Presto Agittato II
—Ya estoy en la habitación, sola — anunció ante la insistencia de Helen para que se alejara de Sesshomaru.
"Bien, primero quiero que me cuentes. ¿Como fue tu noche de bodas?"
Rin resoplando respondió.
—La noche de bodas, pues... Pudo haber sido peor y como sé que tu pregunta es si me acosté o no con él ese día, la respuesta es no. Se fue de la habitación después de llegar, supongo que a casa de Annabelle.
"¿Sigues siendo virgen?"
—No, lo hicimos unos días después — confesó.
"No me digas que el bastardo te obligó"
—No, bueno si y no. Es un enrollo Helen. Por una parte me presiono con la empresa, pero por otra debo admitir que lo deseaba. Sesshomaru me resulta atractivo, por Dios ¿A que mujer no le gustaría? — a mi, pensó decir Helen — La cuestión es que fue algo que yo también disfrute, claro hasta el momento en el que se dio cuenta de que era virgen y comenzamos a pelear y él abandono la cabina.
"¿La cabina?"
—Lo hicimos en su avión.
"Y él no terminó... Te dejo ahí con la situación inconclusa"
—Exactamente, pero desde hace unos días ha estado raro. Justo ahora estoy comenzando a pensar que ha decidido confiar en mí. No sé qué es lo que haya pasado, solo sé que se comporta distinto. Como si...
"¿Y te agrada?"
— ¿Su cambio? Pues si. Es decir tenemos un trato y es mejor cumplir con alguien que esta siendo amable que con una bestia.
"Rin,... ¿Sientes algo por él?"
—Sentir algo... No lo sé... Hoy por ejemplo salimos y fue realmente amable. Justo ahora está haciendo la cena y... Oh Helen me atrae, carnalmente lo hace y si a eso le sumamos que me trate bien, sea amable y las otras cosas que he descubierto, temo estar confundida.
"¿Y el pasado y Kamui?"
—No lo sé. Obviamente sé que no puedo estar enamorada de Sesshomaru, no soy masoquista. Pero, me atrae. Y tal vez solo debo dejarme llevar y vivir esta pasión... Soy una mujer adulta y aunque siento que estoy traicionado lo más puro que he tenido, quiero vivirlo, sentirlo...
"Rin, hay algo que debo decirte" la interrumpió
—Helen hablando con tanta seriedad, es algo grave.
"Si, algo así. Pero no quiero que hablemos esto por teléfono"
—Yo regresaré pasado mañana, podemos vernos el Lunes.
"No sabía que volverías"
—Alexander esta haciéndole la vida a cuadros a Lucy — su asistente—. Tengo que volver.
"¿Y la bestia te dejo?"
—Si, te dije que se ha estado comportando. Helen no entiendo, tu misma me impulsaste a que lo aceptara y ahora siento como si no te agradara.
"¿Recuerdas que estábamos buscando su punto débil?"
—Por supuesto.
"Lo encontré y no me gusta para nada... Por eso necesito que hablemos, en persona, a millones de kilómetros de él"
—No entiendo, Helen ¿Qué descubriste? No puedes decirme eso y después decir que tengo que esperar hasta el lunes.
"De hecho debes esperar más, estoy en Australia y llego el miércoles a Londres"
Cuando Rin volvió su cena estaba servida, Sesshomaru estaba sentado en la mesa de comedor mirando su celular. La estaba esperando para comer.
—¿Todo bien? — dejó a un lado el celular para mirarla.
—Si, era solo una amiga.
Desde que conoció a Sesshomaru esta era la primera vez que comían a solas, en un comedor, como dos personas civilizadas.
Más tarde, en la habitación que era de su esposo y que este le había cedido a ella, pensó que si él se seguía comportando de esta forma sería mucho más llevadero el compromiso que tenían. También pensó en que debía ser sumamente cuidadosa en Londres, no podia arriesgarse a que Seishiro se acercara a ella y causará malentendidos con Sesshomaru. Debía cuidarse también de Annabelle, esa mujer le daba mala espina.
La alarma del celular se activo a las 11 en punto. Parado frente a los ventanales miro la ciudad dormida. Salió a la terraza y marcó el número en la pantalla.
Para su sorpresa no fue Robert quien respondió la llamada. .
"Hola" respondió una voz femenina
—Buenas tardes señora Whitehall.
