Capitulo VIII

Serenata de Expiación

El suave sonido del piano viajaba a través de sus oídos, las notas de Moonlight sonata se reproducían a la perfección en aquella grabadora. Cada toque había sido limpio, una interpretación perfecta y cargada de sentimientos dirigidos hacia su amada. La mujer que yacía ahora sobre su pecho mirándolo de frente con sus ojos agrandados.

—¿Quieres preguntarme algo?

Ella entrecerrando los ojos le respondió —¿Como sabes siempre lo que quiero?

El sonrió con orgullo.

—Eso es porque te amo y porque puedo leer tus expresiones y se que justo ahora mueres por decirme algo.

Quitándose el auricular y haciendo lo mismo con el de ella, dejo la grabadora a un lado. La miro a los ojos y rodó con ella para dejarla bajo su cuerpo. Sin piedad comenzó a besarla como sabía que a ella le gustaba.

—Kamui...

—Dime... —respondió sin dejar de besarla.

—Cuando salgas de la universidad... Tu... Tu... ¿Vas a casarte conmigo?

Él se paro en seco y, acto seguido soltó una carcajada. Tan típico de ella ser tan directa.

—Eres mi todo, mi vida no tendría sentido si no te tengo a mi lado. Quiero que seas mucho más que mi esposa.

—¿Vas a hacerme una propuesta?

—Cuando llegue el momento, pondré el mundo a tus pies y me casaré contigo después de hacerte la proposición más romántica de toda la historia.

Ella sonrió feliz.

—Puedes continuar con lo que estabas haciendo—le dijo extasiada por su respuesta.

Y el lo hizo, la devoró como solo él lo había hecho.

El largo y lacio cabello negro se arremolinaba en las blancas almohadas uniéndose en algunas partes con el platinado cabello del hombre. Las sábanas cubrían sus cuerpos desnudos entrelazados en sus extremidades. Sesshomaru se acababa de despertar de aquel sueño que lo había estado atormentado durante los últimos días. Se llevó las manos a su ingle, estaba dura por el deseo no consumado. Eso, era lo que el sentía por Rin, ganas de terminar lo que en la adolescencia había comenzado. Tenía unas ganas terribles de cogersela que las atribuía a que nunca pudo hacerlo en el pasado. Cuando lo hiciera, estaba seguro de que su obsesión desaparecería. Mientras tanto, tenía el cuerpo y alma de una diosa a su lado.

Annabelle ronroneo ante la intromisión a su cuerpo. Poco a poco fue abriendo los ojos y vislumbro la figura del hombre. El se cernió sobre ella y como muchas otras veces, la penetro sin miramientos, ella se arqueo ante él y una vez más se entregó al adolescente moribundo de ojos rojos que había llegado a su casa quince años atrás. Una vez más entregaba su alma a aquel que sabía que nunca le correspondería.

Sesshomaru, contemplo como el rostro perlado de la mujer se colmaba de placer mientras que sus labios pronunciaban su nombre. Annabelle la chica que lo había cuidado cuando Rin destrozo su alma. Desde que la conoció ella no había hecho más que amarlo, fue ella quien cuidaba de su herida. A la dulce Annabelle no le importaba quien era, todo lo que ella quería era que su herida se sanara, no se aparto nunca de su lado, incluso cuando el peligro de infección se había ido, ella permaneció allí. Fue por eso que decidió sacarla de aquella vieja granja y se la llevó con el a Estados Unidos. No había nadie mejor que ella para compartir su fortuna. Por eso Annabelle era su mano derecha, en los negocios sus ojos veían por los de ella. Confiaba plenamente en ella, era algo que Annabelle se había ganado. Pero no la amaba, a pesar de todos sus esfuerzos por hacerlo, nunca había conseguido sentir la pasión desmedida que alguna vez sintió por Rin. Hasta ese momento eso había estado bien para él, estar con ella era sinónimo de comodidad. Con ella podía tener una vida tranquila, sin sobresaltos y quizás algún día formalizarían aquello, tendrían dos o tres hijos que heredarían los bancos. Muchas veces lo había pensado, a pesar de que no tenían una relación exclusiva- ambos tenían sexo con otras parejas con o sin él conocimiento del otro- pero ahora, justamente ahora, mientras se vaciaba en su interior, se sentía incompleto.

