Moonlight
La suave melodía colmaba la habitación, esa era una de esas noches en las que su yo masoquista se imponía y terminaba reproduciendo aquella grabación. Cerró los ojos e imagino que las notas de Moonlight Sonata estaban siendo tocadas en vivo para ella. A través de sus recuerdos podía imaginárselo perfectamente tocando para ella esa noche, en su habitación. No había nadie que pudiera quitarle aquello. Nada podría hacerle olvidar el día exacto en el que grabo esa melodía.
—¿Qué es eso? —preguntó él.
Rin había sacado un aparato rectangular de su bolso.
—Es una grabadora de sonido—respondió con orgullo—. Te grabaré mientras practicas y así podré escucharte cuando esté en casa.
Sesshomaru sonrió divertido ante la nueva ocurrencia de Rin. Esa tarde tenía el salón de música para él sólo ya que tenía que practicar para un evento que harían en navidad.
—¿Quieres escuchar villancicos?
—Por supuesto que no— le dijo algo molesta por su pregunta —. Vas a tocar mi canción favorita.
— Pero esa no es la canción que tengo que ensayar — en sus manos agitó un poco las partituras que estaba sosteniendo.
—Serás... —Rin, dejo sus palabras en el aire al ver su sonrisa. Él se había estado burlando de ella—. Bien, cuando tengas tiempo graba la canción para mi—. Dejo la grabadora sobre el atril del piano con un gesto bastante dramático.
Él, se levantó de la banqueta y la atrapó en tres sus brazos.
Ella, puso su cara aún más seria.
—Sabes que mi tiempo es tuyo — le dijo antes de atrapar su boca con la suya y devorarla en un exigente beso. Ella, le correspondió con fervor hasta que los dos quedaron jadeantes.
Cada vez le era más difícil controlarse, necesitaba más de ella, mucho más que solo verla en los pasillos del instituto. Se obligó a soltarla y a volver a sentarse en la banqueta. Cogió la grabadora del atril y se la paso a ella. Tras una mirada de complicidad Rin puso la grabadora en marcha y en seguida él comenzó a tocar en el piano aquella melodía.
Moonlight Sonata.
Los meses de diciembre y enero pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Rin, pasaba todos sus ratos libres con Helen, Kamui y Subaru. Algunas veces otros chicos se unían a ellos, para su agrado eso casi no sucedía. Para ella era mucho más cómodo estar solo con sus dos amigos y su novio.
Rin bajo a la sala donde estaban sus padres, su hermano menor y sus tíos. A la mañana siguiente sus padres viajaría por tres meses al extranjero, ella y su hermano, Alexander, quedarían bajo la supervisión de la tía Beatrice, cariñosamente apodada Betty.
Sus padres despidieron a sus hijos con un asentimiento de cabeza. Rin, más que tristeza por su partida, sintió felicidad. Tendría tres meses sin él escrutinio de su madre y el control de su padre cerca.
Después de su última clase salio junto con Subaru del instituto. Él iría ese día a visitar a alguien, por más que ella le preguntó a quien iba a visitar subaru no le dio respuesta. Todavía intrigada le preguntó a su novio por él, Kamui se encogió de hombros diciéndole que no sabía a dónde iba su hermano.
Rin, decidió dejarlo pasar. En ese momento caminaban juntos hacia la estación del metro. Aprovechando la ausencia de sus padres, Rin le dijo a la tía Betty que iría a casa de Hellen. La tía solo le dijo que le avisara cuando viniera en camino de regreso.
Engañar a la tía Betty no le era motivo de orgullo, pero era la única forma de poder ver a Kamui fuera de clases. La tía Betty era confiada y crédula, solo tenía que decirle que iría a casa de Hellen y esta le daba permiso sin objetar. Kamui estaba en ese momento preparando un chocolate, en los. Últimos tres días en los que ella lo había visitado el le había preparado chocolate. Sólo que esta vez había una variación, el chocolate era para dos. Él le pasó la taza como siempre lo hacía, en lugar de sentarse a su lado la llevo consigo al sofá de la sala. Rin, fue plenamente consciente de que estaban solos y aunque él se acomodo manteniendo la distancia no fue suficiente para detener la avalancha de sensaciones que atravesaban su cuerpo.
