Sonata a Kreutzer
Calculando el trabajo que aún le faltaba por hacer, dedujo que aún estaba a tiempo. A lo sumo tenía unas dos horas por delante antes de su cita.
Miro una vez más la pantalla de su ordenador, todos los archivos estaban listos, lo único que le faltaba era terminar la carta. Respiro profundo y le dio un trago a su café, con agilidad comenzó a teclear cada una de las palabras que cambiarían su vida para siempre.
Lucy entro a mitad de su escritura.
— Aquí están los soportes que me pediste.
— Déjalos ahí. —Señalo una parte de su escritorio.
— Tienes algo en tu mirada que me da miedo.
Rin no respondió.
Había varias personas que iban a infartarse con lo que estaba haciendo. Sonrió al imaginar sus reacciones.
—Rin, de verdad me das miedo.
—Espera a que leas la carta, morirás.
Al terminar, guardo todos los archivos en un pendrive. Tomándolo como a un tesoro, lo guardo en su bolso junto con su laptop. Recogió su abrigo y se encamino a su cita de la tarde. El BMW la estaba esperando en la salida. Tal y como le había prometido, la estaba esperando a las 12 en punto en la salida principal de la torre. Sin perder tiempo se encamino al automóvil.
El chofer, que estaba parado junto al vehículo, le abrió la puerta trasera. Tras darle las gracias, subió. El hombre de cabellera plateada y ojos dorados la miro directamente, sin disimular en absoluto el escrutinio que estaba habiendo.
— Esta usted hermosa – la alagó.
— Buenas tardes, sr Taisho.
— No tiene por qué ser tan formal querida, después de todo somos parientes.
— Ante todo, debe prevalecer el respeto mutuo – replicó ella, severamente —. Las palabras como: querida, no me gustan. Así que me veo en la obligación de exigirle su respeto, de lo contrario tendré que cancelar esta cita.
— Por supuesto, discúlpeme – dijo el hombre. A Rin le pareció que solo estaba siendo condescendiente. Como fuera, mientras lograra su cometido, le importaba un pepino sus motivos.
El vehículo entro en movimiento.
— The Greenhouse Restaurant – dijo Rin en cuanto aparcaron.
— ¿Complacida con mi elección? – inquirió el banquero.
— No es un lugar exactamente discreto – repuso Rin. Recordándole que al momento de citarlo, le había pedido discreción.
— No, pero tienen un menú de degustación que moría por mostrarle. ¿Me permite? – él le ofreció su brazo.
Rin no dudo en aceptarlo, sabia a que estaba jugando Seishiro al llevarla precisamente a uno de los restaurantes más famosos de Londres. La noticia llegaría a oídos de Sesshomaru, de alguna forma u otra; un amigo, un ejecutivo del banco, cualquier persona que la reconociera como su esposa, le diría que vieron entrar a su esposa tomada del brazo de su tío al restaurante. Más leña para el fuego, pensó mientras caminaba por el idílico paisaje verde que llevaba a las puertas de vidrio negras en la entrada del Greenhouse.
Por supuesto Seishiro tenía reservada una mesa para dos.
— Como le dije tienen un menú de degustación exquisito.
— Sabe que estamos aquí para hablar de negocios.
— Que mejor manera de hablar de negocios que con una buena comida y un excelente vino – menciono el banquero, seguro de sí mismo.
El vino llego a la mesa antes de que ella pudiera responder.
Tras ordenar, Rin colocó un papel sobre la mesa.
— Le he pedido esta reunión en función de su papel como ejecutivo de TTBB . No es que mi confianza este en usted – aclaro – Sino que sé de su… como decirlo… mala relación (?)… De su inexiste relación con mi esposo, por ello no veo a otra persona mejor que usted para asesorarme en lo que quiero.
— Debo decir que me sorprendió un poco que me pidiera un almuerzo—confesó relajado. Con una mano sostenía la copa de vino y con la otra, el papel que Rin le acaba de entregar—. Me parece una propuesta magnifica. Amortizar más de 50% de la deuda, un movimiento sublime de su parte.
Un mesero dispuso el primer plato sobre la mesa.
— No quiero trampas, quiero saber que tanto poder tendrá el banco sobre la empresa dejando solo el 25% de la deuda.
