Storm
El aro de metal frio estaba lastimándola, tenía la cabeza ladeada por la presión un tanto temblorosa de su hermano. Ella pensaba que tenía que ser una broma, una muy mala broma. La respiración de Alexander era errática a comparación con la de ella que estaba tratando, en lo posible, mantener la calma.
— ¿Dónde está tu celular? — preguntó su hermano.
—No lo sé… en la encimera o mi habitación, no recuerdo donde lo dejé — respondió con calma.
—Vamos a buscarlo — le dijo arrastrándola.
El aparato en cuestión estaba aún metido en su cartera. Alexander le ordeno sacarlo a lo que ella reacciono con rapidez, si veía los documentos de la inmobiliaria, no tenía idea de cómo reaccionaría.
—Aquí esta — anunció ella, le estaba doliendo la forma en la que la sostenía.
—Te voy a decir lo que vas a hacer — le siseo en el oído —. Vas a llamar a tu marido y le vas a pedir diez millones. Dile que te los pase de una vez, que quieres comprar ropa o lo que sea que te guste.
— Estás loco. Sesshomaru no va a transferirme diez millones, ¡por dios! Ni siquiera me daría un penique.
—Si lo hará, si te dio más de trescientos arriesgando su reputación, no veo por qué diez sean un problema.
— Esos no eran suyos — replicó con fuerza.
—Ni tuyos tampoco.
—Por supuesto, eran de la empresa y tú los robaste importándote un demonio nuestra familia — reclamó. Alexander gruño y en consecuencia le apretó más el arma.
— Fueron para un negocio Rin, un negocio que iba bien hasta que…
— Era ilegal Alexander, terminaría mal de cualquier forma. No sé por qué me reclamas si fuiste tú quien nos llevó a la ruina. Incluso metiste contrabando en nuestros barcos.
— De cualquier forma lo vas a llamar.
—No, no le voy a pedir tal cosa.
—Bien — la soltó de golpe, por el impulso cayo de bruces contra el piso.
A sentarse, confirmo que él seguía apuntándola con el arma, saco unas esposas de su bolsillo y se la coloco en una de sus muñecas, la otra la cerró alrededor de la manilla del horno de la cocina.
Se quedó un rato con su celular en la mano, caminando de un extremo de la cocina a otro.
— ¿Sabes qué? — Mencionó como de resolver un acertijo se tratase — No voy a arriesgarme a que lo llames. Mejor pasémosle un mensaje de texto o una nota de voz.
— No le voy a pedir dinero — repitió ella, convencida de que esto era una muy mala broma de Alexander.
— Vas a enviarle una nota de voz pidiéndole los jodidos diez millones — Alexander se acercó por detrás, con excesiva brusquedad, le cogió la mano que tenía libre, la puso con la palma contra el mesón, luego, la presiono con el cañón de la pistola —. O hablas o te quedas sin mano — le puso el teléfono cerca de su rostro, su mirada era de completa locura.
— Alexander por favor — pidió en un último intento por hacerlo reaccionar, sin embargo, la sangre abandono su cuerpo cuando vio que le quitó el seguro al arma.
Mirándola fijamente, presiono el botón de comenzar un mensaje.
— Sessho… Sesshomaru…yo ne-ne-necito.
— ¡Así no mujer! — deslizo el dedo para cancelar el mensaje, acto seguido volvió a presionarlo para crear otro.
— Hola… ¿Podemos hablar? Cometí un error en los cálculos de la empresa y… bueno… — su hermano soltó el dedo, el mensaje se envió.
— Así está bien. Despertemos su curiosidad por el momento.
La respuesta llegó de inmediato.
Alexander se quedó pensativo, arrugó la frente en un gesto preocupado.
— ¿Qué te dijo? — se atrevió a preguntar ella.
Alex se quedó en silenció.
Rin lo vio asomarse por la ventana, luego lo observo desaparecer por el pasillo rumbo a la sala para regresar en seguida.
Alexander le mostro el parco mensaje. Rin soltó un atisbo de sonrisa, tan típico de él.
"Voy a tu apartamento"
—Dile que lo vas a esperar y que le dejaste la puerta abierta.
Sus ojos se abrieron preocupados.
