Nocturne
Tal y como su tía había dicho su padre y su hermano se encontraban en una fuerte discusión. Su madre estaba en una esquina presenciando aquel altercado.
—¿Qué pasa padre? —preguntó entrando al salón.
No era común que esas peleas fuesen e las áreas comunes de la casa.
—Pasa que tengo un parásito como hijo— bramo el hombre.
—Robert Whitehall te prohíbo dirigirte así a tu hijo — Juliette la madre de Rin intervino.
—Y yo debí haberte prohibido desde años acercarte a él.
—Papa, cálmate.
—Mira ésto —el viejo le entregó un par de carpetas.
Rin comenzó a leer su contenido. Eran avisos por pagos de hipotecas incumplidos. Tres en total.
—¿Hipotecaste la empresa? — pregunto incredula
—No solo eso. Sigue leyendo — le dijo Robert.
Estados de cuenta y gastos... No solo había hipotecado la empresa, los había desfalcado.
—Alex, ¿Donde esta el dinero? — hacer esa pregunta le causó un miedo terrible.
—Lo invertí, les juro que en quince días lo devolveré solo tengo que mover unas cosas aquí y allá. Papá o tu pueden hablar con el dueño del banco. Es el sr Taisho, estoy seguro de que puede darnos una prorroga.
—Mi hija no irá a hablar con ese cerdo.
Rin agradeció las palabras de su padre pero sino conseguían el dinero en tres días no tendrían otro remedio que ir a pedirle un plazo.
—Ese dinero no haría falta si ella tuviera la decencia de buscarse un marido —recriminó Juliette.
—Lo siento por no complacerla madre. He estado ocupada tratando de que algo como esto no suceda.
—Si, y fracasaste como siempre.
Su madre era así de hiriente todo el tiempo. Rin a veces se cuestionaba sobre si la mujer alguna vez sintió cariño por ella. Todo lo que quería era que se buscará un marido rico y dejara de estorbar en los negocios de su padre. Ella no perdonaba que fuese ella la que terminara estando al frente de la empresa y no su hermano.
Cuando Alexander cumplió sus 18 años comenzó a trabajar con Robert, pronto demostró que lo único que le interesaba era gastar el dinero más no ganarlo. Por ese tiempo ella y su padre se habían reconciliado, su madre lo vio como una traición hacia Alex. No se canso de escupir que ella era una puta manipuladora que sólo quería la herencia para ella sola.
Rin, sonrió con ironía. Gracias a Alex ya no había herencia a la que aspirar.
—Si al igual que usted fracaso al criar a sus hijos.
Tres días después Alex se movía inquieto por las oficinas de Whitehall Inc. Rin, lo llamó a su oficina.
—¿No tienes el dinero?
El nego
—¿En cuanto tiempo lo tendrás?, puedo conseguir un préstamo con unos amigos pero debo dejar una garantía... ¿Qué pasa?
—Rin, el dinero se esfumó.
Ella soltó todo lo que tenía en las manos y lo miró fijamente.
—¿Como que se esfumó?
—Lo tenía invertido con Kev y...
El grito de Rin se escucho en toda el piso.
—Kevin es el ser más estúpido que conozco, no puedo creer que hayas... Por Dios, ¿Qué vamos a hacer?
—Yo hable con mamá, y ella habló con Taisho. Él quiere que vayas a verlo.
El terror pasó por su cuerpo. Si su madre había hablado con ese tipo sólo podía significar una cosa. La había vendido.
—No voy a acostarme con él—dijo más para ella que para Alex.
—No tienes que hacerlo si no quieres. Pero solo ve y... Por favor no tengo que decirlo. Eres hermosa, solo dale una mamada y nos dará lo que queramos.
Rin no podía creer lo que su hermano le estaba diciendo.
Dándole una mirada de asco le respondió — No voy a dejar que ese hombre ni ningún otro me ponga una mano encima. Y mucho menos para tapar tus estupideces.
—No, claro. Se me olvidaba que tu solo te acuestas con el fantasma del piano— así era como el había apodado a esa persona a la que ella imaginaba cuando escuchaba aquella grabación —. Lo siento. Rin no quise...
—Olvídalo. Será mejor que busques el dinero para el próximo pago.
—Rin, no tengo esa cantidad.
—Búscala
— Hermana, solo habla con Taisho. Por favor.
Una semana después y un nuevo aviso con orden de pasar la deuda o atenerse a las consecuencias, en ese caso una subasta. Rin se dejó llevar por su hermano a la torre principal del banco BTTB de la familia Taisho. Al igual que otras veces. El estremecimiento era parte de ella. Alex entró primero que ella. Esa era su condición, no ir sola.
