CAPITULO IX
Secret Garden
Rin miraba exasperada a su tía, no entendía como podía estar tan calmada en una situación como esa.
—¿No escuchaste lo que te dije?
—Perfectamente cariño— respondió Betty. La mujer se acomodo en el sillón, destapó un esmalte y prosiguió aplicándoselo a la mano que seguía sin pintura.
—¿Entonces? — preguntó girando sobre sus talones para mirarla a los ojos.
—¿Dijiste que solo fue un beso o dos? — ni siquiera correspondió su mirada, siguió aplicando el esmalte con dedicación, como si lo que estuviesen hablando fuese algo completamente trivial.
Ella volteo los ojos.
—Uno —expetó cortante.
—Pero, ¿uno en Japón y otro en Londres o sólo uno?
Aquello era imposible.
Salió de su propia habitación dando un portazo.
Betty sonrió y se limito a observar el cajón que seguía cerrado. Espero a que los pasos se alejaran y fue a abrir la gaveta. Le complació lo que vio. La grabadora estába en la misma posición que el día anterior y el anterior a ese. Su sobrina no la había tocado.
Sesshomaru había perdido la cuenta de cuantas maldiciones había soltado ese día. No tenía idea de porqué le había dicho a Rin que iba a casarse con ella. Había actuado sin pensar, con el único motivo de impedir que Rin se casara con Seishiro. Él, había pensado en chantajearla de otra manera, pero al darse cuenta que no sabía nada del contrabando del barco, la estupidez lo abordo y todo cuanto quería era mantenerla lejos del bastardo de su tío.
Tener a Rin como su esposa no sonaba del todo mal, la tendría a su disposición, podría hacerla suya cuando él quisiera. Claro, ella tendría que comprender ciertas cosas de su nuevo marido rico, la primera sería que; jamás tendría ningún poder sobre él, no dejaría que lo manipulara de ninguna manera. Al contrario, sería ella quien tendría que obedecerlo en todo.
El leve toque de la puerta lo sacó de sus pensamientos, Annabelle entro sin esperar una respuesta de su parte. Siempre lo hacía.
—¿Estás ocupado? —pregunto la castaña al entrar. Atravesó la oficina hasta quedar frente al escritorio de roble.
—¿Qué tienes?
La mujer se sento y le paso la carpeta que había guardado celosamente desde que salió de su apartamento.
Sesshomaru cogio los documentos y frunció el ceño al instante. Su boca se torció para mostrar un gesto de total desagrado. Lo que tenía en sus manos no le gustaba en lo más mínimo.
—Al parecer tu ex, es una amante bastante costosa— dijo con saña. Annabelle.
El estado de cuenta de Rin, confirmaba el comertario de la mujer. Millones de dólares habían sido movidos a la cuenta, los cuales desaparecían a los pocos días. Cargos en tiendas de ropa, perfumes, joyas, restaurantes... esta mujer era experta en malgastar dinero. Dinero que se había ganado acostándose con su tío, recordó.
—Lástima por ella, ahora tendrá que vivir de su sueldo.
Annabelle lo miro curiosa.
—¿Qué te hace estar tan seguro de eso?
Sesshomaru tomo una larga inspiración antes de contestar. Lo que iba a decirle a la mujer, no iba a gustarle. Sin embargo, no era un hombre que retrasara los problemas.
—Voy a casarme con ella.
—¿Qué? — grito ella. Segura de que había escuchado mal.
—Es la única forma de impedir que siga siendo amante del viejo.
—Al demonio si son o no amantes. No tienes que casarte con esa mujer para separarlos... Maldita sea, puedes simplemente enviarla a la cárcel. Toda su empresa se hundiría, incluso su padre.
—Annabelle... —ella tenía razón, pero él no quería tener a Rin en la cárcel. La quería en su cama, debajo de él—... hundir la empresa es perder dinero.
—¡A la mierda el dinero! — exclamó ella, haciendo que sus palabras retumbarsen en toda la oficina — Lo que quieres es acostarte con ella.
Él, entrecerró los ojos. El rostro de Annabelle estaba rojo, se había levantado y dado la espalda con los brazos cruzados.
— Quiero hacerla sufrir.
—Hazla sufrir en la cárcel.
—No.
—Por supuesto que no. Ahí no te podrás acostar con ella.
—Voy a quitarle todo. Me apoderaré de Whitehall Inc., de sus propiedades, de cada maldito centavo que tengan.