"Oh, no. No digas de esa manera, por favor, llámame Betty. Robert está descansando en este momento... ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? ¿Como esta mi sobrina?¿Esta contigo? "
—Esta muy bien y en estos momentos esta dormida. Lo estoy llamando por otra cosa —había pasado varias horas analizando cuales serian las mejores formas de sacarle información a Robert. Al final se decidió por la que era la más parecida a la verdad, con lo que no contaba era con que quien respondiera fuera la tía —. Estoy algo preocupado.
"¿Por qué?" inquirió la mujer como si ya supiera cuál sería su respuesta.
Justo en ese momento tuvo una mejor idea.
—Betty, ¿puedo confiar en usted? —preguntó con preocupación.
"Por supuesto que puede" respondió con cariño. "¿Se trata de mi Rin, cierto?"
—Si— confirmó —. Verá tía Betty, se me está haciendo demasiado difícil llegar a ella, se comporta de una manera cerrada, no quiere hablar —mintió llevando su idea a cabo —. Se que le atraigo, que siente algo por mí, pero no me permite llegar a su corazón. Siento que estoy luchando contra un enemigo invisible, una grabación... —agregó con amargura—. Betty esto es tan vergonzoso, jamás había tenido la necesidad de hacer esto de pedir ayuda. Pero siento que estoy perdiendo a mi esposa sin haberla tenido nunca — eso debería ser suficiente para que la tía le dijera lo que él quería.
"Oh querido, yo lo vi. Él día que fue a visitaros vi como la miraba y supe que usted sentía algo especial por ella. Pero sus suposiciones son ciertas" había cierto sentimiento de tristeza en sus palabras "Rin ha pasado su vida enamorada de otra persona" Sesshomaru contuvo la respiración "Ese hombre, o bueno... Ese chico murió hace mucho tiempo" ¿murió? ¿de quien estaba enamorada Rin? ¿Quién merecía tal devoción se su parte? "Por respeto a mi sobrina no puedo contarle mucho"
—Betty por favor — pidió —. Necesito saber contra quien estoy luchando.
"Primero dígame ¿Qué siente por mi sobrina?"
¿Qué siente por ella? La respuesta era clara.
—La amo — no hubo duda en su declaración.
"Bien, se lo diré solo porque creo que usted es el único que puede sacar a Rin de ese castigo autoimpuesto que comenzó hace quince años"
Sesshomaru se dejó caer en los asientos metálicos, apoyando los codos sobre las piernas metió la cabeza entre sus manos.
"Hace quince años los padres de Rin se fueron de viaje, yo me quedé a cargo de Rin y su hermano. Fui demasiado permisiva para la opinión de Juliette... La cuestión es que cuando ellos volvieron, se encontraron con un mensaje del instituto donde ella estudiaba, la directora decía que Rin estaba dando una mala imagen en su colegio al estar en una relación con un joven"
—No le veo nada de malo a eso —replicó tratando de sonar tranquilo.
"El problema fue que el joven en cuestión era pobre, algo insoportable para Juliette. En seguida metió sus manos y Robert hizo que él y su hermano fueran expulsados. También... también obligó a Rin a dejarlo, le dijo que arruinaría al chico si volvía a verlo cerca de ella, mi pobre sobrina estaba asustada de lo que pudiera hacerle y no se como pero lo alejo. Al día siguiente ellos desaparecieron y la policía jamás dijo nada... Rin estuvo molesta por mucho tiempo... ¿Sesshomaru? ¿Aún esta ahí? "
—Si, Betty. Estoy aquí. Dígame como se llamaba, ¿cual era el nombre del Joven?
"Kamui, Sumeragi Kamui"
El aire en sus pulmones se acumulo al punto del dolor, sus manos temblaron un poco y el celular que estaba sosteniendo se dio de lleno con el piso. La pantalla se apagó, él no podía moverse, no podía respirar, ni siquiera sabía cómo su corazón podía seguir latiendo.
¿Qué había hecho?
Sus doloridos pulmones clamaron por aire, su respiración se hizo agitada. Recogió como pudo el teléfono del piso, el vidrio estaba hecho trizas.
Rin lo amaba.
Agitado volvió a entrar al penthouse. Necesitaba beber algo. Se sirvió un whisky seco del bar y volvió a la sala donde estaba hace uno minutos. Sin querer tropezó con un jarrón alto y este cayó al piso dejando un entrepiso sonido con el.
