Presto Agittato I

—Dime Sesshomaru, ¿Qué te hice para que me odies tanto? ¿Qué pecado cometí contra ti? —¿el pecado de no amarlo? ¿El pecado de engañarlo?

No pudo resistir la necesidad de abrazarla, de consolarla. Ella pareció romperse en sus brazos. Apretó el agarre y no pudo evitar preguntar:

—¿Qué se te perdió?

—Una grabadora —respondió con un sollozo —. Es vieja y tiene un casete que es lo más valioso para mí.

Sesshomaru sintió que sus pulmones iban a explotar.

Una grabadora.

—Por favor, dile que me la devuelva, por favor —suplico —. Es mi objeto más preciado. Si quieres me quedo en Tokio todo el tiempo que desees pero por favor...

—¿Tan importante es para ti? — pregunto temiendo su respuesta.

—Es el único recuerdo del hombre que amo —respondió ella y Sesshomaru sintió que todo su mundo se detuvo.

El único recuerdo del hombre que amo.

Una grabadora. ¿Podría ser su grabación? ¿Ella mantenía el recuerdo de su relación?

—Rin... ¿Por qué se llevaría Hiromi la grabadora?

—Ella probablemente me vio, ellos juegan abajo y yo me sentaba en el balcón a escucharla, seguro le dio curiosidad o que se yo... Por favor dile que me la devuelva, que no la rompa — ella estaba suplicando sin ningún orgullo.

—Necesito que te calmes— dijo suavemente.

Ella se estremeció. La sintió cruzar los brazos y apretarlos contra ella misma.

—Por favor — su voz se quebró. Dios... ¿Era esto lo que realmente quería? No, no quería verla llorar por eso.

Pensaba hacerla sufrir con la posibilidad de la pobreza, de perder el prestigio y la fortuna de su familia. No por esto. Él no quería verla sufrir por perder un objeto que ella catalogaba como un recuerdo del hombre que amaba.

Tenía que averiguar qué contenía esa cinta. Sin embargo se resistía a abandonarla en ese estado.

Instintivamente la acaricio, la cabeza, los hombros. La meció en sus brazos susurrándole que debía calmarse, que todo estaría bien, que recuperaría la cinta para ella. Sólo cuando estuvo seguro de que ella había dejado de llorar, aflojó su agarre. Con mucho cuidado la sentó en la cama. Limpio las lágrimas de sus mejillas con una suave caricia.

—Espérame aquí — le dijo antes de salir de la habitación.

Tenía una sola forma segura de recuperar la grabadora y fue por ello.

La persona en cuestión que necesitaba estaba en la cocina junto a su abuela.

—Kohaku — lo llamo. Un jovencito de unos doce años se levantó de un salto.

—Dígame señor Sesshomaru — respondió con excesivo respeto.

—Necesito que hagas algo por mí.

Hiromi estaba sentada en un rincón secreto del jardín cuando Kohaku llegó.

—¿Qué haces? — preguntó Kohaku con inocencia.

—Nada... Lo sé siempre — respondió la niña un tanto nerviosa.

—¿Puedo escuchar? — señaló los audífonos que llevaba puestos, sin esperar su respuesta cogió uno y se lo llevó a su propio oído —. Woo es hermoso, ¿fue grabado en vivo? Nunca le he escuchado esa canción al Señor Sesshomaru.

—Yo tampoco — repuso distraída.

—¿Pasa algo?

— Hoy preguntas demasiado.

—Solo me parece extraño que...

—Mi tío te envió — afirmó —. No hay otra razón para que estés aquí.

—Hiromi... no es momento para...

—Nunca es el momento —punzo —. Toma — le entrego la grabadora —. No me mires así, es eso lo que quieres.

—Si— habló alguien por encima de ellos.

Sesshomaru observo como Hiromi se estremecía. Miro a Kohaku y con un asentimiento de cabeza salió disparado.

—Me he peleado con Rin hace un rato — dijo cuidadosamente —. Le dije que tu no tomarías algo que no es tuyo —¿Me equivoque?

