CAPÍTULO XII

Canon in D

—Te presento a mi hermano, Inuyasha Taisho.

—Encantado de conocerte —dijo con una sonrisa, cogio su mano y se la llevó a los labios.

Sesshomaru gruñó.

—Un placer conocerlo— respondió, por inercia.

La cabeza le daba vueltas, tenía el pulso acelerado, su piel estaba muy fría y sentía que podía desmayarse en cualquier momento.

—No me siento bien— musitó. Solo Sesshomaru escuchó.

—Aguanta.

—Vomitare.

El susurro una maldición. Ofreció una disculpa a los que aún no habían dado sus felicitaciones y salió con ella, por supuesto, sin quitarle las manos e encima. Entraron a un salón al parecer de descanso. Tenía un modular azul marino que se le antojo demasiado para sentarse.

Sesshomaru se quedó de pie, mirándola. Ella se sintió estúpida, había pasado todo el día día fantaseando con una mentira.

La puerta se abrió e Inuyasha entró.

—¿Te sientes bien?

Quería decirle que no, que la sacara de allí. Con la luz de la habitación podía ver mejor su rostro. Se parecía a Subaru en cierta forma, la nariz, la forma del rostro, las cejas... dudó, ni siquiera estaba segura ya de eso.

Inuyasha tenía la mirada mucho más amable que la de su hermano. Terminó asintiendo porque de hecho se estaba sintiendo mejor. Volviendo a la realidad.

—¿Quieres que te traiga algo de tomar?

—No, no es necesario. Solo... Me quedaré aquí un rato, no he comido en todo el día, solo fue eso.

—Entonces te traeré algo de comer.

Su nuevo cuñado no espero su respuesta, salió tan rápido como terminó su frase.

Sesshomaru seguía parado en el mismo lugar, mirándola con fastidio. Como si pensará que ella estaba mintiendo.

Ella por primera vez lo escudriño, buscando en sus facciones algún parecido con Kamui. Justo en ese momento se dio cuenta de que no recordaba los detalles del rostro de su primer amor... Había pasado tanto tiempo que era incapaz de evocar con detalles las formas de su nariz o su mandíbula, ni su frente ni nada... Solo tenía un vago retrato en su mente.

Se sentía mortificada por eso.

Inuyasha volvió antes de que ella pudiese pensar en algo más. Tendió un plato con panecillos, jamones, quesos y salsas. Ella comió de buena gana, notando que de verdad tenía hambre. Cuando hubo terminado miró a su cuñado y le dio las gracias, él respondió con un asentimiento de cabeza.

Sesshomaru le tendió la mano. Ella dudo un poco antes de aceptar tu ofrecimiento. Acepto su ayuda y se encontró parada frente a él, su mano recorrió su columna hasta llegar al final, su otra mano la acaricio en el rostro.

—Te ves mucho mejor. Vamos, tenemos un baile que iniciar.

El salón de baile estaba esperando por ellos, Sesshomaru le hizo un gesto al organizador. Se acomodaron y las notas del Canon in D comenzaron a sonar. Caminaron hacia el centro al sonido del piano, justo cuando las notas del violinchello se hicieron presentes él le dio la vuelta. Iniciaron el baile, estaba tan cerca que podía sentir su aliento, él tenía su cabeza ligeramente inclinada.

Contrario a lo que había pensado, le fue fácil concentrarse en el baile, su esposo era un buen bailarin marcaba perfectamente los pasos y la llevaba como cual experto. No podía ser de otra manera, pensó.

Terminaron el baile y los aplausos no tardaron en llegar. Pausados, con calma, tal y como la sociedad Londoniense sería.

—Tu sonrisa se ve falsa — reprendió una voz femenina.

Rin volteo para encontrarse con su amiga.

—Gracias por la observación. No puedo dar más que eso.

Helen la miro con tristeza.

—Como me gustaría que no te hubieses enamorado— ella se negó ante esa afirmación.

—Yo no me arrepiento de enamorarme, si haber sido una cobarde pero no de haberme enamorado.