—Una cosas es que le pidas dinero y otra que lo metas en esto.
— ¿Preocupada por tu amorcito? — se burló él.
— Y por ti, idiota. Una cosa es que me amenaces a mí y otra muy distinta a él. No eres tan tonto como para pensar que…
—Shhh —la calló —. Vamos, díselo — esta vez paseo el arma por sus piernas —. No te quieres quedar cojita ¿o sí?
No quería hacerlo pero, a esas alturas, era imposible evitar que Sesshomaru llegase. Así ella misma lo llamara diciéndole que no viniese, él no le haría caso.
¿Por quién era realmente su preocupación? Alex, no le haría nada a ella ¿o sí? El solo quería el dinero, quizás si le daba los cinco millones que le quedaron se iría antes de que Sesshomaru llegara.
— Puedo darte cinco millones ahora mismo— intentó disuadirlo —. Solo tengo que transferirlos, están en mi cuenta. Los demás los puedo conseguir en una semana o menos.
—Lo sabía — bramó él —. Te quedaste con mi dinero —. La apunto, de nuevo, a la cabeza —. Eres una maldita perra. Planeabas vivir bien mientras que hundías a nuestra familia.
—Tú hiciste eso por mucho tiempo — le recordó ella.
—Sí, pero no los estaba dejando en la calle.
Rin resoplo.
— Agradezcamos entonces que esa no era tu intención — denoto con sarcasmo.
Alexander estaba mirando a su celular.
— ¿Supongo que tienes el dinero en los bancos de Taisho?
— Si — le aseguro ella.
— Dame los datos, ni sueñes que te dejaré tocar el celular.
Rin gimió y alzo la vista, lo que vio la paralizo. Sesshomaru estaba allí viendo con cara de horror como Alexander la estaba apuntando con el arma.
— Los datos…
Dáselos, articuló en silencio Sesshomaru.
Ella le dio el usuario, Alexander estaba metido de cabeza en el celular, tanto que no se daba cuenta de que Sesshomau estaba avanzando hacia él.
El corazón de Rin quería salirse del pecho, una cosa era estar sola con Alexander y otra, totalmente distinta, era que Sesshomaru también estuviera allí. Miles de cosas podrían salir mal, Alex podría asustarse y disparar, o talvez, seria Sesshomaru quien le quitase el arma y le disparase a su hermano. No quería que algo así sucediera. En ese momento se sentía arrepentida por haber cedido ante la demanda de Alex de hace unos minutos, si ella se hubiera negado, Sesshomaru no estaría allí en ese momento y aquello seguiría siendo una riña de hermanos.
— La contraseña… —ordenó Alexander.
Sesshomaru estaba a la mitad del camino. Rin deletreo la combinación para acceder a la cuenta. Alexander seguía con una mano en el teléfono y la otra sosteniendo el arma, apuntándola. Ella seguía observando impotente.
Alexander soltó una maldición de repente, se dio la vuelta y lo vio.
—Ah cuñado, llegaste. ¿Sabes que se toca la puerta antes de entrar? —Preguntó como si nada retrocediendo hasta donde estaba ella —. Quieto — le ordenó, el arma volvió a estar contra la sien de Rin.
La mirada dorada brilló, sus puños se cerraron a ambos lados de su cuerpo.
—Retrocede — volvió a ordenar Alexander. Rin lo vio dar un paso hacia atrás —.Mas — de nuevo otro paso.
— Esto es una completa estupidez — habló Sesshomaru. Su voz era ronca, muy distinto del tono sereno que siempre usaba.
— ¿No te enseñaron en la escuela a no llamar estúpido a un hombre con un arma? —inquirió su hermano en tono burlón.
Rin a su vez no podía hablar, sentía terror de que Alexander, en su locura, pudiese dispararle a Sesshomaru.
— ¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero? Bien, solo tenemos que hablar. No es necesario que apuntes a Rin de esa manera.
— ¿No? Si este es solo un pequeño escarmiento por robarme. Cabe destacar, que aplica para los dos.
— ¿Cuánto quieres? — preguntó Sesshomaru ignorando el breve monologo de Alexander —. Di una cantidad y la tendrás.
