Capítulo X

Mariage D'Amour

Un mes fue el tiempo que Sesshomaru necesitó para convencer al mayor de los Whitehall de que estaba interesado en ella. Su padre estaba comiendo de su mano y lo peor era que su madre, su tía y hermano no se cansaban de lanzar alabanzas dirigidas al hombre. La noche anterior Sesshomaru había solicitado el permiso a Robert para casarse con ella, su padre acepto encantado y ahora estaba leyendo el maldito Times con la noticia de su matrimonio. La heredera del emporio Whitehall y el actual dueño del conglomerado de bancos BTTB, se unirían en matrimonio dentro de un mes. Casualmente, el tiempo que le quedaba para pagar la primera cuota de su deuda.

Hace una semana había conseguido que su mercancía tocara sus almacenes, pronto podría colocar sus productos a la venta. Las maquinarias estaban funcionando al tope, sus empleados trabajaban a toda máquina para cumplir con la fecha de entrega estimada. Y por supuesto, su hermano estaba con los dos pies fuera de su empresa. Todo funcionaba perfectamente. Hasta ese momento, cuando recibió la llamada de finanzas.

— Buenas días señora Wolfgang.

—Buenos días Señorita Whitehall, disculpe por llamarla a su teléfono personal, pero es que ha surgido un inconveniente con el pago de la nomina.

Rin, soltó el periódico para prestar atención a lo que le decía la mujer.

—¿Qué clase de inconveniente?

—Verá, por más que ordeno los pagos, estos no se realizan.a cuenta fue bloqueada.

—Eso es imposible —afirmó —. Nadie tiene acceso a esa cuenta, solo se realizas los pagos registrados y aprobados por el sistema.

—Llame al banco y dijeron que los movimientos de esa cuenta debían ser autorizados por la directora.

— ¿Directora de dónde? — cuestionó a la mujer.

—Espere un momento, anote su nombre por aquí... es... Lash Annabelle

La representante de Sesshomaru, debió suponer que algo tenía que ver el hombre en todo eso.

Masajeo sus sienes antes de responder:

— Salga un rato a tomar algo mientras yo resuelvo todo este asunto.

La mujer se sintió aliviada con su respuesta y sin dudarlo le dejó todo el asunto a ella.

Los bancos no podían bloquear su cuenta porque aún quedaban casi dos meses para entregar la primera cuota. Sin embargo, el dinero si estaba en cuenta perteneciente a los bancos BTTB. Aún así, no tenían el derecho de bloquear ninguna de sus cuentas. La forma más rápida de resolver aquello, era ir a la boca del lobo.

La torre principal de BTTB.

Llegó al edificio y dio un largo suspiro antes de salir del auto. Al subir la recibió una secretaria bastante amable, esta le indicó que esperase en una sala contigua. Casi treinta minutos después, la secretaria volvió para decirle que Annabelle estaba en su oficina esperando por ella.

A esas alturas el humor de Rin estaba bastante mal, casi al punto de decir que estaba cabreada, aunque ella casi nunca se enojaba. Entró en el recinto con su mejor cara de molestia. La directora no parecía muy diferente a ella. Aquello sería una difícil batalla.

—¿Puedo saber que la trae a mi oficina?

—Estoy segura que lo sabe perfectamente — contestó de la misma forma en la que la mujer le hablado. Con desdén.

Annabelle, hizo un gesto de inocencia.

—Siento decepcionarlas, Rhiannetee. No tengo idea de qué es lo que quiere.

Ella, rodó los ojos.

—La cuenta con la que proceso la nómina, esta bloqueada. Mis empleados llamaron y dijeron que se necesita de su autorización, lo cual es totalmente absurdo.

—No veo por qué le parece absurdo. La empresa es propiedad de los bancos— afirmó con autosuficiencia.

La boca de Rin se torció en una mueca de disgusto.

—Le recuerdo que se firmo un nuevo plazo para pagar nuestra deuda. No tiene el derecho de confiscar el dinero que pertenece a mis empleados.

Annabelle se encogió de hombros.

—Solo estoy protegiendo los intereses del banco. Paseme la nomina, con nombres y apellidos y aprobaré el pago. Así de simple es esto, Rhiannette.

