Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor


.Uno: Asalto.


La solitaria figura de una mujer estaba parada en las sombras. Apoyada contra la pared de una ruinosa pensión, sus hombros encorvados como si estuviera enferma. Los duros ojos azules de Naruto Uzumaki oscilaron sobre ella cuando salió del callejón trasero del garito.

Semejante vista no era insólita en las calles de Londres, sobre todo en los bajos fondos, donde el sufrimiento humano era visible en toda su variedad. Aquí, a una distancia corta pero significativa del esplendor de St James, los edificios eran una masa desmoronada de suciedad. El área estaba plagada de mendigos, prostitutas, estafadores, ladrones. Su tipo de gente.

Aquí no se encontraría ninguna mujer decente, especialmente después del crepúsculo. Pero si era una puta, estaba vestida extrañamente para ello. Su capa gris se separaba en el frente para revelar un vestido con cuello alto hecho de paño oscuro. El mechón de pelo perdido de debajo de su capucha era de un color oscuro poco definido. Era posible que esperara a un marido errante, o quizás era una dependienta que se había perdido.

La gente miraba furtivamente a la mujer, pero pasaban por delate de ella sin romper el paso. Si permanece aquí mucho más tiempo, no había duda que sería violada o robada, incluso golpeada y dejada por muerta. Lo caballeroso sería ir hacia ella, preguntar por su bienestar, expresar preocupación por su seguridad.

Pero él no era ningún caballero. Naruto se dio la vuelta y se alejó, cruzando a zancadas por el pavimento roto. Él había crecido en las calles, nacido en los bajos fondos, cuidado desde la primera infancia por un grupo de andrajosas prostitutas, y educado en su juventud por criminales de todo tipo. Estaba familiarizado con los esquemas utilizados para aprovecharse de los imprudentes, de los pocos y eficaces momentos que se tarda en robar a un hombre y aplastarle la garganta. Con frecuencia se usaban mujeres en tales complots como cebo o como vigilantes, o incluso asaltantes. Una suave mano femenina podía hacer mucho daño cuando se envolvía alrededor de una porra de hierro, o cuando agarraba una media cargada con una libra o dos de peso.

Finalmente Naruto se dio cuenta de pasos cerca detrás de él. Algo en ellos le causó una hormigueante advertencia a lo largo de su columna. Dos juegos de pasos pesados, pertenecientes a hombres. Deliberadamente cambió el paso, y ellos se adaptaron para igualarse. Le estaban siguiendo. Quizás habían sido enviados por su rival Sasuke Uchiha para provocar daño. Jurando silenciosamente, Naruto comenzó a la doblar una esquina.

Como esperaba, ellos se pusieron en marcha. Rápidamente se dio la vuelta y agachó la cabeza bajo el golpe de un puño apretado. Confiando en el instinto y en los años de experiencia, cambió su peso a una pierna y repartió golpes a diestro y siniestro con su pie calzado, asestando un golpe al estómago de su atacante. El hombre soltó un jadeo sordo de sorpresa y se tambaleó hacia atrás. Volviéndose de repente, Naruto se abalanzó contra el segundo hombre, pero era demasiado tarde... Sintió el ruido sordo de un objeto metálico sobre su espalda y un impacto ciego sobre su cabeza. Atontado, cayó pesadamente al suelo.

Los dos hombres avanzaron lentamente sobre su cuerpo crispado.

- Hazlo rápido.- dijo uno de ellos, con voz apagada.

Forcejeando, Naruto sintió que su cabeza se echaba hacia atrás. Arremetió con un puño apretado, pero su brazo fue sujetado en la tierra. Una cuchillada le cruzó la cara, un rugido amortiguado en sus oídos, la humedad caliente fluyendo en sus ojos y su boca ... su propia sangre. Farfulló un gemido de protesta, retorciéndose para liberarse del agudo dolor. Pasó demasiado rápidamente. No podía detenerlos. Siempre había temido a la muerte, por alguna razón supo que llegaría así, no en paz, sino con dolor, violencia y oscuridad.

Hinata dejó de leer la información que había juntado hasta ese momento. Mirando detenidamente a través de sus gafas, dio vueltas en la cabeza a las nuevas palabras de argot que había oído esa noche. La lengua de la calle cambiaba rápidamente de año en año, un proceso evolutivo que la fascinaba. Apoyándose contra una pared en busca de intimidad, estudió minuciosamente los apuntes que había tomado y garabateó unas correcciones con su lápiz. Los jugadores se habían referido al juego de cartas como "planas" y se habían advertido unos a otros de tener cuidado con las "trituradoras", lo que quizás tenía la intención de describir a la policía.

Una cosa que ella no había entendido aún era la diferencia entre "timadores" y "carteristas", ambas palabras solían referirse a ladrones de la calle. Bien, tendría que averiguarlo ... era imperativo que usara los términos correctos. En sus dos primeras novelas, "Hime" y "El mendigo", habían elogiado su atención por los detalles. No quería que su tercera, aún sin título, fuera tachada por falta de precisión.

