Dying Swan
La pausada respiración a su espalda le molesto en sobremanera, el brazo que tenía como propósito brindarle estabilidad le provocó una sensación de ardor, como si su simple contacto le quemara. Por supuesto, él seguía callado. Era de esperarse que no respondiera. Sin soportarlo un segundo más se apartó.
Reunió todo el valor que le quedaba para permanecer estable. El frio la atravesó en el momento en el que se giró para mirarlo a la cara. Su mirada fue dura, en ese momento, él era su enemigo y, como eso, lo trataría.
— ¿Qué hace aquí? – si no le iba a decir quién era, por lo menos que respondiera que hacía en su casa.
— Creo que antes de conversar deberías beber algo — sugirió con parsimonia — ¿Tienes algún licor o prefieres un poco de agua? Iré a buscarla por ti.
— No quiero nada y usted tampoco pasara del sitio en donde está parado — no permitiría que la tratara condescendientemente, no ahora — Ahorrémonos escenitas y dígame a que vino.
Rin camino hacia la chimenea, el dejar la puerta abierta tanto tiempo había hecho que el frio se metiera y, lo último que quería hacer, era ponerse a temblar. No mostraría debilidad absoluta.
— Vine a darte esto – señalo una carpeta en sus manos. Al ver que ella tenía los labios apretados y el ceño leve mente fruncido, decidió dejarla sobre la mesita de café a la izquierda de Rin.
Rin la cogió justo cuando él volvió al sitio donde estaba parado antes.
— El dinero es tuyo—pronuncio suavemente—. Hice que lo depositaran en una cuenta a tu nombre, para quien desee investigar, quedara solo como un regalo de mi parte. No hay forma de que lo relacionen con el desfalco.
Contrario a lo que pensó, la expresión de Rin al leer fue completamente sardónica, algo que él nunca antes había visto.
— ¿A cambio de que muestra tal acto de generosidad? — pregunto, desconfiada.
Sesshomaru no podía juzgarla, el mismo se había ganado que ella pensara de esa forma de él.
— No quiero nada a cambio, Rin. Es una muestra de mi arrepentimiento. Me equivoque sobre lo que pensaba de ti.
— Se equivocó – las cejas de Rin se arquearon, su mirada de asco lo taladro —. Dígame lo que quiere de una buena vez. Ya le dije que nos ahorremos escenitas, no tiene por qué fingir un arrepentimiento que no siente.
— No estoy fingiendo… Rin no tienes idea de lo duro que es esto para mí — declaró sincero —. Te estoy dando la llave de lo único que te mantiene unida a mí.
Instintivamente fue hacia ella.
— Si da un paso más, no voy a dudar en clavarle el atizador.
El la creyó capaz de hacerlo y se detuvo.
— Dame una oportunidad para demostrártelo — le pidió suplicante.
—¿Demostrarme qué? — inquirió, Rin.
— Que estoy arrepentido. Que fui un maldito imbécil.
— No está arrepentido, está jugándose otra carta. Lo que quiere es que yo vuelva a su lado, no sé porque maldita razón.
—Entiendo que pienses eso de mí. Solo te repetiré lo que te dije en Tokio, no volveré a obligarte a hacer nada —eso era lo más real de todo aquello, no volvería a forzarla a nada, insistiría sí, pero no utilizaría nada contra ella —. En estos momentos puedes amortizar más del 80 por ciento de la deuda que tiene Whitehall Inc. con mis bancos. El resto será pan comido para ti.
— Me ofrece la libertad con el propósito de conmoverme y hacerme regresar con usted. ¿Sabe qué? Habría sido una excelente jugada si no hubiera leído la respuesta del banquero Ruso ¿Cómo era que decía? – Se llevó el dedo índice a los labios e hizo un gesto con la boca – Algo sobre no dejar rastro alguno para los Whitehall sobre el dinero al momento de hacerlo desaparecer.
— No quería que tu hermano lo supiera —en parte eso era cierto.
— Pues se ha enterado perfectamente que desapareció.
— No sabe que lo tienes tú.
— Qué raro, ha venido justo a reclamármelo – denoto con sarcasmo.
— No tiene pruebas, ni las tendrá nunca — afirmo orgulloso.
— Así como jamás las habría tenido yo de no haber leído esa página —sarcasmo y más sarcasmo.
— Pensaba regresártelo.
— ¿Cuándo? ¿Cuándo se cansara de humillarme?
— Cuando te enamoraras de mi – respondió con sinceridad. En ese momento sabía que ella no creería que le dijera que se lo habría dado inmediatamente.
Rin no se esperaba esa respuesta. Sin embargo lo único que hizo fue aumentar su ira. Giro su rostro para dejar de mirarlo. ¿Qué pensaba Sesshomaru que conseguiría diciéndole eso? En ese momento vio un destello de luz, un leve reflejo plateado llego a sus ojos por un segundo. Giro de nuevo para encontrar la mirada dorada, respiro hondo, enderezo la espalda y se echó andar. Recogió la grabadora ante la mirada escrutadora de su aun marido, en seguida, volvió a donde estaba, abrió el vidrio de la chimenea y lanzo el viejo reproductor, lo mantuvo en su sitio con el atizador.
