Cuando su puerta sonó a esas horas de la noche supo que no había nada bueno con eso. Tocaron de nuevo, la persona detrás de la puerta se veía bastante impaciente. Sin mencionar que tocaba con bastante fuerza. Maldijo para sus adentros y se levantó, no se molesto en vestirse, quien quiera que fuera, lo despacharia de inmediato.

Abrió, la persona entró.

—¿Qué mierda significa esto? —el familiar tono de voz hizo que le doliera la cabeza.

—No voy a irme a ningún lado hasta que me expliques que es todo este asunto de una boda.

—Voy a casarme.

—Si, eso ya lo sé. Vas a casarte con Rhiannette Whitehall. ¿Le avisaría a tu familia en algún momento?

—No tiene importancia.

Su hermano soltó un resoplido.

—Claro que la tiene, vas a atar tu vida a ella de por vida. Por supuesto que importa.

Bingo. Lo último que le faltaba en ese momento era un sermón de Inuyasha.

—Madre ha pegado el grito al cielo cuando se ha enterado.

—¿Vas a dejar de gritar en algún momento?

Inuyasha lo miro con cara de pocos amigos, estaba enojado. Probablemente furioso. ¿Habría venido solo? De pronto se le antojo un montón abrazar a sus sobrinos.

—Me fui de viaje por una semana y cuando regreso me entero de que viajaste a Londres. Dejaste sola la oficina de Japón.

—He continuado habiendo mi trabajo, no como otros.

—Sabes que los bancos no me interesan.

—Deberían... —estuvo a punto de decir que Hiromi podría heredarlos. No lo dijo, no porque no le gustase la idea sino porque se había dado cuenta de que quizás el podría tener sus propios hijos. Con Rin.

—En Japón hay un escándalo por tu matrimonio.

—No veo el por qué. Rin pertenece a una buena familia. ¿No les resulta romántico nuestro arrebato de amor? —pregunto con una sonrisa sardonica.

—¿Amor?— bufó Inuyasha— Lo que quieres es hacerle daño. Jaken nos puso al tanto de las finanzas de la familia Whitehall.

Sesshomaru se encogió de hombros. Bostezo y se recosto en el sofá. Inuyasha lo siguió con la mirada.

—Tal vez... —admitió sin remordimientos. —Lo cierto es que me necesitan.

—¿Qué fue lo que te hizo Rin? —preguntó suavizando la voz.

—No tiene caso hablar de eso.

—Sin embargo es ese el motivo. Venganza —silencio— . ¿Sabe quien eres?

—No. La muy... La dama no tiene por qué acordarse del estúpido que estaba enamorado de ella en la preparatoria.

—No voy a dejar que le hagas daño —declaró, desafiante.

—Y yo no voy a dejar que te metas en mi vida. Si me da la gana de casarme con una monja o una prostituta lo haré.

—Rin no es una mala persona, sea lo que sea que haya pasado entre ustedes, no se merece lo que planeas hacer.

—Según tu, ¿Qué planeo hacer?

—Vas a hacerla sufrir dijo sin dudar.

—No, no haré tal cosa. Al contrario la haré bastante feliz. Rin se ha estado acostando con el tío a cambio de dinero ¿Sabes que fue de esa manera como concibió la deuda? Cuando se canso de él, el tío se molesto, la amenazó con subastarle la empresa y ¿a que no sabes lo que hizo? Fue hasta nuestra casa en Japón a ofrecerme su cuerpo.

Inuyasha tenía cara de desconcierto. La información lo había afectado, pero ya no había vuelta atrás. No podía retirar lo que dijó y más siendo la verdad.

—Ella estaba enamorada de ti, de Kamui espetó después de un rato.

Él resoplo.

—Por supuesto— agregó con sarcasmo.

—Lo creas o no. Estas a punto de cometer el peor error de tu vida.

—Estoy a punto de cavar la tumba de la mujer más cínica de Europa.

Inuyasha asintió.

—Espero que también caves la tuya porque terminaras igual de enterrado que ella en esta estúpida venganza.

