CAPITULO VII
Allegretto II
Pisar suelo Londoniense nunca había tan aterrador como en ese momento. Estaba a punto de entrar a una nueva vida de la que quizás nunca sería capaz de salir. Durante las últimas horas de vuelo había tenido tiempo de pensar en sus posibilidades. No había sido una tarea fácil puesto que era plenamente consciente de la presencia de Sesshomaru frente a ella, sin embargo este no le había vuelto a hablar, él había estado concentrado en su laptop.
Sentada en aquella butaca frente a ese hombre, trató de buscar alguna alternativa para no tener que pagar con su cuerpo. Todos los hombres con los que ella había tratado anteriormente habían tenido un precio, algo que deseaban. Ella se había considerado superior al conseguir que era lo que quería cada uno para usarlo a su conveniencia. Sesshomaru Taisho no podría ser la excepción, tenía que haber algo que le interesará mucho más que ella. La cuestión era averiguarlo y utilizarlo a su favor. Si bien ella estaba segura de que era una mujer atractiva, sabía que acostarse con ella no valía la fortuna de dinero que quedaría en riesgo si ella no cumplía con las cuotas de pago. Pero en cambio si conseguía su precio, la empresa podría volver a ser de ellos.
Las gotas de lluvia cayeron sobre su frente obligandola a apresurar el paso. El contacto con el agua se detuvo y fue consciente de que el hombre que la acompañaba había extendido un paraguas sobre ellos. Ella dejó que él se acercara y la guiara por las instalaciones.
—Yo deje mi auto en el Estacionamiento, si gusta puedo llevarlo — se ofreció ella, su mejor arma por los momentos, era la amabilidad.
—Me hospedare en el Marylebone — respondió dando a entender que aceptaba su propuesta.
Sin decir nada más Rin condujo hacia el hotel que Sesshomaru le había indicado. Durante el camino también dio gracias a Dios de que no fuera el mismo al que la había citado su tío.
— ¿Quiere que lo busque mañana para ir a la oficina? — pregunto ella antes de cruzar hacia el hotel.
—No será necesario. Baja tu también —ordenó el hombre cuando ella estacionó en la entrada del Marylebone.
Rin obedeció con recelo. ¿Qué quería ahora? En Japón eran las tres de la madrugada, él debía estar muerto de sueño. ¿De dónde sacaba tanta energía?
Sesshomaru parecía acostumbrado a aquello, la naturalidad con la que se movía era la de alguien que no sólo había visitado muchos hoteles de lujo, sino que estaba acostumbrado a ser servido. O por lo menos eso fue lo que él demostró mientras confirmaba su habitación, una suite, y trasladaban su equipaje.
—Hasta mañana señor Taisho— Rin se despidió cuando la recepcionista le entregó las llaves de la suite.
—Señorita Whitehall, creo que no nos hemos entendido bien— Ella lo miró confundida—. Usted se irá de aquí solo cuando yo se lo ordene. Así que sigame y quite esa cara.
—Discúlpeme, usted en este momento necesita descansar, puede que en Londres aún sea de tarde, pero en Japón es de madrugada—objetó intentando parecer despreocupada.
—Le agradezco su consideración. Yo, no vine a Londres a descansar. A menos que usted se ofrezca a compartir mi cama— insinuó acercadose a ella.
—No voy a ofrecerme a eso—respondió molesta.
—Entonces muévase. El Botones nos espera.
Rin gimió por dentro antes de subir al ascensor, por lo que veía él no planeaba dejarla en paz tan pronto.
La suite decorada con el estilo art deco era impresionante, no debió sorprenderse de que el hombre se fuese a alojar en esa habitación. Ella dio gracias a Dios de que el area del dormitorio estuviera separada del recibidor. Sin prestar atención a lo que hacía Sesshomaru fue hasta los muebles grises con cojines azules y se sentó en ellos. Frente a ella había un ventanal que daba a una especie de terraza techada de vidrio con un aire de invernadero.