Se preguntó si los hombres que llegaban y se iban del garito de juego serían capaces de contestar sus preguntas. La mayor parte de ellos tenían bastante mala fama, con las caras sin afeitar y una higiene pobre. Quizás sería poco aconsejable preguntarles algo que podrían no acoger bien una interrupción en su juerga nocturna. Por otro lado, tenía que hablar con ellos por su libro. Y Hinata siempre tenía cuidado de no juzgar a la gente por la apariencia exterior.

De pronto fue consciente de una perturbación cerca de la esquina. Trató de ver que pasaba, pero la calle estaba cubierta por la oscuridad. Después de doblar el fajo de papel que había cosido junto para formar un librito, lo deslizó en su bolso y se aventuró hacia adelante con curiosidad. Un torrente de palabras groseras llevaron el color a sus mejillas. Nadie usaba semejante lenguaje en Konoha Corners excepto el Sr. Hiruzen, cuando bebía demasiado ponche especiado en el festival anual de Navidad de la ciudad.

Había tres figuras ocupadas en una lucha. Parecía que dos hombres sostenían a un tercero sobre el suelo y le golpeaban. Oyó los sonidos de puños aporreando sobre la carne.

Frunciendo el ceño tímidamente, Hinata agarró su bolso de mano mientras observaba. Su corazón comenzó a palpitar como el de un conejo. Sería imprudente implicarse. Estaba aquí como observadora, no una participante. Pero la pobre víctima hacía tales gemidos lastimosos ... y de repente su horrorizada mirada captó el destello de un cuchillo.

Iban a asesinarlo. A toda prisa Hinata hurgó en su bolso buscando la pistola que siempre llevaba en sus viajes de investigación. Nunca la había usado con alguien antes, pero había practicado tiro al blanco en una hacienda de campo al sudeste de Konoha Corners. Sacando la pequeña arma, la amartilló y vaciló.

- ¡Ahora mismo!- gritó ella, tratando de volver su voz fuerte y autoritaria. - ¡Insisto en que se detengan inmediatamente!

Uno de los hombres levantó la mirada hacia ella. El otro ignoró su grito, levantando el cuchillo una vez más. Ellos no la consideraban una amenaza en absoluto. Mordiéndose el labio, Hinata levantó la temblorosa pistola y apuntó a izquierda de ellos. No podía matar a nadie, dudaba que su conciencia lo tolerara, pero quizás el ruido fuerte los asustaría.

Estabilizando su mano, apretó el gatillo. Cuando los ecos del disparo de la pistola se apagaron, Hinata abrió los ojos para ver los resultados de sus esfuerzos. Para su asombro, comprendió que había acertado sin quererlo a uno de los hombres ... Dios querido, ¡en la garganta! Él estaba de rodillas, agarrándose la herida chorreante con las manos. Bruscamente se desplomó con un ruido borboteante. El otro hombre se quedó congelado. Ella no podía ver su cara sombreada.

- Márchese ahora.- se oyó decir Hinata con la voz temblando de miedo y consternación.
- ¡O ... o encontraré necesario pegarle un tiro a usted también!

Él pareció desvanecerse en la oscuridad como un fantasma. Hinata se arrastró sobre el suelo hasta los dos cuerpos. Se quedó mirando con la boca abierta de horror, y se la cubrió con sus dedos temblorosos. Definitivamente había matado a un hombre. Rodeando con cautela su cuerpo caído se acercó a la víctima del ataque.

Su cara estaba cubierta de sangre. Goteaba de su pelo rubio y empapaba la parte delantera de su ropa de noche. Una sensación de nauseas la invadió mientras se preguntaba si el rescate había llegado demasiado tarde para él. Hinata deslizó la pistola de vuelta en su bolso.

Tenía frío por todas partes y estaba temblando. En sus veinticinco años protegida, no le había pasado jamás nada como esto. Miró de un cuerpo al otro. Ojalá hubiera una patrulla de a pie cerca, o uno de los renombrados y bien entrenados policías de la ciudad. Se encontró esperando que algo corriera. Alguien descubriría por casualidad la escena muy pronto. Una sensación de culpa se arrastró a través de su conmoción. ¡Dios mío!, ¿cómo podría vivir consigo misma sabiendo lo que había hecho?

Hinata miró detenidamente a la víctima del robo con una mezcla de curiosidad y compasión.

Era difícil ver su cara a través de toda la sangre, pero parecía ser joven. Su ropa estaba bien hecha, la clase de ropa que se debía encontrar en Bond Street. De repente vio moverse su pecho. Ella parpadeó sorprendida.

- ¿S-señor?- preguntó inclinándose sobre él.