—No voy a pasarle nada.

Más que molesta se levantó dispuesta a buscar a Sesshomaru, si iba a casarse con él y hacer cuanta cosa se le ocurriera para fastidiar al tío. No iba a permitir que una de sus empleadas la tratase de esa manera.

—¿A donde cree que va? — la mujer la detuvo antes de que alcanzara la manilla.

—Suelteme— exigió dándole un tirón a su brazo.

—¿Cree que Sesshomaru se pondrá de su lado?

— No debería hablar con tanta familiaridad de su jefe y mi prometido — no supo porque tuvo la necesidad de recalcar que Sesshomaru era su prometido. Pero, la forma en la que ella afirmaba que él se podía de su lado, la irritaba.

La mujer soltó una sonrisa maliciosa.

—Sesshomaru es mucho más que mi jefe, y usted no es más uno de sus juegos— declaró, como si estuviera convencida de eso —. Su matrimonio —pronunció con desdén —, no es más que una farsa para molestar a su ex amante. Solo mirese, una cosa es complacer a un viejo de sesenta años y otra muy distinta, complacer a un hombre lleno de vitalidad como Sesshomaru...

Rin apretó los puños y frunció los labios. La muy maldita le estaba diciendo que era la amante de Sesshomaru. Así que de eso se trataba todo, ella estaba celosa de su matrimonio. Toda esta mierda iba a ser más difícil después de todo.

—... Por suerte, no durará mucho, él necesita mucho más que una mujer que solo sepa acostarse y abrir las piernas.

Rin alzó la cabeza y la miro con altivez. Eso había colmado su paciencia.

— Debe sentirse bastante amenazada por mi parte para montar todo este teatro —su sonrisa fue una burla a la mujer —. Al verla la entiendo, hay muchas cosas con las que se nace y usted lastimosamente, carece de ellas— su mirada la recorrió de arriba abajo, manteniendo siempre su nariz elevada —. Lo bueno es que no todo está perdido, cuando quiera puedo enseñarle como hacer que dos hombres estén dispuestos a botar un millardo de dólares solo porque usted se acueste y le abra las piernas.

—Maldita — máscullo —. Es una maldita prostituta.

—Por lo menos no me valgo de tretas infantiles para conseguir lo que quiero.

Abrió la puerta y salió al pasillo. Las secretarias se quedaron viéndola con asombro.

—No voy a aprobar el pago hasta que no me envíe lo que pedí.

— Veamos que dude mi prometido al respecto.

Ignoro la respuesta de la mujer y llamo al ascensor. La oficina de Sesshomaru estaba un piso más arriba. Antes de que las puertas se abrieran la persona que menos quería encontrar apareció en la sala.

—¿Puedo saber qué es este escándalo? —Seishiro Taisho cuestiono la escena.

Todos en el lugar permanecieron callados. Incluso Annabelle.

—Mi estimada, esto si que es una agradable sorpresa — dijo el recién llegado dirigiéndose a ella —. ¿Algún miembro de mi personal le está causando inconvenientes?

—No, le agradezco su preocupación. Si me disculpa me disponía a buscar a mi prometido.

Aunque se sintió tentada a decirle lo que pasaba, no lo hizo. Pudo ver por su mueca de tristeza, que él lo lamento. Extendió su mano hacia ella, dudo un poco antes de aceptar su agarre.

—Aún está a tiempo de arrepentirse. Mi sobrino la hará vivir un infierno.

—Gracias por su advertencia — soltó su mano —. Pero no tengo nada de lo que arrepentirme.

—Ya la escuchaste — la voz baritona de Sesshomaru retumbó en sus oídos.

En seguida, sintió el agarre de su prometido en la cintura. Su brazo se sentía rígido. Como si estuviera controlando para no asesinarla.

Las puertas del ascensor se abrieron y con ello Sesshomaru la empujó adentro. Nadie más se atrevió a subir con ellos. Subieron al siguiente piso. Sin ningún sentido del tacto, atravesaron el hall bajo las miradas disimuladas de las personas que laboraban en el piso. Siguieron por el pasillo hasta unas elegantes puertas de madera, las cruzaron y ella solo pudo escuchar como el cerraba con llave.