—Y del agujero entre sus piernas —agregó incredula—. No puedo creer que seas tan estúpido. Cuando es obvio que terminaras cediendo ante ella.
—Tu serás la que maneje la relación entre los bancos y la empresa. En otras palabras, te dejo a cargo de la supervision de Rin.
Sesshomaru percibió la vacilación en su rostro. Le había gustado la idea.
—No seré condescendiente con ella. Seré más bien una perra.
—No esperaría menos de ti— rodeó el espacio que los separaba.
Ella se giro para verlo, como si intentase descubrir cuál era su ver propósito. Él, no le dio oportunidad de averiguar nada más. La alzó con suma facilidad y la sento sobre su escritorio. La beso y dejo que sus manos aflojaran la ropa de la castaña de manera experta. De alguna manera tenía que sacarle la idea de que deseaba a Rin hasta el punto de cometer estupideces. Tenía que convencerlos, primero a ella y segundo a él mismo.
Dejó caer sobre su escritorio todo lo que llevaba encima. Arrojó sus zapatos a un lado. Se sento y se apretó las sienes con ambas manos. Sacudiendo la cabeza se centro en su monitor y los correos que debía revisar. Ese día había visitado las fábricas para confirmar su estado, no podía permitirse un error por su parte y más teniendo a Sesshomaru pisandole los pies.
El correo que estaba esperando llegó. Un perfecto inventario de su fábrica más grande. Según el antiguo inventario deberían ser capaces de procesar y tener a la mercancía a la venta en el tiempo estipulado. Pero después de la conversación que tuvo con Sesshomaru se sentía insegura, desconfiaba de todo. Si su hermano había sido capaz de meter contrabando en su buque, no sería de extrañar que también utilizará las fábricas para sus propósitos.
—Según esto, todo está bien— suspiro con voz cansina.
—¿Desde cuando hablas sola?
Quito su vista del monitor para centrarse en la persona que acababa de entrar. La sorpresa inundó su rostro de inmediato.
—Helen — dijo con alegría.
La recién llegada entró sin reparo a la oficina. Rin hizo lo propio y la alcanzó para unirse a su amiga en un un abrazo.
—¿Cuando llegaste?
—Hace poco, pasé por tu casa y Juliette me dijo que estarías aquí.
Ambas se soltaron y fueron hasta unos sillones que tenía Rin junto a la ventana panorámica.
—He estado ocupada arreglando los desastres de Alexander — repuso con voz cansada.
—¿Qué clase de tontería hizo ahora? — cuestionó con interés. No eran un secreto las aventuras de las que su hermano había sido protagonista a lo largo de los años.
—Una que me obliga a contraer matrimonio — se quejó, consciente de que su amiga abría los ojos de par en par.
Helen no disimulo y busco con su mirada sus manos.
—No veo ningún anillo — anuncio luego de su escrutinio.
—Aún no he dicho que sí — objetó acariciando el dedo donde se suponía que iría la joya.
—Debes contármelo todo.
Y lo hizo. Durante la siguiente hora, Rin se desahogo contándole todo, sin omitir nada.
—Entonces el tipo te gusta, es guapo hasta la médula y como extra tiene más dinero del que puede gastar. No le veo el problema— confesó con cierto descaro —. Muchas mujeres quisieran estar en tu lugar.
— El tipo no me gusta — replicó, Helen no había entendido nada.
— Si alguien te toca y te hace perder la cabeza hasta ese punto, definitivamente te gusta. No significa que estés enamorada. Pero, la atracción sexual que tienen, no puedes negarla— Helen se detuvo a analizar sus propias palabras —. ¿Es eso lo que te preocupa?
Rin gimió por dentro.
—No puedo sentirme atraída por nadie— admitió.
—Por Kamui — dedujo sin tener la necesidad de preguntar.
Ella se encogió de hombros.
—De igual forma, aún no hay nada dicho. Puedo darle largas hasta que se le quite esa loca idea de la cabeza.
—Lo que no entiendo, es por qué tiene tanto interés en ti. No me mal intérpretes, eres una mujer que deslumbrara a cualquiera. Pero, según lo que me cuentas pareciera como si fuera algo más personal.
—Yo, también lo pensé... —agregó. Sus dedos se hundieron en su cabello, alcancanzando la raíz y masajeandolo—. Dos, casi tres semanas no es tiempo suficiente para causar ese efecto en un hombre. Dice que es por su tío...
—Debe odiarlo demasiado para estar dispuesto a desposar a la amante.
—He pensado que si le demuestro que no soy la amante de Seishiro podré tenerlo como aliado.