Rodó a un lado para abandonar la cama.

—¿Pasó algo? — preguntó Annabelle, extrañada por su actitud. Era la primera vez que abandonaba la cama de esa manera inmediatamente después de hacer el amor.

—Tengo que ir a la oficina.

—Pero si hoy es domingo — replicó con el ceño fruncido—. Vuelve aquí o voy a amarrarte.

—Sabes que Ban quedo en llevarme la información hoy.

—¿La del buque de los Whitehall?— el asintió mientras que entraba al baño, Annabelle lo siguió —¿Por qué te interesa tanto esa empresa? Puedes simplemente hacer la subasta y recuperar tu dinero.

Sesshomaru volteo con cuidado. Era cuestión de tiempo que Annabelle preguntará.

—Seishiro está planeando algo con esa mujer. Sólo quiero joderle la existencia, en la reunión pude ver que es muy importante para el maldito.

—Pareciera que también es importante para ti— escupió en un tono filoso.

—No lo es, la mujer no me importa. Seishiro en cambio necesita que alguien le arruine los planes.

—¿Tienes alguna idea de cuales son? — inquirió con recelo.

—Si, se quiere casar con ella — grazno, con molestia.

—Oh— los labios de ella dibujaron una perfecta O—. ¿Qué harás para evitarlo?

—El hijo menor, Alexander, se ha estado relacionado con Kevin Smith. A su cuenta ha ido a parar buena parte del capital de la empresa, Kevin ha estado involucrado en casos de contrabando.

—¿Crees que en el buque pueda haber ese tipo de mercancía?

—No, no lo creo. Estoy seguro de ello. Si es así voy a tener a la familia entera en mi poder.

Annabelle analizo cada una de sus palabras y en su cabeza solo había una explicación.

—Fueron ellos... Los Whitehall fueron quienes les hicieron daño a ti y a Inu, y... Rin fue la que te rompió el corazón.

Sesshomaru no negó ni confirmó su afirmación. Después de todo Annabelle era una mujer sumamente inteligente y sabía que se daría cuenta rápidamente.

—Ten cuidado— le advirtió ella —. No quiero volver a ver tu corazón destrozado. Ella no vale la pena, déjala que se quede con tu tío, esa será una venganza suficiente.

—Eso es lo que ella quiere, un marido rico.

—Seishiro la tratara como si estuviera en el mismo infierno.

—No, la quiere para joderme, sabe que ella fue la mujer que fui a ver la noche que nos encontramos.

—¿La noche que te disparo?

—Si, esa vez.

—¿Ella sabe quien eres?

—No—respondió moviendo su cabeza hacia los lados.

—Sesshomaru, no deberías... —ella corto su frase al ver la mirada del hombre, una que le decía que no dijera nada más.

Durante quince años lo había compartido con la sombra de esa mujer. No importaba si el tenía relaciones con otra, de hecho ella también lo hacía con otros. Muchas veces mientras vivían juntos en Cambridge- Massachusetts, habían intercambiado parejas, incluso habían sido más de dos en una misma habitación, pero nunca ninguno de esos intercambios le produjo los celos que le provocaba esa mujer.

Tenía que hacer algo para que Sesshomaru perdiera el interés en ella, tenía que hacerlo rápido antes de que él volviera a caer en las garras de esa mujer.

Los mismos Dioses habían confabulado aquello. Ellos, los que estaban de acuerdo con la ley del Karma eran los causantes de lo irónico de su situación. Tenía en su poder el futuro de la familia Whitehall, no sólo el de su empresa, era el de todos. Robert Whitehall había manchado su expediente en el instituto, ahora el podía hacer lo mismo con sus hijos. Los muy tontos habían metido contrabando en el buque, una llamada suya y los hijos del hombre ahora encargados de la empresa pasarían un buen rato explicando la procedencia de la mercancía ilegal.

