CAPÍTULO 12

Transcurrieron varios años en el espacio, hasta que llegó el día en que el SDF-2 regresara a la Tierra. La mayoría de los civiles se había quedado en Tirol, al igual que los militares que en un inicio habían decidido quedarse en ese planeta. Ellos iban a estar a cargo de la seguridad de la colonia humana. La Capitana Hayes había dejado instrucciones precisas, así como la designación del personal militar que se encargaría del monitoreo de las condiciones ambientales y amenazas alienígenas que pudieran haber. Sin embargo, era reconfortante que en los años en que estuvieron viviendo en Tirol, no hubo ningún tipo de ataque. Habían subsistido con recursos propios, sin tener que usar la protocultura. La colonia de humanos había logrado ser autosustentable.

Lisa y Elizabeth se despedían de alguien muy especial para ellas que había ayudado a la capitana Hayes a cerrar un capítulo de su vida y que la había hecho liberar la melancolía y nostalgia que habitó en su mirada por tantos años.

Los tres se dieron un último abrazo. Elizabeth lloraba mucho. Lisa trataba de contenerse, pero las lágrimas escapaban de sus ojos.

–¡Gracias por todo! –dijo Lisa.

–Gracias, Lisa. Gracias, Elizabeth. Las tendré siempre en mi corazón y en mis recuerdos ¡Las quiero mucho! –contestó aquella figura masculina a la cual Lisa y Elizabeth habían tomado mucho aprecio..

–¡Nosotras también te queremos! –respondieron ellas al unísono.

Lisa y Elizabeth se alejaron mientras aquel amigo en común, agitaba su brazo en señal de despedida. Antes de ingresar a la fortaleza, ambas voltearon y se despidieron también de él. Elizabeth moviendo su brazo y Lisa hizo un saludo militar, al que él correspondió de la misma manera.

Lisa fue a dejar a Elizabeth al dormitorio. La teniente Nancy, su cuidadora desde bebé, iba a estar con ella mientras Lisa trabajaba.

El SDF-2 despegó. Tanto civiles como militares, se reunieron para decirles adiós. Agitaban sus brazos hasta que perdieron de vista a la fortaleza.

En el puente de la fortaleza, Lisa pedía el estatus de todos los sistemas, de los reactores y de las armas, así como también, se comunicaba con los escuadrones que estaban a cargo de custodiar la fortaleza. El semblante de la capitana era firme y sereno, pero por dentro, ella tenía una gran preocupación porque estaban viajando con la mitad de los escuadrones puesto que la otra mitad, se había quedado a resguardar a los civiles en Tirol. «Espero tener una travesía tranquila. Con tan poco personal, no saldríamos bien librados de un ataque. Cuento con Jack y los demás capitanes con experiencia, pero aún así, podría tener consecuencias desastrosas» pensaba Lisa.

Habían transcurrido 9 meses, durante los cuales, habían atravesado galaxias y habían realizado varias transposiciones. Solo quedaba hacer un salto espacial cuyas coordenadas al salir, los transportarían a unos kilómetros cerca de la Luna.

–Finalmente conoceré la Luna, mamá. –dijo Elizabeth.

–Sí, mi amor. En cuanto salgamos de la transposición, estaremos cerca de la Luna.

–¡Ese será otro de mis regalos de cumpleaños! –exclamó la niña emocionada.

–Claro, mi vida. Es un regalo especial e inolvidable, para complementar los que ya te dieron en tu festejo de cumpleaños.

–Sí, mamita –dijo mientras sonreía.

En ese momento, Lisa recibió una llamada del puente.

–Capitana, habla el comandante Strauss.

–Adelante, Georg.

–Lisa, saldremos del salto espacial. TA 600 segundos.

–Los sistemas de monitoreo terrestres y del satélite fábrica ya deben estar recibiendo lecturas de incremento de energía. Comiencen a transmitir mi mensaje de identificación, antes de que otra cosa suceda.

–Enseguida, capitana –contestó el comandante de cabello rubio y ojos azul claro.

–Voy al puente, Georg. Roger out –respondió Lisa.

–Roger out.

Lisa prometió a Elizabeth que en cuanto terminara su trabajo en el puente, irían al observatorio a ver la Luna. La elegante capitana Hayes se dirigió pues, al puente de mando, para estar en su puesto cuando salieran del salto espacial.

Desde el puente del SDF-2 se transmitía el mensaje de manera repetitiva, para todas las frecuencias de comunicación terrestre: "Habla la Capitana Elizabeth Hayes, a cargo de la Fortaleza Super Dimensional 2 de la Fuerza Expedicionaria Robotech del Gobierno de la Tierra Unida. Cualquiera que escuche mi transmisión, responda, por favor»".

