Silence

—Alinea tu ombligo con esta octava, de esta forma tendrás acceso a todas las notas.

—Creo que prefiero solo verte y escucharte tocarlo a ti— respondió ella intentando voltearse.

Kamui la detuvo.

—Quédate quieta —ordenó con voz autoritaria.

Puso sus brazos a los lados y la dejó encerrada entre su cuerpo y el piano. Sus manos expertas comenzaron el recital. Ella sentía su respiración en su cuello.

Las notas de moonlight viajaban por la habitación, Rin cerró los ojos y dejó que la melodía la llenase. En ese momento un mechón de cabello rozo su hombro, no era de ella.

Sus ojos se abrieron en respuesta y se dio cuenta de que ya no estaba en la habitación de Kamui, estaba en una sala inmensa frente a una ventana y con un piano de cola blanco. Volvió su rostro hacia la persona que estaba interpretando la canción y su corazón se detuvo al ver que no era otro que Sesshomaru.

Rin se despertó de un salto, con la mano en el pecho y los ojos desorbitados.

Fue un sueño, se dijo a sí misma.

¿Cuantas veces había escuchado Moonlight Sonata? La verdad es que había perdido la cuenta. En todo ese tiempo jamás se le había ocurrido tocar la melodía en algún piano. Hasta esa tarde.

Ahora recostada sobre el finísimo sofá se arrepentía de haberlo hecho. No quería mostrar debilidad ante Sesshomaru, no después de lo que había pasado en ese avión.

Cuando él despertó en la madrugada, ella ni siquiera había dormido. Él bajo vestido con su traje negro y Rin lo estaba esperando.

Ni siquiera se molestó en dedicarle los buenos días.

— ¿Cuánto tiempo planea tenerme en Tokio? — preguntó yendo directo al grano.

—Vives aquí ahora — respondió él con voz cansina.

—Pero trabajo en Londres — silencio —. Usted y yo tenemos un trato. Me case para conservar mi empresa y no pienso perderla ahora por un capricho suyo, mucho menos después de...

— ¿Después de que? — pregunto amenazante al ver que ella era incapaz de terminar su frase.

—Ya sabe de qué —espetó, Sesshomaru estuvo seguro de que si ella hubiera tenido algo que lanzare, lo habría hecho —. Necesito regresar a Londres... a menos que esté dispuesto a olvidarse de la deuda.

—Yo estuve varios meses en Londres y los bancos no se cayeron.

—Sus bancos estuvieron un montón de años solos hasta que usted cumplió la mayoría de edad, no iban a quebrar por unos cuantos meses —Sesshomaru se quedó de piedra —. Yo también hice mi trabajo de investigarlo.

¿Qué tanto sabía ella de él?

—El contrato con el banco se está cumpliendo, según las cláusulas en el próximo pago se liberaran las cuentas con la condición de que los pagos se sigan cumpliendo. No pienso quedarme en Tokio un día más que ese.

El la miro como si quisiera atravesarla. Se le había olvidado esa cláusula, sin embargo hasta que no se completase el pago completo la empresa seguiría perteneciendo a sus bancos, le gustase o no.

—Bien — dijo aunque ni tenía intenciones de dejarla ir —. Te recomiendo que me esperes lista y lleves un bolso con tu ropa.

Ella resoplo, no tenía intención de ir a ningún lugar que no fuera Londres.

—Vas a ir, quieras o no.

Rin lo observo salir.

Por un momento se sintió victoriosa, su comentario sobre su pasado lo había afectado, ella se dio cuenta de eso. Él estaba ocultando algo y algo en su interior le susurraba algo que a todas luces era imposible.

Necesitaba averiguar qué escondía Sesshomaru Taisho.

Cuando Sesshomaru la amenazo esa mañana ella jamás se esperó que de verdad cumpliera o que incluso hubiera mandado a preparar una maleta con ropa para ella.

— ¿Por lo menos va a decirme a dónde vamos?

—A casa de mi familia — respondió parco.

—Es una locura, no somos realmente marido y mujer. Ese matrimonio terminará pronto y no veo que...

—No va a terminar, Rin. —Sesshomaru la alcanzó en una zancada callando sus palabras —. Eres mía.