Aunque sabía que Helen no estaba de acuerdo con ella no dijo nada. En cambio pregunto:

—¿Quien es la mujer que está con tu marido? —Rin volteo hacia el lado al que ella le había señalado.

Era Annabelle. Comprobó sintiendo una especie de molestia.

—Su amante d—eclaró, su voz demostrando su molestia.

Helen abrió los ojos con sorpresa.

—Si yo fuera tu iría y reclamaria mi lugar.

Rin miró de nuevo hacia la pareja, Sesshomaru estaba en medio de una conversación con dos hombres, ambos eran amigos de su padre, accionista de alguna empresa que no podía recordar en ese momento. A su lado, Annabelle agarrada de su brazo participando activamente en la conversación. Se le antojo demasiado quemarle los brazos para que no volviera a tocarlo.

—Vamos— repuso Helen ante su duda— . Es injusto, él te obliga a alejarte de tu amante pero se trae la suya a tu boda.

—Bien iré.

Sesshomaru vio a Rin venir hacia él. Caminaba como la gracia y elegancia característica de las mujeres a las que estaba acostumbrado a tratar. No había nada diferente entra ella y las muchas otras que habían querido llegar a él solo por su dinero.

Con su sonrisa falsa saludo a sus acompañantes, estos enseguida se mostraron complacientes con ella, ¿y como no hacerlo?... Era su esposa y por mucho, la mujer más hermosa de la noche. El vestido marcaba sus curvas, sus pechos resaltaban en la transparencia. El calor en su ingle se hizo presente, necesitaba concentrarse en otra cosa antes de terminar con una ereccion de adolescente en el medio de la fiesta. Ella lo toco y todos sus pensamientos se fueron al diablo. Quería hacerla suya, esa noche.

—Disculpen, temo que tendré que robarme a mi esposo por un momento— anunció ella con fingida lastima.

Podía reconocer cada actitud, gesto, sabía que sonrisa era falsa o cual no. Sabía cuando mentía, cuando estaba enojada o feliz. Todo eso se había grabado en su mente, conocía como actuaba Rin ante el mundo. Su problema es que no sabía cómo actuaba con él, se creía cada maldita cosa que ella decía, tal y como en ese momento en el que estaba seguro de que estaba actuando y en el que habría jurado que ella actuaba como una esposa celosa.

—Oh, estábamos esperando que comenzará el próximo baile —le dijo Annabelle a él.

La mirada de Rin fue de molestia, probablemente ella estaba tratando de alejarlo de Anna. Eso era, lo confirmó por la manera en la que lo tocaba. Como una esposa reclamando su territorio. Pero ella no tenía nada que reclamar y eso iba a quedarle claro.

—Por supuesto— le respondió a Anna— . Rhiannette, podrías esperar a que el baile terminase. Anna es una querida amiga y no me gustaría decepcionarla.

La expresión que espero ver en su rostro no apareció, pensó que ella se molestaría en la forma en lo que lo hacía cuando le quitaban algo que quería. Al contrario, lo fulminó con la mirada.

—Bien— dijo después de un rato.

Ella se alejó de la misma forma en la que llegó. Anna se había quedado con una sonrisa de triunfo y sus acompañantes no harían comentarios al respecto. Rin tendría que aprender que ella estaba para complacerlo, no para ser complacida.

Helen observo la escena boquiabierta, el muy canalla se había atrevido a rechazarla. ¿Quien en su sano juicio rechazaba a una mujer como Rin?, no es que la otra fuese fea... bien, no era nada fea. Era alta, esbelta, inteligente por lo que veía, pero no fue lo suficientemente astuta para atrapar al magnate en matrimonio. Así que allí Rin tenía la ventaja, él había insistido, más bien obligado a casarse con él. Pero... ¿Por qué?

Fue tras Rin con esos pensamientos en su cabeza. Alguien más estába con ella. ¿Seishiro? La cabellera blanca de los Taisho la puso en alerta. Si el demonio se volteaba y la veía con él podría ser muy malo para su amiga.

—Rin —la llamó. Los dos voltearon.

Mierda.

Se quedó de piedra. Ese rostro... Subaru.

