#Sol #Do Mi
Un beso seguía a otro y sus cuerpos se movían frenéticos rozándose uno con el otro, sus piernas enrolladas en la cadera de su amante lo aprisionaban a ella buscando su desesperada respuesta. Si no fuera porque él aún llevaba puesto su ropa interior el acto ya habría sido consumado. Ella se aferró a su espalda desnuda luego de que él le diera un pequeño mordisco en un punto sensible por encima de su clavícula.
—Te amo tanto — mencionó él justo en su oído. El aire caliente provocado por su respiración envió una señal caliente por su vientre haciendo que se arqueara debajo de él.
—Yo también te amo — respondió ella buscando sus labios para unirse en un beso lleno de hambre.
—Quiero... Por Dios Rin... Déjame entrar en ti — era el más primitivo deseo hablando por él.
Ella lo pensó y planeo decir que si, quería hacerlo. No había nadie en el mundo a quien deseara más que a él. Pero tenía miedo y moría de vergüenza al ver que los ojos oscuros lo descubrían en su mirada, en la manera en la que su rostro se volvió serio y su cuerpo se tenso.
—Lo siento — él ya no estaba sobre ella y definitivamente tenía más ropa encima que hace un rato —. Me dejé llevar. Discúlpame por favor, prometí esperarte y pienso cumplir.
¿Había alguna forma en la que pudiera amarlo más?
—Gracias — fue sincera aunque no creía que esa simple palabra abarcara realmente todo lo que ella sentía en ese momento. Todo el amor que sentía por él, no había nada en este mundo que pudiera ser comparado.
Sin embargo aquí estaba ella disfrutando del cuerpo desnudo de un hombre sobre ella, no era algo totalmente nuevo, pero sí un torrente de sensaciones que definitivamente eran diferentes. Era más que deseo, era como si él tuviese el poder de dominarla y reducirla a gemidos, que era precisamente lo que ella estaba haciendo, gimoteaba como una tonta por la expectativa de que pronto su esposo estaría dentro de ella. A pesar de lo que los demás pensaran ella no creía que él se diera cuenta de que nunca había experimentado el coito, la única forma era que su himen siguiera intacto y no pensaba que a su edad todavía tuviera aquella marca de virginidad. Tal vez el ni siquiera lo notaria y... Demonios eso dolió y ni siquiera había entrado en ella.
Su cuerpo se tenso.
—Relájate — dijo él, pero no era en su típico tono de mandato, era más bien como si se lo pidiera por favor. Dejó que sus piernas colgarán a los lados y se concentro en el subir y bajar de su pecho, de nuevo el embistió encontrándose con la resistencia de su cuerpo — Ábrete más — fue su siguiente orden, ¿Como podría negarse si le hablaba de esa forma? Sesshomaru acaricio su sexo con sus dedos separando sus pliegues y acomodándose en su entrada. Ella cerró sus ojos y se preparó para lo que vendría a continuación.
Con sus manos sosteniendo su cadera entró en ella con sólo un empujón, su cuerpo reacciono ante el dolor y se encorvo tratando de sacar la intromisión de ella.
Por supuesto, gritó.
No había esperado que doliera tanto, apretó los ojos y las muecas de dolor aparecieron en su semblante. No ayudó para nada el hecho de que él la cogiera por la cabeza halando con eso el cabello que quedó enredado en sus dedos.
—No es posible... —le pareció escuchar—. Por el infierno, no es posible que fueras virgen.
Quería gritar; te lo dije. Pero ambos se movieron haciendo que se hundiera más en su interior. Su quejido fue claramente audible para ambos. Ella lo miró y se dio cuenta de que su rostro era un poema, tenía la cara que ponías cuando estabas resolviendo un ejercicio matemático sin solución. Pero aún estaba excitado eso podía sentirlo y ella pues... a decir verdad también quería que continuará, a pesar del dolor, tal vez si se quedaba quieto por un rato podría acostumbrarse y...
—Responde — ¿le estaba preguntando algo?
—¿Qué quieres que te responda? — pregunto de vuelta.
—¿Por qué no te habías acostado con nadie antes de ahora? — si fuese otra persona quizás podría pensar que el la estaba acusando de algo.
—Por qué nunca nadie había embargado mi empresa ni se había apoderado del dinero de mis accionistas... Ah y nadie había amenazado jamás con enviar a toda mi familia a la cárcel ni me habían obligado jamás a casarme — bien eso le salio del fondo, casi de la misma manera que él había salido de ella.