Ella, que no se esperaba que repitiera esas palabras de nuevo, se quedó muda. Instintivamente retrocedió hasta que su espalda choco con la pared, él estaba sobre ella. Sintió su caricia en la nuca y luego noto como sus dedos hicieron una ligera presión sobre su mentón. Se quedó estática cuando sus labios tocaron los suyos. Conteniendo la respiración trató de controlarse y no ceder ante la pasión del beso. El paso la mano por la cintura atrayéndola a él haciendo que todo su cuerpo entrará en contacto. Sin poder contenerlo gimió en sus labios, él gruñó en respuesta y sus labios demandaron todo de ella.

Solo cuando él estuvo seguro de que era correspondido rompió el contacto.

—Eres mía —repitió sin apartarse —. Respondes a mis besos, te gustó que te hiciera mía, lo disfrutaste, eso no puedes negarlo.

Rin maldijo por dentro sintiéndose como una tonta. No pensaba volver a acostarse con él y, sin embargo, le había correspondido.

Te odio Sesshomaru Taisho, en verdad te odio.

Sesshomaru la llevo al mismo lugar donde se habían conocido unos meses atrás, la misma casa a la que ella se arrepentía de haber irrumpido. Fueron recibidos por la misma mujer de aquel día, tras saludarla pasaron al salón donde estaba la familia.

Una mujer de cabello blanco se lanzó sobre su esposo en cuanto lo vio, no había que ser adivino para saber que era su madre.

—Hasta que te dignaste a presentarnos a tu esposa — se quejó la mujer con exagerado dramatismo —. Es un placer conocerte querida.

— El placer es mío, señora...

—Oh, no me llames señora. Soy Irasue para ti. Creo que ya has conocido a mi otro hijo Inuyasha — El aludido le saludo con un asentimiento de la cabeza —. Ella es su esposa Kagome — Ambas se saludaron ante la presentación —, y ellos mis queridos nietos — Los dos niños que ella recordaba salieron se sus asientos, Kaito corrió hacia ella y le propinó un gran abrazo.

—Ahora eres la tía Rin — dijo con su imperfecto inglés.

—Si, soy tu tía ahora — no pudo evitar corresponderle con una sonrisa. Tal vez y no era tan malo rodearse de otras personas que no fueran su marido.

Se quedaron en el salón hasta que fueron llamados a pasar al comedor. No debió sorprenderse cuando el que ocupo la cabecera de la mesa fue sesshomaru. Después de todo él era la cabeza de esa familia. Al contrario de lo que pensó la cena fue amena, Sesshomaru parecía totalmente relajado e incluso sonreía con las ocurrencias de sus sobrinos

¿Era un gran actor o la única que se merecía su mal genio era ella?

Durante el postre Kaito abandono su puesto y se sentó en sus piernas, sus padres intentaron regañarlo pero ella les dijo que no tenía importancia. El niño se veía feliz con ella e incluso Sesshomaru se giraba para darle también de su postre.

¿Es así como sería tener un hijo?

Que rayos estás pensando Rin. No vas a tener hijos nunca y mucho menos con Sesshomaru, se regañó internamente.

Después de la cena volvieron al salón.

—Manejas la empresa de tu familia — repitió Kagome con admiración —. Yo nunca me he interesado por los negocios de mi abuelo, será Inuyasha quien se encargue de ellos. Lo mío es la medicina.

—Ser doctora es también un gran logro —alabó Rin, sinceramente —. Yo no puedo soportar ver una herida.

—Lo sé — afirmó Inuyasha quien luego cerró la boca ante la mirada fulminante de Sesshomaru —. Digo, se nota. Eres delicada.

— ¿Luzco delicada? — preguntó con una sonrisa.

— Sólo un poco.

Hiromi dijo algo en japonés que, por supuesto, no entendió. Su madre le respondió en el mismo idioma.

Algo le decía que ese comentario tuvo que ver con ella, miró a Sesshomaru en busca de una respuesta pero como siempre no mostraba expresión alguna.

Fue Inuyasha quien cambió el tema.

— ¿Qué les parece si mi querido hermano toca algo para nosotros?

—No— dijo claramente Hiromi—. El solo toca para las personas que quiere —. Esta vez hablo en su idioma para que ella pudiera entender.

—Pues Rin es alguien a quien tu tío quiere — dijo suavemente Kagome.

A Rin poco le importaba para quien tocaba o no, solo quería que no se sentará frente a ese piano. No quería volver a tener un sueño donde lo confundiera con Kamui.

