Pavel condujo al resto por pasillos y laberintos, hasta un acceso sin salida.
Al fondo, había un tapete de un Dragón en un Campo de Gules. Ibrahim sacó de su cuello una llave plateada y abrió la complicada cerradura.
"Silencio", les dijo a los niños, "nadie recuerda este pasadizo. Es seguro. Fue construido a prueba de bombas muchísimo tiempo atrás. Vamos. No hay tiempo". Y los hizo entrar en silencio, cerrando la puerta tras de sí.
Oscuro, silencioso, con muchas cosas en las paredes, Ibrahim los fue guiando por el sendero apenas iluminado ¿de dónde venía esa luz?, siempre adelante, hasta alcanzar una puerta.
Que abrió con la misma llave. Los hizo salir en silencio.
"Estamos tras en hangar en donde siempre estaciono mi jet", susurró. "Pavel, revisa que esté cargado de combustible y provisiones... Sergei, el búnker. Cuándo sea seguro, entraremos". Entonces le pareció ver a dos caras conocidas en la multitud, a lo lejos, y suspiró. "¡Sergei!, trae a Ivan y a Dimitri!. No vamos a dejarlos acá. Sergei corrió hacia ellos y los arrastró al hangar.
En dónde los hizo entrar al Búnker -bajo el mismo hangar- y se acomodaron a esperar el fin de la alerta.
"Estás a salvo, Cris. Aquí no van a tocarte los monstruos", y lo abrazó muy fuerte, hasta hacerlo reaccionar.
"Mi... tía, Natasha. está en la enfermería", susurró, llorando.
"Estará a salvo. Ese lugar tiene bordes mágicos propios", explicó Ibrahim, "como muchos otros. Ya deben haberlos llevado a la habitación de seguridad".
"¿Hay Puntos seguros?, ¿cómo así?". Se interesó Roza.
"Las guerras, amorcito", explicó Ibrahim, "las bombas y esas cosas pueden romper destrozar lugares así que los comenzaron a rodear de bordes mágicos y a mantenerlos reforzados. Sólo así han logrado mantenerse vivos".
"Pero los nuestros mueren, Baba. ¿Quién nos protege con escudos mágicos?, ¿nadie, acaso?. Yo no tengo magia para cuidarte o a Anne.. acaso... ¿deberé morir por ello?".
"Yo te protegeré", le susurró Cris. "Espera, ¿quién eres tú?, ¿Roza, me dijiste?".
"Roza Mazur".
"¿Mazur como Zmey?", murmuró, confuso. "Pero eres una niñita dhampir, ¿sí?", frunció el ceño.
"Es mi hija", dijo Ibrahim, afablemente, asustándolo y sorprendiéndolo.
"¿En serio me cuidarías?".
"Yo tengo magia... soy fuego".
"Oh ¡sería igualito que Como Entrenar a tu Dragón!, ¡Mi propio Chimuelo!" y lo abrazó agónicamente apretado.
La llegada de Janine relajó las cosas, un poco.
Les contó que el nido no era tan grande.
Pero no se levantaría la alerta hasta el alba.
Hasta entonces, nadie podía transitar durante el toque de queda.
En cada casa, deberían meterse en donde pudieran hacer un borde de contención mágico, juntándose con morois de los 4 elementos.
Y rogar que sólo fuera como un plan Dayse. Así que se acomodaron en el pequeño espacio -ovillándose y enrollándose- hasta encajar allí.
Al alba, la alarma de término del toque de queda sonó, haciéndoles saber que el peligro había pasado.
Así que todos dejaron sus refugios, escondites, bajo camas, closets y el lugar que hayan escogido para esconderse.
Salieron del refugio del hangar y volvieron al palacio -por tierra, no subterráneo- para despedirse.
Roza había decidido ir a La Escuela Intermedia... para entrenar a su dragón... ¡Y con él!, pero le dejaría las cosas en clarito a esa bruja.
"Ok, Tatiana, ¡escucha!", entró hecha un huracán y casi le causó un infarto... al de ella cardio, obviamente. "Iré a la Intermedia porque Cris quiere que entrenemos juntos, ¿sí?, pero no me has ganado. Lo hago porque los strigois se comieron a sus papis y casi a su tía, ¿sí?. Pero no molestarás más a mi Anne o a mi Baba o al moroi que mi Anne le hace sitter, ¿sí?, ni menos a mí. O nada. No voy a ser guardiana y no voy a morir por tí. Ya me quisiste muerta. Fallaste. Tema cerrado, ¿sí?. Pero voy a cuidar al niñito moroi porque nadie más lo hará por él. Y no soy niña o nada más que Roza Mazur para tí. Roza. No es tan difícil, ¿cierto?, Te llamas Tatiana pero quieres que todos te digan Reina y te reverencien como a una Diosa y todo. Bueno. A mi me gusta Roza. Así que yo le digo Reina y usted me dice Roza o nada... ¿trato?".
