ADVERTENCIA: Capítulo con contenido para mayores de 16 años! Leed ante vuestra responsabilidad!

Los días siguientes Hermione estuvo en una nube. Cada día estaba más convencida de que estaba enamorada de su profesor, y soñaba y se hacía ilusiones con que él le correspondía. Había ido a nadar con él a la sala de los menesteres y todo era como en vacaciones. Él le daba consejos y ella cada vez intentaba superarse para sorprender a su profesor. Llegado el miércoles, día de la prueba de asistente de transformaciones, decidió que como no quería el puesto, pero tampoco quería rechazar a McGonagall, iría a la prueba y lo haría mal a propósito.

- Tenéis que transformar este libro en una hoja con un resumen del contenido del libro. – dijo a los alumnos, entregando un ejemplar a cada uno.

Hermione sabía perfectamente qué hechizo aplicar, pero en lugar de aplicarlo hizo otro hechizo que simplemente tiñó la portada del libro de color verde manzana. La profesora McGonagall miró con horror lo que había hecho.

- ¿Qué ha pasado, señorita Granger? – preguntó. – Esperaba que usted fuera la mejor.

- Uy, lo siento, me debo haber equivocado de hechizo… - se justificó ella, muriéndose de vergüenza, pero reconfortándose al imaginar ser la asistente de Snape.

Tras ver todos los resultados, McGonagall determinó que Dean Thomas merecía el puesto de asistente, muy a su pesar. Minerva ya tenía planeado todas las tareas que le mandaría a Hermione.

El día siguiente, en cambio, se esforzó al máximo por ser la mejor en la prueba de pociones. No tuvo mucha competencia ese día: Malfoy, Zabini, Penelope Clearwater y ella misma.

- Quiero que elaboréis una poción que contenga mis olores favoritos. – dijo Snape. – Quién más se acerque gana el premio.

Hermione supo de inmediato que tenía que hacer Amorteina, así que corrió a buscar los ingredientes.

- ¿Y cuáles son sus olores favoritos? – preguntó Malfoy fastidiado.

- Eso, no os lo voy a decir. – contestó Snape, sonriendo. – Tenéis 1 hora exacta.

Tras eso, los otros tres alumnos se miraron sin saber por dónde empezar, aunque Hermione ya estaba cortando y mezclando ingredientes.

Pasada la hora, Penélope había hervido un par de libros que se encontraban en la mesa, Malgfoy había hecho un mejunje con sangre de distintos animales que encontró en el dispensario y Zabini tenía una masa verde y asquerosa en su caldero. Por otra parte, Hermione tenía una poción de Amorteina bastante conseguida.

- ¿Qué ha hecho aquí? – preguntó Snape mirando incrédulo el caldero de Penélope.

- Bueno, he pensado que a usted le gusta bastante leer, así que tal vez su olor favorita es la de los libros… - se justificó ella. - ¿He acertado?

- ¿De verdad cree que necesito un asistente para hervir libros? Retírese de mi vista antes de que la hierva a usted… y 5 puntos menos para Ravenclaw por haber estropeado estos dos magníficos ejemplares.

Llorando, Penélope se deshizo del contenido de su caldero.

- No me atrevo ni a preguntar qué es esta porquería. – dijo Snape al mirar el caldero sangriento de Malfoy.

- Es sangre, profesor. – contestó el orgulloso.

- ¿De verdad sigue viva la teoría de que soy un vampiro? No voy ni a esforzarme en criticar su "poción". Por favor, Malfoy, limpie el caldero antes de que pueda vomitar.

Snape se acercó al caldero de Zabini, pero se alejó conteniendo una arcada.

- Lo mismo, Zabini. No voy ni a preguntarle qué ha intentado. Limpie el caldero de inmediato.

Finalmente, se situó delante del caldero de Hermione.

- Por fin alguien que lo ha entendido… ¿Nadie más aparte de Granger recuerda que la Amorteina huele diferente para cada uno? Concretamente, huele a lo que más nos atrae… No es que la poción sea perfecta, pero por ser la única poción de la sala y lo que más se acerca a lo que he pedido, el puesto es para Granger.

Hermione sonrió de oreja a oreja aunque el profesor había dicho que su poción no era perfecta.

- ¿Le va a dar a la sangresucia el puesto? – preguntó Malfoy ofendido.

- Pueden retirarse todos de mi despacho. Ahora mismo y sin discutir.

Zabini y Malfoy empezaron a hablar por lo bajo mientras salían malhumorados del despacho. Hermione salió muy satisfecha con su trabajo. Llevaba ya unos cinco minutos andando y dirigiéndose al gran comedor para hablar con sus amigos cuando Malfoy y Zabini se giraron de golpe.

- ¿Satisfecha con el puesto, sangresucia? – preguntó Malfoy, escupiéndole a los pies.

- No es mi culpa que no estudiaras para la prueba, Malfoy. – se defendió ella.- Ni tan solo has elaborado una poción de verdad.

- Mira Zabini, la sangresucia se cree mejor que nosotros. – dijo él, con la varita en alto y apuntándola directamente a la cara. Zabini también la estaba apuntando, pero cuando Hermione buscó su varita para defenderse pudo ver que no estaba.

- ¿Buscas esto, sangresucia? – dijo Zabini. – Me temo que te despistaste con la euforia de haber obtenido el puesto. ¿Le damos su merecido, Malfoy?

- Llevémosla a ése armario. – dijo Draco, corriendo hacia ella y agarrándola del pelo.

Hermione quiso defenderse, pero ante la fuerza de dos hombres mucho más corpulentos que ella y sin varita no pudo. La encerraron en el armario y le aplicaron un hechizo que le durmió los brazos y las piernas.

- ¿Sabes qué se les tiene que hacer a las sangresucias que se creen mejor que el resto? – dijo Malfoy acariciándole la cara, mientras Hermione estaba muerta de miedo.

- Hay que darles un merecido que no olviden nunca. – dijo Zabini, arremangándose la camisa.

Hermione gritó, pero sabía que era muy poco probable que hubiera alguien en ese pasillo.

- No grites, Granger. – le ordenó Malfoy.

A pesar de que lo intentaba, Hermione no podía casi moverse. Como mucho, podía mover suavemente la cabeza.

- Quítale la camisa.– le ordenó Malfoy a su amigo.

Hermione volvió a gritar, pero entonces notó como Malfoy le propinaba una bofetada.

- Cállate, sangresucia asquerosa.

- Por favor, Malfoy. – dijo ella, empezando a llorar. – Zabini, por favor. Le diré a Snape que renuncio a mi puesto.

Malfoy le dio otra bofetada.

- Te he ordenado que te calles. – gritó Malfoy enfurecido.

Sin mucho esfuerzo, Zabini le desabrochó la camisa. Malfoy y Zabini empezaron a tocarla por sitios donde nadie antes la había tocado.

- Te mueres de ganas, ¿verdad, Granger? Apuesto a que nunca pensaste que harías esto con un sangrelimpia.

Hermione no podía parar de llorar.

- Vamos a darle su merecido. – dijo Malfoy con voz viciosa.

Hermione, al notar que dos manos se deshacían de su ropa interior y le acariciaban en su sitio prohibido propinó otro grito, mucho más fuerte que el anterior.

- ¿Qué te pasa, sangresucia? – preguntó Malfoy, riéndose de ella. Se situó detrás suyo y se disponía a arrebatarle aquello que ella había guardado para alguien especial.

De pronto…

Hola a todos! Como prometí, éste lo he subido rápido. Espero que os haya gustado, espero vuestras opiniones :)