Pasaron los días hasta que llegó el día que todos los chicos estaban esperando: el día de ir de compras al callejón Diagón.

Para garantizar la seguridad de Harry, Lupin les acompañaría junto a Molly y Arthur. Llegó por polvos flu tal y como ya habían acordado anteriormente, y se esperó unos minutos mientras los chicos acababan de prepararse.

- Hermione, ¿Puedo hablar contigo un minuto? – dijo él al verla.

- Claro… profesor. – dijo ella, recordando que de ahora en adelante Remus volvería a ser su profesor.

- No hace falta que me digas profesor fuera de Hogwarts, Hermione. – contestó riendo.

Ambos se apartaron un poco más del grupo.

- No sé muy bien por qué, pero Snape me ha pedido que te de este paquete. – le dijo él, mirándola expectante y esperando alguna explicación. Hermione se sonrojó.

- Gracias. – dijo ella. Al ver que no dejaba de mirarla, añadió. – es solo un libro. Vino a cenar aquí a la madriguera hace unas semanas y no sé muy bien cómo salió el tema del libro en la conversación, y el profesor Snape se ofreció para prestármelo.

- ¿De verdad? Qué sorpresa… ¿no? – dijo Lupin, realmente sorprendido.

- Bueno, creo que Dumbledore le ha pedido que sea un poco más amable con nosotros… para que no haya mal ambiente en la orden. – intentó inventar ella.

- Aún y así, es extraño. ¿Qué libro es? – preguntó él.

Hermione abrió mucho los ojos. Hasta el momento no había caído en cuenta que el libro trataba del vampiro más famoso de la historia, el enemigo natural de los hombres lobo.

- Em… no recuerdo el título, cuando lo abra ya te lo digo si acaso. Uy, creo que nos llaman ya para irnos.

Hermione se escabulló como pudo y subió rápidamente a dejar el libro en su cama antes de irse a comprar con sus amigos.

El día de compras fue realmente divertido y entretenido: compraron sus uniformes, ingredientes de pociones, libros e incluso visitaron la tienda de Fred y George, que estaba llena a rebosar. Al final, las chicas pidieron permiso para entrar en una tienda de ropa de chica para buscar un vestido de gala. Tras mucha insistencia por parte de Ginny, Molly accedió a cambio de que Remus entrara.

- Nos da un poco de vergüenza que nos veas probándonos los vestidos ya que vas a ser nuestro profesor… -dijo Ginny. Al final, le convenció para se quedara en la puerta.

Una vez hubieron entrado, Hermione le preguntó a su amiga:

- ¿Por qué no has querido que Lupin entre?

- Ya verás. Quiero comprar algo… especial.

Ginny llevó a Hermione a través de la tienda hasta llegar a la sección de lencería.

- He pensado que podríamos comprarnos unos conjuntos especiales… Ya sabes, por si a caso.

- ¿Por si acaso? – rió Hermione.

- Ya sabes, por si la cosa con Harry avanzara un poco… Y tú puede que este año también encuentres alguien especial y necesites ropa así sexy.

- ¡Ginny! – dijo ella, entre risas. Ginny también se empezó a reír.

A pesar de que la idea le había hecho vergüenza a Hermione, de pronto imaginó la cara que pondría Snape si la viera con alguno de los conjuntos que había expuestos. Tras meditarlo un poco, decidió que sería divertido probarse esos conjuntos con su amiga, aunque solo fuera para pasar un buen rato.

- ¿Cuál crees que le gustaría más a Harry? – preguntó Ginny indecisa.

- No sé. ¿Rojo Gryffindor?

- ¡Claro! Además, quedará bien con mi pelo ¿no?

- Seguro. Ven, pruébate éste. – dijo Hermione cogiendo un sujetador con una tela muy fina y transparente de color rojo y un tanga de hilo a juego.

- ¿No es muy atrevido? – preguntó Ginny sonrojándose. – Tal vez algo que cubriera más…

- ¿Quieres impresionarlo o no? ¿Dónde está tu valentía Gryffindor? Te digo yo que con éste le dejas muerto…

- Venga va, ¡probémoslo! – dijo ella al final, tras dudar unos segundos.

Ambas chicas corrieron a los probadores con el conjunto en la mano. Ginny se probó el conjunto, y a pesar de que Hermione ya la había visto desnuda otras veces, le dio vergüenza enseñárselo.

- ¿Cómo te va? – preguntó Hermione desde fuera. - ¿Entro?

- No sé, me da vergüenza… Creo que me queda demasiado expuesto. – dijo Ginny, tapándose ante el espejo. – Venga va, pasa pero entra rápido que nadie me vea.

- Tranquila, no hay nadie más en la tienda. – dijo Hermione entrando. – Wow amiga… Estás irresistible. Te digo yo que como alguien te vea así te devora… Le vas a dar un infarto a Harry. Definitivamente, ya tenemos el tuyo.

- ¿Tu crees?

