Capítulo 13.- Monstruos.


Parte 1.- La Amenaza Mutante.


Tras la batalla con Morbius y que éste lograra alimentarse de su sangre y las de Spider-Man y Chat Noir, Marinette se hallaba algo débil. Su cara lucía pálida, su cuerpo le dolía un poco, la luz le lastimaba los ojos, el ruido hacía que le dolieran los oídos, sentía que su cuerpo estaba hirviendo y tenía un horrible dolor de cabeza. Por otro lado, la kwami de la Buena Suerte y la Creación no se encontraba nada mejor, desde que la transformación se había acabado, Tikki no había dejado de temblar y acurrucarse en un ovillo.

Para suerte de ambas, era sábado y no tenían nada que hacer ese día, por lo que podrían tomarse un respiro para recuperarse.

- Marinette... - Susurró Tikki. - ¿Estás bien...?

- No... me siento fatal... - Respondió Marinette apenas audiblemente.

- Igual yo... ese monstruo... realmente nos hizo mucho daño...

- Tenemos que detenerlo cuanto antes... No podemos dejar que ésto le pase a American Son...

- No creo que él peligre... él ha estado desaparecido desde hace algún tiempo y no creo que al vampiro le interese su sangre...

- Entonces ese vampiro sólo nos quiere a Spider-Man, Chat Noir y a mí...

- Hay algo en ustedes que su hambre le exige, ¿pero qué es?

- Sea lo que sea, tendremos que descubrirlo pronto y detener a ese vampiro.

Marinette trató de ponerse de pie, pero una dolorosa punzada en su cuello y su abdomen la hizo doblarse y gritar de dolor, al mismo tiempo que Tikki hacía lo mismo.

- ¡Marinette! ¿Estás bien? - Preguntó Sabine mientras subía rápidamente a revisar a su hija.

- No mucho... Me duele el cuerpo... - Dijo Marinette entre jadeos.

- Te ves muy mal, hija. - Dijo la mujer con preocupación mientras se acercaba para tomarle la temperatura a su hija. - Estás helada, será mejor que te cubras.

- Pero siento mucho calor... - Remilgó la adolescente mientras Sabine la cubría con una manta.

- Sin peros, jovencita, y será mejor que te quedes en cama, iré a traerte una campanita o algo para que puedas llamarme a mí o a tu padre si necesitas cualquier cosa. Por ahora será mejor que llame al doctor para que venga a revisarte.

- Estaré bien, mamá, sólo necesito descansar un poco. - Dijo Marinette con un susurro mientras intentaba quitarse la manta sin éxito.

- Eso lo decidirá el doctor.

Con eso dicho, Sabine se retiró, sin siquiera notar la temblorosa criaturita de color rojo con puntos negros, junto a la cabeza de su hija.


(Mientras tanto)


- Bueno, señor Agreste, su hijo presenta un avanzado caso de anemia y deshidratación, pero estará bien en un par de días mientras él ingiera alimentos ricos en hierro y suficientes líquidos, y que usted se asegure que tome los medicamentos que le recetaré. - Dijo un médico a Gabriel Agreste mientras guardaba sus instrumentos. - Sin embargo, no me explico cómo es que esto pudo pasar, su historial médico muestra que él es un muchacho sano, sin ningún patrón genético inclinado hacia la anemia.

- Podría ser causado por el estrés de su vida. - Murmuró Nathalie.

- ¡Silencio! - Espetó Gabriel. - Es más que obvio que esto es obra de uno de esos... akumas o como se llamen las cosas que envía el tal Duende Verde. Seguramente ellos lastimaron a Adrien y causaron esto.

- Tal vez, ya hay al menos otros cinco casos similares y van aumentando. - Dijo el médico mientras firmaba un par de papeles para Gabriel. - Su cuenta y la receta de los medicamentos que su hijo debe tomar. Y en cuanto al akuma o al duendecillo, Ladybug, Chat Noir y Spider-Man lo detendrán. Siempre lo hacen.

"¿Qué tal si no? No puedo arriesgar la vida de mi hijo a manos de un trío de niñatos. Tendré que capturar a ese monstruo, yo mismo... O al menos enviar a alguien a que lo haga." Pensó Gabriel mientras le entregaba el recibo del doctor a su asistente.

- Sígame, doctor, le entregaré el cheque por sus servicios. - Dijo Natalie cortésmente.

- Por supuesto, señorita, mucho gusto en conocerlo, señor Agreste. - Dijo el doctor.

- Gracias por sus servicios, doctor Aubriot. - Dijo Gabriel secamente.

El doctor y la asistente se retiraron mientras Gabriel ponía una mano sobre el Miraculous en su pecho.

"Sin importar qué pase, Adrien, yo te protegeré de los peligros de este mundo. No volveré a fallarte de nuevo, lo juro." Pensó Gabriel.

Con eso en mente, Gabriel puso una mano sobre el Miraculous en su pecho y lo apretó, frunciendo el ceño con determinación mientras se dirigía al cuarto secreto en su mansión.

Por otro lado, dentro de la habitación de Adrien, el joven modelo se encontraba en cama, recostado y titiritando con su kwami en el pecho, quien al igual que el chico, la pequeña criatura estaba enferma.

- E-en serio... t-te odio... chico... - Murmuró Plaga.

- N-no es mi culpa q-que no hagan medicina p-para kwamis. - Dijo Adrien mientras la medicina comenzaba a hacer efecto muy lentamente.

- Lle-llévame con el M-Maestro...

- N-no puedo... estoy m-muy débil...

- Maldición...

- El vampiro es... demasiado peligroso...

- L-lo sé... t-tenemos que d-detenerlo...

- Por el momento... debemos descansar... no creo que... un vampiro salga... a plena luz del día...

- Lees m-muchos cómics... niño...


(En otro lugar)


- Pero tía May... me siento bien... - Dijo un Peter Parker evidentemente enfermo.

- Estás pálido y helado, Peter, es obvio que algo no anda bien con tu salud. - Dijo la tía May mientras envolvía a su sobrino en una especie de capullo de mantas. - Listo, así te pondrás mejor, pero para estar seguros...

- ¡Por favor! - Rogó el adolescente como un condenado, sacando fuerzas de quién sabe dónde. - ¡Todo menos eso!

- Sí, prepararé mi sopa especial. Es por tu bien, hijo.

- Pero esa cosa... sabe horrible...

- Oh, por favor, eres tan melodramático como tu tío Ben, pero ambos sabemos que mi sopa hacía milagros.

- Porque ni los gérmenes querían estar cerca de esa mezcla extraña de col morada, cebolla, calabacitas, nabos y caldo de pollo...

- Mi sopa especial no lleva ninguna de esas cosas.

- Creo que era mejor cuando ignoraba eso...

- Bueno, basta ya, traeré la sopa en unos minutos. Mientras tanto, mantente recostado y descansa.

- Este será mi lecho de muerte si traes tu sopa...

- Lo que digas, Ben Parker.

Con eso dicho, la tía May salió de la habitación de su sobrino, teniendo una sonrisa nostálgica en su rostro, recordando que su difunto esposo solía hacer lo mismo que Peter cuando mencionaba su sopa especial.

En cuanto la anciana mujer cerró la puerta de su cuarto, Peter sacó fuerzas de flaqueza y cuidadosamente se giró hacia su mesita de noche, luego abrió lentamente el cajón e hizo un esfuerzo sobrehumano para abrirlo y revisar a su kwami, quien seguía titiritando, tal como Plaga y Tikki.

- T-tienes q-que d-darme... un p-poco de e-esa s-sopa... - Tartmudeó Leopardon.

- Créeme... no quieres eso... - Dijo Peter débilmente mientras volvía a recostarse.

- T-tengo que... c-curarme de a-algún modo... e-ese vampiro s-sigue... libre...

- Demonios... eso significa que tendré que tragar ese brebaje extraño-...

- C-cierra la b-boca... sé ho-hombre...

- Te odio...


(Entre tanto)


Chloé Bourgeois estaba fúrica.

Tras lo que había pasado desde que Mary Jane Watson había llegado, como el que su alter-ego akumatizado, la Súper-Modelo, quisiera destruirla, o que el Lagarto hubiera intentado convertirla en una criatura igual a él, ella había encontrado la horma de su zapato.

Mary Jane se había vuelto su antítesis, incluso más que Marinette, principalmente porque muchos decían que ella tenía mejor estilo y que era mucho más bonita que Chloé, y por otro lado también estaba el hecho que Mary Jane se la pasaba confrontándola, sin importarle sus amenazas. Cada vez que ella ponía en su lugar a alguien, Mary Jane aparecía y la enfrentaba, diciendo un montón de mentiras sobre ella, las cuales eran creídas sin cesar por los pobres ilusos de sus compañeros.

Y he ahí la razón de su constante mal humor, el cual intentaba calmar con un usual frenesí de compras, acompañada por su fiel amiga y cuasi-lacaya, Sabrina Raincomprix, quien justo ahora estaba cargando varias bolsas y cajas.

- ¡¿Quién se cree la tal Mary Jane Watson como para venir y hablar mal de mí a todos?! ¡Todos me aman! - Gruñía Chloé.

- Tienes razón, Chloé... - Dijo Sabrina mientras trataba de no tropezar. - Eres la persona más agradable que conozco...

- ¡Ya lo sé! - Dijo Chloé antes de mirar a su tambaleante subordinada. - ¡Que ni se te ocurra tropezarte con mis cosas, Sabrina!

- N-no... te prometo que tendré cuidado...

En ese momento, debido a un pequeño guijarro en su camino, Sabrina lo pisó y le lastimó, cosa que la hizo soltar un grito de dolor y perder el equilibrio, lo que a su vez provocó que la pila de cajas y bolsas que llevaba en las manos cayera al suelo y que varias cosas terminaran en la calle, donde fueron arrolladas por un par de autos.

Al notarlo, Chloé sintió que su sangre hervía, luego dirigió una mirada asesina hacia su layaca/mejor amiga y la señaló con un dedo acusatorio.

- ¡Mira lo torpe que eres! - Rugió Chloé. - ¡No sólo dejaste caer todas mis cosas sino que hiciste que esos autos las arruinaran! ¡Acabas de arruinar tres vestidos, dos blusas y seis pares de zapatos que cuestan tres veces más que todas las pertenencias de tu familia! ¡¿Es que acaso no sabes hacer nada bien?! ¡¿Cómo se supone que pagarás por todo eso?!

Mientras Chloé seguía con una de sus clásicas rabietas, Sabrina empezó a llorar con los ojos cerrados, luego se tapó los oídos y trató de darse la vuelta para dejar a su amiga, pero la rubia la tomó rudamente por el hombro y le gritó:

- ¡Ni sueñes que te dejaré irte hasta que repongas todos y cada uno de los artículos que arruinaste con tu torpeza!

En ese momento, algo dentro de Sabrina se quebró, por lo que simplemente gritó con todas sus fuerzas.

- ¡BASTA! - Rugió la chica.

Sin embargo, al mismo tiempo que Sabrina gritaba, una poderosa onda de choque emanó de la chica, la cual destrozó todos los vidrios cercanos, sacudió fuertemente los vehículos y objetos en los alrededores e hizo que Chloé y todos los transeúntes cerca fueran enviados hacia atrás.

Ante los hechos, todos los afectados miraron con espanto y shock a la joven pelirroja, quien lucía tan impactada y asustada como todos los que la miraban.

- ¡Es una anormal! - Gritó una mujer.

- Es una de ellos... - Cuchicheó un joven.

- ¡Engendros en nuestra ciudad! - Dijo un anciano con voz de alarma.

Ante lo que estaba pasando, Sabrina miró a su mejor amiga con miedo y duda mientras temblaba levemente, quien tenía una mirada atónita y horrorizada ante lo que había pasado.

- ¿Chloé...? - Dijo Sabrina.

- Aléjate de mí... - Dijo Chloé, aún atónita.

- Pe-pero...

- ¡Aléjate de mí! - Gritó Chloé con furia. - ¡Eres una de ellos! ¡Eres una mutante!

- ¡No! ¡Te lo juro! ¡No lo soy!

- ¡Claro que lo eres! ¡Todo este tiempo has sido una de esas aberraciones y me lo has escondido! ¡Ya no eres mi amiga! ¡Sólo vete al carajo y déjame en paz!

Con eso dicho, Chloé salió corriendo, dejando a su ex mejor amiga sola ante las miradas de desprecio de los ciudadanos alrededor de ella.

Mientras tanto, Sabrina sólo se quedó boquiabierta y en completo shock mientras lágrimas caían de sus ojos. Ahora estaba sola, sin la protección de Chloé, estaba a merced de todos aquellos a quienes les había hecho algo malo en el pasado, y peor aún, ahora que había descubierto y mostrado que era una mutante, estaba a merced de todos aquellos quienes consideraban a los mutantes como aberraciones ante la naturaleza.