El término su chocolate y dejó la taza sobre la mesa de café que estaba frente a ellos, con un suspiro se abrazo a ella, la taza en sus manos tembló un poco. Ese día estaba mucho más sensible y perceptiva ante cualquier movimiento de Kamui. Él estaba colgado perezosamente a su cintura sin ninguna otra intención que tener su aroma, su boca paso cuidadosamente por su nunca antes de llevar su nariz a su cabello, ella tembló derramando una parte de chocolate sobre su sweater y su falda gris escocés.
—¡Ah! —grito al sentir el líquido caliente en su estómago y piernas.
—Lo siento — se disculpo consciente de que ese error había sido por su culpa. Le quitó la taza de las manos y fue por un paño a la cocina. Cuando volvió vio que ella se había quitado el sweater y se secaba las piernas con el.
Sesshomaru tuvo que contar hasta cien antes de acercarse a ella de nuevo, lo cierto es que él era un adolescente virgen con hormonas a flor de piel y nada se le antojaba más que perder su inocencia con la muchacha que estaba sentada en su sofá con la camisa mojada, secándose las piernas con su sweater. Obligándose a calmarme fue hasta ella con la toalla. Ella lo miró un tanto avergonzada.
—Hice un desastre — dijo apenada. La alfombra tenía una mancha marrón.
—Tendrás que comprar una alfombra nueva —respondió serio—. Esta valía una fortuna.
—Por supuesto —se apresuró a responder ella. Porque fue tan descuidada.
—Dicen que perteneció a un Zar ruso.
Un zar ruso, entonces de verdad debía valer una fortuna y... Entrecerro los ojos y lo miro con el ceño fruncido. El soltó una carcajada.
— Por un momento te crei —le dijo ella intentando parecer molesta.
El se encogió de hombros y soltó una disculpa que no demostraba arrepentimiento.
— La realeza rusa desapareció hace más de cien años y está alfombra no tiene ni cinco.
—Tampoco critiques mi alfombra, hieres mi corazón— ella alzó una ceja incrédula —. Ok, no lo hieres pero por favor deja de mirarme de esa manera. Haces que me den ganas de besarte.
Si lo que él pretendía con ese comentario era hacerla quedar sin palabras. Lo había logrado, sin embargo ella no quería perder así que hizo lo impensable. Estiro sus brazos hacia su cabeza y estampó sus labios en su boca. Él soltó un gruñido y la rodeo por la cintura. Su beso fue diferente de los demás, esta vez ambos se atraían con hambre, conscientes el uno del otro y de cada parte de su cuerpo. El movió sus labios intandola a abrir los suyos, cuando los abrió introdujo su lengua en su boca, cada toque de aquel musculo lanzaba descargas eléctricas por su cuerpo. Ella deseosa de más se subió a horcajadas sobre él en respuesta la cogió por las caderas y empujó las suyas hacia arriba. El contacto hizo que ella sintiera su erección. Rin, estaba acalorada y sentía que la ropa le estorbaba. Él no distaba mucho de ella. Sus manos se metieron por debajo de la camisa se la joven haciendo que ella se arqueara sobre echando la cabeza hacia atrás el dejándole su cuello a su alcance, sin pensarlo dirigió sus labios al punto en que su cuello se unía a su garganta. Ella no pudo evitar unirse en sus caderas buscando su contacto y volviendo a sentir aquel bulto. No supo en qué momento el había soltado los botones de su camisa. Las manos de Kamui estaban ahora sobre sus nalgas y su boca metida en el medio de sus pechos.
Ambos parecían drogados el uno con el otro, su mente nublada por el deseo y su cuerpo hundido en el placer de tocarse. El le daba hambrientos besos y lametones en el nacimiento de sus senos, poco a poco fue bajando el sostén que le incomodaba, ella lo abraza más fuerte a medida que se acerca a a sus pezones. Cuando por fin tomó aquella punta rosada entre sus dientes ella gimió su nombre en vos alta.
A Sesshomaru nunca le había molestado tanto la mención de ese nombre como ese día. Tenía que parar, no podía quitarle su virginidad sin decirle la verdad sobre su origen. Ella percibió el cambio en su actitud y detuvo aquel baile del pegado.
El se obligó a dejarla ir. Su rostro era un vivo poema, sus mejillas estaban sonrojadas por el calor, sus ojos brillaban como prueba de su excitacion , su labios ligeramente entre abiertos todo en ella demostraba lo exitada que estaba. Tras acomodarse su uniforme volvieron a sentarse juntos frente a la TV.
No pasó nada más.