"Trato, Roza", sonrió.
"Bien, Reina. Es todo" y tomó de la mano a Cris, para sacarlo de la sala... antes de que babeara.
Por el intercambio, claro.
Pero al ir saliendo, chocó con una niñita rubia, que llegaba con otros morois rubios y altos.
La niñita los miró con ojos como platos.
"¿Eres Cristian Ozera?", susurró la niñita moroi, nerviosa. Como si temiera que se la comiera. Él asintió. "¿Es... tu guardiana?". Dudó.
"Ella es Roza Mazur, Lissa. Irá a la academia con nosotros. Ella es Lissa Dragomir... Somos parientes. Su mamá y mi papá eran primos.. en algún grado. Ambos Ozera".
Roza la miró de arriba a abajo y no le encontró gracia alguna.
Flacuchenta, rubia casi albina, ojos verdes, miedosa. Debilucha.
Pero había que tener modales con niñitos más débiles, como esa flacucha moroi.
"Un placer", dijo, sin sentir nada en absoluto. "¿Quieres algo, alguna cosa?, ¿hablas, por lo menos?. Y la niñita se echó a llorar.
"¡Tatiana, aquí se echó a llorar otra de las tuyas, una flacucha y debilucha!", gritó destempladamente hacia adentro, "¡qué hago con ella!".
La Reina asomó -conversaba con los padres de la niñita y los Mazur- y abrió los ojos como platos. !Esa era Vasillisa Dragomir, la nieta menor del Príncipe Dragomir!
"¿Yy si la pongo al sol, se derretirá?", dudó.
"¡Al sol!", casi chilló La Reina.
"¡Está mustia, le falta sol!, mira el color del pelo, ¡no tiene color!, está paliducha y parece que no ha tomado sol en su vida!, ¿puedo ponerla al sol a ver si revive un poco?".
"A mi me gusta el sol", susurró la niñita.
"¡Perfecto!" y la arrastró ¡a un enorme ventanal! y la puso directo -pegada- contra él. ¡Cómo si fuera una planta!.
Sus padres y hermano las observaban, boquiabiertos.
"¿Ella?", dudó el padre, mirando a La Reina, "¡ella puso a Lissa contra el vidrio como si fuera una planta!".
"Sí, Roza ama la jardinería. Seguramente pensó que su tierra es demasiado blanda...", explicó Janine y se volvieron a ella con expresiones aterradas.
¿Qué iba a hacer esa niña, a enterrarla viva acaso?.
"Ah, claro, Alicia", dijo Tony. "Las flores del jardín tenían la tierra bien apisonada", explicó. "¿No?, ¿Alicia en el País de las Maravillas no les suena?, ¿en serio?, ¡es un clásico!".
Lissa se fue sobrecalentando, allí contra el vidrio.
Sus mejillas se llenaron de color y ah... sarpullido.
"¡Auxilio, la niñita flacuchenta se quema!", gritó Roza, sacándola brutalmente de la ventana y abrazándola.
Así que, o moría quemada o asfixiada. Solucionado.
Ni que decir que debió ser llevada a la enfermería.
Apoyando la teoría de que los morois eran debiluchos.
¿Cómo le iba a hacer tanto daño un solo rayito de sol?, de verano, claro.
Pese al chascarro, a Lord Eric le gustó la actitud de la aguerrida niña moroi -Roza Mazur- se recordó.
Había protegido a Cristian y a Lissa con sus abrazos. No le importaría que no fuera su guardiana a futuro.
Más bien una amiga que estuviera siempre con ella. Era su igual.
"¿Así que irás a... St. Vladimir?", le preguntó El Príncipe Dragomir, amablemente, a Roza, cuando se la presentaron.
Su hijo le contó todo sobre ella. Ya era una leyenda... ¡Le decía Tatiana a La Reina!. épico.
Pero Roza arrugó la nariz, con desagrado.
"Ensayo y error, Señor. Si no me gusta, me largo. ¡Ah!, claro y me llevo a Cris!".
"Es moroi. Seguro no estará seguro afuera".
"Ah. Sí. Como su mami y papi, ¿cierto?. Tenían guardianes y todos fueron comidos por los otros monstruos. ¡Vaya protección! y tienen magia. Qué vergüenza. ¡Todos deberían saber defenderse!, ¿por qué sólo mi gente debe morir?, ¿o acaso tienen hijos para matarlos?, es eso, ¿cierto?, ¡No somos gallinas, Señor!, No. Ponemos. Huevos. Duele ¿y cree que no nos duele ver cómo los niños mueren por ustedes, cobardes?". Oh Oh.