Él era un idiota.
Volvió a sentarse con el vaso de cristal en sus manos, bebió del líquido caliente y sintió como quemaba su garganta.
Rin...
Seguía respirando de esa forma cuando ella entró.
No pudo evitar admirar lo hermosa que era. Inclusive así, sin maquillaje y con el cabello en una cola.
—¡Por todos los cielos! ¿Te sientes bien?
Ella se acercó corriendo a él y lo primero que hizo fue llevarle la mano a la frente. Él se sintió miserable.
—No parece que tengas fiebre, luces terrible. ¿Quieres ir al baño o que te prepare algún té?
Ella era un ángel. Se estaba preocupando por el hombre que la obligó a acostarse con él.
Dios... ¿Que había hecho?
Todas las veces que la beso sin su consentimiento, las veces en las que ella lloró lo hacía por él... Maldita sea, la había tratado de una manera terrible.
—Sesshomaru, me estas asustando. ¿Deberíamos ir al médico? Pobre jarrón, espero que no fuera tan caro.
—Estoy bien, no te preocupes.
—No, no lo estas... Por dios, ¿Qué le pasó a tu teléfono?
—Se cayó.
—Voy a prepararte un té, por lo pálido que estas debes tener una baja de azúcar, además estas sudando frío. Y por Dios, deja de beber. —Ella le quito el vaso de sus manos.
No lo merecía. El que ella se preocupara por él. No lo merecía.
Era un maldito miserable por lo que le había hecho, no merecía estar a su lado. Ella jamás debía enterarse que él era Kamui. No soportaría ver su mirada de desprecio o peor, de dolor al ver que él que tanto la había amado, se había convertido en su verdugo, humillándola una y otra vez, haciéndola sentir que solo valía por su cuerpo, cuando en realidad, ella era mucho más que eso.
Y él estuvo a punto de violarla por culpa de los celos, de no poder soportar que ella lo rechazara siendo todo lo que ella le había descrito un día como el hombre que buscaba. Uno que si se atreviera a penetrarla, uno que tuviera más dinero y poder que ella, uno al que según ella complacerá sexualmente.
Era una basura.
—Bebe esto — Rin le paso una taza, él no la había sentido volver.
La cogió con cuidado de no tocarla, no tenía derecho de mancillar su piel pura. Tampoco tenía el derecho de recibir sus cuidados.
—No creo que sea buena idea — mencionó mirando el vaso.
— ¿Prefieres ahogarte en el alcohol? — preguntó como un deje de sarcasmo.
—Créeme, me siento mejor.
—No lo pareces — dijo y pareció pensar lo que diría a continuación. Cuando hablo su voz fue suave y serena —. Sé que las cosas entre nosotros no son las mejores, no por ello puedo resultar indiferente ante mi marido enfermo.
La dulzura y la compasión seguían en ella arraigados en lo más profundo de su compasivo corazón.
¿Cómo había sido tan estúpido de no darse cuenta?
—Oh... Tengo una video llamada — anunció cuando escucho el sonido animoso desde arriba de la casa —. Debe ser Lucy, mi asistente — agitó las manos frente a ella en señal de disculpa — vuelvo en un momento.
Rin pasó la noche yendo y viniendo.
El no supo en qué momento se quedó dormido.
Cuando la luz del sol lo despertó estaba cubierto con un edredón. Tenía la opresión en el pecho más grande de la historia y su cabeza amenazaba en rasgarse en cualquier momento.
Rin se despertó poco después del mediodía. Como era su costumbre siguió su ritual "matutino" con religiosidad. La diferencia de horarios estaba acabando con ella. Le echó un vistazo rápido al reloj antes de meterse a la tina. La fiesta del hospital sería a las 8, así que tenía tiempo suficiente para arreglarse.
El día anterior había visto varios salones donde ir a peinarse pero los descarto todos. No quería peinar o maquillarse de más.
Paso una hora antes de que ella decidiera salir de la bañera, se envolvió en un albornoz al salir. Sin vestirse comenzó a rizar su cabello, lo recogió en una medía cola dejando así que ondas sueltas cayeran en su espalda. El vestido de seda encajo perfectamente en su cuerpo, se ceñía a ella como si hubiese sido diseñado a medida. Los tacones plateados y la cartera a juego le dan el toque exacto de elegancia. Pero... Le había faltado algo. Se le había olvidado comprarse unos pendientes o collar y los que trajo de Londres no combinaban en lo absoluto.
