Se sentía un poco cansada, por lo que decidió hacer algo que casi nunca hacía: una siesta de media hora. Al despertar se sintió con más energía, por lo que empezó a leer un libro que tenía pendiente desde hacía varios meses. Era casi la hora de cenar cuando una lechuza blanca entró volando por la ventana de su habitación: Harry le había escrito. Se entretuvo leyendo lo que su amigo le había dicho y se fue a dormir pensando en que no podía esperar a ver a Snape.
"Es tan guapo y tan inteligente… Ojalá dejara de lado esa faceta suya tan oscura. No sé por qué se empeña en autodestruirse cuando es uno de los magos más grandes que se ha visto en el mundo mágico… Espera, Hermione, ¿No será que te está empezando a gustar un poquito? ¡NO! Esto no puede ser, no puedes ser la típica alumna cría a la que le gusta su profesor… Es tan típico… Pero él NO es típico, tiene ese aura tan especial… Y qué pelo tan bonito tiene, negro y brillante… y esos brazos tan fascinantes… me quedaría viéndole nadar todo el día…" Con estos pensamientos que hubieran escandalizado a todos sus amigos, la chica se durmió.
Los siguientes días Hermione siguió una rutina: piscina, casa de Snape, su casa, dormir. Así, hasta que llegó el día anterior a su viaje a Francia. Se encontraba en casa de Snape, y ambos sabían que esa era la última vez que se verían en mucho tiempo. Tras tanto tiempo, ambos ya se habían ganado algo más de confianza, incluso parecía que Snape respetaba a su alumna y todo.
- Y bien, profesor… ¿Ni siendo el último día que nos vemos va a explicarme qué poción está preparando que requiere tanto tiempo? – dijo ella, con ojos traviesos y acercándose al caldero.
- Ya le dije que es algo confidencial. Es… algo peligroso y completamente experimental. Un amigoestá herido y estoy intentando buscar un antídoto para ayudarle, de momento sin éxito. – contestó él frustrado. La poción era para el director, que en esos momentos la infección que tenía en la mano se iba extendiendo poco a poco.
"Maldito viejo loco, quién le mandaría tocar un Horrocrux…" Se lamentaba Severus.
- Entiendo. Estoy segura de que usted lo logrará, es el mejor pocionista del mundo mágico. - le intentó animar ella.
- Gracias por su amabilidad, señorita Granger.
Entonces, ella quiso distraerlo con algo.
- ¿Qué le parece si jugamos a algo, profesor?
- ¿Jugar? – preguntó él, dubitativo. No recordaba cuánto tiempo hacía que no jugaba a nada con nadie, las últimas veces que había "jugado" con una chica tenían una connotación diferente a lo que proponía la señorita Granger.
- Es un juego de preguntas del mundo mágico. Es muy divertido, ya verá. Me lo regaló… bueno, me lo regalaron el año pasado por mi cumpleaños, pero aún nadie ha querido jugar conmigo.
"¿Quién le regaló el maldito juego y por qué no ha querido decirme quién es? ¿Algún novio? Por favor, que no sean los estúpidos de sus amigos…"
- ¿Cómo sabe que es muy divertido si nadie ha querido jugar con usted? Si ya ha leído todas las preguntas no tendrá ninguna gracia jugar contra usted… - Snape intentó hacer que se pusiera un poco nerviosa. Con éxito.
- Bueno… lo imagino. Le prometo que no he leído las preguntas todavía, pero dicen que son muy muy difíciles.
- La insufrible sabelotodo contra el vampiro de las mazmorras, interesante…- comentó Snape. Sabiendo que era su último día, accedió a hacerlo aunque a priori le parecía una tontería. - Está bien, todo sea para que pueda estrenar el juego.
Hermione sonrió de oreja a oreja y sacó de dentro de su bolso unas cartas. Ambos se sentaron en los sillones y Hermione las empezó a repartir. Le estaba explicando las instrucciones a Snape cuando escucharon que alguien llamaba a la puerta de casa. Ambos se congelaron y se miraron a los ojos, esto nunca antes había pasado mientras ella estaba aquí. Snape pensó con rapidez y le dijo a la chica:
- Granger, muy poca gente sabe dónde vivo, y ninguno de ellos debe saber que usted ha estado aquí. O es Dumbledore, que lo dudo porque normalmente me avisa de que va a venir, o es alguien más… desagradable. Voy a meterla en mi habitación y, por si acaso, le haré un hechizo que la volverá prácticamente invisible durante un par de horas. Tiene que estar en absoluto silencio ¿lo entiende?