— Quiero diez millones. — Sesshomaru metió su mano en el bolsillo para sacar su celular—. No, no, no, nada de celulares, voltéalo para que pueda ver la pantalla. Bien, quiero diez millones en efectivo. Tienes una sola llamada y una hora para que alguien los traiga.
—Tengo que llamar a ese alguien.
—En altavoz. Ordénale que llame por voz. No quiero que voltees la pantalla o una bala podría escaparse.
— "Llamar Jaken".
Jaken… Él no iba a traer el dinero, Jaken estaba en Tokio.
La llamada conecto.
—Jaken, necesito que traigas diez millones en efectivo al apartamento de mi esposa.
"¿En Londres?" — se escuchó por el altavoz confirmar la dirección.
— Si, vamos a tomar un viaje privado. Date prisa.
Sin esperar una respuesta, cortó la llamada.
—Estará aquí pronto — anunció Sesshomaru.
No, Jaken no iba a venir. Pensó Rin. Vendría alguien más, probablemente armado y entrenado para estos casos.
Después de esto Alexander le ordeno que tirase el teléfono al piso, Sesshomaru lo lanzo al otro lado de la cocina.
— Alexander, toma el dinero de mi cuenta y vete — sugirió Rin antes de sentir como le apretaba más el arma. Sus ojos se cerraron como respuesta.
— ¿Crees que soy tonto? Una vez en mi cuenta bloquearas el dinero, me dejaras en las mismas. En cambio el efectivo no podrás quitármelo. Me voy a perder tan lejos que nunca podrán encontrarme.
— Cuento con ello — dijo Sesshomaru. La ira estaba dibujada en sus ojos, sin embargo, la mortificación ganaba la batalla. Era la primera vez que ella lo veía se esa manera.
— Por supuesto cuñado.
— Deja de apuntarla sin seguro, solo estamos los tres, yo no voy a acercarme — exigió Sesshomaru.
Alexander se lo pensó por un buen rato
— Podría… — deslizo el cañón por su mejilla, cuello y torax como si de una caricia se tratase.
Sesshomaru tuvo un leve temblor por esto, definitivamente iba a matarlo por atreverse a hacer eso. Alexander se mantuvo por un largo rato jugueteando con el arma, sin seguro, por el cuerpo de Rin. Cada minuto le parecía una eternidad.
Rin no sabía que era lo Sesshomaru estaba planeando al llamar a Jaken, estaba claro que era algún protocolo de seguridad. En todas las veces en Londres, jamás había visto algún guardaespaldas con él, a excepción de los que le asigno a ella por unos días después de casarse, no estaba segura si el andaba con alguien. Por otro lado en Tokio si salieron con guardaespaldas siguiéndolos.
Alexander tarareaba una melodía y movía su mano como si fuese un director de orquesta, de repente, se cansó de ser el director y comenzó a mover el arma como si fuese el arco de un violín mientras que con su otra mano trazaba los acordes de Storm de Vivaldi.
— Para de hacer esa maldita cosa — siseo Sesshomaru —. Si la lastimas no habrá una maldita cosa en este mundo que te salve de que te torture hasta que estés casi muerto, luego, voy a hacer que te recuperes para volver a continuar torturándote hasta que te quedes sin alma.
— Demasiado fanfarroneo para un hombre desarmado — se burló Alexander bajando un poco el tempo de su melodía.
— No estoy fanfarroneando, te estoy diciendo lo que va a pasarte si la lastimas.
—Alex, por favor — intervino Rin, ella le creía completamente a su esposo. La única salvación para su hermano era que la soltase y se fuera en ese preciso momento —. Toma el dinero que te ofrecí y vete.
— No. Y… ¿Sabes qué? — metió su mano al bolsillo —. Suéltate, tu querido esposo no quiere entender que no debe caminar hacia acá — le tendió las llaves de las esposas.
Ella obedeció de inmediato porque lo que menos quería, era que terminara en una pelea física. Su mano temblorosa no era capaz de encontrar la cerradura. No ayudaba del todo el que la mirada de Sesshomaru estuviera clavada en ella.
—Apúrate — Alexander cambio de posición y en ese momento ella quiso morir, tenía el brazo completamente extendido hacia el frente —. Rápido o le agujeramos el cuerpo a tu esposito.