Sesshomaru ya no la miraba a la cara, estaba parado al lado de la cama dándole la espalda y ella continuaba esperando su respuesta. Ella podía escuchar su respiración agitada, como si estuviera tratando de controlarse. Pero seguía sin hablar y ella tampoco quería decir nada.
¿Qué se supone que pasaría a partir de ahora?
Acomodo una sábana sobre su pecho haciendo que cubriera su desnudez, observó como Sesshomaru recogió su ropa interior y cruzó una pequeña puerta que ella supuso que era el baño. Unos minutos después él salió con una toalla envuelta en su cintura. Salió de la suite sin siquiera mirarla.
Maldita sea, ¿Por qué de entre todas las cosas ella tenía que haber sido virgen? La sangre en su miembro le confirmaba que había sido el primero y el único. Se sintió miserable por sentirse feliz por ello. Rin era virgen, maldita fuera por ello, por volverlo loco. Ahora entendía porque su tío había armado toda la pantomima de la empresa, ella lo había vuelto un maniático, justo como estaba haciendo con él. Al final Seishiro había sido una víctima más de la belleza de Rhiannette Whitehall.
Lo cierto era que no podía volver a la cabina donde ella estaba. La había obligado a acostarse con él y lo peor de todo era que en su ignorancia la había lastimado. Maldita sea, nunca le había hecho daño a una mujer en la intimidad, siempre era cuidadoso y había terminado lastimandola a ella.
Se había dejado llevar por el deseo de poseerla sin detenerse ante nada, incluso le había ordenado a Annabelle que no aprobara los pagos.
No sabía cuál era la razón por la que ella no se había entregado a nadie. No creía que fuese por amor, tal vez sólo estaba esperando por un tonto que cayera enamorado de ella y jugar al juego de la inocencia. El mismo fue testigo de la pasión juvenil de Rin, no era posible que ella la hubiera frenado. Tal vez lo que no le gustaba eran los hombres, no, se deshizo de esa idea con rapidez. Ella claramente estaba disfrutando de sus caricias, inclusive había tenido un orgasmo.
Maldijo de nuevo cuando recordó su rostro de dolor y la forma en la que se encorvo cuando la penetro sin tener ningún cuidado. Si lo hubiese sabido habría sido menos brusco y... por amor a Dios, el día de la boda. Dios mío, necesitaba un trago. Esa noche había estado a punto de violarla. Y no es como si lo de hace rato no difiera mucho, la había coaccionado a hacerlo.
"¿Ni siquiera si le digo que amo a otro?"
Esas palabras las había dicho ella, que amaba a otro. ¿Era cierto? ¿Amaría tanto Rin a otra persona como para no estar con nadie más? Tal vez y ese era su castigo por jugar con él en la adolescencia. Pero... ¿Quién era esa persona y por qué no estaba con él?
Dentro de la suite Rin aún era incapaz de salir de las sábanas. Seguía sentada con las piernas pegadas al pecho con la mente en blanco y la mirada perdida hacia algún sitio. No se dio cuenta de cuánto tiempo había pasado hasta que se le acalambraron las piernas. Las estiró sintiendo un ligero dolor en los músculos, también le gruñó el estómago.
Bonito momento para tener hambre, pensó. ¿Cuántas horas de vuelo faltarían? Llevaban casi cuatro antes de... y eran aproximadamente 12. Y la verdad moría de hambre.
Por todos los cielos, ¿Cómo podía tener hambre después de lo que acababa de pasar?
Se sentía mortificada a límites indescriptibles, todo por... No, no era por eso, no podía ser eso. Lo que había hecho era por la empresa, por su familia y por su futuro. De ninguna manera podía ser otra cosa. Lo que sintió fue solo el estímulo de la carne. Tal vez como nunca ningún hombre le había resultado tan endemoniadamente atractivo, ni había tenido esos ojos de oro líquido que miraban tan profundamente y con aquel nivel de pasión, ni esos labios perfectamente proporcionados, ni mucho menos esa voz barítona que soltaba melodías solo con hablar, también tenía el cuerpo esculpido por los dioses, cada musculo marcado sin llegar a resultar exagerado.
¿Se había mordido los labios?
No.
Sacudió la cabeza de todos sus pensamientos, no podía seguir encerrada en lo que quedaba de vuelo. Se levantó y lo único que vio fue su ropa interior, que dicho sea el paso; estaba mojada de vino. Soltó un improperio y fue hasta el baño, era pequeño pero cumplía con su función. Entró en la ducha y se dio un ligero baño. Se sobresaltó al sentir la pérdida del olor de Sesshomaru. Era como si hubiera borrado lo que acaba de pasar. No, eso era imposible, su cuerpo aún sentía cada caricia y... Sacudió la cabeza de nuevo, tenía que evitar pensar en eso.