- ¡Que alguien llame a la policía! - Gritó una mujer. - ¡Que alguien haga algo para atrapar a esa amenaza!

Tras escuchar esas palabras, Sabrina salió de su estupor y miró a su alrededor, notando que las personas se acercaban peligrosamente a ella. Esto hizo que soltara un gritito ahogado mientras comenzaba a sentirse amenazada.

- ¡Aléjense de mí! - Gritó una aterrada Sabrina.

Nuevamente, una onda de choque fue emitida por la chica pelirroja, tras lo cual las personas fueron arrojadas contra los muros cercanos, cosa que fue aprovechada por Sabrina para poder escapar corriendo.

Tras eso, Sabrina se metió en un callejón para esconderse dentro de un contenedor de basura.

"¡¿Por qué yo?! ¡¿Qué hice yo para merecer ser una anormal?! ¡Yo no elegí ser una mutante!" Se preguntó Sabrina a sí misma mientras abrazaba sus rodillas y lloraba.

"¿Por qué piensas que eres anormal, niña?" Preguntó una voz femenina en la mente de Sabrina.

- ¡¿Quién está ahí?! - Gritó Sabrina horrorizada.

"Tranquilízate, pequeña, no voy a hacerte daño."

- ¿Dónde estás?

"En un sitio seguro para personas como tú, un lugar donde no eres considerada anormal."

- ¿Qué?

"Sal del contenedor y mira hacia arriba."

En ese momento, Sabrina dudó por un momento, luego la chica pelirroja abrió un poco la tapa del contenedor donde se escondía y vio a un hombre quien usaba un traje rojo, una capa morada y un casco rojo con detalles morados que dejaba ver una pequeña parte de su sonriente rostro.

- Mi pequeña niña, ¿cuál es el problema? - Preguntó el hombre.

- Soy anormal... - Lloró Sabrina.

- No, mi querida niña. - Espetó el hombre. - Tú no eres una persona común, eso es cierto, eres parte de una raza superior a los humanos.

- Pero los mutantes...

- Somos la siguiente evolución, somos el futuro de la humanidad.

En ese momento, el hombre hizo un ademán con su mano y el contenedor comenzó a sacudirse, luego se rasgó frente a Sabrina y creó una especie de salida lo suficientemente grande para que la chica pelirroja saliera del contenedor sin problemas, luego el hombre le ofreció una mano a Sabrina y la ayudó a salir de éste.

- Te ofrezco la oportunidad de unirte a mí y a otros como tú, únete a mí y alcanza tu verdadero lugar, niña. - Dijo el hombre. - Nunca más nadie te maltratará ni te tratará como si fueras inferior.

- ¿En serio? - Preguntó Sabrina.

- Por supuesto, mi niña.

Con eso dicho, el hombre levantó su mano de nuevo y el metal del contenedor volvió a moldearse hasta convertirse en una especie de plataforma circular.

- ¿Quién es usted? - Preguntó Sabrina.

- Llámame Magneto. - Dijo el hombre.

Con eso dicho, Sabrina se paró sobre la plataforma que Magneto había creado, luego ambos mutantes comenzaron a levitar, alejándose de la ciudad con prisa.


(Mientras tanto)


En una videollamada múltiple, podemos ver a un grupo de adolescentes hablando entre ellos, pues tres de ellos se encontraban en cama gracias al ataque que Michael Morbius había efectuado.

- Esperamos que se recuperen pronto. - Dijo Alya a través de una videollamada.

- Sí, ¿pero cómo fue que los atacó esa cosa? - Preguntó Nino.

- Ya se los dijimos... - Jadeó Adrien. - Esa cosa entró por mi ventana y me atacó...

- Igual a mí... - Dijo Peter débilmente.

- Yo estaba en mi balcón cuando me atacó... - Dijo Marinette.

- Bueno, seguro que Spider-Man y los otros lo atraparán pronto. - Dijo Harry.

- ¿Quién eres tú y qué hiciste con Harry Osborn? - Rió Adrien.

- Cállate, Ricitos de Oro, es sólo que Pete finalmente me convenció con sus argumentos.

- Harry, no pude ni convencerte de que la última película de Star Wars iba a ser un asco, ¿de verdad crees que nos creeremos ese cuento? - Espetó Peter.

- Bueno, tengo mis razones.

- Sí, bueno, es bueno saber que están bien y que se recuperarán. - Dijo Alya. - Me gustaría quedarme más tiempo pero quiero ir al ayuntamiento a unirme a la protesta contra la nueva ley anti-mutantes del alcalde Bourgeois.

- Alya, no vayas, te podrían lastimar. - Dijo Nino. - Y no, no significa que esté a favor.

- Si no querían molestar a los mutantes, no debieron siquiera pensar en esa ley, es estúpida. - Espetó Mary Jane.

- No lo sé, los mutantes son peligrosos para las personas normales. - Dijo Marinette.

- Marinette, ¿es en serio? - Preguntó un atónito Peter. - Los mutantes no son peligrosos, al menos no la mayoría, sólo quieren ser incluidos en la sociedad.

- ¿Y qué me dices del tal Magneto y sus seguidores? ¿Ellos tampoco son peligrosos? - Preguntó Adrien.

- La Hermandad de Mutantes es una excepción, ellos son exactamente iguales a Bolivar Trask y todos los que piensan como él, sólo que tienen enfoques diferentes sobre los mutantes. - Dijo Harry.

- ¿Por qué los defienden? Ellos no son... - Intentó decir Marinette.

- ¿No son qué? ¿No son normales? - Preguntó un molesto Peter.

- Sí. - Afirmó Adrien. - Y tal vez tengas razón en que no todos son malos, Peter, pero hay personas que han resultado heridas por ellos, porque no saben controlar sus poderes.

- Existe un lugar que los ayuda, y si en vez de creer que son anormales los ayudáramos, seguramente los incidentes con mutantes disminuirían de sobremanera. Y si los defiendo es porque dos de mis amigos son mutantes.

- ¿Qué? - Dijeron Marinette, Adrien, Alya y Nino.

- En Midtown hubo un incidente con dos chicos que eran mutantes y la enorme mayoría de los estudiantes, incluidos MJ y yo, los tratamos como basura, pero Peter nunca lo hizo. - Dijo Harry.

- Pete incluso le plantó cara a Flash Thompson por primera vez cuando Bobby y Angelica mostraron sus poderes mutantes. - Dijo Mary Jane. - Y para aclarar dudas antes que pregunten, Flash Thompson es el tipo que había estado molestando a Peter desde la primaria, es como Chloé pero más grande y más tonto.

- Y debieron verlo, fue increíble ver a Pete haciendo retroceder a Flash con nada más que palabras. - Dijo Harry. - Aunque luego intentó golpearlo pero MJ y yo lo apoyamos.

- Y yo le advertí a Flash que si no quería probar mis habilidades de Cinta Verde de Tae-Kwon-Do, dejaría a Pete, Angie y Bobby en paz. - Dijo MJ. - Y como no lo hizo, lo vencí frente a toda la escuela.

- Sólo hice lo que debía hacer, no me gustó que Flash los llamara fenómenos sólo por ser diferentes de la mayoría. - Soltó Peter. - En fin, buena suerte, Alya, ojalá logren algo y que la estúpida ley del alcalde no haya atraído invitados no deseados.

- Gracias, Pete, haremos lo que podamos. - Dijo Alya. - Que se mejoren pronto, vámonos, Nino.

- Bien, pero sólo para asegurarme de que estarás a salvo y porque no me gusta que traten a los mutantes como criminales. - Suspiró el DJ. - Cuídense y nos vemos luego.

- Voy con ustedes, nos vemos, chicos. - Dijo Mary Jane antes de desconectarse.

- Creo que debería ir también. - Dijo Harry. - Bueno, creo que tengo que dejarlos, los veo luego, y espero que sobrevivas a la sopa de tu tía, Peter.

- También yo... - Dijo Peter. - Suerte.

Con eso dicho, todos los demás chicos se desconectaron de la llamada y volvieron a sus actividades, en el caso de Marinette, Adrien y Peter, descansar para intentar recuperarse de su pelea con Morbius.


(Momentos después)


Frente a una muchedumbre dividida, el alcalde de París, André Bourgeois, se encontraba en un podio frente al ayuntamiento de París, dando una conferencia de prensa sobre su recientemente aprobada Ley de Registro de Personas Potencialmente Peligrosas, o Ley Anti-Mutantes, como muchos la habían llamado.

Y para su desgracia, aunque la mayoría estaba a favor, aún había un grupo considerable de personas en contra, y ambos grupos tenían un considerable número de personas protestando frente a él.

- Mis queridos ciudadanos, hoy es un día de regocijo, pues hoy anuncio que a partir de este momento, anuncio la creación del Registro de Personas Potencialmente Peligrosas, el cual servirá para regular la actividad de los mutantes y asegurar que ningún ciudadano pueda resultar herido por ellos y que los mutantes puedan ser identificados con facilidad, en caso que alguno cometa algún acto ilícito. - Dijo el alcalde. - De esa manera, oficialmente declaro a París como la ciudad más protegida de los mutantes.

- ¡Los mutantes son personas como todos! - Gritó alguien en el público.

- ¡Esa ley es para protegernos! - Gritó alguien en respuesta.

Una discusión acalorada comenzó entre ambos bandos, y entre ellos, se podía ver a Nadja Chamack frente a una cámara, informando lo que estaba pasando.

- Tras la declaración del alcalde Bourgeois, podemos notar una creciente polémica en cuanto a la ley, y personas de todas las edades se han reunido a expresar sus opiniones. - Dijo Nadja ante la cámara. - Ahora, pasemos a ver qué tienen que decir los ciudadanos de nuestra ciudad.

En ese momento, Nadja y su camarógrafo comenzaron a caminar, buscando a alguien a quien entrevistar, encontrando rápidamente a un grupo de estudiantes del Colegio Françoise Dupont, compuesto por Juleka y Luka Couffaine, Alix Kubdel, Alya Césaire, Mary Jane Watson, Harry Osborn y Nino Lahiffe, quienes estaban protestando contra el registro, los cuales estaban discutiendo con otro grupo de estudiantes del mismo colegio, siendo éstos últimos Max Kanté y su amigo robot Markov, Mylène Hapréle y su novio Iván Bruel, Rose Lavillant, Nathanaël Kurtzberg y Lê Chién Kim.

- Disculpen, chicos, ¿podrían darnos su opinión acerca de la nueva ley? - Preguntó Nadja.

- Claro que sí, Nadja. - Dijo Alya. - La nueva ley es una clara falta de respeto a los mutantes, quienes sólo son personas diferentes que requieren de nuestro apoyo y nuestra comprensión.

- Eso es lo que tú crees, Alya. - Dijo Kim. - ¿Por qué defienden a esos anormales?

- Porque son personas como tú y yo, Kim. - Espetó Alix.

- Te equivocas, hasta ahora yo no he conocido a un mutante que sea tan cabeza hueca como Kim. - Aclaró Mary Jane.

- Aunque así sea, hay un 90% de probabilidades que un mutante hiera a personas inocentes por no saber controlar sus habilidades. - Dijo Max.

- Sí, pero en lugar de etiquetarlos y segregarlos, deberíamos apoyarlos e intentar ayudarlos a controlar sus poderes. - Dijo Alya.

- Exacto, como lo hace el tal Xavier con su escuela. - Dijo Harry.

- ¿Y qué hay de los mutantes malos? ¿Quién nos asegura que los mutantes no son malos? - Preguntó Mylène.

- Mylène, como todos, los mutantes son personas, y siempre habrá quienes sean malos, pero eso no significa que todos lo sean. - Dijo Juleka.

- Sí, pero eso no los hace menos raros. - Dijo Kim.

- ¿Raros? - Rugió una voz sobre la muchedumbre.

De repente, cundió el pánico entre la multitud, pero todos ellos fueron prontamente acorralados por el infame grupo de mutantes radicales que se hacía llamar la Hermandad.

Por otro lado, la multitud se vio forzada a mirar al frente y ver cómo su alcalde era levantado del suelo por el líder de la Hermandad, quien flotaba un par de metros sobre el suelo, junto a una chica que los estudiantes del Colegio Françoise Dupont reconocieron de inmediato.

- ¿Sabrina? - Dijeron los estudiantes.

- ¡Aléjate de mi hija, engendro del mal! - Ordenó el Comandante Raincomprix mientras apuntaba su arma a Magneto.

Magneto sonrió con malicia, luego hizo un ademán para destruir el arma del Comandante Raincomprix con facilidad y luego usar un par de varillas de metal para restringir sus brazos y piernas, mientras obligaba a los camarógrafos a enfocarlo a él, Sabrina y al alcalde.