No, eso no. Prefería que la apuntase a ella.
—Shhh hazlo con calma — quien le habló esta vez fue Sesshomaru —. Todo estará bien, confía en mi — por primera vez desde que llegó se dirigió a ella. Rin asintió porque necesitaba creerle y volvió a intentar soltar su mano del horno.
En unos minutos lo consiguió.
Alexander comenzó a caminar con ella al comedor, todo lo que él quería era poner una barrera entre ellos dos.
Estuvieron por un rato así, su hermano no había dejado de tararear, no fue hasta que el timbre sonó, que se cayó de golpe.
—Jaken — anunció parco, Sesshomaru.
—Camina adelante, que te dé el dinero y despáchalo. Sin trampas cuñado o no te garantizo que mi hermana siga caminando con sus dos piernitas.
Sesshomaru camino adelante mientras que ellos lo siguieron manteniendo la distancia, Alexander se quedó observando como abría la puerta desde la sala de estar.
Rin sentía que su corazón podría salirse de su cuerpo en cualquier momento, desde donde estaba no podía ver bien a Sesshomaru, solo podía escuchar cómo se abría la puerta, los pasos, el sonido de la tela al rozar. El corazón de su hermano se sentía a través de sus ropas, su respiración era errática y sus manos temblaban. De repente volvió a asirla con fuerza, la hizo retroceder hasta quedar al lado de la chimenea.
Sesshomaru apareció en su campo de visión inmediatamente después, tenía una maleta negro en las manos.
— Déjala abierta sobre la mesa y retrocede — Rin tuvo una especie de dejavu con eso, hace apenas un par de días ella le había ordenado lo mismo.
— Coge el dinero y suéltala — respondió Sesshomaru a su demanda.
Alexander la arrastro hasta la mesa. Nervioso reviso varios de los fajos de billetes. Ella los vio de reojo, ya que en su posición poco podía moverse, más bien estaba siendo movida de un lado a otro por su hermano.
De un momento a otro el arma volvió a su sien.
—Te dije que retrocedieras.
—Deja a mi esposa, ya tienes el dinero. Suéltala de una buena vez — su voz fue grave, tan profunda que hasta ella se estremeció por la fuerza.
—Y dejar mi único seguro. No, mi hermana se va conmigo.
—Eso jamás — replico Seshomaru, su ojos ardían.
Rin pensaba que en cualquier momento se abalanzaría sobre Alexander.
—No estás en condiciones de protestar, cuñado — se burló su hermano.
Alexander nuevamente tiró de ella.
— Rin no va salir contigo.
— Yo creo que sí. Y, sino quiere, no me importa meterle un tiro en algún lugar que la dañe de por vida. Si mi vida se arruina en una cárcel, que por lo menos la de ella resulte igual de dañada.
—Alex, estás loco—sollozo Rin por lo cruel de sus palabras.
— Quítate — le dijo apuntándola al vientre —. Retrocede más, al otro lado de la sala — unas cuantas lágrimas de dolor se derramaron por las mejillas de Rin. Esta persona no podía compartir su misma sangre.
Alexander alcanzo la puerta de la entrada con Sesshomaru mirándolo fijamente, todo lo que quería era abalanzarse sobre él y golpearlo hasta dejarlo inconsciente, sin embargo, sabía que debía esperar. A estas alturas el edificio debía estar rodeado, incluso detrás de la puerta era probable que hubiesen unos cuantos oficiales. Ese había sido su propósito al llamar a Jaken, cualquier aviso pidiendo tal cantidad de dinero en efectivo derivaría a la inclusión del escuadrón anti secuestros. De igual forma eso no quería decir que quería que Rin pasara por ello, miles de armas apuntando a su dirección, viendo morir a su hermano. No, ella lo odiaría si el mal nacido muriese. Tenía que controlar la situación, aunque fuere la cosa más difícil de toda su vida.
De nuevo él la amenazaba, a la mujer que amaba, su esposa. Estaba jugando con el arma mientras abría la puerta, siempre mirándolo, la sorna dibujada en sus expresiones. Los ojos de Rin tristes, llenos de dolor, sin miedo. Era lo mejor, él podía tener miedo por los dos, sentir el terror de la muerte por ella.