—Que sea la última vez que viene a mi edificio a armar un escándalo— le advirtió, detrás de ella.

—No habría venido si su directora —hizo énfasis en esa palabra —, no hubiese bloqueado mis cuentas—Se volteo para encararlo —. Mis empleados, esperan su pago hoy. No me parece justo con ellos, que por un capricho, se queden sin su quincena.

—¿Un capricho? — paso de largo para descolgar el teléfono que había comenzado a sonar —. Dime... —se quedó escuchando a su interlocutor por un buen rato —Ok — colgó el teléfono y la miró fijamente.

—Me supongo que fue la directora Lash quien lo llamó.

— Me dice que usted se niega a pasar un informe con su nómina — aclaró, su mirada echaba chispas —. Sólo debe justificar su gasto. Envíe el maldito informe y esto se acaba.

—¿No tengo que justificarle a nadie en que gasto el dinero de mi empresa?

—¿Su empresa? — cuestionó con sátira —. Whitehall Inc. No le pertenece, Belle solo esta cuidando mis intereses. Cuando cancele la deuda podrá hacer uso de su dinero como más le plazca.

Rin, abrió los ojos con incredulidad.

—No puede hacerme esto. Acepte casarme con usted, solo para complacerlo, por lo menos debería mostrar un poco de respeto por mi.

—Una cosa es aceptar una prorroga a los pagos y otra totalmente diferente es seguir permitiendo que despilfarre el dinero que le queda. A partir de ahora entregará los informes a Annabelle. Sino quiere hacerlo, es libre de irse y dejarle la administración de mi empresa a otra persona.

El rostro de Rin ardió por la rabia. Él, la estaba rebajando. No se sorprendería si descubría que eso había sido su plan. De repente dejo de pensar y todo lo que quería era molestarlo, sus palabras salieron tan rápido que fue incapaz de detenerse.

—Bien, me voy. Estoy segura de que su tío estará encantado de recibirme.

Antes de que pudiera tan siquiera volver a tomar aire las manos de Sesshomaru estuvieron en sus brazos.

—Ni se le ocurra — la amenazó, su voz con un tinte asesino.

Ella se dio cuenta de su error demasiado tarde. Él, la miraba como si quiera despellejar todo su cuerpo.

—Me está obligando — dijo en su defensa.

—Antes de verla con Seishiro, prefiero enviarla a la cárcel con toda su familia. Así que déjese de tonterías y pase el maldito informe.

Perdió el equilibrio por un momento cuando él la soltó de golpe. Él se giró y fue hasta su escritorio, ignorándola campalmente comenzó a hacer llamadas en japonés.

Ella sintió la frustración recorrer su cuerpo.

El humor se Sesshomaru había estado de perros los últimos días, estaba particularmente irritable y no había una maldita cosa que le resultará satisfactoria. Incluso, el cuerpo de la mujer semidesnuda que tenía en frente le fastidiaba.

Annabelle, lo sintió y se separó de él.

—¿Puedo saber qué te pasa? — preguntó molesta, aún a horcajadas sobre él.

Su pecho desnudo se resistió a la caricia de su amante, negó con la cabeza y dijo :—Estar en Londres me tiene fastidiado.

Cargo a la mujer por la cintura y la dejo a un lado. Se levantó y fue a servirse un trago. Sintió la mirada de Annabelle en su nuca.

—¿Desde cuándo la ciudad afecta a tu amigo?

—Solo estoy estresado.

—Por no poder cogerte a tu ex — espetó.

—Annabelle... —dijo suavemente.

Ella negó con la cabeza mientras recogía su ropa. Su expresión era claramente molesta.

Salió de la habitación para darle espacio.

Antes de que pudiera sentarse la puerta sonó. El suave toqueteo lo puso en alerta. Sólo había una persona que podría venir a su hotel y tocar de esa manera.

Comprobó que tenía razón en el momento que abrió. Rin estaba parada frente a él, vestida con unos jeans y una franela blanca, sus pechos subiendo y bajando, su cabello recogido en una trenza, sus ojos abiertos y expectantes, sus labios rosa pálido. ¿Por qué tenía que ser tan hermosa?

