Rose -ahora Roza Mazur- viajaba con él a todas partes, bajo el amoroso cuidado de Meryem -su Babanne- y Fatma, su tía.

Pasaría algo de tiempo antes de que ingresara a alguna escuela.

Además, su Baba le llevaba a ver a su Anne, que ahora cuidaba a su propio moroi, de viaje por algún lado.

Pero pasaron meses antes de que madre e hija pudieran verse de nuevo.

Ocurrió en las Islas Granadinas, en una escapada de Lord Tony al yate de un amigo.

Janine utilizó su otra documentación para viajar -Janine Mazur, legal igualmente- y se reunieron un un lugar relajado y privado, como familia.

Por una semana, Janine y Rose retozaron como madre e hija al sol, pero recibió una llamada de su cargo -de que estaba listo- y debía ir a su encuentro.

Así que nuevamente viajó como Janine Mazur y ya con Tony, lo hizo como Janine Hathaway... Y. Obvio. ¡Nadie notó nada!.


Así comenzaron a funcionar.

Cada vez que Tony tenía una cita en algún lugar del mundo, le daba... permiso a Janine para salir a pasear. Dónde quisiera. Incluso le pasaba algo de dinero -cuando podía- por las molestias.

Pronto, para Janine fue evidente que el simpático Tony no sólo vendía su semen para vivir -era de él, ¿ok?- era un muy cotizado y exclusivo escort masculino.

Para humanos -y razas intermedias, si podían pagarlo- que anhelaban el éxtasis que el sexo con él producía... obviamente... ¡por su mordida adictiva!

La verdad era que Tony -no Lord Tony Szelsky en pleno derecho- apenas tenía lo justo para vivir.

Su madrastra lo odiaba. Su padre le daba apenas dinero para convencerlo de buscarse una esposa -moroi, no importando que no fuera royal, pero si una mujer- y procrear hijos como cualquier hombre normal.

Para su hermana -Lady Ariana- era sólo una molestia en forma de hermano menor.

De ella sería El Trono Szelsky y no tenía tiempo -ni paciencia- para él.

Pero el acuerdo con Janine era ventajoso para ambos. Ninguno molestaba al otro... y La corte creía que tenía a ambos controlados.


Las bodas de Fatma Mazur con un buen hombre del Clan trajo a Ibrahim nuevas ocupaciones.

Su Anne y su hermana se ocupaban de Roza, enseñándole cosas como las primeras letras y números.

Pero su Anne quería quedarse con Fatma -que ya esperaba un hijo- dejando a Roza sin nadie que la cuidara.

¿Y Una escuela?, ¡no!, Roza era demasiado pequeña, a su forma de ver las cosas.

¿Y Un internado? era una aberración a esa edad.

¿Y Una academia?, ¡por supuesto que no!.

Pero le preocupaba su socialización. Así que buscó le una niñera -algo difícil en esas... circunstancias- y le sugirieron contactar a una joven de una familia Alquimista, que había estudiado Educación al no querer seguir los pasos de su familia.

¡Perfecto!. Humana, pero que guardaría el secreto de su existencia... y sabría que Roza no era del todo humana.

Y otra solución vino de la mano de la misma Janine, a través de su madre, que había hablado con una prima -Directora en una pequeña Escuela Elemental- ¡Y le habían conseguido un cupo a Roza!.

¡Más que perfecto!. La joven Alquimista quería ir con ellos -ayudaría en los temas particulares de Roza y adquiriría práctica para cuando no fueran necesario sus servicios- y así fue que Roza llegó a la tierra natal de su madre: Escocia.

Claro, sin genios o hadas -que no había visto ninguno en sus viajes con Baba- ¡pero podía haber unicornios!. ¡Y Nessie!

En esa Escuelita, aprendió a ser algo más normal.

No era la princesita de Baba, pero no debía ocultarse de nadie, siempre temiendo a la Bruja rubia y mala que tanto las odiaba.

También conoció a la familia de su Anne -no Mathair, allá- y vio, de primera mano, que era ser dhampir entre gentes como ellos.