–Capitana, estamos a punto de salir del fold espacial. TA 10 segundos –avisaba Sammy.

–Gracias, Sammy. Espero encontrar todo en orden.

Entre tanto, en la Tierra, en la base Macross, los monitores estaban registrando el cambio de energía cerca del satélite natural terrestre.

–Mayor Grant, estamos detectando un incremento de energía en el cuadrante lunar.

–Amplifica la imagen en la pantalla –ordenó Claudia Grant–. ¿La base lunar ha reportado algo?

–Reportan que están detectando un incremento de energía. Existe una alta probabilidad de que se trate de una transposición.

Claudia se quedó pensativa «¿Acaso se tratará de…? ¡Podría ser!».

–Comuníqueme con el Almirante Gloval. ¡Enseguida! –solicitó la mayor Grant.

El Almirante Gloval se encontraba en su oficina, cuando recibió la llamada de la Mayor Grant.

–Almirante, habla la Mayor Grant. Tiene que venir al centro de mando. Estamos recibiendo lecturas de incremento de energía del cuadrante lunar. Parece ser una transposición.

–¿Una transposición? ¡No hemos recibido una en años! ¿Cree que podría ser ella, es decir, el SDF-2? –comentó el Almirante. La emoción en su voz era notoria.

–Puede ser, señor –respondió Claudia.

–En un momento estoy allá. Cambio y fuera.

Una vez que el SDF-2 salió de la transposición, la tripulación pudo ver la Luna y a lo lejos, la Tierra. ¡Estaban muy contentos! Hubo risas, gritos, aplausos y lágrimas. En eso, empezaron a recibir datos de comunicación emitidos por la base lunar y el satélite fábrica, los cuales estaban respondiendo al mensaje de la capitana.

–Aquí el Capitán Delon, de la base lunar, la escuchamos fuerte y claro, Capitana Hsyes. Cambio.

–Habla el General Breetai, Comandante de las Fuerzas Zentraedi, en el satélite fábrica, la escuchamos claramente, Capitana. Es un placer volver a oír su voz.

En ese momento, una gran emoción embargaba a Lisa. Por fin, después de 13 años, regresaban a la Tierra, con una exitosa misión expedicionaria y colonizadora.

–Kim, por favor, abre la comunicación –solicitó Lisa.

–¡Enseguida! –respondió Kim.

–Habla la Capitana Lisa Hayes. Gracias por responder a mi mensaje de identificación –dijo Lisa tratando de controlar su emoción–. Estamos regresando a la Tierra…

–Enterado, Capitana. Le pediría que se detuviera en el satélite fábrica, pero comprendo que lo primero que quiera hacer es regresar a su planeta.

–Sí, General. Es correcto. –dijo Lisa esbozando una sonrisa.

–Enterado, Capitana Hayes. Tenga buen regreso a casa. Roger Out.

–Roger out. –contestaron Breetai y Lisa.

En el puente, las chicas y los comandantes comentaban que extrañaban su vida en Tirol, sin embargo, estaban felices de regresar a la Tierra, su planeta de origen y que por fin podrían mostrárselo a sus hijos.

–Es cierto, nuestros chicos no conocen ni la Luna ni la Tierra. –mencionó Vanessa.

–Ojalá pudieran verlos desde lejos, sería una experiencia memorable –dijo Diego.

–Capitana, ¿habría la posibilidad de que nuestros chicos fueran llevados al observatorio? –preguntó Mario.

–Voy a hacer algo fuera de protocolo. Hablaré a la guardería y pediré que traigan a nuestros hijos al puente de mando. En todos estos años, nunca conocieron nuestro lugar de trabajo –contestó Lisa–. Así veremos la Luna y entraremos a la Tierra con nuestras familias.

–¡Eso es fantástico! –dijo Sammy–. Te comunico, Lisa.

–También pediré que abran el observatorio y quienes quieran ver la Luna y la Tierra, podrán hacerlo –añadió la capitana.

Minutos después, los chicos llegaron al puente y junto con sus padres, observaron la Luna y vieron de lejos a la esfera celeste a la cual se aproximaban segundo a segundo. Elizabeth estaba muy contenta, por fin conocía la Luna de la que tanto hablaban algunas de las canciones y poemas que cuando era pequeña, su madre le leía y también conocería la Tierra, lugar donde había nacido su hermosa madre. Lisa y Elizabeth se abrazaron y juntas veían a ambos astros por el ventanal del puente de mando. Las demás familias de la tripulación de puente, hacían lo propio. Con mucha alegría les explicaban la composición de la Tierra, que si bien, ya la habían visto en libros y en fotos, ver la esfera terrestre en tiempo real, era otra experiencia. Les explicaron que el color azul que se veía, eran los océanos, lo verde eran partes boscosas o con mucha vegetación, las partes color café eran zonas desérticas o zonas que fueron devastadas por las guerras y que aún no se recuperaban, asimismo, conocieron las nubes.

