En menos de dos meses, el Contrato estaba listo, redactado de tal manera que -ni la muerte de una u otra- le pondría fin.

Bueno, si La Corona moroi cambiaba de manos, la deuda no se extinguía, igualmente... pero tampoco El Clan Otomano.

La Reina esperaba -algo, alguna cosa- que cambiara el orden de las cosas.

¡Era una academia!, la más cercana a la Corte.

¡Y el Consejo Real no lo sabía!, la venta de cualquier inmueble -como el tomar deudas a plazo infinito- se debían aprobar.

Que Roza fuera -o no- a una Academia, ya no era el tema... ¡su cabeza caliente y llena de rabia había terminado ofreciendo una Academia a cambio de derrotarla!.

Claro. Se recibiría un pago por ella -sí- ¡pero no era cualquier Academia, era St. Vladimir!, lo peor sería no firmar ese contrato.

Si tan sólo hubiera una cláusula -algo- que lo evitara.

Así que lo llevó al Consejo. No podía hacer nada más.

El contrato estaba redactado. Sin fallas, finamente redactado.


"Príncipes y Princesas del Consejo Real... ha... surgido un inconveniente. Pero también una alternativa... Como ustedes saben, 4 Reinados atrás, se debió tomar una difícil decisión... Nuestras familias debieron huir de la Gran Guerra en Europa-casi con lo puesto- y nada teníamos para recomenzar... El... primero de los Reyes del Nuevo Mundo debió negociar nuestras ruinas en el Viejo Continente a cambio de un nuevo hogar... Pero el costo -y ustedes lo saben- nunca fue pagado... Hemos pagado los intereses -sí- pero la deuda sube. He aquí que... parte de los manejadores de esa deuda ofrecen... Condonar años futuros de intereses por... "

"¿Qué vamos a perder, ahora?", rezongó El Príncipe Tarus, "Toda mi familia perdió todas sus posesiones en Europa... ¡todas!, los terrenos se revaluaron y..."

"Vino la 2da Gran Guerra!", le recordó El Príncipe Dragomir. "Nosotros también perdimos todo, Rufus. ¡Pudimos rescatar tan poco!. Europa ya está lejos en nuestro recuerdo... Entonces, Su Majestad... a qué debemos renunciar ahora", suspiró. ¡Oh, él lo sabía! y quería saber que pasaría... ¡casi casi que Roza Mazur se convertía en la Futura Princesa Consorte Dragomir con todo eso!

"La Academia de St. Vladimir", suspiró La Reina.

Lo que esperaba, sucedió.

Gritos, recriminaciones, amenazas de que debería renunciar.

Y una sombra de miedo en los ojos de todos.

"Si no, no pasará nada, ¿cierto?", titubeó La Princesa Voda.

"Quién... maneja esa deuda tan poderosa que...", dudó El Príncipe Lazar.

"La Familia Mazur... Y el Clan Otomano", susurró.

"Hago mis maletas y me voy", dijo La Princesa Badica, "Si entran los Mazur a la Academia, mejor saco a todos los Badica y los llevo a cualquier otra parte".

"Si ellos cobran esa deuda... me temo que deberemos dejar la Corte", susurró El Príncipe Lazar, "sólo nosotros lo sabemos... pero un leasing a 100 años no es una compra... ¿cierto? y la gran mayoría de nuestras casas están en terreno originalmente comprado por los Mazur... como representantes de los Otomanos...".

"Ella sólo quiere la Academia... por el momento", susurró La Reina.

"¿Ella, quien?". Temieron lo peor.

"Bayan Roza Hathaway Mazur, la hija de Ibrahim y su Kadin Consort".

"¿Ma... Ibrahim Mazur... se casó?", dudó su otro sobrino, El Príncipe Ivashkov.

"El Pashá Mazur se casó con la Guardiana Janine Hathaway, Robert", le dijo El Príncipe Dragomir, afablemente. "Son padres de una niña... que ofreció a Su Majestad olvidar los intereses -que son suyos ahora, en todo caso- por la Academia a la ella que irá..."

"No es... la misma que debía abortar o morir, ¿cierto?", dudó El Príncipe Tarus.

"La misma", dijo La Reina. "Yo cometí un error...".

"Y porqué debemos pagarlo todos!", gritó el siempre inestable Príncipe Ronald Ozera

"Porque esa deuda es todos... los royals. Vendimos nuestro pasado por este Presente... Ahora... eso nos lo reclama el futuro".


Lo que La Reina no sabía -y No preguntó- era que la deuda en sí la controlaba Ibrahim -como El Jefe de su Clan- pero su Baba había cedido sólo los intereses que la deuda generaba a su viuda, Meryem.

Quién los recibía por 15 años, ya... y era bastante dinero -ya iba por sobre 5 millones, anualmente-.

Meryem accedió en traspasar ese tercio a un fideicomiso aparte -con ella como Fiduciaria. Con Roza -sólo nominalmente- como su Beneficiaria. Porque Meryem aún estaba viva. Obviamente.

Allí se recibiría el pago de los intereses de la deuda... de allí se devolverían dos tercios a su abuela y el tercio sería invertido. Siempre bajo el nombre de su beneficiaria real.

Anualmente, se pagaría a las arcas moroi un de la Academia fijado en el contrato y sólo al final del proceso... las Escrituras indicarían a Roza Hathaway Mazur como su única propietaria... tras su abuela, claro. Pero ya sería demasiado tarde en retractarse. Todo sería legal.

El avalúo de la Academia -real- era de unos 15 millones de dólares. Y no se pagaría más que un tercio de ella... dólares más, dolares menos.

