Capítulo 13 Love History

Rin lo empujó con todas sus fuerzas en vano, Sesshomaru tenía una mano en su espalda y con la otra sostenía su cabeza. Besaba endemoniadamente bien y en su interior se debatía sobre sí continuar haciendo fuerza o dejarse llevar. Aspiro su aroma masculino mezclado con su aliento, una delicia exquisita que podría pasar horas absorbiendo, claro, sino hubiese sido porque unos segundos después apareció un destello del perfume de la otra mujer. En consecuencia, el motivo por el cual se enojó volvió a aparecer en su mente, entonces en todo lo que pensó fue en la manera en hacer que él la soltara y, concluyó que solo había una: hacerle daño. Así que le hizo daño de la única manera que le era posible en ese momento, mordiéndolo.

Apretó su labio inferior tan fuerte que él soltó un gruñido, aún sin soltarlo sintió como el intrincado moño de su cabeza se deshacía. Lo soltó sólo cuando sintió el sabor metálico de su sangre. Inmediatamente después supo que eso había sido una muy mala idea. Sesshomaru tenía las pupilas dilatadas, su nariz más ancha, su boca torcida en señal de que estaba furioso. En ese momento tuvo miedo.

Sesshomaru la tenía agarrada por el moño, empujando su cabeza hacia atrás logrando con eso que ella lo mirase de frente, se tocó el labio con su mano libre. Y la mirada que le dio hizo que su cuerpo adquiriese la temperatura de un iceberg.

—Nunca en tu vida vuelvas a hacer eso —era una clara amenaza, la pregunta era si ¿recibiría un castigo por ello de inmediato?— ¿Entendiste? — silencio —. ¿Entendiste? — repitió haciendo más presión con su mano, le dolió como el demonio.

—Me estás haciendo daño — gimió y en su rostro vio un destello de una sonrisa. ¿Era eso lo que él quería? ¿Hacerle daño?

—A ti no te importo hace rato morderme— reclamó sin aflojar su agarre—. Que te quede claro algo, Rin. A partir de hoy me perteneces y harás lo que yo diga.

—Puede que me obligues a obedecerte, pero no te perteneceré nunca—las pupilas de Sesshomaru se dilataron aún más. Como si eso fuera posible.

Una sonrisa sardónica apareció en los labios del hombre, como si con eso le demostrara lo equivocada que estaba. Ella gimió por el dolor y sintió como él la soltaba de golpe. Su equilibrio se fue al trasto y cayó de bruces sobre el sofá. Lo siguiente que noto fueron unas manos expertas que soltaban los botones de su vestido, se volvió de golpe en un intento por detenerlo.

— ¡No! — su voz salió como un chillido agudo.

Los ojos del hombre se entornaron, si no había perdido su paciencia ya estaba muy cerca de hacerlo.

—Deja la maldita farsa — reclamó.

¿Farsa? ¿Eso era lo que pensaba? Que ella estaba fingiendo

—No voy a tener relaciones contigo en el mismo sitio en el que te acuestas con esa mujer.

— ¿Sigues celosa? —pregunto colocando los brazos a ambos lados de su cuerpo, una de sus rodillas se clavó en el cojín.

Rin trago grueso, Sesshomaru lucia como un demonio a punto de comerse a su presa.

—Vete al infierno — consiguió decir por fin.

—Sí, precisamente allí es a donde pienso llevarte.

Tras decir eso la atrajo hacia sí, atrapándola bajo su cuerpo, soltando los botones restantes, hundiéndose en la curva de su garganta. Sintió su boca sobre ella diferente de las veces anteriores, sus besos eran erráticos y su respiración totalmente audible, como si estuviera participando en una carrera. Cuando fue obvio que no podría acceder a más que su cuello tiro del vestido hacia abajo, esta vez ella comenzó a sentir pánico.

—Detente —suplicó sin obtener respuesta—. Por favor — Sesshomaru parecía totalmente ido de sí y no importaba cuando intentara empujarlo él no se movía más que para seguir lamiendo y mordiendo su pecho que ahora estaba casi al descubierto.

La delicada organza crujió en el momento en que Sesshomaru la empujó más hacia abajo y ella subió sus antebrazos en un intento desesperado de que sus senos se quedarán dentro.

—No—sollozo. Ella abrió los ojos intentando buscar su mirada, las veces anteriores él no había sido brusco, se había fijado en ella, en su reacción, esta vez era distinto: Sesshomaru no la miraba, no se fijaba en sí ella lo estaba disfrutando o no.

Una de las manos del hombre fue hasta donde la transparencia del vestido había quedado estancada, justo en el borde de sus senos. No hubo una caricia, una mirada o un beso, todo lo que había era su mano tirando hacia abajo y su pecho aprisionado sus brazos. En seguida toco y se llevó a la boca sus pezones, sin delicadeza, sin procurar que fuera placentero para ella. Pero sobre todo sin importarle que ella aún se retorcía tratando de quitárselo de encima.

Rin se quedó en blanco por unos segundos. ¿Sería capaz de obligarla? Antes pensaba que no, pero ahora en esa situación, pensaba que Sesshomaru no se detendría. Los ojos le escocían por las amenazantes lágrimas que no tardarían en comenzar a salir ¿Qué otra cosa podía hacer?

Quería que se detuviera, que fuera como las veces anteriores donde, aunque él lo negase, se había preocupado por ella. Donde sus toques eran caricias. No está locura, no de esta manera. Los sollozos aparecieron en su garganta y por última vez busco su mirada... Y entonces la vio, los ojos de oro líquido solo mostraban una cosa: furia.

