El día siguiente parecía que ambos tenían prisa por terminar el entrenamiento de natación. Al hacerlo, apenas pasaron por el spa unos minutos para darse indicaciones de dónde iban a encontrarse: en la puerta del gimnasio una vez estuvieran duchados y vestidos. Para la ocasión, Hermione había escogido un vestido veraniego azul, que era arrapado por el pecho y suelto por debajo, lo que resaltaba sus curvas y la hacía parecer más mujer. Además, llevaba unas sandalias con plataforma con las que sus piernas se veían infinitas: estaba MUY bien.
Snape, por su parte, iba vestido con unos vaqueros azules (cosa que sorprendió a Hermione) y una camiseta gris. Realmente, parecía que fuera otro hombre. Cuando se vieron, Snape le hizo un movimiento de cabeza a Hermione y ésta empezó a andar tras él: estaban buscando un lugar sin mugglespara poderse aparecer. Cuando Snape encontró un lugar adecuado, le cogió la mano a la chica y sin mediar palabra se apareció con la chica en la puerta.
- Dejo el libro de oclumancia donde estaba ¿verdad, profesor? – preguntó ella cuando entraron.
- Afirmativo. – contestó él.
Entonces, entraron en la biblioteca y Hermione pudo apreciar que todo seguía igual: el caldero y los ingredientes estaban en la misma posición, la gata de Snape estaba tumbada en uno de los sillones, y el libro rojo de letras doradas seguía en la mesa al lado del tablero. Snape no había tocado nada a propósito, pues sospechaba que la chica se sonrojaría al ver el libro ahí. Efectivamente, cuando Hermione lo vio no pudo evitar que los colores le subieran a las mejillas. Aún y así, decidió ignorar el detalle y no decir nada. Tras los instantes iniciales de observación, Hermione se atrevió a preguntar:
- Profesor… ¿Puedo preguntarle qué poción está preparando?
El profesor Snape hizo una media sonrisa.
- Parece que es usted muy… curiosa ¿No, señorita Granger? Esta poción es un encargo confidencial. No puedo revelar su contenido. Solamente le daré un consejo: no se acerque a ella demasiado.
- Entendido, profesor, lo siento. – dijo sintiéndose un poco tonta.
- ¿Cómo aprendió todo lo que sabe sobre pociones, profesor?
- En mis tiempos en Hogwarts tuve mucho tiempo libre para estudiar.- dijo apartando la mirada de la chica, recordando lo mal que lo pasó en esos tiempos. – Estudiar, leer y practicar. Esa es la clave del éxito. También es cierto que se requiere algo de talento innato, pero eso no sirve de nada sin esfuerzo. Así que venga Granger, no me haga arrepentir de haberla invitado y busque algo de bibliografía para entretenerse y deje de molestarme.
"¿Por qué tengo que ser siempre tan antipático con ella? Es una de las pocas personas que me habla por voluntad propia, aunque solo sea porque no tiene a nadie más porque sus amigos están de vacaciones…".
Hermione asintió y empezó a rebuscar por la sala. No se había dado cuenta de cuánto había pasado hasta que sintió que su barriga reclamaba alimento. Entonces, tuvo una idea.
- Profesor… - Empezó a decir. El hombre, que fingía estar mirando todo el rato el caldero pero iba echándole vistazos a la castaña, levantó la mirada e intentó mostrarse contrariado.
- ¿Sí?
- He pensado que bueno… ya que usted ha sido tan generoso de invitarme a su propia casa… bueno, tal vez yo podría invitarle a comer como muestra de agradecimiento.
- ¿A comer? – preguntó él, levantando una ceja de forma divertida. Eso no se lo esperaba.
- Sí. Ya sabe, a un restaurante o a un pub. He pensado que como se ha hecho tarde y le he quitado tiempo para cocinar, tal vez le gustaría. Puede ser un sitio muggle, donde nadie nos conozca. – Hermione empezó a darse cuenta de que había sido una muy mala idea.