— Quiere saber si podrán congelar de nuevo sus cuentas—dedujo.
A rin se le helo la sangre al recordar el momento del avión, el cómo Sesshomaru la había manipulado.
— Exactamente – confirmo ella. No quería sorpresas.
— Bien, con este porcentaje podría cómodamente, pedir un reajuste del plan de pago. Los intereses menguarían y, en efecto, no existía motivo para congelar ninguna cuenta, siempre y cuando se cumplan los plazos. Con la liquidez de su empresa, eso sería pan comido.
— ¿No hay ninguna letra pequeña en el contrato?
— Somos una entidad sólida, no nos basamos en engañar a nuestros clientes – Rin lo miró sardónica —. No a todos. Me declaro culpable de usarla por un motivo en particular.
¿Un motivo en particular? ¿Acaso…?
— ¿Podría cubrirse el resto con activos de los accionistas?
— Querida… disculpe – se obligó a decir el hombre ante la mirada reprobatoria de la mujer —. Lo siento, es que tiene una resolución extraña en su mirada.
— ¿Se cubrirán o no?—insistió ella.
—Por supuesto, pero… ¿estará pensando en…?
— ¿Cuándo podemos firmar? – hincó Rin, quería salir de esa conversación cuanto antes.
— Puedo decirle a mi asistente que prepara los documentos para que firmemos después del almuerzo.
Y así fue, 45 minutos después, estaba de camino a las oficias de TTBB.
El edificio estaba abarrotado por las personas que volvían de su hora de almuerzo. Al piso al que iban tenía su propio ascensor, por ello, Rin no se preocupó de tiempo. Al abrirse las puertas, vislumbro el lugar en el que Sesshomaru la había humillado unos días antes. Rin alzo el mentón y camino al lado de Seishiro.
Annabelle estaba allí, mirándola de hito en hito. Sin perder tiempo se giró hacia ella rumbo a interceptarlos. Seishiro actuó como escudo.
— ¿Se le ofrece algo, señorita Lars? – se adelantó el hombre.
— Eso mismo le pregunto yo a la señora Whitehall.
— Taisho – corrigió Rin por el simple hecho de molestarla, sabía que eso heriría su orgullo – Y no, no tengo nada que pedirle, puede regresar a sus labores – agregó altiva.
Por el rabillo del ojo, vio a Seishiro sonreír por un segundo. Annabelle probablemente se estaba mordiendo la lengua porque tardo una eternidad en responderle.
— Se me ha dejado claro que los asuntos Whitehall serán tratados conmigo.
— Tranquila, estoy aquí por un asunto familiar – las miradas de todos los ejecutivos de la planta estaban sobre ellas —. Usted entenderá, un simple oció al venir a visitar el patrimonio familiar – al decir eso se tocó el vientre.
Las ganas de sonreír de Rin al verle la cara de tragedia a la mujer fueron titánicas, aunque era mentira, con eso la tendría matando piojos en su cabeza por un largo rato.
— Ya que todo ha quedado claro, acompáñeme. Totosai, por favor – llamó al hombre de edad avanzada indicándole que los acompañara —. Esplendida – le susurró al oído para que solo ella pudiera escucharla.
La oficina de Seishiro estaba tal y como la recordaba.
Totosai era uno de los accionistas, al fin Rin conocía el nombre del hombre que la había enviado directo a la cueva del lobo unos meses antes. En su interior se preguntó si las cosas habrían sido diferentes si en lugar de ir a Japón hubiera subido a la suite de aquel hotel esa noche. Supuso que nunca lo sabría.
Totosai se encargó de dejar claro a qué porcentaje de la deuda equivaldría la cantidad que ella amortizaría, el resto quedo repartido en 36 meses.
— 36 meses es demasiado tiempo – protesto Rin — Quiero que sea menos tiempo.
— Señora, mi propuesta es cómoda para usted y su empresa, la cantidad no representará ningún esfuerzo de su parte.
— La cuestión es que no queremos deberles. Por ello quiero sugerirle otra cosa.
Seishiro entrecerró los ojos. Rin en ese momento pensó que él y Sesshomaru compartían ciertos gestos, como ese que acababa de hacer.
—La escucho.