Rin miró la hora en su reloj, aun era demasiado temprano para salir. Espero impaciente hasta que las 4:00 se mostraron en la pantalla. Recogió su abrigo y se escabullo hasta el garaje, encendió su auto y salió de la casa. El tráfico era escaso a esa hora. A las 4:53 llegó a la oficina de Liam, habían quedado de verse a las seis en punto. Espero durante ese tiempo dentro del auto.

A las 5:45 vio pasar el auto de Liam. Lo interceptó antes de que pudiera subir.

—Rin, por todos los cielos. ¿Qué te ha pasado?— exclamó al verla.

Ella supo que lo dijo por lo desdeñoso de sus ropas, un simple Jean con una franela manga larga cubierta por el abrigo gris claro. Su rostro sin maquillaje y su cabello recogido en una cebolla. Debían marcarsele las ojeras y sus ojos debían estar rojos.

—Necesito tu ayuda.

—Claro, subamos.

Entraron en la oficina y cerraron con llave.

—Necesito que busques a Subaru Sumeragi.

—Otra vez con eso... Rin, hace tiempo..

—Lo vi —lo interrumpió .—.Ayer. Estaba en el salón donde sera la recepción de la boda.

—Cariño dijo con voz suave. Ya hemos hecho esto antes.

—Por favor Liam, tu no... Te juro que lo vi. Helen y la tía Betty no quieren creerme su voz temblaba con cada palabra . Por favor suplico.

—Ok, ¿Qué quieres que busque?

—Aquí tengo una lista de las personas que trabajan en el salón.

—¿Aparece su número de identificación?

—Si dio un salto y se sentó con el frente al computador.

Revisaron uno por uno a los más de cien hombres que trabajaban en el lugar. Cocineros, meseros, vigilantes, ayudantes, personal de aseo, músicos, animadores... Ninguno coincidía. Liam comenzaba a mirarla con lastima.

—Cariño... Estas a punto de casarte con un bombom que de paso tiene más dinero del que podría gastarse en toda su vida. ¿Por qué te empeñas en seguir anclada al pasado?

—Porque no lo amo— respondió —. No quiero casarme con él.

—Entonces... deberías ir y tratar de razonar con él.

—Es imposible razonar con ese hombre.

Su única esperanza se había ido por la borda. Había perdido tres horas revisando la data, rostro tras rostro, su esperanza muriendo al paso de cada uno. Tal vez no fue real, quizás fue solo una advertencia de que no lo hiciera. Lo más seguro es que Kamui hubiese estado tan enojado que envió a su hermano a aparecerce frente a ella.

Su teléfono llevaba un buen rato sonando como loco. Para ese momento tenía más de 20 llamadas perdidas de su madre planeaba ignorar la siguiente llamada hasta que vio el nombre en la pantalla.

Seishiro Taisho.

Respondió.

—Hola.

—Me alegra que haya respondido.

¿Qué quiere?

—Ayudarla, por supuesto. Tengo algo que decirle que podría hacerla cambiar de opinión sobre su próxima boda.

—Y eso sería a cambio de mi cuerpo —espetó.

El hombre sonrió al otro lado de la línea. A ella le causó escalofríos.

—Planeo tratarla bien. Mi sobrino no lo hará, la humillara hasta que ya no quede nada de usted... Me dolería mucho ver eso.

Algo le decía que Seishiro tenía razón, de hecho Sesshomaru ya había comenzado a humillarla haciendo que se rebajase ante su amante.

—Pienselo— agregó ante su silencio— . Sabe donde encontrarme.

Seishiro corto la llamada.

Tenía algo que poderla hacer cambiar de opinión sobre su matrimonio.

Clamo al cielo por ayuda. Bendita su suerte de haber quedado atrapada en medio del odio entre tío y sobrino.

Tenía que pensar las cosas con frialdad. Seishiro era zorro viejo. Sabía mover sus cartas, quizás lo que decía era una trampa, tal vez era cierto y podría librarse de casarse con Sesshomaru. La cuestión era que tendría que acostarse con él, había sido claro en lo que quería.