—Tío... Yo solo... Yo escuche una conversación de papá y mamá —confesó en su defensa —. Papa estaba enojado porque usted se trajo el avión sin avisarle junto con sus tarjetas y tuvo que llamar a mamá para que arreglara su viaje— sabía que su hermano se molestaría por eso, pero no le había dejado otra opción, incluso hace un rato había estado a punto de arruinarlo todo —Él dijo que lo había hecho por ella —por Rin—. Dijo que ella lo afectaba como ninguna otra mujer y que lo mejor era que se alejaran. Dijo que si eso no sucedería terminaría habiéndole mucho daño. Y yo no quiero que ella le haga daño, por eso quiero que se vaya.

Iba a matar a Inuyasha por no tener cuidado.

—Hiromi, ella es mi esposa. Por el contrario de lo que piensa tu papá yo la quiero mucho. — No podía negarle eso a ella ni a él mismo, quería a Rin aun lo hacía —. Y quisiera que fueses más amable con ella. No te pido que seas su amiga, solo que no seas su enemiga.

—Pero ya tu no me prestas atención por ella— replicó con un puchero.

—Eso es algo que podemos arreglar en este momento — Cogiéndola por sorpresa, la levantó del suelo y la sentó sobre sus hombros —. Estas pesada.

—Es que estoy creciendo — respondió sonriente —. ¿Puedes tocar esa canción para mí?

—¿Cuál?

—La de la cinta de Rin— el respiro profundamente —. Moonlight Sonata, pero allí sólo estaba el Adagio. Quiero escuchar el Presto Agitato.

Rin observo la escena desde el balcón de su habitación, tío y sobrina iban sonrientes en camino a la casa. No parecían llevar nada y a ella estaba que le saltaba el corazón. No estaba preparada para desligarse de sus recuerdos, tal vez nunca lo estaría.

La puerta de su habitación sonó.

Dejó de ver a la pareja y fue hasta la puerta. El mismo jovencito que la recibió la primera vez que vino a la casa la recibió.

—Hola —saludo sin muchas ganas.

—Hola — el chico algo nervioso se sacó algo de los bolsillos, en cuando ella se dio cuenta de que era sintió que su alma regresaba a ella.

Sus manos temblaron cuando el objeto que alguna vez fue plata brillante volvió ella.

—Hiromi me lo dio y vine de inmediato a dárselo.

— ¿Sesshomaru te dijo que lo hicieras? — necesitaba saber si debía o no tener su gratitud.

—Si — respondió y se dio la vuelta. Se detuvo antes de cerrar la puerta —. Por favor, no se enoje con Hiromi ni pida que castiguen. Estoy seguro de que hay una explicación para esto.

—Lo tendré en cuenta — prometió sincera.

Estuvo a punto de cerrar la puerta cuando a sus oídos llegó el ligero sonido del piano. Probablemente era Sesshomaru con Hiromi en el salón. Quiso ignorarlo pero las vigorosas notas la llamaron. A medida que se acercaba la melodía vibrante se hacía más clara.

Se quedó pasmada en el pasillo viendo las figuras de las dos personas en el salón. Él sentado frente al magnífico instrumento y ella bailando a su alrededor la perfecta interpretación del Presto Agitato.

Su tiempo se quedó detenido y todo lo que pudo hacer fue quedarse pasmada en aquel pasillo, plenamente consciente de que no era su amor quien estaba presionando las teclas, era Sesshomaru; su esposo, su realidad. Su tormentoso presente que la apabullaba con su comportamiento, no podía entender como pasaba de una personalidad a otra. En un momento era duro, frío y un minuto después era suave y cálido. Hacía un rato la había consolado de tal forma que por un momento sintió que el abrazo había algo más. Pero eso era algo imposible, el no sentía nada más por ella que no fuera desprecio y, por supuesto, deseo por su cuerpo.

Los días siguientes Rin entendió por qué habían regresado a Tokyo. Kagome era cirujana oncóloga y en conjunto con Inuyasha planeaban inaugurar un ala especializa en oncología una clínica pública, para su sorpresa la mayor parte del dinero había salido del capital de los bancos perteneciente a Sesshomaru. Cuando Kagome se lo confesó aquella mañana le había parecido casi increíble que el hombre que se empecinaba en cobrarle y retenido su dinero fuese así de desprendido con el suyo.

El hecho era que en dos días se daría la apertura de la nueva área clínica y a su vez, el hospital haría una fiesta donde se homenajearía a los precursores del proyecto. Su esposo era el invitado especial, aunque por lo que ella vio la noche anterior, donde Kagome le recalco a Sesshomaru la importancia de su asistencia, él no se le veían muchas ganas de ir.