—Voy a darme un baño— dijo Sesshomaru en cuanto estuvieron solos —En media hora llegarán mis representantes de Londres.
Así que esa era la razón por la cual había hecho que subiera. El alivio que espero sentir al conocer aquello nunca llegó, una parte de ella se empañaba en seguir recordando ese beso en el pasillo. Inconscientemente se llevó los dedos a los labios. El calor recorrió su cuerpo. Inmediatamente sacudió la cabeza y se levantó de asiento.
¿Cómo era posible que Sesshomaru la atrajese tanto? No quería eso, no quería desear que el la besara de nuevo. No deseaba tener el impulso de tocarlo. Mucho menos quería perderse en sus ojos. Motivada por su nerviosismo, salió a la terraza y observo la lluvia caer sobre el techo de cristal. Era algo casi hipnótico y al mismo tiempo melancólico.
Estaba traicionándose así misma. Lo que tenía que hacer era conseguir las debilidades de aquel hombre, no desear acostarse con él. Eso último iba a evitarlo a toda costa.
—¿En que piensa? — la voz del barítono la sorprendió haciendo que diera un pequeño salto.
—Sólo veo la lluvia —musitó al verlo. Se había dejado la camisa por fuera, las manchas estaban arremangadas en sus antebrazo y los dos botones superiores estaban sueltos.
—Es lo especial de este hotel — agregó él —. Siempre que vengo a Londres me gusta alojarme en esta suite.
—Es una suerte que haya estado disponible.
—Mis viajes suelen darse con una mayor planificación. ¿Gusta una copa?
Ella pensó en negarse pero se deshizo rápidamente de la idea. Necesitaba comenzar a ganarse su confianza.
—Por favor —respondió.
Él extendió hacia ella una copa con champagne. Estaban a menos de veinte centímetros de distancia.
—¿Estamos celebrando algo? — pregunto ella. Le estaba comenzando a costar respirar.
—Tal vez —respondió él. No sé había movido ni un centímetro de donde estaba—. Celebremos el comienzo de una placentera amistad.
Si en ese momento ella hubiera sabido el significado de esas palabras, no habría chocado aquella copa con la de él. Si tan solo alguien le hubiera advertido aquello tal vez se habría negado y abandonado la suite. Pero ella no sabía nada e hizo lo que su mente le decía que hacer. Entró en aquel juego de seducción de donde lo único que saldría destrozado sería su corazón.
Rin dejó que sus copas hicieran contacto y pudo ver como en el rostro de aquel hombre apareció una mediana sonrisa. Bebió del espumante líquido y dejó la copa a un lado. él hizo lo mismo e inmediatamente después, volvió a besarla.
El dulce sabor del licor se mezclo entre sus labios. Su boca experta le exigió dejarla entrar. Rin separo sus labios para dejar que su lengua la explorara. Ella gimió cuando su lengua choco con la suya, a punto de marearse cruzo sus brazos al rededor de su cuello. Él la levantó por las nalgas haciendo que ella curvar a sus piernas al rededor de su cintura. El beso se torno cada vez más salvaje. La mente de Rin estaba nublada por la lujuria.
El la dejó caer sobre el sofá del recibidor, cortando un instante el beso para decir: —Está haciendo un excelente trabajo señorita Whitehall, me gusta mucho más de esta manera— la lujuria estaba reflejada en sus ojos y en su ingle. Ella pudo sentirlo cuando apretó su cadera con la de ella.
Rin en respuesta lo empujó con todas sus fuerzas, su comentario había herido profundamente su orgullo. No le había correspondido porqué quisiera seducirlo. Ni siquiera ella tenía una remota idea de porqué lo había hecho. Sólo sabía que le resultaba endemoniadamente placentero besarle.
— Es usted un... — ella no encontró una palabra apropiada para describirlo.
El sonrió maliciosamente. La había provocado y ella había caído. Ahora se sentía como una idiota.
—Acomódese, ya llegaron — ordenó como si fuera lo más normal del mundo.