- Humanos del mundo, me dirijo a ustedes con un mensaje de parte de todos nuestros hermanos mutantes. - Dijo Magneto. - Ustedes nos han degradado por mucho tiempo, y su absurda ley no es más que otro de sus patéticos intentos por controlarnos. Pero no pueden, cada uno de nosotros es mucho más fuerte que todos ustedes, así que háganse un favor y ríndanse ante los Homo Superior, pues la Tierra es nuestra y la reclamación ha empezado.

Con eso dicho, Magneto aplastó las cámaras y se giró mientras la Hermandad iba cercando más y más a la muchedumbre. Entre tanto, Roger Raincomprix había logrado rodar en el suelo cerca de su hija, quien miraba a la Hermandad rodeando a sus compañeros de clase.

- Sabrina, ¿qué estás haciendo con esos raros? - Preguntó el Comandante a su hija.

- ¡No te atrevas a llamarlos raros, padre, pues yo soy uno de ellos! - Espetó Sabrina. - Y ya no soy Sabrina, mi nombre es Mentality.

En ese momento, varias barras de metal arrancadas de diversos sitios formaron una jaula alrededor de los humanos, haciendo que todos los miembros de la Hermandad, incluida Sabrina, autorenombrada Mentality, rieran ante el infortunio de la muchedumbre.

Entre tanto, Adrien Agreste miraba la televisión sintiéndose sobresaltado gracias a la aparición de Magneto y el hecho de que sus amigos estuvieran en peligro.

- Ok, esto sí es malo, tanto que ni siquiera puedo sentirme indiferente a esto... - Jadeó Plaga.

- Sí, pero no vamos a dejar que Magneto y sus fanáticos lastimen a las personas inocentes... - Dijo Adrien mientras intentaba ponerse de pie.

- Tienes que hacerlo rápido, Adrien, o terminaremos muertos...

- No te preocupes por ello, Plaga, lo haré. ¡Plaga, las garras!


(Más tarde)


- ¿Ustedes querían encerrarnos, no es así? - Preguntó Sapo a los humanos encerrados con un tono de burla. - Pero ahora ustedes son los que están encerrados como si fueran animales.

- Me das asco. - Espetó Mary Jane. - Y no por ser mutante o la persona más repugnante del mundo, ¡sino por ser uno de los motivos de que haya personas como el alcalde Bourgeois!

- ¡Sí, muchos de nosotros estábamos en contra de esa ley! - Agregó Alya.

- ¡A callar! - Rugió Dientes de Sable. - Todos los humanos son iguales, todos ustedes se creen superiores, pero no son nada más que una plaga que pronto eliminaremos de la faz de la Tierra.

- ¡No si estoy aquí para evitarlo! - Gritó una voz conocida para los parisinos.

De repente, Dientes de Sable saltó a un lado y esquivó una patada, sin embargo, Sapo no fue tan afortunado por lo que el recién llegado Chat Noir logró extender su vara rápidamente y darle un poderoso golpe en el estómago con uno de los extremos de su arma.

Para su desgracia, Chat Noir fue prontamente enviado al suelo por una patada de una mujer de piel azul con apariencia escamosa y cabello rojo, quien usaba un entallado traje, botas y guantes, todos de color blanco.

- Vaya, vaya, pero si es uno de los fracasados que intenta emular el poder de los mutantes. - Dijo Mystique mientras mantenía a Chat Noir en el suelo con su bota.

- Prefiero ser un fracasado que ser un asqueroso mutante... - Jadeó Chat Noir.

Mystique gruñó ante las palabras de Chat Noir, luego el héroe sintió que el suelo se estremecía y fue puesto de cabeza por la pierna, por un hombre masivo quien usaba un traje rojo con un casco, manoplas y botas de metal, el cual era comparable con Hulk en tamaño.

- Pues ahora en vez de ser fracasado, serás un cadáver. - Gruñó Juggernaut.

- Ok... en serio odio la mala suerte... - Dijo Chat Noir mientras jadeaba con dificultad.

Juggernaut tomó a Chat Noir entre sus dos gigantescas manos con la intención de partir al héroe a la mitad, mientras Chat Noir veía la futilidad de siquiera intentar escapar del poderoso agarre del esbirro de Magneto, sin embargo, en ese momento, un poco de telaraña cegó al gigante momentáneamente, después una chica con un traje rojo con motas negras amarró las piernas y los brazos de Juggernaut, al mismo tiempo que un chico con un traje rojo y azul le daba una poderosa patada doble al pecho, logrando derribar a la mole humana y liberar a Chat Noir mientras Dientes de Sable y Mystique se preparaban para pelear.

- Veo que llegamos justo a tiempo, gatito. - Dijo Spider-Man.

- Gracias, les debo una. - Dijo Chat Noir.

- En realidad nos debes quince, pero ¿quién lleva la cuenta, no? - Dijo Ladybug con una sonrisa.

- Bien. - Dijo Dientes de Sable. - Spider-Man... te estábamos esperando.

- Qué lindos son, armaron toda una fiesta para mí solo. - Dijo Spider-Man.

- No te sobreestimes, insecto, ésto es para enseñarle una lección a todos esos débiles humanos. - Dijo Mystique.

- ¿Una lección sobre cómo ellos tienen la razón en decir que los mutantes son peligrosos? Porque con estupideces como las que están haciendo, le están dando la razón a extremistas como el alcalde Bourgeois.

- Ahora, liberen a esas personas antes que tengamos que enseñarles una lección. - Dijo Ladybug mientras ella y sus compañeros entraban en posición de combate.

- No sé si lo hayas notado, niñita, pero no están en posición de hacer demandas. - Dijo Sapo con una sonrisa siniestra.

En ese momento, los mutantes Blob, Pyro y Psylocke rodearon a los tres héroes de París, todos ellos teniendo sonrisas malignas en sus rostros.

- Están acabados. - Dijo Juggernaut.

- Yo no estaría tan seguro de eso, amigo... - Gruñó una voz rasposa.

De repente, un sonido similar a snikt fue escuchado, seguido por un rugido. Luego, un hombre de corta estatura quien vestía traje amarillo y azul tacleó a Dientes de Sable y le clavó sus garras en el pecho, ante el conmocionado rostro de Ladybug y Chat Noir.

Casi de inmediato, Juggernaut intentó cargar contra el nuevo enemigo, pero fue detenido por un hombre completamente hecho de metal, quien le cayó encima; seguido por un torrente de hielo que Pyro bloqueó con un escudo de fuego, acompañado por un torrente de llamas que Psylocke desvió con sus poderes.

Mientras el mutante que atacaba salvajemente a Dientes de Sable lograba patearlo con fuerza contra una de las ventanas del ayuntamiento, Mystique retrocedió al ser atacada por un mutante de piel y pelaje color azul. Por otro lado, Chat Noir arremetió contra Sapo, tomándolo por la lengua para azotarlo contra el suelo con todas sus fuerzas, antes que pudiera usarla para atacar a Ladybug, mientras Ladybug bloqueaba un par de objetos que Juggernaut le lanzó antes que Coloso lo tacleara, y mientras Spider-Man se las ingeniaba para esquivar los ataques de Blob y lograr conectar un par de poderosos puñetazos a su cara, los cuales lograron hacerlo trastabillar.

Pocos segundos después, el mutante supuestamente inamovible cayó inconsciente al suelo, seguido por Sapo y Psylocke, mientras Dientes de Sable, Mystique y Pyro lograban escapar de sus agresores para reagruparse y contraatacar a los recién llegados, al mismo tiempo que Juggernaut arrojaba a su atacante lejos de él, siguiendo a sus compañeros a regañadientes.

Mientras tanto, Spider-Man sonrió al ver varios rostros conocidos frente a él, mientras Ladybug y Chat Noir no bajaban la guardia.

- Veo que has vuelto a meterte en un embrollo más grande de lo que puedes manejar, Araña. - Dijo una chica envuelta en llamas con un traje amarillo y rojo.

- ¿Qué puedo decir? Los problemas simplemente me encuentran. - Rió Spider-Man. - Es un gusto verlos a todos de nuevo, aunque creo que no es coincidencia que ustedes estén en París, ¿me equivoco?

- Estarías en lo correcto. - Dijo el hombre de piel y pelo azulados. - Vinimos por dos razones, la presencia de mutantes jóvenes y para darte esto.

En ese momento, el hombre le entregó una caja metálica a Spider-Man, quien la abrió y vio un inyector, tres agujas esterilizadas y tres cápsulas con un fluido rosa.

- ¿Qué es esto? - Preguntó Spider-Man.

- Es un remedio para los dolores que sienten cuando se transforman. - Explicó el hombre. - Lamentablemente, el efecto no durará mucho, pero esperamos que sea el tiempo suficiente para que Stark y los demás hallen la cura.

- Tengo que explicarle a K.A.R.E.N. cómo reconocer cuando algo es un secreto, otra vez... - Suspiró Spider-Man. - Gracias, Dr. McCoy.

- Sabes que puedes llamarme Hank. - Replicó el mutante con una sonrisa.

- Un momento... - Dijo Ladybug. - ¿Él es el Dr. McCoy del que hablabas?

- Sí, y quienes los acompañan son mis amigos, los X-Men. - Dijo Spider-Man alegremente. - Ellos son Coloso, Wolverine, Bestia, y mis sorprendentes amigos, Iceman y Firestar.

- ¡Deja de llamarnos así! - Espetaron Iceman y Firestar.

- Pero... son... - Dijo Chat Noir.

En ese momento, algo hirvió dentro de Spider-Man, incitado por la conversación que había tenido anteriormente como Peter Parker con sus amigos Marinette y Adrien.

- No te atrevas a terminar esa frase. - Advirtió Spider-Man. - Sí, son mutantes, ¿y qué? Ellos son buenos, me han ayudado muchas veces y ahora vienen a ayudarnos.

- Es que no puedo... - Dijo Ladybug.

- Increíble... ¿en serio van a dejar que sus estúpidos prejuicios los hagan negar la ayuda que en serio necesitamos?

- Spidey, cálmate. - Espetó Firestar. - Si no quieren nuestra ayuda, no importa, sabes que estamos acostumbrados a eso.

- Pues no deberían, Firestar. - Dijo el héroe arácnido antes de voltear a ver a sus compañeros.

Spider-Man suspiró, tomó el inyector, una cápsula y una aguja para inyectarse el fluido rosa, gruñendo un poco, luego volvió a poner el inyector en la caja y se lo dio de mala gana a Ladybug.

- Úsenlo si quieren, pero antes de que se vayan, liberen a estas personas, yo me voy con mis amigos a pelear contra Magneto. - Dijo Spider-Man.

- Entonces estaré feliz de cumplir tu deseo, Spider-Man. - Dijo la voz de Magneto.

Casi de inmediato, todos voltearon hacia la alcaldía, viendo a Magneto levitar mientras la Bruja Escarlata, Mystique, Juggernaut, Pyro y Dientes de Sable los rodeaban, sin contar que Blob, Psylocke y Sapo estaban levantándose y fulminando con ira asesina a los X-Men y los héroes de París.

- Veo que Charles envió a sus perros de ataque, pero me decepciona no poder ver a mi viejo amigo. - Dijo Magneto. - Aunque tal vez sea lo mejor, odiaría tener que matarlos enfrente de él.

- Puedes intentarlo, Magneto, ambos sabemos que no pasará. - Dijo Wolverine mientras volvía a sacar sus garras.

- Sigues sin aprender que tú, menos que nadie, puede vencerme, Wolverine.

- Como sea, Magneto, Garras tiene un punto, no te saldrás con la tuya. - Espetó Spider-Man.

- Yo creo que sí.

Con eso dicho, Magneto chasqueó los dedos, sin embargo, a pesar de esperar que la Hermandad de Mutantes se lanzara al ataque contra ellos, los villanos sólo sonrieron.

Antes que los héroes pudieran darse cuenta del plan de Magneto, una fuerza invisible tomó el yoyo de Ladybug y lo usó para amarrar a la chica del traje moteado junto a Bestia, mientras algo le arrebataba la vara a Chat Noir de las manos y la usaba como palanca para derribar a Coloso, haciéndolo caer sobre Wolverine. Un segundo después, el resto de los X-Men, Spider-Man y Chat Noir fueron enviados hacia atrás por varios puñetazos que les llegaron de la nada.

Sin embargo, gracias a ésto, todos pudieron darse cuenta de qué estaba pasando.

- Quicksilver... - Gruñeron Firestar y Iceman.

- Spidey, ¿qué demonios es Quicksilver? - Preguntó Chat Noir.

- Un mutante hijo de Magneto... el hombre más veloz que existe... - Gruñó Spider-Man mientras todos se ponían de pie.