Se envolvió con la toalla y salió asomó la cabeza a la sala de entretenimiento y al ver que estaba sola fue por su ropa que estaba doblada sobre la mesa.
¿Sesshomaru había hecho eso?
Sin pensarlo más tiempo se vistió, sin panties ni sujetadores, esos los había enrollado y metido en una bolsa que encontró en el baño. Se puso sus tacones, alzó el mentón y salió con toda la dignidad y el orgullo que le quedaba. Después de todo, no iba a permitir que Sesshomaru viera su debilidad por más tiempo.
Cuando se sentó en su asiento, Sesshomaru la ignoró. Cuando sirvieron el almuerzo, Sesshomaru siguió ignorandola. Por una parte, el que se comportase como normalmente lo hacía la tranquilizaba, pero por otra, hería su orgullo. Al terminar de comer encendido el portátil junto con su móvil dispuesta a ver una película o algo que la entretuviese. Su sorpresa fue encontrarse con algo que había olvidado; los pagos.
Seshomaru había aprobado los pagos y ahora ella se sentía al mismo nivel que una prostituta que había prestado sus servicios y ahora le daban su paga. ¿Como se le pudo olvidar que esa era la razón principal? Sesshomaru había pagado por ella porque ella se había vendido a él. No había más a parte de eso. Nada más.
En Japón eran casi las cinco cuando el avión aterrizó. Al salir del edificio fueron hasta un Mercedes-Benz negro el mismo que la había llevado a ella al aeropuerto la vez que estuvo en la casa de Sesshomaru. Reconoció al hombre parado al lado del auto como Jaken.
—Señor Sesshomaru, bienvenido— saludo el hombre y a ella le extraño que lo llamase por su nombre aunque usará el honorífico—Señora Taisho, bienvenida — hizo una reverencia hacia ella a la que asintió.
—¿Tienes lo que te pedí? — preguntó Sesshomaru interrumpiendo cualquier intento de contestación por su parte.
—Por su puesto. Todo está listo solo para su firma.
—Perfecto.
Jaken hizo el ademán de quitarle la maleta, pero fue Sesshomaru quien terminó cogiéndola y metiéndola en el maletero junto con la de él. Acción que causó que sus dedos se tocaran por un instante enviando descargas eléctricas a través de su cuerpo. El que la sostuviera por la cintura para conducirla a su asiento solo ayudó a que su cuerpo recobra se el calor y la humedad de hace unas horas. Y para terminar de acabar la costura del pantalón había estado rozando su carne más sensible desde que habían bajado del avión.
—¿Se siente bien señora? — preguntó con precaución Jaken.
—Si, es solo el viaje —balbuceo dándose cuenta de que su situación era visible para los demás. Mortificada, miró de soslayo a Sesshomaru. Para su suerte no la estaba mirando a ella. Cerró la puerta del auto y vio como Sesshomaru dio la vuelta para unirse a ella del otro lado. Jaken subió en el puesto del copiloto. El vehículo se puso en marcha.
Desde ese momento no volvió a entender ni una sola palabra de la que hablaron ambos hombres. Sesshomaru revisaba y firmaba carpeta tras carpeta mientras que Jaken no paraba de parlotear. Ella ni siquiera trató de leer su contenido puesto que estaba todo en japonés.
Después de casi una hora de trayecto pararon frente a un edificio empresarial, por lo que ella alcanzó a ver era la oficina principal de los bancos.
—Te veré luego, es el Penthouse— dijo Sesshomaru, le puso unas llaves magnéticas en las manos y con eso salió del vehículo seguido por Jaken.
Un minuto después estaban en marcha.
Rin no sabía por qué se sorprendía de que Sesshomaru viviera en semejante lugar. Después de todo era lo que se esperaría de un hombre que era propietario de un avión.
