Esa noche Hermione no pudo dormir fácilmente. Se iba despertando cada dos por tres esperando que fuera hora de levantarse para ir a ver a Snape, aunque en parte estaba aterrada… Severus, por su parte, se quedó hasta tarde escribiendo un informe que Dumbledore le había encomendado, por lo que tampoco pudo dormir muy bien. A las ocho de la mañana, Hermione ya se levantó de la cama y tomó una ducha más larga de lo habitual, intentando relajarse. Tras eso, desayunó un bol con cereales y se vistió con un vestido veraniego de flores que le llegaba a medio muslo y unas sandalias planas. No sabía si se suponía que tenía que llevar una mochila o algo por el estilo, así que al final llevó su bolso mágico con su varita guardada en él.
- ¿No vas a nadar esta mañana, hija? – le preguntó su padre dándole un beso en la frente.
- Bueno… he quedado. - contestó ella poniéndose un poco roja.
- ¿Con quién? – preguntó su madre sorprendida.
- Un amigo. – dijo ella.
- ¿Harry? ¿Ron? - preguntó su madre, cada vez más intrigada.
- La verdad es que no… otro amigo, no le conocéis. Bueno, si no salgo ya llegaré tarde, ya os lo explicaré en otro momento. – dijo ella intentando escaquearse. Sus pares se miraron entre ellos y con una sonrisa en los labios se despidieron de su hija.
- Ve con cuidado, hija. – dijo su padre mientras Hermione salía a toda prisa de casa.
Miró su reloj y vio que si iba a su ritmo habitual llegaría unos quince minutos antes, por lo que se permitió el lujo de ir andando tranquilamente mirando las tiendecitas pintorescas que había de camino al gimnasio. Al llegar, miró a su alrededor y vio que aún faltaban cinco minutos para la hora acordada, por lo que se puso el pelo tras la oreja y esperó, cada vez más nerviosa. A las 10:00, el profesor apareció de la nada.
- Granger.- se anunció él tras ella.
- Profesor.- contestó. – No le he visto venir. Buenos días.
- Eso es por que me he aparecido. ¿Vamos?- preguntó él, empezando a andar.
- Claro.
Hermione se le quedó mirando, pues era la primera vez que le veía con ropa muggle. Llevaba unos pantalones negros un tanto ajustados y una camiseta negra básica "muy Snape". Además, llevaba unos zapatos Nike deportivos, cosa que le pareció cuanto menos curiosa a Hermione.
- ¿Dónde vamos? -pregunto ella.
- No haga preguntas. ¿Confía en mi? -preguntó él. Hermione se sorprendió con la pregunta, pues le parecía un tanto personal.
- Claro, es mi profesor. – contestó ella.
- Pues tal vez no debería, señorita Granger.- esta afirmación dejó un poco confundida a Hermione. Sin embargo, el profesor entendió que Hermione necesitaba saber a dónde la llevaba, pues no quería que se sintiera secuestrada. – Vamos a mi casa. No le puedo revelar la ubicación por motivos de seguridad, ahora estamos buscando un sitio para aparecernos en el que no haya muggles.
Hermione no contestó, quedó muda pensando en que iba a ver la casa del profesor Snape. Al llegar a un callejón solitario, Snape le tendió la mano a Hermione.
- Bien, Granger, hemos llegado. Ahora vamos a aparecernos.
Hermione le cogió la mano con firmeza, y en menos de un segundo ya se encontraban ambos frente la casa del profesor. Snape seguía sin soltar la mano del profesor, estaba nerviosa disfrutando del contacto.
- Hemos llegado, Granger. Cuando quiera ya puede soltarme. – dijo él sarcástico, haciendo que la chica soltara de inmediato su mano. Aún y así, él también había disfrutado el contacto, no recordaba la última vez que una chica le había cogido de la mano.