Él se impulsó hacia arriba, y soltó un aterrorizado chillido. Una mano grande agarró la tela de su corpiño, apretando demasiado fuerte para permitirla alejarse. Otra mano se elevó hasta su cara. Su palma descansó sobre su mejilla, sus dedos temblorosos untando sangre por la superficie de sus gafas. Después de un frenético intento de escapar, Hinata descendió en un tembloroso bulto al lado de él.

- He frustrado a sus atacantes, señor.- Animosamente trató de alejar sus dedos de su corpiño. Su apretón era como de hierro.- Creo que puedo haberle salvado la vida. Suélteme ... por favor ...

Él tardó mucho en contestar. Poco a poco su mano desapareció de su cara y descendió despacio por su brazo hasta que encontró su muñeca.

- Ayúdeme a levantarme.- dijo bruscamente, sorprendiéndola con su acento. No había esperado que un hombre que llevaba ropa tan fina hablara con un deje plebeyo.

- Sería mejor que pidiese ayuda ...

- Aquí no.- logró jadear.- Cabeza hueca. No ... la robarían y destriparían en un jodido segundo.

Ofendida por su dureza, Hinata estuvo tentada de señalar que un poco de gratitud no estaría mal. Pero él debía estar considerable dolorido.

- Señor,- dijo tímidamente,- su cara ... si me permite sacar el pañuelo de mi bolso ...

- ¿Usted disparó la pistola?

- Me temo que si.- Metiendo con cuidado su mano dentro del bolso, apartó el arma y encontró el pañuelo. Antes de que pudiera sacarlo él apretó más su muñeca.- Déjeme ayudarle.- dijo suavemente.

Sus dedos se aflojaron, y ella llevó hacia delante el pañuelo, un cuadrado limpio y práctico de lino. Con cuidado lo aplicó en su cara y apretó el lino doblado contra la horrible incisión que tenía desde la ceja hasta la mitad de la mejilla contraria, juntándose con otras que tenía en la mejilla, y al parecer tenía en ambas. Esta nueva tal vez le desfiguraría.

Por su bien, esperaba que no perdiera un ojo. Un silbido de dolor escapó de sus labios, salpicándola de sangre. Estremeciéndose, Hinata tocó su mano y la llevó a su cara.

- ¿Qui-quizás podría sostener esto en su lugar? Bien. Ahora, si espera aquí, intentaré encontrar a alguien que nos ayude ...

- No.- Él siguió sosteniendo la tela de su vestido, clavando sus nudillos en la suave curva de sus pechos.- Estoy bien. Lléveme a Bijû's. En la calle James Street.

- Pero no soy lo bastante fuerte, ni conozco la ciudad.

- Está bastante cerca de aquí.

- ¿Qu-que pasa con el hombre que disparé? No podemos sencillamente dejar el cuerpo.

Él soltó un resoplido sardónico.

- Que la desgracia caiga sobre él. Lléveme a la calle James.

Hinata se preguntó lo que haría él si ella se negaba. Parecía ser un hombre de temperamento volátil A pesar de sus heridas, todavía era lo bastante capaz de hacerle daño. La mano en su pecho era grande y muy fuerte.

Despacio Hinata se quitó las gafas y las colocó en su bolso. Deslizó su brazo bajo el abrigo, y alrededor de su cintura, ruborizándose consternada. Nunca había abrazado a un hombre excepto a su propio padre, y a Toneri Otsutsuki, su casi prometido. Ninguno de ellos se parecía a este. Toneri estaba bastante en forma, pero no era comparable en absoluto con este extraño grande y delgado. Ella logró ponerse de pie, se tambaleó cuando el hombre la usó como palanca para levantarse. No había esperado que fuera tan alto. Él afirmó su brazo alrededor de sus pequeños hombros mientras mantenía el pañuelo apretado sobre su cara. Soltó un leve gemido.

- ¿Está usted bien, señor? Es decir ¿es capaz de andar?

Eso produjo una carcajada ahogada. - ¿Quién demonios es usted?

Hinata dio un paso vacilante en dirección a St James, y él se tambaleó a su lado.

- Señorita Hinata Hyuga,- dijo ella, luego añadió cautelosamente- de Konoha Corners.

Él tosió y escupió una bocanada de saliva teñida de sangre. - ¿Por qué me ayudó?

Hinata no pudo evitar notar que su acento había mejorado. Sonaba casi como un caballero, pero el rastro plebeyo aún estaba ahí, suavizando sus consonantes y aplanando las vocales.

- No tenía opción.- contestó ella, resistiendo bajo su peso. Él se agarró las costillas con su brazo libre y se sujetó a ella con el otro.- Cuando vi lo que aquellos hombres estaban haciendo ...

- Tenía otra opción.- dijo con voz áspera.- Podría haber huido ...

- ¿Volverle la espalda a alguien en problemas? La idea es impensable.