"Madre mía, qué he hecho. Claro que no va a querer ir a comer conmigo… Es un hombre mayor y yo una chica de 17 años. Espera… ¿está escondiendo una sonrisa? ¿Me lo parece a mi o cada día está más guapo? Ojalá nos aparezcamos juntos y vuelva a darme la mano…"
"Espera, ¿Cómo que si quiero ir a comer con ella? ¿Cree acaso que tengo su misma edad? ¿Y luego también vamos a ir al cine, o al teatro? Madre mía… Aunque hay que tenerlos muy bien puestos para ofrecérmelo a mi, con lo borde que soy. ¿Cuánto tiempo hace que una mujer no me ha dicho de ir a comer con ella? Sería incluso raro aunque no fuera mi alumna…"
- Gracias por el ofrecimiento, Granger. Pero… ¿Qué pensarían sus amigos? ¿Ha pensado en eso?
- Bueno, a ellos… no les importa que yo tenga más amistades.- se atrevió a decir Hermione, poniendo cara de susto al terminar de decir la frase.
"¿Le acabo de decir a Snape que es mi amigo? ¿Estoy loca? ¿Puede restarme puntos si no estamos en Hogwarts?"
- Yo no soy, y nunca seré, su amigo. – sentenció el hombre, poniéndose serio de golpe.
- Lo sé, profesor. No he querido decir eso. Lo siento mucho si le he ofendido, pues no era para nada mi intención. Tiene razón, es completamente inaceptable que le haya invitado a comer fuera como si fuéramos amigos. Únicamente quería mostrarle lo agradecida que estoy. – Hermione parecía que estaba a punto de llorar.
- Por Dios Granger, tranquilícese.- la cortó Severus. – Sabe qué, tanto hablar de comida me ha abierto el apetito. ¿Le gusta la pizza? Tengo un par en el congelador.
Hermione, que no había entendido cómo había cambiado tanto la conversación, asintió. Entonces Snape cogió su varita e hizo un movimiento con ella.
- Vamos. – dijo él, saliendo de la biblioteca. La chica le siguió. Nunca antes había alcanzado a ver el resto de las habitaciones de la casa. Llegó a un comedor pequeño, en el que había una mesa de una capacidad de como máximo cuatro personas que contenía un mantel, cubiertos, y dos humeantes pizzas. - ¿Qué bebe, Granger?
Hermione estaba maravillada con la magia del hombre, pues a pesar de que había visto cocinar con magia repetidas veces, nunca había visto que se hiciera con tanta rapidez. "¿Qué bebo? Pues agua, ¿no? Vaya pregunta más tonta ¿Qué bebe él? Tal vez si digo agua quedo como una pardilla, ¿Cocacola, Fanta,…? No lo sé. Bueno, iré a por lo seguro."
- Yo… lo mismo que usted.
- ¿Está segura? – preguntó él desafiante. Hermione asintió.- Que así sea entonces.
En un abrir y cerrar de ojos, apareció en la mano de Hermione una copa con un líquido rojo y espeso dentro. Parecía… No podía ser. Vio que Snape tenía una en la mano, que no dudó en llevarse a los labios y dar un sorbo con cara de placer.
- Adelante, Granger. Beba.- la retó él.
"No puede ser sangre, es demasiado retorcido incluso para él… Sin embargo, todas esas malas lenguas que dicen que es un vampiro… ¿Y si es verdad? No, Hermione, sabes todos los síntomas del vampirismo, y has visto a Snape caminar por el sol, no puede ser verdad…" Entonces, Hermione se llevó la copa a los labios y dio un sorbo minúsculo. Al hacerlo, se relajó.
- Está bueno. – dijo mostrándose muy sorprendida.
- Claro que está bueno. ¿Qué creía que era? – Snape sabía perfectamente lo que la chica creía que era, pero le gustaba ponerla nerviosa.