Lisa avisó por los altavoces de la nave que los civiles y los militares que estaban en descanso, podían subir al observatorio. Algunos seguían solteros, otros ya tenían sus parejas y otros más habían formado sus familias con hijos. Se encontraban felices.

Una vez que los chicos habían satisfecho su ansiedad por conocer la Luna, Lisa les pidió que regresaran a sus dormitorios con sus cuidadoras, pues en el puente aún había trabajo qué hacer.

–Kim, por favor, trata de comunicarte con la Tierra, considero que ya estamos dentro del rango de comunicación –solicitó Lisa.

–Enseguida, Lisa. –respondió Kim–. La línea está abierta en la frecuencia seleccionada. Puedes intentarlo.

–Gracias, Kim –contestó Lisa.

Lisa tomó aire y exhaló. La emoción le estaba ganando. Finalmente se decidió.

–Habla la Capitana Hayes, a cargo de la Fortaleza Super Dimensional SDF-2 de la Fuerza Expedicionaria Robotech del Gobierno de la Tierra Unida. Estoy tratando de hacer contacto con la Base Militar de Ciudad Macross. Si alguien de esa base escucha mi mensaje, conteste por favor.

Entre tanto, en la Tierra, la encargada del área de comunicaciones le decía a Claudia que estaban recibiendo un mensaje de una fuente de emisión desconocida.

–Abra el canal de comunicación –ordenó Claudia.

–Sí, mayor Grant.

Por los altavoces se escuchó el mensaje: "Habla la Capitana Hayes, a cargo de la Fortaleza Super Dimensional SDF-2 de la Fuerza Expedicionaria Robotech del Gobierno de la Tierra Unida. Estoy tratando de hacer contacto con la Base Militar de Ciudad Macross. Si alguien de esa base escucha mi mensaje, conteste, por favor."

–¡Oh, por Dios! –exclamó Claudia.

En ese preciso momento, el Almirante Gloval entraba a las instalaciones del centro de mando y escuchó la expresión de Claudia.

–Claudia, ¿Qué sucede? –preguntó el Almirante.

–¡Es Lisa! –respondió Claudia –¡Es un mensaje del SDF-2!

El mensaje volvió a escucharse: "Repito, soy la Capitana Hayes, a cargo de la Fortaleza Super Dimensional SDF-2 de la Fuerza Expedicionaria Robotech del Gobierno de la Tierra Unida. Estoy tratando de hacer contacto con la Base Militar de Ciudad Macross. Si alguien de esa base escucha mi mensaje, conteste, por favor."

El asombro del Almirante y de Claudia era mayúsculo. Después de algunos años de haber perdido contacto, recibían comunicación de la fortaleza espacial.

–¡Lisa! Soy yo, Claudia –contestó la mayor, olvidándose de todo protocolo.

–¡Claudia! ¡Qué alegría escucharte! –respondió Lisa.

En el puente del SDF-2, tanto Lisa como las chicas, estaban muy felices de escuchar a Claudia, la única que faltaba del equipo que habían formado en el SDF-1. Los comandantes, recién ascendidos a Capitanes, también estaban gozosos pues aunque no hubieran convivido con Claudia en el SDF-1, la conocían por la estadía que ellos tuvieron en la Academia Robotech y la base militar en Macross.

Entonces, escucharon una voz inconfundible, varonil, que aún conservaba la fuerza con la que la identificaban. Inmediatamente supieron de quién se trataba.

–¡También es un gusto escucharla, Capitana Hayes! –respondió el Almirante.

–¡Almirante! ¡Qué alegría escucharlo! –contestó Lisa, mientras sus ojos se humedecían por las lágrimas contenidas–. Estamos en el cuadrante lunar, en trayectoria directa a la Tierra.

–Sabía que regresarían, capitana –respondió el Almirante.

–¡Los esperamos con los brazos abiertos! –añadió Claudia.

–A la velocidad actual, llegaremos aproximadamente en 3 horas –respondió Lisa–. ¿Aún está disponible la plataforma de aterrizaje que tenía el SDF-2?