La puerta se abrió. El pasillo vacío se abrió ante ellos, Alexander empujo a Rin hacia las escaleras y en ese momento Sesshomaru se echó a correr detrás de ellos, era una carrera por la muerte.
Rin estaba tratando de no caerse por las escaleras, su hermano la tenía cogida de la muñeca y la llevaba casi saltando hacia el sótano.
— Alex ya suéltame por favor.
— Estas loca, el hijo de puta viene detrás de nosotros.
— Yo lo detendré. Por favor, soy tu única posibilidad de escapar.
— Lo sé y por eso vendrás conmigo.
— Si me sueltas, voy a detenerlo. Te daré tiempo de escapar. Todo lo que quiero es que no te maten — Su hermano continuó arrastrándola — Jaken está en Japon, ¿No lo entiendes? No saldrás vivo si te atrapan apuntándome.
— Que lo intenten — declaró con un último empujón hacia el último piso.
Rin trastabilló con el escalón y cayó sobre sus manos y rodillas en el suelo rustico. Intento levantarse lo más rápido posible, la presión en su muñeca por parte de Alexander le dificulto la tarea. Apoyo el pie contrario al piso y cuando estuvo a punto de quedar en pie, la presión desapareció. Aturdida, miro a su al rededor para encontrarse con la melena plateada justo delante, el horror la atravesó a una velocidad cósmica.
Su hermano estaba a unos metros apuntando hacia ellos, sin embargo, la diferencia en este momento, era que a quien dañaría primero no sería a ella, quien estaba al frente era Sesshomaru.
Instintivamente intento ponerse delante, después de todo estaba segura de que Alexander no la mataría, solo le daría un disparo en algún lugar para distraer a Sesshomaru y poder escapar. En cambio a él, no sabía que podía hacerle, no quería quedarse a comprobar que si era capaz de dispararle a Sesshomaru.
— Quédate atrás — gruño Sesshomaru con demasiada brusquedad, llevo un brazo hacia ella para mantenerla justo tras de él, segura. No le importaba que otra cosa pudiese hacer mientras que ella estuviese segura detrás de su propio cuerpo.
— No — Rin forcejeo con su agarre, si Alexander disparaba, por Dios, no podía siquiera pensar en ver a Seshomaru herido.
— ¡Maldita sea! Quédate donde estas.
Alexander temblaba como una gallina mientras retrocedía.
—No me sigas, sino…
— Sino… ¿Qué? — lo desafió Sesshomaru.
— Voy a disparar.
— No lo creo.
En ese momento varias luces apuntaron hacia Alexander, eso era todo, estaba rodeado. La rata se había metido en la trampa.
Rin cerró los ojos con fuerza. Sesshomaru en cambio observo desafiante la luz del láser en la frente de Alexander. La escena de película transcurrió en cámara lenta; primero, dejando caer la maleta al suelo; segundo, las rodillas tocando el piso, el arma arrojada lejos, los oficiales esposándolo. Solo en ese momento Sesshomaru se permitió girarse para abrazarla, la sintió temblar y tembló con ella. El alivio lo recorrió, su cuerpo recuperó su calidez, aunque a ella la sentía fría todavía.
— Ya todo paso—le susurró para calmarla.
— Aun no puedo creer que se atreviera a tanto — musitó ella en su pecho.
Él le paso la mano por el cabello en un gesto tranquilizador.
— No volverá a molestarte.
— ¿Le darán muchos años?
— No lo sé, el secuestro es uno de los peores delitos. Probablemente lo investigaran y descubrirán lo que hacía en la empresa — le advirtió arrepintiéndose casi al instante al ver que eso la puso peor — No es tu culpa amor mío. Él se buscó su propio destino. Shhh tranquila.
Un oficial se acercó a ellos, Rin lo escucho decirles que debían acompañarlos a declarar. Sesshomaru la condujo a un auto, ella se subió, algo le decía que esa noche estaba lejos de terminar pronto.