—Bienvenidos — dijo aquel hombre.
Sus ojos parecían los de un demonio, su cabello blanco recogido en una cola. Aparentaba unos cincuenta años, aunque quizás tenía más.
Alex tomó asiento frente al escritorio de roble, Rin hizo lo mismo. Estaba rígida como un palo.
—Su madre, la Sra Juliette es una buena amiga. Me ha informado de la situación. Quiere que alargue el plazo de la hipoteca.
—Podríamos negociar la deuda de nuevo. Claro en algo que sea conveniente para ambos— propuso Rin.
—Por su puesto querida —Rin sintió que vomitaria cuando le dijo querida—. Solo dime como te gustaría pagarnos y lo firmamos.
Alex salto de emoción.
Rin saco una carpeta y la puso sobre su escritorio.
— He hecho unos planes de pago en concordancia con nuestra producción. En tres meses podríamos comezar a paga su deuda.
El hombre examino los datos que ella le había presentado.
—Sabe que esperar tres meses por una cuota atrasada no es beneficioso para nosotros. Sin embargo, puedo hacer una excepción por usted — dijo mirando fijamente el escote de su blusa.
—Estaríamos agradecidos — repuso Alex.
—Me encantaría ver como la srta Rhiannette demuestra su agradecimiento —la lascivia mirada no se quitaba de sus pechos.
Rin se removio incómoda tratando de ocultarse de su mirada.
—Nuestra empresa estará a su servicio, sin hablar de quedará en deuda eternamente con usted.
—Me gusta cobrar mis deudas de inmediato. Costumbres de familia — dijo encogiendose de hombros.
—Seishiro... Digo, Sr Taisho. En este momento no tenemos como pararle la deuda —intervino Alex.
—Se me ocurren unas buenas formas en las que su hermana pueda pagarme.
— Creo que estamos perdiendo el tiempo — dijo seriamente Rin—Me parece que es hora de hablar claro. ¿Qué es lo que quiere exactamente a cambio de extender el plazo?
Seishiro sonrió.
— Querida mía, tengo cincuenta y ocho años. Soy un hombre viudo con dos hijos. Necesito una mujer que me acompañe a eventos sociales, organice mis fiestas, entretenga a mis invitados. Y lo más importante me complazca en la cama.
—Estoy de acuerdo con lo primero. Pero lamento decirle que no me acostare con usted.
— Es una lástima — aparto los documentos de su mano —. En verdad quería cerrar este trato.
Rin se levantó y cogio las carpetas.
— Tiene ocho días, hasta el sábado exactamente. Si no me paga, me veré en la obligación de subastar su empresa. Mi banco necesita recuperar su dinero.
Ella salió sin mirarlo.
—¿Te volviste loca? — Alex no se cansaba de preguntarle.
Solo cuando estuvieron en su auto le respondió.
—No me acostare con ese hombre.
—Rin, vamos a quedar en la calle. Papá me matará.
—Prefiero ser pobre a que mi cuerpo sea manchado con las manos de un hombre tan despreciable.
Alex no insistió.
Debia haber otra forma. Ocho días, ese era el tiempo que tenía para encontrarla.
—El doctor Hunt— sugirió Betty.
—No, no es tan amable para prestarnos esa cantidad.
—¿Rutgers?
Rin negó.
— Ya he repasado todas las posibles personas. Me estoy volviendo loca tía.
—Tranquila cariño, ya encontraremos a alguien.
—¿Viste a mi padre hoy?
—Cuando salí estaba con Juliette. Se que es tu madre pero esta insoportable.
—Lo sé tía. No deja de culparme por rechazar a ese hombre. Lo peor es que yo misma estoy comenzando a considerarlo. Solo nos quedan un día. Si mañana no le pagamos publicarán la subasta para el lunes.
—¿Y la lista con los demás accionistas del banco?
—Son minorías. Ninguno tiene más de %.
—¿Qué hay del otro Taisho?
—Es un fantasma. No hay información sobre él. Sólo sus socios lo conocen y sólo aparece en las reuniones que el escoge — respondió mortificada.
En el fondo ella era tan culpable como su hermano. Su deber como sucesora de su padre era entre otras cosas impedir que algo así sucediera.
—¿Crees que la inversión de Alex tenga frutos? — Betty trato de sonar animada.
—No. Ya di ese dinero por perdido — al igual que su lucha. Dentro de dos días tendría que acostarse con Seishiro Taisho.
El aviso de embargo llegó ese sábado por la mañana, con el un paquete de Seishiro. Ella lo abrió con desconfíanza. Era un babydoll.