–Sí, lo está. Pueden aterrizar ahí. Ordenaré el monitoreo de la trayectoria del SDF-2 y que haya una guardia de personal y de Varitechs para auxiliarlos a su regreso.

–Gracias, Señor –responde Lisa.

–Lisa, el Almirante se ha encargado de defender ese espacio destinado para el SDF-2, pues querían darle otro uso.

–¡Ya lo creo! Muchas gracias, Almirante. Sé que confió en que nosotros regresaríamos. La misión ha sido un éxito, Señor.

–Ya habrá tiempo para contar los pormenores, Lisa. Lo importante es que lleguen sanos y salvos a casa.

–¡Sí, señor! Tendremos tiempo para platicar –respondió Lisa, controlando sus emociones.

–Así será, Capitana. Han sucedido tantas cosas, que tendremos que anotar varias reuniones en agenda para ponernos al tanto.

–Y pormenores personales, también, Lisa. No se te olvide –dijo Claudia entre risas.

–Señor, Claudia, antes de finalizar la conversación, las chicas los quieren saludar.

El puente se tornó una euforia. Sammy, Kim y Vanessa hablaban al mismo tiempo. Entre tanta algarabía, se perdía la conversación. Se saludaron y conversaron brevemente para después despedirse pues debían regresar a sus puestos de trabajo.

–En cuanto aterricemos, dejaré instrucciones en la fortaleza e iré a platicar con ustedes, Almirante. Si no hay algo más que agregar, voy a cerrar la comunicación.

–Sí, Lisa. Los esperamos –respondió el Almirante.

–Gracias, Señor. Hasta pronto. ¡Cambio y Fuera! –se despidió Lisa.

En el centro de mando, Claudia escuchaba las instrucciones del Almirante, para recibir al SDF-2. Asimismo, Claudia debía delegar las funciones de recepción de la nave, las relaciones públicas para que se pusieran en contacto con los medios de comunicación una vez llegada la fortaleza y reservar la sala de juntas por si llegara a necesitarse, entre otras actividades.

–Señor, ¿le puedo avisar a Roy, Max y Rick del regreso del SDF-2? –preguntó la mayor Grant.

–Claro, Claudia. Quería mantenerlo de forma confidencial, sin embargo, considero que será conveniente avisar al alcalde de la ciudad y a la ciudadanía en general, para que evitar que se genere pánico entre los habitantes

–Sí, Almirante, también lo creo conveniente. Avisaré a relaciones públicas.

–Gracias, Claudia. Estaré disponible en mi oficina.

–Vaya sin cuidado, Señor. Yo me encargo de todo. Debe cuidarse.

–Afortunadamente, mi relevo llegará pronto.

–¿Va a decírselo hoy?

–Hay tantas cosas por decir, quiero escuchar primero lo que tenga que decirme la Capitana. Después le comentaré los cambios que han ocurrido aquí.

Con paso lento y tranquilo, el Almirante Gloval se dirigió a su oficina. Claudia lo vio salir del centro de mando. Ella se había convertido en su mano derecha, tal como lo había sido Lisa en el SDF-1.

Claudia llamó a Roy y a Max para avisarles que el SDF-2 llegaría a la Tierra y que acababan de estar en comunicación con la tripulación. Ambos se pusieron felices con la noticia. Claudia le solicitó a Roy que designara una escolta para apoyar al SDF-2 a su llegada. También, la mayor Grant le pidió a Max que le avisara a Rick, pues ella tenía muchas actividades por hacer para tener todo listo antes de que aterrizara la fortaleza espacial.

Max llamó a Rick a su teléfono móvil. El recién ascendido a General, se encontraba dando un curso de entrenamiento de nuevos pilotos en Ciudad Granite y justo se encontraba en su intermedio para tomar los alimentos y posteriormente, seguir dando el curso.

–¡Hola, Max! –contestó Rick.

–¡Rick! ¡Te tengo una gran noticia! –exclamó el mayor Sterling.

–¿De qué se trata Max? Hasta en Ciudad Granite puedo sentir tu euforia, amigo –dijo Rick bromeando.

– ¿Estás sentado, jefe?

–Sí… ¿por qué?

–Pues… porque… no quiero que te desmayes de la impresión –dijo Max entre risas.

–Max, ya dime qué pasa…

–Bien… –dijo Max haciendo una pausa–. La gran noticia es que… ¡El SDF-2 regresa! –exclamó Max.

Rick se levantó de su silla, como impulsado por un resorte y sus pensamientos se fueron hacia la mujer que amaba «Lisa…».

–¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? –cuestionó Rick.

