Si alguien le hubiera dicho esa mañana que tendría a Rin en la noche dispuesta a darle todo lo que él le pidiera definítivamente no lo habría creído.

Sin embargo allí estaba ella, inclinada sobre su piano, con las piernas abiertas y su sexo totalmente expuesto. La piel blanca Lucía exquisita, sus nalgas redondeadas eran como un imán para sus manos.

Ella temblaba como un animal asustado. Su llanto era ahora audible, sus casi silenciosos gemidos eran de miedo. Ella permanecía inmóvil, su rigidez le demostraba que no estaba disfrutando ni una pizca de aquello. Nunca una mujer había actuado de aquella forma ante la perspectiva de que él la penetrara. Estaba acostumbrado a lo contrario, eran ellas quienes comúnmente lo perseguían en busca de placer. A sus treinta y cuatro años se consideraba un amante experimentado, seguro de sí mismo y de lo que tenia.

Se moría de ganas por tocarla, por hacerla suya. Su ereccion confirmaba aquello. Puso sus manos sobre sus nalgas y ella dio un respingo. Eso marcó el fin.

—Olvídalo— se dijo más a él mismo que a ella.

Ella se volvió con sorpresa al sentir como el devolvía el hilo a su sitio.

—No me va coger con lloronas — ella abrió sus ojos ante lo vulgar de sus palabras—. Lárgate de aquí.

Sesshomaru se pasó las manos por las sienes, había estado a punto de violarla. Lo peor es que todavía tenía ganas de hacerlo, si ereccion no había disminuido ni un poco.

—¡No! —chilló ella limpiándose las lágrimas —. Es solo que estoy... Yo... Hazlo por favor, aun quieres hacerlo, puedo verlo. Voy a dejar de llorar pero por favor... —sus palabras salían una tras otra sin ningun sentido más que el de la desesperación.

Tan desesperada estas por tu dinero, pensó él. Recogió el abrigo y se lo lanzó.

—Cúbrete.

Ella apenas pudo atrapar la tela. Y se negó a ponérselo. Se imagino regresando a Londres y encontrarse con la mirada acusadora de su madre y la resignada de su padre. Si se iba regresaría sin nada. Su padre no se merecía aquello.

—Se que me deseas—le dijo. Dejo caer el abrigo al suelo y con ello su vestido. Si Seishiro supiera que el vestido de encaje transparente que le envío lo terminaría observando su sobrino definitivamente se revolcaria—.No me iré sin lo que quiero y si este es el precio estoy dispuesta a pagarlo.

El volvió a ella en dos zancadas.

—Tiene usted un autoestima muy alta. Una ereccion la tendría por cualquier mujer que se ponga a cuatro patas en mi piano— su voz era una mezcla entre seducción y peligro. Rin se mordió los labios cuando le volvió a tocar el cuello—. Da por hecho que vale tanto.

—No le estoy pidiendo que me de el dinero.

—Si, ya se. Solo quiere más tiempo para pagarlo. Puedo conseguir a cualquier mujer que me de placer—sus labios rozaron su mejilla —. Como yo quiera, las veces que quiera—bajo por su cuello, eso fue agradable —. Sin ponerse a lloriquear o temblar como un conejo asustado— a ella le estaba comenzando a costarle respirar —. Usted querida, no tiene nada de especial.

Sesshomaru se aparto de ella recogió el abrigo y se lo puso encima.

Rin se sintió abandonada, aquello para su consternación había comenzado a gustarle.

—Vístete, y no te preocupes. Cancelare la subasta.

Las lágrimas nuevamente calleron por su rostro, entre sollozos logró volver a ponerse el vestido, pasó sus manos por la mangas del abrigo y lo dejó suelto. Sesshomaru estaba sentado en una esquina con un vaso de licor en sus manos. En la otra tenía su celular, estaba llamando a alguien.

—¿Qué sabes de Withehall Inc.?... ¿Cuanto?... Puedes decirme, ¿por qué van a subastar una empresa de ese valor sin mi consentimiento?... Me importa un bledo Seishiro, sabes que tienes que consultarme estas cosas... No voy a perder millones por los caprichos de mi tío.. Hasta que yo llegue no harán ningún movimiento... Esta cancelada...

—Gracias —le dijo ella con una sonrisa amarga.

—¿No trajiste otra cosa que ponerte? —le dijo con desdén.

—No, solo traje lo que tengo.

El resoplo.

—Te conseguiré algo de mi cuñada. Imagino que tampoco reservaste un hotel.

—No—respondió apenada aunque no era una pregunta.

—Puedes quedarte aquí. Mañana viajaremos a Londres. Desgraciadamente para ti la empresa ya no te pertenece, el embargo fue procesado hace una semana. Ahora está en el poder de BTTB. Seishiro sabía eso, conociéndolo, puedo asegurar que planeaba usar eso para tenerte disponible.