Por otro lado Sesshomaru sentía desagrado por ella, pero eso era porque pensaba que ella era la amante de su tío y todo el rollo con el dinero... Si ella le demostraba que nunca se había acostado con Seishiro podría convertirse en su aliado. Y, además últimamente Sesshomaru no demostraba interés sexual por ella, si lo hacía, solo tenía que negarse. Si de algo estaba segura era de que él no era del tipo que violaba mujeres. Por lo pronto tenía que hablar con Alex.

Alexander estaba sentado frente al televisor cuando ella entró en su apartamento.

—¿Qué haces aquí? —soltó levantándose de un brinco.

—Necesito que me digas donde metiste el dinero que robaste de la empresa .

—Ya te dije que lo invertí con Kev.

Rin entorno los ojos.

—Eso ya lo sé. Lo que quiero que me digas es donde... ¿Donde invertiste el dinero?

Rin, no puedo.

—Alexander, a parte del contrabando que metiste en mi barco. ¿Donde más tienes metido dinero?

—¿Contrabando?— cuestiono con inocencia.

—Ya deja de hacerte el estúpido que lo se todo. Ah... y Sesshomaru también lo sabe. Me tiene con la soga en el cuello por tu estupidez.

La expresión de inocencia del rostro de Alex cambió por completo. Ahora tenía miedo.

–¿Planea denunciarme?

—No, claro, si me caso con él.

—Tienes que hacerlo— suplico poniéndose sobre sus rodillas— . Por favor hermanita. Te prometo que cuando pueda liberar el dinero te lo entregaré todo a ti.

—¿Liberar el dinero?— eso significaba que todavía estaba en algún lado. —¡Habla!

Su hermano trago grueso antes de responder.

—Bueno... Hay un negocio en Rusia. Explotación de diamantes, al principio nos fue muy bien, sacamos dinero de la empresa y lo multiplicamos, pasamos meses así. Nos gastabamos las ganancias y reinvertiamos el capital. Hasta que las cosas se pusieron malas, el gobierno nos pillo. Tuvimos que pagar sobornos.

—Fue allí cuando acudieron a Seishiro.

—Si, pero su ayuda venía desde antes. Tiene mucho tiempo interesado en ti.

—Maldición, me estuvieron vendiendo.

—Se enojo bastante con tus negativas. Por eso nos amenazó con subastar la empresa.

—Necesito los documentos.

—No puedo dartelos hermanita.

—Pues vas a hacerlo, claro a menos que quieras que te denuncie por contrabando.

—Hundirías la empresa. A nuestro padre. Incluso a ti. Le hemos mentido a todos, los inversionistas, trabajadores. Pasaremos el resto de nuestras ven la cárcel.

—Perfecto, en la cárcel no tendría que acostarme con nadie.

Alexander no necesito otra amenaza para entregarle los documentos de inversión en la explotación ilegal de diamantes en Rusia. Ahora sólo tenía que mostrarle aquello a Sesshomaru. Miró el reloj de pulcera. 3:26pm bien aún tenía tiempo.

Su madre continuaba llamando a su teléfono, 67 llamadas perdidas.

Llegó al Marileborne, subió al piso de Sesshomaru. Tocó varias veces con bastante energía antes de que le abriera.

—¿Ahora que quieres?

Sesshomaru claramente la había confundido con otra persona, ella prefirió ignorar su mal genio y se introdujo en la habitación. El cerró la puerta tras ella.

—Vengo a decirle que no voy a casarme con usted.

El entrecerro los ojos.

—¿Por qué? preguntó. De todas las cosas ella jamás se imagino que diría eso.

—Porque yo no me gaste el dinero de su banco. Tampoco me gaste el de la empresa de mi familia y... Tampoco me he acostado con su tío.

—Déjese de tonterías. La boda es en tres horas. Le recomiendo que vaya a cambiarse sino quiere que la arrastre asimismo ante el juez.

—Aquí están las pruebas le tiro los documentos que había obtenido de Alex. Ese fue el destino del dinero.

—Sesshomaru ojeo la carpeta. El rostro de sorpresa que Rin espera ver no apareció, su mirada dura se encontró con ella.

—¿Qué quiere que haga con esto?

—Ya le dije, fue mi hermano. No puede hacerme pagar por un crimen que no he cometido.