–Claudia me pidió que te avisara. El SDF-2 se comunicó con el centro de mando de la base –respondió Max con alegría–. ¡Amigo, tienes que venir a Macross enseguida!

–Pero estoy dando un entrenamiento… –respondió Rick con tristeza.

–Pues tendrás que hacer uso de tu rango y posponer el entrenamiento. Además, yo creo que serás solicitado por el Almirante para estar presente en la base de Ciudad Macross.

–¿Sabes si Lisa está bien? –preguntó Rick.

–¡Sí! Ella fue la que emitió el mensaje. Claudia y el Almirante hablaron con ella –seguía respondiendo Max con alegría.

–Gracias a Dios que está bien. ¿Cuándo llegan? –preguntó Rick con ansiedad.

–¡Hoy! En un par de horas, por eso te digo que vengas enseguida a la base.

–Solo dejo instrucciones para posponer el curso y viajaré en el Skull 1.

–Los ingenieros hicieron un gran trabajo adaptando los el diseño del Skull 1 al diseño de los nuevos varitechs –afirmó Max.

–Claro, el Skull 1 es una leyenda –comentó Rick.

–Jefe, voy a terminar la llamada. Cada segundo es valioso para tu regreso en tiempo. Roger out! –dijo Max.

–Gracias, Max. Roger out! –respondió Rick.

Rick sentía que su corazón latía acelerado. Únicamente podía pensar en Lisa. Por fin la vería, después de que ella dejó la Tierra. Aunque él todavía seguía casado con Minmei, su divorcio ya estaba por resolverse. Es así que se subió al Skull 1 y se dirigió a Ciudad Macross.

Finalmente, el SDF-2 entró a la atmósfera terrestre, tuvieron que reducir la velocidad conforme se iban acercando a la superficie terrestre para no impactarse cuando aterrizaran. El puente de la fortaleza estaba en comunicación con el centro de mando de la base militar y entre ambos, estaban dirigiendo el aterrizaje, apoyados por los equipos varitech que escoltaban a la fortaleza. Ante las miradas de espectadores militares y civiles que ya los estaban esperando desde un área permitida, el SDF-2 logró aterrizar sin inconvenientes, sin embargo, reportaron el sobrecalentamiento de los motores antigravitacionales una vez que tuvieron contacto con la atmósfera terrestre, así como inestabilidad de los reactores de neutrones. Lisa dio instrucciones de mantener en observación todos los sistemas y en punto de las 2100 horas, ella regresaría al área de ingeniería para acompañar al personal que apagaría los motores principales de la nave y quedarse únicamente con los generadores de energía en tanto se resolvía la relocalización de los civiles y militares a bordo de la fortaleza.

Un vehículo militar estaba en espera de la capitana para trasladarla a la base militar. Lisa le pidió a Jack que la acompañara. La gente ya empezaba a congregarse cerca de la zona de aterrizaje, misma que estaba custodiada por personal de la base.

Conforme el vehículo iba pasando, la gente saludaba a Lisa y le tomaban fotos desde la distancia. Lisa correspondía agitando la mano.

–Eres toda una celebridad, Lisa –dijo Jack.

–Por si no lo has notado, nos están saludando y tomando fotos a ambos. Así que de vez en cuando, también podrías saludar. No dudo que el flamante capitán Archer vaya a tener su propio club de fans casi de inmediato –respondió Lisa con sarcasmo.

–¿Cómo crees? Esos tiempos de conquistador ya quedaron atrás. Ahora soy un hombre de una sola mujer –afirmó Jack, volteando a ver a Lisa y guiñándole un ojo.

–Lo sé, Jack –respondió Lisa con una sonrisa.

Jack notaba que Lisa se veía hermosa. Sus ojos resplandecían con la luz solar, se veían más claros que en la fortaleza espacial y sobre todo, habían dejado atrás la nostalgia y tristeza que siempre los había caracterizado. Jack sonrió para sí.

–¿Qué sucede, Jack? –preguntó Lisa al verlo sonreír.

–Me alegra verte sonreír –respondió el capitán.

–¡Y cómo no hacerlo! Después de tantos años en el espacio, con tantos sucesos que hemos vivido y hemos regresado a casa.

–Sí, preciosa –dijo Jack sonriéndole a Lisa–. Por cierto, ¿vas a hablar con el Almirante únicamente o habrá reunión con los militares de alto rango o con… los demás capitanes? –preguntó con suspicacia.

–Solo con el Almirante y probablemente con Claudia Grant. No sé exactamente qué cargo tendrá ella ahora. Las reuniones con los militares y los mandatarios de la ciudad se programarán en los días siguientes.