— ¿Qué piensas hacer? —pregunto cautelosa.

—Por lo pronto, saldré a buscar a alguien que arregle mi problema— con su problema se refería a su ereccion que aún seguía viento en popa. Rin no supo porque eso la enojo —. Le diré a Kaede que te instale.

Se despidió de ella y abandono la habitación.

Kaede apareció unos minutos después, la mujer la llevó hasta una de las habitaciones de la planta alta, Rin se acomodo en la suave cama y saco su móvil para contarle lo que había pasado a su tía.

—Cariño, estaba tan preocupada. Dime que pasó —le hablo Betty al otro lado de la línea.

—La subasta se ha cancelado —su tía dio un grito de alivio,

—Tuviste que...

—No —negó con la cabeza, como si Betty fuese capaz de verla —. Soy tan virgen como cuando salí de casa.

—Tendrás que contarme todo sobre ese misterioso Taisho.

— No será necesario, mañana lo conocerás.

Después de darse una dicha y cambiarse por un vestido mucho más decente. Rin bajo al comedor, donde Kaede le dijo que estaría la cena. Para su sorpresa Sesshomaru estaba ahí.

—Pensé que irías a arreglar tu problema.

—¿Qué problema tienes tío? — pregunto el niño inocentemente.

Rin se puso como un tomate, no había notado que los dos niños también estaban en la mesa. Le sorprendió ver que era su sobrino, hace un rato ella había pensado que el niño su hijo.

—Ninguno, la señorita se refería a un asunto con mi trabajo. Nada de lo que tengamos que hablar en este momento.

—¿Trabajas con mi tío? —el interés del niño estaba sobre ella.

—Podría decirse que trabajaré para el— respondió sin saber muy bien qué decir.

—¿Por qué te pusiste la ropa de mama?

—Kaito, estas incomodado a nuestra invitada con tantas preguntas.

—No eres muy grande para asustarte — dijo la niña en un tono filoso.

Al parecer no le agradaba para nada.

—Hiromi— la reprendió Sesshomaru.

—No me agrada ella— dijo en japonés.

—A mi si, es bonita —replicó el niño en su mismo idioma.

—Es horrible—replico Hiromi.

—Basta los dos — Sesshomaru utilizo un tono serio.

Rin no entendía nada de lo que ellos estaban diciendo, se replicaron el úno al otro hasta que Sesshomaru finalmente los regaño. Ella admiro la paciencia del hombre al tratar con los dos, el sería un excelente padre algún día.

Rin sacudió su cabeza, que demonios había estado pensando. A ella no le importaba si él sería o no un buen padre. Durante la discusión se había fijado en la forma de fruncir el ceño de Hiromi y Sesshomaru era idéntica, sus ojos brillaban con la misma intensidad y todos sus demás gestos eran idénticos. Tal vez la niña era su hija y por eso estaban discutiendo.

—Disculpe a mis sobrinos — bien no lo era—. Están algo nerviosos por la ausencia de sus padres.

—No se preocupe.

—Tío, ¿Puedo quedarme un rato más con la invitada? —pregunto el niño después de terminar de comer.

—La señorita Whitehall debe estar cansada.

—No hay problema y puedes llamarme Rin.

El niño brinco de felicidad.

—Vamos al salón de música, el tío Sesshomaru tocará para nosotros.

Oh no otra vez allí no. No tuvo tiempo de protestar ya que el pequeño la jalaba de un brazo. Los cuatro entraron de nuevo a aquel salón. Se sentó en el mueble junto a la ventana, el niño se acomodo en sus brazos. Hiromi se sentó al lado de Sesshomaru en el piano.

—¿Quieres algo en especial? — sus palabras le llegaron despertando un torrente de emociones. ¿Cuántas veces Kamui le había preguntado aquello?

Moonlight, quizo responder. La escena era más de lo que su corazón podía soportar. Lo que muchas veces ellos habían soñado, tener un gran salón con un piano de cola, un mueble junto a la ventana y sus dos niños con ellos descansando después de cenar mientras el tocaba aquella canción.

—Nada en particular—respondió con voz entrecortada.

El hizo un gesto de asentimiento y comenzó a tocar la partitura que tenía sobre el atril. Era una canción que nunca había escuchado. Las notas le transmitían una calma inexplicable, pronto se dio cuenta de que Kaito se estaba quedando dormido. Hiromi bostezo en su asiento. Cuando la canción terminó el niño en su regazo estaba dormido.

Sesshomaru se levantó y Hiromi lo siguió. El se paro frente a ella y se inclino para acariciar el rostro del niño, su mirada fue como un golpe a su corazón, aquello era amor. El cargo al niño con cuidado de no tocarla. Cuando se levantó su cabello se fue hacia adelante haciéndole cosquillas, ella tuvo que contenerse las ganas de acariciarlo.