- Pero puedes atraparlo, ¿no? Digo, tú también corres rápido... - Jadeó Ladybug mientras intentaba retraer su yoyo.

- ¿Bromeas? Apenas puedo correr a poco menos de 322 kilómetros por hora, Quicksilver es al menos tres veces más rápido que yo.

- De hecho, soy cuatro veces más rápido, trepamuros... - Dijo una voz joven y burlona.

En ese momento, los héroes se dieron la vuelta para encarar a un chico de unos dieciocho años de edad quien tenía cabello plateado y usaba un traje azul con una especie de rayo de color blanco sobre el pecho.

- ¡Ya te vencí una vez! ¡Puedo volver a hacerlo! ¡Y todavía no llegas a cuatro, haz los cálculos! - Espetó Spider-Man.

- Puedes intentarlo, pero no creo que tengas éxito.

Con eso dicho, Quicksilver desapareció en un abrir y cerrar de ojos, cosa que hizo que los X-Men y los protectores de París se pusieran de espaldas uno contra el otro, sin embargo los héroes fueron derribados de nuevo.

Mientras tanto, Quicksilver miraba con malicia a los héroes prácticamente vencidos. Decidiendo acabar de una vez por todas con ellos, él corrió hacia la cima de la alcaldía para tomar la bandera y partir el asta para crear una especie de lanza, luego volvió a los héroes con la intención de acabar con Ladybug, pero justo antes de eso, el velocista fue interceptado por algo que lo golpeó en el costado e hizo que se tropezara y cayera al suelo, rodando varios metros hasta estrellarse de cara contra un auto, quedando bastante aturdido.

La Hermandad y los héroes soltaron un gritito ahogado al ver lo que había pasado, quedando atónitos al ver quién había detenido a Quicksilver. Sobre todo los alumnos del Colegio Françoise Dupont.

La persona que había detenido a Quicksilver había sido Alix Kubdel.

- Clamas ser el tipo más veloz que existe, ¿no? - Espetó Alix. - ¿Por qué no intentas meterte con alguien tan veloz como tú?

- Así que a ella estábamos buscando... - Dijo Iceman mientras se ponía de pie.

- Pero vinimos por varios chicos... - Dijo Firestar.

- ¿Desde cuando...? - Preguntó Ladybug.

- Desde hace un par de semanas. Estaba patinando y al aumentar mi velocidad, me moví más rápido que los autos. - Explicó Alix. - Mi papá y mi hermano me dijeron que no debía usar mis poderes porque ser mutante era malo, que debía esconderme por miedo a lo que pudieran llegar a pensar de mí, pero ahora que sé que puedo ayudar, no pienso esconderme más.

- Bien, ¿quieres una carrera, niña? ¡Intenta alcanzarme! - Dijo Quicksilver.

Con eso dicho, el mutante de traje azul se puso de pie e intentó golpear a Alix, pero la chica pudo hacerse a un lado y dejar que Quicksilver pasara de largo y siguiera corriendo hasta salir de su vista.

Mientras tanto, durante el segundo que le tomó a Quicksilver intentar atacar a Alix y que ésta lo esquivara, por azares del destino, Sapo miró a la jaula que Magneto había hecho y vio que estaba vacía.

- ¡¿Dónde están los humanos?! - Preguntó Sapo.

- ¡Lo que deberías preguntar es dónde está el hospital! - Gritó una voz distorsionada.

De repente varios rayos repulsores impactaron contra los miembros de la Hermandad, derribándolos. Segundos después, American Son hizo un aterrizaje de superhéroe junto a Spider-Man.

- Hola, cabeza de lata. - Dijo Chat Noir.

- Ustedes son sumamente ilusos. - Dijo Magneto. - Otro hombre de metal sólo servirá para usarlo contra ustedes.

Con eso dicho, Magneto levantó su mano e hizo un ademán, forzando a American Son a levantarse y apuntar sus repulsores contra Spider-Man, mientras gruñía tratando de recuperar el control.

Sin embargo, dentro de la armadura, Harry Osborn no podía evitar reír por lo bajo mientras le seguía el juego a Magneto.

Ladybug y Chat Noir sacaron sus armas y se prepararon para el combate, pero Spider-Man simplemente sonrió al no sentir que su Sentido Arácnido se activara.

Magneto sonrió e hizo otro ademán, esperando activar los rayos repulsores de American Son, sin embargo, éste mentalmente abrió unos compartimentos en su espalda y disparó dos micro-misiles contra Magneto, tomándolo por sorpresa y derribándolo.

- ¡¿Cómo es posible?! - Exclamó Magneto. - ¡Yo soy el Maestro del Magnetismo!

- Tal vez así es, pero tus poderes funcionan de una forma bastante simple y predecible. - Dijo American Son. - Sólo puedes usar un tipo de ondas magnéticas a la vez, así que si mi traje emite las ondas magnéticas contrarias, me vuelvo inmune a tí.

- Simple pero muy efectivo. - Dijo Spider-Man. - Buen trabajo, American Son.

- Sí, nada mal para ser tu segunda salida heróica. - Dijo Ladybug.

- Y tienes puntos extras por salvarnos. - Añadió Chat Noir.

Sin embargo, el momento de celebración fue interrumpido de repente por una figura, la cual golpeó a los héroes y los hizo caer al suelo.

- No celebren tan pronto, tal vez detuvieron a mi padre, pero jamás me detendrán a mí. - Espetó Quicksilver.

Quicksilver salió corriendo de nuevo, haciendo que Alix lo mirara con furia.

- Voy tras él. - Dijo Alix.

- ¡Espera, Alix, no! - Trató de decir Ladybug.

Alix salió corriendo antes de que Ladybug terminara de hablar, y en cuanto la chica desapareció de vista, la Hermandad de Mutantes se lanzó al ataque.

Mientras tanto, Alix corría con todas sus fuerzas tras Quicksilver, pero ésta no era lo suficientemente rápida para alcanzarlo. Por otro lado, Quicksilver estaba riendo mientras jugueteaba con la niña, manteniendo una distancia considerable entre ellos con apenas el 70% de su velocidad máxima.

- ¿No decías que podías alcanzarme? - Rió Quicksilver.

- ¡Ya verás! - Gritó Alix.

La chica frunció el ceño y apresuró el paso, logrando acortar la distancia entre ambos, a lo que Quicksilver respondió deteniéndose de repente para hacerle una zancadilla a Alix, provocando que la niña terminara cayendo y rodando por el suelo hasta estrellarse de mala manera contra un auto.

- Niña, en serio eres veloz, pero yo soy mucho más rápido de lo que tú jamás serás. - Dijo Quicksilver con una sonrisa burlona.

- ¡Eso ya lo veremos! - Gritó Alix.

Dicho esto, Alix se levantó y ambos velocistas salieron corriendo de nuevo.

Mientras tanto, de vuelta a la pelea frente al ayuntamiento, Firestar se encontraba peleando con Pyro, teniendo una clara ventaja sobre él al poder volar, Bestia lograba escapar de los ataques de Blob, Wolverine y Dientes de Sable estaban peleando con su usual salvajismo, Bruja Escarlata y American Son se encontraban lanzándose rayos mutuamente, Sapo y Chat Noir estaban enzarzados en un combate, Juggernaut y Coloso seguían intercambiando golpes, Mystique tenía a Ladybug a la defensiva con ataques rápidos y acrobáticos que la joven heroína apenas podía bloquear o esquivar, Psylocke trataba de mantener lejos de ella a Iceman, y Spider-Man trataba de acercarse a Magneto pero éste último lograba mantenerlo lejos usando sus poderes para lanzar varios objetos de metal, los cuales eran esquivados por el trepamuros con algo de dificultad.

- ¡Tal vez ya no pueda controlarte como la última vez, Spider-Man, pero aún así no me derrotarás! - Gritó Magneto antes de lanzar un coche contra Spider-Man.

- ¡Los tipos malos siempre me dicen eso pero siempre los derroto, tarde o temprano, Magneto! - Espetó Spider-Man mientras esquivaba el auto. - ¡Aún sin mis lanza-redes originales o mi cinturón de utilidad!

Tras esquivar el auto, Spider-Man disparó dos líneas de telaraña contra Magneto y se propulsó contra el villano con ellas, logrando patearlo en el pecho y hacer que se estrellara de espaldas contra la alcaldía.

Mientras tanto, no muy lejos de ahí, Mary Jane Watson y Alya Césaire estaban tratando de encontrar la forma de escapar de la alcaldía, al mismo tiempo que la chica de lentes filmaba toda la acción con su celular, mientras una cierta rubia no paraba de quejarse sobre el ataque de la Hermandad, y cómo los X-Men y los héroes de París no podían detener a Magneto y sus esbirros.

- ¡¿Por qué Ladybug y sus ayudantes aún no ganan?! - Se quejó Chloé.

- ¡¿Quieres callarte de una buena vez?! - Espetó Mary Jane a Chloé. - ¡Tus berridos no ayudan en nada!

- Apoyo a MJ, si no vas a proponer alguna manera milagrosa de salir de este lugar, cállate. - Dijo Alya mientras seguía filmando a los héroes.

- Yo tengo una idea, todos pueden irse en paz, si me entregan a Chloé y a Mary Jane. - Dijo una voz detrás de la multitud.

La multitud soltó un gritito ahogado y se separó a la mitad, donde Mentality miraba a Chloé y Mary Jane con una sonrisa malévola.

Segundos después, Mentality levantó su mano hacia la rubia y la pelirroja y ambas comenzaron a levitar, haciendo que Chloé soltara un grito de sorpresa y miedo mientras Mary Jane gruñía e intentaba liberarse.

- ¡Déjame ir, Sabrina! - Rogó Chloé.

- ¡¿Qué planeas hacer, Sabrina?! - Demandó Mary Jane.

- ¡Ya no soy Sabrina! ¡Ese era mi nombre de humana, ahora soy mucho más que eso! - Dijo Mentality.

- ¡Pues a mi parecer aún tienes un complejo de inferioridad que intentas combatir con violencia injustificada contra mí y la rubia pelos de elote!

- Injustificada... ¡¿INJUSTIFICADA?! - Bramó Mentality. - ¡¿En serio crees que es injustificada?!

- Al menos contra mí sí, yo no te he hecho nada.

- ¡Tú fuiste la que hizo que Chloé se enfadara! ¡Tú provocaste que ella tuviera su frenesí de compras y que ella me usara como burro de carga, y que terminara tirando y destruyendo sus compras!

- Vaya, eso sí que no tiene sentido. Digo, no puedes culpar a otras personas por las acciones que ciertas personas toman en tu contra, y menos cuando esa cierta persona trata como basura a otros aún sin provocaciones.

- ¡Oye, no es mi culpa que los mutantes y las demás personas estén debajo de mi nivel! - Espetó Chloé.

- ¡No estás ayudando, tarada!

- ¡Ya cállense las dos! - Espetó Mentality. - No me importa, ustedes dos van a pagar por lo que me pasó...

- Ya basta, Sabrina. - Espetó Alya.

- ¡No! ¡Estoy harta de que me manipulen y me controlen como si fuera un títere! ¡A partir de ahora haré lo que yo quiera!

- ¿Entonces es por eso que te dejas manipular por Magneto? - Espetó Mary Jane.

- ¡Magneto me liberó!

- ¡Abre los ojos, Sabrina! ¡Magneto está loco, sólo los está usando...!

Antes que Mary Jane pudiera articular otra palabra, tanto ella como Chloé sintieron una poderosa presión alrededor de sus cuellos, la cual iba aumentando gradualmente y les iba cortando lentamente el suministro de oxígeno, y pocos segundos después, Chloé y MJ abrieron los ojos al notar que Sabrina estaba cerrando su mano.

- Ya me cansé de escucharte, me desharé de ustedes y de cualquiera de ustedes que intente... - Intentó decir Mentality.

En ese momento, Mentality recibió un fuerte golpe en el estómago que la hizo trastabillar y soltar a sus víctimas, quienes jadearon pesadamente para recuperar el oxígeno que habían perdido. Por otro lado, Mentality rugió mientras se limpiaba la mancha de sangre que el golpe le había causado y miró hacia todos lados, pero no encontró a nadie.

- ¡¿Quién está ahí?! - Espetó Mentality.

- Muy pronto lo sabrás... - Respondió una voz que Mentality conocía pero no podía identificar.

De repente, Mentality recibió otro golpe y poco después, una especie de látigo de color negro le hizo una especie de zancadilla y la hizo caer de espaldas. Ante esto, Mentality gritó, causando una onda expansiva que mandó a volar a todas las personas cercanas, logrando revelar a una pelinegra con mechones de color violeta justo frente a la mutante.

- Juleka... - Gruñó Mentality.

- ¿Qué demonios...? - Preguntó Alya.