Tras unos movimientos de varita frente a la puerta, ésta se abrió. Hermione pudo observar un pasillo negro y lúgubre, sin apenas cuadros y fotografías, pero impecablemente limpio. Snape empezó a andar y ella le siguió. Al fondo del pasillo a mano derecha, Snape entró en una habitación seguido de la chica. Al entrar, ésta se maravilló. Estaba llena de estanterías y libros. Comparado con lo que parecía la casa por fuera, esa biblioteca era una habitación muy grande, parecía que debería ser el salón principal de la casa. En una esquina, había una mesita con dos sillones individuales de madera y tapizados de verde: parecían cómodos. En la otra punta, había una mesa larga con un caldero en el medio y diversos frascos con ingredientes perfectamente colocados al lado.
- Vaya, profesor, es una biblioteca increíble. Me encanta. – admiró la muchacha.
- Puede mirar las estanterías y leer el libro que quiera. Si quiere, puede sentarse en uno de los sillones a hojear, o si lo prefiere se los puede llevar a su casa y ya me lo devolverá cuando los haya terminado. En la primera estantería hay libros de pociones, en la segunda y la tercera hay libros de hechizos y encantamientos y luego en las otras dos hay diferentes libros que no pertenecen a ninguna de las anteriores categorías. Sírvase usted misma, yo me pongo en esa mesa a terminar una poción.
- Es usted muy generoso. – dijo Hermione. Snape hizo una mueca, parecía no estar de acuerdo con lo que acababa de decir la chica.- Muchas gracias, de verdad.
En estado de alegría máximo, empezó a leer los títulos de la primera estantería, para luego pasar a la segunda: los quería leer todos. Los que más le llamaban la atención, los sacaba y los hojeaba sentada en el sillón. Ya había pasado cerca de una hora y la chica aún estaba hojeando las estanterías fascinada. Llegó a la última, la que "no tenía una categoría definida" y estaba más cerca de donde Snape trabajaba su poción. Iba pasando su dedo índice por todos los libros cuando uno en concreto le llamó especialmente la atención y dejó su dedo índice puesto sobre él. Era un libro relativamente pequeño comparado con el resto, de cubiertas rojas y letras doradas: "El Kamasutra mágico".
"Creo que he oído hablar de esto, pero no sabía que había una versión mágica… ¿No es este el libro que habla de sexo, o algo así? No puede ser, me debo estar confundiendo… ¿Qué hace Snape con este libro en su biblioteca? ¿Es alguna clase de pervertido?... Tal vez, en el mundo mágico este libro es algo diferente, o tal vez recuerdo el nombre mal… Seguro que es algún libro de hechizos o historia o algo parecido… No puede ser…".
Snape, que estaba esperando un tiempo de cocción de su poción, miró a la chica y la vio parada. Inclinando un poco la cabeza, vio qué es lo que llamaba tanto su atención.
"Mierda Severus, ¿Qué haces con este libro aquí? Ya ni me acordaba que lo tenía… ¿Qué debe estar pensando la señorita Granger en estos momentos? Que soy un pervertido, como mínimo… Debería haberlo quitado. Como lo abra, la voy a traumatizar para el resto de su vida". Aún y así, decidió tomarle un poco el pelo.
- Bueno, Granger, veo que hay uno que le ha llamado especialmente la atención.- Dijo sobresaltándola, haciendo que ella quitara rápidamente la mano del libro.- Sin embargo, este libro es… digamos que privado. Así que, por favor, agradecería que por su bien no lo tocara más.
Snape se acercó, sacó el libro de la estantería y lo dejó en la mesa de pociones.
- Yo… no sé de qué trata ese libro, señor. – dijo ella, roja como un tomate y casi sin habla.- No iba a leerlo.
Tanto Snape como Hermione sabían que eso no era del todo cierto. En un instante, diferentes imágenes le pasaron por la mente de Hermione: el sueño húmedo que había tenido con su profesor, sus brazos fuertes, lo que había visto marcado en el bañador del profesor cuando se sumergió… Y notó que empezaba a sentir cierto calor bajo su vestido. Intentó cambiar de tema leyendo el título del libro que había al lado del libro rojo prohibido.