— Concederles la casa de mi padre, la de mi hermano y la mía, El auto de mi hermano, el mío y los de mis padres, la casa de vacaciones en Hampshire, en fin, todas nuestras propiedades.
— Se ha vuelto loca – chillo el anciano.
En cambio una sonrisa apareció en los labios de Seishiro.
— No—respondió firme – tengo la potestad de hacerlo. Según mis cálculos, con eso alcanzará para cubrir el otro 15%, el restante será cubierto con mis acciones de la Whitehall Inc.
— No pienso aceptar eso sin consultarle al sr Sesshomaru.
—Yo si – anunció Seishiro —. Totosai, ¿Qué poder tendríamos sobre ella, si decide hacer eso?
— En caso de aceptarlo, ninguno. A menos que seamos nosotros quienes compremos sus acciones y en dado caso el poder seria sobre la empresa.
— Prepare los documentos entonces –le ordenó Rin.
— Le recuerdo que no podemos aceptar los bienes de terceras personas.
— Excelente política Sr. Totosai. Le aseguro que ninguno de ellos protestará.
Seishiro le pasó las instrucciones a su asistente, este prometió volver en un rato con los documentos listos, solo de firmar. Durante ese tiempo ella permaneció en la oficina de Seishiro, sentada sobre el modular de piel ubicado al lado de la ventana panorámica. Totosai la miraba de forma recriminatoria, Rin se preguntó que tanto sabía el anciano sobre ella y su relación con Sesshomaru. De Seishiro lo tenía claro, pero de Totosai le intrigaba hasta más no poder. Se preguntó también por qué le resultaba de cierta forma familiar, como si esa no fuera la segunda vez que se vieron… ¿Se habían visto en algún otro lado? ¿En dónde? Rin cavilo por un largo rato, de repente, un gesto tosco del hombre le recordó exactamente el lugar donde lo había visto.
No pudo evitar que una retorcida sonrisa asomara sus labios. Por supuesto, el anciano sabía exactamente quién era ella y a donde la estaba enviando. Malditos fueran todos y cada uno de ellos.
Cuando el asistente volvió, Rin leyó cuidadosamente cada hoja, cada clausula. Totosai también hizo lo suyo. En ese punto ya no confiaba en el anciano por lo que presto especial atención a cada párrafo. Solo cuando estuvo satisfecha impregno su firma. Seishiro hizo lo propio, Totosai también firmo. Por lo pronto, había vaciado casi el total del dinero que Sesshomaru había transferido a su nombre.
Un poder menos.
— Me llevaré lo que tienen que firmar mis familiares. También dejaré abierta la venta de mis acciones, por si el banco las desea – informo Rin levantándose de su asiento.
— Piense en mi propuesta de 36 meses.
— No la necesito – cortó Rin.
El anciano farfullo algo inaudible.
— Permítame acompañarla – sugirió Totosai.
— No se preocupe…— las palabras de Rin quedaron cortadas en el aire puesto que las puertas de la oficina se abrieron de golpe, sin el menor cuidado.
— Sesshomaru, que sorpresa – exclamó Seishiro.
Rin volvió su mirada para ver a su aun esposo. La figura femenina detrás de él le hirvió la sangre. No permitiría que la humillase esta vez.
— Amor, no sabía que vendrías – pronuncio Rin. La confusión en su rostro fue un poema.
Soy un títere en tus manos.
Rin fue hasta él y de dio un corto beso en los labios. Eso electrifico a Sesshomaru, ella lo sintió. Apoyo una mano en el pecho de él, sintió como su corazón bombeaba vertiginoso.
— Querida, estamos en medio de algo familiar – se dirigió a la sombra detrás de él. Varias personas miraban desde afuera hacia ellos – Piensa bien antes de hablar Taisho – musito en su pecho.
Sesshomaru estaba estático. Annabelle buscaba su mirada.
No quería hacerle un desplante a Anna, pero dejarla entrar significaría que el desplante seria para Rin. Todos en esa planta sabían que Annabelle era cercana a él y de la misma forma sabían que Rin era su esposa. Sabía perfectamente que ese beso fue falso, así como su agarre, sin embargo no pudo evitar colocar su brazo de forma posesiva sobre su cintura.
— Por supuesto – le respondió solo a ella. Bajó su rostro y se aprovechó robándole un beso —Anna, espera afuera por favor.