Hermione asintió y siguió al profesor hasta su habitación, que quedaba contigua a la biblioteca. Snape le indicó que se sentara en su cama y le aplico el hechizo ilusionador. Tras esto, Snape salió, cerró la puerta de la habitación y fue a recibir a la persona que había llamado.
Snape estaba nervioso, no quería que nadie supiera que Hermione estaba allí.
"Por favor, que sea el viejo loco… Vaya mal día para recibir visitas…" Al abrir la puerta, quedó muy sorprendido.
- Hola Snape.- dijo la voz inconfundible de Bellatrix Lestrange.
- Bellatrix.- contestó él, sorprendido y aterrorizado de tener a la mortífaga más psicópata en su casa cuando Hermione estaba dentro. - ¿Qué te trae por aquí? Es peligroso andar a tus anchas cuando tienes una orden de búsqueda y captura.
Hermione intentó escuchar, pero por el momento no oía nada.
- Por eso Snape, apártate de la puerta y entremos ya. No quiero que me vea nadie. Vamos. – dijo ella, apartando a Snape de la puerta. Este la dejó pasar.
- ¿Sabes, Bellatrix? Ahora no es un buen momento.
- ¿Por qué? ¿Estás jugando a las pociones? – preguntó ella. Como si ya se conociera la casa, se dirigió a la biblioteca. Snape respiró aliviado al ver que la mortífaga no había entrado en su habitación. - Invítame a una copa Snape. – le ordenó ella.
En esos momentos, dado que las habitaciones eran contiguas, Hermione pudo escuchar perfectamente a la chica y la identificó de inmediato. Se le congeló la sangre y rápidamente llevó una mano a su varita. ¿Qué hacía Bellatrix Lestrange en casa de Snape? ¿Cómo sabía dónde vivía?
- ¿No te han enseñado buenos modales los dementores, Bella? Te veo muy maleducada hoy. ¿Qué quieres? – preguntó Snape cerrando la puerta de la biblioteca. Aún y así, con un movimiento de varita hizo aparecer dos copas de hidromiel delante suyo.
Cuando Hermione escuchó a Snape llamar a Bellatrix por un diminutivo, se le removió el estómago.
- Vengo a decirte, Severus, que no me fio de ti. No me fio ni un pelo. Draco me ha explicado la misión que el señor tenebroso le ha encomendado. Cissy y Lucius están de los nervios, no paran de lloriquear todo el día. Sospecho que tú sabes a qué misión me refiero ¿me equivoco?
- Lo sé perfectamente, Bellatrix.
- Pues, como te he dicho, no me fio de ti. Si veo, oigo, sospecho o simplemente pienso que vas a hacer algo para sabotear a Draco y evitar que cumpla su cometido, te voy a matar. ¿Me escuchas?
- ¿Has venido a mi casa a amenazarme? – preguntó él, levantando una ceja.
- Sí.
Hermione estaba horrorizada, tenía en una mano la varita y con la otra se estaba tapando la boca.
- Muy bien. Ahora, te voy a decir algo yo. Que tú sepas de esta misión significa que tu amado Draco no está manteniendo la boca cerrada, por lo que está poniendo en riesgo todo el plan del señor tenebroso. Si veo, escucho, sospecho o simplemente pienso que Draco está hablando de más con otra gente, yo mismo me encargaré de matarle ¿Entendido? A ver si enseñas a los de tu sangre a mantener la boca cerrada, por que de momento no sois más que decepciones para el señor tenebroso.
Snape estaba apuntando a Bellatrix con la varita, y entonces ella, tras unos segundos de silencio, empezó a reír a carcajadas.
- Ay Severus, quien te ha visto y quien te ve… Avisado estás. – Dicho esto, Bellatrix se bebió de un sorbo su copa y empezó a analizar la habitación. Hubo un detalle que le llamó especialmente la atención. – Ya veo por qué es un mal momento, mira lo que tenemos aquí.
Hermione abrió mucho los ojos, pensando que tal vez la descubrían. Severus puso los ojos en blanco y se maldijo interiormente cuando vio lo que Bellatrix estaba mirando.