—Suéltame — le suplicó como su última esperanza, de nuevo él no le hizo caso. Fue el pánico quien habló con ella cuando gritó —. Suéltame, ¡bestia!

Sesshomaru se detuvo por completo cuando Rin grito llamándolo bestia, se miró a él mismo y luego a ella, para su disgusto descubrió que ella tenía toda la razón en utilizar ese término para referirse a él. La mujer tenía los ojos desorbitados con lágrimas a sus lados y el pelo hecho un desastre. Él en sus manos tenía unos cuantos botones del vestido que había estado rompiendo sin siquiera darse cuenta. Estaba actuando como una bestia. Todo por una indescriptible furia... Y es que el hecho de que ella se siguiera negando a acostarse con él le nublaba la razón.

¿Por qué ella actuaba de esa manera? Se supone que lo que quería era un marido rico, y vamos no iba a encontrar en ningún lado uno con más dinero que él, superaría a quien sea. Pero Rin seguía en su juego de mujer digna y virginal.

Con un gruñido se obligó a soltarla, se incorporó hasta quedarse sentado. Rin huyo hacia el otro lado del sofá, él sólo se concentró en los tres diminutos botones que tenía en su mano. Cuando volvió a mirarla, ella estaba echa un ovillo y se sostenía con firmeza el vestido al pecho, volvió a observar los botones y los dejó sobre la mesa de café situada frente a ellos.

Rin se sobresaltó cuando él se levantó, su mirada era de recelo. Él se llevó sus manos a sus sienes y las masajeo con firmeza.

—Levántate — le ordenó con la intención de permitirle que se cambiase de ropa en la habitación, ella por supuesto se negó.

—No me voy a mover ni un solo centímetro de aquí— vociferó a causa del pánico.

—No fue una petición, Rin— esta vez sonó como una amenaza.

—A menos que me obligue, no me moveré de aquí— se mantuvo firme en su decisión.

Él arqueo una ceja.

— ¿De eso va todo? ¿Te gusta que te obliguen?— pregunto él con una fingida sonrisa. Ella abrió los ojos con sorpresa por lo que él había sugerido.

—No se me acerque— chilló. De nuevo lo trataba de usted.

—Todo lo que quiero es cogerme a mi esposa. ¿Tan difícil es?

—Pues vaya y cójase a Annabelle— quizás era tonto decirle eso, pero no se le ocurría otra cosa por el momento.

— ¿Eso es lo que quieres? — cuestionó sosteniéndola por la barbilla para que lo mirase de frente.

—Si—respondió la mujer con decisión.

—Perfecto.

Si eso era lo que ella quería, iba a dárselo. Le demostraría lo muy poco que le importaba. Cogió su celular, su billetera y las llaves del auto. Antes de salir le echo un último vistazo a la mujer con la que se había casado, ella no lo miró. Él, no lo pensó más y cerró la puerta a su espalda.

Tecleo un texto antes de poner en marcha el vehículo.

"Que no salga del hotel"

Annabelle encendió las luces del loft estilo industrial donde vivía mientras se quitaba los zapatos, dejó su teléfono encima de la cama y fue hasta el baño. Salió unos minutos después con el rostro limpio, consultó la hora en el móvil y vio que aún era temprano, ella se había ido casi al mismo tiempo que Sesshomaru de la boda. Sin él no tenía sentido permanecer en la fiesta, bueno, solo habló un rato con Inuyasha qué la había interrogado sobre su presencia allí. Ella había cortado todo diciéndole que Sesshomaru y ella eran amigos por encima de todo y que siempre se apoyarían el uno al otro, hubiera sexo de por medio o no.

Se quedó un rato mirando al vacío, pensando en cuanto tiempo tardaría Sesshomaru en regresar a ella. Ella sabía cómo satisfacerlo, conocía sus puntos de placer más que lo suyos propios y a él le gustaba ella también. Ella estaba segura de eso, incluso a pesar de las últimas semanas en las que no habían tenido sexo.

Su móvil se encendido sacándola de sus pensamientos, era Sesshomaru. Las palabras del texto iluminaron su rostro.

"Voy camino al loft"

Estaba volviendo a ella esa misma noche.

Helen maldijo cuando sintió el frío clavársele como agujas en su cuerpo. Había sido muy mala idea salir al estacionamiento sin su abrigo, pero no tenía otra opción, el hombre que se parecía a Subaru había salido y esa era su única oportunidad de habla con él, si lo alcanzaba por supuesto. Vio a un vehículo ponerse en movimiento y sin pensarlo se atravesó en su camino, más tarde reflexionaría sobre si había sido una locura o no. El conductor del Ferrari rojo se detuvo de golpe.

En su posición no podía ver quien estaba frente al volante, pero temía que si se quitaba él arrancaría el auto y se iría sin hablar con ella. Le hizo una seña para que se bajara y después de un rato, la puerta se abrió y el conductor salió. Su silueta se filtró a contra luz, era él. Nadie más tenía el cabello de esa manera. Cuando estuvo en la zona iluminada por los faros, pudo verlo mejor.

—Tenemos que hablar — exigió Helen ganándose una mirada de incredulidad del hombre —. Subaru — pronunció su nombre y supo que no se había equivocado. El despreocupado rostro cambió por completo.

Él con un gesto le dijo que subiera al auto, ella lo hizo. Esa misma noche iba a averiguar qué había pasado con ellos hace quince años y, sobre todo, que era lo que quería ahora Kamui de Rin.