Tal y como Sesshomaru le había dicho un hombre de edad media con rasgos asiáticos acompañado por una mujer más joven de apariencia europea entraron en la suite. Nunca antes los había visto.
—Está si que es una sorpresa —dijo la mujer —. No espera que vinieras a Londres personalmente.
—Hay ciertas irregularidades que quiero revisar por mi mismo.
—El caso Whitehall — pronunció con desden.
Sesshomaru asintió.
A Rin no le causó gracia que pronunciará su apellido con tanto menosprecio.
—Señorita Whitehall le presento a Annabelle Lash. Ella representa mis intereses en Londres, el Señor fue el representante de mi padre y representa mis intereses en Europa.
—Urameshi Mioga a sus servicios— dijo el hombre haciendo una corta reverencia.
Rin lo imitó. El anciano con sus blancos y espesos bigotes parecía un hombre amable.
Los cuatro tomaron asiento. Mioga escogió el sillón, Rin se quedó donde estaba y la mujer se sentó al lado de Sesshomaru. Parecía tenerle mucha confianza.
—Traje todo lo que me pediste —dijo Annabelle abriendo una serie de carpetas y dejándolas sobre la mesa de café—. El historial crediticio con Whitehall Inc. se remota a varios años atrás. Sin embargo desde hace cinco años los bancos han estado entregando dinero sin recibir ningún pago—Rin trago grueso, ese el tiempo exacto en que ella y su hermano habían entrado en la empresa —. Al principio fueron pequeñas cantidades, estas se fueron acumulando hasta llegar al equivalente a Sesenta y siete millones de dólares. Pero ese sigue siendo un monto tonto en comparación con los últimos tres préstamos que se les otorgaron—la mujer miró a Sesshomaru antes de continuar —. Ciento cincuenta millones, Ciento setenta y Trescientos. En total son seiscientos ochenta y siete millones de dólares.
—¿Por qué se les siguió entregando dinero?
—Seishiro Taisho lo autorizó—respondió la mujer —. Además de que no estaba en los registros, aparecieron cuando se dio la orden de la subasta.
—¿Qué tiene que decir a su favor? —Sesshomaru se dirigió a ella.
— Ya le dije que puedo pagarle 15 millones en 60 cuotas mensuales o 7.5 en 120 cuotas cada 15 días. Tengo un barco en camino con la última inversión, tardara dos semanas en llegar necesitaré unos días para colocarlo en el mercado, y en el tiempo que le dije le entregaré la primera cuota.
—¿Por qué mi tío decidió cobrar la deuda justo ahora?
—No tengo idea, le dije que fue mi hermano quien hizo los prestamos.
—No estoy seguro de eso, pienso más bien que eran amantes y que algo sucedió y mi tío decidió cobrar la deuda.
—Creo haberle dicho que yo no me acosté con ese hombre—replicó ofendida por su insinuación.
—No pretenderá que le crea a la mujer que llego vestida como prostituta a mi casa, con esto puedo darme cuenta de que es lo que realmente quiere.
—Piense lo que quiera— tras decir esto dejo la suite. Una cosa es que le diera ese tipo de cosas en privado y otra muy distinta era dejar que la humillase en público.
La situación en su casa no fue muy distinta, su madre estaba esperándola hecha una furia.
—¿Como pudiste hacerle eso a Seishiro? —chilló la mujer en cuanto la vio cruzar el umbral.
—Gracias por tu preocupación madre, de nada detener la subasta fue cosa fácil. No tuve que viajar a Japón ni enfrentarme a un hombre totalmente desconocido.
—Seishiro iba a entregarnos la empresa.
—Claro conmigo convertida en su amante —grito exasperado.
—Eso no te importaba cuando te revolcabas con el don nadie.
—Juliette por favor —intervino Betty — Rin esta cansada, dejemosla tranquila.
Juliette acepto a regañadientes. Rin fue a ver su padre, esto no iba a ser nada fácil.