Deslizó su maleta con cuidado por el piso de madera pulida, los altos ventanales dejaban pasar la ligera luz del sol, el lugar era inmenso. La sala principal tenía una chimenea en el centro cubierta con piedra y cristal de forma que se pudiera ver a través de ella, los muebles blancos y grises hacían juego con las paredes claras, la escalera aérea forrada con cuarzo blanco se alzaba a su izquierda, luego estaban unas puertas de cristal. Al atravesaras se encontró con un salón de entretenimiento con un piano de cola blanco. Después de otras puertas encontró el comedor y la cocina, por su puesto todo aquello decorado con el toque moderno y equipado con artefactos de última tecnología. Después de la cocina encontró una terraza que desde adentro le pareció pequeña, al salir se dio cuenta de lo equivocada que estaba. En el espacio había una piscina de por lo menos ocho metros de largo, sino fuera por la brisa habría jurado que estaba en el jardín de cualquier casa y no sobre un edificio de 40 pisos.
Dejo de creo curiosear para ir a la planta alta a buscar una habitación en la que poder descansar, en Londres eran casi las nueve. Al subir se encontró con una sala de estar cuyas ventanas daban salida a otra terraza, paso de ello para ir por el pasillo, escogió una de las habitaciones al azar y se dio cuenta de que estaba vacía, fue a la siguiente para darse cuenta de que en el todo el penthouse y sus seis habitaciones solo una estaba amueblada.
Con un gemido ahogado bajo las escaleras, encendió la chimenea y se estiro sobre el sofá blanco.
Cuando se despertó la luz solar le estaba dando de lleno en su rostro. ¿Qué hora era? Tenía frío, abrió los ojos encandilados y se incorporó. Busco el móvil para averiguar la hora; 5:36am. Eso no era correcto, lo sería si estuviera en Londres, busco la hora y confirmo que eran las 2:36pm.
Suspiro largo y tendido, este sería un día largo.
El magnate de los bancos jamás pensó que el alivio por haber vuelto a Japón le duraría tan poco. No era una cuestión relacionada al trabajo atrasado o al montón de firmas que tuvo que plasmar, ni siquiera por las cuatro reuniones improvisadas. Era por la mujer que tenía parada frente a su escritorio que le exigía una explicación a su ausencia y a su matrimonio.
—¿Y bien? — exigió la mujer.
—Ya le dije todo — respondió, aunque sabía perfectamente que eso no la convencería.
—No, no lo has dicho. No puedo creer que te hayas casado,¡ casado! —exclamó la mujer.
—No exagere— respondió tratando de hacerlo menos, pero era algo que sabía que era imposible.
—¿Quién es?
—Estoy completamente seguro de que usted sabe quien es— la conocía y no tenía dudas de que Rin ya había sido investigada por ella—. Madre.
—Si, en efecto. Se quien es ella, pero no entiendo por qué has hecho lo que hiciste. Estoy preocupada por ti.
— Madre... No tiene nada de que preocuparse— debatió mirándola a los ojos.
—Si, si lo tengo. ¿Hiciste un contrato prematrimonial o te dejaste llevar por completo por sus encantos? — preguntó
—Lo hice, económicamente no tiene ventajas sobre mi.
—Pero sentimentalmente si— el le lanzó una mirada asesina—. No me mires así, ni siquiera con Annabelle decidiste casarte. A decir verdad pensé que te quedarías soltero para toda la vida. Así que, no sé qué hacer con esta chica Riannette; agradecerle o matarla.
—Madre...
— Ya ya.. No tienes que amenazarme de esa manera. No voy a forzarte por hoy, pero mañana espero que estés en la casa. Quiero conocer a mi nueva nuera.
Sesshomaru se dejo caer sobre el asiento en cuanto su madre abandono su oficina. Ella quería ver a Rin y el no tenía forma de negarse después de todo era algo que sabía que ocurriría tarde o temprano.
Conducir al penthouse le tomo menos de 15 minutos, sin embargo se quedó en el estacionamiento por más tiempo del necesario y es que no tenía idea de que iba a hacer con Rin ahora. Ella probablemente estaría despierta y él bueno... Él se estaba muriendo de sueño al llevar más de 24 horas sin dormir.
¿Qué estaría haciendo Rin en ese momento?
Probablemente estaría con su computadora y su teléfono pegada a los asuntos de su empresa.
Se obligó a bajar del vehículo y se adentro en el ascensor. Cuando las puertas se abrieron el sonido proveniente del salón contiguo lo dejó en shok.
Las notas; sol sostenido, do sostenido y mi se repetían una y otra vez de forma torpe y cortada. Se dio cuenta de que había dejado de respirar cuando sus pulmones clamaron por aire.
Por inercia comenzó a caminar hacia el sonido.
Al traspasar las puertas de cristal la vio sentada frente al piano de espaldas a él, parecía concentrada en encontrar la variación de las notas para el segundo acorde.
