Cuando llegaron a Hogwarts pudieron comprobar que nada había cambiado: todo era tan perfecto como siempre. El banquete de bienvenida fue un éxito, Ron no paraba de engullir a dos manos toda la comida que tenía al alcance.
- Por favor, Ron, un poco de moderación. Quien te vea pensará que tu madre no te ha dado de comer durante todas las vacaciones. – le riñó Hermione.
- ¿Has probado estas patas de pollo? ¡Están espectaculares! Creo que ya me he comido como cinco o seis.
Harry soltó una carcajada, cogiendo otra pata de pollo de la fuente central.
Tras cenar, y tras el típico sermón de Dumbledore, todos los alumnos se dirigieron a sus habitaciones exhaustos y dispuestos a descansar.
La mañana siguiente estaban todos puntuales en el mismo gran salón desayunando y esperando que McGonagall les entregara sus horarios. Cuando se acercó, les tendió a cada uno de ellos un pergamino con su nombre.
- Por cierto, señorita Granger, las pruebas para asistente de transformaciones serán el miércoles a las 20:00 en mi despacho, por si le interesa el puesto. – le dijo a Hermione guiñándole un ojo.
- Em… vale, muchas gracias. – dijo ella, sin atreverse a decirle que ella quería ser la asistenta de pociones.
Cuando abrieron el pergamino, Harry y Ron se lamentaron.
- ¿Por qué siempre hay pociones los lunes? Es la primera clase que tenemos… - se quejó Ron.
- ¿Cuántos puntos creéis que nos va a quitar Snape hoy? Apuesto que alrededor de 50. – se quejó Harry.
- Pues si no queremos perder puntos más nos vale ir a por nuestros calderos y bajar ya a las mazmorras, en 15 minutos empieza clase. – dijo ella.
Harry y Ron le dieron la razón, y salieron de camino a la sala común. Hermione estaba nerviosa, ¿le seguiría tratando mal para disimular, a pesar de ser "amigos"? Al llegar a su habitación, y antes de coger el caldero, intentó arreglarse un poco. Se puso rímel, se arregló un poco el pelo y abrió el primer botón de su camisa. Sintiéndose un poco más sexy, bajó con sus amigos.
- Vamos, Hermione, ¡has tardado mucho! – se quejó Harry. – Vamos a llegar tarde como no espabilemos.
Hermione tenía por seguro que no quería llegar tarde el primer día, así que llegaron a las mazmorras casi corriendo. Justo cuando llegaron, se abrió la puerta y Snape les hizo pasar.
- Adelante. – dijo él, con su habitual túnica negra.
Los chicos pudieron comprobar con fastidio que ese año volvían a tener clase compartida con los Slytherin. Se sentaron en mesas de cuatro alumnos y esperaron respetuosamente a que Snape les diera instrucciones.
- Hoy vamos a preparar la poción de muerte en vida. ¿Alguien me puede decir cuáles son sus efectos?
Instantáneamente, y de forma casi impulsiva, Hermione levantó su brazo.
- ¡Qué sorpresa! – dijo Snape mirándola. - ¿Alguien más?
Esperó pacientemente casi treinta segundos, pero al ver que nadie más levantaba la mano volvió a mirar a Hermione.
- Señorita Granger, recítenos todo lo que ha leído durante este verano. – dijo Snape en tono de mofa. Sin embargo, ese tono le sonó raro esa vez.
- Es el somnífero más potente del mundo, profesor. Como curiosidad, añadir que la leyenda dice que esta poción fue la que usó Julieta Capuleto en la historia muggle de Romeo y Julieta de William Shakespeare. – contestó ella, orgullosa.
- No nos interesan tus historias muggles, Sangresucia. – gritó Malfoy desde la otra parte de la clase. Hermione, por un momento, pensó que Snape la defendería, pero no fue así.
- Cállate, Malfoy el hurón. – dijo Harry. – Por lo menos el padre de Hermione no está en la cárcel.
La clase entera empezó a murmurar, cosa que enfureció a Snape.
- 10 puntos menos para Gryffindor, por la respuesta insolente de Potter. 5 puntos menos para Slytherin. – Sentenció, haciendo callar a todo el mundo.
Malfoy se regiró en su silla, muy enfadado. Nadie recordaba la última vez que Snape había quitado puntos a su propia casa.