Rin se despertó sintiendo agarrotado cada musculo de su cuerpo, el sofá de la suite era bastante grande pero no lo suficientemente cómodo para brindar una noche de placentera descanso, más si le sumaba que ella estaba acostumbrada a tener una cama Queen size solo para ella. La luz del sol le daba de lleno en la cara, clara consecuencia del balcón cubierto de vidrio que habían dejado con las persianas arriba. Se incorporó sin pensarlo mucho con el ceño fruncido. Como si se preparase para la nueva batalla de ese día.

No se extrañó al sentir la soledad de la suite, mientras se levantaba contemplo el vestido blanco que yacía tirado en el suelo. Ella misma lo había arrojado allí después de quitárselo la noche anterior. Abrió con cuidado la puerta de la habitación, asomándose primero antes de entrar. Estaba vacía, confirmó. Fue por su maleta y sacó unos jeans con una franelilla junto con sus artículos de aseo. Llevo todo al baño con ella y pasó el seguro. No quería arriesgarse a que Sesshomaru entrará y la encontrase en alguna situación embarazosa. No desde lo que sucedió la noche anterior, aún podía sentir la fuerza de Sesshomaru sobre ella e incluso la intensidad de su furiosa mirada.

Su noche de bodas convertida en un desastre, sonrió con ironía al recordar cada lágrima que había derramado luego de que Sesshomaru se fuera. Había llorado por muchas cosas, la primera de ellas por ser tan débil, por tener tanto miedo a vivir por ella misma, por dejarse llevar siempre por los deseos de los demás. A pesar de todo lo que había logrado por ella misma, su voluntad seguía siendo débil, manipulable. Era la misma tonta de hace 15 años que no lucho por lo que ella quería. La prueba más grande eran los dos anillos de oro blanco que tenía en su dedo anular.

Tal vez si él no hubiera desaparecido, si ella lo hubiese visto al día siguiente se habría arrepentido y le habría dicho la verdad. Pero Kamui desapareció para siempre, llevándose con él una parte de su alma. Y ahora sólo quedaba un vástago recuerdo de lo que ella había sido un día. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser ella quien tuviera que sacrificarse por su familia? ¿Por qué Alexander la había metido en esto? ¿Por qué tenía que ser justamente ella quien terminara casada con un hombre sin amor?

No importaba cuántas veces se preguntara lo mismo, nada podía rescatarla del infierno que sería su vida.

Algo dentro de ella cada vez estaba más segura de que no importaba cuántas veces le demostrara a Sesshomaru que ella no había nunca sido amante de ningún hombre, él jamás le creería. Porque ella estaba cada vez creía más que en todo esto había algo más que una guerra familiar.

Dejó de pensar en tantas cosas y se metió a la ducha.

Después de salir y estar vestida decidió recoger el vestido, lo doblo y lo dejó sobre el sofá. Metió el resto de su ropa en su maleta y cuando hubo terminado se fijó en su teléfono. Tenía dos llamadas perdidas de Helen, vio la hora y le pareció extraño que la llamase en la madrugada. Quizás la estaba llamando para preguntarle cómo estaba después de su aparatosa escapada de la fiesta. Estaba segura de que su madre se había asegurado de convencer a los asistentes de que había sido un acto completamente romántico, nada distanciabas de la realidad. Más tarde le devolvería la llamada, en ese momento no tenía ganas de escuchar el regaño de Helen por no haberse acostado con Sesshomaru.

Estaba marcado el número del chófer de Juliette cuando escucho la puerta abrirse. Sesshomaru acababa de entrar con su porte de arrogancia, detuvo su mirada en ella.

La persona al otro lado de la línea contestó.

"Señorita Whitehall - el hombre carraspeo ante su error- Lo siento, Señora Taisho, en que puedo servirle"

Señora Taisho, ese era su apellido ahora. El claro distintivo de que ahora era parte de su marido. ¿De verdad le pertenecía a ese hombre?

Tragando grueso e intentando que la mirada inquisitiva del recién llegado no la afectara, respondió:

—Sí, Joseph. Necesito que traigas mi auto o vengas por mí para traérmelo yo misma.

"En seguida..." estaba escuchando responder al empleado cuando Sesshomaru le arrebato el teléfono de las manos.

— ¿Joseph es tu nombre cierto? — preguntó, aunque no le dio tiempo de responder —. No es necesario que vengas, yo mismo puedo llevar a mi esposa a donde ella desee.

El sorprendido chófer estaba balbuceando una respuesta cuando él cortó la llamada.

— ¿Qué significa esto? — cuestiono ella —. ¿Tengo prohibido salir?

—Creo haberte dicho que me perteneces— respondió sin cambiar su semblante.

Rin lo observo mientras que estuvo parado frente a ella. Olía a alcohol, su cabello estaba suelto, aún llevaba la ropa de la boda. A diferencia de que ahora se veía arrugada, la camisa con los primeros botones abiertos y la corbata iba enrollada en su mano izquierda.

No tenía idea de que hacer a partir de ahora, ¿Cómo se suponía que sería ese matrimonio? ¿Sesshomaru le impediría salir? ¿Tendría que pedirle permiso? ¿La dejaría siquiera ir a su empresa?

Sesshomaru le paso el teléfono fijo de la habitación. Ella apenas fue capaz de sostenerlo, fue incapaz de evitar el respingo cuando sus manos se rozaron. Si él lo noto no dijo nada.

—Pide el almuerzo, voy a ducharme.

Sin decirle más la dejo.

¿En qué infierno se había metido por su familia?