Correspondiendo a sus sospechas en cuanto a las amistades del hijo varón, llamo a sus contactos en Portugal, en seguida, estos retuvieron el buque que había atracado esa mañana. Tras un exhaustiva búsqueda comprobaron que, en efecto, habían más de quinientos kilos en mercancía de contrabando. Ahora los hombres contratados por su contacto, estaban esperando su decisión. Dejar ir el buque o entregarlo a las autoridades de Portugal.

—No tengo nada más — respondió el rubio a su lado.

—Esto no me sirve — se quejo ella.

El rubio se encogió de hombros.

—Lo siento Rin, pero tu prospecto es bastante enigmático. A parte de lo que hay en esas carpetas no encontrás nada más.

Ella, resoplo mientras escudriñaba cada hoja.

—¿Dónde estaba antes de entrar a Harvard? ¿Por qué no hay nada de él antes de eso?

—No hay registros en ningún lado. O por lo menos no en Estados Unidos o Japón.

—¿Inglaterra tampoco?

—No. Todo lo que se sabe es que estudió con profesores privados después de la muerte de su padre.

—¿Qué edad tenía?

—Doce.

—Era un niño — musito —Y su madre, ¿Aún vive?

—Si, está en Estados Unidos. El hombre que conociste, Mioga, fue el encargado de representar a Sesshomaru hasta que salió de Harvard. El otro, Totosai, es un accionista muy allegado a ellos. Según mis fuentes nunca se han llevado bien con Seishiro.

—¿Averiguaste donde está su hermana?

—Hermano — la corrigió —. Se llama Inuyasha y vive en Japón con su esposa y sus dos hijos. No tiene relación con los bancos.

—Y esto es todo. Ningún compromiso, ninguna mujer dejada en el camino, cero accidentes, cero escándalos. La reputación perfecta. — gimió frustrada.

—Siento no haber encontrado nada que te ayudara— lamento con sinceridad.

—No te preocupes Líam, por lo menos me doy una idea de que es un hombre integro...

—... O demasiado inteligente — agregó él.

—Supongo que me tendré que conformar con eso.

Rin guardo con mala gana los papeles, recogió sus cosas y se preparo para volver a su casa. Se despidió de Liam y abandono su apartamento. En la soledad trato de pensar en su suerte. Había caído en una guerra familiar entre Seishiro y Sesshomaru. El primero estaba encaprichado de forma perturbadora con ella y el segundo, por lo que había visto, estaba encaprichado con molestar al tío. Si había algo en todo eso que le causaba alivio, eso era que tenía la certeza de que Sesshomaru no dejaría que Seishiro se casara con ella. Si tomaría ventaja de algo, sería de eso.

Suspiro de mala gana al vislumbrar el portón que marcaba la entrada a su casa. No era algo grato volver, ya que su madre se la pasaba dándole sermones con que debía aceptar a Seishiro en matrimonio. Un verdadero tormento. Entró tratando de hacer el más mínimo ruido, pronto descubrió que eso sería en vano.

—Rhiannette, amor. Te estábamos esperando — Juliette habló en un tono dulce. Eso, para ella, significaba que quería algo.

—¿Qué quiere madre? — no estaba de humor para rodeos.

—El señor Taisho te está esperando en la sala— declaró con orgullo.

Taisho, ¿Cuál? su corazón se aceleró de inmediato al escuchar ese apellido.

—¿Cuál de los dos? — preguntó con un hilo de voz.

—Seishiro por supuesto... ¿Hay alguna razón para que el otro venga a nuestra casa? —preguntó. Escudriñando en sus palabras. Juliette.

Ella negó con la cabeza. El ritmo de su corazón se estabilizó y en lugar de eso las náuseas se acumularon en su estómago.

—No quiero verlo.