- Se hace todo el tiempo.

- No de donde yo soy, se lo aseguro.

Notando que se apartaban hacia el medio de la calle, Hinata le guió de vuelta a la orilla, donde estaban ocultos en la oscuridad. Esta era la noche más extraña de su vida. Ella no había esperado caminar por una barriada de Londres con un extraño apaleado. El despegó el pañuelo de su cara, y Hinata se tranquilizó al ver que la hemorragia había disminuido.

- Será mejor que lo sostenga contra la herida-. dijo ella.- Debemos encontrar un médico.- Se sorprendió de que él no hubiera preguntado por el alcance del daño.- Por lo que pude ver le cruzaron la cara con una larga cuchillada. Pero no parece ser profunda. Si se cura bien, puede que su aspecto no resulte muy afectado.

- No importa.

El comentario agudizó la curiosidad de Hinata.

- Señor, ¿tiene amigos en Bijû's? ¿Es por eso qué vamos a allí?

- Sí.

- ¿Por casualidad tiene la suerte de conocer al sr. Uzumaki, el dueño?

- Yo soy Naruto Uzumaki.

- ¿El sr. Uzumaki? -Su ojos se ensancharon con excitación.- El mismo que fundó el famoso club y procede del hampa y... ¿Realmente nació en un desagüe como dice la leyenda? Es verdad que usted ...

- Baje la voz, maldita sea.

- Hinata no podía creer su buena suerte.

- Esto es una verdadera coincidencia, sr. Uzumaki. Da la casualidad de que estoy en proceso de investigación para una novela sobre el juego. Es por eso que estoy aquí a esta hora de la noche. Konoha Corners no es el tipo de lugar demasiado mundano, y por lo tanto encontré necesario venir a Londres. Mi libro será un trabajo de ficción que incluirá muchas descripciones de personas y lugares significativos para la cultura del juego...

- Jesús.- gruñó.- Cualquier cosa que desee, una maldita fortuna, si mantiene la boca cerrada hasta que lleguemos allí.

- Señor...

Hinata tiró de él para alejarlo de un montón de pequeños escombros, en el que podría haberse caído. Sabiendo que él estaba sufriendo dolor, ella no se ofendió por su grosería. La mano apretada en su hombro temblaba.

- Casi estamos fuera de los bajos fondos, sr. Uzumaki. Usted estará bien.

A Naruto le daba vueltas la cabeza, y luchó por mantener el equilibrio. El golpe en su cabeza parecía haber sacado de golpe los sesos fuera de su sitio. Apretando más la pequeña forma a su lado, él igualó sus pasos arrastrados a los suyos. Se apoyó más pesadamente sobre ella hasta que la tela de su capucha le acarició el oído. Una especie de asombro sordo le agarró. A ciegas siguió a la pequeña extraña y esperó por Dios que ella lo estuviera conduciendo en la dirección correcta. Era lo más cercano a una plegaria que jamás se le había ocurrido.

Ella le preguntaba algo. Él luchó para concentrarse en sus palabras.

- ... deberíamos subir los escalones de delante, o hay otro camino...

- La puerta lateral.- refunfuñó, echando un vistazo desde detrás del pañuelo.- Por allí.

- Qué edificio tan grande.

Hinata miró el club con temor. El enorme edificio estaba encabezado por ocho columnas Corintias y siete frontones, y bordeado por dos alas. Todo estaba rodeado por una balaustrada de mármol. Le habría gustado haber subido los escalones delanteros y haber visto el célebre vestíbulo, lleno de vidrieras de colores, terciopelo azul, y arañas de luces.

Pero desde luego el sr. Uzumaki no querría mostrarse así delante de los miembros del club. Después de que lo llevara al lateral del edificio, bajaron un tramo corto de escaleras que conducía a una pesada puerta de madera.

Naruto agarró el pomo y abrió la puerta de un empujón. Inmediatamente se acercó a ellos Chouji, uno de sus empleados.

- ¿Sr. Uzumaki?- exclamó el joven, su mirada se lanzó del pañuelo empapado de sangre apretado en la cara de Naruto, a los ojos aprensivos de Hinata. - ¡Por Dios!...

- Ve a buscar a Sai. - refunfuñó Naruto. Él pasó rozando a Chouji y atravesó la pequeña antecámara artesonada. La tortuosa escalera conducía a sus apartamentos privados. Contemplando la subida de seis tramos, hizo señas bruscamente para que Hinata le acompañara.

Sorprendida de que él quisiera que ella le ayudara a subir la escalera, Hinata vaciló. Ella echó un vistazo al empleado joven, que ya se alejaba de ellos y desaparecía bajo un amplio vestíbulo alfombrado.

- Venga.- Naruto dijo bruscamente, haciéndole señas otra vez.- ¿Cree que tengo toda la noche para estar aquí de pie?