Entre otras cosas Sesshomaru estaba de lo más extraño, se la pasaba distraído, más callado de lo normal. Ni siquiera jugaba con sus sobrinos. Lo que extrañó, fue el hecho de que se hubiera cambiado de cuarto la misma noche del incidente con la grabadora. Cosa que ella no quiso que pasara a mayores y decidió dejarlo pasar. Por suerte para ella Hiromi no había vuelto a hablarle mal, hacerle burlas o cualquier cosa. Kaito por otro lado era un amor de niño.

También se había enterado de que Kohaku era el nieto de Kaede y a su vez, era el mejor amigo de Hiromi y a nadie parecía importarle. Incluso se le pagaban los estudios y utilizaba algunas áreas de la casa como si fuera un miembro más de la familia. Eso le había agradado tanto, ver que en la familia Taisho no existía la discriminación social.

Por otro lado, o continente, las cosas en Londres... ni siquiera quería pensar en eso. Su asistente no paraba de llamarla, ese día en particular le había dicho que Alexander quería entrar en su oficina y ejercer de presidente en su ausencia. Por suerte el personal, que estaba advertido de la no grata presencia de su hermano, se las arreglaron para mantenerlo fuera. Pero no creía que pudieran hacer por mucho más tiempo. Si le era posible, regresaría a Londres después de la fiesta.

— ¿Un billete por tus pensamientos? — se burló Inuyasha.

—Largo — gruñó Sesshomaru.

— ¿Vas a decirme que te pasa?

—No y si es todo lo que quieres fuera de mi oficina.

—No tienes por qué ser tan agresivo, pareces un perro rabioso — se quejó el menor de los hermanos —. Madre me dijo que regresaras hoy al pent-house, que no se te olvide asistir a la fiesta. Kagome no te lo perdonaría.

—Iré.

— ¿Y Rin?

—Irá conmigo, por supuesto.

— ¿Y...?

—Conseguí los fondos de Whitehall Inc y se cómo hacer para devolverlos — confesó más porque necesitaba hacerlo que por otra cosa.

—La liberación de Rin de su matrimonio —concluyó Inuyasha, quien a esas alturas sabía de la deuda que tenía la empresa de los padres de Rin con ellos y por supuesto dedujo que esa era el motivo.

—Están en un banco en Rusia— confirmó con desgana —. De los Salenko.

—Se quiénes son. Lo que no entiendo es cómo llegaron allí.

—Están a nombre de Alexander Whitehall y son ingresos por explotación de diamantes. Según vi el negocio era productivo hasta el cambio de gobierno, ahora están atrapados en una cuenta esperando a ser reclamados, por supuesto con los debidos soportes.

—Cosa que el mocoso no hará.

—Su única oportunidad es conseguir a un hombre pesado sobornable.

—Cosa que tu si puedes hacer — afirmó con convicción.

—Se exactamente a quien llamar y cómo hacer para que el dinero sea desviado a donde yo desee.

— ¿Lo harás?

—Primero hay algo que quiero comprobar.

Esa tarde se dio a la tarea de conseguir exactamente lo que pensaba que Rin querría. Tenía que comprobar esa sospecha.

Rin recogió sus pocas pertenencias en la maleta y con resignación se metió dentro del auto. A esa hora la casa estaba vacía así que no pudo despedirse de nadie. Sesshomaru arranco en cuanto ella cerró la puerta. Estaba raro. Parecía como si hubiera algo que lo preocupara. Podría preguntarle y arriesgarse a qué le dijera que no era su problema y mil cosas más o ignorarlo y agradecer que sus pensamientos estuvieran en otro lado y no en ella.

— La fiesta del hospital es mañana — dijo Sesshomaru haciendo que Rin descartara el preguntarle que le pasaba.

—Kagome me informó.

— ¿Vas a ir a comprar algo?

Rin arqueo las cejas.

— ¿Se está ofreciendo a llevarme? — pregunto con sarcasmo. Él soltó el aire como si se estuviera conteniendo. Ella siguió esperando su respuesta.

—Si.

Eso era nuevo. Amabilidad sin pedir nada a cambio. Tal vez se lo cobraría después. A Sesshomaru definitivamente le pasaba algo.