—Perfecto. Acuéstate con él— sugirió con descaro —. ¿Qué? Vamos, no me mires así. Las dos sabemos que tu "amiga" sigue sin estrenar. ¿Qué mejor que hacerlo con este espécimen que te está volviendo locas las hormonas?
—No quiero acostarme con él, Helen. Debe haber otra forma de demostrarle que nunca he tenido nada con el viejo.
—Pero si te ha entregado tales cantidades de dinero... Será difícil que piense lo contrario, incluso si te acuestas con él.
—¿El saber que era virgen antes de el, no será prueba suficiente?
—No lo sé... Si solo esta así porque eres la amante del tío, puede que si. Aunque algo me dice que lo suyo va más allá se eso. Es que no me lo creo.
—¿Qué no te crees? — inquirió. Helen estaba tirando por tierra su única teoría coherente. Demostrarle a Sesshomaru que no era amante de su tío. ¿Sería eso también un caso perdido?
—Mira, conozco a los hombres. Dices que pudo hacerte suya dos veces pero no lo hizo. Pero eso no es lo más importante. La cuestión es que te tiene en sus manos, puede enviarlos a la cárcel Rin. Puede separarte de su tío con un chasquido de dedos.
Helen tenía razón, ella aún se preguntaba por qué Sesshomaru la había advertido en lugar de proceder ante la justicia. Si tanto deseaba que ella no estuviera con Seishiro podía conseguirlo con una llamada. Pero, no, había algo más. Algo que tenía que ver con el orgullo.
—Sesshomaru quiere ganar la guerra que tiene con Seishiro. El sabe que el tío estaba obsesionado conmigo y la mejor forma de derrotarlo es tomandome para él mismo.
—Es algo absurdo.
—Es la única explicación que consigo. Por eso pienso que cuando le demuestre la verdad puedo tenerlo como mi aliado.
Helen sacudió la cabeza.
—Sigo pensando que hay algo más.
Ambas se quedaron en silencio, ¿valía la pena buscar algo más? ¿Qué relación podría tener Sesshomaru con ella?
—No veo que pueda ser.
—Bueno... Si yo fuera tu, dejaría pasar las cosas, me casaría con él y le daría todo el sexo que pidiera. No tendría ni que pensarlo, un marido apuesto y sobre todo rico que de paso te dispara las hormonas. ¿Qué puede ser mejor que eso?
Rin negó con la cabeza ante las palabras de Helen. Ella no podía ser igual de práctica. Si bien le sacaba una sonrisa, tener sexo con alguien a quien no amaba no estaba entre sus principios.
—En cualquier caso. Felicidades querida, te has hecho con el partido del año.
Partido que ella no quería, estuvo a punto de decir, si no hubiera sido por esos ojos de oro que la miraron reprobatoriamente. Maldición, ¿En qué momento había entrado?
Helen se giro al ver su cara. Rin, no había exagerado al decir que era endemoniadamente guapo. Todo en él le gritaba superioridad, su altura, ese porte aristocrático, la mirada penetrante que hacia que se sintiera pequeña. Esa sensación ya la había tenido antes... La pregunta era ¿Dónde?
—Helen, te presento al Sr Taisho.
—Un placer —musitó.
Él, respondió con un asentimiento de cabeza.
Helen se sintió incomoda al instante, ahora podía entender a Rin. Ese hombre daba escalofríos. Sin embargo, había algo en el que le resultaba increiblemente familiar. ¿Qué?. Se despidió de su amiga con un abrazo y salió de esa oficina tan pronto como le fue posible. En su interior ya tenía la respuesta, una que era imposible. Pero había una sola persona que la había mirado de esa manera, un hombre.
—Tiene un tipo de amigas bastante particular. No me diga que ella tambien le apostaba al bastardo — espetó. Sesshomaru una vez que se quedaron solos.
Ella rodó los ojos.
—¿Y usted tiene que ser siempre tan borde?
—Tenga cuidado de como le habla al partido de año.
Rin, resopló. Aquí iban de nuevo a perderse en una discusión sin sentido. Si de verdad fueran una pareja podría jurar que él actuaba como un hombre celoso.
—¿Qué vino a hacer? —preguntó, ignorando su comentario anterior. No tenía ganas de discutir.
—Quería ver a mi prometida.
—No soy su prometida—objetó. Bordeo el escritorio para sentarse en su puesto. Quería poner distancia entre ellos.
—Acaba de decirle a su amiga que se casara conmigo— dijo como si eso lo explicara todo.