- El Kamasutra mágico. – Leyó ella en voz alta acercándose al libro. – Sigues siendo un pequeño pervertido, Snape.
- Lo he sacado para tirarlo. – dijo él, restándole importancia.
En esos momentos, Hermione se relajó un poco. Parecía que de momento aún no la habían descubierto.
- Ya, claro… Parece ser que alguien estaba recordando los viejos tiempos. – Dijo ella divertida, cogiendo el libro con sus manos. - ¿Te acuerdas del día en que te lo regalé?
- Más te gustaría.- dijo él, deseando que Hermione no lograra escuchar la conversación porque sabía lo que seguiría.
- Estábamos en Hogwarts todavía… Tú, enamorado perdidamente de la sangresucia madre de Potter. No me acuerdo ni en qué curso estabas. Lo que sí que recuerdo es que yo estaba en mi último año…
Entonces, Hermione abrió mucho los ojos. ¿Snape enamorado de la madre de Harry?
- Déjalo, Bellatrix. ¿No te ibas ya?
- Sí, llorabas por las esquinas por la pelirroja, pero cuando me veías a mí, todo cambiaba ¿cierto? Nos encontramos los dos en la torre de astronomía, y tu estabas nervioso. Un corderito, y la chica más despampanante que habías visto jamás. Habíamos hablado en un par de ocasiones, y yo estaba molesta y necesitaba liberar tensiones.
- Ya basta, Bellatrix.
- ¿No te divierte recordar los viejos tiempos, Snape? Porque recuerdo que cuando te cogí del cuello y te besé por primera vez tu primera reacción fue agarrarme del trasero. Qué osado por tu parte. Eso me gustó. ¿Te acuerdas?
A Hermione se le saltó la primera lágrima. ¿Snape había besado a Bellatrix cuando eran estudiantes en Hogwarts? Snape no decía nada.
- No pasaron ni dos minutos que me arranaste la ropa. Nuestra primera vez juntos, tu primera vez… Estuviste espectacular, Severus. Entonces, decidí que serías mi amante oficial y te regalé este libro. Creo que aún recuerdo todas las cosas que te volvían loco. ¿Acabamos practicando todas las posturas del libro? Bueno, recuerdo que las íbamos marcando así que solo tendríamos que revisarlo.
- No, de hecho creo que no, Bellatrix. Cuando me enteré de que te casabas y me harté de ser tu conejo del placer te dejé. – respondió Severus. A estas alturas, Hermione ya lo habría escuchado todo, por lo que supuso que ya la había perdido para siempre. – Y te dejé porque eres una psicópata, loca, manipuladora, cruel y malvada, que me torturaba para obtener placer propio.
- Creo que yo te dejé a ti, Snape. Y si mal no recuerdo yo no era la única que recibía placer… Pero sigue diciendo estas cosas, que ya sabes lo caliente que me ponen. Veo aquí en el libro que nos dejamos un par de posturas sin practicar. ¿Vamos a tu cama y rematamos? Me has puesto muy caliente.
Snape se puso tenso, pues sabía que si Bella entraba en su habitación encontraría a Hermione. El corazón de Hermione latía muy fuertemente, le parecía que iba a explotar. Lo que había descubierto de su profesor la horrorizaba, pero no tanto como verse cara a cara con Bellatrix.
- Ve a practicarlas con tu marido sangre limpia. – dijo él. – Ya no eres lo que eras, Bella. Tras todo lo que has hecho no volvería a tocarte ni con la punta de la varita. Ahora, por favor, tengo que pedirte que te vayas de mi casa.
- ¿Ahora te me haces el duro? – dijo Bellatrix, empezando a desnudarse.
- Te he pedido amablemente que te vayas de mi casa. No puedes venir a amenazarme de muerte y luego pedir sexo a cambio. Si no te vas por las buenas, te irás por las malas, y al señor tenebroso no le gustará. Quédate el libro y ve con tu marido a saciar tus ganas. ¿O es que tras Azkaban ya no se le levanta? En tal caso, apáñatelas tú solita recordando los viejos momentos, porque nunca volveré a ponerte una mano encima. ¿No ves que tu cuerpo da asco tras Azkaban? Ya no eres como antes, Bella…
- Está bien, me voy. Tú sabrás lo que te pierdes… Tampoco es que tú estés mucho mejor que en el colegio. Si mi aspecto te disgusta, es porque yo he estado encerrada por nuestra causa mientras que tú estabas viviendo como un rey en Hogwarts. Te voy a estar vigilando, Snape.- dijo ella. Tras eso, salió de la habitación y anduvo rápido hasta salir de casa.