—Vas a hacerlo. Vas a ir y sacarnos de esto. Me costó mucho que el hombre te propusiera matrimonio. No vas a arruinarlo —estalló con furia. Juliette.

—Fuiste tu. Debí suponerlo.

—No iré— ella comenzó a caminar hacia las escaleras, su madre iba detrás de ella.

Rin metió su mano en su cartera para sacar su celular, alguien la llamaba. Contestó sin mirar siquiera quién era. Su madre la detuvo por el brazo.

—Vas a bajar ahora mismo Rhiannette.

"¿Llamo en un mal momento?" pregunto la voz al otro lado del celular.

—No, es solo un pequeño percance con mi madre — respondió Rin tratando de parecer calmada. Juliette se ofendió.

"Ven a mi hotel, tengo algo que decirte"

—No puedo —respondió sin pensar antes en una escusa que darle, puesto que estaba segura de que se la pediría.

Juliette tenía una mirada amenazadora.

"No recuerdo haberte preguntado si podías"

—No puedo salir en este momento, estoy ocupada con algo —dijo Rin mientras trataba de liberarse del agarre de su madre

—Dile de una vez que Seishiro Taisho esta esperándote abajo — chilló Juliette a punto de descontrolarse.

Rin escucho como Sesshomaru tomo una profunda inspiración.

—No es lo que... —se apresuró a responder Rin.

"Te quiero aquí ya — su voz sono amenazante —. Te advertí que no permitiría que jugarás conmigo, así que mueve tu precioso culito hasta aquí. Ya"

—No tengo por qué obedecerte— desafío Rin.

"Si, si tienes por qué. Sobre todo si no quieres que tu hermano y tu den explicaciones a las autoridades sobre la mercancía que traslada su buque"

Sesshomaru corto la llamada antes de que ella pudiera darle una respuesta. ¿La mercancía del buque? ¿Qué quiso decir con eso?. Su madre seguía jaloneandola.

—Basta, me voy. —dijo y salió corriendo a su auto, sea lo que sea a lo que halla referido Sesshomaru tenía que averiguarlo.

Otra vez iba en camino a ver a Sesshomaru sin haberse cambiado de ropa, por lo menos esta vez estaba decente. Llevaba un vestido floreado, de falda acampanada que le llegaba unos centímetros arriba de la rodilla. El escote en V no mostraba nada de más y sus sandalias no tenían más de cinco centímetros de tacón. Subió al la habitación que ya conocía. Como era de suponer él la estaba esperando.

—¿Qué hacía Seishiro en tu casa? — eran ideas de Rin o estaba molesto.

—No lo sé — respondió con sinceridad —. Cuando llegue ya él estaba ahí.

—Mientes — reclamó.

—¿Por qué le mentiría? Le estoy diciendo la verdad. No sé porqué estaba allí —mintió de nuevo. Si lo sabía, Seishiro le prometió un anillo y una pedida de mano a sus padres. Ella estaba casi segura de que eso era lo que hacía allá.

—¿Qué hacía en tu casa? — volvió a preguntar empujandola con su cuerpo haciéndola quedar contra la pared.

—Ya le dije que no lo sé. Mi madre es su amiga, ella lo invitó.

—¿Para qué lo invitó?

—Mi madre quiere que me case con él —admitió, reservándose lo demás—. Pero no lo haré.

—No, no lo harás — repitió molesto —. No te salio bien tu plan de usar me para darle celos a esa basura para que te pidiera matrimonio — susurro diabólicamente a su oído.

—Deje de repetir esa tontería, si lo use para algo fue para no tener que acostarme con él. No para que me pidiera matrimonio.

—No quiero que estés cerca de él. ¿Entiendes? —alzo la voz lo suficiente como para asustara la —. Mi amante no puede ser amiga de mi enemigo.

Rin sintió escalofríos al escuchar la palabra amante de su boca, sobre todo porque se refería a ella. La palabra enemigo le confirmaba lo que Liam y ella sospechaban, tío y sobrino no se llevaban nada bien.