—Sabe bien que casarnos es una locura.
—Y, usted sabe que no tiene más opciones que hacer lo que yo le diga.
Rin,respiro profundo antes de responder. —No puedo hacerlo, mi padre jamás lo permitiría.
La mirada del hombre se volvió sombría. Su boca se torció en una mueca de disgusto. —Me importa una mierda lo que opine su padre — ambas manos estaban sobre su escritorio, en ese momento ella agradeció el espacio que los separaba—Me perteneces desde el momento en que entraste a mi casa.
—Mi padre me cuestionara, ¿no lo entiende? El sabrá que no estoy enamorada de usted.
—Ese no es mi problema — advirtió.
—Si lo es. Jamás permitiría que nadie me hiciera daño.
—¿Qué va a hacerme? Mírame— ordenó cuando vio que ella volteo su rostro—¿Qué puede hacerme tu padre y qué puedo hacerle yo a él?
Nada y todo. Esas eran las respuestas.
—Por favor —le pidió, después de todo eso era por su padre. Si estaba dispuesta a sacrificarse era solo por él —, entiendalo. Soy su hija mayor, la encargada de su legado...
—Su padre estará contento de tener a un multimillonario como Yerno.
—El no es así — replicó en seguida. Él enarco una ceja —. Lo crea o no a mi padre hace mucho dejo de importarle el dinero de mis relaciones.
— Comprobemoslo.
—¿Eh?
—Vamos ahora mismo a su casa y veamos que tan desagradable le resultó a Robert como yerno.
—Está loco.
—Muevete.
Ella lo desafío quedándose donde estaba. Primero, porque tenía demasiado trabajo que hacer y segundo, porque no permitiría que llegara a su oficina a tratarla de esa manera.
—Si no te levantas... — advirtió sin terminar su frase.
Rin, no se inmuto antes sus palabras.
—Me levantaré cuando termine de hacer mi trabajo.
—Y dejar que se pase la hora donde podemos encontrarnos con toda la familia Whitehall. Olvídalo.
Sesshomaru estuvo detrás de ella en menos de diez segundos, le quitó el mouse y apagó el monitor de la pc. La alzó por el brazo e hizo que se levantara. Rin se quejó por su brusquedad.
—Me esta lastimando, no sea bestia.
Sesshomaru la ignoro olímpicamente y siguió con su propósito de llevarla afuera. El brazo comenzó a doler le por la fuerza que aplicaba.
—¡Que me suelte! — grito. Ganándose esta vez su atención. En su mirada estaba segura que transmitía toda la furia que sentía en ese momento. Una cosa era que la tratase mal en privado y otra que se comportara de esa forma en su oficina, eso no iba a permitirlo.
—Camine, no estoy de humor — mascullo amenazante.
—No voy a ir a ninguna parte y mucho menos saldré de esta oficina con usted jaloneandome.
Los ojos dorados se posaron sobre ella. Amenazando furiosos. No entendía que había causado esa actitud en el, pero tampoco permitíria que la tratara de esa manera frente a todos sus empleados. El agarre se aflojó, sin dejar de mirarla llevo su mano hasta la espalda baja. Abrió la puerta puerta y está vez la guió por la espalda. Su brazo aún seguía rígido, por lo menos, él había entendido su mensaje.
Llegaron al estacionamiento y se dio cuenta de que Sesshomaru le había quitado las llaves de su auto, se subió en el asiento del acompañante e ignoro cuando el encendió el vehículo. Ahora iban camino a su casa.
Si no hubiera estado tan molesta quizás se habría dado cuenta de la destreza con la que Sesshomaru conducía, no parecía alguien que sólo venía a Londres de vacaciones, no, parecía más bien alguien que conocía perfectamente cada camino que estaba cruzando. Incluso la dirección a su casa. En ese momento sólo lo vio como un maniático obsesionado por una maldita guerra de familia.
Llegaron a la mansión cuando casi era la hora de la cena. Ella bajo sin esperar a que el lo hiciera. Sin embargo jamás se imagino lo que pasaría después.
Entraron a la casa y fueron recibidos por la tía Betty. Tía con la que aún seguía enojada por su conversación de la noche anterior.
Betty hizo alarde de toda su coquetería y saludo al amargado con su sonrisa más encantadora. Para su sorpresa, el hombre pareció dar una metamorfosis y cogio la mano de su tía dándole un beso en el dorso.
—Es un placer tenerlo por aquí — sonrió Betty.