La familia Whitehall completa estaba esperando a Sesshomaru dentro de la oficina principal de los bancos TTB Este apareció acompañado por Anabelle. Su padre y Sesshomaru hablaron un largo rato sobre los bancos y la relación que han tenido desde hace mucho tiempo. Robert al igual que Sesshomaru cuestiono el porqué de los créditos que siguieron siendo otorgados, si pensó algo de ella o su hermano, se lo reservo para si mismo. Cada préstamo fue nombrado por fecha y cuenta de destino, por supuesto, esta le pertenecía a Whitehall Inc, aunque dicha compañía jamás llegó a gozar el dinero de tales créditos. Robert estaba claro de a donde había ido a parar aquel dinero.
Alex miraba a Rin suplicante, como si quisiera que ella detuviera la conversación de los dos hombres. Juliette a su vez estaba embelesada en la conversación, todo lo que Sesshomaru decía le parecía una maravilla incluso con aquellas cosas que sabían que le eran desagradables
—Es un bombom —susurro Betty. Rin la reprendió con la mirada—. Yo que tu lo habría seducido.
—Tía por favor —musitó Rin.
—¿Sucede algo? — pregunto su padre. Las dos negaron con la cabeza.
Los hombres siguieron en su discusión, después de un rato hicieron que Rin les explicara de nuevo como pensaban pagar. Sesshomaru aceptó y firmaron una nueva extensión con la condición de que esta sería la última.
Rin abrumada por la reunión salió al balcón, pronto se dio cuenta de que había sido una muy mala idea.
—Permiteme felicitarte querida, has sido bastante astuta. Creo que te desestime demasiado.
Ella volteo al escuchar aquella repugnante voz.
—Señor Taisho, discúlpeme. Me veo en la pena de preguntarle a que se refiere —Rin arrastró cada una de sus palabras.
Seishiro Taisho sonrió sadicamente.
—Por supuesto. Me refiero a que fue tan astuta como para buscar a mi sobrino, me encantaría saber que clase de oferta le hizo.
—Ninguna indecente, de eso puede estar seguro— dijo con resentimiento.
—Yo no debí proponerle ser mi amante.
¿Eso es una disculpa? Pensó ella.
—No, no debió.
—Debí pedirle que fuera mi esposa.
Los ojos de Rin casi se salen de sus cuencas.
—No habría aceptado de igual forma — ella trató de entrar de nuevo a la oficina.
—¿Aceptaría ahora?—la atajó él —Si se lo propusiera ya mismo. ¿Me aceptaría?
— Se ha vuelto loco— el pánico hablo por ella.
—Rin, el no verla en mi hotel me hizo darme cuenta de lo mucho que me gusta. Ha jugado usted una excelente partida y admito que me ha ganado.
—Yo no he estado jugando a nada y si me disculpa, mi familia me esta esperando.
—No, le repito que ha ganado— Rin observo incrédula como Seishiro aferro sus manos, trato de soltarte pero él la sostuvo firmemente—Casese conmigo querida. Tendrá todo lo que desee. Mi fortuna no se compara con el insignificante crédito que obtuvo su empresa. Si lo desea puedo pagarlo una vez que estemos casados y su tesoro volverá a ser suyo.
Ella negó con la cabeza incapaz de emitir alguna palabra.
—Prometo llevarle el mejor de los anillos cuando le haga la proporción ante sus padres.
—Suelteme— ordenó.
—¿Cuál es su precio? —ella resoplo—. Dígame y lo pagaré con gusto.
—No hay ningún precio señor.
—Todos lo tenemos —dijo el hombre con superioridad.
Ella pareció pensarlo.
—¿Puede usted traer a los muertos a la vida?—los ojos del hombre se demostraron toda la malicia que podía contener y su boca se torno en una sonrisa.
—No exactamente. Aunque podría ayudarla si me promete que será exclusivamente mía después, pero no quiero hacerlo. Puede que la situación se torne incomoda al final— se llevó una de sus manos a la boca para darle un beso —Piénselo querida, cuando quiera revivir a sus muertos llámeme. Estaré feliz de ayudarnos mutuamente— él resaltó la palabra ayudarnos.