El oficial que le tomo la declaración fue extremadamente paciente, al principio la escucho con cuidado y le permitió ir a su propio ritmo sin interrumpirla. Rin sabía que no tenia de otra que decir la verdad. No serviría de nada tratar de encubrirlo, hacer eso solo la haría ver como sospechosa o cómplice, cosa que ella no era y que no estaba dispuesta a dejar en duda. El oficial que llegó luego, fue otra historia. Primero ordenó quedarse a solas con ella y luego paso una hora entera preguntándole cosas y buscando huecos en sus respuestas, estaba convencido que ella había planeado el secuestro con su hermano solo para sacarle dinero a Sesshomaru. Rin estaba hasta la coronilla de ese tipo.
— ¿Si estaba segura de que su hermano no quería asesinarla, por qué accedió a llamar al señor Taisho?
—Porque me puso el revolver encima de la mano, me dio miedo.
— ¿Y se inventó ese mensaje tan conveniente por miedo?
— No cree que podría simplemente pedirle el dinero a mi marido si lo quisiera.
— Pienso que el dinero era para su hermano, es conocido por sus gastos excesivos, entonces como su esposo se opondría se inventaron todo esto.
— Es absurdo — bufo molesta —. Lo invito a preguntarle al señor Taisho si en verdad me negaría dinero.
— Es conocido también que las acciones de los Whitehall han sido puestas en venta, también sus propiedades. Si el señor Taisho no le niega el dinero, ¿por qué entonces permite que su familia política quede en la calle?
— Porque respeta mis decisiones — respondió sin más.
El oficial continuó por un rato hasta que una voz chillona que ella conocía muy bien retumbo en el recinto. Juliette gritaba sin parar exigiendo que la dejasen ver a su hijo y mil discursos sobre lo inocente y santo que era su hijo. Escucho también a su papá tranquilizándola. Su interrogatorio se detuvo. El oficial la invito a abandonar la parca oficina. Sesshomaru estaba parado casi al final del pasillo con cara de pocos amigos.
Su madre apareció por este, Rin pensó que se iría encima de ella, que la atacaría de alguna forma.
— Niña ingrata, ¿Por qué le haces daño a tu hermano?
¿Qué? ¿Era ella quien le estaba haciendo daño?
—Te informo, madre, que fue mi hermano quien se metió a mi apartamento a amenazarme con un revolver, viví unas horas de infierno.
—Tu hermano estaba desesperado, actuó sin saber lo que hacía.
—Eso no. Su hijo sabía perfectamente lo que hacía —intervino Sesshomaru.
— Ella puso nuestra casa en venta — se excusó Juliette — Era obvio que Alexander reaccionaria de alguna manera.
— Mamá, por favor, déjalo — ni siquiera tenía las fuerzas para pelear con ella—. No puedo hacer nada por él.
—Por supuesto que puedes, retira la denuncia.
—Eso jamás. Yo le recomendaría que le enseñe mejores lecciones a su hijo, las que le dio no sirvieron para nada.
Y sin decir una palabra más la saco de allí.
— ¿A dónde quieres ir? — le pregunto una vez cerrada la puerta del vehículo.
Esta vez, él iba en el asiento trasero con ella, un chofer conducía el auto.
— A casa de Helen, no quiero ir a mi apartamento.
— Entiendo — le dio la dirección al conductor. Ella no quiso prestarle mucha atención al hecho de que recordaba la dirección de su amiga.
— Esa no es — le aclaró al darse cuenta de que iban a la casa de los padres de Helen y no a donde ella vivía actualmente —. Se mucho, ya no vive con sus padres.
El asintió y dejo que ella indicara la dirección.
Estuvieron en silencio por buena tarde del trayecto hasta que Rin, al ver que ya casi llegaban dijo: — Gracias por callar a mi madre.
— No tienes nada que agradecer, solo hice lo que cualquier esposo haría — cogió su mano entre las suyas llevándose el dorso a sus labios. Rin se estremeció por el contacto de sus labios y retrajo su mano como si le hubiera quemado.
—De igual manera, muchas gracias, no solo por eso… también por lo que hiciste con mi hermano.
— Sabes que no puedo permitir que nada malo te pase, no importa quien sea, sabes que defenderé y estaré ahí para protegerte, siempre.
—No tenías por qué correr tanto riesgo.