Rápidamente pasó un mes entre clases, escapadas y visitas clandestinas de él a su casa. Si visitas a su casa, la grandiosa casa de Rin tenía más terreno del que podían vigilar y su entusiasta novio había encontrado un camino por donde podía pasar sin ser visto, ella por su parte encontró un árbol donde podían acomodarse y no terminar con los músculos abarrotados. El siempre pasaba por allí cuando salía temprano de su trabajo. Las visitas de ella a su casa se hacían cada vez más seguidas.
Rin, como todos los días recogió sus cosas e iba a salir del salón de clases con Subaru cuando Hellen la aparto.
—Necesito hablar contigo —le dijo la muchacha.
—¿Tiene que ser ahora?
Ella asintió.
—Subaru, ¿pueden esperarme un momento?
—Seguro, pero no te tardes.
—Ujum.
Helen se la llevo a un pasillo donde ya casi no quedaba nadie.
—¿Qué pasa?
—Están hablando de ti— Rin, la miro sin entender. Era algo común que las personas hablaran de ella—. Rhiannette, todos saben que eres la novia de Sumeragi.
—En algún momento tenían que enterarse, no es algo que pretenda ocultar.
—Dicen que te has acostado con él.
Rin, entorno los ojos.
—No lo he hecho —declaró —. Además no es problema de nadie.
—Será un problema para ti si llega a oídos de los profesores.
—Hay casi mil estudiantes en este instituto, ¿por que les va a preocupar a los profesores con quien me acueste?
—Porque te estas acostando con el único chico cuya familia no tiene como pagar la matricula.
—No puedo creer que tu me estés diciendo ésto—resoplo —. Sabes que eso no me importa.
—A tus padres si les importara, ¿Crees que te dejarán estar con el cuando vuelvan?
—Mi papá lo entenderá. Solo tiene que conocerlo y sabrá que será un buen compañero para mí.
—Todo lo que tu papá pensara es que tiene enfrente a un don nadie que se está metiendo entre las piernas de su hija.
—No voy a dejarlo Helen.
Helen se quedó muda por un rato mirando al vacío. Rin, reacciono mirando en la misma dirección que ella. Su novio estaba parado mirando a las dos chicas. Rin sintió un vuelco en el estómago y un nudo se instaló en su garganta. ¿Cuanto de aquella conversación había escuchado él?
Sin decir nada Kamui se giro sobre sus talones y emprendió su caminata alejándose de ella. Rin corrió tras él. Alcanzaron a Subaru y recorrieron el camino de rutina.
Una vez en el departamento Kamui se fue a su habitación dejándola sola con su cuñado.
—¿Pasó algo entre ustedes? —le preguntó cuando su hermano cerró la puerta.
—Escucho a Helen diciéndome que están hablando de nosotros.
—Ahh eso... —su tono fue resignado.
—¿Lo sabias?
—Si, he escuchado comentarios. Pero no les hagas caso.
—Debo hablar con él.
—Ve— la animó.
Y por primera vez Rin se atrevió a cruzar el umbral hacia su cuarto. La habitación iluminada por la luz que se colaba por la ventana, tenía solo una cama individual con una mesita de noche, el closet a la derecha con la puerta del baño a la izquierda un piano vertical ocupaba toda la pared.
Sesshomaru estaba sentado en la cama con la cabeza metida entre sus codos.
—Debemos hablar—le dijo ella.
—Ven—le dijo extendiendo su mano hacia ella.
Rin tomó su mano y el la abrazo pegando su cabeza a su cintura. Él tembló ante su contacto.
—Tienes que saber que no creo nada de los que ellos dicen, se que me quieres— Sesshomaru no podía culparlos por pensar eso, él mismo lo habría pensado si fuera ellos.
—¿No te importa saber que no podré darte la vida para la que naciste? — su pregunta estaba basada más en su emoción por sentir que ella lo amaba solo por ser él.
—No, no importa— le agarro la cara para que la mirara directamente a los ojos —. Además estoy segura de que vas a entrar a Oxford y que serás el mejor ingeniero de todo Reino Unido y tendremos una bonita casa frente al mar.
El sonrió con regocijo.
—Te amo, y te prometo que si te quedas a mi lado haré todo lo que este en mis manos para hacerte la mujer más feliz del planeta.
—Yo soy feliz solo con el hecho de poder estar a tu lado. Te amo tanto.