Ella fue inmediatamente hacia él, y él puso un brazo fuerte alrededor de sus hombros. Juntos comenzaron a subir las escaleras.

- ¿Quién es Sai? - preguntó, deslizando un brazo alrededor de su dura cintura para estabilizarlo.

- El encargado.- Las costillas de Naruto parecían cortarle las tripas como cuchillos sordos.

Su cara ardía como el fuego. Se oyó hablar a si mismo, todos los años de clases particulares abandonados para revelar su marcado acento plebeyo.

- Sai... lo hace todo... me ayuda a llevar el club. Confío en él... con mi vida.- Él tropezó en el descansillo y gimoteó una maldición.

Hinata apretó su brazo en su cintura.

- Espere. Si se cae, no podía detenerlo. Debemos esperar a alguien fuerte para que le ayude el resto del camino.

- Usted es lo bastante fuerte.- Él comenzó el siguiente tramo, su brazo agarrado alrededor de sus hombros.

- Sr. Uzumaki. - Protestó Hinata. Torpemente ascendieron otros dos tramos. Hinata estaba aterrorizada de que él pudiera desmayarse y caer por la escalera. Ella comenzó a animarlo, diciendo cualquier cosa que pudiera pensar para mantenerle en movimiento.- Casi hemos llegado... Venga, usted es lo bastante tozudo para subir unos cuantos más... Manténgase de pie...

Ella respiraba con fuerza por el esfuerzo cuando subieron el último escalón y llegaron a la puerta de sus apartamentos privados. Cruzaron el vestíbulo y llegaron a un salón decorado con metros de terciopelo color ciruela y rico brocado. Su mirada asombrada tomó nota del cuero dorado en relieve sobre las paredes , el regio desfile de puertas ventana, y la espléndida vista de la ciudad afuera. Siguiendo las instrucciones masculladas del sr. Uzumaki, le ayudó hasta el dormitorio. La habitación estaba revestida con damasco verde y elaborados espejos. Esta contenía la cama más grande que jamás había visto en su vida.

Ruborizándose profundamente, Hinata reflejó que nunca había estado en el dormitorio de un hombre antes. Se le fue quitando la vergüenza preocupada mientras el sr. Uzumaki avanzaba lentamente y se metía en la cama, botas y todo. Se tumbó de espaldas con un jadeo y se quedó muy quieto con el brazo sujetado con fuerza sobre sus costillas relajadas.

- ¿Sr. Uzumaki? Sr. Uzumaki ... - Hinata se cernió sobre él preguntándose que hacer. Él se había desmayado. Su cuerpo largo inmóvil, sus manos grandes medio apretadas. Bajando la mano a su garganta, desanudó su corbata manchada. Con cuidado desenrolló la tela y separó el pañuelo de su cara.

La cuchillada iba desde su sien derecha, cruzando el puente de su nariz, y bajaba al borde de su pómulo izquierdo donde se unía a otras tres cicatrices que tenía igual en ambas mejillas. Aunque sus rasgos estaban apagados, eran fuertes y regulares. Sus labios separados para revelar unos dientes llamativamente blancos. Manchas cobrizas de sangre cubrían su piel bronceada, incrustadas en las líneas gruesas de sus cejas y en sus largas pestañas. Divisando un lavabo por la habitación, Hinata se apresuró hacia él y encontró agua fresca en la jarra. Después de verter unas pulgadas de líquido en la palangana, la llevó a la mesita de noche. Humedeció un paño y lo apretó a su cara, borrando la sangre y la suciedad. Mientras limpiaba sus ojos y mejillas, el agua lo reanimó, y él soltó un sonido ronco. Sus espesas pestañas se elevaron. Hinata hizo una pausa en su tarea cuando se encontró a si misma mirando directamente los ojos azules intensos, del color del cielo durante una mañana fresca de primavera. Había una extraña sensación en su pecho. Él levantó su mano, tocando uno de los mechones de pelo oscuro que caía de sus alfileres. Su voz era ronca.

- Su nombre ... otra vez.

- Hinata.- susurró.

En ese mismo momento dos hombres entraron en la habitación, uno de ellos con un extraño peinado, el otro alto y pálido.

- Sr. Uzumaki.- dijo el más palido con serenidad.- He traído al Doctor Lee.

- Whisky.- carraspeó Naruto.- He tenido que sacar la basura.

-¿Estuvo en una pelea? - Sai se inclinó sobre él, su rostro envuelto en sorpresa.- Oh, no. Su cara.- Él miró fijamente con desaprobación a Hinata, que se mantenía aparte retorciéndose las manos.- Espero que esta joven valiera la pena, sr. Uzumaki.

- No luchaba por ella.- dijo Naruto, antes de que Hinata pudiera intervenir.- Fueron los hombres de Uchiha, creo. Dos de ellos armados con una navaja se lanzaron sobre mí en la calle. Este pequeño ratón ... sacó una pistola y pegó un tiro a uno de los bastardos.