- No… no estaba segura. Algo que no había probado nunca antes. ¿Qué es?
- ¿De verdad pensaba que le iba a dar sangre a mi invitada? – preguntó él levantando una ceja. – Y no me mienta, ya comprobó el otro día que en cualquier momento puedo leerle la mente.
- Yo… no… bueno, sí. Bueno es decir, era una posibilidad, pero la he descartado, porque sé que usted no es un vampiro. – Hermione empezó a sudar. Ponía cara de duda y la última frase pareció más una pregunta que una afirmación.
- No la hacía tan estúpida, Granger. Claro que no soy un vampiro… Por Dios, me ha visto andar por el sol miles de veces. Además, ¿no ha comprobado con mi temperatura corporal que corre sangre por mis venas?
Snape no sabía muy bien por qué le daba tantas explicaciones a la chica siendo la información tan obvia. Se acercó a la chica y posó una mano en su mejilla, para que ésta pudiera comprobar que efectivamente la mano de Snape era cálida, y no fría como la hubiera tenido un vampiro. Ante el tacto, la chica cerró los ojos.
- Definitivamente, usted no es un vampiro. – sentenció ella, volviéndose a llevar la copa a los labios. Cuando Snape retiró la mano, volvió a hablar.- Sin embargo, aún no me ha dicho qué es.
- Qué pesada, Granger. ¿No le han dicho nunca que la curiosidad mató al gato? Es un cóctel. Concretamente, un Bloody Mary, aunque con un toque personal. No se preocupe, me he asegurado de que el suyo sea Virgen. – dijo, haciendo hincapié en la última palabra, cosa que también hizo sonrojar a Hermione. Sin embargo, se le encendió la chispa.
En ese momento, Snape tomó asiento seguido por Hermione, y ambos empezaron a comer.
- Y el suyo, señor ¿No es virgen? – preguntó la chica inocentemente, mordiéndose el labio.
- No, señorita Granger. – dijo el hombre, fijándose en lo sexy que se veía la chica. - El mío lleva alcohol.
- Pero me ha dicho que beberíamos lo mismo. Y, técnicamente, no es lo mismo.
- No doy alcohol a mis alumnas, Granger.
- ¿Pero sí que come con ellas en sucasa? – Hermione no sabía de dónde había sacado tanto descaro, pero se estaba divirtiendo mucho con su profesor, al que cada vez veía más sensual y por el que cada vez quería mostrarse más sexy. – Vamos profesor, por un poco no pasará nada. No es la primera vez que bebo ¿sabe?
Eso no era del todo verdad, aunque tampoco era mentira. Sus padres una vez le habían dado a probar vino, pero nunca había tenido una copa con alcohol solo para ella.
- Si lo que quiere saber es si es usted la primera, la respuesta es que sí. Nunca antes un alumno o alumna había pisado mi casa. – contestó Snape. Entonces, Hermione se sintió especial. ¿Por qué la había invitado a ella, entonces? Snape casi se había bebido ya toda la copa, y como le solía pasar cuando bebía en su casa, sentía que necesitaba más. – Está bien, Granger, pero solo una copa.
Entonces, con un movimiento de varita, las copas volvieron a rellenarse. Esta vez, la de Hermione también contenía vodka. Cuando la probó se extrañó, pues le parecía que sabía casi igual. No tardaron en terminarse las pizzas y las copas. Hermione, al sentirse un poco ebria, ganó confianza para hablar con el profesor.
- Estas vacaciones me han sorprendido, profesor. Nunca hubiera imaginado esto, pero me gusta mucho. Sé que usted no quiere ser mi amigo, pero me parece que tras esa fachada de hombre gruñón se esconde un corazón bien grande. Yo sí confío en usted.