Sesshomaru intento detenerla, como fuera, llego tarde. El plástico ardía en las llamas así como ardía ella.
Rin levanto el metal caliente en cuanto él quiso tocarla, si lo quemo o no, no le importo. Lo único que le intereso fue que cumplió su cometido.
— Si es todo lo que quería decirme, puede irse – su voz se escuchó como la de otra mujer.
Los ojos dorados seguían clavados en el fuego. Rin se movió detrás de él. Reacciono cuando la sintió regresar, tenía otra cosa en la mano, esta vez fue más rápido y le cogió ambas muñecas antes de que; uno, arrojara la cinta al fuego y dos, volviera a quemarlo con el atizador.
— Suélteme – le ordenó la mujer en la que había transformado.
— No voy a dejar que lo quemes.
— ¿Esta ciego o qué? No sirve.
— Sé que esa cinta tiene un valor sentimental para ti, lo dijiste cuando Hiromi la tomo.
— Se equivoca, Sesshomaru Taisho—su nombre fue pronunciado de tal manera que hizo que su corazón se volcara ante su desprecio—esto, ya no tiene ningún valor para mí.
Sus palabras lo golpearon, no, no fueron solamente sus palabras, fue también su mirada, la forma fría de su cuerpo. La amargura misma que emanaba.
Rin lucho por liberarse optando al fin por usar sus piernas, una patada o rodillazo en el lugar justo haría que la soltara.
No fue necesario llegar a tanto, sus muñecas se aflojaron, la cinta y el atizador cayeron al suelo.
Sesshomaru se agacho para recoger la cinta.
— Ya lárgate – le dijo con el mismo desprecio —. De una vez te digo que no pienso regresar contigo. Así que tu plan de engaño no ha surtido efecto. Tampoco tengo intención de caer ante un nuevo chantaje si decides quitarte la máscara.
— No es un engaño, el día que fuimos a comprar el vestido contacte a Salenko, no esperaba que su respuesta fuera afirmativa. Maldición Rin, ni siquiera esperaba que respondiera. Yo solo quería tener la oportunidad de resarcirme contigo. Te trate mal, fui un maldito hijo de puta en nuestra noche de bodas, no tienes idea de cuánto me han torturado esas imágenes desde que descubrí que soy el único hombre con el que has estado. No podía arriesgarme a que te alejaras de mí antes de demostrarte lo feliz que podía hacerte.
Rin no respondió, seguía firme en su posición.
— ¿Cómo quieres que te demuestre que soy sincero?
— No necesito ninguna demostración de ti.
— No, no respondas tan rápido. Por favor Rin piénsalo. Tiene que haber algo, haré lo que tú quieras.
— Nada, no hay nada que desee de ti.
— ¿Es por lo que dijo Alexander? – La confusión atravesó el semblante de Rin—El hombre que grabo esta cinta, tu primer amor – agregó, buscando la respuesta en los ojos azabaches — ¿es por él que no quieres perdonarme?
— Esto es lo más absurdo que he escuchado de ti – respondió ella.
— Yo no lo sabía Rin, yo pensaba que eras amante de mi tío, pensaba que eras…
— Una puta – declaro ella ante la incapacidad de él para terminar la frase.
— Si. Tenías todo en contra. Todo te apuntaba, Alexander se encargó de manchar tu nombre para que todas las evidencias indicases que eras tú la que recibía y gastaba el dinero. Tienes que creerme… Rin, amor mío.
Y esa fue la gota que derramó el vaso.
— Si, Sesshomaru. La razón por la que no volveré nunca contigo es el hombre que un día se sentó frente al piano del salón de música de la preparatoria y toco Moonligth sonata para que yo lo grabara. Porque Sumeragi Kamui, jamás me habría hecho todas las cosas que tú me hiciste. Nunca me habría humillado de esa forma frente a un piano, ¿lo recuerdas? Cuando me trataste como una vil prostituta la noche en la que fui a pedir tu ayuda, o cuando me humillaste frente a la sociedad el día de la boda, o peor aún, cuando te revolcaste con Anabelle en la noche de bodas. La cereza del pastel, lo que me hiciste en el avión de ida a Tokio obligarme a acostarme contigo.
— En algo te equivocas – la interrumpió—, Te juro que la última vez que estuve con ella fue antes de pedirte matrimonio, bueno, antes de decirte que nos casaríamos. No la he vuelto a tocar Rin, ni a ella ni a ninguna otra, solo a ti.
— No insulte mi inteligencia.
—Te lo juro Rin. Por favor, amor mío, por favor.
Si lo que él pretendía era desatar su ira, pues lo había conseguido.
— Arrodíllate—pronuncio altiva.
— ¿Que?
—Lo que escuchaste, arrodíllate y júralo. Pídeme perdón.
— ¿Me creerás si lo hago?
Rin no respondió.
Lo vio debatirse entre sí hacerlo o no. Le acaba de pedir que se despojase de lo más importante para él, su orgullo, sin darle ninguna garantía.