Maldijo en el momento que aspiro su olor, era tan exquisitamente delicioso que lo sintió directamente en su ingle. Lo que Annabelle no había conseguido en toda la mañana, lo había hecho ella con solo estar parada frente a él.

—¿Va a dejarme entrar o se va a quedar parado todo el día viendome? — cuestionó batiendo sus largas pestañas.

—No es un buen momento.

— ¿Por qué? —ella dirigió su mirada a su pecho desnudo —. No es la primera vez que lo veo semidesnudo.

Rin no podía tener ese maldito poder sobre él.

—Ya que así lo quiere — se apartó de la puerta y la dejo entrar.

Annabelle que venía saliendo de la habitación en ese momento cruzo su mirada con Rin. Sesshomaru aprovecho la distracción para acomodar a su amigo y abrocharse los pantalones.

—Lamento interrumpirlos — habló Rin —. Solo venía a que me dijera quienes serían sus invitados para la boda.

—No invitaré a nadie — respondió escueto —. Mi familia y amigos están en Japón. Aquí no me place invitar a nadie.

—Perfecto, menos personas para circo — puntualizó.

—Será mejor que me vaya — anuncio Annabelle luego de acomodar sus zapatos —. Ya la parte divertida se acabó.

Cruzo su mirada con ella antes de que le diera un corto beso en los labios. Annabelle siempre hacia eso cuando se despedía, pero esta vez en lo único que estuvo pendiente fue en la reacción de Rin.

Ella tenía los labios fruncidos y las cejas ligeramente inclinadas, estaba molesta

—Yo también me voy — declaró, dejo un sobre sobre la mesa. Se giro para mirarlo —. Si quiere puede revisar los detalles que hemos escogido para la ceremonia. Y le recomiendo que vaya en busca de su empleada, es muy mal visto irse sin terminar su trabajo.

Eso último se lo había dicho mirando a su entrepierna. Su maldita ereccion no quería irse. Sonrió por un momento al adivinar lo que estaba pasando por la cabeza de la mujer.

—¿Celosa? — inquirió acercándose a ella.

Sus labios se fruncieron aún más. Si, lo estaba. Esa manera de comportarse la recordaba perfectamente bien.

— En sus sueños.

Ella emprendio su marcha. Pudo haberla detenido, sin embargo, no lo hizo. No porque no quisiera, sino porque en ese momento estaba tan molesto por el poder que aún ejercía en su cuerpo, si ella lo rechazaba no sería capaz de detenerse. Solo por eso la dejo ir.

—Así que te obliga a pasarle informes a su amante — concluyó Helen.

Su amiga había venido a acompañarla a arreglar las últimas cosas en el salón de fiestas. Su boda sería al día siguiente.

—Lo peor es que la mujer me molesta constantemente por cualquier cosa. Es una especie de demonio personal. La semana pasada critico la compra de papelería. Me trata como una vil ladrona.

—Eso se solucionaría si te acostarás con él.

Rin rodó los ojos.

—No todo se trata se sexo Helen.

—La gran mayoría de los hombres funcionan con el pene. No veo por qué Sesshomaru sea lo contrario— repuso, mientras que estacionaban el auto para entrar en el salón de fiestas.

—Sesshomaru, ya no está interesado en mi de esa manera — anunció sin intención de sonar molesta.

—¿Por qué no te ha vuelto a besar? No seas tonta. Yo en su lugar haría lo mismo, si lo único que consiguiera besandote fuese un dolor en mis bolas.

—No parecía molestarle al principio.

—¿Cuántas veces lo has dejado con la bandera izada?

Volvió su rostro a otro lado e ignoro su pregunta. Helen la miró inquisitiva.

—Annabelle está haciendo un excelente trabajo en mantenerlo con la bandera recogida.

Su amiga la miró confundida.

Rin se escapó de su futura pregunta entrando en el salón. Los encargados rápidamente salieron a recibirlas. En la hora siguiente estuvieron revisando cada detalle de lo que sería la recepción. Aquel teatro sería solo para complacer a su familia ya que la familia de Sesshomaru ni siquiera asistirá.

—¿Y bien? — inquirió Helen en el momento en el que se quedaron a solas.