—Helen, te presento al hermano de Sesshomaru. Inuyasha Taisho.

—Un placer respondió el hombre.

Tenía los ojos dorados al igual que Sesshomaru, el cabello plateado debía llegarle a la cintura. Todo lo demás era de Subaru, menos juvenil por supuesto. La forma de sus ojos, su nariz, sus labios ligeramente carnosos, el arco de sus cejas. Su voz... Pero era imposible ¿O no?

—Disculpa... —balbuceo. Miro a Rin quien todavía estaba enojada ¿No se había dado cuenta del parecido? —Soy Helen Hathaway.

Hermano de Sesshomaru...

Miro sus ojos buscando una respuesta. Él llevó su mirada a otro lado.

—Le estaba pidiendo a Rin un baile. No puedes rechazar a tu cuñado —agregó con galantería.

Helen sintió su cabeza a reventar y de pronto lo entendió todo. Lo que Sesshomaru quería era vengarse de su amiga. ¿Pero como consiguió Kamui hacerse pasar por un Taisho? Más aún, ¿Por qué Subaru había venido a la boda a sabiendas de que podían reconocerlo? ¿Se había dado cuenta Rin ya de esto?

Annabelle, se llevó a Sesshomaru a la pista de baile, varias parejas estaban junto a ellos mezclándose entre vueltas alrededor de todo el espacio.

—Lo conseguiste— lo felicito. Ante su mirada de desconcierto agrego:. —Tenerla en tus manos. Hace rato tuvo que meterse el orgullo entre las patas.

—Aun no es una victoria— dijo en tono parco.

—Es el principio de una— él se quedó en silencio mirando fijamente a su espalda. Volteo los ojos al darse cuenta de lo que él estaba observando. Inuyasha y Rin bailando.—No me digas que vas a ponerte celoso.

—No es eso —negó con recelo.— Inuyasha siente aprecio por ella, no quiero que por sentimentalismos arruine mis planes.

—¿La aprecia sabiendo lo que te hizo?— la incredulidad se hizo presente en ella.

—No lo sabe— eso sí que era algo nuevo. Tenía entendido que los hermanos se contaban todo. —Eran amigos... No quería que también la odiara.

Ella resoplo.

—No puedo creer que aún le tengas consideración.

—Inuyasha no tenía nada que ver en eso.

—Ok, bueno... Ahora puedes decirle que su amiga es una perra que solo te uso para obtener experiencia.

—No.

—¿Por qué no?— preguntó —. Ah ya se, porque eres un estúpido que sigue enamorado de ella... ¿Qué sigue ahora Sesshomaru?... ¿Vas a serle fiel? ¿La vas a embarazar?

—Annabelle... —su voz sonó como una amenaza.

—Llevas días esquivandome.

Sesshomaru negó con la cabeza.

—Te dije que estaba estresado, llevo demasiado tiempo en Londres. Necesito regresar a Japón lo antes posible.

Esa no era la respuesta que ella buscaba, sólo decidió dejarlo hasta ahí. Más tarde lo presionaria de nuevo.

—Tu esposa no va a querer dejar Londres.

—No tiene otra opción.

Inuyasha se movía en la pista junto con Rin.

—Debo decir que fue una sorpresa este matrimonio —dijo como quien no quiere nada. Necesitaba saber que tanto meollo había hecho Sesshomaru.

—Ha sido una sorpresa hasta para mí —él entrecerro los ojos . —El enamorarme de Sesshomaru, no era algo que me esperaba.

—¿Lo quieres?

—Por supuesto,¿ por qué si no me hubiera casado con el?

—La deuda de tu empresa —sugirió, ella abrió los ojos y se perdió por un momento del ritmo.— No me malinterpretes, no te estoy juzgando. Solo creo que mi hermano puede estarse dejando llevar por el odio y arrastrandote en el camino— ella se quedo en silencio analizando sus palabras. Después de un rato el agregó :—Estoy al tanto de toda la situación con nuestro tío y... Mierda.

—¿Qué pasó?

—Acaba de entrar.

—¿Seishiro?