Sesshomaru la dejo libre, agarró un vaso y se sirvió del licor más fuerte que había. Le ofreció una a Rin y ella se negó.

—¿Para que quería que viniera? — ahora era ella quien estaba molesta.

—No necesito una razón para llamar a la mujer que compre.

Rin, respiro profundo y entorno los ojos, este hombre estaba peor que nunca.

—Dijo que tenía algo que decirme con respecto a la mercancía del buque.

—Ah el contrabando— él se sentó en el largo mueble, su mano meneaba el líquido del vaso.

—¿Qué contrabando? — preguntó ella con un nudo en su garganta.

—El que hay en el buque por supuesto.

—No hay ninguna mercancía de contrabando en el buque — negó ella sintiendo que estaba a punto de devolver toda la comida que había consumido ese día.

El sonrió, una sonrisa que ella juraría que le pertenecía al diablo.

—Si la hay, más de quinientos kilos. Su buque está atracado en Portugal, unos amigos ya lo revisaron. Ellos se están muriendo de ganas por saber que haré. Una llamada y la policía estará dentro del barco.

—Está mintiendo.

Sesshomaru volteo las hojas que estaban sobre la mesita de café. Eran fotos, de su buque y del contrabando. Ella cogió una con las manos temblorosas. Si eso era cierto no tendría forma de pagar más de dos cuotas del crédito.

—Pueden ser un montaje— ella estaba en negación.

—No, lo son— él no se esperaba esa reacción en ella. En verdad, ¿no sabía nada o qué era una excelente actriz?—. Me cuesta creer que no estés al tanto de lo que transporta tu barco.

—Si, se lo que transporta. La mercancía de mi empresa, completamente legal. No está cosa que hay en las fotos— replicó con los nervios de punta.

—Entonces pregúntale a Alexander.

Alexander, maldita sea. Iba a matar a su hermano. Si tenía algo que ver con eso... Dios, podía ser más idiota.

— ¿Qué es lo que quiere? — si el estaba diciéndole eso era claramente porque quería algo.

—No tiene por qué ponerse a la defensiva. Soy su amigo, ¿Recuerda nuestro brindis?

¿Como olvídarlo?, Pensó Rin. Desde ese día se sentía como una completa traidora por haberse dejado besar y tocar de esa manera. Ni siquiera era capaz de tocar la grabadora porque sentía que sus manos estaban sucias. Tampoco la ayudaba el hecho de que aún sentía el sabor del champagne en su boca.

Su mirada diabólica le dijo que él sabía exactamente en lo que ella estaba pensando.

—No me ha dado muchas razones para pensar en usted como un amigo— respondió arrastrando sus palabras.

El dejo el vaso y se levantó para quedar justo frente a ella.

—Eso está bien — dijo rozando sus brazos desnudos con sus dedos. Rin sintió todo su cuerpo estremecerse —. Mis amigas no son traidoras ni manipuladoras, me gustan las personas sinceras— estaba hablando en su cuello —. Lastimosamente mi tío, que lleva toda la vida jodiendome, tiene una afinidad contigo. Así que ahora yo lo jódere un poco — sus labios tocaron la sensible zona en el nacimiento de su cuello—. Voy a comenzar quedándome contigo.

La odiaba. En primer lugar, por engañarlo hace quince años, por cada vez que le había que lo amaba siendo mentira, por haberlo utilizado sólo para adquirir experiencia sexual, por haber hecho que fuera a verla aquella noche. Después, la odiaba por acostarse con Seishiro, por ser su amante. La odiaba por su cara de ángel, por ir siempre con su actitud de inocencia. La odiaba por aparentar ser la víctima. La odiaba por usarlo como anzuelo para que Seishiro le pidiera matrimonio. Pero sobre todo la odiaba por tener ese maldito poder sobre su cuerpo, todo lo que quería hacer era hacerla suya. Ardía de celos en solo pensar que podía terminar en los brazos del maldito que quería matarlos cuando eran niños.

—No voy a casarme con tu tío —dijo ella con un hilo de voz.