- Bien. - Sai miró a Hinata con una expresión mucho más cálida.- Gracias, señorita. Fue muy valiente de su parte.

- No fui valiente en absoluto.- dijo Hinata con seriedad.- No me paré a pensar. Pasó muy rápidamente.

- En cualquier caso, le debemos nuestra gratitud.- Sai vaciló antes de añadir- Soy empleado del sr. Uzumaki para tratar con perturbaciones en el piso, así como... - echó un vistazo al cuerpo manchado de sangre de Naruto y terminó sin convicción. - cualquier otro asunto que requiera mi atención.

Hinata le sonrió. Sai era un hombre agradable, con cabello oscuro y piel palida. Había un aire de paciencia en él que adivinó no sería fácilmente de afectar.

Juntos él y el doctor se inclinaron sobre la cama, quitando los zapatos y la ropa de Naruto.

Hinata se alejó, apartando modestamente la mirada. Ella comenzó a salir de la habitación, pero Naruto dijo algo bruscamente, y Sai la detuvo.

- Creo que sería mejor que no se marchara aún, señorita ...

- Hyuga.- murmuró ella, manteniendo los ojos en el suelo.- Hinata Hyuga.

El nombre pareció despertar su interés. - ¿Alguna relación con H. Hyuga, la novelista?

- Asi es,- dijo ella- uso mis iniciales por el anonimato.

El doctor alzó la vista de la cama con una expresión de placer sorprendido.

-¿Usted es H. Hyuga?

- Sí, señor.

Las noticias parecieron animarlo: - ¡Qué honor! "Hime" es una de mis novelas favoritas.

- Fue mi trabajo de más éxito.- admitió Hinata modestamente.

- Mi esposa y yo hemos pasado más de una tarde analizando teorías sobre el final de la novela. ¿Se tiró Hime del puente para terminar con su miseria, o decidió buscar la expiación para sus pecados...

- Perdóneme.- dijo una voz helada desde la cama.- Me estoy sangrando hasta morir joder. Hime puede echarse a los peces.

Hinata frunció el ceño arrepentida. - Oh, lo siento. Doctor Lee, por favor ocúpese del sr. Uzumaki inmediatamente.- Ella volvió su mirada a Sai.- ¿Dónde quiere que espere?

- En habitación de al lado, con su permiso. Puede llamar por té y refrescos.

-Gracias.- Mientras Hinata iba al salón, se preguntó que ocurría con Hime que siempre inspiraba semejante interés. La popularidad del libro nunca dejaba de asombrarla. Hasta hubo una reciente representación de la historia. La gente tendió a hablar del carácter de Hime como si fuera una persona real, pareciendo disfrutar de debates infinitos acerca de la conclusión de la novela. Después de escribir la historia de una muchacha que se había escapado del campo y había caído en los caminos pecaminosos de la prostitución, Hinata deliberadamente había dejado una posibilidad en cuanto al final. En la última página Hime estaba en equilibrio en el borde del puente de Londres, enfrentada con la decisión de terminar su vida arruinada o comprometerse consigo misma a una existencia desinteresada de hacer el bien a los demás. Los lectores podrían formar sus propias opiniones sobre el destino de Hime. Personalmente, Hinata no creyó importante saber si Hime vivía o moría... el caso era que había aprendido el error de sus costumbres.

Descubriendo que su bolso colgaba olvidado de su brazo, Hinata investigó dentro y encontró sus gafas. Las frotó sobre la manga hasta que brillaron, se las colocó sobre la nariz, y localizó su cuaderno. "Echar a los peces", reflexionó, anotando la expresión desconocida.

Debía pedir a alguien que se lo explicara más tarde.

Despacio se quitó la capa y la puso sobre el respaldo de un sillón. Se sintió como si estuviera atrapada en la guarida de un león temporalmente desocupada. Después caminó hasta las ventanas, apartó las pesadas cortinas color ciruela para revelar una vista de la calle. Todo Londres estaba justo fuera de esos delgados cristales, un mundo de gente ocupada, absorta en sus propias vidas. Se dio la vuelta para mirar los espejos dorados que adornaban las paredes, y los muebles suntuosos tapizados con terciopelo pintado bordado.

Las mesas, con piedras semipreciosas incrustadas, estaban favorecidas con arreglos de flores frescas de invernadero. La habitación era hermosa, pero demasiado extravagante.

Hinata prefería la pequeña casita de campo en la que vivían ella y sus padres. Había una huerta en la parte trasera, y árboles frutales que su padre cuidaba meticulosamente. Tenían un pequeño jardín y un prado, y un viejo caballo gris llamado Eppie. Los muebles descoloridos en su pequeña sala estaban constantemente llenos de invitaciones. Sus padres tenían muchos amigos. Casi todos en Konoha Corners había venido de visita en un momento u otro.

