La mañana siguiente el despertador de Snape sonó a las 8:00. Como de costumbre, el hombre lo apagó y se giró. Aún dormido, se sorprendió de encontrar a Hermione en su cama abriendo los ojos soñolienta.

- Buenos días, Granger. – dijo el hombre.

- Buenos días, profesor. – contestó ella, también sorprendida de estar ahí.

Ambos necesitaron un minuto para recordar todo lo que había pasado.

- Son las 8:00. – le hizo saber él. – Voy a ir a ducharme, y usted debería volver a su sala común.

El ambiente estaba un poco tenso, ninguno sabía muy bien cómo tratar al otro tras el beso nocturno.

- De acuerdo, muchas gracias. Me pongo mi ropa de ayer y voy a ducharme a mi habitación. – dijo ella.

Cuando Snape hubo salido de la habitación, se puso su propia ropa. Al mirarse, vio que tenía las rodillas moradas, al igual que sus muñecas. Un escalofrío le recorrió la espalda y un par de lágrimas volvieron a sus ojos. Sin querer mirarse más en el espejo, se dirigió a su sala común rápidamente.

Cuando llegó, se escabulló por el retrato de la dama gorda esperando pasar desapercibida por el resto de estudiantes.

- ¿Qué ha pasado? – le preguntó Harry solamente entrar, pues junto con Ron la estaban esperando en un sofá de la sala común.

Hermione rompió a llorar.

- Me voy a duchar y luego os lo cuento todo, ¿de acuerdo? – dijo ella. Sabía que podía confiar en sus amigos, a ellos no les quería ocultar lo que había pasado con Malfoy.

- De acuerdo, pues nosotros también. Estábamos muy preocupados por ti, Hermione. – dijo Ron. – Hemos estado aquí toda la noche…

Hermione se duchó y se vistió. Llamó también a Ginny, pues también quería que ella supiera lo que había sucedido. Se reunieron en unos sofás de la sala común, apartados del resto de estudiantes, y Hermione empezó a relatar todo lo que había ocurrido desde que se presentó a las pruebas de selección de asistente de pociones.

- Entonces, Snape me seleccionó a mi y Malfoy y Zabini se enfadaron mucho. En algún momento me quitaron la varita, y yo ni me enteré… Y luego, en el pasillo, me arrastraron hasta un armario y…

Hermione tampoco quiso entrar mucho en detalle, pero explicó que Snape la había encontrado y que McGonagall había llevado a los agresores al despacho de Dumbledore, donde estarían recluidos hasta que un juez dictara sentencia.

Harry, Ron y Ginny estaban escandalizados. Ginny estaba abrazando a Hermione, que volvió a llorar.

- Lo voy a matar. – dijo Ron. – Esa maldita rata, serpiente venenosa… Voy a matarlos a los dos.

- Yo también. – decía Harry.

- ¿Y qué pasó después? – preguntó Ginny, intentando distraer a sus amigos. - ¿Por qué no regresaste hasta esta mañana?

- Yo… bueno… - Hermione no sabía muy bien qué decir. – Esto no es importante, pero me sentía más segura durmiendo con algún profesor cerca.

- Ah, entonces volviste con McGonagall. Mejor… De Malfoy nunca te puedes fiar, no estaré tranquilo hasta que lo encierren. – dijo Ron. Hermione no lo rectificó.

- De verdad chicos, estoy bien. Muchas gracias por vuestros ánimos y siento haberos preocupado. – dijo Hermione.

Todos decidieron ir a desayunar, pues no quedaba mucho tiempo antes de que empezara la siguiente clase. La primera clase que tenía Hermione ese día era aritmancia, aunque honestamente no paró atención.

"Fue el mejor beso de toda mi vida… y además he dormido con él toda la noche. Olía tan bien la cama… Es raro, porque por una parte estoy destrozada por lo de Malfoy pero por la otra estoy más feliz de lo que he estado nunca por Snape… Prometió que a partir de ahora siempre me protegería, esto significa que pretende estar cerca de mi de ahora en adelante… ¿Podré volver a dormir con él? ¿Volveremos a besarnos? ¿Por qué no me ha besado esta mañana?".