Snape reforzó los hechizos protectores en la puerta de su casa y se dirigió con miedo a su habitación: miedo de que Hermione la odiara, miedo de que se hubiera desaparecido, miedo de no volver a hablar con ella nunca más.
Por su parte, cuando Hermione escuchó que Severus se acercaba, se limpió las lágrimas con un hechizo y esperó a que él entrara.
- Supongo que tendrá preguntas. O no. Si prefiere irse, lo entiendo. – dijo él al entrar. Con un movimiento de varita, el hechizo ilusionador desaparció.
- No lo entiendo, profesor. ¿Usted y Lestrange eran novios en Hogwarts? – preguntó ella.- Bellatrix torturó a los padres de Neville… Los volvió locos… Ha matado a incontables… ¿Y qué ha dicho de la madre de Harry?
- Mira, Hermione. – Snape, por primera vez, pronunció el nombre de la chica, que lo miró con los ojos muy abiertos.- No espero que lo entienda, y no hay explicación posible. Es muy tierno que piense que éramos "novios", pero solo era sexo. Mucho sexo. Ya sabrá que Hogwarts, para mi, fue la peor época de mi vida. ¿Se imagina estar en un sitio donde todos le "hacen bromas"? Black, Potter… eran crueles conmigo, y Bellatrix era la única que, aunque me causaba dolor, también me causaba placer. Puede juzgarme, está en su derecho. A mi también me da asco ahora, pero ella no era así antes. Ya le dije que dentro de mi sólo hay oscuridad.
Hermione miró a los ojos a Snape y sintió pena. Sabía que Sirius y James le habían hecho algunas bromas a Snape, pero ahora estaba viendo que realmente él parecía tener un trauma que aún no había superado.
- No le juzgo, profesor. – dijo Hermione. – Tampoco tengo derecho, solamente soy su alumna, ¿No?
Hermione dijo esta última cosa esperando que el profesor la rectificara, pero no lo hizo. Ambos permanecieron en silencio.
- Bueno, debería ir a hacer la maleta para mi viaje… - dijo finalmente la chica.
- Siento que no hayamos podido jugar a su juego.
- No pasa nada. – ella se acercó un poco al profesor, esperando que la cogiera de la mano o le diera un abrazo de despedida.
"Me encantaría abrazarla, pero sé que aunque no lo diga en verdad me odia por lo que ha descubierto hoy."
- Que lo pase bien en Paris, señorita Granger.- dijo él.
- Puede estar tranquilo, no voy a contarle nada de lo ocurrido a ninguno de mis amigos. – decía ella. - ¿Nos vemos en Hogwarts?
Snape asintió. Ella seguía esperando un abrazo. Tras unos segundos, empezó a comprender que probablemente el profesor se encontraba avergonzado por lo ocurrido, y que si ahora se iba pensaría que ella le odiaba, aunque no fuera así. Así pues, sacó su valentía Gryffindor interior y se acercó a darle ella un abrazo al profesor. Al principio parecía que él se iba a apartar, pero no lo hizo.
- Por favor, profesor, manténgase seguro. Muchas gracias por todo lo que ha hecho estos días por mí. – dijo Hermione. Snape estaba como petrificado, sentir el calor corporal de Hermione le reconfortó. Era la medicina que necesitaba para curar su alma rota. Entonces, le miró a los ojos y parecía que iban a besarse. Cada vez estaban más cerca, y ambos corazones latían taquicárdicos. Al final, Hermione se movió y le dio un beso en la mejilla de despedida. – No le odio, profesor. A pesar de que no lo entiendo, nunca podría odiarle. Cuídate, Severus.
Tras esto, Hermione desapareció y Snape se quedó en el mismo sitio: en medio de su habitación, aún sintiendo su olor. ¿Qué acababa de pasar? Snape no lo entendía. Pero cuando se hubo asegurado de que la chica ya no estaba ahí, un par de lágrimas saltaron de sus ojos. En ese momento, escuchó un ruido tras él: su gata venía para reclamarle comida. Snape la cogió en brazos y se la llevó a la cocina en silencio.