¡Qué discurso, cuánta ira, cuánto odio! esa fuerza sorprendió al Príncipe, que no se atrevió a decir nada... O nadie.
Ni su hijo o los Mazur o La Reina... ¡nadie!
"Pero eres... dhampir, ¿cierto?", Lissa miró a su mamá, confusa.
Lo era, ¿si?, ¿no?, ¡era todo tan confuso en ese momento!.
"No fui criada para esconderme... ¡ni para esconder a nadie tras de mí! las niñas como yo ¡aprendemos a defendernos y no a escondernos ... no sólo hay strigois, niñita, ¿cómo era que te llamabas?, ah, no importa. Hay gente mala afuera" y miró a La Reina con un rictus de odio que los estremeció "y otros venden su alma a los strigois, creyendo que se volverán inmortales. ¡El mal está a todas horas!, incluso dentro de tí" y levantó su mano al sol, la que se sobrecalentó... y comenzó a empollar. Levantó la suya al sol... y no pasó nada. "¿Ves?, sanita sanita. Vivo de día y duermo de noche, ¡no soy murciélago, Tatiana!", le gritó, a bocajarro, sobresaltándola. "Lo entrenaré de día, bueno, de a gotitas, hasta que refuerce su magia y sea el Dragón para el que nació ser".
"Yo soy Dragomir", pió Lissa.
"Precioso y Pacífico", le dijo, "ya veo dónde viene lo pacífico", la miró críticamente. ¿Puedes pegar un combo como para salvar tu vida, al menos?... ¡no te eches a llorar ahora!". Miró alrededor y vio al Guardián Croft, el favorito de La Reina para suceder a Arthur. "Tú, el flacucho de pelo teñido!", le gritó. Croft abrió los ojos como platos. "Ven acá, sirve para algo... ¡ni el papel mural ni el muro van a caerse si lo sueltas!", La Reina le hizo un gesto imperceptible y él se acercó a Roza. "Ok, grandulón. Posición defensiva. Imagina que soy una Niña Inmortal... ¿no?, ¿no viste Crepúsculo, no lo leíste, al menos?, ¿nada?, trogloditas" masculló, indignada. "Bueno, soy una strigoi, ¿sí? y tengo hambre y quiero comerte. Te ves... fresquito. ¡Y no tienes tu estaca!, ¡atacáme!, o lo haces... ¡O te como!" y se abalanzó sobre él, mordiéndolo con una ferocidad que lo asustó. Croft reaccionó instintivamente. No midió su fuerza, porque Roza no se lo permitió. Tenía su altura -diminuta- a su favor y también su liviandad y agilidad... Pero... ¡algo más!, su madre no era BM1 por nada. Si. Estaba en el primer nivel, a 6 escalones de ser Senior. Y el salto y patada aérea que desequilibró a Croft -para después recibir un puñetazo- no sólo lo dejaron sin aire, sino... humillado y sangrante. "¡Ah, White, One Quarter, obvio. Pobrecito!" y le ofreció la mano para que se parara.
Sobre él, sentado en el piso, se veía atemorizante.
"¿Qué... rango eres?", dudó La Reina, mirando a Janine. Era evidente de dónde venía esa habilidad... Esa letalidad, eso sí, era su padre.
"Blood Master, Uno", dijo Janine, orgullosa. ¡Eran tan pocas mujeres de tan alto rango y menos de 30 años!.
"¡Yo soy Blast, Siete!", gimió Croft. Parecía que no era sólo el orgullo.
Hombre, con más experiencia que Janine -tenía 40 años- y más fuerte... ¡Y derrotado por una niñita!. Épico.
"Eres letal, Roza", dijo La Reina, ojos como platos, "Si todos los novicios fueran como tú...", pero Roza la miró con tanta ira que se silenció.
"Primero. Tengo papá y mamá. Los novicios sólo mamá, que deben dejar de comer para enviar a sus hijos a sus Academias y no a una escuela normal... ¿acaso sus tan apreciados moroi pagan pensión por sus hijos?, ¿no, cierto?. Segundo, la comida. Sus Academias son guetos, ¿cree que los alimentan bien?, ¡No!. Tercero, el trato. No Son respetados. ¿Así que quiere mejores novicios, eh?. Cuarto, el pago. ¡Es una miseria!, suerte que mi Baba no le pide pensión por mí, o mi Anne tendría que dormir bajo un puente... ¿Sigo?. Quinto. Lavado de cerebro. Ellos vienen primero. ¿Los espermios?, claro. O el espermio, mejor dicho. Se solucionaría con una buena ordeñada a un moroi semental... dhampir instantáneo. Pero, claro, sale caro y las mujeres dhampirs deben hacerlo a la antigua, y ser desangradas en el proceso".