"Si quieres que se cancele ven con esto puesto a mi hotel. Te estaré esperando hasta las 8"
Un nudo se formó en su garganta. ¿Iba a hacerlo?
Encerrada en su oficina se puso sus audífonos y se abrazo a la grabadora. Dio play y lloró. Otra persona iba a manchar sus más preciados recuerdos.
El reloj marcaba las 7:20
—Mi cielo, no tienes porque hacer esto.
Rin se miró al espejo, el vestido rosa transparente le llegaba a la cadera, sus pezones se transparentaban. El hilo no era muy diferente. Se puso un vestido del mismo color en cima. Unos tacones altos, recogió su abrigo y su cartera y suspiro.
— Gracias por apoyarme siempre tía.
Cuando llego al hotel eran las 7:45. Una parte de su ser quería retrasar aquello el mayor tiempo posible, su parte racional le indicaba que mientras más rápido era mejor.
Ella se anunció en recepción, tras una llamada la mujer le dijo que podía subir. Aguantando con todas sus fuerzas las ganas de llorar emprendió su camino cuando sintió un golpe en su hombro.
Un hombre había chocado con ella.
—Disculpe—dijo aquel tipo.
Ella lo vio y al ver que era un hombre mayor se sintió apenada por su falta de modales y su descuido.
—Disculpeme usted a mi. No estaba viendo por donde caminaba.
—¿estas bien? — Rin, no se había dado cuenta de que había comenzado a llorar.
—Si, no se preocupe. Sólo estoy un poco nerviosa.
El viejo asintió. —Alcance a escuchar que verías a Seishiro Taisho, ¿Puedo saber por qué? No te pareces al tipo de mujer con las que normalmente se encuentra.
—No está en mis manos negarme.
El pareció analizar su situación.
—Me permites invitarte una copa, solo para que no te sientas tan nerviosa.
Ella miró su reloj —No puedo, se voy tarde —eso le confirmó a él su identidad.
—Eres la chica Withehall — dijo como si hubiera descifrado un puzzle.
Ella lo miró extrañada.
—¿Como...?
—Muchacha se mucho más de lo que crees. Permíteteme darte un consejo. No lo hagas, el te destruirá. Te usará hasta que ya no quede nada de ti.
—No tengo otra opción—sollozo.
—Si, de hecho si la tienes— las pupilas de Rin se dilataron—. Yo no tengo la autoridad para detener la subasta, solo poseo un 3% de los votos... Si querida soy uno de los accionistas...
» Como te decía, Seishiro tiene el 20% pero, su sobrino tiene el 60. Una palabra suya y el viejo zorro tendrá que acatarla.
—Yo intente contactarlo pero no pude.
—Por supuesto, Sesshomaru es un maniático con su privacidad. Sin embargo, yo te diré donde encontrarlo. Si sales ahora puede que llegues antes de la subasta.
Las esperanzas volvieron a ella. Si podía convencer a este otro Taisho de modificar los plazos, sería posible conservar la empresa.
—Ten, dile que vas de parte de Totosai.
Rin cogio aquel papel y lo abrazo como si su viva dependiera de ello. Le dio las gracias y salió a buscar su auto solo había un problema. El hombre vivía en Japón, debía llegar al aeropuerto y rápido.
Un, dos, tres... Un, dos, tres... Balancé Arabesque... Un, dos, tres... Attitude.. Una niña de diez años bailaba a través del enorme salón, mientras que el sonido del piano transmitía las notas de Nocturne. Cada movimiento era ejecutado con gracia y belleza.
La tonada fue interrumpida por unos golpes a la puerta. Una mujer de mediana edad entró.
—Disculpe. Hay una mujer en la entrada que quiere hablar con usted.
— ¿Mi mamá? — un niño de unos cinco años salió debajo del piano de cola.
—No, una mujer que nunca he visto— respondió.
—¿Dio su nombre? — preguntó. Suspicaz. Sesshomaru.
La mujer negó.
—Dijo que el sr Totosai la envió y que no se irá hasta hablar con usted.
Totosai había enviado una mujer a su casa. ¿Por qué?
—Dile que me espere en el estudio.
—No— se quejo la jovencita —. Dijiste que practicaríamos toda la tarde.
—No voy a irme, solo iré a ver que quiere —ella hizo una mala cara —. Kaede, tráela hasta aquí— corrigió, cediendo a lo que ella quería.
La jovencita sonrió triunfante. El niño se acomodo en una pata del piano. Esos dos iban a acabar con su vida.
Sesshomaru se acomodo en el banco de espaldas al piano.
La puerta se abrió y la última persona que esperaba ver apareció ante él.
Rin.