El lunes por la mañana, Rin llegó a su oficina excesivamente temprano. Su tan considerado marido la había despertado arrancándole el edredón de un tirón. Esa noche si había dormido en el hotel él en la cama y ella en el sofá. Para su tranquilidad él no había vuelto a tocarla y ni siquiera le dirigía la palabra, se había pasado la tarde y parte de la noche pegado a su laptop y haciendo llamadas en japonés.

Vio su escritorio y todo lo que quiso fue olvidarse de que estaba casada con Sesshomaru Taisho. Tal vez hubiera sido mejor acostarse aquella noche con Seishiro, ¿de qué le servía seguir conservando su virginidad si estaba viendo en un infierno? Él se lo había dejado claro, tenía que obedecerlo. Hacer lo que él quisiera o sacaría a relucir todas las cosas que Alexander había hecho, en las que ella y su padre eran cómplices por mantenerse en silencio.

Sacudió la cabeza y encendió su computador, espero a que cargara la pantalla de inicio para abrir su correo. Lo primero que vio la dejó helada. Los pagos a sus accionistas habían sido rechazados.

Maldita Annabelle.

Cogió el teléfono y marco su número.

"¿Hola?" saludo la mujer al otro lado.

Rin sintió su sangre hervir al escuchar su voz.

— ¿Por qué cancelaste los pagos?

"¿Qué pagos?... Ahh... ¿los de este fin de semana? Había información que no cuadraba"

Respiro hondo y trato de controlar su cólera.

—Los informes que te pase estaban en completo orden.

"Yo no lo pienso así, se lo notifique a Sesshomaru y él estuvo de acuerdo"

—Al Sr Taisho, para ti mi marido es el sr Taisho— escucho a la mujer sonreír.

"Lo siento, no puedo llamarlo de otra forma que no sea por su nombre. Entre nosotros han pasado demasiadas cosas, ya sabes..."

—No me importa su pasado, Sesshomaru es ahora mi esposo y le debe respeto—espetó con seriedad.

"Es extraño que diga eso cuando su marido vino a buscarme en su noche de bodas" percibió el triunfo en la voz de la mujer. "No importa lo que haga, él siempre volverá a mi, jamás encontrará satisfacción entre las piernas de una mustia llorona"

—No le permito que se refiera a mí de esa forma— respondió ella llena de rabia —. Quiera o no, la esposa de Sesshomaru soy yo. Y, no importa cuántas veces se le meta en la cama, jamás cambiará el hecho de que la que lleva el apellido Taisho soy yo. Y si no quiere problemas apruebe el maldito pago.

Tiro el teléfono con más fuerzas de la que quería. Esa mujer era la espina de sus zapatos. Pero eso no era lo que la había molestado más, de hecho lo que la sacó de sus cabales era que Sesshomaru le había contado sus intimidades a esa mujer. ¿Qué tanto sabría? Lo suficiente como para saber que había terminado llorando en cada uno de sus encuentros.

Siguió en su trabajo esperando la confirmación que nunca llegó. Por lo que veía Annabelle no estaba dispuesta a aprobar el pago. Harta de esperar, salió de la oficina. Bajo por el ascensor, maldijo internamente al no encontrar su auto en el estacionamiento. Se le había olvidado que estaba estacionado en la mansión de sus padres.

Bien, no era mal de morir. Aún podía llamar a Joseph y...

—Sra Taisho, ¿se le ofrece ir a algún lado? — un hombre salió de las sombras. Vestía un traje negro impecable — El señor Taisho nos ordenó asistirla si deseaba ir a algún lugar.

—El señor Taisho. ¿Cuál? — no quería caer en ningún tipo de confusión.

—El señor Sesshomaru, su esposo — aclaro el hombre un tanto nervioso.

—Muchas gracias, pero prefiero esperar a mi chófer.

—Tenemos órdenes de no dejarla salir a menos que seamos nosotros quien la llevamos.

¿Nosotros? Eran más de uno.

Se llevó las manos a la cabeza masajeando sus sienes. Era obvio que Sesshomaru no se arriesgaría a que ella se escapara.

—Voy a subir, tengo trabajo que hacer.

El hombre asintió y la observo entrar en la caja metálica.

¿Cuantas personas estarían vigilándola en ese momento?

Helen se dejó caer sobre la alfombra de su estudio, cruzó las piernas mientras abría frente a ella los viejos álbumes de cuando tenía 16. Paso las páginas del libro de cuero negro hasta encontrar la que estaba buscando, una fotografía del evento navideño de ese año. En esta se podía observar a una serie de jóvenes en el centro acomodados uno al lado del otro, pero eso no era lo que le importaba a ella. Lo que quería ver era al chico ubicado a la izquierda del grupo, el joven de cabello negro que tocaba el piano. Resopló de cansancio al ver que no se veía bien su rostro. Paso a la siguiente página y a la siguiente después de esa… más y más imágenes del coro aparecieron hasta que… ¡Bingo! Sumeragi Kamui en el centro de la fotografía concentrado en las teclas del piano. Te tengo, celebró en su mente.

No confiaba ni un poco en las palabras que le había dicho Subaru o Inuyasha la noche anterior. Había pasado todo el día tratando de pensar en una estrategia que le pudiese dar ventaja ante Taisho, si es que ese era su verdadero nombre. Era demasiado extraño que hace quince años hubieran desaparecido de la forma en que lo hicieron y ahora volvían como unos magnates. Si la historia que le contó su excompañero de clases era cierta, ¿Por qué buscaron esconderse bajo nombres falsos en lugar de buscar la protección de la policía o contratar seguridad privada? Según Inuyasha, Seishiro había atentado contra sus vidas incluida su madre y por ello tuvieron que cambiar sus identidades para mantenerse lejos. ¿Era o no cierto? Inuyasha también le dijo que desaparecieron porque su tío los había encontrado.