- Oclumancia para expertos. ¿Qué es oclumancia, señor? – preguntó ella nerviosa.
- Oclumancia es una disciplina para evitar que otros congéneres tengan acceso a su mente, señorita Granger. Es lo contrario de la legeremencia, que es la habilidad para leer los pensamientos de otra persona.
- ¿De verdad puede un mago tener acceso a los pensamientos de otro? – preguntó ella incrédula, sacando el libro de la estantería.
- Señorita Granger, tiene ante usted a uno de los magos más expertos en legeremencia y oclumancia que haya existido hasta la fecha. – afirmó él, con media sonrisa.
- ¿De verdad? – siguió preguntando ella incrédula.
- ¿Acaso no me cree, señorita Granger? – preguntó él, borrando su sonrisa y acercándose a la chica para intimidarla.
- No he dicho eso. Simplemente me parece curioso… ¿Entonces usted puede leerme la mente a placer, sin que yo me entere? – preguntó la chica poniéndose nerviosa y un poco sonrojada.
- Sin dudarlo, si quisiera… Sin embargo, me parece de mala educación. ¿Quiere que le haga una pequeña demostración, para que vea lo que se siente cuando un mago común vaga por su mente? – preguntó él. Llegado a este punto, estaban ambos muy juntos. – Le prometo que va a enterarse de todo lo que yo vea.
- No sé… me parece un poco… íntimo. Sin embargo, me gustaría saber qué se siente por si me pasara algún día. Está bien. – contestó ella, nerviosa y aferrándose fuertemente al libro, poniéndolo de escudo entre ambos para intentar evitar que el profesor pudiera leer su mente.
No pasaron ni dos segundos de su respuesta cuando Hermione empezó a sentir cosas extrañas en su cuerpo. A pesar de estar despierta, empezó a recordar cosas que creía olvidadas. La primera vez que su madre la cogió en brazos, su primer hechizo… Y ante su horror, y sin poder evitarlo, volvió a recordar su sueño. Se vio a ella misma encima de un hombre de brazos fuertes que le manoseaba sus pechos desnudos mientras le comía la boca en el spadel gimnasio: su sueño. Aunque el rostro del hombre no se vio de forma nítida, Hermione sabía perfectamente quién era ese hombre, y con una energía que no supo de dónde sacó logró terminar todo aquello que estaba pensando. De pronto, estaba ella ante su profesor, muerta de vergüenza, y preguntándose cuán habría visto ese hombre.
- ¿Qué ha pasado?- logró articular, tras varios segundos sin respirar. El profesor se había dado la vuelta, ya no miraba a Hermione a los ojos.
- Ahora ya sabe lo que es que alguien se meta en su mente.- Contestó él, dándose la vuelta lentamente aunque sin mirar a los ojos a la chica. – Le recomiendo que lea de cabo a rabo el libro que tiene en sus manos y practique todo lo que hay en él.
"Severus, acabas de ver una experiencia sexual de la señorita Granger en toda su esplendor… maldito afortunado el tío, cómo disfrutaba… Deberías haber parado antes… Pero vaya par de … Y eso que parecía que nunca ha roto un plato esta chica. Por cierto, ¿Era esa la piscina del spa en el que nos vemos todos los días? ¿Quién debe ir allí con ella a montárselo?" – pensaba él, con el pulso acelerado.
- ¿Ha visto usted… todo lo que he visto yo? – se preguntó sin querer saber la respuesta, y con lágrimas en los ojos.
"Snape ha visto lo que he soñado, ahora va a pensar que además de una maldita sabelotodo soy una depravada y una pervertida que sueña con tener sexo con su profesor de pociones en la piscina. Seguro que tendré que irme de Hogwarts, ya no va a querer verme más…".