—Los vi juntos— soltó liberando todo el aire de sus pulmones —. Fui a su hotel hace varios días por un asunto de la boda y la vi en su habitación. Ni siquiera tuvo la delicadeza de esconderla.

—¿Estas segura que estaban juntos de esa manera?

—¿Qué otra cosa harían dos personas a medio vestir en una habitación de hotel? — respondió con ironía —. Me dejó más que claro que sólo se casara conmigo para que no esté con su tío. Por favor. Si el maldito viejo me da más asco que una cucaracha. Pero no. Sesshomaru está obsesionado con verme como la amante del decrépito.

Helen sonrió por lo bajo.

—Suenas como una mujer celosa.

—No estoy celosa — replicó en un aullido —. Solo me molesta su doble moral. Y que por supuesto me obligue a rendirle cuentas a su amante. La que por cierto no deja de fastidiarme.

— En eso estamos de acuerdo.

—Es un maldito condescendiente con todas las personas. Trata bien a todos. Esta pendiente de cada detalle, le lleva las flores que le gustan a la tía Betty, el viernes incluso le consiguió un chocolate de una marca latinoamericana. Toca en el piano la música que le gusta a mi madre. Sabe como hacer para seducir a cada mujer que conoce. Pero a mi, su futura esposa me recalca que no soy más que una venganza en contra de su tío.

— Si te sirve de consuelo, a mi tampoco me soporta—agregó Helen sacándole una sonrisa.

—Es frustrante.

— ¿No has investigado nada más sobre él?

—No consigo más de lo que ya te he dicho. Liam dice que su vida ha sido cuidadosamente ocultada. Heredero los bancos con once años, por lo que desde allí se hizo todo lo posible por mantener su vida en secreto.

—Es extraño que no haya ido a vivir con su tío.

—Yo pensé lo mismo. Tal vez, su enemistad viene de esa época.

—Es probable.

Rin vio como Helen se quedó mirando al vacío, como si estuviera pensando en algo importante.

— Terminemos aquí y vayamos a comprarte un sexy modélito para tu noche de bodas. También tenemos que ir a a tu despedida de soltera.

Algo en ella le dijo que eso, probablemente, no era lo que Helen estaba pensando decirle. Decidió no prestarle atención y dejar que se la llevara a donde ella quisiera. Bien sabía que sería imposible hacerlo de otra manera.

Caminaron hacia el área de la música, lo único que faltaba era anotar las canciones que quería que fuesen interpretadas.

Por más que trato el no hacerlo, le fue imposible recordar cuantas veces había planeado su boda con Kamui.

Quiero que sea en otoño le había dicho ella.

No, será en primavera y nos cansaremos en Japón.

Pero en Japón estaremos de mi familia ella se había quedado.

Pero... En Japón tendremos los cerezos. Y además voy a interpretar una canción especial para ti.

¿Cuál?

Es un secreto.

Dio las indicaciones de la música al encargado y salió de la sala. Quería irse lo más pronto posible.

La música que acababa de entregar comenzó a sonar, Mariage D'Amour invadió sus tímpanos. Quería irse. Antes de salír el organizador que acababa de llegar la llamó. Ahogo un gremio y fue hasta él para perderse en una discusión banal sobre flores y lámparas. En el reflejo del espejo que estaba detrás del hombre y al que ella miraba mostrando un fingido entusiasmo a la conversación vio lo que jamás se esperó ver.

El reflejo de un hombre apareció por unos cuantos segundos, giro por inercia hasta donde se había originado el reflejo.

No había nadie.

Pero, ella no estaba loca. Corrió por el pasillo y repaso cada parte del edificio victoriano.

Nada.

Helen y los empleados la miraban como si estuviera enferma. Sin embargo, su palidez no era porque estaba enferma. Era porque acababa de ver un rostro que no había visto desde hace quince años. La nariz perfilada, los labios carnosos, el andar desgarbado.

¿Acaso era una advertencia?

Sus manos comenzaron a temblar al ritmo de las notas del piano.

¿Por qué siempre tenía que haber un piano cerca?

Ella estaba de una cosa, y eso era que, ella, no estaba loca.

Lo había visto

La silueta de Subaru.