— Por ti, no hay riesgo que no valga la pena correr.
El auto se detuvo, estaban justo en el edificio de Helen.
— Rin… haría cualquier cosa por ti — entrelazo sus dedos en los de ella —. Quiero que lo sepas.
Ella trato de apartarse al darse cuenta de que podía sentir su calor y su respiración tan cerca.
— No lo hagas — su voz se perdió en un murmullo.
Él se quedó quieto, solo sus dedos entre los suyos se movían, acariciándola.
—Quiero besarte — declaró con voz ronca —. Siempre quiero hacerlo, desde que te conocí… nunca has salido de mi mente.
Sus palabras llegaron al fondo de su alma. ¿Estaba tan perdido su amor o aun habían posibilidades de salvar algo? La confianza perdida, las lágrimas derramadas, el dolor sentido. ¿Cuál había sido la verdad de aquella noche? Esa donde ella lo había echado con las palabras más crueles que había pronunciado en su vida. ¿Qué era aquella cosa que él iba a decirle? Siempre se había atormentado con ello, qué hubiera pasado si…
Ella alzo los ojos para mirarlo. Dorado, era el color de su mirada. Ojos vibrantes que la atrapaban, la hacían sentir pérdida, la miraban con hambre. ¿Era posible confiar en él o solo era un paso más de su venganza? ¿Qué tan confiado estaba en el operativo de seguridad para usar su cuerpo como un escudo para ella? ¿Por qué lo había hecho? ¿Estaba dispuesto de verdad a recibir una bala por ella?
— No — le coloco la mano libre sobre sus labios e instantáneamente supo que fue un error. Sentir sus labios sobre la yema de sus dedos la electrifico. Asustada de su propia reacción, buscó huir. Sus manos temblaron en la manilla de la puerta.
Sesshomaru abrió la que estaba junto a él y se bajó para permitirle el salir. .
Rin se sorprendió comparando su actual altura con la que ella recordaba, Sesshomaru era, definitivamente, más alto que Kamui.
— ¿Quieres que te acompañe?
— Solo hasta la puerta de su piso. ¿Tienes tu celular? ¿Puedes marcarle? El mío se lo quedo el oficial — dijo nerviosa.
Él le pasó el móvil, Helen respondió de inmendiato, Rin le dijo que estaba afuera y ella enseguida les abrió para que subieran.
— ¡Dios mío! Luces terrible, ¿Qué paso? No me digas que ese…
— No, no es lo que crees — la atajó Rin.
Sesshomaru, quien seguía reacio a dejarla entro con ella.
Rin le relato sus últimas horas del día a Helen, esta no paraba de asombro e incredulidad.
— No puedo creer que el muy cabrón te haya hecho eso, a ti, que lo defendías e incluso aceptaste casarte con… — le dio una mirada de reojo a Sesshomaru que estaba en el asiento del mini bar —… para salvarle el trasero.
—Yo tampoco puedo creerlo — repitió dándole un sorbo al brandi que le Helen le había servido hace unos minutos —. Lo de mi madre debí suponerlo, a veces me pregunto por qué me odia tanto.
— Ya no pienses en eso — la ánimo —. Lo importante es que estas bien y entera.
— Gracias a Sesshomaru.
— Gracias a ese. ¿Te dijeron cuántos años podrían darle?
— No, según entendí lo van a investigar, tampoco puedo salir de la ciudad hasta que se cierren las averiguaciones.
— ¿Por qué?
— El detective me encuentra como cómplice.
—Eso es absurdo, ¿No estarás de acuerdo con eso? — le pregunto a Sesshomaru con brusquedad.
—Por supuesto que no — respondió él con voz filosa —. Mis abogados en Londres ya están trabajando en dejar a Rin por fuera de todos los embarres de Alexander.
— Eso espero — murmuro Helen.
El ambiente se tornó pesado, era obvio para Rin que esos dos nunca se llevarían bien.
— Será mejor que te vayas. — Se levantó y fue a donde estaba él —. Es tarde y quiero descansar.
— ¿Segura que quieres quedarte aquí?
—Si, además no tengo otro lugar a donde ir. La casa de mis padres no se me apetece y en mi apartamento, no podría dormir.