- Lo siento, Granger. – contestó él, dándose cuenta de que la chica estaba a punto de romper a llorar. - No pretendía llegar tan lejos. Únicamente quería hacerle ver lo frágil que puede llegar a ser una mente humana. Si se fija, ni tan solo he usado mi varita.
- Siento que haya tenido que ver eso, profesor… No quiero que piense mal de mi, no fue intencionado. Se lo juro. Era solo un…- empezó a decir ella, rompiendo a llorar, pero Snape la cortó.
- Señorita Granger, no me importa ni pienso mal de usted por que lleve a chicos al spay haga con ellos lo que quiera. Agradecería que me avisara cuando eso pasara para no ir yo y verlo en directo, pues suficiente he tenido con lo que he visto en su cabeza… Pero por favor, deje de llorar porque me entran ganas de vomitar. La verdad, no he visto mucho, pero no parecían ni el señor Weasley ni el señor Potter, por lo que estoy contento ya que de otro modo hubiera ya perdido la cordura. Entiendo que para usted es un gran trauma sentirse así de expuesta, por lo que si quiere puedo practicarle un hechizo desmemorizador para que olvide lo que ha pasado en el último cuarto de hora. – Dijo él, volviendo poco a poco a su mesa de pociones.
"¿No ha visto que era él el que me comía la boca? Bueno, esto no es tan malo como parece… He tenido suerte esta vez, pero creo que de ahora en adelante practicar la oclumancia va a ser una tarea de vital importancia para mi".
- No será necesario, profesor. – alcanzó a contestar. En ese momento, un ruido estridente la sobresaltó. - ¿Qué es eso? – dijo sacando su varita en alto.
- No se asuste, Granger. Es solo mi gata, Kay. – dijo el profesor Snape con su vista pegada a la poción que estaba preparando.
- ¿Tiene usted mascota? - preguntó sorprendida. Jamás habría imaginado que el malévolo profesor de pociones pudiera cuidar de un gato.
- ¿Por qué se sorprende tanto? – preguntó él, sin ni siquiera mirarla. En ese momento, la gata entró en la habitación, gruñó a Hermione y subió a la mesa restregándole su cabeza en el torso de Snape para reclamar caricias. – Ahora no, Kay.- Sentenció el hombre, tras lo cual la gata bajó inmediatamente de la mesa y se desplazó hasta uno de los sillones de la habitación a dormir.
Hermione observó a la gata y vio que era muy bonita: tenía tres colores principales que se mezclaban haciendo una composición preciosa. Gris, blanco y naranja, la cara dividida en tres partes tenía estos tres colores, así como en el lomo tenía manchas irregulares pero muy bonitas. Hermione intentó acercarse a la gata para acariciarla, pero ésta volvió a bufarla y salió de la habitación notablemente molesta.
- No le gusta que le toquen desconocidos. – Sentenció el profesor sin dar más explicaciones.
- ¿Se la lleva a Hogwarts durante el curso escolar? – preguntó Hermione extrañada.
- Claro.- Contestó Snape.
- Ah… nunca la había visto. – Hermione miró su reloj y vio que llevaba cerca de dos horas en casa del profesor. – Bueno, profesor, creo que ya he abusado suficientemente de su generosidad y de su casa, mis padres me esperan para comer… - dijo sintiéndose un poco incómoda.
- Claro, la acompaño hasta la puerta. Bueno, de hecho puede aparecerse desde aquí. ¿Cree que puede aparecerse hasta su casa sola? Llévese el libro de oclumancia, aunque es de nivel avanzado estoy seguro de que algo va a aprender. He podido comprobar que su mente es bastante… vulnerable.
- Sí, me aparezco en mi casa sin problema. Muchas gracias por su hospitalidad. ¿Le veo mañana en la piscina? – Se atrevió a preguntar ella tímidamente. Snape afirmó con la cabeza sin decir ninguna palabra más y con la vista fijada en la poción, por lo que Hermione dio por terminada toda conversación y volvió a aparecerse en su casa.
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