Los malos tratos, el desprecio.

Y el resentimiento contra lo moroi comenzó a surgir. No contra todos. Obviamente.

Así pasaron sus años en la Escuelita Elemental en Escocia. No estaría demasiado, pero eso sería suficiente para una vida plena. Jugó, fue normal y no pensó en cosas más complejas que eso.


Janine iba y venía por Europa con Tony y -acorde a sus agendas- lo dejaba en buena compañía y tomaba un tren desde y hacia el lugar donde su familia estuviera estacionada. Siempre como Janine Mazur. Para todos los efectos morois, ella seguía estacionada con Tony.

Fue el año en que Roza salió de la Escuela Elemental, que Abe y Roza viajaron a Rusia en Tren.

Eran las vacaciones, ¡y Los Mazur coincidieron con Janine en Rusia!, en dónde Tony visitaba algunos amigos -bajo mucha discreción, por la intolerancia hacia lo que él era- y Janine se topó -casi a bocajarro- con Roza. ¡Sin planearlo!.


"¡Anne!", gritó Roza, corriendo hacia ella, sorprendiendo a su madre, padre, guardianes y medio mercado, en el proceso.

Janine la cogió en sus brazos y la apretó contra su pecho, llorando.

"Mi Kadin", llegaba Ibrahim, que la besó, efusivamente, "¡esto no lo esperaba!, ¿llegaste hace poco?".

"Recién hoy... él... está de visita a algunos de sus... amigos."

"¡Claro, claro!, extraordinario. Nosotros no planeábamos venir, pero surgió la oportunidad", reconoció, "Roza no conocía Rusia e insistió".

"Zmey", sonó una voz dura y severa. Pero no temerosa. Ellos se volvieron y vieron a una mujer mayor, acompañada por otra más joven. La semejanza era tal que no podían ser otra que madre e hija.


"Señora Yeva Belikova", se inclinó levemente y tomó su mano ajada. "Los soles le son gentiles".

"No como a tí, me temo... ¿me presentas a tus bellezas?".

"Mi Kadin, Janine y nuestra Kizim, Roza. Ella es la Señora Yeva Belikova, la madre de Sergei".

"Pero no estáis casados, no puedes llamarla esposa", le dijo la vieja Dama, severamente.

"Bajo mis ritos..."


"Pero no es legal, Zmey. No fuera de tus tierras, me temo. Hablaré con algunas personas de vuelta en Baia. El fin de semana estará todo listo. Los espero", dijo, muy severamente, "tu preciosa Roza y nuestra Vika serán las Niñas de las flores, obviamente. Sergei y Dimitri serán tus padrinos y Sonja y Karolina las Damas de tu novia. Pavel será tu testigo y Olena la de tu hermosa novia... Olena", se volvió a su hija, que observaba en silencio, "lleva a Janine y a Roza con Madama Yelenaovna. Las espera. Avisa a los demás que deben ir por sus ropas. Tú y yo tenemos que conversar", dijo a Zmey, quién sacó algo de su bolsillo e hizo un gesto invisible a su guardián, Pavel, que hizo lo mismo.

"¿15 mil rublos alcanzará para los preparativos?, no llevo más efectivo conmigo, me temo" y sonrió a una angustiada Janine y a Roza, que rebuscaba en su bolsito de mano, con una seriedad que parecía que buscaba algo de vital importancia.

Al final, sacó un monedero bordado -regalo de Fatma- y rebuscó entre las monedas de diversas denominaciones, hasta encontrar rublos. Los sacó y los extendió, seriamente.

"¿Sirve?". Eso enterneció a la severa matrona Rusa, quien le sonrió.

"Puedes escoger las flores, tú misma. A Vika le gustas las rosas".

"Ella puede llevar rosas. Yo llevaré... ¿romashka?" y Olena sonrió. Yeva le hizo un gesto y Olena se las llevó a recorrer el mercado y al encuentro de la misteriosa Madama Yelenaovna.