Él la ignoro y sin poder contenerse beso su cuello. Sus manos fueron hasta su espalda apretándola contra sí. La muy maldita se quedó quieta, era una actriz perfecta. Permanecía inmóvil como si el malvado fuese él. No le presto atención a su actuación y le deslizó el vestido, junto con el brasier hasta la cintura. Los brazos le quedaron atrapados entre la tela. Ella respiraba de forma entrecortada, el en cambio dejó de respirar en cuando vio sus pechos libres subiendo y bajando frente a él. La actriz dio un respingo cuando sostuvo el peso de sus senos en sus manos, con su pulgar comenzó a trazar círculos. Quería lamerlos hasta que ella gritara su nombre, su verdadero nombre. Cegado por el deseo la levantó por las nalgas, ella enredada con su ropa no pudo hacer más que aferrarse a él.

Ignorando todo lo demás se la llevó a la habitación, la dejo caer de golpe y le encantó lo que vio. El vestido enredado en sus brazos, sus pechos perfectamente redondos erectos por sus caricias, las piernas levemente levantadas, la falda arremolinada en sus caderas. Pero lo mejor de todo era su rostro, uno que conocía perfectamente bien, uno que lo había atormentado durante todos esos años, un rostro abrasado por la exitación. No importaba cual fuera su actuación, ella estaba exitada y eso alimento su lujuria como ninguna otra cosa.

Complaciendo sus deseos entro a la cama con ella. Sus manos se llenaron con la silueta de sus piernas, sentía que iban a quemarse. Su aliento rozo los delicados peones, se lamio los labios antes de llevarse uno de los brotes a la boca, ella se arqueo, sus brazos fueron a su pecho e intento hacer que se apartara. ¿Es eso parte de la actuación? . La mano que había estado vagando por sus piernas fue hasta el centro de su cuerpo, ella gimió cuando sus dedos la tocaron por encima de la tela, desde luego que era una actuación, su sexo estaba mojado, tanto que le provocó unirse en ella en ese mismo momento.

—Voy a hacértelo — dijo mientras bajaba sus bragas.

Rin estaba perdida entre la excitación y la razón. Su mente quería detenerlo, todas sus alarmas le gritaban que se detuviera. Pero su cuerpo parecía pertenecerle a otra persona, cada lugar donde él la había tocado le quemaba y gritaba por más. La escena en sí era de lo más morbosa, ella tirada en la cama, enredada con su ropa, él condenadamente sexy desvistiéndose frente a ella, se mordió los labios esperando que se quitara los pantalones. Por Dios, eso iba a dolerle, su torturador sexy estaba excelentemente dotado. Él le separo las piernas y se coloco sobre ella, la falda quedó en su cintura. Sus ojos dorados brillaban como fuesen dos faros de luces, le gustaba lo que veía. Kamui también habría adorado hacerlo de esa manera. Kamui.

—¡Detente! — grito al tiempo que lo empujaba con todas sus fuerzas.

Sesshomaru la dejo ir por la intensidad de su reacción.¿Ahora a que mierda iba a jugar?

Rin, se había ido a la esquina superior de la cama y luchaba por acomodarse se nuevo el vestido.

—Vuelve aquí, no vas a calentarme como una puta y hacerte la virgen después.

Rin, quiso gritarle que, de hecho, ella era virgen. Por supuesto, hacer eso sería en vano. Todo lo que él creía era que ella era la amante de su tío.

—No vine aquí a tener sexo — declaró. Con firmeza. Rin.

Él, se levantó y la acorralo en la pared que estaba al lado de la cama.

—Tú, vas a hacer lo que yo te diga, además estás tan caliente como yo—se burlo.

Ella, apretó con fuerzas sus ojos cuando la boca de Sesshomaru tocaba de nuevo la suya. ¿Por qué tenía que gustarle tanto que el la besara? ¿Por qué su maldito cuerpo traicionero lo deseaba tanto?