Esto, por el contrario, era un palacio espléndido y solitario. Hinata estaba de pie frente a una viva pintura al óleo representando dioses romanos envueltos en alguna celebración decadente. Fue distraída por un gemido de la habitación de al lado, y una maldición del sr. Uzumaki. debían estar cosiéndole la herida de la cara. Hinata trató de ignorar los sonidos, pero después de unos momentos, la curiosidad la obligó a investigar.

Yendo a la entrada, vio a Sai y al Doctor Lee inclinados sobre la cabeza del sr. Uzumaki. La parte inferior de su cuerpo cubierta por una sábana blanca, estaba inmóvil. Pero sus manos se movían nerviosamente en sus costados, como si tuviera muchas ganas de apartar de si de un empujón al doctor.

- Le hemos dado todo el láudano que podemos, sr. Uzumaki.- comentó el Doctor Lee, dando otra puntada por el corte.

- Maldito chisme ... nunca funciona conmigo. Más whisky.

- Si solamente fuera paciente, sr. Uzumaki, esto estaría hecho en unos minutos.

Otro gemido afligido estalló.

- Maldito sea usted y todos los demás en su apestoso, sangriento, aterrorizante, negocio de los jodidos cadáveres...

- Sr. Uzumaki .- interrumpió Sai a toda prisa. - El Doctor Lee hace todo lo posible reparar el daño hecho a su cara. Él trata de ayudarle. Por favor no le fastidie.

- Esta bastante bien. - dijo el doctor con calma.- Por ahora sé que esperar de él.- Él siguió uniendo los bordes de piel con puntadas pequeñas y cuidadosas.

Todo estuvo tranquilo durante un momento, y luego Naruto soltó un grito sordo.

- Por todos los diablos. No me importa lo qué parece. Déjame en paz ... - Él hizo un movimiento para levantarse de la cama.

Hinata entró en la habitación inmediatamente. Estaba claro que Uzumaki tenía un genio vivo, pero él debía ser engatusado para que aguantara. Sería una vergüenza no dejar que el doctor salvara lo que pudiera de su cara.

- Señor,- dijo ella con bríos - sé que es incómodo, pero debe dejar que el doctor termine. Ahora no puede preocuparse por su aspecto, pero podría más tarde. Además... - Ella hizo una pausa y añadió de forma significativa - un hombre grande y fuerte como usted debería ser capaz de aguantar un pequeño dolor. ¡Le aseguro que no es nada comparado al sufrimiento que una mujer aguanta en el parto!

Despacio Naruto se echó hacia atrás en el colchón.

- ¿Cómo lo sabe?- se mofó.

- Una vez estuve presente en un parto en Konoha Cornes. Duró durante horas, y mi amiga soportó la agonía con apenas un sonido.

Sai la miró de una manera suplicante.

- Señorita Hyuga, estaría más cómoda en la habitación de al lado...

- Distraigo al sr. Uzumaki con algo de conversación. Esto podría apartar su mente del dolor.

¿No preferiría eso, sr. Uzumaki? ¿O debería marcharme?

- ¿Tengo opción? Quédese. Agite sus encias.

- ¿Le hablo sobre Konoha Corners?

- No.- Naruto juntó los dientes con fuerza y sofocó un gruñido.- Sobre usted.

- Muy bien.- Hinata se acercó a la cama, teniendo cuidado de conservar una distancia discreta.- Tengo veinticinco años. Vivo en el campo con mis padres... - Ella hizo una pausa cuando oyó el gemido jadeante del sr. Uzumaki. La puntada le hacía daño.

- Continúe.- dijo él bruscamente. Hinata buscó desesperadamente más que contarle.

- Es-estoy siendo cortejada por un joven que vive en el pueblo. Compartimos el mismo cariño por los libros, aunque sus gustos sean más refinados que los míos. Él no aprueba la ficción que escribo.

Ella se acercó más lentamente y miró fijamente a Naruto con curiosidad. Aunque fuera incapaz de ver su cara, tenía una buena vista de su pecho, que estaba cubierto por algo de pelo. La vista era alarmante. Los únicos pechos masculinos que había tenido el privilegio de ver antes del momento actual eran aquellos de las estatuas griegas sin pelo. Encima de su delagada cintura y de su diafragma, su pecho y hombros eran poderosamente musculosos, y estaban manchados con contusiones.

- Sr. Otsutsuki, ese es su nombre, ha estado haciéndome la corte durante casi cuatro años. Creo que su proposición llegará pronto.

- ¿Cuatro años?

Hinata se sintió ligeramente a la defensiva ante su tono de burla. - Hubo algunas dificultades. Su madre es viuda, y ella confía mucho en él . Viven juntos, comprende. La sra. Otsutsuki no me aprueba

- ¿Por qué no?