—El placer es mío — respondió con voz suave. Como si estuviera tratando de seducir a su tía.
Durante toda la noche, Sesshomaru se dedico a conquistar a su madre y a su tía. Por su puesto, las dos cayeron rendidas a sus pies en menos de una hora. El hombre era un actor de primera. Tenía un encanto de los mil demonios y por su puesto una seductora billetera que puso a babear a Juliette, incluso desde antes que él hablara. Su padre por otro lado se mostraba serio, pero en el fondo ella sabía que Sesshomaru le agradaba. Lo confirmó cuando después de la cena lo invito a su despacho. Robert solo compartía su licor y cigarros con las personas que le agradaban y el amargado era una de ellas.
—Es un encanto — dijó Betty viendo con ella como los hombres partían del comedor.
—Primera cosa sensata que haces — agregó Juliette —. Solo espero que no dejes pasar el interés que el señor tiene en ti.
Rodó los ojos y evito ver a su madre. Para Juliette el que Sesshomaru estuviera interesado en ella era la cosa más maravillosa del mundo.
—Deberías cambiarte —sugirió Betty —Vamos —la arrastro con ella sin darle tregua.
Diez minutos después estaba vestida con un enteriso azul con rayas blancas y negras. Su cabello suelto, sus pies en unas sandalias planas.
—Te ves divina —se enorgullecio Betty.
—Tía, ese hombre esta actuando.
—La forma en la que te mira no es ninguna actuación.
—Si, me mira como si yo fuera su presa.
—El depredador no se casa con su presa.
—No, la caza. Eso es lo que el esta haciendo conmigo. ¡Cazarme!
Entro en el salón que era propiedad de su padre. Ambos tenían un vaso de wisky en la mano. Robert alzó la mano para que se acercara y se sentará a su lado, como era costumbre se acomodo en el brazo de la silla. Sesshomaru, que estaba sentado frente a ellos, la miró con intensidad y una sonrisa sardonica se instalo en sus labios diciéndole "te lo dije".
—Le estaba diciendo a Sesshomaru que antes de trabajar en la empresa trabajabas en una galería de arte.
Ella pudo ver como eso lo sorprendió.
—Un pasatiempo — alzó las manos para indicar que aquello no era importante.
—Era rebeldía pura —manifestó, llevándose un trago a la boca.
—¿Es una mujer rebelde? — inquirió Sesshomaru.
—Como el diablo — respondió su padre —. Pero, en el fondo tiene buen corazón. Capaz de amar y perdonar cuando es necesario.
Durante la hora siguiente estuvieron conversando, su padre parecía más bien llevar un interrogatorio, uno del que Sesshomaru salía muy bien parado. Cada respuesta que el hombre le daba parecía complacer a Robert en sobremanera. Tanto, que Rin se dio cuenta de que Sesshomaru le había ganado, su padre no se opondría a un matrimonio con él.
Después de un rato Robert se retiro complacido con la escusa de que estaba cansado. Ella al ver el reloj se dio cuenta que era mentira. Su padre acostumbrado a dormírse hasta altas horas de la noche solo quería dejarla sola con el hombre de mirada dorada.
— Ya no tiene escusas — informó, tal y como un jugador de ajedrez avisa el jaque. Al ver su negativa a responder agregó —. Lleveme a su habitación.
—No — se negó.
El sonrío, no como lo llevaba haciendo toda la noche con su madre y su tía. No, era una sonrisa, descarada, malvada. De esas que solo usaba con ella.
—Entonces no le importa que me cobre el favor aquí, en el despacho de su padre.
Maldijo por lo bajo y no le quedó otra opción que subir con el a su habitación.
Una vez dentro se cruzo de brazos y lo miró a los ojos.
—¿Contento?
— ¿Le quedó claro que se casara conmigo? —cuestionó, ignorando su pregunta — o... ¿Piensa inventar otra?
—Es una maldita locura. Esta obsesionado con una mentira.
—Va de nuevo a negar que es la amante del bastardo — manifestó con ironía.
—No voy a decirle nada. Cobrese de una vez su deuda y váyase.
—Y que estalle a llorar antes de metersela. No gracias. Tengo mejores opciones para complacerme — espetó con saña.
Su comentario en lugar de causarle alivio la molestó.
—¿Qué vino a hacer en mi habitación entonces?
—Satisfacer mi curiosidad — aclaró sereno —. Aunque si me promete que no se pondrá a llorar, puedo complacerla. No me gusta dejar a una mujer con el rostro decepcionado.