La llevo a Ginza, una zona comercial de Tokio donde solo había tiendas exclusivas. Bajaron del auto y caminaron frente a varias tiendas, cuando estuvieron frente al imponente emporio Armani la cogió de la mano y la llevó dentro.

Rin se dejó llevar con desconfianza dentro de la sofisticada tienda, no entendió ni papas de la conversación de su esposo con la empleada. Ella los llevó al piso superior donde una asesora los estaba esperando. Esta hablaba perfectamente inglés.

—Es un placer para nosotros contar con su presencia hoy en nuestra tienda. Su esposo nos comentó que buscaba un vestido para una gala—No un Armani prive, pensó Rin controlándose de no rodar los ojos—, ¿Tiene algo en mente o quisiera mirar nuestros diseños exclusivos?

—Quisiéramos mirar — respondió Sesshomaru por ella.

La asesora los guío por el gran salón donde diversos vestidos estaban exhibición y otros colgados en ganchos. No tenía que ser adivina para saber cuánto costaba cada uno de los modelitos del emporio Armani.

Tomando distancia de la asesora agarro a Sesshomaru por el brazo y lo halo para que se inclinará, el pareció sorprendido. Dejando a un lado el pensamiento de que era la primera vez que ella lo tocaba por iniciativa propia, le susurro: — No creo que hayamos venido a la tienda correcta.

— ¿No te gusta Armani?

—Lo que quiero decir es que no voy a gastar 50mil dólares en un vestido — no lo había hecho nunca y no pensaba comenzar ahora. A pesar del valor de su empresa, no era sólo de ellos. Habían inversionistas que se quedaban con partes de las ganancias, además de que la mayoría del dinero que entraba iba para costear la deuda. A ella le quedaba poco, por no decir nada.

—Eso no es problema, pienso pagarlo yo.

—No quiero un vestido tan caro — declaró —. Nunca he usado algo de más de tres mil y no pienso comenzar ahora. — Eso era cierto, durante mucho tiempo vivió sin él apoyo económico de su padre y luego cuando tomó las riendas de la empresa las costumbres ahorrativas adquiridas se quedaron arraigadas en ella—. Mucho menos para ir a una gala de un hospital.

Él sonrió aunque solo fue por unos segundos.

—Entonces no tenemos nada que hacer aquí.

Sesshomaru llamó a la asistente y le dijo que debían cancelar la cita, debió suponer que el lugar funcionaba por previa cita. Se quedó un rato más hablando con ella y luego bajaron hasta planta baja con excesiva lentitud. Cuando estaban a punto de salir, la mujer que los atendió arriba le entregó una bolsa pequeña. Al final él sí había comprado algo.

Sesshomaru dejó que Rin escogiera la tienda pero intervino en la elección del vestido, no porque no le gustará sino porque el collar con diamantes que había comprado no quedaría bien con el cuello tan alto. Por suerte ella le siguió la corriente de marido y mujer y escogió un vestido de seda negro con escote en v. Por supuesto no la dejo pagarlo, igual que con todo lo que compraron y bebieron esa tarde.

Rin se mostraba desconfiada, conocía esas expresiones en su rostro. Ese día quiso comprobar una cosa; si fue realmente Rin la que se gastaba el dinero en vestidos y joyerías excesivamente caras. Un no rotundo de su parte le demostró que no había sido ella. Tal y como parecía se había visto envuelta en el engaño de su hermano, para colmo de su mala suerte terminó en sus manos.

Ahora solo le quedaba averiguar qué relación tenía ella con Seishiro, ¿Por qué había sido él quien los auxilio con el dinero? Y lo más importante: ¿Sabía Rin de los préstamos?

También estaba otra cosa, ¿Por qué Rin se aferraba a esa grabación si ella misma lo había echado de su lado? Quería preguntarle pero no sabía que tan sincera podía ser con eso. Estaba claro que era esa cinta, moonlight, la canción que el tocó un día para ella. ¿Por qué Rin actuó de esa manera?

Solo había una persona que podía responderle. Miró su celular y programo la alarma para que le avisara la hora exacta en la que amanecía en Londres. Llamaría a Robert Whitehall esa noche.