Con un suspiro de resignación cogio su móvil para mirar la hora.
19:26 y Sesshomaru aún no aparece, pensó antes de volver a mirar al espejo y ver el impecable reflejo de su marido detrás del de ella.
Hizo el intento de voltearse y se detuvo al ver que había caminado hasta quedar justo a escasos centímetros de ella. Su proximidad la hizo estremecer de anticipación.
—Te vez hermosa — la elogió.
Rin sintió el rubor subir a su rostro, no porque un cumplido tan simple la hiciera sonrojar, sino porque era la primera vez que él lo hacía o por lo menos la primera vez que la elogiaba más allá de su cuerpo.
—Tú también luces bien — devolvió con cortesía. Realmente ella no estaba mintiendo, vestido de negro y con el cabello recogido se veía impactante.
Sesshomaru se limitó a asentir con la cabeza.
—Te falta algo — agregó.
Un toque de desilusión recorrió a Rin y desvío su mirada al teléfono, lo siguiente que sintió fue un objeto frío tocar su pecho. Llevó las manos instintivamente al objeto al tiempo que subía su mirada para encontrarse con un collar de diamantes, porque esas piedras brillantes eran diamantes. Sesshomaru estaba ensimismado en la tarea de ajustar el broche por debajo de los rizos que se había dejado sueltos. Ella no podía apartar su mirada de incredulidad de la joya.
—Esto no era necesario —balbuceo.
—Para mí lo era— replicó como si nada.
—Es demasiado — objeto.
—Es perfecto.
A lo largo de la noche le fue imposible mantenerse concentrada en otra cosa que no fuera Sesshomaru. Lucía impecable con el smoking negro, era el centro de atención y ella, como su pareja, se llevaba casi las mismas miradas que él.
La ceremonia de inauguración transcurrió con tranquilidad, su marido, que estaba a su lado, se encargó de traducirle la gran mayoría de las palabras de Kagome y cuando se mencionó el nombre de Sesshomaru Taisho, él la cogió de la mano y se la llevó con él al escenario ganándose más de una mirada curiosa, por no decir de envidia.
Su marido dio unas palabras a las que los asistentes aplaudieron, después bajaron y volvieron a sus asientos junto a la familia Taisho.
— ¿Qué dijiste? — le preguntó cuándo estuvieron sentados.
—Solo di las gracias.
— ¿Qué dice Kagome ahora? —esto de estar en otro país donde se hablaba un idioma diferente comenzaba a ser estresante. Por suerte Sesshomaru estaba siendo bastante paciente traduciendo y respondiendo sus preguntas.
—Está hablando sobre los nuevos procedimientos que podrán realizarse y pescando nuevos patrocinadores.
—Lo haces sonar horrible —le recriminó y para su sorpresa él sonrió.
—Es solo cuestión de que alguien caiga en su anzuelo, ¿No es eso pescar?
—Entonces tú también has sido pescado — señaló.
—Soy su pez más gordo — admitió con un encogimiento de hombros.
En ese momento todos aplaudieron y Kagome bajo del escenario haciendo reverencias, Rin volteo a ver a Sesshomaru quien estaba dándole un sorbo a su bebida, al otro lado Inuyasha recibía con un abrazo a su esposa, su suegra estaba conversando con un par de personas que no conocía.
Un hombre alto llamó su atención, era un fotógrafo y venía hacia ellos. Por lo que entendió de sus expresiones corporales quería tomarles una fotografía. Rin pensó que Sesshomaru se negaría puesto que en su boda no hubo fotos ni prensa ni nada que se le pareciera y, nuevamente, su marido la sorprendió cogiéndola de la cintura y guiándola junto con su familia al lugar que él fotógrafo le indicaba.
Se tomaron una fotografía familiar, Irasue en el medio, sus nueras a su lado y sus respectivos maridos en las esquinas. Rin había sonreído con nerviosismo, eso era traspasar las líneas de su falso matrimonio y lo peor era que a Sesshomaru parecía no importarle. La siguiente fotografía fue de los tres Taishos juntos, las tres cabelleras plateadas y ojos dorados unidos en un solo cuadro, la tercera fue de la pareja Inuyasha y Kagome. La cuarta, por supuesto, fue de ella y Sesshomaru, debía ser tonto el que pensara que la prensa desaprovecharía la oportunidad de captar a la esposa del magnate en una foto.