No sabía cuánto tiempo de clase había pasado, pero en un momento escuchó su nombre y despertó.

- … Granger.

- ¿Sí? – preguntó ella, ensimismada. Al asomarse, vio a la profesora McGonagall en la puerta.

- ¿Me acompaña? – preguntó la profesora, impaciente.

- Sí, disculpe. – contestó Hermione, recogiendo sus cosas rápidamente.

No sabía por qué la profesora McGonagall la había sacado de clase, aunque se lo imaginó. Por un momento, miró los moratones de sus muñecas y le entró un poco de ansiedad. Cuando las dos mujeres se habían alejado un poco de la puerta, la profesora preguntó.

- ¿Cómo se encuentra, señorita Granger? – La profesora McGonagall la miraba con pena.

- Bueno, aún un poco conmocionada, pero estoy bien. – dijo ella. La profesora seguía mirándola fijamente, a lo que ella añadió. – De verdad.

- El profesor Snape mencionó que usted no quería hablar del tema con nadie. Me gustaría haberme quedado con usted en lugar de Snape, pero él estaba… bueno, le vi muy alterado como para dejarlo solo con los estudiantes.

- El profesor Snape se portó genial. – dijo Hermione, recordando cómo la había mimado y cuidado.

- No te voy a forzar a hablar del tema, supongo que Snape ya te contó que hoy van a decidir la pena de tus agresores. No vas a tener que verlos, pero se te requiere en el despacho de Dumbledore para que firmes unos papeles conforme las declaraciones obtenidas son correctas. Me temo que no hay otra opción.

- Muy bien. – dijo Hermione, un poco más tranquila ahora que sabía que no iba a tener que enfrentarse a sus agresores personalmente.

- Me sabe muy mal que tuviera que pasar… por eso. – dijo Minerva, fijándose en las marcas violeta que la chica trataba de ocultar bajo su túnica. – De verdad. Puede ir a la enfermería y Madame Pomfrey le dará una poción para que se le eliminen las marcas de las muñecas tras firmar la documentación. Bueno, si no quiere ir a la enfermería también puede ir al despacho del profesor Snape.

Hermione ya no respondió, simplemente asintió. Siguió a la profesora McGonagall ante la gárgola que escondía el despacho de Dumbledore y, una vez ésta dijo la contraseña, subió y llamó a la puerta.

- Pasen, pasen. – dijo Dumbledore desde el otro lado de la puerta. – Bienvenida, señorita Granger. ¿Se encuentra usted bien? Como director de la escuela, quiero disculparme personalmente por lo que le ha pasado. Es mi deber procurar que todos los alumnos estén seguros, y el… ataque que recibió es algo imperdonable.

- No es su culpa. – dijo Hermione. Estaba ya un poco cansada de que todos la miraran con lástima.

- Bueno, no te haré perder mucho el tiempo. Debe leer estos papeles y, si concuerdan con su visión de la historia, firmarlos. El juez debe estar a punto de llegar.

Hermione asintió y se puso a leer los pergaminos que Dumbledore le acercó. Efectivamente, todo había quedado registrado. Un poco a desgana, firmó los documentos y se levantó para irse. En ese momento, volvieron a llamar a la puerta. Entró una mujer vestida con una toga negra.

- Ah, juez Harrington, bienvenida. – dijo Dumbledore. – Pase, pase. La señorita Granger acaba de firmar los papeles.

- ¿Ésta es la víctima? – preguntó la jueza, como analizándola. Hermione asintió. – Muy bien, chica. Voy a estudiarme los documentos y en un rato tendrán sentencia. ¿Tienes alguna marca física que pueda ver? Ya sabes, como detalle extra a lo escrito. Siempre va bien para hacerse una idea…

Hermione estaba muy sorprendida y cohibida. ¿Pretendía la jueza que se desnudara ahí mismo? Se sintió juzgada, como si se estuviera inventando la declaración.