No sabía qué hacer. ¿Debía o no decirle a Rin? Las palabras de Inuyasha retumbaban en su cabeza.

"Voy a decirle a Rin Toda la verdad" le había dicho ella.

"Sera contraproducente hacerlo"

"No veo por qué pueda serlo, ella ya sospecha que tu hermano tiene otro motivo con ella"

"Esta situación es demasiado repentina, Helen. No sé qué fue lo que paso entre ellos, pero sospecho que si ella se entera de la verdad va a convertirse en la mártir de Sesshomaru"

"No puedo simplemente ocultarlo - replicó ella-. Ella no me lo perdonaría. Lleva quince años llorando por su muerte – agregó resentida. En cierta forma también lo decía por ella misma- No me quedaré callada"

"Solo dame tiempo, déjame hablar con mi hermano. Por favor"

"Una semana"

"No, es muy poco tiempo. Necesito un mes. Tengo mucho que averiguar"

"Ok, pero si el bárbaro de tu hermano le hace algo –amenazó -, le diré todo a Rin"

Un mes era demasiado tiempo, arrugó el ceño al tiempo que observaba la última fotografía del álbum, una de Subaru.

Cuando volvió al hotel estaba hecha una furia, el pago a los accionistas no se había hecho. Las fechas de pago de intereses habían sido puntuales hasta ese día, tenía el correo lleno de mensajes y ni hablar de su teléfono. Lo más molesto era que la mujer ni siquiera le contestaba las llamadas y Sesshomaru era el campeón mundial en ignorarla. El único mensaje que le había enviado era uno que decía quien la iba a regresar al hotel.

Colocó la laptop en la mesa del balcón y reviso una vez más obteniendo el mismo resultado. Ni siquiera perdió el tiempo llamando a Annabelle. Todo lo que quedaba era esperar a Sesshomaru.

El susodicho llegó casi a media noche. Llevaba la misma ropa que en la mañana y su rostro lucia cansado.

— No sabía que fueras tan buena esposa — dijo con sarcasmo, cuando vio que estaba despierta esperándolo.

—Sabes perfectamente por qué estoy despierta aun.

—No lo sé y si no tiene que ver con cumplir con tu deber de esposa, no me interesa — le paso por un lado ignorándola olímpicamente, tal y como llevaba haciéndolo todo el día.

—Tu amante rechazo los pagos de los accionistas — reclamó yendo detrás de él —. Sabes que no funciona de esta manera, si los accionistas no tienen su dinero investigan siempre el por qué.

Sesshomaru comenzó a desvestirse sin importarle su presencia.

— ¿Enviaste el informe a Anna? — pregunto sacando la camisa de sus brazos. Rin sintió sus mejillas arder, "Anna" le revolvía la bilis escucharlo pronunciar el nombre de la mujer de esa manera.

— Si, lo hice. Dos veces y tú amiguita no me responde las llamadas — respondió con voz filosa.

—Envíamelo a mí… Y, por favor los celos no te quedan... Además, no tienes absolutamente ningún derecho que reclamar. No eres más que una bonita adquisición... Y cara.

En el momento que iba a replicar, Sesshomaru se quitó los pantalones. Ante la visión de su cuerpo semidesnudo el calor invadió sus mejillas y se encontró huyendo de la habitación hacia un lugar seguro.

Solo cuando sus dedos dejaron de temblar fue capaz de reenviar el correo a la dirección de su esposo. En cierto sentido, él se veía mucho más calmado que las dos noches anteriores aunque seguía provocándola de la misma manera. Estaba segura de que si no hubiera salido de la habitación, el habría terminado quitándose lo que le quedaba puesto frente a ella.

Fue consciente del momento exacto en que Sesshomaru salió al balcón del lado de la habitación, escucho el sonido del portátil y también el tecleo de sus dedos. La llamó unos minutos después. Ella se levantó dejando a un lado su teléfono. Se plantó justo frente a él, tenía el torso desnudo y una toalla colgaba de sus hombros. Un pantalón de algodón gris cubría su parte baja y tenía el portátil sobre su regazo. Incluso sentado en una maldita silla de mimbre, se vea apuesto.

Siendo consciente del hilo que estaban tomando sus pensamientos lo corto de golpe preguntando:

— ¿Y bien? ¿Ya comprobó que mi informe es completamente legal y que no pretendo coger un solo centavo para mí?

— Si, es correcto — respondió mirándola cínicamente a los ojos. En respuesta todos sus vellos se erizaron. Fue como si él fuera un depredador y ella estuviera la presa a punto de caer en sus garras.

— ¿Puedes aprobarlo tú? — se aventuró a preguntar.

— ¿Qué gano si lo hago? — cuestiono el hombre. El tinte de cinismo estaba marcado en su pregunta.

—Tenemos un trato Taisho —lo llamo por su apellido porque le molesto que estuviera intentando chantajearla.

—Uno que no has cumplido—replicó él.

Ella apretó fuertemente los puños. Ya no tenía dudas, él claramente estaba utilizando la situación para chantajearla

— Creía que eso ya no le importaba... Después de todo tiene con quien ahogar sus deseos.

La sonrisa que le devolvió le heló la sangre.