- También soy mutante. - Espetó Juleka mientras se ponía de pie. - Y tal como Alix, si puedo ayudar, no pienso esconderme más...

Mentality gruñó e intentó atrapar a Juleka con su telequinesis, pero ésta esquivó el ataque, mientras hacía un par de ademanes con sus manos, haciendo que varios tentáculos negros aparecieran de las sombras, para volver a atacar a Mentality, mientras esta hacía levitar varios objetos para contraatacar y defenderse.

Mientras tanto, Alix y Quicksilver seguían con su carrera por toda París. Sin embargo, la joven mutante ya se estaba cansando de escuchar los comentarios mordaces y burlones de Quicksilver, puesto que ella era considerablemente más lenta que él. Por ende, aunque desde un inicio ella sabía que no era lo suficientemente rápida para alcanzarlo y su plan nunca había sido derrotarlo o atraparlo, sino mantenerlo alejado de los otros héroes, ahora se había vuelto personal, dado que cada comentario le recordaba a los que solía hacer Kim a diario. Y como tal, ella iba a asegurarse de callarle la boca al mutante más veloz del mundo.

Pero por más rápido que corriera, ella no era lo suficientemente rápida para alcanzar a Quicksilver.

- ¡Vamos, niña! ¡Al menos mantenme entretenido! - Espetó Quicksilver.

"Quiero cerrarle la boca a ese idiota, pero ¿cómo? Con Kim fue fácil porque estaba usando mis patines, pero ésto es totalmente diferente..." Pensó Alix mientras seguía corriendo tras Quicksilver. "Un momento... ¡eso es! ¡Mis patines!"

Alix sonrió maliciosamente durante un segundo, luego se desvió un momento para ir al Louvre, a la parte donde habitaba su familia, mientras Quicksilver reía a carcajadas.

- ¡Ja, al fin se dio por vencida! Pero bueno, no puedo culparla, simplemente soy inalcanzable. - Rió Quicksilver. - Hora de volver y acabar con ese insecto y sus amigos...

Quicksilver derrapó un momento y se dirigió de vuelta al ayuntamiento, pero una calle antes de eso, Quicksilver fue golpeado en la cara y enviado a estrellarse contra un muro, luego Quicksilver escuchó una carcajada y vio cómo la chica que había estado persiguiéndolo ahora estaba usando casco, coderas, rodilleras y patines, pero lo peor de todo era que estaba sonriendo.

- ¿Qué ocurre, Quicksilver? ¿Acaso no lo viste venir? - Rió Alix.

El mutante gruñó y se puso de pie con un salto, intentando golpear a la chica, pero ésta reaccionó a tiempo y se deslizó fuera de su alcance para luego avanzar de nuevo contra Quicksilver y empujarlo de nuevo contra el muro.

Pietro Maximoff gruñó de nuevo y corrió tras Alix, quien volvió a esquivarlo y empezó a guiarlo lejos de la alcaldía.

Mientras tanto, a pesar de lo ridículo de las habilidades de Sapo, éste último lograba mantener a raya a Chat Noir, saltando y dando piruetas, al mismo tiempo que intentaba atacarlo con su lengua, pero para fortuna suya, la agilidad y velocidad que le proporcionaba su Miraculous era más que suficiente para mantener a Sapo a raya. Por otro lado, Mystique tenía contra las cuerdas a Ladybug, puesto que si bien ambas tenían la misma fuerza, agilidad y velocidad, la mutante era una combatiente experta y si bien la chica parisina era buena, no estaba a la altura de Mystique.

Por lo tanto, la mutante logró patear a Ladybug y enviarla al suelo, pero antes que Mystique pudiera tener un momento para volver a atacar, Sapo le cayó encima, tras ser lanzado por Chat Noir.

Segundos después, Chat Noir ayudó a Ladybug a ponerse de pie mientras Mystique arrojaba a Sapo lejos de ella para levantarse de un salto, haciendo que el mutante menospreciado la imitara poco después y le dirigiera una mirada de pocos amigos.

- ¡No importa lo que hagan, están perdidos! - Dijo Sapo.

- Miren a su alrededor, casi están vencidos. - Espetó Chat Noir.

- Seguimos teniendo los números a nuestro favor, con nuestra miembro más reciente. - Dijo Mystique con una sonrisa maliciosa.

De repente, una chica de cabello negro con unos mechones morados salió disparada por las puertas del ayuntamiento, rodó un par de metros y cayó de bruces al suelo, luego por puro instinto de supervivencia, la chica rodó en el suelo para esquivar un escritorio que casi la aplasta.

- ¡No lograrás derrotarme, Juleka! - Espetó Mentality. - ¡Por más invisible que seas, no podrás ni siquiera tocarme!

- ¡Sabrina, por favor, detente! - Espetó el Comandante Raincomprix mientras se las arreglaba para liberarse de la varilla de metal que lo retenía. - ¡Tú no eres así! ¡Magneto es un lunático!

- ¡Déjame en paz, padre!

El Comandante Raincomprix corrió hacia su hija y la abrazó fuertemente, haciendo que la chica sintiera un remolino de emociones formándose dentro de ella. Mientras tanto, Magneto miró a Mentality siendo abrazada por su padre, lo cual lo enfadó pues podía notar cómo la chica empezaba a dudar sobre los ideales que Magneto le había enseñado.

- ¡Basta! - Espetó Magneto antes de usar unos cables para atar a Spider-Man.

Magneto gruñó y levantó al padre de Mentality con sus poderes, usando sus variados artefactos de metal, después el maestro del magnetismo atrajo las varillas de metal que había usando anteriormente para restringir al Comandante Raincomprix, y las enrrolló alrededor del oficial, apretándose lentamente hasta el punto de sentir que sus huesos iban a comenzar a quebrarse.

Roger Raincomprix no pudo evitar soltar un grito de dolor mientras Magneto lo torturaba, cosa que atrajo la atención de todos los presentes.

Chat Noir y Ladybug intentaron atacar a Magneto, pero justo cuando se lo propusieron, ambos volvieron a sentir el punzante dolor en sus cuerpos recorriendo sus seres, forzándolos a caer de rodillas al suelo, mientras Sapo y Mystique se acercaban a ellos para terminar con su sufrimiento.

Sapo saltó contra una pared y la usó para propulsarse contra Chat Noir, dándole una fortísima patada doble en la espalda, la cual lo hizo caer de bruces al suelo, mientras el héroe rubio gritaba de dolor. Tras eso, Ladybug intentó atacar a Sapo con su yoyo, pero fue detenida por una poderosa patada por parte de Mystique, la cual la hizo caer de espaldas, le rompió la nariz y la hizo sentir un sabor a cobre en la boca.

Momentos después, Sapo aterrizó sobre la espalda de Chat Noir, lastimando más al héroe mientras tomaba su cabeza con sus manos con la intención de romperle el cuello; por otro lado, Mystique se acercó a Ladybug y le pateó las costillas, para luego silenciarla presionando el tacón de su bota contra su garganta.

En ese momento, Ladybug y Chat Noir se sintieron aterrados.

Desde que Spider-Man había entrado a sus vidas, ellos habían estado al borde de la muerte en más de una ocasión, y debido a las condiciones en las que estaban, ellos sintieron que ese sería su fin.

Sin embargo, antes que los miembros de la Hermandad pudieran acabar con ellos, una figura saltó detrás Sapo y le hizo varios cortes profundos en la espalda para luego darle una poderosa patada de mula, alejando al mutante de piel verdosa de Chat Noir mientras gritaba de dolor y distrayendo a la mutante de piel azul en el proceso. Instantes antes que Mystique pudiera ver a detalle al atacante de Sapo, ella recibió una fuerte patada en el rostro, la cual le tiró dos dientes y la hizo caer al suelo, aturdida.

Ladybug sólo escuchó un poco de la conmoción, seguida por un súbito alivio al dejar de sentir la presión del tacón de Mystique en su garganta, después sintió cómo alguien se acercaba a ella y le clavaba una aguja en el brazo, cosa que apenas si notó debido al intenso dolor que recorría su ser. Pero para su alivio, el dolor empezó a desaparecer y su cuerpo comenzó a responder de forma normal, por lo que la heroína levantó su cabeza un poco y vió un borrón negro inyectando el líquido que Bestia le había dado a Spider-Man, en el brazo de Chat Noir.

Ladybug parpadeó un par de veces y su vista se aclaró lo suficiente para notar que aquella figura negruzca era una chica de cabello blanco que estaba usando un traje negro. Después notó que la chica le sonrió, le guiñó un ojo e hizo un gesto de despedida, para luego saltar a la azotea de la alcaldía y salir corriendo hasta perderse de vista.

Tras eso, Ladybug y Chat Noir se pusieron de pie con un salto y se limpiaron los hilillos de sangre que salían por las comisuras de sus bocas, luego tomaron sus armas y aprovecharon que Sapo y Mystique seguían aturdidos por el ataque de la chica misteriosa, para retomar su pelea, esperando acabarla pronto.

Mientras tanto, Magneto siguió apretando la varilla alrededor del hombre, quien empezó a gritar, haciendo que Mentality se acercara a Magneto y se aferrara a su bota de un modo suplicante, distrayendo al líder de la Hermandad de Mutantes.

- ¡Por favor, déjalo! ¡Él no los molestará más, sólo déjalo! - Rogó Mentality.

- ¡No! - Rugió Magneto. - ¡Esto se acaba aquí! ¡Este humano será ejemplo de lo que pasará si los demás humanos intentan enfrentarnos!

- ¡Pero es mi padre!

- ¡Es un humano! ¡Todos ellos deben ser eliminados!

- ¡Magneto, te lo suplico! ¡Él no es una amenaza!

- ¡Todos los humanos son amenazas!

Magneto cerró su mano y la varilla se cerró aún más alrededor del cuerpo de Roger Raincomprix, provocando un desagradable sonido de huesos quebrándose, acompañado por los gritos de agonía del oficial.

Mientras tanto, Spider-Man logró romper los cables que lo retenían y se preparó para lanzarse contra Magneto, pero antes de hacerlo, los restos del escritorio que anteriormente casi había aplastado a Juleka, fueron lanzados contra Magneto.

El Maestro del Magnetismo se giró y soltó al Comandante Raincomprix para ver a Mentality fulminándolo con la mirada.

- ¡¿Cómo te atreves?! - Rugió Magneto.

- ¡Ellos tenían razón, tú eres un demente! ¡Hablas de superioridad mutante pero te rebajas al mismo nivel que los humanos más extremistas! - Replicó Mentality. - Tus lindas palabras me convencieron de seguirte, pero veo que, como es usual, soy una ilusa que no puede ver lo que tiene enfrente...

Dicho eso, Mentality cerró los ojos y formó dos puños, rompiendo la calle detrás de ella, para después levantar varios pedazos de concreto con su telequinesis.

- Y como debí hacerlo cuando ví que Ladybug, Spider-Man y Chat Noir peleaban contra tí, no dejaré que te salgas con la tuya. - Espetó Mentality.

En ese momento, Magneto soltó una carcajada de burla, luego alzó sus brazos y levantó varios vehículos, apuntando todos contra la chica frente a él.

- Es decepcionante ver cómo más y más mutantes son cegados por ideales ilusos, como los de Charles. Pero bueno, no se puede esperar nada de una niña tan patética e insignificante como tú. - Dijo Magneto en un tono burlón.

- ¡No me subestimes, Magneto! - Rugió Mentality mientras levantaba más trozos de concreto.

- ¿En serio crees que una mutante novata como tú puede vencer al Maestro del Magnetismo?

- ¡Ella no está sola, Magneto! - Gritó una voz detrás del líder de la Hermandad.

En ese momento, Magneto recibió una patada de mula en la espalda, la cual lo hizo dejar caer los vehículos y caer de bruces al suelo. Luego, Mentality vio cómo Spider-Man hacía una pirueta en el aire y aterrizaba junto a ella, para luego mirarla y asentir, gesto que ella replicó con una mirada de decisión.

Mientras tanto, con los ataques que habían recibido por la misteriosa chica de cabello blanco, Mystique y Sapo se encontraban en un serio aprieto, pues si bien Chat Noir y Ladybug estaban bastante lastimados, ninguno tenía heridas que les impidieran hacer movimientos sin lastimarse más, ni seguían aturdidos por los golpes recibidos, cosa contraria a los miembros de la Hermandad. Así pues, Chat Noir aprovechó que Sapo ya no podía dar volteretas ni saltos para lanzar una rápida serie de golpes y patadas, acompañadas por varios golpes de su vara, los cuales dejaron aturdido a Sapo el suficiente tiempo para tomar su vara, ponerla bajo el mentón del mutante y extender su arma, golpeando duramente a éste y mandándolo a volar por los aires.

Por otro lado, Ladybug arrojó su yoyo hacia arriba y gritó:

- ¡Amuleto encantado!