—No estoy decepcionada de nada — objeto.
—Su rostro me dice lo contrario.
Maldición, no de nuevo.
El estaba peligrosamente cerca de ella. Sus labios a escasos centímetros, su calor invadiendola.
—Acepte — dijo sobre sus labios.
Ella lo miró confundida.
— No voy a tocarla hasta que diga que si, Rin.
— Se quedará con las ganas, Sesshomaru.
El no le respondió, sino, se puso a recorrer su habitación, como si realmente hubiese tenido curiosidad por conocer su morada. Se detuvo ante el sistema de teatro, cogio el control y presiono el botón de encendido. En seguida el aparato se iluminó. El se encogió de hombros ante su mirada inquisitiva. "Curiosidad", pareció responderle. La canción que había dejado reproduciendo comenzó a sonar.
—New Age.
—¿Le gusta?
—Es una melodía bastante melancólica.
—Pensé que solo le gustaba lo clásico
—Es una buena canción — dijo disfrutando la melodía del violín —. Me alegra comprobar que mi futura esposa tiene buen gusto para la música.
— ¿También toca el violin? — cuestiono con interés.
—Un poco, me inclino más por el piano... Es un Adagio bastante sentimental.
—Secret Garden me gusta bastante. En lo particular, su adagio me parece más como el sentir de un alma resignada.
—¿Es así como se siente? Resignada — preguntó acercándose a ella, cerca pero sin llegar a tocarla.
Si, quiso decir. Su alma estaba resignada desde hace mucho tiempo.
Su maldita respiración le calentaba cada parte de su cuerpo, tenía la garganta seca y... quería besalo. Mirar las orbes doradas fue su perdición. Siguiendo su impulso, envolvió sus manos al rededor se su cuello y se estiro para alcanzar aquellos labios. El se negó a aceptar su beso.
— Diga que lo entiende primero — ordenó como si ella no le afectará en lo más mínimo.
—Vete al infierno — espetó soltandose.
Se dio la vuelta y escucho la profunda respiración del hombre. Lo que pasó después fue tan rápido que no supo cuanto tiempo pasó desde que el la cargo por la cintura y la llevó hasta la cama, sus manos quedaron sujetads por encima de su cabeza, su cuerpo aprisionado por el del hombre, una pierna en medio de las suyas separandolas y el muslo rozando su sexo. La mano libre de Sesshomaru sujetándola por la barbilla para que lo mirara. No le hacía daño, pero tampoco le daba espacio para escapar.
—Di de una buena vez que me perteneces — susurró con voz terciopelada —. Admitelo.
Estuvo a punto de indicarle todas las formas en las que se podía ir al infierno, claro, si no hubiera sido por la tía Betty que entró a la habitación llamándola con un alarido.
Sesshomaru enseguida la soltó, se incorporo en la cama y metió su rostro en medio de sus manos.
—Lo siento — se disculpó su tía apenada —. Yo no quería interrumpir... —balbuceo.
—Esta bien — dijo Sesshomaru suavemente —. Solo nos estábamos despidiendo.
—Oh, no tiene porque irse. Yo volveré otro día.
Sesshomaru se levantó ofreciéndole su mano, pasó de ello y se incorporo por sí sola.
—¿No te importa prestarme tu auto?
—En lo absoluto — respondió con voz celosa.
El trío bajo hasta el estacionamiento y de mala gana vio como el hombre se llevaba su automóvil. No sin antes darle un casto beso en los labios a ella y uno en el dorso de la mano a su tía.
Antes de que Betty le lanzará un comentario acerca de las maravillas del amargado, la ignoro campante y subió hasta su habitación.
¿Qué demonios había sido eso?
Las palabras de Helen retumbaron en su cabeza.
¿Tendría razón?
¿Habría algo más que solo el estúpido convencimiento se que era la amante de Seishiro?
¿Quién rayos era Sesshomaru realmente y que quería exactamente de ella?
Hasta que por fin te haces la pregunta correcta. ¿Quién es Sesshomaru? Todas lo sabemos y morimos por decírtelo - bueno, yo no.
Me preguntaron por qué hice a Rin tan vieja. Eso fue porque quería que pasara mucho tiempo, en el que ambos desarrollasen una vida a parte. Y lo otro fue para que fuese más creíble que ella no lo reconociera y que le haya olvidado como era su rostro.
Me dio mucha risa el comentario de la repartición de familias, si, creo que le tocó la que los demás no querían.
Gracias a todas las que se tomaron el tiempo de dejarme un review... Besos
