Randall tomó el vuelo más económico a Pensilvania -casi de carga, para ir cómodo- y llegó a La Corte, a lamerse las heridas -casi literalmente-.
Y se arrastró a dónde su tía, que era la única que lo toleraba.
"¿A qué debemos el... desagrado?", claro. Toleraba. No quería. Era evidente.
"Yo... pasé por Baia. ¡De camino acá, obviamente!", se apresuró a decir.
"Por Baia de paso... ¿eh?".
"Oh... es que... tomé un tren. Claro", intentó explicar. "Allá... en Baia... estaba Mazur". Susurró, esperando su reacción.
"¿Ibrahim estaba en Rusia?, negocios, supongo. Tiene en todo el mundo", sonó algo... ¿esperanzada?, lástima que él cortaría esa esperanza, de un cuchillazo.
"Estaba... en un banquete de bodas... se... casó".
"Oh... ¿En Baia?, ¿acaso... lo hizo con la que fue...?, ah, claro. Le gustan así. Dhampirs. Claro". Se desinfló.
"No. Con la suya. La De él. La de esos años... era pelirroja, ¿cierto?".
"¿La guardiana pelirroja?, ¿esa?". Escupió con rabia.
"Supongo. Es decir. Coincide. Pelirroja y Dhampir".
"No debe ser la única, Randall".
"Pero la edad de su hija coincide. Tía. La de esa dhampir pelirroja con Mazur. Un chiquilla preciosa, si puedo decirlo. Grandes ojos oscuros. Pelo oscuro. Piel como de almendras..."
"¡Mientes!, ¡ella la abortó!".
"Ella no abortó, tía".
"¡Se lo ordené, directamente!, ¡es alta traición!"
"Si ordenas su ejecución... Mazur dijo que apelaría a La Corte Federal... o directo con... La Reina de Inglaterra, de la que la pelirroja es súbdito... ¿te arriesgarías a ir a una Corte de Justicia humana por una orden de aborto a una mujer que trabaja para... La Corporación que diriges?, porque así es que nos mostramos al mundo. Como una Corporación de Derecho Privado, ¿cierto?".
La Reina llamó al Capitán Schoenberg para preguntarle por la ubicación de Janine Hathaway.
Debería irse con muchísimo cuidado.
Ya no era su miedo a las palabras de esa Vrajitoare rusa.
No era a la traición de Ibrahim -nunca hubo algo permanente de parte de él, como para serle fiel- o el que Janine no cumpliera la orden.
Los celos -ese monstruo de ojos verdes, como los suyos- ahora la llevaban por un camino lleno de hiel y espinas... y veneno y muchos juegos de poder.
"Quiero... emitir el perdón, no; el fin del castigo a la Guardiana Janine Hathaway. Ya... ha pasado demasiado tiempo. Puede hacerla volver a La Corte y asignarle un cargo y todo... y Busque... cómo compensarla", susurró, "yo... no debí, nunca, darle esa estúpida orden... Capitán... ¿qué pasa?".
"El castigo de la Guardiana Hathaway finalizó -por normativa- hace años. Ya le fue... levantado. Su Majestad", dijo, muy tentativamente, "4 ó 5 años atrás".
"Claro. Hay estatutos y esas cosas... en fin, ¿fue... asignada?, o...".
"Lo... Máster Tony Szelsky; la contrató directo, vía planilla de los guardianes del Principado Szelsky... Ingresó en su rango, normalmente".
"¿Tony?, oh. Ese hijo... un tanto problemático, del Príncipe Nikola, claro. ¿Directo, dices?. ¿En su rango?, ¿Qué rango... presentaba?".
"Red. Full Moon. El tercer nivel -en su máxima nomenclatura- Majestad".
"La... Guardiana Hathaway podría ser ascendida si ya... estuviera lista para el..."
"Black, Su Majestad".
"Claro. Black Moon...", susurró, perdida en sus pensamientos, "¿hay algún destacamento en Rusia?".
"Los guardianes de la Academia St. Basil, Su Majestad".
"Envía un grupo a... Baia. Allí, que busquen a... La Guardiana Hathaway -si es que aún está allí- y convóquenla a La Corte. Que... traiga a su hija. Quiero conocerla. Y... si M... Ibrahim sigue por allí, invítenlo a venir... con ellas... Y... no olvidemos a su cargo, claro. Que su padre lo llame de vuelta... Supongo... que no estaban juntos porque ella estaba de... vacaciones o fuera de comisión... o algo. Sí. Que todos vengan".
El grupo de guardianes de St. Basil llegó -ese mismo día- a Baia.
Estaban bastante cerca.
Más problemático era encontrar a Janine y a Mazur, en ese poblado -naturalmente- desconfiado de los extraños... como ellos lo eran.
Finalmente, se les acercó una mujer dhampir.
Y fue directo al jefe del grupo, que tragó saliva. Oh Oh.
"¿Me buscabas, Yuri Yosopovich?", casi le ladró.
"Señora... Belikova", susurró al ver a la matrona del pueblo. La temible Yeva.
"¿Qué buscan aquí, guardianes?".