Viéndolo en retrospectiva ahora sabía por qué, las memorias de su cuerpo nunca se equivocaron, desde el primer momento había sabido que era él. Su cuerpo lo reconocía y clamaba por sus caricias. Si en ese momento lo hubiera sabido no habría luchado y se hubiese entregado a él, permitiendo que hiciera todo lo que quisiera. Si así el sentía que ella expiaba sus pecados, lo habría hecho con gusto y nunca se habría arrepentido de ello. Tal y como si fuera su Serenata de Expiación.

Empujarlo era en vano, su fuerza no se comparaba con la de él, fuerza que de paso era cada vez más débil, sobre todo cuando su lengua se abría camino entre sus labios. Se odiaba así misma por ceder ante la carne de aquella manera. Él volvió a cargarla, y se la llevó con el a la cama. Un sollozo se escapo de su garganta cuando volvió a separar sus piernas.

—Maldita sea —juró él —. Te dije que no me excita que llore.

Rin se sorprendió, ella misma no se había dado cuenta de que estaba llorando. Con cara de pocos amigos, él se levantó.

—Es experta en bajarme la calentura— le dijo al tiempo que lanzaba la puerta del baño.

Ella no le había bajado nada, su erección seguía viento en popa cuando se levantó. Eso solo le demostraba una cosa; ella no se había equivocado al juzgarlo. Había un hombre integro detrás de esa máscara de malvado. Quizás si le demostraba que ella no había sido amante de Seishiro él la trataría diferente, la cuestión estaba en cómo hacer que le creyese. Sesshomaru hasta podría ayudarla manteniendo a raya a Alexander. También la liberaría de Seishiro. Eso era lo que tenía que hacer, convencerlo de que ella no era ni sería nunca amante se Seishiro, la pregunta era: ¿Como?

Sesshomaru maldijo mil veces mientras utilizaba su mano para liberarse. Era un estúpido por permitirle a ella tener ese poder sobre él, una sola lagrima y el había caído como idiota. Rin, lo había vuelto a hacer, de nuevo lo manipulaba a su antojo. ¿Qué seguía ahora? ¿Qué le dijera que actuaba así porque es virgen?.

Cuando salió del baño ya ella no estaba en la habitación, se puso unos pantalones y no se molesto en ponerse una camisa. Salió a la terraza y allí estaba ella mirando la ciudad a través de los vidrios.

—Va a decirme ¿por qué me hizo venir? — pregunto ella sin darle tiempo a que hablara sobre lo que acaba de ocurrir.

El sonrió de medio lado, siempre tan directa cuando quiere evitar una conversación.

— Podría llamar ahora mismo a Portugal y decirle a los de aduana que revisen su barquito. Estoy de mal humor por deseo insatisfecho — Rin, trago grueso —. Lo que iba a decirle es que he decidido que me quedaré con usted — eso ya lo había dicho —. Como mi esposa. ¿No le parece esa una perfecta venganza contra Seishiro? Casarme con la mujer que él quiere. Claro, que puede rechazarme, pero, sería tan lamentable ver el futuro de su hermano y el suyo yéndose por la borda por tener que ir a la cárcel. Pobrecilla su madre sumida en la pobreza y tu pobre padre, su empresa y sus hijos totalmente perdidos...

Rin dejó de escuchar sus palabras, estaba a punto de desmayarse. Ahora entendía a Juliette cuando se desmayaba. ¿Casarse con ella? este hombre se había vuelto loco.


He aquí un nuevo capi... y... sorpresa! se quiere casar con ella , o bueno mas bien cazarla, si , con z como a un pobre animalito y es que Sesshi esta actuando como una bestia - haciendo honor a su linaje- con Rin.

A este capi no le puse titulo de canción porque no encontré ninguna acorde ademas de que tenia problemas con el internet y nunca me di a a la tarea de encontrar una asi que pido disculpas por ello.

Muchas gracias por los review que me han dejado y etspero con todo sinceridad que la historia continue siendo de su agrado... Muchas gracias de nuevo...

Besos! no olviden dejarme su opinion.. :*