—Está siempre ha sido mi canción favorita y nunca antes me había interesado en saber cuales eran sus notas, debo sonar horrible — hablo Rin al notar su llegada
—No se escuchaba tan mal—respondió él.
De nuevo ella se concentro en las teclas de marfil, para él estaba claro que ella estaba tratando de ignorarlo.
¿Cuantas veces había interpretado esa canción para ella en el pasado?
No podía conseguir un número exacto, lo único cierto era que desde que dejó Londres aquel día no había vuelto a tocar esa canción. Ni siquiera la había escuchado... Hasta este día.
Cada sentimiento adolescente volvía a él con cada incompleta tonada. Ella se veía como un ángel inocente sentada de aquella manera, sus piernas cruzadas en los tobillos cubiertas por el pantalón oscuro, el sweater crema ancho cubría sus brazos y su cabello recogido en una cebolla dejaba su cuello al descubierto.
Quería besarla, abrazarla, sentarla sobre él y complacerla tocando la melodía que ella quería escuchar.
De repente sus palabras salieron más rápido de lo que su mente proceso.
—Tienes que utilizar tu mano izquierda también — recomendó al tiempo que se encorvaba tras ella y tocaba el dúo de do sostenido con su mano izquierda.
La sintió estremecerse ante su cercanía y en respuesta el calor se disparo a su ingle.
—La siguiente tienes que cambiar de Sol sostenido a La.
Ella busco la tecla y la presiono tratando de imitar el sólido de la canción.
— Acaricia la tecla — le dijo cerca, tanto que podía sentir el aroma de alguna loción de coco sobre ella.
Llevado por una especie de embrujo la dejo encerrada en sus brazos y con las manos sobre las teclas le mostró como debía tocarlas.
En cuanto la melodía salió, Rin se levantó en seco.
—Tengo que irme —balbuceo con la mirada sobre el suelo.
Ella empujó uno de sus brazos para salir y él se incorporó.
Rin desapareció por el pasillo disparada como si su vida dependiera de ello.
Él se quedó estático mirando el majestuoso piano de cola blanco.
Quince años, ese era el tiempo que él había pasado sin tocar aquel acorde de notas.
¿Qué demonios le estaba pasando?
¿Por qué ella había relacionado de esa manera?
Una voz en su cabeza le reprochó con ironía ; la chantajeaste para tener sexo contigo sin ninguna delicadeza y para colmo no tienes intenciones de disculparte. ¿Qué querías que hiciera? Después de eso ninguna mujer correría a meterse en sus brazos.
¿Como iba a saberlo? Como hubiera podido saber la verdad en ese momento si su única convicción era que ella lo había utilizado quince años atrás. Si en su memoria sólo estaban las palabras hirientes pronunciado por ellas. Si Estaba cegado por su odio por ella.
La odiaba porque ella no lo amaba, porque no lo había escogido a él. También la odiaba porque pensaba que amaba a otro.
Había sido un estúpido, lo sabía.
Pero, ¿Cómo podría saber que al hombre que Rin amaba era él?
Por las persianas abiertas se colaba la luz de la luna, el piano se iluminaba en el centro del salón. El casete destrozado yacía sobre el atril.
Para él no existían palabras en este mundo que explicaran su arrepentimiento, para él ya nada importaba, nada tenía sentido. Había perdido a la única mujer que lo había amado realmente, con sinceridad, sin egoísmo... Maldita sea, la había perdido a ella.
A Rin.
Al principio pensaba poner la siguiente parte - la visita la mansión Taisho - en este capítulo, pero se me iba a hacer muy largo y por ende me tardaría un montón y quería escribir la escena de ambos en el piano, Sesho dejándose llevar por sus sentimientos por ella y Rin huyendo como loca por... eso lo sabrán en el próximo cap.
Y... Aquí por primera vez vemos ese "futuro de Sesshomaru" hasta el momento solo se había mostrado el de Rin pero, ahora vemos a un Sesshomaru arrepentido en esa línea del tiempo que aún no conocemos.
En este cap me deje olvidados a todos los demás personajes porque necesitaba concentrarme en los sentimientos de los protagonistas, Rin confundida y Sesshomaru con un nudo en la cabeza.
Espero haber llenado sus expectativas.
Como regalo les digo que en el próximo capítulo un objeto preciado correrá peligro.
Una vez más les digo Gracias por leer y apoyar este fic. Ustedes son el motor de todo esto.
Besos. Nos leemos en los comentarios.