El asintió.

Seishiro Taisho venía a hacer solo una cosa, fastidiar la fiesta. Diviso a la familia de la novia a la derecha, camino hacia ellos mientras buscaba a su sobrino con la mirada. Estaba bailando con la ejecutiva de Londres. A Juliette le fue imposible discípula su asombro en cuanto lo vio.

Desconcertada dijo—: Sr Taisho, no esperábamos verlo por aquí.

—Por Dios mujer, no seas grocera— Robert la regañó, en seguida se disculpo.

Él acepto en gesto con un asentimiento de cabeza.

—Solo vine a darle mis deseos a los novios.

—Oh, me parece que ambos están bailando. Iré a buscarlos.

Sesshomaru vio el momento exacto en el que su tío apareció, gruñó por dentro y se juro dejar sin paga a aquel que lo dejó entrar. El viejo había ido a congraciarse con su ahora familia política, Juliette brincaba como pajarraca a su alrededor. Maldita mujer que ahora brincaba tratando de ganar la atención de Rin. Eso sí que no iba a permitirlo. Cuando la música terminó se dio la vuelta dispuesto a ir a buscar a Rin.

—¿Tan rápido dejaremos de bailar?— se quejo Anna quien lo agarro del brazo.

—Si —respondió tajante no dispuesto a adentrarse en una discusión sin sentido.

La pareja de amantes no iban a tocarse ni un solo pelo.

Decidido a impedir la reunión alcanzo a su ahora suegra que no dejaba de balancearse de un lado a otro, su nerviosismo se notaba a leguas y casi juro que estuvo a punto de desmayarse en el momento en el que él le habló.

—No recuerdo haberte enviado una invitación— dijo tajante.

Seishiro lo miro con sorna.

—También es un placer para mí verte, sobrino —sonrió.

Sesshomaru apretó los dientes. Para las personas relacionadas con los bancos no era un secreto la enemistad que existía entre ambos herederos, siempre se aseguraban de no ponerlos juntos en la misma habitación. Aquí sin embargo, eran ajenos ante tal echo.

—Quiero que te vayas —gruñó. No tenía ninguna razón para ser cortes. Si bien era cierto que Juliette estaba a su lado, la mujer le caía peor que un golpe en la ingle. Además, era un buen momento para comenzar a enseñarle que su tío no era bienvenido en sus vidas.

—Sólo he venido a darle mis felicitaciones a la familia Whitehall —informó, sus ojos mirando a los suyos en un claro desafío de poder, con una sonrisa en su rostro preguntó . —No me digas que¿ aún me temes.?

Apretó los puños y su respiración se volvió la de un animal a punto de atacar.

—Lárgate —mascullo. La furia podía verse en su mirada.

Juliette, que temblaba como una gelatina, soltó un gemido de alivio antes de balbucear:

—Ahi viene Rin y...

—Inuyasha, que bueno verte— el bastardo trato de acercarse a su hermano. Lo cogio del brazo antes de que se le acercara.

Juliette se llevó ambas manos a la boca, si no se desmayaba en ese momento lo haría un minuto después. Él estaba seguro de eso.

—¿Harás un escándalo en tu propia boda? —preguntó Seishiro, se estaba burlando de él.

—Sesshomaru —por favor la dulce voz de Rin llegó a su oído, su mano estaba en su antebrazo.

Con un gruñido se obligó a soltarlo.

—Lárgate ya... Si no lo haces voy a hacer que te saquen por la fuerza —sentenció, no era una amenaza, era exactamente lo que iba a hacer si el maldito no se comenzaba a mover hasta la salida.

—Por supuesto... —su sonrisa le recordo a esa noche cuando aún su padre no había muerto . —Señorita Whitehall... Perdón, señora Taisho ahora. Déjeme recordarle que mi oferta aun sigue en pie. Hasta luego.

Rin sintió que su corazón volvió a su cuerpo en el momento en el que vio a Seishiro salir por la puerta. Seguía sujetando el brazo de su marido quien parecía una bestia en asecho. Inuyasha también estaba tenso. Tal vez la guerra que había entre los Taisho era peor de lo que pensaba.