Dos victorias en un mismo día. Rin le dedico una sonrisa de triunfo.
Inmediatamente cerradas las puertas se soltó de él.
— ¿Qué estás haciendo aquí? – pregunto directo.
— Pagando mi deuda.
— Pensé que tus abogados se entenderían conmigo.
— En efecto, para el divorcio.
— No voy a hablar sobre eso frente a este bastardo – la corto Sesshomaru —. Totosai pásame lo que firmo.
— No hay ninguna trampa sobrino – repuso Seishiro divertido.
— Eso lo decidiré yo mismo.
¿Qué buscas?, se preguntó Rin.
Por primera vez lo observo de una manera diferente. Incluso si no tuviera los rasgos característicos de su tío, podrían relacionarse como familiares, compartían un sin número de gestos y expresiones.
¿Por qué?
En ese momento ella descubrió que había tenido suficiente. No quería ver sufrir a Sesshomaru, no era su naturaleza ser vengativa o mezquina. Ahora más que nunca estaba segura de su decisión, estaba haciendo lo correcto.
¿Por qué?
Te amo.
Rin se perdió de la conversación o más bien discusión entre los tres hombres.
— Me importan un bledo los bienes de tu familia, lo que no permitiré es que vendas los tuyos – escucho decir a Sesshomaru.
Como era obvio que estaba esperando su respuesta Rin hablo:
— No puedes evitarlo.
— Pero puedo comprarlos y ponerlos a tu nombre.
— No es necesario, Taisho — ¿Por qué lo llamaba por su apellido? ¿Era la palabra más fácil de pronunciar?
— No puedes evitarlo – respondió con su mismo argumento.
— Haz lo que quieras – En ese momento su celular sonó. Miro la pantalla y la foto de Helen apareció – Señores, me parece que ya aquí hemos terminado. Ha sido un placer lo de esta tarde Seishiro.
— El placer ha sido para mi señora.
Rin recogió sus cosas y salió de la oficina rumbo al ascensor, la mirada atónita de todos mirándola con disimuló. Sesshomaru iba detrás de ella, lo sentía por su olor.
— Camina hacia el otro lado – le ordeno —. Vamos a mi oficina.
— No puedo, te dije que tengo una cita.
— O caminas o te arrastro.
— No te atreverías – presiono el botón de llamada del ascensor.
— ¿Comprobamos?
— Una humillación más, una menos, supongo que ya no tiene importancia.
El ascensor llego.
Ella entró al cubículo, Sesshomaru maldijo por lo bajo y subió con ella, marco el piso con su huella y comenzaron el descenso.
—No tenías por qué meter a la basura de Seishiro en esto – le reclamo una vez que las puertas estuvieron cerradas.
— Por qué no, si es mi amante.
—Rin…
— Escúchame, no fui yo la comenzó esto. No sé qué demonios haya pasado entre tú y tu tío, solo sé que nada tuve que ver y aquí estoy. Me arrastraron a esto así que no vengas con quejantinas.
— Te está utilizando para vengarse de mí.
Eso ya ella lo sabía.
— ¿Qué le hiciste para que quiera venganza?
— Nacer, supongo. Soy el heredero, tengo más poder que él desde que era un niño.
¿Sería por eso que…?
Rin se quedó esperando a que continuara, suspiro con desgana cuando se dio cuenta que esa seria toda la información que sacaría de su parte. Tal vez mañana le escribiría a Seishiro para quedar a cenar, si iba a perderlo todo por una venganza, por lo menos quería estar informada del todos los motivos.
— Adiós Taisho – le dijo saliendo del elevador.
— Déjame llevarte, sé que llegaste con él y que tu auto sigue en casa de tus padres.
— No te preocupes, debo acostumbrarme a la pobreza… — salieron por la entrada principal, un taxi paro ante ellos. Él le abrió la puerta, Rin se quedó un rato pensando, al final dijo: —Puedes estar feliz, lograste lo que querías.
Y sin darle tiempo de responder, cerró la puerta con seguro y el vehículo arranco.
Amargura, dolor. No, no había nada de eso, lo que sentía era una profunda decepción.
Puedes estar feliz, lograste lo que querías.
Las palabras de Rin se repetían en su cabeza, no era posible que ella supiera que esas habían sido sus intenciones, a menos que…
Seishiro.