- Bien... ella no considera a ninguna mujer lo bastante buena para su hijo. Y tiene aversión a la materia que he escogido para mis novelas. Prostitución, pobreza...- Hinata se encogió de hombros.- Pero son cuestiones que tienen que ser tratadas.

- ¿Especialmente cuando usted hace dinero de ellas?

- Lo suficiente para mantener a mis padres y mí misma de un manera cómoda.- admitió con una sonrisa.- Es usted un cínico, sr. Uzumaki.

Su aliento silbó entre sus dientes cuando la aguja le perforó la piel.

- Usted también lo sería si supiera algo sobre el mundo fuera de su apestoso pueblo.- El suplicio hacía que su acento escapara otra vez.

- Konoha Corners es un lugar muy agradable.- dijo Hinata, ligeramente irritada.- Y sé muchas cosas sobre el mundo.

Naruto contuvo el aliento durante un momento, luego lo dejó salir de golpe. - ¡Caray!, ¿Cuanto tiempo más ...

- Un poco más.- murmuró el doctor.

Naruto luchó por mantener la mente en la conversación con Hinata. - Escribir libros sobre putas... apostaría a que nunca... ha echado un polvo con un hombre en su vida blanca como una azucena.

El Doctor Lee y Sai comenzáron a reprobarlo, pero Hinata sonrió socarronamente.

- ¿Echar un polvo?... Nunca lo he oído de esa manera antes.

- Usted no ha estado lo suficiente en los bajos fondos.

- Eso es verdad.- dijo ella seriamente.- Debo hacer varias visitas más allí antes de que mi investigación este completa.

- Usted no volverá.- la informó.- Dios sabe cómo duró tanto. Maldita pequeña tonta, que vaga por los bajos fondos de noche ...

- Este es el último punto.- anunció el Doctor Lee, con cuidado atando del hilo. Naruto suspiró aliviado y se calló.

Sai dejó la cabecera y fue hasta Hinata, sonriendo a modo de excusa.

- Perdone al sr. Uzumaki. El sólo es grosero con la gente que le gusta.

- ¿Estará bien?.- susurró.

- Seguramente. Él es un hombre muy fuerte. Ha sobrevivido cosas peores que esto.- Sai la miró atentamente, su expresión ablandándose con preocupación.- Está temblando, señorita Hyuga.

Hinata asintió y respiró hondo.

- Supongo no estoy acostumbrada a tanto entusiasmo.- Ella no había comprendido lo desconcertada que estaba hasta ahora.- Todo pasó tan rápidamente.

- Debe descansar un ratito,- la instó Sai - y calmar sus nervios con algo de brandy.

- Sí... quizás un poquitín, en una taza de té.- Ella entrelazó los dedos.- Me quedo con unos amigos de mis padres, los Goodman. Es tarde... Ellos podrían preocuparse...

- En cuanto esté lista, tendremos un carruaje privado que le transportara a cualquier parte que desee.

- ¡Sai!- La voz disgustada de Naruto los interrumpió.- Detén ese maldito cuchicheo. Dale algo de dinero al ratón de campo y envíala de vuelta a donde vino.

Sai comenzó a contestar, pero Hinata lo paró con un ligero toque en su brazo. Cuadrando sus pequeños hombros, ella se acercó a la cama.

- Sr. Uzumaki,- dijo con calma,- es muy amable de ofrecer una recompensa, pero tengo suficiente dinero para satisfacer mis necesidades. Sin embargo, estaría agradecida si me permitiera recorrer su club, y quizás hacer unas preguntas a sus empleados. Como mencioné antes, escribo una novela, y usted podría ayudarme...

- No.

- Sr. Uzumaki, esto es una petición razonable, considerando el hecho que le salvé la vida esta noche.

- Ni lo sueñe.- Hinata se quedó desconcertada.

- ¡Pero aquellos dos hombres trataban de matarle!

- Si hubieran querido eso ahora estaría muerto.

- ¿Entonces... su objetivo era... deliberadamente marcar su cara?- Ella retrocedió horrorizada.- ¿Pero por qué querría alguien hacer tal cosa?

- El sr. Uzumaki tiene muchos enemigos.- comentó Sai, con su cara preocupada.- En particular un hombre llamado Sasuke Uchiha, quien posee un club rival. Pero no habría esperado que Uchiha hiciera algo así.

- Tal vez no.- refunfuñó Naruto, cerrando los ojos.- Tal vez fuera otro. Sai... sácala de aquí.

- Pero sr. Uzumaki.- protestó Hinata.

-Venga.- Dijo Sai, chistándola con cuidado. Él la alejó de la cabecera. De mala gana Hinata lo siguió a la habitación de al lado.

Quedándose solo, Naruto soltó una suave carcajada ensartada de amargura. - Maldita seas, Fûka. - susurró, y levantó una mano para tocar las puntadas sobre su cara.

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Continuará...