Cuando el fotógrafo se fue Sesshomaru no la soltó. Incluso cuando un trío de hombres llegó a hablarles, él siguió con ella sujeta de la cintura y, a decir verdad, eso no le molestaba, de alguna forma u otra le resultaba placentero. Era conciencia de todas las miradas y se llenó, por un momento, de orgullo ya que el hombre al que todos admiraban era nada menos que su esposo.
Una hora después Rin estaba a punto de jurar que la totalidad de los asistentes se habían presentado a ella, algunos más amables, otros más compresivos y unos cuantos con problemas para disimular su estupefacción al enterarse que no sabía si quiera saludar en su idioma. La mayoría al saberlo cambio su conversación al inglés, pero ese señor en particular le dirigió unas palabras en japonés a su esposo, este le respondió con su inflexible tono barítono. Por la reacción del intruso, ella supo que no le había gustado para nada la respuesta de Sesshomaru.
— ¿Qué te dijo? —le preguntó cuándo el hombre de bigotes se fue.
—Insinuó que debí escoger mejor a mi esposa.
—Oh — no se esperaba eso, alguien contradiciendo a Sesshomaru. Además, tal vez el sujeto tuviera razón, ellos a penas se conocían y, su matrimonio no era real. No entendía por qué él la había llevado a esa fiesta —. No debiste ser tan duro con él — hizo una mueca de pesar al tiempo que se terminaba el contenido de su copa. La cabeza le dio vueltas.
—Si no quería esa respuesta no se habría metido en lo que no le importa — y lo que declaró después, la dejó sin palabras —. No pude haber escogido una mejor esposa que tú.
Silencio, no era capaz de responder a lo que sea que haya sido eso.
—Estoy cansado, ¿Nos vamos?
El pent-house estaba sumido en la oscuridad cuando las puertas del ascensor se abrieron. Normalmente él las habría dejado apagadas y subiría a la habitación sin prestar atención a nada más. Sin embargo, no estaba solo y Rin parecía como si fuera a caerse en cualquier momento. Encendió las luces y vio como ella se tapaba los ojos con una mano.
— Apágalas — le ordenó ella. El obedeció bajando la intensidad de las luces dejando el salón tenue.
— ¿Mejor así?
Ella asintió.
—Parece como una película — mencionó Rin mirando hacia el salón contiguo. Él supo rápidamente que se refería al piano junto a la ventana y las cortinas blancas casi transparentes. Vio la nostalgia en sus ojos y por un momento sintió celos, celos de él mismo.
—Será mejor que te acuestes.
— ¿Acostarme? Aún es temprano para mí —replicó ella como una niña.
—No todos los días te bebes una botella de vino.
—Solo me tome tres copas — alzó sus dedos mostrando el número tres.
—Claro.
Ella alzó las cejas.
—Te estoy diciendo la verdad — sonrió.
—Te acompañaré a la habitación — declaró dándole a entender que no cedería.
Rin se dejó guiar por él. Dejó que la tocara por la cintura y dejó que la sostuviera cuando se tambaleó en uno de los escalones. También, dejó que entrara en el cuarto.
Él no quería soltarla aunque sabía que tenía que hacerlo. Si quería convencerla de que siguiera a su lado tendría que irse. Tenía que hacer que ella se enamorase de él y, acorralarla de nuevo, aprovechando su estado no era la mejor manera de cortejarla.
Ella no se movía aunque sabía que tenía que decirle que se fuera.
Sesshomaru apretó el puño en un intento vago de controlarse, estar con ella, justo en el lugar donde la había deseado tantas veces, y no poder hacerla suya estaba acabando con él.
Rin apretó sus manos porque necesitaba terminar con eso, tenía que dejar de fingir una embriaguez que no existía. No podía, simplemente no podía alejarse de él. Sesshomaru la atraía y no había ninguna manera de negarlo.
Sentían su respiración el uno con el otro, ninguno supo quién se movió primero, en sus memorias sólo estaba el recuerdo del sabor de la boca del otro. Ella gimió en sus labios y el gruño apretándola contra sí con más fuerza de la que pretendía. Rin se revolvió en busca de aire.
—No— su voz salió en una súplica desesperada —. No me rechaces — suplico de nuevo repartiendo besos en su mentón, mejillas —. Me matarías si lo haces.