—Piénsalo, si quieres el pago, tendrás que convencerme — arrastro cada palabra haciendo que la frase sonará como una sensual melodía —Será mejor que vaya a acostarme... Dejaré la puerta abierta por si cambias de opinión.

Rin trago grueso y camino de vuelta a su intento de cama. ¿Qué se supone que iba a hacer?

Esa madrugada se vio demasiado tentado a acariciar el cuerpo de la mujer que estaba durmiendo en el sofá de su suite. Especialmente cuando ella hacia esos deliciosos sonidos y sacaba las piernas del edredón de esa forma seductora, incluso dormida lo volvía loco. El cabello azabache caía en cascadas por el borde del cojín, sin poder resistirse cogió un mechón de cabello y lo enredo en sus dedos. Ella dio un respingo de inmediato, abrió los ojos y lo miró como si fuera un asesino en serie.

—Levántate — le ordenó. Ella se sentó recelosa envolviéndose aún más con el edredón, coló si eso fuera posible.

— ¿Qué hora es? —pregunto ella mirando hacia el balcón. Las estrellas eran dueñas del cielo.

—Hora de levantarse y vestirse— respondió estoico. Eran las 3:46am de la mañana y necesitaba que ella estuviera lista para salir antes del amanecer—. Muévete, créeme que no vas a querer ir a donde vamos con ese pijama debajo de tu abrigo.

Ella se levantó dando por hecho sus palabras y se dirigió a la habitación. Él encendió las luces y busco en el bolso y cuando escucho cerrarse la puerta del baño comenzó su búsqueda en la maleta de Rin. Quería saber si llevaba con ella su pasaporte, ya había previsto el hecho de que quizás ella le mintiera acerca de la ubicación del documento así que decidió actuar por adelantado. No lo encontró.

— ¿Dónde está tu pasaporte? — le preguntó al instante que la vio salir vestida como para ir a trabajar.

—En mi casa — respondió vacilante. Probablemente ella se había dado cuenta de sus intenciones al ver las maletas dentro de la habitación.

—Ok. Entonces iremos primero por él. Llama y diles que vamos en camino.

Si ella pensaba resistirse, él no le lo permitió. La arrastro con él tan pronto como él personal del hotel llegó a recoger su equipaje, el de ella incluido por supuesto.

— ¿A dónde piensas llevarme? — pregunto ella cuando él puso en marcha el auto.

— A casa de tus padres a buscar tú pasaporte.

— Eso ya lo sé, lo que te pregunte es: ¿a qué país piensas ir?

— Japón.

—A esta hora no hay vuelos hacia Japón, solo salen de noche.

El no respondió. Ella tenía razón, las aerolíneas solo ofrecían vuelos hasta la isla nipona de noche, pero ellos no viajarían en una aerolínea comercial. Ese era el motivo por el cual tenían que llegar antes del amanecer.

Rin se bajó del vehículo con Sesshomaru pisándole los talones. Subieron a su habitación y sacó su pasaporte de la gaveta.

—Vamos— le dijo él viendo que ella tenía lo que buscaba en las manos.

—Espera... Déjame empacar algunas cosas personales.

—Cinco minutos — accedió y se sentó en el borde de la cama. Sin quitarle la mirada de encima.

Rin corrió por un morral, disimulo metiendo varias cosas sin importancia pero lo que realmente le interesaba era la grabadora que estaba en el cajón al lado de su cama. Dándole la espalda abrió la gaveta y sacó su objeto más preciado. Cuando estuvo dentro y a salvo le dijo que estaba lista.

Eran poco más de las 5 cuando llegaron al aeropuerto, la afluencia de personas era poca. Chequearon sus pasaportes y salieron a la zona de abordaje.

Un avión de al menos 40 metros de largo estaba frente a ellos esperándolos con su tripulación; tres vestidos de oficiales y una azafata.

—Buenos días Sr. Taisho, su jet está listo para despegar en el momento en que usted ordene.

Su avión, debió suponerlo.

—Es una belleza, ¿No te parece? Un Bombardier Global 7500.

Ella no hizo caso a sus palabras y subió cuando se lo indicaron. La verdad es que el jet le parecía mucho más que una belleza. Era magnífico. Y si por fuera se veía imponente por dentro era la personificación del lujo y la elegancia. Sus tonos claros lo hacían ver elegante, los asientos de cuero beige con las separaciones de madera le daban ese toque sofisticado. Al entrar estaba la cocina con estufa eléctrica y hornos convencionales, microondas, fregadero y grifo, cafetera y un refrigerador. También tenía un lavado con iluminación natural. Seguramente había una suite privada equipada con un asiento, tomas de corriente y armarios.

En la próxima cabina había diez asientos cuatro individuales ubicados uno frente al otro a ambos lados del pasillo y seis atrás conformados por dos individuales y dos dobles situados uno contrario al otro, estos estaban separados por una mesa que parecía plegable. Ella escogió uno individual con sentido frontal. Sesshomaru se sentó justo en la hilera contigua. En menos de quince minutos estuvieron en el aire.

Este sería un viaje muy largo.

Se quedó dormida un rato hasta que una llamada en su celular la despertó. No debió sorprenderle que el jet contase con Wi-Fi. Lo que la alarmó fue la persona que estaba llamado.

— Hola.

"Rhiannette, ¿Cómo estás?" hablo la voz masculina.

—Bien, señor Clarson. Y usted, ¿como esta?

"Yo muy bien querida"

— ¿A que debo el motivo de su llamada? —pregunto, aunque ella sabía muy bien lo que quería.

"Verá, esto es algo un poco vergonzoso. Pero la situación es que ayer no recibimos el estipulado del mes" ella suspiro lanzándole una mirada furtiva al hombre que compartía el avión con ella.