¿Qué demonios había sido eso? Se quería casar con ella. Esa era la razón por la que puso en jaque la empresa. No, simplemente la quería o más bien estaba obsesionado. ¿Qué fue eso último de revivir a sus muertos? Por Dios, ¿podría este hombre ser más desagradable?
—¿Qué hacía Seishiro aquí? — perfecto, un Taisho por otro.
—No estaba feliz de que lo dejara plantado — respondió tratando de parecer tranquila.
—¿Qué le dijo? —preguntó al tiempo que se paraba a su lado —. Esta temblando como un maldito pollo remojado. ¿La golpeó?
Sesshomaru había notado como ella se sobaba las muñecas.
—No, no me hizo daño. Gracias por la comparación— comprendiendo en la mirada del recién llegado que no la dejaría hasta tener una respuesta nutritiva le soltó —. Me pidió matrimonio.
Los ojos de Sesshomaru se oscurecieron de tal manera que ella habría jurado que adquirieron un tono cercano al café.
—No me mire así — Rin, sintió la necesidad de defenderse—. No pienso aceptar.
—Por supuesto que no lo hará—la intensidad con la que fueron pronunciadas aquellas palabras la abrumo—. No vine aquí a perder el tiempo, mucho menos vine a participar en su "jueguito" con tu amante.
Rin rodó los ojos.
—No tiene caso que lo niegue si no va a creerme.
—Entonces esta aceptado que si fueron amantes.
En ese momento estaba demasiado cansada como para replicarle a alguien que ya había sacado sus propias conclusiones.
—Piense lo que quiera.
Sesshomaru la envolvió haciéndola quedar contra el barandal del balcón, sus brazos se posicionaron a cada lado de ella. Rin, inútilmente trató de empujarlo.
—No juegue conmigo — otra vez volvía a hablarle de forma impersonal —. No voy a permitir que esa basura se quede con algo que ahora es mío. Así que olvídese de casarse con Seishiro. Quiera o no, ahora es mía.
Por un momento estuvo tentado a besarla y marcar su territorio. Pero se contuvo para demostrarse a sí mismo que podía controlarse ante ella. La dejó libre y ella salió casi corriendo a dentro. Él la siguió hasta la sala de reuniones donde estaba el resto de la familia.
Sesshomaru no entendía por qué había reaccionado de esa manera. Durante muchos años de había acostumbrado a la idea de que ella sería de otro. El sabía que ella escogería a alguien de categoría, que tomaría cuántos amantes fueran necesarios para ampliar su conocimiento. Sin embargo ahora que su amante tenía rostro, la furia lo invadía. Que el rostro de su amante fuese el de su tío, empeoraba las cosas. De ninguna manera iba a dejar que Seishiro se quedara con ella. Rin ahora era su presa y no había nada en este mundo que le impidiera hacerle pagar sus crimines. Si lo que ella quería era casarse con Seishiro, le daría todo lo contrario.
—Hermosa criatura, ¿No es cierto? — la persona que menos quería escuchar estaba a su lado observando al mismo lugar que él —. Estoy ansiando el momento en el vuelva a ser mía.
—No lo ansíes mucho, puede que ese momento nunca llegue —respondió en forma de burla.
—¿Qué tan decepcionante fue el momento en el que ella te vio y no reconoció tu rostro?— él no respondió —. Sabes querido sobrino, durante mucho tiempo pensé en como vengarme de ti y encontré que la mejor era acostarme con tu compañera de clases... ¿Estaba en tu clase o en la de Inuyasha?
—Si no te callas la maldita boca voy a cerrártela yo mismo—amenazó. No quería seguir escuchando sus estupideces.
—Va a ser mía y vas a tener que vivir con la idea de que todas las noches seré el dueño de su cuerpo y de su placer.
—Lamento decirte que tu plan está jodido.
—Ya lo veremos sobrino... Ella será mía.
y... hasta aquí la actualización de hoy... Gracias a quienes se tomaron el tiempo de dejarme un review *_* Besos...