–Vas a estar muy ocupada… Ya no tendrás tiempo para mí.

–Vamos a estar muy ocupados, Jack, por si no te has dado cuenta –dijo Lisa en tono alegre–. Quisiera que me acompañaras a las reuniones, al igual que la tripulación del puente. Así podremos dar una mayor información y contar nuestras experiencias. También quiero pedirte que si la reunión de ahora se extiende por varias horas, me avises cuando ya sean cerca de las 2100 horas, pues quedé de estar con el grupo de ingeniería para que apaguen motores y recibir su reporte de las posibles causas de sobrecalentamiento de los mismos, así como de los reactores… –dijo Lisa.

–Entendido, Capitana. –respondió Jack–. Yo la salvaré de una prolongada junta protocolaria.

–¡Cuánta formalidad, Capitán! –contestó Lisa en broma.

–Es para practicar y evitar llamarte por tu nombre, enfrente del Almirante.

–No te preocupes, Jack. Solo bromeaba. Ya casi llegamos a la base.

–Ya no recuerdo bien la ciudad. Solo estuve algunos días en Macross, antes del despegue de la nave –dijo Jack–. Además, yo solo tenía ojos para ti, por eso ni atención puse a las calles ni nada.

–Eres todo un conquistador,..

–Era, Lisa, era… Ya no necesito conquistar a nadie más –dijo Jack mientras sujetaba la mano de Lisa.

–Me alegro –respondió Lisa sonriéndole.

–Gracias, Lis, por todo. Sin ti, no sé qué hubiera sido de mi vida sentimental. Estoy tan feliz…

–Gracias a ti, Jack. Aunque… más bien deberías agradecerle a Elizabeth, ella es la que hizo todo el trabajo.

–Oh, sí, esa bebé hermosa, me devolvió al amor de mi vida.

–Me da gusto sentirte tan enamorado… –respondió Lisa, mirando a Jack tiernamente.

–Lo estoy, Lisa, como el primer día…

Ambos se sonrieron y liberaron sus manos, pues ya iban llegando a la base, en cuyos alrededores, había gente reunida que poco a poco se fue enterando de la llegada del SDF-2, lo cual era un gran acontecimiento, algunos por los medios informativos y las redes sociales y otros, porque vieron aparecer a la fortaleza en el cielo.

El jeep militar entró en la base. También había militares esperando a la gran Capitana Hayes que se había convertido en una leyenda. Los militares jóvenes solo la conocían por fotografías. En sus clases en la Academía Robotech, habían aprendido de los logros de ella, por lo cual, también la recibían con admiración.

El jeep se detuvo y el conductor les informó que podían bajar del vehículo. Jack se apresuró a abrir la puerta para que Lisa descendiera, así como también, le extendió su mano como cortesía. Lisa notó una silueta que se acercaba a ellos. Las emociones invadieron a la capitana al reconocer de quién se trataba. Era la mayor Claudia Grant, quien los saludaba militarmente. Lisa y Jack saludaron militarmente también.

–¡Bienvenidos a la Tierra y a Ciudad Macross! –dijo Claudia.

–¡Claudia! ¡Gracias! ¡Tanto tiempo! –dijo Lisa.

Ambas chicas se olvidaron del protocolo y se abrazaron emotivamente.

–¡Me da tanto gusto verte! ¡Te extrañé! –exclamó Lisa.

–¡Gracias a Dios que regresaron con bien! –mencionó Claudia–. El Almirante Gloval te está esperando. Pero antes, hay algunos colegas que quieren saludarte. Vengan por aquí.

Claudia les indicó el camino a seguir. Entraron a la base militar y se dirigieron a la oficina del Almirante Gloval. En el pasillo que dirigía a la oficina, estaban Roy, Max y Miriya. Rick aún no llegaba. Max había estado llamándole sin recibir respuesta y comprendió que Rick debía estar volando en el Skull 1 pero intentaría localizarlo después. De pronto, vieron que tres figuras se acercaban a ellos. Enseguida distinguieron a Lisa, quien apresuró el paso para darles alcance. Roy, Max y Miriya también caminaron hacia ella. Una vez que estuvieron frente a frente, cada uno abrazó a Lisa, quien no podía contener las lágrimas de la emoción.

–¡Bienvenida a casa, Lisa! –dijo Roy mientras la abrazaba.

–¡Gracias, Roy! –contestó Lisa.

–¡Capitana! Qué bueno que estás de regreso, Lisa –exclamó Max.

–¡Gracias, Max! –respondió la capitana.