"Al señor Mazur y a la Guardiana Hathaway, con su hija. Fueron... convocados a La Corte. El jet llegará a la Academia en algunas horas más". Directo al grano era siempre la clave con ella.
"Vengan. Baia no recibe bien a los extraños", y los guió en línea directa a su casa.
Sip. La habían pasado ya. Eso notaron.
En la salita, Sergei leía el periódico de la mañana.
Le tocaba la guardia entre medianoche y las 6 Am, cuando vio entrar a Yeva y a los guardianes. Se levantó -molesto- y fue directo a ellos.
"¿No tienen decencia?", les dijo, duramente. "No son ni las 6Am. Esto es Baia. Aquí somos diurnos. No son las 6PM para pasearse impunemente por las calles, como si fueran la Gestapo. ¿Qué quieren?".
Una somnolienta Roza bajaba las escaleras, con un gigantesco oso de peluche y envuelta en un pijama de jirafa, que los hizo sonreír.
"Tengo hambre, ¿quedó tortita?".
"Roza, vuelve a dormir. Tendrás torta cuando todos se hayan levantado" le dijo Sergei, muy suavemente.
No vio la mirada que ella dirigió a los guardianes.
Recuerdos oscuros recorrieron su mente y se echó a temblar. Salió gritando.
"¡Anne, guardianes malos quieren matarnos!", y subió, despertando a toda la casa de improviso.
"La... Reina ha convocado a La Corte al Señor Mazur, a la Guardiana Janine Hathaway y a su hija. El jet vendrá por ellos en algunas horas más".
Entonces entró Janine, con un babydoll que no ocultaba nada a la vista.
A los guardianes se les salieron los ojos... y a casi todos... algo más.
"¿Qué pasa aquí?, Roza entró gritando que la querían matar unos guardianes. Está llorando y tiene miedo.
"Vienen por el Jefe, Janine"; le dijo Sergei, molesto. No la miraba, sino que a ellos. Su término de turno era pronto y no podría irse a dormir. "Se supone que enviarán al jet de La Corte... pero el nuestro está en el hangar de siempre... ¿Señora Yeva?, estos imbéciles pueden esperar aquí hasta una hora decente, ¿al menos?. Nuestro jefe... decidirá cuando sea oportuno. Una vez que Roza deje de llorar y no crea que vienen a matarla, seguramente... yo... iré a intentar despertar a..."
"Ni lo sueñes. Acaba tu turno y duerme, Sergei", le dijo Janine, duramente. "Ya despertará Pavel, rezongando, pero lo hará...No les confiaría ni una pistola de agua a estos...¿están graduados, al menos?". Miró críticamente a los guardianes.
"El año pasado, la mayoría, Guardiana Hathaway", explicó suavemente el jefe del grupo.
"Me lo temía. Mandan a niños a hacer el trabajo de hombres. Como siempre. Señora Yeva, ¿usted vuelve a dormir?".
"Alguien tiene que cuidar que a los pollos no se los coma la serpiente, ¿cierto?. Vuelve a la cama. Aún es tu Luna de Miel. Tienes a un esposo que debe satisfacerte en la cama", sonrió. "Ustedes, siéntense donde puedan, cierren los ojos y finjan dormir, si no lo hacen en serio. Ni pío quiero oir" y se sentó, con un tejido.
A las 8 AM, bajaron Ibrahim, Janine, una ojerosa Roza y el resto de la casa. Los jóvenes guardianes dormían -todos ovillados donde pudieron- y Yeva cabeceaba.
Roza los miró con suspicacia y se acercó cautelosamente a cada uno, mirándolos fijamente. Ninguno reaccionó.
"¿Los mataron?", dudó, "¡yo no fui!" gritó y se puso en postura defensiva. Y despertaron en cadena. Gritando. "Ah, siguen vivos. Que alivio, ¿cierto?".
No lo estaba, claro.
"¿Señor Mazur?", titubeó el jefe, pero Abe le hizo un gesto de silencio.
"Iré cuando me dé la gana. Mi jet está siendo abastecido y en mantenimiento. Yo llevaré a Janine y a nuestra hija. ¿Está claro?".
"Pero Señor..."
"Señora Yeva, ¿puede ofrecerles algo de comer, para evitar que se vayan así, famélicos y avisen que no traigan el jet de Tatiana?, seguro lo necesita para ir al supermercado, o algo..."
"Algo podré tener", masculló y se levantó. Para Alimentar a toda la casa, claro.
Sergei finalizó su turno y se fue a dormir y Pavel se ocupó de llevar a los guardianes a St. Basil... para decir unas cuantas palabras al Capitán de la Guardia.
Roza no quería irse -obviamente- pero por la seguridad de todos, debería ir a La Corte, por primera vez en su vida.
Así que empacó y luego desempacó y llevó algunas cosas a Vika, que las había admirado.
"El oso es para tí y estos pijamas -a mi ya no me quedan bien-." se disculpó, "¿quieres las libretas de unicornio, también?, se supone que las niñitas no... en fin. A mi me gustan igual, ¿si?. ¿Quieres los libros de cuentos?, ¿sí?" y, al final, casi vació su maleta.
Mientras los adultos observaban, con sonrisas en los labios y en los ojos.