- Eh… Bueno. Tengo estas marcas visibles. – dijo mostrando las muñecas. – Y otras en lugares más privados… En las dos caderas, en…

- Ya vale, ya vale. – dijo la jueza. – De acuerdo, me hago a la idea.

- ¿No tendría que contactar con un abogado? ¿Malfoy y Zabini han contactado con alguno? – preguntó Hermione, que estaba muy extrañada por todo ese "procedimiento judicial".

- ¿Abogado? En el mundo mágico no tenemos abogados. Con el pensadero y el veritaserum los jueces ya pueden hacerse una idea del delito y la pena. – dijo Dumbledore sonriendo.

- De… de acuerdo. – Murmuró ella.

- Venga Granger, se acerca el cambio de clase. Ahora puede ir a ver a Severus para que le de las pomadas para estos hematomas tan feos. – puso prisa Minerva, intentando librar a la chica de esa situación tan incómoda.

- Muchas gracias por todo. – dijo Granger antes de irse.

- ¿Hace falta que la acompañe a las mazmorras? Tengo clase con los de segundo. Dile a Severus que te he mandado yo ir a verle. – dijo McGonagall.

- Puedo ir sola, pero gracias. – contestó Hermione, deseando que la dejaran sola de una vez.

Se encaminó a las mazmorras. Iba a ver a Snape tras haber despertado esa noche en su cama, tras el beso, tras dormir con su ropa puesta, tras sus caricias… y tenía el corazón a mil. Llegó a las mazmorras cuando los de tercero estaban saliendo de clase. Cuando miró en el interior del aula y vio que no había nadie entró decidida.

- Granger, ¿qué hace aquí? – preguntó Snape, sin sonreír.

- La profesora McGonagall me ha ordenado venir. – contestó ella, simple y llanamente.

- ¿Para qué? – preguntó él, sin apartar la vista de los trabajos que estaba corrigiendo.

- Bueno, por si tenía alguna poción o crema para esconder o curar las marcas que tengo en el cuerpo… - dijo ella, molestándose un poco porque él la estuviera ignorando.

- Sígame. – dijo él, llevándola hacia una salita en la que tenía sus pociones terminadas. Hermione le siguió obediente. – Déjeme ver.

Hermione se arremangó un poco la camisa para mostrarle sus muñecas. Snape le pasó un dedo por encima y dictaminó.

- Beba esto. Un trago a la hora de comer y un trago a la hora de cenar. Si por entonces no se han ido del todo, vuelva a verme.

- De acuerdo, muchas gracias. Tengo más… debajo de la ropa. ¿Necesita verlo? – preguntó ella lo más sensualmente que pudo. Sin embargo, Snape parecía otra persona, no reaccionaba. Parecía el Snape de años anteriores.

- No hará falta de momento, Granger. Ahora, si me disculpa, en dos minutos van a entrar los alumnos de mi siguiente clase.

- Si claro… - dijo ella, pero no se pudo contener. - ¿He hecho algo mal, profesor?

- ¿A qué se refiere? – preguntó Snape, sabiendo perfectamente a qué se refería.

- Bueno, ayer por la noche… Antes de dormir… Usted y yo nos… - dijo ella, pero entonces Snape le tapó la boca con una mano. Se acercó al oído y le susurró.

- Recuerde que las paredes tienen oídos. Lo de ayer fue un tremendo error que no se volverá a repetir. Usted es mi alumna y estaba mal. Conmocionada, traumatizada… Llámelo como quiera. Yo soy el adulto y me aproveché de usted, la dejé llegar demasiado lejos y esto no se puede repetir.

Cuando le quitó la mano de la boca, Hermione susurró.

- Si no quiere hablar de ello ahora, lo hablaremos esta noche.

Dejando al profesor con la palabra en la boca, salió del armario justo en el momento en el que entraba un alumno en el aula y corrió hasta su siguiente clase.

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