Él estaba concentrado en el computador portátil ignorándola como cosa rara.

— Sí, estoy al tanto de eso y le pido una disculpa... Hemos tenido problemas con nuestros sistemas, pero no se preocupe estamos trabajando en ello.

"Entiendo, por favor que no pase de este día... Salúdeme a sus padres"

Durante las horas siguientes las llamadas y mensajes de ese tipo se incrementaron a tal punto que se sentía agobiada y cuando les ofrecieron el desayuno casi estuvo a punto de vomitarlo. Si la situación seguía así, no tardarían en darse cuenta del desfalco que Alex había hecho y que ella y su padre habían ocultado, eso sumado con el hecho de que la empresa le pertenece al banco hasta que se cancelara la deuda sería su tumba.

El siguiente mensaje, la aterró. Era del principal accionista de su padre, la persona que una vez en el pasado había debatido con su padre la presidencia se la compañía. El hombre llevaba rato llamándola y ella había evitado la conversación diciéndole que tenía pésima cobertura. El texto era corto.

«Tienen hasta el medio para resolver su problema, sino lo hace me veré en la obligación de convocar una reunión con carácter de urgencia»

—Sesshomaru, por favor — suplicó de nuevo. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces en esa mañana le había pedido lo mismo.

El la ignoró.

Por primera vez desde que abordaron, se levantó de su asiento y se plantó frente a él. Sesshomaru le devolvió una mirada inquisitiva.

—Van a convocar un reunión, investigarán lo que pasó... Mi padre irá a la cárcel y toda esta farsa no importará... Maldita sea me case con usteded, me subí a este avión por voluntad propia. ¿Qué más quiere?

Él arqueo una ceja.

—Bien, si eso es lo que quiere. Se lo daré. Pero no puedo esperar a aterrizar —aceptó con el ceño fruncido —. En su conciencia quedará hacer suya a una mujer que no lo ama.

Por dentro algo se rompió en ella. Estaba a punto de hacer lo que le había jurado que nunca haría a la tumba invisible de Kamui.

—No planeaba hacerte esperar —anunció Sesshomaru, se levantó y la condujo al final del pasillo. Una nueva cabina se abrió ante sus ojos. A un lado reposaba un diván de tres puestos frente a él, una mesa de entretenimiento con un tv de plasma", le llamó la atención la play station. No veía a su marido jugando en ella. También la sorprendió que había otra cabina después de esa, tal vez era otra suite idéntica—. Tampoco me importa que no me ames, lo que me interesa de ti es solo tu cuerpo.

— ¿Ni siquiera si le digo que amo a otro?

La caricia que espero del hombre no llegó. Sesshomaru sentó en el centro del diván y estiro sus brazos, eso la sorprendió. Pensó que el buscaría besara como la última vez.

—Puedes amar a quien quieras pero tu cuerpo es mío... —Antes de que ella pudiera responder la azafata entro con una botella de vino, la dejo sobre la mesa frente al diván. Cuando se fue, Sesshomaru agregó — Y ahora convénceme de presionar el botón de aceptar.

— ¿Qué quiere que haga? —musitó.

—Primero sírveme una copa, luego puedes comenzar a desvestirte.

Ella trago grueso y cogió la botella e hizo lo que él le pidió. Cuando se volvió vio que se había quitado el saco y aflojado la corbata. El calor invadió su cuerpo. ¿Por qué tenía que ser tan atractivo?

Le entregó la copa y él le dio un sorbo al líquido oscuro. Ella se sacó la camisa blanca de los pantalones y comenzó a desabotonarla.

—Despacio, trata de verte más sexy— pronunció con cierto desdén.

Maravilloso, como si lo que estaba haciendo de por sí no le resultara difícil. ¿Qué quería Sesshomaru? ¿Qué actuará como si ella deseara hacerlo? Para eso que mejor buscara a su amiga Anna.

—Creo haberte dicho que no tienes derecho a celarme.

¿Qué? Mierda, le había dicho en voz alta que se buscará a Anna.

—Sigue.

Rin se aguantó las ganas de mandarlo al infierno o mejor lanzarlo por el avión, y se terminó se sacar la camisa, lo siguiente que hizo fue quitarse los tacones para luego pasar al pantalón de vestir vinotinto. Se quedó solo en ropa interior bajo la mirada escrutadora de Sesshomaru, los ojos dorados estaban clavados en ella a tal intensidad que sentía que podía tocarla.

—Date la vuelta — sus órdenes llenas de indiferencia lastimaban cada vez más lo poco que le quedaba de orgullo. Sin embargo apretó los puños y obedeció hasta que él estuvo satisfecho —. Ahora ven aquí y desvísteme.

Cada parte de su cuerpo tembló con ese nuevo mandato. Se acercó a él con la respiración entrecortada, su esposo y torturador hizo que se sentará a horcajadas sobre él y ella intentando controlar su temblor le sacó la corbata por encima de la cabeza. Él se la quito de las manos y se la puso a ella en el cuello.

—Dejemos esto cerca, es por si lloras —justifico —. Si i lo haces, solo tengo que vendarte los ojos.

Vendarle los ojos para no verle las lágrimas, que romántico.