- La respuesta de Granger, por lo menos la primera parte, es correcta. Granger, en el futuro ahórrese comentarios que no sean estrictamente de la asignatura, ya ve la discusión que ha provocado. – continuó él, cuando los murmullos cesaron. – Este filtro es un somnífero muy potente y peligroso. Que a nadie se le ocurra beberse ni una gota, pues podría acabar muerto. Es la poción más complicada que hemos visto hasta el momento, así que espero que sean todos responsables y que no haya accidentes.
Cuando dijo estas últimas palabras, miró directamente a Neville, que enrojeció al instante.
- Tenéis 50 minutos.
Todos los alumnos empezaron a preparar sus pociones. Hermione estaba bastante deprimida por la reprimenda que le había hecho Snape, y también estaba ¿decepcionada? Al fin y al cabo, Gryffindor había perdido puntos porque Harry la había defendido.
Tras trabajar muy duro, y cuando el tiempo había pasado, los alumnos enfrascaron un poco de su poción y la fueron depositando en la mesa de Snape. Hermione sabía que la poción debía quedar de color rosa claro, y aunque muchas de las pociones de sus compañeros habían quedado azules o transparentes, se sentía decepcionada por haber conseguido un color que tiraba más al violeta que al rosa.
Hermione se quedó la última, pues tenía la esperanza que si seguía revolviendo el caldero el color de su poción iba a cambiar. Viendo que ya no quedaba nadie, enfrascó su poción, la etiquetó, y fue a dejarla con la de sus compañeros. Estaba decepcionada porque sabía que la poción no estaba perfecta, y ella tenía muchas ganas de impresionar a Snape. Cuando la dejó, se giró para irse, pero la voz de Snape la interrumpió.
- Le ha faltado incorporar un poco de jugo de granos de sopófero. Lo indica el color violeta. La próxima vez, mire de aplastarlos con un cuchillo de plata en lugar de cortarlos para exprimirlos.
Hermione se volvió para darle las gracias al profesor, pero tenía los ojos húmedos, así que no le miró a los ojos.
- Gracias, profesor, así lo haré la próxima vez. – dijo ella, fijando su vista en el escritorio del profesor.
- Eh, míreme, Granger. – dijo él. Al ver que la chica estaba casi llorando sintió un poco de lástima por ella. - Sabe que aunque ha estado en mi casa tengo que tratarla igual que a los demás, ¿verdad? Es por esto por lo que le dije que viniera a hablar una noche a mi despacho. Creo que sería bueno tener una charla seria antes de empezar el curso.
- Ya lo sé ¿Vengo hoy después de cenar? ¿O antes? ¿Qué le parece a las 20:00? – dijo ella.
- La espero en mi despacho. – dijo él. – Y ahora váyase, no quiero que llegue tarde a su siguiente clase por mi culpa. Ah, por cierto, ignore al estúpido de Malfoy.
Hermione asintió. El profesor Snape tenía razón: aunque ella hubiera estado en su casa, o en la piscina con él, seguía siendo su alumna y no podía tener un trato preferencial. Todo tenía que ser en clase igual que era los años anteriores. Un poco más animada, buscó a Ron y Harry para ir a clase de transformaciones.
El día transcurrió lento, aunque a pesar de ser el primer día ya les llenaron de deberes y tareas para las próximas clases. Tanto es así, que pasaron su primera tarde en la biblioteca en lugar de ir a ver a Hagrid como habían planeado. Sin embargo, a las 19.45 Hermione ya había terminado todo el trabajo.
- Bueno chicos, voy a ver si hay alguien de primero perdido o que necesite ayuda. – dijo ella.
- ¿Puedes dejarnos tu trabajo por lo menos? No lo copiaremos, solo para tenerlo como referencia… - pidió Ron, frustrado por no poder terminar sus deberes.
- Bueno… mejor que no. Terminad los vuestros y mañana los comparamos. Adiós chicos, que os vaya bien. – dijo ella recogiendo sus cosas y encaminándose decidida a la mazmorra.
Al llegar, miró su reloj y vio que aún faltaban tres minutos para la hora acordada, así que esperó silenciosamente en la puerta. Al llegar la hora, respiró profundamente tres veces y llamó a la puerta.
- Adelante. – dijo Snape, sabiendo quién se encontraba en el otro lado. Cuando la chica abrió, Snape le ofreció amablemente asiento. – Cierre la puerta y siéntese si gusta, Granger.
