptica por el agua". Estos pensamientos transcurrieron en dos segundos por la cabeza de Hermione, el tiempo justo para que el hombre llevara sus dos manos encima de su bañador para taparse mientras se sentaba disimuladamente. Hermione, que tampoco quería que el profesor pensara que le estaba mirando la entrepierna, se giró y nadó un poco en sentido contrario. Al salir, se giró y volvió a mirar al hombre, que se encontraba aún sentado y tapándose con las manos de forma disimulada.

- Esto es increíble, profesor. Muchísimas gracias. Tengo que aprender a hacerlo cuanto antes.

"¿Lo habrá visto? Maldita mocosa, cómo se le ocurre sumergirse en mis narices… Y a quién se le ocurre excitarse… Por Dios, son solo dos pezones y con una tela de por medio… Aunque madre mía, qué grandes pechos le han salido a la pequeña sabelotodo insufrible… Severus, necesitas una buena sesión de sexo de inmediato…"Pensó él notando cómo su erección se mantenía firme y no desaparecía.

Pasaron unos minutos en silencio, Snape se encontraba molesto por su situación y Hermione estaba cada vez más segura de lo que había visto. Al final, Hermione optó por marcharse a su casa. Cuando ella se levantaba, dos chicas jóvenes entraban en la piscina, así que por primera vez en dos días no estaban solos.

- Bueno, profesor, yo debería irme ya… Que pase un buen día.

- Espere, Granger…- dijo el profesor, sorprendiéndose tanto a sí mismo como a la muchacha.

- ¿Sí? – preguntó ella sorprendida.

- Creo que sería bueno para sus músculos que mañana se tomara el día de descanso- sentenció él, Hermione se veía ¿decepcionada?

- Entiendo… Muchas gracias. – dijo ella, que se había vuelto a sentar en un banco de la piscina.

- Yo también me tomaré un día de descanso. – dijo él, sorprendiendo a Hermione, pues el profesor nunca hablaba de sí mismo.

- Claro, usted nada mucho más que yo. Bueno, entonces ya nos veremos ¿pasado mañana? O bueno, si cambia su horario, nos veremos en el castillo… Que pase unas estupendas vacaciones, por si acaso. – Hermione se estaba empezando a poner nerviosa por estar tanto rato con su profesor, en bañador y en la piscina. Además, hacía ya unos minutos que las burbujas habían parado y ninguno de los dos las había vuelto a activar.

- Déjeme terminar, Granger. ¿No se cansa nunca de hablar? – preguntó él, visiblemente molesto por las prisas que mostraba Hermione para marcharse.

- Disculpe.

- Es una tontería, pero había pensado que si se encuentra usted en la situación de que necesita un libro y no dispone de los medios para adquirirlo debido a que evidentemente no tiene acceso al castillo… tal vez yo podría darle acceso a unos cuantos de mis ejemplares más… privados. – Snape no sabía por qué le estaba dando acceso a sus libros personales, pero en cierto modo recordaba a cuando él era estudiante y no tenía acceso al castillo. – Digo, no es que usted me caiga bien ni nada de eso, pero sería una pena que por no tener acceso a su bibliografía habitual se volviera tan estúpida como el resto de sus amigos.

Hermione se quedó petrificada al oír eso. ¿Significaba, a caso, que el profesor le estaba dando acceso a su casa? ¿A qué se refería con "ejemplares privados"? ¿Era un cumplido que considerara estúpidos a sus amigos y no a ella?

- ¿De verdad? – preguntó Hermione tras unos segundos de incredulidad.

- No, Granger, de mentira…- contestó Snape poniendo los ojos en blanco.- Pues claro que es de verdad, pero no haga que me arrepienta.

- Eso me encantaría. – dijo ella mordiéndose el labio.

"Esto significa que vas a volver a verlo en otro momento, y además a solas otra vez… Y te va a enseñar sus "libros personales"… Aunque seguro que son todos de artes oscuras y cosas macabras… Madre mía… Qué fuerte…".

- Entonces, si gusta, nos vemos en la puerta del gimnasio mañana a las 10:00 de la mañana. No traiga bolsa de deporte. – sentenció él. Entonces, se levantó y se marchó de la piscina, dejando a Hermione perpleja en el agua.– Y, por supuesto, no comente nada de esto a sus repugnantes amigos.

No tuvo tiempo de responder, pues el hombre fue veloz en irse como un murciélago.

"Severus, ¿Acabas de invitar a una alumna a tu casa? ¿Te has vuelto loco o qué te pasa? Granger pensará ahora que eres un depravado o algún tipo de pervertido que quiere llevarla a su cueva… No va a acudir… Serás el hazme reír de Hogwarts, otra vez." Se recriminaba el hombre mentalmente.

Tras unos minutos de shock, Hermione también se levantó y se fue a duchar para pasar otra tranquila tarde en familia con sus padres, aunque esa tarde no fue muy tranquila para ella pues estaba continuamente pensando en que el día siguiente había quedado con Snape.

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