— Puedes venir conmigo —susurro acariciándole la mejilla.
Ella se quedo quiera, sin aceptar ni rechazar la caricia.
— Vayamos con calma, las heridas cuando son profundas no cicatrizan de un día para otro — fue todo lo que pudo decir. El pareció estar de acuerdo con su respuesta.
— Vendré a verte al amanecer.
— Esta bien — respondió apartándose.
Lo observo cruzar la puerta, al cerrarla volvió su mirada torturada a Helen, está la miraba con reprobación.
— No estás pensando en perdonarlo ¿o sí?
—No se trata de perdonar o no — se dejó caer sobre el modular —. No soy quien para perdonarlo por vengarse de la mujer que lo hizo sufrir, me porte como una perra con él en el pasado y eso me atormentaba, me castigue por ello día a día por los últimos quince años. Sin embargo, eso no significa que voy a permitirle seguir. A pesar de que al enterarse de la verdad ha cambiado, hasta hace unas horas pensaba que era solo por capricho, por tener lo que un dia le quitaron. Pensaba que solo me quería como una prueba de que con su dinero, poder e inteligencia puede obtener todo lo que quiere. .
— ¿Pensabas?
— Si, pensaba hasta que lo vi temblar cuando Alexander me tenía apuntada, pensaba hasta que se interpuso entre él y yo. Ahora no sé qué es cierto y que no. No sé qué es un plan de su retorcida mente y que es lo que realmente siente.
— Bien, se asustó. Cualquiera se asusta al ver que están apuntando a alguien con un revólver y lo otro lo hizo porque sabía que tenían media policía de Londres encima.
—Sé que tienes razón, es solo que sentí después, cuando esposaron a Alex, ese temblor de alivio, no creo que fuere fingido. Lo sentí real. Pero… no. No estoy pensando en volver con él, si esa era tu pregunta. Solo me abrí a la posibilidad de hablar y aclarar, al fin, todos los malos entendidos que hubieron en nuestras vidas. Le dije que vayamos con calma para que se fuera.
—Si eso no es perdonarlo, no sé qué es. En fin, por ahora es mejor que te vayas a descansar, te dejó.
Helen se metió a su cuarto. Una vez sola, Rin exhaló profundamente, soltó toda la angustia contenida. Se mordió el labio inferior en un gesto de mortificación y se levantó para ir a la habitación de huéspedes, no era necesario que nadie le mostrase donde era. Se encaminó al pasillo y vio una lámpara del estudio encendida, como buena ahorradora de energía y cuidadora del planeta fue a apagarla. En ese momento la computadora emitió un pitido, un mensaje tal vez. Rin se sintió apenada, probablemente su amiga había estado trabajando antes de que ella llegara. Al inclinarse para alcanzar el interruptor, tropezó el mouse causando que el monitor se encendiera mostrándole la bandeja de entrada de su correo electrónico. Un mensaje llamo su atención, en el asunto tenía una sola palabra o más bien apellido: Taisho. En la esquina marcaba un archivo adjunto y se mostraba como leído.
Lo abrió. No pudo evitar el no hacerlo.
Ni siquiera pudo terminar de leer la primera frase del mensaje, todo lo que pudo ver fue la fotografía adjunta. Una de Sesshomaru y Annabelle dándose un beso en el balcón recubierto de vidrio del Marylebone. La fecha, una noche anterior. Rin cerró los ojos con fuerza. Idiota, se repitió una y otra vez en su mente. Era un completa tonta por pensar en la posibilidad de creerle el que no había vuelto a estar con Annabelle.
He allí, ante sus ojos, la prueba de infidelidad que ella le había pedido conseguir a Helen. Eso era todo lo que necesitaba para que un juez dictara sentencia de divorcio sin rechistar. En otras palabras, su única oportunidad de liberarse para siempre de Sesshomaru Taisho.
Y con esto he actualizado en los dos lugares al mismo tiempo, el mismo capitulo.
Se que la opiniones son divididas, pero quiero saber si quisieran o no que lo perdonase... A pesar de que ya tengo decidido el final, cada vez que pienso en eso me causa dudas, asi que me gustaria conocer su opinion.
Besos...