—No tenía intención de hacerlo —respondió ella —. Es solo que me sacas el aire—agregó con una sonrisa.
—Lo siento, contigo... contigo es difícil controlarse.
Contigo también, quiso responder ella pero, sus palabras quedaron atrapadas en sus besos. Rin no lucho esta vez, sabía que eso era lo que ella quería, sin remordimiento envolvió sus dedos alrededor de la liga que mantenía la cabellera plateada sujeta y la soltó. Con placer masajeo el cuero cabelludo, mientras que lo atraía hacia ella guiándolo a las partes donde quería sentir su boca. El obedeció mansamente dejando rastros de fuego con su lengua al tiempo que sus manos recorrían su cuerpo.
Rin escucho tela chocando con el piso y se dio cuenta de Sesshomaru la había desnudado, no le importo. Pensando que era injusto metió las manos en sus pantalones y sacó la camisa de sus fundas, con los dedos temblorosos soltó cada botón. El tiempo se detuvo para ambos. Ninguno supo cómo llegaron a la cama, desnudos, piel con piel, sintiendo sus latidos, su aroma, embriagándose el uno del otro.
Para ambos solo existía el uno del otro.
Rin llevo sus manos hacia atrás para quitarse el collar. Sesshomaru la detuvo antes de cumpliera su propósito.
—Quiero verte con eso, cuando lo compré en todo lo que pensaba era en hacerte el amor, solo con el collar puesto— confesó sin reparos. Quería que por los momentos ella supiera cuanto la deseaba. Ya después se encargaría de hacerla ver que la amaba.
Rin se sorprendió por su declaración solo que no tuvo tiempo para pensar en ello puesto que Sesshomaru atrapó sus pezones en su boca, succiónalos y mordiéndolos ligeramente. Ella se sintió mareada de placer y por reflejo empujó sus caderas hacia él.
—Por favor —pidió sintiendo que esa voz no era de ella.
—Aún no— respondió él —. Me aseguraré de que estés lista esta vez. No volveré a lastimarte.
Se dedicó a besarla, tentarla, llevarla a la cumbre para luego detenerse. Cuando sentía que ya no podía más, la penetro; suave y lento permitiendo que su entrada de adaptará a su tamaño. Al contrario de la vez anterior, no resultó doloroso en lo absoluto. Cada movimiento de su cadera enviaba remolinos de placer haciendo que sus piernas se tensaran en la búsqueda del clímax. Él la torturaba aumentando y bajando el ritmo de sus embestidas, el placer era indescriptible.
—Por favor — se desconocía a ella misma suplicando por placer.
Para su suerte él la complació aumentando el ritmo y fuerza llevándola hacia un éxtasis que no sabía que existía, sus gemidos resonaron en la estancia y sus dedos se aferraron a él dejando marcas a sus pasos.
Sesshomaru se unió a ella un instante después.
Repitieron el acto por el resto de la noche... En la lejanía se escuchaban las llamadas en su celular, pensando que Sesshomaru se había quedado dormido hizo el intento de levantarse a contestar, antes de que pudiese poner los dos pies en el suelo, él la halo devolviéndola al colchón haciéndola quedar debajo suyo.
—Hoy la empresa tendrá que esperar, ya te tendrán mañana para ellos.
—Con respecto a eso...
—Shh… Ya hablaremos más tarde, por ahora hay ciertas cosas que quiero hacerle esposa mía.
— ¿Hay más?
—Mucho más...
Por la mañana una vibrante melodía resonó en su cabeza, el calor que tenía a un lado desapareció. Abrió los ojos de mala gana y vio a Sesshomaru sentado en la orilla de la cama de espaldas a ella. El rubor cubrió sus mejillas al ver las marcas que le había dejado. Estaba hablando en japonés por lo que no entendió lo que estaba diciendo, solo sabía que le resultaba sexy el acento que adoptaba. Se mordió los labios y reprimió las ganas de lanzársele encima, tenía que controlarse, no es como si fuera una adolescente enamorada, porque primero; ella no era una adolescente y, segunda; no estaba enamorada.
Él se volteo, como si se hubiera dado cuenta de que ella estaba despierta, Rin ni siquiera intento cerrar los ojos. Sabía que él había notado que se despertó.