El penthouse estaba a oscuras cuando llegaron, Sesshomaru no la había dejado cargar las bolsas ni la maleta. Ella encendido las luces y él subió las escaleras con sus cosas llevándoselas lejos del lugar donde ella pensaba dormir.

—Puedes quedarte con la habitación — le dijo él desde las escaleras.

— ¿Puedo...? ¿Dónde dormirás tú? — cuestiono recelosa.

— No en los muebles — respondió y por un momento le pareció que estaba bromeando.

Definitivamente había algo raro.

—No te preocupes, no tengo intención de volver a forzarte a hacer nada.

— Y si te digo que quiero regresar a Londres mañana, ¿No me forzarías a quedarme?

—Si lo dices, te diría que mi cuñada espera que asistas a la fiesta a mi lado. Así que te pediría que por favor esperaras un día más.

Rin pareció pensarlo.

—Mi hermano está causando problemas, tiene a mi asistente asustada.

—Alexander... —en ese momento recordó la información que tenía sobre los fondos. Con la empresa bajo su embargo bien podía alegar que la cuenta de Alexander fuese confiscada, pero también podría llegar el caso que no pudiese retener el dinero y tal y como se veía se le desvanecería de las manos a su fragante cuñado —... ¿Qué clase de problemas? —inquirió a sabiendas de que lo que quería era dinero.

—Quiere ejercer mi cargo en mi ausencia.

—Para así poder controlar las cuentas y seguir sacando dinero.

—Mi asistente esta con los pelos parados, necesito regresar a poner orden. Se que le dije...

—Te —interrumpió él.

—Ah— ella lo miro desconcertada.

—Me estabas hablando de tu, no veo por qué debas dejar de hacerlo.

—Bien... te... te dije que me quedaría por el tiempo que quisieras pero en verdad necesito arreglar el asunto con Alexander.

—Y yo te dije que no te obligare a nada, puedes irte si lo deseas.

—Me iré pasado mañana entonces.

Él no le respondió.

—Muero de hambre, prepararé algo para cenar.

— ¿Sabes cocinar? — eso no se lo esperaba.

— Vivo sólo, en algún momento tengo que preparar algo para comer.

— Claro, algo como un sandwich — se burló ella.

Él le lanzó una mirada de disgusto, pero sabía que no estaba enojado, no era así como miraba cuando se molestaba. Era más bien como si estuviera relajado, como si estuviera aceptándola, como si hubiese decidido confiar en ella de una buena vez.

Lo siguió hasta la cocina y vio como sacaba las cosas de la nevera y de las gavetas. Se había quitado el saco, la corbata y arremangado las mangas. Un sexy chef ante ella, que no era nada menos que su esposo, sintió una punzada de deseo al ver como se desabotonaba los tres primeros botones de su camisa. Miró a otro lado para morderse los labios, no valía la pena negarlo más, lo deseaba. Deseaba a Sesshomaru y muy a sus adentros quería repetir lo que había pasado en el avión.

Su teléfono vibro asustándola, lo sacó de su bolsillo y vio quien era la persona que estaba llamando.

La foto de Helen iluminó la pantalla.

—Hola — respondió levantándose del taburete, ganándose así la mirada inquisitiva de Sesshomaru.

"¿Qué tal todo? ¿Tienes tiempo para hablar?" pregunto su amiga al otro lado de la línea.

—Por supuesto, ¿por qué no lo tendría? — cuestiono sonriente.

"La bestia de tu marido" sugirió con desdén, Rin se dio cuenta de que no estaba bromeando.

— ¿Pasó algo?

"De hecho sí. Aléjate de él porque tenemos bastante de que hablar"


Primeramente quiero darles las gracias a quienes han llegado hasta aquí y gracias por dos a quienes se animan a dejarme un comentario, follow o favorito.

Ahora esta es la tercera parte de la sonata donde la sensación es diferente, podría decir que es el inicio del tormento.

Quiero decirles que aun no me decido sobre como terminará esta historia (si lo va o no a perdonar). Actualmente estoy escribiendo el capitulo 19 y tengo en mente las cosas que pasarán hasta cierto punto donde Rin tendrá que decidir que hacer. Se que lo que mas deseamos (me incluyo) es ver como Rin se desquita de todos. Lo hará, así que pueden esperarlo pronto muy pronto.

De nuevo gracias.

Besos!