¿Qué le estaba pasando?

El, con el niño en sus brazos le dijo que lo siguiera. Ella emprendió su marcha, su corazón acelerado. Pararon frente a la habitación de los niños, el acostó al pequeño en su cama. Kaede apareció tras ellos.

—Yo acuesto a la niña.

El negó con la cabeza.

—Ve a cambiarte—le dijo a la niña.

Ella volvió un rato después vestida con una pijama de corazones. El fue con ella y se dedico a acariciar su cabello. Unos minutos después Hiromi también se había dormido.

Rin observo aquella escena como si fuera parte de alguna novela. Alguien que tratase de esa forma a dos niños no sería capaz de lastimarla. O al menos ella no podía creer aquello.

—Sigue aquí —le dijo con fingida sorpresa, la verdad es que había sido consciente de su presencia.

Ella se encogió de hombros.

—Sentí curiosidad por ver su otra faceta.

—No se confunda, en este momento soy la persona más peligrosa para usted— ese comentario fue con la finalidad de asustarla.

—¿Puedo llamarlo Sesshomaru? —maldición, su nombre se escuchaba tan bien en su boca. Se vio asintiendo como un tonto— Sesshomaru, después de esto. Ya no me intimida.

—¿Estas segura?, Rin— su cuerpo estaba frente a ella cubriéndola. Detrás la pared le impidió retroceder.

Alzó el mentón y dijo : — Completamente.

—No tienes idea de quien soy— su tono era amenazante, estaba tan cerca que ella podía percibir su olor—. Aún puedo hacer que te desnudez si me da la gana... No deberías parecer tan confiada ante el hombre que tiene tu patrimonio en sus manos.

—Pensé que las lloronas no te gustaban — dijo ella antes de arrepentirse. Fue una mala idea soltar aquello.

El resoplo y se alejo. Claro, como su actuación de mujer virginal no funcionó ahora venia a seducirlo con otro papel.

—¿A cuantos hombres has vuelto locos?, tu excesiva confianza me indica que a muchos.

—No lo sé — era cierto. A lo largo se su vida muchos habían querido conquistarla sin lograrlo—. ¿Y a ti? ¿Alguna mujer te volvió loco? — de nuevo se arrepentio. Estaba soltando cosas sin pensarlo.

—Solo una— dijo cuidadosamente.

—¿Puedo saber que pasó con ella?... No llevas anillo y no la veo aquí —agregó cuando el la miro interrogante.

Se convirtió en una perra, quiso decir. Se limito a encogerse de hombros —Murió—. Para el ella había estado muerta desde aquella noche.

—Lo siento.

El negó con la cabeza — Deberías ir a tu habitación.

—Si... Gracias por tu interpretación de esta noche... Fue una canción hermosa.

El no respondió.

—No la había escuchado antes.

—Era una composición propia—respondió.

—¿Como se llama? —algo en ella no quería terminar aquella conversación.

—La primera era "Do you" y la segunda "Love me"

"Do you love me?" Esa cantidad de sentimientos contenidos en aquellas notas no podían significar más que fueron creadas para alguien muy amado. Esa mujer. De repente una molestia se instalo en ella.

—El vuelo de mañana es a las 2:00pm trata de dormir lo más pronto que puedas —el claramente intento cambiar el tema, aquella conversación se había vuelto demasiado personal—, la diferencia de horarios puede afectarte. Te necesito lista en Londres para que me expliques como piensas pagarme.

Aunque su comentario fue hecho sin malicia ella no pudo evitar recordar lo que estuvieron a punto de hacer frente al piano. Se sonrojo al caer en cuenta que el había tenido una excelente visión de su sexo.

—¿No vas a cobrarme con... sexo?

El lanzó una sonrisa amarga.

— Resulta que me interesa más mi dinero que lo que el agujero hay entre tus piernas —su mirada era la de un felino a punto de capturar a su presa—. Eventualmente te tomaré. Pero no te confundas. Sólo será por curiosidad y también por fastidiar a mi tío— sonrió al decir lo último —. Ya puedo imaginar su reacción cuando lo sepa. Podría convertirte en mi amante solo por aquello.

Si lo que el quería era derrumbar su orgullo lo había hecho, en ese momento se sentía solo como un pedazo de carne por la cual alardear. Eso nunca le había importado antes, pero ahora no sabía porque lo hacía y era condenadamente doloroso.

—Bien, usted puede alardear lo que quiera y tomar mi cuerpo si le place — volvió a tratarlo con formalidad —, siempre y cuando acepte prorrogar la deuda y me devuelva mi empresa cuando todo este saldado.

—Evoque sus palabras querida, porque... Me apetece comenzar a cobrarle ahora.

Y la beso.