Un objeto de color rojo con puntos negros se materializó de la nada, siendo una especie de trapo mojado.

- No podrás vencerme con eso. - Dijo Mystique.

Ladybug simplemente tomó el trapo y se lo arrojó a Mystique a la cara, quien intentó bloquearlo con el brazo, sin saber que eso era lo que buscaba la heroína. Tras eso, Ladybug le lanzó su yoyo y una vez que se amarró al brazo de la mutante, Ladybug dió un salto y aterrizó detrás de Mystique, sobre un poste, luego la chica del traje moteado tiró de la cuerda de su arma, haciendo que Mystique se diera un fuerte golpe en el rostro.

- ¿Por qué te golpeas sola? ¿Por qué te golpeas sola? ¡¿Por qué te golpeas sola?! - Rugió Ladybug, puntuando cada palabra con un tirón de su yoyo.

Tras aturdir aún más a su oponente, Ladybug saltó del poste y le dio un golpe con su talón en la cabeza, dejando inconsciente a Mystique.

Mientras tanto, el momento de unión entre Spider-Man y Mentality duró poco, pues Magneto se levantó de repente y lanzó varios autos contra Spider-Man y Mentality, los cuales fueron detenidos por la chica, quien comenzó a gruñir mientras intentaba evitar que Magneto los aplastar a con los autos. El Maestro del Magnetismo rió y comenzó a cerrar su mano, haciendo que los autos se acercaran más y más a los adolescentes, cosa que hizo que Spider-Man se lanzara contra el líder de la Hermandad. Ante esto, Magneto sonrió con malicia y lanzó un auto contra el desprevenido Spider-Man, golpeándolo duramente y aturdiéndolo.

Tras esto, Magneto siguió empujando los demás autos contra Mentality, riendo mientras éstos se acercaban peligrosamente a la chica. Mentality apretó los dientes y gruñó mientras seguía intentando evitar que Magneto la aplastara, sin embargo, a pesar de estar usando todo su poder, la joven no podría ganarle.

- Estás acabada... - Dijo Magneto.

De repente, antes de que Magneto pudiera acabar con la chica, algo golpeó fuertemente al líder de la Hermandad en el estómago, sofocándolo y haciéndolo perder el control sobre los vehículos alrededor de Mentality, quien los mandó a volar y cayó de rodillas al suelo, jadeando pesadamente y sintiéndose muy cansada.

- ¡¿Qué demonios?! - Rugió Magneto.

En ese momento, Juleka corrió hacia Mentality para ayudarla a levantarse, mientras cuidaba que Magneto no la atacara, por el rabillo del ojo.

- ¿Juleka...? - Dijo Mentality entre jadeos.

- Como dije, si puedo ayudar, lo haré. - Dijo Juleka.

- ¡Ya estoy más que harto! - Espetó Magneto mientras todo empezaba a temblar. - ¡Es hora de...!

- ¡Hora de dormir! - Gritó una voz juvenil.

Magneto volvió a girarse para recibir una fortísima patada en la cara, la cual le rompió la nariz e hizo volar su casco, dejando inconsciente al maligno mutante, quien cayó al suelo, siendo atrapado por Spider-Man.

Entre tanto, Quicksilver seguía corriendo tras la patinadora de la Escuela Françoise Dupont, quien a su vez estaba riendo mientras nuevamente le hacía una zancadilla a Quicksilver y lo veía estrellarse contra un poste.

- Vaya que eres malo en esto. - Dijo Alix.

- ¡Te voy a matar, niña! - Rugió Quicksilver antes de levantarse.

El mutante cargó contra la niña, intentando golpearla, pero Alix nuevamente rodó fuera del camino y se deslizó de nuevo hacia Quicksilver, golpeándolo en el rostro.

Tras eso, Quicksilver, quien esperaba el ataque, tomó el brazo de Alix y la arrojó sobre su hombro, estrellándola de espaldas contra el suelo.

Sin embargo, pronto Alix gruñó y lanzó una patada contra su mentón, haciendo trastabillar a Quicksilver, obteniendo el tiempo para levantarse con un salto y esquivar un rodillazo de parte del mutante. La chica parisina gruñó y salió deslizándose de ahí, siendo seguida de cerca por Quicksilver.

No muy lejos de ahí, Alix sintió una desestabilidad en uno de sus patines, pero antes que ella pudiera ver qué estaba pasando, ella cayó al suelo y rodó por varios metros hasta caer dentro de una fuente, para luego oír a Quicksilver burlándose. Alix salió del agua y miró sus patines, soltando un gritito ahogado al notar que se había acabado las ruedas durante la carrera con el velocista.

- Parece que tu ventaja se acabó, niña. - Rió Quicksilver.

Quicksilver trató de atacar a Alix, pero ésta logró reaccionar a tiempo para esquivarlo, sin embargo, el mutante pasó de largo y corrió de vuelta a donde se libraba la batalla entre los héroes de París y los X-Men contra la Hermandad de Mutantes.

Sin embargo, el velocista quedó sin aliento al ver a Spider-Man noqueando a su padre con una patada. Tras que el héroe arácnido atrapara a su padre y lo dejara en el suelo, él vio cómo Sapo, Pyro, Mystique, Blob y Psylocke eran derrotados por Chat Noir, Firestar, Ladybug, Bestia y Iceman, mientras que Dientes de Sable y la Bruja Escarlata estaban teniendo problemas para lidiar con Wolverine y American Son, sin mencionar que la chica pelirroja que supuestamente estaba de su lado, parecía no estar interesada en pelear con Spider-Man. Pero para su alivio, Juggernaut seguía de pie por lo que si bien era claro que el plan había fracasado, aún tendrían oportunidad de escapar.

Con eso en mente, Quicksilver corrió hacia la alcaldía, desafiando la gravedad gracias a su súpervelocidad y subiendo por una pared, para luego tomar algo de impulso y lanzarse para darle una patada a American Son, derribando al héroe de la armadura y aterrizando en otra azotea mientras su hermana, Wanda, lo veía con confusión.

- ¡El plan se fue al demonio! - Dijo Quicksilver. - ¡Tenemos que huir!

La Bruja Escarlata soltó un gritito ahogado y asintió, luego dirigió su atención hacia Ladybug y Chat Noir, mientras Quicksilver corría hacia Wolverine para golpearlo en el rostro y alejarlo de Dientes de Sable, haciendo que el mutante gruñera iracundo.

- ¡Tenemos que irnos! - Espetó Quicksilver.

- ¡No hasta que mate a Wolverine! - Rugió Dientes de Sable.

- ¡Bien! Pero si te capturan, ¡no digas que no te lo advertí!

Quicksilver rodó los ojos y tomó los restos de unos cables del suelo y se las arregló para amarrar a casi todos los héroes, poniendo especial énfasis en las piernas de Coloso, dándole tiempo a Juggernaut para darle varios golpes en el rostro, arrojarlo al suelo y pisotearle la cara.

Sin embargo, Mentality y Juleka prontamente atacaron a Juggernaut, haciéndolo trastabillar, pero el gigantesco villano sólo rugió y aplaudió con fuerza, causando un terremoto y una onda expansiva, la cual dañó todo a su paso y mandó a volar a ambas chicas.

Después, Juggernaut corrió hacia Magneto y lo levantó, para luego emprender la huida.

Tras esto, Spider-Man intentó atrapar a Juggernaut con sus telarañas, pero la mole humana era demasiado fuerte para ser retenido por éstas, por lo que éste simplemente siguió corriendo, embistiendo y destruyendo todo en su camino.

Mientras tanto, Ladybug y Chat Noir se defendían de los ataques de la Bruja Escarlata, pero para su desgracia, los portadores de los Miraculous de la Creación y la Destrucción, se encontraron en el camino de Juggernaut, quien simplemente sonrió y cargó contra ellos, pero un par de metros antes de lograr golpearlos, Iceman y Firestar le pusieron frente a él y lo atacaron con una fortísima corriente gélida y un poderoso torrente de llamas, los cuales si bien no detuvieron al monstruoso miembro de la Hermandad, sí lo hicieron trastabillar un poco y cubrirse el rostro instintivamente, lo que le dio tiempo suficiente a Mentality y Juleka para apartarlos del camino de Juggernaut, mientras éste seguía escapando.

Por otro lado, Pyro había tomado entre sus brazos a Psylocke y se las había arreglado para escapar de Bestia, usando un muro de llamas para distraerlo, para luego ser llevado fuera de la ciudad por Quicksilver.

Mientras tanto, la Bruja Escarlata había aprovechado la oportunidad para atacar a Ladybug, Chat Noir, Mentality y Juleka, pero antes de que pudiera lanzar uno de sus ataques contra los adolescentes, Alix llegó corriendo, vio a la mutante y, sin saberlo, imitó a Quicksilver, corriendo hacia la azotea de un edificio para saltar y taclearla al suelo, derribando a la mutante.

Para su desgracia, segundos después de eso, Quicksilver apareció y la alejó de la Bruja Escarlata con una patada. Tras esto, Quicksilver levantó a su hermana en brazos y huyó, dejando a Alix levantándose con ayuda de Mentality y Juleka.

- Así que ustedes dos también son mutantes, ¿eh? - Rió Alix con sorpresa.

- Sí. - Dijo Juleka con una ligera sonrisa. - Al menos tenemos poderes geniales.

- Aunque los tuyos son más extraños que otra cosa. - Rió Alix entre dientes. - Pero te sientan perfectamente.

- Gracias, igual los tuyos.

Ambas chicas sonrieron, luego escucharon un suspiro y vieron a una avergonzada Mentality mirando al suelo y jugueteando con sus manos.

- Yo... yo lamento haberte lastimado, Juleka... - Suspiró Mentality. - Siempre he sido débil e ingenua, Magneto logró manipularme...

- No, tienes más fortaleza de lo que crees, porque reconoces tu error. - Dijo Spider-Man mientras se acercaba a ella. - De no ser por tí, no hubiéramos podido vencer a la Hermandad.

- Sólo lo dices por lástima...

- No. - Dijo Alix. - Sí, has sido mala en el pasado, pero hay bondad en tí.

- Todos merecen una segunda oportunidad. - Dijo Ladybug.

- Como los X-Men, que se merecen una disculpa de nuestra parte. - Dijo Chat Noir mientras se acercaba a Iceman. - Gracias por ayudarnos y por salvarnos...

- Descuida, no hay problema. - Dijo Iceman.

- Mientras no nos llamen los Sorprendentes Amigos de Spider-Man, todo está bien. - Dijo Firestar.

- Oye, ese es un gran nombre. Podría servir como título de una serie de caricaturas. - Dijo Spider-Man mientras se encogía de hombros.

- Bueno, al menos todo está como debe estar. - Dijo Bestia.

- Excepto la ciudad, pero yo me encargo. - Dijo Ladybug mientras el trapo aparecía en su mano. - ¡Ladybug Milagrosa!

El trapo mojado estalló en una horda de mariquitas, la cual fue reparando todos los daños causados por la Hermandad, al mismo tiempo que iba curando las heridas de los X-Men y los héroes de París.

- "¿Estás bien, Lata?" - Preguntó Wolverine mientras ayudaba a Coloso a ponerse de pie.

- "Para ser alguien a quien lo le agrada Wade, sueles usar muchas de sus expresiones." - Dijo Coloso con un fuerte acento ruso.

- "El idiota será un completo imbécil, pero debo admitir que es creativo para los apodos."

- Bueno, ahora que todo está bien, supongo que este es el adiós. - Dijo Spider-Man.

- No del todo. - Dijo Bestia. - Stark me pidió que revisara qué tan bien funciona ese suero...

- Y nosotros vinimos por ellas. - Dijo Wolverine mientras señalaba a las mutantes de la escuela Françoise Dupont.

- ¿Nosotras? - Preguntó Mentality.

- Sí, la presencia de mutantes es la principal razón de que estemos aquí. - Dijo Coloso. - Vinimos por parte del Profesor Charles Xavier, para ofrecerles un lugar en el Instituto Xavier para Jóvenes Talentos, un lugar donde podrán aprender a canalizar sus extraordinarias habilidades, sin dejar de lado su educación básica.

- Básicamente es una escuela para enseñarle a los mutantes a usar sus poderes y controlarlos para que no dañen a nadie, sin olvidar dar clases básicas como Historia, Física, Lenguaje y Matemáticas. - Dijo Firestar.

- Pero... ¿qué hay de nuestras familias? - Preguntó Juleka.

- ¿Bromeas, pequeña? - Dijo Anarka Couffaine mientras corría a abrazar a su hija. - ¡Eres una mutante! ¡Sabía que eras especial pero ni en mis mayores fantasías imaginé cuánto!

- ¿No estás... molesta...?