- Creo que no debería haberle dado alcohol. – dijo el hombre tapándose los ojos, aunque él ya había bebido tres copas y también se sentía un poco ebria. – Yo nunca he dicho que no quiera ser su amigo, Granger. Solo he dicho que ni somos ni nunca seremos amigos, pero no se preocupe, no es personal. Yo no puedo tener amigos, soy demasiado peligroso. Me halaga que piense que lo que ve es fachada y que dentro hay un hombre mejor, pero se equivoca. En mi interior hay oscuridad, y nada más.
- Eso no es cierto. Sin usted, Harry habría muerto hace mucho tiempo. Sé que piensa que es estúpido y que lo odia, pero siempre le ha protegido. Por eso, sé que usted es un gran hombre. Ahora dígame, profesor ¿cómo se hace para leer la mente? Por que me encantaría ver lo que piensa usted de verdad en este momento…
- Eso, señorita Granger, es un arte que no puedo explicar en un momento. Tardaría semanas en aprender a hacerlo a alguien común, y yo no soy alguien común. No se lo diga a nadie, pero ni el señor tenebroso puede leerme la mente, soy experto en oclumancia. – Snape ya sonreía abiertamente, al igual que Hermione.
"Mierda Severus, la que llevas encima… Y te está viendo una alumna, debes comportarte… Eres el adulto y el ejemplo a seguir.". Snape solía beber, y solía beber mucho. Pero siempre lo hacía solo y nunca conversaba con nadie tras haber bebido, por lo que no sabía realmente cuánto le afectaba el alcohol para tener una conversación.
- Vaya, qué pena. Tal vez algún día yo sea experta en legeremencia y pueda lograr hacerlo.- le retó Hermione. – Oiga profesor, tengo la copa vacía. ¿Una ronda más?
- No, Granger. Hemos dicho que una para usted y no más. Si vuelve a casa ebria sus padres no la dejarán volver mañana. – dijo él, dando más información de la que quería.
- ¿Estoy invitada a volver mañana?
- Está invitada a venir cuando quiera.- dijo Snape.
"¿Qué dices, Severus? ¿Por qué la has invitado? Se va a asustar la chiquilla… Bueno, de chiquilla poco que con este vestido que me lleva…"
- Es usted tan generoso, profesor. Algún día le prometo que se lo voy a compensar.- Tras decir esto, Hermione le hizo una mirada provocadora y se mordió el labio. La chica, sorprendida por sus actos, se recriminó mentalmente.
"¿Qué haces, Hermione? ¿Te has vuelto loca? ¿Estás coqueteando con el profesor Snape? Si no te comportas te va a echar… Pero madre mía, esque se le marcan todos los brazos con esta camiseta… ufff, cómo me gustaría compensarle por todo… físicamente. Las hormonas me van a matar".
- ¿Y no va usted a ningún lugar de vacaciones, profesor? – dijo ella al final, serenándose.
- No puedes ir a muchos sitios cuando eres un espía doble. Mi deber es estar aquí por si alguien me necesita. ¿Qué me dice de usted? ¿Por qué no está con sus insufribles amigos?
- Yo me voy la semana que viene a Francia con mis padres, a Paris. – dijo ella, tímida. – Luego me iré a casa de Sirius con Harry y Ron, me han dicho que allí es un lugar seguro.
- Ah. – Se limitó a decir él.- Muy bien.
"¿Qué esperabas, Severus? ¿Qué estuviera todo el verano nadando contigo en la piscina y luego viniera a hacerte compañía?"
- Pero, ahora que han empezado las vacaciones, preferiría quedarme aquí. – dijo ella, mirándole a los ojos. Snape sonrió, y de un movimiento de varita recogió toda la mesa.
- Son las cinco de la tarde, Granger. Me temo que se nos ha ido el tiempo de las manos. ¿No tiene usted que hacer nada esta tarde?
- Realmente, no. Pero me doy cuenta de que ya he sido suficiente estorbo, lo siento. Será mejor que me vaya. Muchas gracias por todo, profesor. Nos vemos mañana en la piscina.
- Hasta mañana, Granger.
Dicho esto, Hermione se apareció en su propia casa.