- ¿Qué si lo creo? ¡Estás para comerte! De verdad, preciosa. Ahora solo te faltará buscar una ocasión para ponértelo. Te espero en la estantería que voy a buscar algo para mi.

Ginny se volvió a poner su ropa y salió a ayudar a Hermione.

- ¿De qué color te gustaría a ti? - preguntó Ginny. Hermione lo meditó unos segundos.

- Ah, claro, negro. Sí, así seguro que le encantaría…- dijo soñadora.

- ¿Le encantaría? ¿A quién? – preguntó Ginny abriendo mucho la boca.

- Bueno, el negro gusta a todos, ¿no? – intentó rectificar Hermione.

- Ah, qué susto… creía que ya tenías en mente frente a quién ibas a ponértelo.

- Creo que me gusta éste. – dijo Hermione señalando un conjunto.

- No se vale, es mucho menos atrevido que el mío… No, no… mejor ese de ahí.

- ¿Estás loca? – preguntó Hermione echándose a reír.

- Tienen que ser los dos igual de atrevidos Hermione, si no devuelvo el mío. – dijo Ginny.

- Venga va, pero solo probar, ¿eh? – dijo ella cogiendo uno.

La parte de arriba era un sujetador de encaje transparente, en forma de triángulo. La parte de abajo era un tanga negro también de encaje transparente y con un lacito negro central. Además, el conjunto también tenía un liguero a juego.

- El liguero también. – dijo Ginny. – Va con el conjunto. Además, a ti te gusta mucho llevar medias… podrías probar estas que se atan, son más sexys.

Las dos chicas riéndose volvieron a entrar al probador, donde Hermione se probó el conjunto.

- Entra. ¿Cómo lo ves? – preguntó Hermione.

- Estás buenísima, cualquiera que te viera te hacía un hijo. Incluso Malfoy. – contestó Ginny.

- Ew, eso no me gustaría para nada. – contestó Hermione.

- Lo sé, era broma. Cómpratelo, de verdad. Estás espectacular.

Las chicas pagaron por sus conjuntos y entonces empezaron a mirar vestidos. Al final, Ginny se compró un vestido de gala rojo y Hermione se compró uno negro, coincidiendo con sus conjuntos. Al salir de la tienda, Remus estaba esperando.

- Habéis tardado mucho. – se quejó.

- Lo sentimos. Había mucho por escoger… Y nos hemos tenido que probar muchas cosas - dijo Ginny. Ambas chicas empezaron a reírse.

- Venga, vamos con los otros que deben estar esperándonos.

Cuando se hubieron reunido todos volvieron a la Madriguera, donde las chicas corrieron hasta su habitación para esconder la lencería que habían comprado antes de que los chicos la encontraran. Ya solo quedaban tres días para volver a Hogwarts, y Ron no paraba de quejarse diciendo que no quería volver.

Esos últimos días fueron muy intensos: constantemente la madre de Ron les ponía tareas del hogar como limpiar el jardín, regar las plantas, etc., así que a Hermione a penas le sobró tiempo para poder leer el libro que Snape le había prestado.

Llegado el día de su regreso al colegio, un coche les llevó hasta la estación de King's Cross, donde la despedida a los padres fue, como siempre, muy emotiva.

Al entrar en el tren, Hermione ya llevaba en su ropa muggle su chapa de prefecta y estaba preparada para empezar a patrullar los pasillos. Al hacerlo, requisó tres objetos prohibidos de Sortilegios Weasley. Estaba llegando al último vagón y ya pensaba en volver con sus amigos a su compartimento cuando se percató que en el último compartimento de todos había una solitaria silueta vestida íntegramente de negro. Con una sonrisa en los labios, llamó a la puerta y Snape asintió con la cabeza.

- Profesor. – dijo ella.

- Granger. – contestó él. – Tome asiento, si quiere.

Hermione tomó asiento, y Snape cerró un poco la cortina del compartimento.

- Para evitar miradas indiscretas. – se justificó.

- Claro. – respondió ella. - ¿Qué tal las vacaciones?

- Empezaron bien, terminaron siendo muy rutinarias, como siempre. Mañanas en la piscina nadando y luego por las tardes trabajando en esa maldita poción, no consigo que tenga los efectos que quiero. Pero cuénteme usted. ¿Qué tal Paris?

- ¡Muy emocionante! Cuánta cultura en una sola ciudad. Visitamos los museos de …

Hermione se emocionó al recordar las vacaciones con sus padres. Le detalló todas las vacaciones.

- Y, al final, visitamos un mercado de artistas bohemios y encontré ese diario que me hizo pensar en usted, así que se lo compré y se lo mandé. – terminó ella, temiendo hacerse pesada.

- Qué generoso por su parte. – contestó él.

- ¿Sabe? Unos días más tarde de que se fuera empezaron a venir a nadar en la piscina un grupo de cuatro adolescentes muy pesadas. No paraban de hablar y cuchichear, era imposible relajarse en el spa. Además, parecía que me incordiaban a propósito, pues cuando salía yo de la piscina empezaban a hacer grititos y saltitos y al cabo de unos minutos ya las tenía al lado en el spa.