—Creo que se gasto el dinero con su hermano. Una de las cuentas donde depositaban las ganancias estaba a su nombre. ¿Cree que no sabía esto?

Rin abrió la boca. Incrédula. Sin esperanzas.

Usted decide le pasó por un lado y cogio su celular . O va a su casa, se pone su vestido y lleva su bien formado trasero a la recepción o ya mismo convocamos una rueda de prensa y destapamos todos los secretos de su empresa. ¿Qué dirán sus inversionistas cuando sepan que han invertido su dinero en una estafa Rusa? ¿Qué los hermanos Whitehall han despilfarrado su dinero? O mejor aún , ¿Qué dirán cuando sepan que están endeudados hasta el culo con el banco?

—Es un bastardo.

—Decida rápido. Si no llega antes de las 7 convertiré la boda en una sala de conferencias.

Rin, no necesito nada más para saber que lo que Helen sospechaba era cierto. Sesshomaru tenía algo más en contra de ella y para su mala suerte no tenía la más remota idea de que era.

Se puso el vestido con el animo que llevabas cuando ibas a un funeral. El modelo corte sirena estaba cubierto por la más fina de las organzas. Por detrás la tela transparente cubría su espalda, delante llegaba hasta su cuello desde el escote de corazón. Los brazos iban descubiertos.

—Es sólo una boda por civil. No entiendo por qué tengo que usar un vestido para una iglesia.

Juliette entorno los ojos.

—Es para que te veas como una novia repuso Betty.

—Bien podría ser mi funeral.

Rhiannette regañó su madre. Ni se te ocurra decir eso frente a tu padre.

Su padre, se recordó. Él también había firmado la extensión del crédito con Sesshomaru, si se armaba una investigación por el desfalco él también iría a la cárcel. Si solamente fuesen ella y Alexander lo soportaría. Pero no permitiría que Robert terminase en la cárcel.

Subió al auto de alquiler, ni siquiera presto atención al modelo o al color. Tuvo que fingir una sonrisa al lado de su padre. Llegaron. Rin sintió que iba a vomitar.

—¿Estas bien cariño?— cuestiono Robert suavemente.

—Si, son los nervios. Supongo trato de que su voz pareciera normal.

Su padre le ofreció su brazo, ella lo tomó. Respiro profundo y entró. Sesshomaru estaba al final, caminaron por la alfombra dorada. Tenía el mismo color de sus ojos, notó. Respiro tratando de controlarse. Su padre le dio su mano a Sesshomaru.

—Te entrego mi más grande tesoro— dijo para que solo ellos pudieran escucharlo.

La ceremonia comenzó. El juez leyó un montón de cosas que ella no escucho. Dijo sus votos de forma mecánica, su alma había abandonado su cuerpo desde el momento en el que entró al salón. No escucho cuando Sesshomaru pronunció los suyos.

El juez los declaró marido y mujer. Sesshomaru la beso. Los invitados aplaudieron. El juez cerró el libro.

Estaba hecho.

Rin camino entre los invitados que les daban sus felicitaciones. Sesshomaru la tenía cogida de la mano. Trato de mantener la sonrisa. Una pareja se movió, un hombre se inclino y una figura atrás se mostró.

Subaru.

Su corazón se desbordó, la pareja volvió a su posición y ella intento caminar hacia donde había visto la silueta. Sesshomaru se lo impidió. La asió de la mano con más fuerza y le lanzó una mirada desafiante.

—Será mejor que te quedes aquí y sonrías —susurro en su oído. El contacto la hizo estremecer.

Miró al frente y allí estaba. El chico que había visto. La miró a los ojos y sus piernas amenazaron con dejar de funcionar. Tenía los ojos dorados, el cabello plateado recogido en una cola igual que Sesshomaru.

—¿No vas a presentarme a tu esposa?... Hermano.

Hermano. Este hombre era hermano de Sesshomaru. Su cabeza retumbó, su ahora esposo pareció darse cuenta de su conmoción puesto que la sostuvo por la cintura. Miró a la cara a su marido. Sus ojos dorados la escudriñaron.

¿Como demonios era eso posible?