–¡Qué alegría tenerte de nuevo con nosotros! Sana y salva, como dicen aquí. –dijo Miriya.

Lisa sonrió por el comentario de la zentraedi.

–¡Gracias, Miriya! Tenemos mucho que contarnos.

–Siento interrumpir los saludos, pero debemos reportarnos con el Almirante Gloval –mencionó Claudia con voz afligida.

–No te preocupes, ya habrá más tiempo para platicar. No creo que me envíen a otra misión mañana mismo –añadió Lisa.

–¡Seguro que hay más tiempo! –dijo Roy–. Ya casi es fin de semana, así que el sábado a las 1900 horas, nos vemos en nuestra casa. Lisa, avisa a las chicas del puente y también lleva a tu acompañante, que me extraña que no hable, como si no me conociera.

–Es el momento de Lisa, Roy. No quise interrumpir –mencionó Jack mientras abrazaba a Roy y se daban unas buenas palmadas en la espalda.

–Preséntanos, Lisa –solicitó Miriya, con una mirada curiosa.

–Él es el Capitán Jack Archer, jefe del grupo de control aéreo. Mi mano derecha en esta travesía. Jack y Roy fueron colegas en la guerra global, hace años. El Capitán Archer residía en Australia. Solo estuvo unos días en Ciudad Macross, previo al despegue del SDF-2.

–Ah, ya lo recuerdo –mencionó Miriya.

–Sí, yo también lo recuerdo, capitán –dijo Max–. Bueno, los dejamos continuar con sus actividades. No hagan esperar más al Almirante.

Claudia, Lisa y Jack, entraron a la oficina del Almirante Gloval, quien estaba sentado en su silla. Al ver a Lisa, se levantó de su asiento con lentitud y bordeando su escritorio, extendió los brazos. Lisa entendió el gesto y caminó presurosa para abrazar al Almirante.

–Lisa, hija, ¡qué bueno tenerte de regreso! –exclamó el Almirante muy conmovido.

Lisa tenía las emociones a flor de piel y las lágrimas volvieron a escaparse al sentir el abrazo del hombre que consideraba su segundo padre. Lisa notó que el Almirante se movía con lentitud, su cabello lucía gris, su rostro estaba delgado y con ojeras, sin embargo, seguía conservando su buen porte y su voz fuerte.

–Disculpe la escena, Almirante, es la emoción –dijo Lisa apenada.

–Olvida un momento el protocolo, no te preocupes. Te ves muy bien, Lisa. –respondió el Almirante–. Pasemos a la sala de estar, ordenaré que nos traigan café y tengamos una charla normal. Si les parece, programamos una reunión oficial para el día de mañana.

–De acuerdo, Señor –contestaron Lisa, Claudia y Jack.

–Señor, yo le traigo un reporte de nuestra misión que detalla las actividades durante los 13 años…

–Lisa, Lisa, Lisa… tan cumplida como siempre. Déjame el reporte. Lo leeré. Pero ahora quiero que me cuentes de tu vida y de tus propias experiencias. Usted también, Capitán, Archer.

–Claro, Señor. –respondió Jack.

Claudia se extrañó al oír decir a Lisa que habían estado 13 años en el espacio. Pero recordó la experiencia de Rick, quien también fue en una misión de búsqueda del SDF-2 durante 10 años. Sin embargo, se había generado una discontinuidad espacio-temporal y cronológicamente habían transcurrido un poco más de tres años terrestres.

–¿Sucede algo, Claudia? –preguntó Lisa.

–Sí, bueno, con respecto a los 13 años de travesía que mencionas…

–¿Sí?

–Aquí únicamente han pasado casi 5 años…

–¡¿Cómo?! –exclamaron Lisa y Jack al unísono.

–Sí, hijos, nos dimos cuenta cuando enviamos una misión de búsqueda y rescate del SDF-2, liderada por el mayor Hunter, en aquél entonces.

–Sí, su bitácora marcaba 10 años de trayecto pero aquí únicamente habían transcurrido tres años…

–Ya veo… –dijo Lisa sorprendida.

Por otra parte, en la pista de aterrizaje, un emocionado Rick Hunter dejaba su varitech a cargo de los mecánicos. Notó la algarabía que había en la base pues el SDF-2 ya había aterrizado. Presuroso corrió a los vestidores para asearse, quitarse su traje de piloto y ponerse el uniforme reglamentario. Posteriormente, fue a buscar a Max.

–¡Max! –gritó Rick.

–¡Jefe! Qué bueno que llegas, Rick. –contestó Max.

–¿Sabes cómo está ella?

–Ella está muy bien. Miriya y yo la saludamos. ¡Se ve espléndida!