- ¡Claro que sí! ¡Pero porque nunca me lo dijiste! ¡Ahora podrás mostrarle al mundo que los mutantes son buenas personas, tal como tú!

- Mamá... me avergüenzas un poco... - Dijo Juleka mientras se sonrojaba.

Mentality y Alix vieron la interacción entre madre e hija con una sonrisa, luego ambas giraron la mirada en direcciones opuestas y vieron a sus respectivos padres, cada uno mirándolas de distinta forma.

Mientras que Roger Raincomprix lucía enorgullecido y a la vez triste, el rostro del señor Kubdel reflejaba molestia.

- ¿Papá...? - Dijeron Mentality y Alix a sus respectivos padres.

- Siempre supe que estabas destinada a algo grande, Sabrina. - Dijo el Comandante Raincomprix. - Uno como padre siempre se imagina a su hijo siendo muy superior a ellos, siendo mejores, y tú eres un perfecto ejemplo.

- Pero... soy una ilusa manipulable... - Dijo Mentality.

- Quizás, pero tienes la oportunidad de cambiar, de volverte mucho más de lo que yo hubiera deseado para tí.

- ¿Entonces está bien que vaya con los X-Men?

- Si eso es lo que quieres, no me opondré, pero tienes que reportarte a diario, ¿entendido?

- Por supuesto, papá.

La chica pelirroja sonrió y abrazó a su padre, mientras tanto, el señor Kubdel se acercó a Alix con una cara de pocos amigos.

- Papá, yo... - Dijo Alix.

- No digas nada. - Dijo el señor Kubdel.

- Papá, sé bien lo que piensas, pero tenía que hacerlo, no podía esconder mis poderes para siempre...

- ¡Debiste haberlo hecho! ¡¿Acaso pensaste en lo que dirán sobre nuestra familia por esto?!

- ¡¿En serio te preocupa más lo que dirán de nosotros porque soy una mutante que por la seguridad de la ciudad?!

- ¡Tú no entiendes nada, Alix! ¡A nuestra familia le costó obtener el estatus que tenemos! ¡Por este defecto de nacimiento tuyo, ahora ni tu hermano ni yo seremos tomados en serio!

- ¡¿Defecto de nacimiento?! ¡Mi mutación no es un defecto!

- ¡Claro que lo es! ¡No eres una persona normal!

- ¡Pues si ser una persona normal significa ser como tú, me alegro mucho de ser una mutante! ¡Y si te importa más que tu trabajo sea tomado en serio que apoyarme, me iré con los X-Men! ¡Ser una superheroína es mucho más de lo que pudiera haber deseado!

Dicho eso, Alix y su padre se dieron la espalda mutuamente y se alejaron furiosamente uno del otro mientras la niña lloraba. Al estar lo suficientemente cerca, Ladybug, Spider-Man y Chat Noir la abrazaron, tratando de reconfortarla.

- Tranquila... - Dijo Ladybug.

- ¿Por qué no puede apoyarme? - Dijo Alix con lágrimas en los ojos.

- Porque no entiende que ser mutante no significa ser anormal. - Dijo Firestar mientras se acercaba a la chica.

- Pero descuida, si hay algo que los X-Men sabemos hacer, es actuar como una familia. - Dijo Iceman con una sonrisa.

- Estarás bien, pequeña. - Dijo Coloso con su fuerte acento ruso.

- Gracias... - Dijo Alix mientras se limpiaba las lágrimas y sonreía un poco.

- ¿Y qué hay de ustedes? - Preguntó Wolverine a Juleka y Sabrina.

- Yo iré. - Asintió Juleka con una pequeña sonrisa. - Puedo elegir mi nombre de héroe, ¿verdad?

- Claro que sí. - Dijo Iceman.

- Genial.

- ¿Y qué hay de tí, Mentality? - Preguntó Firestar a Sabrina. - Para ser una novata, realmente te luciste, digo, no es fácil enfrentarse a Magneto, eso lo sé por experiencia.

- Yo... - Tartamudeó Sabrina.

- Vete con ellos, de todos modos eres tan anormal como ellos. - Dijo una voz con tono despectivo.

En ese momento, la multitud se abrió, revelando a quien había hablado, siendo Chloé Bourgeis.

- Muy bien, ahora sí le doy... - Dijo Mary Jane mientras se arremangaba la blusa.

- Cálmese, señorita Watson. - Dijo Chat Noir mientras detenía a MJ.

- Sí, además, ella se está haciendo cargo. - Soltó Firestar.

- ¿Ella? - Dijeron el héroe rubio y la pelirroja de Midtown.

De repente, ambos miraron al frente y soltaron un gritito ahogado al ver a Sabrina caminar con cara de pocos amigos directo hacia Chloé, quien sólo atinó a rodar los ojos y suspirar en exasperación.

- ¿Y ahora qué? Si no vienes a disculparte por lo que me hiciste hace rato, entonces yo... - Intentó decir Chloé.

El ambiente se quedó en silencio, luego éste fue roto por el estruendo que hizo la mano de Sabrina al impactar contra la mejilla derecha de Chloé, con tanta fuerza que la hizo caer al suelo.

- ¡Ya me harté de tí, Chloé! - Gritó Sabrina con rabia. - ¡Todo este tiempo me has menospreciado y tratado como si fuera inferior a tí! ¡Pues te tengo noticias, rubiecita idiota! ¡Ahora tengo la oportunidad de ser una heroína, y eso es mucho más de lo que tú puedes siquiera soñar a ser! ¡Y si sigues con esa actitud tan altanera y tan estúpida, seguirás sola! ¡Sí, me escuchaste bien! ¡A partir de este momento, yo ya no soy más lo que te atrevías a llamar amiga! ¡Adiós para siempre, Chloé Bourgeois!

Con eso dicho, Sabrina sintió que su garganta ardía, pero un gran peso se liberó de ella. Por fin le había hecho frente a la chica que había dicho ser su amiga pero la había tratado como una sirvienta.

Y mientras muchos sentían orgullo y alegría al ver cómo Sabrina había puesto en su lugar a Chloé, otros veían burlonamente o con lástima a la rubia en el suelo.

Por primera vez en su vida, Chloé Bourgeois se sintió verdaderamente vulnerable y eso la aterró. Buscó ayuda en su padre, pero éste sólo atinaba a mirarla con un dejo de reproche y decepción, sin poder decir nada.

Ante esto, la rubia rompió en llanto y salió huyendo, mientras Mary Jane Watson y el resto de los alumnos del Colegio Françoise Dupont, la miraban con una sonrisa de satisfacción.

- Ya era hora de que alguien la pusiera en cintura. - Dijo Alix mientras le daba unas palmadas en la espalda a Sabrina.

- Gracias, pero en realidad no fue nada... - Dijo Sabrina.

- No te menosprecies, chica, tú has hecho lo que hasta ahora sólo yo he hecho, poner a la rubia en su lugar. - Dijo Mary Jane.

- No deberían alegrarse por eso. - Espetó Chat Noir.

- No me alegro por ver llorar a Chloé, Chat Noir, me alegra ver a Sabrina defendiéndose. Aunque debo admitir que verla así es satisfactorio.

- Iré a asegurarme que ella esté bien.

Chat Noir intentó ir tras Chloé, pero él sintió un dolor en el abdomen, al igual que Ladybug y Spider-Man, pero para su suerte, no fue tan intenso como los que habían sentido antes.

- Creo que tendrás que esperar un poco, algo no me gusta sobre lo que les está pasando. - Dijo Bestia.

- Alto, ¿qué les está pasando? - Preguntó American Son.

- Estamos enfermos... - Dijo Spider-Man entre quejidos.

- Y podría empeorar, pero descuiden, no es un mal contagioso. - Explicó el X-Man de pelaje azulado. - Logan, tú y Coloso llévense a los demás a la mansión, ya me las arreglaré para volver después.

- Como digas, pelusa, sólo ten cuidado. - Dijo Logan antes de dirigirse a Spider-Man. - Y tú también, niño, en especial porque no sé que diablos te pasa, pero tengo un mal presentimiento sobre eso.

- Gracias, Wolverine...

- Ah, por cierto, Scott quería que te dijéramos que te odia.

- El sentimiento es mutuo, ¿y qué no lo odias tú también?

- Cierto, le diré imbécil de parte de ambos.

- Gracias.

Wolverine rió entre dientes y se alejó caminando, mientras los X-Men más jóvenes esperaban a que Sabrina, Juleka y Alix terminaran de despedirse de sus compañeros.

- Bueno, chicos, creo que esta es la despedida. - Dijo Alix.

- Sí... y supongo que muchos de nosotros les debemos una disculpa. - Dijo Mylène.

- Está bien, lo entendemos. - Dijo Alix.

- No, no lo está. - Dijo Rose. - Después de todo lo que dijimos sobre los mutantes, ustedes arriesgaron sus vidas junto a los X-Men, Ladybug, Chat Noir y Spider-Man, todo para salvarnos de Magneto y sus secuaces.

- Rose, como ya lo había dicho, tenía que ayudar porque podía hacerlo. - Dijo Juleka. - No fue nada.

- Sí, bueno... - Dijo Kim. - Supongo que los mutantes no son tan malos después de todo... sí son raros, pero pueden ser asombrosos...

- Meh, supongo que es lo más cercano a un cumplido que podemos esperar de un cabeza hueca como tú, Kim. - Rió Alix entre dientes.

Alix golpeó en el hombro a Kim amistosamente, aunque a éste último sí le dolió. Pero ambos sonrieron y asintieron.

- Cuídenlas bien, ¿sí? - Pidió Mary Jane a Firestar y Iceman. - Fue bueno volver a verlos, Bobby y Angie.

- Lo mismo digo, MJ. - Dijo Bobby mientras abrazaba a la pelirroja.

- Salúdame a Pete y Harry cuando los veas. - Dijo Firestar mientras se sumaba al abrazo.

- Claro, Firestar.

Tras eso, Coloso, Iceman y Firestar escoltaron a Sabrina, Juleka y Alix al Blackbird escondido en las afueras de la ciudad.

Mientras tanto, Chloé Bourgeois seguía corriendo por las calles de París, con lágrimas en las mejillas, las cuales le habían corrido el maquillaje y apenas le dejaban ver por dónde iba. Así pues, la chica se estrelló contra alguien y la hizo caer hacia atrás.

- ¿Estás bien? - Preguntó una voz de chica.

- ¿Qué importa? A nadie le importo... - Dijo Chloé mientras abrazaba sus piernas.

- No deberías decir eso, chica.

Chloé miró hacia la persona con la que se había tropezado y vió que era una chica de cabello rubio, quien usaba una blusa color rosa claro, una falda azul claro con reborde negro, calcetas blancas con líneas verticales de colores y zapatos de tacón bajo de color negro, quien la miraba con una sonrisa y le extendía la mano amistosamente.

- Eres Chloé Bourgeois, ¿no? - Preguntó la rubia.

- S-sí... - Tartamudeó Chloé.

- Es un gusto conocerte, aunque desearía haberte conocido bajo mejores circunstancias.

- ¿Por qué?

- Porque en todo el mundo, sólo hay una persona con el mismo nivel de sentido de la moda que yo, y esa eres tú.

- Pero a nadie le agrado...

- A mí sí.

- ¿En serio?

- Sí, me sorprende que no estés rodeada por gente, supongo que nadie sabe apreciar tu buen gusto.

Chloé tomó la mano de la chica y ésta la ayudó a levantarse, luego la rubia parisina la miró con duda mientras la otra rubia le sonreía.

- ¿Quién eres y por qué eres tan amable conmigo? - Preguntó Chloé.

- Porque me pareció que necesitas una amiga, y en cuanto a mi nombre, me llamo Felicia Hardy. - Dijo la chica con una sonrisa amable.


(Mientras tanto)


Tras un tiempo de espera para que Ladybug recargara sus poderes, Hank McCoy, mejor conocido como Bestia, estaba haciendo algo de investigación con ayuda de Reed Richards y Tony Stark a través de una videollamada en uno de los laboratorios parisinos de Industrias Stark, mientras Spider-Man, Ladybug y Chat Noir estaban recostados sobre tres camas de escaneo, esperando los resultados de los variados análisis que les habían hecho para averiguar qué les estaba pasando.

- Bueno, según los escaneos. - Dijo Bestia. - Sus cuerpos tienen una ligera alteración en sus ADNs, además de la alteración que sufren al transformarse, pero no es lo que tú creías, Spider-Man.

- ¿Así que no somos mutantes? - Preguntó el joven héroe arácnido.

- No, la alteración ha sido causada por su exposición a otras sustancias, no porque hayan desarrollado o nacido con el Gen X. - Explicó Mr. Fantástico.

- Cosa que me hace enojar, pues recuerdo bien haberte dicho que no quería que hubiera otro incidente durante sus escapadas heróicas, Spider-Man. - Espetó Iron Man.