Y se besaron con un calor intenso y una necesidad palpable. Rin, se subió sobre el haciendo que cayeran sobre la cama, las manos de Sesshomaru recorrían sus piernas deteniéndose en aquella parte que no cubrían sus medidas. El beso se tornaba cada vez más hambriento. Ella que también quería sentir su piel, metió las manos por debajo de su camisa, su piel se sentía tersa y dura contra su mano. El empujó su cadera hacia arriba. Ella nublada por el deseo se deshizo de su sweater, el comenzó a desabotonar su camisa. Ahora tenía una visión perfecta de los redondeados pechos de Rin. Una capa de lujuria cubría sus rostros, Sesshomaru se llevó aquellas cimas a la boca, Rin ahogaba sus gemidos en sus hombros. Los dedos de Sesshomaru encontraron aquel punto donde ella estaba ardiendo, ella abrió sus ojos y su boca dibujo una O simétrica. Sin poder evitarlo movió sus caderas en torno a su mano mientras que el contaba degustando sus senos. La liberación llegó a ella de forma como si algo hubiera explotado e su interior. Ella se dejó caer sobre su pecho. El se dedico a abrazarla y juguetear con sus dedos en su espalda.
—Será mejor que te vistas —su voz estaba ronca.
—¿Y tu?, no se supone que debería hacer algo por ti.
Él, se sintió tentado a responder exactamente lo que quería.
—Otro día harás todo lo que yo te pida.
Y con esa promesa la dejo escapar.
Rin aprendió lo mucho que a él le gusta tocar el piano con ella mirándolo desde la cama. Las veces en las que sus besos se volvían más profundos el terminaba calmandola con sus manos y boca, la última vez ella se aprovecho de su distracción y terminó regresandole el placer que tantas veces el le había dado a ella. Siguiendo sus instrucciones degusto el sabor de su sexo y con un fuerte gemidos había explotado dentro de ella. Kamui también disfrutaba el verla semi desnuda y con las medias puestas. A ella le encantaba quitarle la camisa e ir tocandolo poco a poco en el proceso. También le gustaba ver su cara cuando estaba dentro de su boca, amaba verlo sin camisa y enredar sus manos en su cabello.
Ese día no era la excepción, ella estaba acostada en su cama escuchando como el tocaba Moonlight para ella. Su camisa estaba por fuera se su falda, los primeros botones abiertos, sus zapatos en el suelo junto con su sweater. Kamui tenía la camisa arremangada a los codos también por fuera de su pantalón. Un momento lleno de intimidad después de darse placer mutuamente.
Subaru tocó la puerta con delicadeza, su cara lucia preocupada cuando se asomo. Kamui paro su interpretación para cruzar su mirada con la de su hermano. Ellos parecieron tener una conversación en silencio, algo que ella estaba muy lejos de poder comprender. Ambos se disculparon y salieron de la habitación.
—Sesho... — Sesshomaru le tapo la boca con su mano.
—No me llames así —ordenó mientras lo empujaba a su cuarto.
Cerraron la puerta tras ellos.
—Vi al tío Seishiro.
— ¿Donde? —mierda, solo estaban a tres meses para que su tío perdiera toda las esperanzas del 60% de las acciones de los banco. Tal vez estaba entrando en desesperación.
— Cerca de donde tu trabajas. Sesshomaru.
—Ya te dije que no me llames así— lo regaño.
—Tengo miedo, mamá no responde su teléfono.
—No vuelvas a llamarla, es probable que el la halla encontrado y esté tratando de escondernos.
—¿Y si le hace daño?
—Mamá tiene a Totosai a su lado. El va a protegerla— dijo para tranquilizar a su hermano —. Tenemos que buscar otra forma de comunicarnos con ella.
—Desearía poder tener tu calma.
—Yo también estoy asustado—admitió —. Pero, no podemos arruinar lo que mamá ha conseguido para nosotros.
Inuyasha asintió. —No vayas a trabajar —suplicó.
—Esconderme nos hará sospechosos, no te preocupes voy a cuidarme
Cuando Kamui volvio estaba serio y perdido en sus pensamientos, fue incapaz de poder interpretar bien aquella canción. Se quedaron abrazados el uno con el otro hasta que se hizo la hora de que el se fuera al trabajo.
Si alguien le hubiera dicho que esa sería la última tarde que pasarían juntos, ella no lo habría pensado dos veces para entregarse a él. Le habría dado todo. Si había algo de lo que ahora se arrepentía era de no haber consumado por completo su relación, Kamui se había ido dejándola tan virgen como cuando se conocieron tal y como seguía ahora acostada sobre su fría cama escuchando aquella vieja grabación.