—¿Bailamos? —le preguntó en un intento de hacer que se relajara.

—No— respondió, sin ningún sentido del tacto, con el humor de perros intacto —. Nos vamos— anuncio utilizando el mismo tono de voz que hizo que se erizaran los vellos de la piel.

—¿Pero como?— musitó Juliette —. Es muy temprano, ni siquiera hemos servido el banquete... El pastel.

Ella se quedó en silencio, cualquier cosa que dijera no la ayudaría.

—Estoy seguro de que mi hermano podrá quedarse hasta después de la cena— Inuyasha intervino con un perfecto acento inglés.

Sesshomaru le lanzó una mirada mortal. Inuyasha no se inmuto.

¿Cuál era la historia entre la familia Taisho?

—No —confirmó cogiendola por la cintura—. Estoy seguro de que podrá disculparnos ante los invitados— se dirigió esta vez a su madre.

—¿Qué puedo decirles? Rin, tú padre estallará.

No pudo responder porque Sesshomaru ya la había sacado del círculo.

—Mi madre tiene razón, a mi papá no le gustará que nos vayamos —intento razonar.

—Ese es su problema.

¿Podía ser alguien más antipático?

—También el mío y como ahora eres mi esposo es también el tuyo. ¿Quieres un escándalo?

—¿Crees que me afectaría? ¿Piensas que me interesa? La respuesta es: no. No importa lo que pase, la mitad del mundo me debe dinero y la otra mitad quiere que se lo preste. A nadie le va a importar lo que haga con mi vida, siempre y cuando siga alimentando sus bolsillos —de nuevo hablándole de esa forma cruel— . Eres mi esposa ahora, disfruta el privilegio.

¿Disfruta el privilegio? ¿Qué...?

Todo el resto de sus pensamientos se fueron al piso porque después de terminar, la beso. Posesivo, como si quisiera demostrarle que sus palabras eran ciertas. Se separaron lentamente y pudo darse cuenta de cómo todos se habían detenido a verlos.

—Robert —Sesshomaru habló por encima de su cabeza— . Me temo que nos tenemos que ir... Ya no puedo esperar más.

¿En que momento se le había pasado la furia? Incluso a Juliette le había hablado mal. Por dios, estaba actuando... ¿Con qué demonio se había casado?

Su padre se puso de mil colores y estaba hecho. Sesshomaru se había deshecho de su escusa en un solo movimiento.

—Iré arriba a recoger tus cosas, despídete de tus amigos —le dio un corto beso en los labios— . Te estaré esperando.

Sesshomaru subió por las escaleras internas al cuarto donde Rin había dejado sus pertenencias; una maleta mediana más un bolso de mano. Se quedó sentado en el mueble de cuero. Seishiro se había atrevido a ir a su boda. No sabía que le molestaba más, si el que hubiera venido por ver a Rin o que se Atrevieron atreviera a intentar tocar a Inuyasha.

Él bastardo sabía que eso lo cabrearia, pero no podía evitarlo. Él había arruinado sus vidas. Su madre había sufrido por culpa. Todo lo que sentía por su tío era odio.

La puerta se abrió y se apresuró a coger el bolso de mano, se agachó para sacar el asa de la maleta, la ajusto a su altura y se volvió.

No era Rin.

—De nuevo dejas que tu tío te arruine el momento —dijó Anna de manera pesarosa.

—Desde que llegue he tenido ganas de irme— eso no era del todo cierto. Había disfrutado bastante de bailar con Rin temprano y quizás habría disfrutado comer a sí lado, pero ya no estaba de humor.

—Por supuesto, para meterte entre las piernas de la zorra.

—Anna... Sin insultos —la regañó.

—Sessho... Vine aquí por una cosa —se vio obligado a suavizar su mirada en cuanto la escucho. Ella no tenía la culpa de nada de esto. Ella percibió su cambio puesto que continuó :—. Dime que no la amas antes de poder reaccionar ella estaba sobre él . Dímelo exigió buscando sus labios.