Entro en la oficina del mayor de los Taisho de la misma manera que lo había hecho unos minutos antes.
El hombre despego su vista del ordenador para dirigirle su atención.
— ¿Qué le dijiste a Rin? Maldito bastardo.
— Nada aparte de asesorarla. No me mires así, de ninguna manera le revelaría quien eres.
— Eres la peor basura que existe, aléjate de ella. Si te atreves a tocarle un solo pelo voy a matarte.
— Me parece que esa amenaza deberías hacértela a ti mismo. Convertiste a la oveja en un león y aunque la oveja actué como un león, siempre será una oveja.
— Tú no vas a decirme lo que tengo que hacer con mi esposa.
Seishiro lo miró con burla.
— Feliz viaje al infierno, Sesshomaru.
El café donde se había citado con Helen estaba justo como ella pensaba. Casi vacío. Lo había escogido por eso, era un lugar donde la mayoría acudía para ir a leer o pasar el rato tranquilamente, no era muy concurrido o ruidoso. El lugar ideal para la charla que llevarían.+
Se sentó en su mesa de costumbre; al fondo en una esquina. Durante sus días de trabajo en la galería había pasado muchos días en ese lugar, por su cercanía le resultaba más cómodo almorzar allí que en cualquier otro lugar. No era común ver al personal de la galería en el café, la mayoría tenía buena posición económica y a excepción de ella y otras dos o tres personas más, nadie visitaba ese café.
Vio entrar a Helen desde su asiento, con una sonrisa sincera, ambas amigas se saludaron.
— Cada vez que te veo estas más hermosa, que envidia – elogio Rin.
— Tú también estás preciosa, no sé de qué te quejas.
Se sentaron y pidieron un café, Helen se abstuvo de pedir un dulce alegando que en su viaje había comido demasiado, Rin en cambio, pidió una porción de marquesa de chocolate. Necesitaba el sabor dulce para resistir la amargura a la que pronto se sumergiría.
Tras hablar un rato sobre el viaje de Helen esta mencionó:
— ¿Como están las cosas con tu esposo?
— Me separé de él—soltó Rin.
— ¿Te lo permitió?—inquirió incrédula.
— No le quedo de otra, descubrí que estaba negociando con un ruso el dinero que perdió Alexander. Me puse furica y deje la ciudad en ese mismo momento.
— ¿Y dejo que te vinieras así como así?
—Le dije que era un hijo de puta y que me daba igual lo que hiciera. Estaba tan sorprendido que no pudo refutarme nada, solo repetía que no era lo que yo pensaba.
— O sea que pudo ayudarte desde un principio sin necesidad de humillarte.
— Ambas sabemos que no haría eso, le di la oportunidad perfecta de vengarse de mí.
Helen abrió los ojos de golpe.
— Así que ya lo sabes.
Rin asintió con la cabeza.
— Lo descubrí ayer, estaba tan ciega encerrada en mi dolor que nunca me atreví a mirar más allá de lo que estaba frente a mis ojos. Supongo que mi cuerpo lo reconoció y por eso reaccionaba de esa manera ante él. Lo peor es que no se cuántas personas lo sabían.
— ¿De quién sospechas?
— Mis padres sabían que él no había muerto, supongo que la tía Betty también. Alexander me lo dijo después de destrozar la cinta, vino a mi apartamento a reclamarme el hecho de que su dinero desapareciera — le contó todo lo que paso con su hermano; desde como había llegado borracho a reclamarle, hasta como había roto la cinta por no retener a su marido —. Según él yo era la única culpable de sus desgracias. En ese momento mi cabeza se volvió un caos, no podía creer que todos me engañaran de esa forma tan cruel, cada uno vio mi dolor, mi desesperación y no hicieron nada más que dejar que me hundiera en un abismo. Y cuando él llego – fue incapaz de pronunciar su nombre —. Lo sentí, la manera de tocarme, de pararse, el cómo respiraba. Supe que era él. No entiendo como no lo note antes.
— Yo lo supe el día de tu boda, me di cuenta por su hermano.
Ella recordó ese momento, se había olvidado de cómo había reconocido a Subaru esa noche.
— Por supuesto. Yo fui tan tonta que pensé que solo era mi imaginación.