- El químico al que nos expusimos nos afectó varios días antes de su advertencia, señor Stark. - Dijo Ladybug.

- Cierto, pero los malestares que sienten son causados por la combinación del mutágeno de Curt Connors y su exposición al ADN mutado del vampiro.

- Iron Man, tienes que entender, sin su ayuda, París ahora sería una tumba por culpa de Magneto. - Explicó Bestia.

- Eso lo sé, pero hay algo que me preocupa, Dr. McCoy, y es que el día que ellos enfrentaron al Lagarto, Spider-Man me envió muestras de sus sangres para ver qué efectos podría tener el gas mutágeno de Connors. Y mira la comparación de ADNs de ese momento y ahora.

En ese momento, seis imágenes de cadenas de ADN se proyectaron en la pantalla frente a Hank McCoy, quien procedió a mirarlas con detenimiento, luego soltó un grito ahogado al notar algo.

- La mutación ha avanzado. - Declaró McCoy.

- Y sigue avanzando mientras hablamos, pero no sé cómo demonios evitar que siga haciéndolo.

- Pero podrán averiguarlo, ¿verdad, Iron Man? - Preguntó Chat Noir en un tono de preocupación.

- Es posible, pero quizás no lo logremos antes de que algo preocupante pase. - Dijo Richards. - T'Challa y Pym también nos están ayudando, pero ya que Norman Osborn destruyó todas las investigaciones de Curt Connors y el accidente en OsCorp arruinó las de Spencer Smythe, tendremos que comenzar desde cero, y no ayuda el hecho que ninguno de nosotros es experto en neogenética.

- Quizás yo pueda ayudar. - Dijo Hank. - Bueno, no precisamente yo, sino una vieja colega mía.

- A menos que sea una experta en neogenética de la talla de Connors o Smythe, no creo que...

- Ella no es tan conocida como esos dos, pero sus conocimientos en neogenética son innegables y altísimos, la Doctora Mariah Crawford, quien en estos momentos se encuentra en París.

- Cierto, pero hay un problema, Laboratorios Horizon no permitirá que su mejor experta en neogenética trabaje con alguien coludido con Tony Stark... - Dijo Iron Man.

- Tony, ¿cómo rayos le hiciste para que Max Modell se molestara contigo? - Preguntó Mr. Fantástico.

- Modell es un santurrón, se atrevió a compararme con Osborn, Stane y Hammer...

- Pues usted se dedicaba a fabricar armas, justo como esos tres... - Soltó Chat Noir, recibiendo miradas de ira de los demás. - Sólo digo...

- Pues tal vez Mariah y yo podamos convencer a Modell, ella y yo nos conocemos desde hace tiempo y es amiga mía.

- No perdemos nada con intentarlo, pero mejor háganlo ya, las mutaciones podrían volverse irreversibles en cualquier momento. - Dijo Tony. - Cuando terminen, tendré un quinjet esperando en el techo para que pueda volver a Nueva York, doctor McCoy.

Hank McCoy asintió y la comunicación se cortó, luego todos suspiraron y salieron del laboratorio de la sede parisina de Industrias Stark.

Un par de horas más tarde, siendo ya el ocaso, Bestia y la doctora Mariah Crawford, quien era una mujer de piel morena, de unos 30 años que aparentaba ser más joven, cabello negro rizado y ojos cafés con un tono verdoso, estaban charlando mientras la científica de Laboratorios Horizon analizaba muestras de los ADNs de los héroes de París.

- Fascinante. - Soltó la doctora Crawford. - Digo... es inquietante... pero fascinante...

- Ha estado diciendo eso por la última hora... - Soltó Ladybug con un ligero tono de fastidio en su voz.

- Y bien, Mariah, ¿puedes ayudarlos? - Preguntó Bestia.

La doctora Crawford suspiró y miró al X-Man, luego se puso sus anteojos y se acomodó el cabello un poco.

- No lo sé, Hank, esto parece estar más allá de mi campo. - Dijo Crawford sinceramente. - La mutación de estos chicos no es algo que haya visto antes, y parece estar potenciada por algún otro medio, las pruebas demuestran que las muestras de sangre emiten un extraño tipo de radiación.

- Por favor, doctora Crawford, tiene que haber algo que pueda hacer. - Dijo Chat Noir.

- Puede que sí.

La doctora Crawford se acercó a un pequeño refrigerador lleno de tubos de ensayo, matraces y vasos de precipitados, todos ellos llenos de sustancias de diversos colores. Crawford tomó un tubo de ensayo lleno de una sustancia amarillenta y se la mostró a los chicos.

- Mi equipo y yo hemos estado trabajando en un suero que busca eliminar defectos genéticos en humanos, un limpiador de genes, por así decirlo. - Dijo Crawford. - Originalmente se buscaba una cura para los mutantes, pero Max y yo cambiamos el objetivo del proyecto a curar enfermedades y defectos genéticos.

- Genial, nos lo llevamos. - Dijo Spider-Man.

Spider-Man extendió su brazo para tomar el tubo de ensayo, pero la doctora Crawford lo alejó de él, molestando un poco a los héroes.

- No estoy segura de que este suero sea de ayuda... - Suspiró Crawford. - Este es apenas un prototipo y su problema está muy avanzado... esto bien podría eliminar su mutación, acabar con sus poderes o empeorar todo, tenemos que hacer más pruebas porque podría incluso resultar fatal.

- Doctora, se ve que no ha entendido. - Dijo Ladybug con una sonrisa inquietante. - Tenemos un grave problema y no tenemos tiempo para que siga con sus jueguitos científicos...

- Necesitamos ese suero cuanto antes... - Dijo Chat Noir, conteniendo su rabia.

- Sé que están asustados, pero tienen que entender, no podemos correr riesgos. - Dijo Crawford.

- ¿Correr riesgos? ¡¿Correr riesgos?! - Gritó Spider-Man. - ¡Usted no tiene ni puta idea de lo que es correr riesgos!

- ¡Usted tiene la cura para que evitemos convertirnos en monstruos o algo así, y no quiere dárnosla! - Gritó Ladybug.

- ¡No tenemos más tiempo, doctora Crawford! ¡Sólo denos el maldito limpia-genes ya! - Rugió Chat Noir.

- ¡Basta ya! - Espetó Bestia.

Spider-Man, Ladybug y Chat Noir voltearon a ver a Bestia, quien los miraba con reproche.

- A esto me refería. - Dijo Crawford mientras se acomodaba las gafas. - Están cambiando a un ritmo muy rápido, quizá a este paso, el limpia-genes ya no sea efectivo, en el mejor de los casos... en el peor, podría matarlos o acelerar el avance de sus mutaciones.

Mariah Crawford tomó otros dos tubos de ensayo de limpia-genes y le entregó uno a cada uno de los jóvenes héroes.

- Tomen el suero, pero no vayan a usarlo aún, necesito hacer un par de pruebas y confirmar que funciona. - Dijo Crawford. - Todo a lo que han estado expuestos y el suero que Stark y Hank crearon podrían tener una reacción agresiva con el limpia-genes.

- Entendido. - Dijo Spider-Man mientras tomaba uno de los sueros. - Lamento haber perdido el control.

- Lo mismo digo. - Dijo Chat Noir.

- También yo, lo siento. - Dijo Ladybug.

- Está bien, son jóvenes y están asustados, lo entiendo.

- Gracias por todo, Mariah. - Dijo Bestia mientras le extendía una mano a la doctora Crawford.

- No hay porqué, Hank, siempre es un placer ayudar. - Dijo la doctora Crawford mientras sonreía y estrechaba la mano de Bestia. - Además, estos tres han salvado la ciudad varias veces, así que se los debo.

- Aún así, gracias por recibirnos sin anunciarnos.

- Como dije, ellos han salvado la ciudad varias veces, Max también está agradecido con ellos así que no fue nada.

- ¿Necesita ayuda para regresar a Industrias Stark, doctor McCoy? - Dijo Spider-Man.

- No, si no les molesta, me quedaré un rato más con la doctora Crawford, hay ciertas cosas de las que me gustaría hablar con ella, si no te molesta tener a una bola de pelos como yo aquí, Mariah. - Explicó Hank.

- Claro que no, hace tiempo que no hablamos, será buen momento para ponernos al corriente, Hank. - Dijo Mariah.

- Nos vemos, gracias por todo, doctores McCoy y Crawford. - Dijo Ladybug.

Los tres jóvenes héroes salieron del laboratorio, mientras la doctora Crawford comenzaba algunas pruebas con el limpia-genes y las muestras de sangre de Spider-Man, Ladybug y Chat Noir.


(Más tarde)


Peter Parker, Adrien Agreste y Marinette Dupain-Cheng entraron a sus habitaciones en silencio, sintiendo miedo y ansiedad debido a lo que estaban pasando.

Una vez que cerraron las puertas de sus respectivas habitaciones, los jóvenes héroes deshicieron sus transformaciones y cayeron de rodillas, sintiéndose exhaustos.

- Esto está empeorando... - Soltó Marinette.

- Quizás... deberías usar el suero... - Dijo Tikki.

- No lo sé... Suena arriesgado... - Dijo Adrien.

- Entre más tiempo pase, peor se pondrá... - Dijo Plaga.

- Pero la doctora Crawford dijo que debíamos esperar... - Dijo Peter.

- Tal vez esto se vuelva irreversible si esperamos más... - Dijo Leopardon.

- Sin mencionar que el chupasangre sigue libre... -Dijo Tikki.

- Tenemos que atraparlo antes que lastime a más gente. - Dijo Plaga.

Marinette, Peter y Adrien miraron los tubos de ensayo en sus manos y suspiraron. Ahora mismo, ellos se encontraban en una encrucijada.

Usar el suero podía curarlos o tener graves consecuencias, y nadie podía decir qué pasaría, y si salían a intentar detener a Morbius sin haber curado su mutación, el vampiro los vencería de nuevo.

- Creo que debemos intentarlo sin el suero. - Dijeron los jóvenes. - Tal vez sea peligroso, pero al menos así nos aseguraremos de seguir las indicaciones de la doctora Crawford. Leopardon/Plaga/Tikki, ¡telarañas/las garras/motas!

Los chicos volvieron a sus transformaciones heróicas, luego pusieron el suero limpia-genes en sus respectivos escritorios y se dispusieron a comenzar su patrullaje nocturno, sin embargo, antes de poder dar un paso, el dolor en sus cuerpos regresó, esta vez de una forma mucho más intensa, como si estuvieran sufriendo combustión espontánea tras recibir un golpe de Hulk en el estómago.

- ¡¿Por qué me duele tanto?! - Gimieron los jóvenes héroes con los dientes apretados. - ¡Se supone que el suero de Stark aliviaría el dolor!

Chat Noir, Ladybug y Spider-Man see retorcieron en el suelo por un par de minutos, luego ellos alzaron la vista a sus escritorios y sintieron el impulso de ir hacia ellos, buscando aliviar su dolor con el limpia-genes, olvidando por completo los posibles efectos adversos de usarlo.

Los jóvenes héroes se arrastraron hacia sus escritorios y se las ingeniaron para hacer caer el suero al suelo, luego destaparon los tubos con los dientes y bebieron el contenido con avidez.

Después de arrojar y destruir los tubos de ensayo por un reflejo, los tres héroes jadearon y arquearon la espalda en el suelo mientras el dolor se intensificaba, haciéndoles creer que morirían.

Para su fortuna, el dolor comenzó a disminuir y los espasmos musculares en sus abdómenes desapareció, permitiéndoles ponerse de pie poco después.

Los chicos jadearon un poco y se miraron al espejo más cercano, notando que no había habido efectos secundarios, cosa que los hizo reír un poco.

- Funcionó... - Dijeron los tres con júbilo.

Para su infortunio, habían celebrado prematuramente.

Chat Noir sintió una punzada en la cabeza y en la espalda baja, así como un fuerte dolor en los dientes, mientras que Ladybug y Spider-Man sintieron otro fuerte espasmo abdominal, al mismo tiempo que Ladybug sintió una punzada en la frente y en la espalda. Los tres soltaron un fuerte grito de dolor y escucharon que sus trajes se rasgaban.

Cuando los nuevos dolores desaparecieron, los tres héroes quedaron atónitos.

Chat Noir ahora tenía pupilas rasgadas, colmillos, orejas y cola iguales a las de un gato, Ladybug tenía un par de antenas y un par de brazos extras, así como un par de alas, y Spider-Man tenía cuatro nuevos brazos y caninos más pronunciados.

- ¡NOOO! - Gritaron los héroes en secreto.


Continuará...


ALIX, SABRINA Y JULEKA REGRESARÁN EN STAR VS. LAS FUERZAS DEL MAL: LA GUERRA MÍSTICA