Sin embargo lo peor fue lo que pasó después. Se estremeció con dolor de solo recordarlo.
Cuando Rin llegó a su casa la tía Betty tenía cara de sufrimiento. Su hermano pequeño, Alexander, la miraba con una sonrisa triunfal. Ella no entendió lo que pasaba hasta que sintió un golpe directo en su mejilla.
—No puedo creer que te hayas convertido en una puta—su madre había gritado con desdén. Al tiempo que la jaloneaba por los brazos—. Mi hija convertida en la puta de un oportunista.
—El no es ningún oportunista —replicó con decisión.
—Rhiannette, vamos al despacho— su padre habló esta vez con un gesto duro.
Ella obedeció siguiéndolo a través de la casa.
Su padre se sentó en su escritorio mientras que su madre seguía parada al lado de ella. La tía Betty y su hermano se habían quedado fuera.
—Cuando me llamaron desde el instituto, diciéndome que el mejor amigo de mi hija era el chico que Kingston tiene becado lo vi como un capricho y lo deje pasar— así que ese era el apellido del hombre misterioso—. Más tarde cuando me avisaron de que probablemente estabas involucrada en una relación con el hermano a quien crees amar me di cuenta de mi error.
—No creo amarlo, lo amo de verdad—alzo la cabeza para mirar a su padre —. No me importa lo que diga hoy padre. No lo dejaré.
—Oh si, si lo dejarás. A menos que quieras que convierta la vida del muchacho en un infierno. Por lo pronto serán expulsados mañana mismo del instituto.
—No puede hacer eso —su voz tembló más de que ella quiso.
—Si puedo. De hecho ya lo hice. Oxford no aceptara a dos muchachos de mala conducta. Ninguna orquesta aceptara a tu amante como parte de ella. No importa donde vaya me cernire sobre el y destruiré cada cosa que intente hacer en su vida. Y si intenta acercarse a ti lo aplastare como a una cucaracha. Y si insiste en conseguirte no me quedará otro remedio que borrar su presencia de este mundo.
Rin dejó de respirar ante la dureza de sus palabras—¿esta amenazandome con quitarle la vida?
—Si no me deja otro remedio, lo haré—Rin se llevó las manos a la boca—. Llámalo y deshazte de él, encárgate de que nunca más vuelva a buscarte. Si tienes éxito borraré sus expediente para que puedan ser admitidos en alguna universidad dentro de unos años.
Sesshomaru llegó al hotel donde se habían citado con su madre. Irasue estaba dentro de la habitación junto con Totosai. Inuyasha se lanzó corriendo a abrazar a su madre.
—Estaba tan preocupado por ti —dijo abrazándola más fuerte —. Creí que ese hombre te había hecho algo.
— Estoy bien — su voz fue calmada —. Seishiro aún no me ha encontrado.
—¿Sabe que estamos en Londres? — pregunto Sesshomaru.
—Si— le hizo un gesto a Totosai, este le pasó dos nuevos pasaportes —. Kamui y Subaru deben morir hoy. Nos iremos mañana temprano a Madrid. Pasaremos estos últimos tres meses allá.
Inuyasha miró a su hermano, sabía que en ese momento debía estar debatiendose entre la posibilidad de decirle toda la verdad sobre el a Rin.
—No volverán por nada al apartamento. Nos quedaremos aquí juntos.
—Yo necesito hacer algo —dijo Sesshomaru.
—No puedo dejarte ir. Sesshomaru.
Esa era la primera vez en seis años que su madre lo llamaba por su nombre. Faltaba tan poco.
—Le prometo que sólo será un momento— las facciones de su madre seguían sin inmutarse —. Por favor.
—Dos horas, no estas aquí. Iré yo misma a buscarte.
El asintió sabiendo que ella decía la verdad.
Rin esperaba junto a aquel árbol en el que tantas veces habían reído juntos. La única forma de hacer que él se alejara de ella era convenciéndolo de que eso ella lo que ella quería.
La figura masculino apareció ante ella sigilosamente, el quiso abrazarla, pero Rin interpuso su brazo entre ellos.
—Tengo que hablar contigo —le dijo seria.
—Yo también necesito contarte algo — Sesshomaru hablo con su corazón desbordado. Iba a decirle quien era, que su tío los había encontrado. Iba a pedirle que lo esperara solo por tres meses que faltaban para poder recuperar la seguridad de su familia. Ella no tendría que preocuparse por el dinero o lo que sus amigos pensaran, de hecho cuando su padre supiera quien era lo consideraría un buen partido. Incluso su odiosa madre moriría por tenerlo como Yerno.