Sesshomaru dio un trago a su copa y ella continuo en la labor de quitarle la camisa, trataba no tocarlo en lo posible y también tenía los ojos enfocados en otro lugar que no fueran los músculos de su abdomen, demasiado marcados, demasiado perfectos y demasiado tentadores. Sus pectorales, Dios... Se mordió los labios para evitar darles un beso. Él la ayudó a quitarle la camisa y la dejó que desabrochara su pantalón. Su erección era visible a través de la tela. ¿Realmente le era ella tan indiferente como él decía? O... ¿Tal vez su humillación era lo que lo excitaba? Como fuera, el alzó su cadera para permitirle bajarle el pantalón. Una vez libre de la prenda y los zapatos, los que se quitó el mismo, le ordeno:

—Bésame— su estómago se contrajo cuando toco los labios de su torturador con los suyos, lo primero que sintió fue; el sabor del vino, lo segundo fue; el gruñido ahogado en su garganta, lo tercero y más delicioso fue; la embestida de la cadera hacia arriba. Como si solo con besarle hubiera derribado la barrera de indiferencia que él había alzado.

Ella por su parte descubrió que le gustaba ser la dueña del control, marcaba el ritmo del beso a tiempo lento, tal y como si el vino fuese él. Saboreaba sus labios y jugueteaba un poco con su lengua, cuando él hacía el intento de atraparla ella la retraía. Pronto sintió una mano masculina recorrer su espalda, su trabajo fue; soltar el sujetador negro que aún llevaba puesto. Él dejó de besarla para clavar su ojos en sus pechos, sin cohibirse los acaricio con su mano enviando señales eléctricas a través de su cuerpo. Para horror de Rin, se descubrió arqueándose y empujando su cadera hacia abajo.

Él sonrió ante eso, por supuesto que sonreiría. Alzó la copa y le hizo echar su cuerpo hacia atrás. Un trago para celebrar, pensó hasta que sintió el líquido bajar por su cuerpo.

—Voy a besar cada parte de tu cuerpo que contenga vino, tus pechos —los que diligentemente había bañado—, tu cintura —siguió nombrando las partes por donde pasaba el líquido — y terminaré aquí — en su sexo.

Ella gimió, no por sus palabras, sino porque él se llevó sus pezones a la boca. La estaba tocando con sus dos manos, y ella no hacía otra cosa que gemir y buscar el contacto de sus caderas. Se aferró instintivamente a él cuando se levantó con ella, la llevó hasta la última cabina, una suite digna de un hotel de lujo. La dejó caer sobre la cama matrimonial.

—Tengo un trato para ti.

— ¿Cual? —alcanzo a preguntar ella.

—Al contrario de lo que piensas—habló con su cuerpo sobre ella, sus labios en el lóbulo de su oreja —, no disfruto el forzar a mujeres a tener relaciones conmigo. Por lo que te propongo lo siguiente; cuando te diga "ya" podrás pedirme que me detenga, si lo haces te doy mi palabra de que me pararé y cumpliré nuestro acuerdo... Pero, si logro hacer que te corras antes de que me lo pidas: no existirá ninguna palabra que impida que te haga mía. ¿Aceptas?

Ella asintió.

—Si.

Sesshomaru se levantó dejando a su paso un camino de besos húmedos, le quitó la única prenda que aún le quedaba, dejándola por primera vez completamente desnuda con su corbata amarrada en su cuello. Le separó las piernas concentrándose en repartir besos en la cara interna de sus muslos. El cuerpo de Rin parecía tener vida propia, sin embargo todo lo que ella necesitaba era decirle que se detuviera cuando... Dios...

—Ya —anunció el hombre al tiempo que la cordura de Rin se iba al trasto.

Sesshomaru tenía su lengua en su sexo, lamiéndola, degustándola, justo como ella lo había hecho con su boca varios minutos atrás. El su cabeza formuló varias veces la palabra detente, todo lo que podía decir o más bien hacer, era gemir. Sus caderas trataban de buscar su boca, de pegarse a él. Sus piernas se abrían instintivamente y en su mente sólo había una cosa; la boca de su marido.

Ella, convertida en un manojo de gemidos apretaba las sábanas para evitar tocar la melena de su esposo y aumentar así su vergüenza, tenía que ser más inteligente, tenía que pensar. La palabra "no" era mucho más corta y fácil de pronunciar.

Abrió su boca con la intención de decirla— Nnn... ahhhh — chilló. Sesshomaru había introducido un dedo dentro de ella, directamente en su parte más sensible y ella ahora era una corriente de espasmos. Abrió los ojos - que sin darse cuenta había estado manteniendo cerrados- y contemplo con horror la realidad.

Había tenido un orgasmo. Sesshomaru Taisho, había logrado que se corriera antes de que ella lo detuviera.

Sesshomaru contempló con orgullo el rostro de Rin, sin poder esperar más se deshizo de su boxer y se acomodó en su entrada. Beso una vez más el rostro poético de su mujer, por eso era ella, su mujer. Rin era suya y no había discusión al respecto.

Empujó su miembro encontrando una resistencia —Relájate— le pidió dando besos a su barbilla. Empujó de nuevo y otra vez su carne se resistió, ella gimió —. Ábrete más —ordenó con voz ronca. Ella lo obedeció, él acomodo su erección con su mano sintiendo con ello la humedad en el sexo de la mujer.

Empujó por tercera vez, duro. Entró en ella con esa estocada sintiendo la apretada carne rasgarse ante él. Rin grito, se crispo como un gato tratando de sacarlo de ella, el peso de su cuerpo se lo impidió. El observo el dolor en su rostro y una alarma se encendió en su interior.

No, eso no era posible.

Ahueco su cabeza en sus manos con más brusquedad de la que pretendía.

—No es posible... —musitó —. Por el infierno, no es posible que fueras virgen.