Hermione se rió divertida.

- ¿Le hace gracia, Granger? – preguntó él, visiblemente ofendido.

"Con el cuerpazo que tiene no me extraña".

- Lo siento. – se disculpó ella falsamente. – Cosas de chicas. Algunas ven unos brazos fuertes y musculados y unos abdominales bien definidos y se vuelven locas.

Hermione no se podía creer lo que acababa de decir, y tampoco Snape. "Estás hablando con tu profesor ¿recuerdas?"se maldijo interiormente. Snape, por su parte, no sabía qué pensar. "¿Es esto un halago hacia mi físico? Imposible… Tal vez tendría que devolvérselo ¿no? Bueno, es mi alumna… tampoco puedo propasarme…"

- Siento el atrevimiento. – dijo Hermione al fin, para romper el silencio.

- No creo que fuera por esto. – contestó él al fin. – Aunque usted tampoco se queda corta… Por lo que vi, usted también los vuelve locos allí, en el spa.

La conversación estaba subiendo de tono por momentos. Claramente, Snape estaba haciendo referencia a lo que vio mientras le leía la mente a la castaña: cómo se besaba apasionadamente con un hombre en el spa.

- Eso… no ocurrió en realidad, profesor. Fue un sueño. – dijo ella avergonzada.

- Ah… - contestó él. Había estado semanas pensando en que tal vez la señorita Granger tenía un novio oculto, y ahora resultaba que tal vez no era cierto.

- Nunca he tenido novio. – dijo ella tras un rato. – Bueno, durante el torneo de los tres magos bailé con Krum y luego nos estuvimos… viendo algunos días, en la biblioteca me refiero, pero nada más allá de eso. Aunque no creo que eso le interese mucho. Lo siento, no quiero hacerme pesada.

- No se me hace pesada. – dijo él. En el fondo, se alegraba mucho de saber que Hermione estaba soltera, aunque no sabía muy bien por qué.

Volvieron a estar en silencio durante unos minutos.

- Sé que no debería importarme, pero… ¿le puedo hacer una pregunta personal?

- Bueno, puede hacérmela, lo que no sé aún es si voy a contestarle. – dijo él divertido.

- ¿Está soltero?

Pareció que Snape se revolvió un poco en su asiento.

- ¿No es evidente? Por Dios, Granger, ha estado en mi casa.

- Lo siento. – dijo ella, pensando que tal vez esa pregunta había hecho a Snape sentirse triste.

- ¿Quién iba a querer a un hombre que ha sido mortífago? – preguntó él, lamentándose. – No me malinterprete, ya le dije que no quiero que sienta lástima o pena por mi, pero son hechos objetivos. Yo estoy hecho para vivir en soledad.

- Pues yo creo que la lista es larga, profesor. – contestó Hermione, poniéndose roja. – Bellatrix Lestrange, por ejemplo… O las chicas que le miraban en el gimnasio, o …

"O yo misma" terminó la frase en su interior.

- ¿Una psicópata casada y un par de adolescentes? De verdad Granger, no sienta pena por mi. Estoy acostumbrado a estar solo, de hecho, no me suele gustar la compañía. – Hermione no pudo evitar sentirse ofendida por este comentario.

- Bueno… Si lo prefiere le dejo solo. – contestó un poco tajante.

- No se me ponga melodramática, Granger. He dicho normalmente. Con usted, todo es diferente. – dijo él, viendo que la chica no se había tomado bien su comentario.

Hermione se sonrojó en ese momento, no sabía muy bien qué pensar o qué decir. A veces le daba la sensación de que el profesor Snape estaba coqueteando con ella, pero era imposible…

- Aunque coincido en que tal vez sus… amigos… se estén preguntando dónde está. Tal vez sería bueno que fuera a verlos antes de que vengan a buscarla, llevamos hablando casi 2 horas. – cuando dijo la palabra "amigos" Hermione pudo intuir cierto desdén.

- Tiene razón, profesor. – dijo ella, levantándose del asiento y dirigiéndose a la puerta del compartimento. – Me ha gustado mucho volver a hablar con usted, espero que podamos repetirlo… pronto. Por cierto, voy a presentarme a las pruebas para ser su asistente.

- A mi también me ha gustado hablar con usted, Granger. – contestó él. – Lo de las pruebas, ya lo hablaremos. Aún tardaré una semana o así en proponer las pruebas, si viene a verme alguna noche a mi despacho lo discutimos.

Hermione no supo descifrar esto último. ¿Snape no la quería como ayudante? ¿Era porque era Gryffindor? ¿Porque eran amigos? ¿O por que ya tenía pensado darle el puesto a otro? Confundida, fue al vagón de tren donde se encontraban sus dos mejores amigos.

¡Muchas gracias por leer! Ya tengo los capítulos 11 y 12 escritos, pero no sé si publicarlos ya que son un poco fuertes de contenido... ¿Debería colgarlos o hacer algo más light? ¡Decídmelo en los comentarios!