— Yo lo intercepte y no pudo negármelo. Me contó que se habían hecho pasar por Kamui y Subaru porque...
— No quiero saberlo – la interrumpió —. No quiero una razón para entenderlo. Se debieron reír tanto de mí.
— Fue algo de vida o muerte, según entendí. Subaru, Inuyasha—corrigió —. Me dijo que sus vidas estaban en peligro.
— Pudieron contratar guardaespaldas, con todo el dinero que tienen.
— Su enemigo era igual de poderoso.
— Sea quien sea no me importa.
— Y yo creo que sí debería, estaban huyendo de Seishiro.
—De su propio tío…
— Si, ellos creen que Seishiro fue el responsable de la muerte de su padre. Cuídate de ese hombre, por favor.
— Sabes, nunca había deseado tanto como hasta ahora haberte hecho caso y no fijarme en Kamui.
— Oh, Rin… Yo no te dije nada ese día porque pensaba que lo perdonarías y te condenarías a soportar todas sus humillaciones.
— Quizás tenías razón, ese día que me llamaste lo habría perdonado. Pero no ahora, incluso en este momento sé que no tiene la intención de ser sincero conmigo, solo está buscando una forma de arrastrarme de nuevo a su lado. No le importan mis sentimientos, sé qué hace quince años le dije cosas horribles, fui una cobarde cediendo ante el deseo de los demás, era una chiquilla que tenía miedo de lo que mi padre pudiera hacerle.
— Lo que tú le dijiste no justifica su manera de tratarte, habría sido simple dejar que la empresa se hundiera, si lo que quería era venganza que mejor que esa.
— Lo sé, es por eso que no puedo seguir casada con él. Ayer prometió darme la libertad – Rin le conto todo el encuentro—. Espero que lo cumpla.
— No estás triste, por la cinta.
— Sí, pero no puedo hacer nada. El hombre al que yo ame, murió hace quince años. Eso lo tengo claro. Sesshomaru no es Kamui, es un hombre que creció con rencor y, aunque yo tengo una buena dosis de culpa en eso, no me voy a dejar arrastrar al infierno en el que él pretende que vivamos y, para eso necesito tu ayuda
— ¿Qué quieres que haga?
— Ayudarme a conseguir pruebas de adulterio y esto— Saco la laptop de su bolso y se la entregó—Lucy, ya ha convocado la junta para mañana, necesito que hables con uno de tus amigos periodistas y le des esto. Eso sí, la noticia tiene que salir justo después de que termine la junta.
— Rin, esto va a hundir la empresa. Tu hermano podría ir a la cárcel.
— Lo sé. Les daré una opción para evitarlo.
— La única forma seria…
— Pagar la deuda y convencer a los accionistas de no tomar represarías.
— ¿Y cómo pagaran?
— Con esto – la carpeta que saco consigo de la oficina de Seishiro cayó en las manos de Helen.
— Quedaran en la calle.
—Eso es precisamente lo que quiero.
Quedaron en silencio observándose.
—Rin… ¿Eres tú? — pregunto una mujer con marcado acento británico.
Rin alzo su vista a ella.
—Kikyo, que sorpresa — dijo Rin.
—¿Helen? — la aludida volvió hacia la voz masculina.
— ¿Phillip?
— Que pequeño es el mundo — dijo el hombre.
Ay no, pensó Rin. De todas las personas por qué justamente Helen tendría que conocer a ese hombre.
Holiiii
Por un momento me vi demasiado tentada a que ella lo llamara Kamui cuando estaban en la oficina de Seishiro, pero luego dije: No, él no se merece saber (aun) que ella sabe la verdad.
En el capitulo anterior Rin actuó por rabia, se acababa de dar cuenta que todo el mundo la engañaba y jugaban con ella, así que se desquito con el que tenia al frente. Ahora se asoma lo que ella quiere hacer.
¿Que les pareció ese pequeño triunfo ante Anabelle? digo pequeño porque el gran triunfo lo verán en los capítulos siguientes.
Y llegaron dos personas , solo les digo que tendrán un papel fundamental en el futuro de Rin. ¿De donde se conocerán? pues también tendrán que esperar.
Espero que les haya gustado.
Gracias por leerme.
Miles de besos.