— ¿Algo anda mal? — inquirió al ver un atisbo de preocupación en el rostro que normalmente estaba sereno.
—Podría decirse que sí. Tengo que salir — anuncio de mala gana.
— ¿Qué hora es?
—Casi las once.
Los ojos de Rin se abrieron como platos.
—Mi vuelo. Debo salir ya al aeropuerto si no quiero perderlo.
—Puedes usar el Bombardier.
—Un avión para una sola persona, no. Prefiero un vuelo comercial, soy partidaria de cuidar el medio ambiente — se levantó de un brinco cubriéndose con la sabana, él la miro como diciéndole "¿porque te tapas si ya te vi?" le restó importancia y corrió al baño.
Se había acostado con Sesshomaru Taisho voluntariamente y no una sino varias veces, toda la noche.
Después de darse una ducha breve salió para darse cuenta de que Sesshomaru no estaba en la habitación. Se imaginó que había ido a vestirse a otro lado y así fue, unos minutos después entró con una toalla en la cintura secándose el cabello. Rin agradeció los pantalones y la blusa que se acababa de poner, él sin molestarle su presencia fue a vestirse, justo detrás de ella. Una nueva ola de calor subió a su rostro, sacudió la cabeza descartando los pensamientos que llegaban a su cabeza. Tenía el tiempo contado para alcanzar el vuelo.
—Que tengas un buen viaje —le deseo Sesshomaru.
—Gracias... Nos vemos... —agregó y se interrumpió al no saber la respuesta.
—Iré a Londres en cuanto resuelva un asunto.
Rin asintió tratando de que él no notará el brinquito de felicidad que había dado su corazón al escucharlo.
Él se acercó y ella cerró los ojos esperando su contacto.
—Maldición —soltó cuando su celular sonó de nuevo.
—Ve, debe ser algo importante.
Rin lo siguió por la casa hasta el estudio.
Sin soltar el celular, donde estaba manteniendo una discusión con alguien, Sesshomaru se dispuso a recoger los papeles que necesitaba. Si no hubiera estado tan distraído por la presencia de Rin y por la insólita discusión que mantenía por teléfono, se habría dado cuenta de que una hoja se había caído.
Esa hoja.
—Se cayó... —Rin se detuvo ante la curiosidad de leer aquella impresión. Sus ojos miraban a Sesshomaru de hito en hito. Su boca se abrió y ella vio como él la miró con horror, porque él sabía exactamente qué era lo que ella había leído — Eres un maldito hijo de puta —le grito.
—Rin...
—No te atrevas a tocarme.
—No es lo que estás pensando —maldición, debió de ser más cuidadoso, no debió permitirle la entrada y más aun sabiendo que lo que había en su escritorio podría condenarlo.
Ella salió y en su intento por detenerla tiro el celular de nuevo al piso, la pantalla, que ya estaba rota, terminó repartiendo astillas por el piso. La luz se apagó. Rin estaba subiendo las escaleras como alma que lleva el diablo. La alcanzó dentro de la alcoba, estaba recogiendo su única maleta y viendo sus documentos, al terminar contó cuantas libras tenía en su monedero.
—Rin, por favor escúchame.
—No tengo nada que escuchar, todo está perfectamente claro.
—No, no está claro. No fue algo planeado, fue después... Tienes que creerme
—Vete al infierno — le espetó —. Me regreso al lugar del que jamás debí salir y me importa una mierda lo que pienses.
—Está bien, no quiero detenerte. Solo deja que te lleve, no conoces el idioma, no tienes ni un yen.
—Tú te encárgate de eso, de dejarme a tu merced... — resoplo en un intento de recuperar su propia voz —. Y no puedo creer que fui tan estúpida de confiar en ti... No me toques —grito más fuerte —. ¿Por qué? ¿Qué te hice? Eres peor que Seishiro.
—No digas eso.
—Déjame salir —exigió —. Lo que haga con mi vida no te incumbe. Y si planeas hacer el embargo público, hazlo. Estar en la cárcel será mejor que estar al lado de un hijo de puta como tú.
Él se quitó de la puerta, ella salió.
En cuanto el ascensor se cerró Sesshomaru golpeó la pared con tanta fuerza que sus nudillos sangraron. Sin embargo, no sintió dolor.
He aquí el momento donde la suerte de Sesshomaru comienza a cambiar.
Nos leemos pronto.
Gracias por sus comentarios.
Besos