—Déjame hablar a mi primero por favor —¿que caso tenía escucharlo si al final todo lo que haría sería romperle el corazón? El asintió lentamente dejándola continuar —. Esta relación no puede continuar.
—¿Qué?
—Planeaba divertirme contigo hasta que mis padres volvieran en un mes. Pero, ellos ya han regresado y los rumores de nuestra relación han llegado a sus oídos, como verás no podemos seguir juntos.
—Dijiste que no te importaba lo que tus padres pensaran.
—Y no hago. Es solo que esto se ha escapado de mis manos. Pensaba que en este tiempo podría aprender cosas contigo, mi madre me ha hecho darme cuenta de que necesito a alguien con más experiencia que tu. Alguien que si tenga el valor de penetrante. Ella dice que has sido correcto para comenzar, pero que si quiero retener a un marido rico a mi lado tengo que buscarme a un verdadero hombre. Como comprenderás le he creído.
—¿Que mierda estas diciendo? —era la primera vez que el juraba frente a ella.
Sesshomaru trataba de controlar su cuerpo para no ahorcarla en ese mismo lugar. En sus pulmones sentía como si mil agujas se clavasen.
Ella alzó su rostro para responder —Lo que escuchaste, ya no me sirves como amante por lo que es mejor que terminemos haciendo las pases.
Lo había engañado, el había puesto en peligro a su familia en este momento por ella. —Bien —respondió con una frialdad que hizo que a ella se le erizara la piel —. Le deseo suerte al que tenga el privilegio de enterrarse entre tus piernas. Al final creo que es lo único bueno que hay en ti.
—Mañana serán expulsados del instituto—advertirles era lo único que podía hacer por ellos
Sesshomaru respondió con una sonrisa cínica. Una que ella jamás había visto.
—A la mierda tu instituto.
Ella lo vio alejarse sin saber que esa sería la última vez que lo vería
Un día después los hermanos no aparecieron en el instituto, una semana más tarde se anunció su desaparición. Nadie la investigó, nadie los buscó, a nadie más que a ella le importó. Tras un mes de negligente búsqueda el vaso fue cerrado, para el mundo era un asunto inexplicable, para ella había solo un culpable.
Su padre.
Durante casi diez año no le había hablado a su padre. Whitehall había hecho de todo para que su hija le perdonase aquel crimen, no fue hasta que un día el de rodillas le pidió perdón. Ese día ella también comprendió de que su padre no había tenido nada que ver en aquella desaparición. Esa noche Kamui había ido para contarle algo, ahora jamás lo sabría. El motivo de su muerte quedaría siempre como un misterio para ella.
El cassette terminó su tonada.
—De nuevo escuchando eso.
—Tía Betty, ¿En que momento entraste?
—Acabo de llegar —la mujer de unos sesenta años de edad tocó su rostro quitando las lágrimas que se habían escapado de sus ojos.
Rin no se había dado cuenta de que estaba llorando.
—Gracias —le dijo con sinceridad.
—Ojalá hubiera más fuerte para defenderte aquel día.
Rin se abrazo a ella. —Lo sé tía.
—Tu padre esta echando humos allá abajo.
—¿Por qué? —preguntó incorporándose sobre la cama.
—Tiene que ver con Alexander —su hermano —, escuche algo sobre un negocio —su tía hizo una pausa antes de continuar —. Creo que deberías ir a calmarlo, tu madre ya se ha desmayado dos veces. Y al parecer va más allá de una simple deuda de juego.
—¿Qué clase de tontería habrá hecho ahora Alex? —pregunto exasperada, su hermano era la oveja negra de la familia.
—Cariño —dijo con cuidado —. Esta vez es algo grave.
—Tía estas asustándome.
—Deberías sentirte asustada cuando el apellido Taisho también ha sido mencionado.
—¿El dueño de los bancos?
—Los dueños, son dos. Las acciones están repartidas entre su familia.
— Ese viejo me da escalofríos —Rin, recordó las pocas veces que había visto al hombre. Era un zorro astuto que pese a su edad se mantenía en forma, el recordar como se he había insinuado hizo que se le revolviese la bilis—. Será mejor que deje de perder el tiempo y averigüe que es lo que está pasando exactamente en esta familia.