Frente a ella inhalo una fuerte corriente de aire, sus pulmones se llenaron, su mirada clavada en ella. Doblo primero una y después otra. Inclusive así se veía amenazante, llegándole casi al pecho.
Sin embargo, rompiendo con todo su orgullo, Sesshomaru comenzó a hablar.
— Te juro que después de ir a tu casa y pedir tu mano, incluso antes de eso, no volví a acostarme con otra mujer, mi contacto con Anabelle ha sido estrictamente laborar. Te pido perdón por todas las humillaciones que te hice pasar, y si hacerme perder el orgullo te hace feliz, aquí estoy para complacerte.
— No te creo – declaro bajando su mirada para velo.
Sesshomaru no se inmuto, él se imaginó que ella respondería de esa manera. Lo había hecho solo para complacerla, sin ninguna esperanza de que ella realmente lo perdonase.
Rin pensó que eso le daría la sensación de satisfacción, no fue así. Verlo de esa manera solo le provocaba nauseas.
Decidió terminar con esa situación de inmediato.
— Ya que sé que no pretendes irte, me iré yo – anuncio de golpe — Te agradezco que cierres y apagues la chimenea.
Rin echo andar. En pijamas.
— Morirás de frio si sales así – resalto lo obvio. Sesshomaru.
— Si no quieres que muera de frio haz el favor de irte y no regresar.
Él iba justo detrás de ella.
— Entra al apartamento, me voy – accedió con una maldición.
— Te veo.
Sesshomaru soltó un resoplo de frustración.
—Voy a irme ahora, pero quiero que sepas que no descansare hasta que me perdones.
— Y yo quiero que sepa que la próxima noticia que tenga de mi será la de mi abogado.
Rin no espero su respuesta.
Entro en el apartamento cerrando la puerta con llave en seguida. No se asomó a ver si seguía allí, tampoco se quedó a escuchar si lo sentía bajar. Lo que hizo fue cruzar el pasillo y mirar directamente al fuego, recogió el atizador del piso y se dio cuenta que la cinta no estaba por ningún lado.
Sesshomaru se la llevo.
Bueno, de todas formas ella pensaba quemarla. Que la tuviera o no Sesshomaru, definitivamente, no le interesaba. Fue al baño y se metió directamente en la regadera, sin esperar a que el agua se calentara. El agua fría la atravesó como filosas agujas. Eso era lo que ella necesitaba. Dolor físico que la distrajera del dolor que sentía su alma.
— ¿Qué haces?
— Pintando.
—Ya lo sé, lamento decirte, amor mío, que no hay ningún planeta morado en el sistema solar.
Ella se echó a reír, su sonrisa cálida y natural, esa que acostumbraba siempre a tener. Puso la parte mojada sobre su frente.
—Ahora tienes una Luna.
Él le devolvió una mirada divertida, antes de atrapar su boca con la suya sacándole un gemido instantáneo.
Rin se despertó sobresaltada. Sacudió la cabeza y busco el reloj para ver la hora. Eran un poco más de las cinco. ¿Qué día era? Martes o miércoles.
Miércoles.
Hoy llegaría Helen.
Se despabilo rápidamente y fue corriendo a vestirse, no se molestó en desayunar. Ese día tenía muchas cosas que hacer, comenzando con una visita a Seishiro Taisho.
Y aquí comienza la venganza.
¿Qué les pareció? A parte de cortito. Quería agregar mas cosas pero sentí que no les prestarían atención, aquí lo importante era hacer sufrir a Sesshomaru.
¿Creen que Rin le dio su merecido o todavía le falta sufrir y quebrarse mas?
Como adelanto les digo que el próximo capitulo le toca su merecido a alguien mas, y aparecerán varios personajes (si es que no todos los ausentes ingleses ), Helen y Seishiro comenzarán el cap.
Gracias por llegar hasta aquí.
PD: Me he decidido por comenzar a publicar una historia que comencé a escribir para navidad, por cuestiones de tiempo no pude terminarla para antes de año nuevo, por eso pensé que ya no tenia caso seguir con la temática de reconciliación navideña que pensaba colocar al final, así que opte por cambiar el nombre y eliminar un poco eso sin quitar que los hechos importantes ocurriesen en noche buena, por si les interesa la comenzaré a publicar hoy bajo el nombre de Peligroso deseo, (antes conocido como Wish for Christmas) Abajo les dejo el resumen:
Los planes de Rin Taisho se ven arruinados cuando su padre le dice que han heredado un titulo nobiliario y deben trasladarse a la propiedad de inmediato. La casa vieja mantiene a Rin recelosa hasta que su hermana hace un escabroso descubrimiento; la antigua condesa es idéntica a ella, tanto en nombre como en apariencia. Intrigada decide buscar información sobre sus antepasados descubriendo un pasado oscuro al rededor del matrimonio con el antiguo conde Sesshomaru Taisho. Para su mortificación pronto se ve obsesionada con un retrato del conde e involuntariamente la noche de Navidad pide un peligroso deseo.
"—Sesshomaru Taisho, como deseo haberte conocido"
Ya se imaginaran lo que sucede después de ese deseo: Si, va derechito a conocerlo.
Cuídense...!
Besos...!