—No, no la amo —no mentía. La deseaba como se quería aquello que de niño no se pudo tener. Nada más que eso.

Anna no se conformo con su respuesta y lo beso. Pudo apartarla, si. Pero no quería herirla así que correspondió su beso esperando que eso pudiera calmarla.

—¿Aún te quieres ir?... Lo pregunto porque veo que conseguiste entretenimiento —la que hablo fue Rin, quien lo estaba mirando con cara de pocos amigos desde la puerta.

Se sintió estúpido por dejarse caer en un juego femenino y más aún sabiendo él mismo que Rin subiría en cualquier momento. Sostuvo con firmeza la maleta y salió llevándose consigo a Rin.

Cuando Rin se subió en el auto estaba furiosa. Sesshomaru se había cabreado porque Seishiro fue a la boda y al mismo tiempo había estado bailando y besándose con su amante. No es que le importase la relación que tuviera con esa mujer, que dicho sea el paso no la dejaba en paz con su empresa, cada movimiento financiero que hacía o que pretendía hacer, ya que sin su autorización no podía mover ni un centavo de su propia empresa, le parecía que estaba mal y la trataba como una ladrona. Lo que la molestaba era la doble moral de su ahora marido, marido, se repitió como si la simple palabra fuera algo absurdo.

Ninguno de los dos habló en todo el camino hacia el hotel, ¿por qué debía extrañar le que ese fuera su destino? A él le gustaba ese lugar y punto. No había nada más que discutir, llevaría a su esposa al mismo lugar donde se veía con su amante. Después de todo, ella ni siquiera creía que el la consideraría por ser su esposa.

Lanzó la puerta con más fuerza de lo normal cuando salió del auto. Si le molesto o no, no se volvió para averiguarlo. Ni siquiera sabía si el auto era de él o lo había alquilado. Camino hasta el ascensor con él detrás. Subieron, solos.

Cuando entraron en la habitación, agarro los cojines del sofá y los acomodó para que quedase con el espacio para poder dormir.

—¿Qué demonios estás haciendo?— preguntó con clara molestia.

—Acomodando mi cama ¿no es obvio? —respondió con el mismo tono que había estado usando él.

Enseguida sintió las manos del hombre en su cuerpo. Tenía demasiada fuerza para su gusto.

—Eres mi esposa y vas a dormir en mi cama, conmigo —su voz cambió, no sonaba enojado pero no era tan tonta como para pensar en otra cosa.

Sin embargo, ella si seguía molesta y respondió :

—Creo que usted prefiere compartir la cama con otra que no soy yo.

—¿Celosa?— ¿eso fue una caricia? Él estaba sonriendo, como si estuviera seguro de su respuesta.

—Lamento decepcionarte, pero no tienes ese privilegio. Me importa muy poco lo que hagas con tu... amigo señaló a su ingle.

—Entonces no veo por qué estas enojada, ah... A menos que sea porque no pudiste hablar con tu amante. Dime ¿Cuál es la propuesta que te hizo?

Sesshomaru la tenía completamente inmovilizada, sus manos en su espalda ejerciendo presión para acercarla a él, si forcejeaba y conseguía hacerle perder el equilibrio caerían sobre el mueble. Pensó en su pregunta y se decantó por decirle la verdad. Después de todo ella no lo había aceptado.

—Me llamó temprano y me dijo que si me acostaba con él me daría información sobre ti— dijo y lo escucho gruñir.

—¿Qué clase de información?

—No lo sé, estoy aquí.

—Y así seguirás estando porque no vas a volver a acostarte con él. ¿Entendiste? —ella no respondió, él no volvió a preguntar.

—Bien. Déjame en paz ahora.

—No, eres mi esposa y vas a cumplir con tus obligaciones.

—Ve a cogerte a Annabelle —chilló tratando con todas sus fuerzas de liberarse de su agarre.

—Anna no está aquí —Anna, así era como la llamaba.

—Pues vete a su casa— grito y él sonrió.

Saliste demasiado celosa.

Y ella no pudo responder porque él volvió a aprovechar su descuido para besarla como solo él sabía hacerlo.