- Gracias. – dijo ella.
- ¿Qué tal el primer día?
- Pues la profesora McGonagall nos ha puesto muchísimos deberes, pero ya los he terminado. – contestó ella orgullosa. - ¿Qué tal el suyo?
- Un alumno de primero ha vomitado cuando ha visto el frasco de gusanos Koreanos… - contestó él resignado.
- Vaya… Bueno, ahora ya han terminado las clases. – Le intentó animar ella.
- En fin, supongo que si… ¿Sabe por qué la he hecho venir? – dijo él.
- Lo intuyo. No quiere que me sienta… especial por haber estado en su casa y compartido momentos… personales. – dijo ella.
- No es que no quiera que se sienta especial. – dijo él. – usted es especial.
En esos momentos, Hermione contuvo la respiración "¿Soy especial? ¿Especial para él?"
- Y tiene razón. Este veranp, hemos compartido momentos más… personales que con el resto de alumnos, como cuando la invité a mi casa...repetidamente… Pero no quiero que usted se sienta obligada a, por ejemplo, presentarse para ser mi asistente únicamente por esto. Y espero que entienda que yo no puedo tratarla diferente por eso. Aunque me parte el alma que Malfoy la llame… "sangresucia", no puedo hecharle una maldición allí en medio, al igual que tampoco lo haría si le dijera lo mismo a Pansy Parkinson. ¿Lo entiende?
- Perfectamente, y tampoco espero que me defienda. – sentenció ella. – Pero yo quiero ser su asistente porque creo que usted tiene mucho aún por enseñar. Es una eminencia en pociones. Es como lo de hoy en clase, solamente viendo el color de mi poción ya ha sabido qué se podía mejorar… ¡Es increíble!– contestó ella, sonrojándose al decir esto último.
- Tampoco exagere, Granger. – dijo él.
- No exagero, es mi sincera opinión.
- Al final, lo que quiero decir, es que no quiero que tome ninguna decisión de la que se arrepienta. – sentenció Snape pasándose la mano por el pelo.
- No me arrepiento, de verdad. La profesora McGonagall me ha dicho que espera verme en la prueba para ser la asistenta de transformaciones, pero a mi me fascina mucho más todo lo que usted tiene por ofrecer.
- No me gustaría tener que enfrentarme a la profesora McGonagall por usted. – dijo él, riendo al fin. Tras esa risa tan desconocida para Hermione, ella también empezó a reír.
- Estoy segura de que usted ganaría por goleada.- dijo ella al fin, guiñándole un ojo.
Se quedaron mirando unos segundos, uno frente al otro. El profesor se inclinó hacia adelante y medio susurró.
- ¿Sabe qué me apetece mucho?
- ¿Qué? – preguntó ella.
- Nadar. ¿Se acuerda? Solos, usted y yo en la piscina. Y después comernos una pizza en mi casa.
- A mi también. ¿Hay piscina en Hogwarts?
El profesor asintió, ante la sorpresa de Hermione.
- ¿Dónde está? – preguntó acercándose al profesor.
- Hoy se ha hecho tarde, pero si mañana no tiene mucho trabajo se la enseño. ¿Recuerda la sala de los menesteres? ¿Ha traído bañador? Espero que no lleve las ridículas gafas acuáticas…
- No las llevaré, profesor. ¿Nos vemos mañana a las 20:00 en la puerta de la sala de los menesteres?
- Cuente con ello. Y ahora a cenar, ha sido un largo día. – dijo el profesor.- Por cierto, las pruebas de asistente serán el jueves a las 20:00 aquí mismo. No creo que se presente mucha gente…
- Buenas noches, profesor. Que tenga dulces sueños. – le dijo ella, levantándose de la silla.
- Buenas noches, Granger. Le deseo que tenga… bueno, esos sueños que usted tiene. – dijo él, rompiendo a carcajadas. Hermione se puso roja, sabía que se refería al sueño erótico en el que ella besaba a alguien en el spa.
¡Gracias por leer! voy a revisar el siguiente capítulo y lo colgaré cuanto antes :D. Sé que muchos estáis impacientes para que pase algo al fin con la parejita, pero os pido solo un poco más de paciencia :) Al final, lo bueno se hace esperar! Muchas gracias por vuestros comentarios, de verdad que me motivan muchísimo a continuar!