–¿Dónde la vieron? ¿Fueron a su nave?

–No, Rick. Ella está aquí. Traté de localizarte pero entendí que estarías en pleno vuelo porque no me contestabas.

–Sí, estaba pilotando el Skull 1 –dijo Rick, haciendo una pausa, tratando de asimilar la información–. Pero repíteme, ¿Está aquí? ¿En la base?

–Sí, tenía una reunión con el Almirante Gloval. No sé si ya haya acabado.

–¡Acompáñame a buscarla! ¡Quiero verla, aunque sea un momento!

Así, como dos chiquillos escolares, se dirigieron a la oficina del Almirante, para verificar si aún estaban en reunión o si Lisa ya se había retirado. Max no quiso decirle a Rick que Lisa venía con Jack Archer, el piloto arrogante que había llegado de la base de Australia y, que según Miriya, se trataban con mucha familiaridad. «No quiero imaginarme cosas ni tampoco quiero darle a Rick más preocupaciones» pensaba Max.

Así transcurrieron las horas en las que todos contaban sus experiencias y pormenores de lo que había pasado en esos años que no se habían visto. El Almirante le comentó a Lisa que había tenido un infarto casi cuando el SDF-2 había despegado, lo cual inquietó mucho a Lisa, pero el Almirante le dijo que Claudia había estado muy al pendiente de él. Lisa comentó que tenía una hija y que las chicas del puente se habían casado con los comandantes que el Almirante y Claudia habían elegido como complemento de la tripulación y que también tenían hijos. Claudia comentó que se había casado con Roy y que tenían un niño. A Lisa le alegró mucho saber esto.

–Lisa, es decir, capitana Hayes… No quiero ser aguafiestas, pero son las 2030 horas. Tiene que estar a las 2100 horas con el departamento de ingeniería de la nave. –interrumpió Jack.

–Gracias, Jack –respondió Lisa.

Claudia y el Almirante intercambiaron miradas al notar la familiaridad con la que Lisa hablaba con Jack. Por la mente suspicaz de Claudia, pasó la idea de que eran pareja.

–Señor, nos retiramos y regresamos mañana a la hora acordada para la reunión oficial con el personal de la base –dijo Lisa.

–Sí, Lisa. Hoy convoqué a los altos mandos del GTU y de las autoridades ciudadanas para tener una reunión con ellos en dos días. Vamos a tener unos días muy ocupados.

–No se preocupe, Señor. Hasta mañana. Me ha dado un gusto enorme volver a verlo. ¿Puedo abrazarlo otra vez? –dijo Lisa.

–Claro, hija –respondió el Almirante.

Lisa se despidió del Almirante con un abrazo muy emotivo y también le dio un beso en la mejilla. Asimismo, se despidió de Claudia, dándose un gran abrazo. Ambas, salieron de la oficina. Jack se retrasó pues se estaba despidiendo del Almirante.

Max y Rick esperaban de pie, fuera de la oficina del almirantazgo, cuando vieron que la puerta se abrió. La primera en salir fue Claudia y enseguida salió Lisa.

Los ojos de Rick se abrieron tan grandes como pudieron. En años, no había visto una imagen tan bella como la de esa mujer a la cual amaba completamente. La vio con su uniforme blanco, impecable, su boina de Capitana y su larga cabellera color miel. De repente, una sonriente Lisa volteó hacia donde estaba él. Para Rick, fue como si el tiempo se hubiera detenido y cada movimiento que Lisa hacía, él lo veía como si fuera en cámara lenta. Lisa se veía hermosa. Los años en el espacio le habían reforzado su personalidad, su seguridad y apariencia.

Rick, como autómata sin voluntad, se fue acercando a ella. En su mente, no había nadie más, eran solo Lisa y él, él y Lisa. Rick tenía su pulso acelerado y en cuanto vio que Lisa le sonreía ligeramente mientras iba caminando hacia él, el condecorado militar sintió que el corazón se le saldría de su pecho. «Hermosa… ven a mí, mi amada Lisa…» pensó.

Continuará…

Nota de autor:

¡Hola a todos! Comparto el siguiente capítulo de esta historia.

Sí, finalmente Lisa y Rick se han reencontrado. Aún hay sucesos que se irán aclarando poco a poco en los capítulos siguientes.

Agradezco los comentarios que me han enviado y si han leído este capítulo, recuerden escribir su comentario para saber sus opiniones.

Gracias a Maonome y a Fabiola Collao por sus puntos de vista.

Estimados lectores, reciban mis saludos para ustedes y sus familias.