—Estoy cansado — repuso Sesshomaru —. Además mi esposa debe encargarse del manejo de su empresa, dentro de poco comenzará la jornada laboral en Londres.

Se despidieron de los presentes y salieron al pasillo.

— ¿Dónde vas a dormir? —preguntó Rin desconfiada.

—En nuestra habitación —respondió él, sereno.

—No voy a dormir en la misma cama que tu—aclaró Rin siguiéndolo por el pasillo.

—No lo hagas. Hay bastantes alfombras en el piso. O si prefieres el sillón será todo tuyo.

Rin suspiro amargamente. Al llegar a la habitación descubrió que las cosas que Sesshomaru había enviado a comprar para ella estaban allí. También el bolso de mano que ella trajo.

—Duérmete en el sitio que tú quieras.

— ¿Y si quiero la cama?

—Estaré feliz de compartirla contigo.

—No gracias.

Durante los días siguientes Rin durmió solo cuando Sesshomaru se iba, de igual forma ella pasaba la madrugada pegada al computador y su celular al pendiente de Whitehall Inc. Si a Sesshomaru le molestaba que hablara por teléfono de madrugada a menos de dos metros de él, no lo dijo.

En la tarde platicaba con Irasue y Kagome ambas le caían bien y no hacían preguntas incomodas. Antes de bajar a cenar se acostumbró a sentarse en el balcón con su grabadora, Moonlight sonata era su mejor relajante.

Todo estaba perfecto hasta esa noche.

La cena terminó y ella tenía un dolor punzante en la cabeza. Se disculpó con las personas del salón y se fue directo a su habitación.

Cuando entró vio salir a alguien por el balcón. Caminando sigilosamente se asomó. Vio un atisbo de la silueta fina. Era demasiado pequeño para ser un adulto, pero tampoco habían muchos niños aquí...

Solo había alguien con esas características.

Hiromi

¿Qué hacía en su habitación?

Sin detenerse a darle vueltas al asunto se fue a tomar una ducha. Salió y fue directo a su bolso de mano para buscar la crema para el cabello. Lo que vio, o más bien no vio, le heló la sangre.

La grabadora no estaba.

—Tienes cara de haber visto a un muerto — mencionó Sesshomaru parado en la puerta.

—Hay... hay algo que no está en mi bolso — respondió sin preguntarse si quiera cuanto tiempo llevaba él ahí.

Comenzó a buscar en cada maleta.

Nada.

—Si me dices que estás buscando, tal vez pueda ayudarte — sugirió Sesshomaru.

—No, no vamos a encontrarlo. No está aquí.

— ¿Dónde lo dejaste?

—Aquí, justo aquí —señaló el interior del bolso.

— ¿Qué estás insinuando? — él estaba más serio de lo común.

—No insinuó nada, estoy segura de donde lo dejé y además, vi a alguien salir de esta habitación.

— ¿Quién?

—Tu sobrina. Hiromi.

Sesshomaru resoplo.

—Ella jamás tomaría algo que no es suyo.

—Pues lo hizo. La vi salir y nadie más desearía lastimarme — ante su incredulidad agrego —. La niña me odia, no veo por qué no seas capaz de creerme.

—Mi sobrina no es una ladrona — bramo molesto.

—Ahh pero yo si —replicó con sarcasmo —. Yo soy una ladrona y de paso mentirosa — estaba comenzando a perder los nervios.

—No he dicho eso.

—Pero es lo que piensas — musito ella —. Dime Sesshomaru, ¿Qué te hice para que me odies tanto? ¿Qué pecado cometí contra ti? —pregunto sintiendo que algo se rompía en su interior. Un segundo después sintió los brazos de su esposo rodearla con fuerza, ella sin voluntad ni ganas de pelear, no se resistió.

— ¿Qué se te perdió? —preguntó él y ella casi juró que su voz se quebró un poco.

—Una grabadora —respondió con un sollozo —. Es vieja y tiene un casete que es lo más valioso para mí.

Sesshomaru sintió que sus pulmones iban a explotar.

Una grabadora.

—Por favor, dile que me la devuelva, por favor —suplico —. Es mi objeto más preciado. Si quieres me quedo en Tokio todo el tiempo que desees pero por favor...

— ¿Tan importante es para ti?

—Es el único recuerdo del hombre que amo —respondió ella y Sesshomaru sintió que todo su mundo se detuvo.