Ibrahim fue llamado a negociar. Llegó con su madre -beneficiaria de los intereses de por vida- y con Janine. y, obviamente, los abogados del Clan, tanto o más duros que Ibrahim.

Las cosas legales aburrían a Roza, que era sólo una niñita y por ella, que desocuparan la academia -ya- para hacer un refugio de unicornios. Y al haber pocos, aceptaría hombres lobos, sirenas y claro. Dhampirs. Nunca un moroi.


"St. Vladimir es la primera Academia en el Nuevo Mundo", lloriqueó El Príncipe Lazar.

"Pero no la única", refutó Janine, mirando unos papeles. "Incluso, hay otras dos más cercanas a Pensilvania. Cualquiera de ellas tiene el espacio adecuado para todos sus morois juntos... Al dejar de costear una, en el futuro -y tan cara, además- podrían mejorar las otras... Los intereses se ocuparán de pagar los costes de la 1ra Academia Mazur" les guiñó un ojo y todos gimieron al unísono. "Además, con todo el espacio disponible, podremos recibir a todos los dhampirs que aún no llegan a una Academia y así tener una oportunidad de educación, entrenamiento y capacitación para el futuro... incluyendo a todos los niños echados por orfandad, no pago y no pasar las clasificatorias... Los que elijan La Guardianía, podrán transferirse -una vez rindan adecuadamente sus Calificatorias- a Academias que los gradúen como tal... También tendremos espacio para acoger a guardianes retirados por diversas razones y así formar los staff adecuados... sacándolos de las calles, de las comunidades cerradas y sí de los núcleos Keepers. Un lugar para que vivan -y mueran- con dignidad".

"Una academia Dhampir", murmuró El Príncipe Dashkov, "¿y los morois que ya van allí... Señora Mazur?", ambas levantaron la mirada y fruncieron el ceño y él no supo a quién dirigirse. "¿Señora... Janine Mazur?". Se achicó ante su mirada.

"Mi hija tiene la idea de entrenarlos en magia", dijo Janine, a lo que los otros Mazur asintieron, golpeando la mesa con los dedos y haciéndola remecer. Janine sonrió. "Serían evaluados de entrada... ¿cómo fue que dijo?, ah, claro. Morois ricos y taimados. De esos no. A menos que puedan defenderse de verdad..."

"Quería ponerle Academia Wakanda, pero hay problemas de CopyRight, me temo", dijo Ibrahim, "me temo que Stan Lee no quiso venderme el CopyRight... parece que se lo compró Disney, antes".

"¿Hay otros medios posibles?", dudó El Príncipe Zeklos.

"¿Cuánto dinero llevan en sus bolsillos... o cajas fuertes, o en el banco?", dijo Meryem, "¿cuánto aportaría cada Familia Real para evitar que la Academia St. Vladimir pase a ser la Wakanda de mi Torum?... tienen hasta el 31 de agosto para darnos la respuesta, Lords y Ladies del Consejo", dijo, con apenas deferencia, "el 1ro de septiembre, mi Torum, Bayan Roza Mazur, entrará en la Academia... como alumna o propietaria. Ustedes lo deciden".


Lo sabían. Podían tener el nombre. Pero muchos tenían menos que cualquier otro moroi o humano.

Ningún moroi estaba en Forbes o era invitado a grandes eventos. O viajaban todos los años por el mundo.

Muchos ya habían empeñado -o vendido- joyas y terrenos fuera del reducto de la Corte.

Y no tenían más que el nombre, arrogancia... y muchos... lo puesto.

Si no fuera porque el Consejo de Guardianes pagaba a sus guardianes... ellos no podrían hacerlo.

¿Lo peor?, lo único que pagaba la Academia de sus jóvenes royals en formación... era eso, el nombre. Un préstamo a futuro.

En contra de fideicomisos, herencias y legados. Afortunado era el que podía darse el lujo de pagarla.

"Y... algo más de tiempo?", pidió -no, suplicó- La Reina.

"Roza cumplirá 18 en 8 años. y Hará lo que quiera" se cuidó de decir algo que pudiera ser usado en su contra. "Podría querer ir a la luna o buscar unicornios... o fundar un refugio de hombres lobos perdidos. Lo que desee. Esa es la alternativa", dijo Meryem.

"¿Y... Un porcentaje de la Academia?", sugirió El Príncipe Dashkov, sudando.

"¿Por un porcentaje de los intereses, dices?". Presionó Mazur.

"¡ESO!, un porcentaje de cada Academia", sugirió El Príncipe Dragomir, "Cada año, un porcentaje de una distinta... a cambio de los intereses de ese año" y miró el contrato. "Sólo necesitaríamos redactar esa cláusula e indicar los porcentajes... y Academias".

Los 3 Mazur, y sus abogados, se miraron.

No esperaban -ni en un millón de años- que ellos aceptaran.

Esperaban el ofrecimiento de lo que no tenían. ¡Pero ganarían Academias!, bueno. A pedazos. Sólo haría falta un poco de paciencia para manejar la mayoría en algunas. Habían 8 años para eso.

"Lo discutiremos. Después de todo, es el futuro de Roza. Será su dinero... ¿sí?" y se levantaron.

"¡Ah! y no lo olviden. Roza quiere que Lord Tony Szelsky se case con La Capitana Petrova y el matrimonio sea válido y legítimo. Es parte de la condición", les dijo Janine y todos -¡sobre todo El Príncipe, padre de su cargo, casi se murió de un infarto!

"¡Espera, qué!", gritó, destemplado.

Pero ellos ya habían salido de la sala, para reír a mandíbula batiente.


Ni que decir, que Roza no estaba muy convencida. Pero le gustó la idea. Pero ellos escogerían las Academias. Y partirían ese año con St. Vladimir. Obviamente.