Hola a todos/as! ¡Perdón por la enorme demora! Estuve demasiado ocupada.
Como siempre, agradezco sus alentadoras palabras especialmente a aquellos que me escribieron incentivándome a continuar la historia.
Espero que les guste el nuevo capitulo y no se preocupen que el siguiente ya esta casi terminado.
Sin mas que decir, los dejo con el nuevo capítulo. ¡Estaré aguardando sus reviews!
Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.
ERES MÍA
Cap 4: Lección inesperada
Volvió como si estuviese flotando en el aire.
Se sentía liviano y realizado.
Había conseguido acercarse a ella, finalmente. Estaba seguro de que tenía el destino de Akane en sus manos.
Podía jurar que dentro de muy poco se convertiría en su esposa.
Faltaba, había que decirlo, lo más importante: entender las razones detrás de su rechazo a la corona.
Pero definitivamente había logrado un gran triunfo. Ahora podría conocerla más. Y ello lo entusiasmaba en demasía.
Es que hasta ahora, lo que había conocido de ella lo había hechizado. Era hermosa, delicada, culta, trabajadora, solidaria, honesta. No podía dejar de comparar su reacción frente al saco de monedas con la de sus concubinas ante los regalos que su padre compró para ellas en el banquete. Eran ambiciosas, por eso se habían casado con él. Claro que a Ranma no le importaba las razones de sus esposas para estar a su lado. Nunca había pensado en el significado del matrimonio, o en qué esperar de una esposa. Creía que era muy joven para pensar en estar casado, ser rey, mucho menos progenitor. Solo acataba lo que su padre había decidido para él haciendo lo justo y necesario, pues tampoco existía alguna razón para desafiarlo.
Ahora solo quería ser hombre, un hombre para ella.
Se encerró en su alcoba y repasó innumerables veces su falsa historia. Ella era inteligente. Vio la desconfianza en su rostro. Si dejaba cabos sueltos ella se daría cuenta de su engaño y lo alejaría definitivamente.
Una voz en su cabeza le recordó que incluso si le creía, incluso si era impecable con su invención, en algún momento la verdad iba a salir a luz.
Optimista, esperaba para ese impostergable momento, de alguna forma, haber establecido un vínculo con la muchacha lo suficientemente fuerte para lograr que ella accediera a ser su consorte.
Estaba impaciente esperando por ella. Como siempre llegó antes de tiempo. Su fiel escudero permanecía firme a su lado. De a ratos se le revolvía el estómago ante el nauseabundo olor a bosta que caracterizaba el lugar. Lo irritaba excesivamente, además, que aquella gente sucia rosara su ropa o lo que era peor, su piel. Pero aún así permaneció implacable en el lugar aguardando por la doncella.
De pronto la vio acercarse.
Con un apurado y torpe gesto instó a Hibiki a retroceder, mientras involuntariamente emergía una sonrisa en su rostro ante la dicha de contemplar a la deslumbrante aparición.
Ella avanzaba saludando a los transeúntes que pasaban a su lado. Sin dudas era muy popular. Demasiado para su gusto. Admitía que deseaba que ella solo tuviese ojos para él.
Akane lo reconoció y su rostro se volvió serio al instante.
A Ranma no le gustaba generar ese efecto en ella.
"Paciencia", susurró para sí mismo justo antes de que llegara junto a él.
-Ranma.
-Hola Akane.
-Sígueme_ ordenó y comenzó a caminar en dirección opuesta al príncipe.
Éste, como perro faldero, la siguió sin cuestionar.
Reconoció el lugar de inmediato. La había perseguido hasta allí la anterior semana.
Recordó también como los echaron de forma intimidante, por sobretodo humillante.
Se sintió extremadamente nervioso. ¿Y si lo reconocían?
Sus emociones lo traicionaron y rápidamente su boca reveló su incomodidad.
-¿Qué- qué es este lugar? _cuestionó tartamudeando, deteniéndose frente a la puerta.
Akane se dio vuelta sorprendida por el tono de su voz.
-Aquí es donde te enseñaré a leer.
-Pero… yo… ¡yo te pagué para que me des clases… a mi solo! _reclamó descaradamente.
-¿Qué?_ dijo furiosa_ ¿Quién te crees que eres?
Allí se dio cuenta del terrible exabrupto.
Aquí no era el palacio. Él no era el príncipe heredero. Y ella no era su súbdita.
-Aka-
-Si quieres aprender a leer lo harás aquí _dijo con firmeza.
Y con ello ingresó al lugar dándole la espalda.
Ranma inspiró profundamente. O cedía ante ella o cedía ante su deseo de tenerla.
-Tú espérame aquí _indicó al escudero.
-No creo que sea prudente, su majestad.
-Podrían reconocernos si entramos juntos como la vez pasada.
-Mi príncipe-
-No te estoy preguntando. Quédate aquí. Si necesito tu ayuda créeme que lo sabrás.
Ingresó sigilosamente.
Sintió las miradas de los presentes sobre él.
Sin embargo no mostraban sospecha, sino curiosidad.
Buscó con atención a la razón de su osada acción.
Estaba sentada en el mismo recoveco donde la encontró la semana anterior, rodeada de igual forma de algunos niños.
Avanzó hacia ella.
-Siéntate Ranma _dijo sin mirarlo.
Él, sin resistencia obedeció una vez más.
-Niños, él es Ranma. A partir de hoy se unirá a nuestras lecciones. Por favor, sean buenos con él.
Los niños hicieron una leve reverencia.
Él los miró apático.
Akane notó su altanera posición. Realmente la irritaban sus aires de grandeza.
-Debes pedirle que cuiden de ti.
-¿Qué?_ preguntó divertido_ ¡Son solo unos niños!
-Justamente por ello. Ten respeto, sobre todo porque a pesar de su edad seguramente saben más que tú.
El monarca contuvo su ira cerrando ojos y puños.
La joven no se dejó intimidar.
-No podemos empezar con las lecciones hasta que muestres respeto por quienes estamos aquí, junto a ti _reprendió indignada.
Akane no entendía la conducta de su nuevo alumno. A veces parecía amable, hasta podría decirse tierno, otras veces era insoportablemente arrogante, resultando incluso desagradable.
Estaba a punto de levantarse y abandonar aquel asqueroso sitio.
¡Cómo se atrevía a humillarlo de esa forma! ¿Es que no sabe quién es él?, ¿no puede valorar todo lo que está haciendo por ella, por su futuro?
No, claro que no sabe. Ella cree que está enseñándole a un simple comerciante que solo quiere aprender a leer. No tiene idea de sus verdaderas intenciones con ella.
Exhaló sonoramente y un tanto irónico exclamó:
-Por favor niños, cuiden de mi _haciendo una leve reverencia.
-Muy bien. Entonces comenzaremos. Ustedes niños lean las siguientes dos páginas del libro. Tú, cuéntame ¿Sabes leer aunque sea algunas palabras?
El muchacho negó con su cabeza.
-¿Conoces las letras?
-Algunas.
-Bueno, comenzaremos por allí.
Le acercó un lápiz y una hoja.
-Escribe las letras que conozcas.
Ranma comenzó a sentirse ansioso. Siempre se sentía de esa manera cuando tenía ante sí alguna tarea que implicara escribir.
¡Claro que sabía las letras, claro que sabía leer y escribir! Pero no mintió cuando dijo que no podía.
Trató de calmarse y se dispuso a escribir las vocales.
"No se trata aquí de lidiar con tu problema Saotome, se trata de acercarse a ella", se recordó para sí mismo.
-¿Hace… hace mucho que te dedicas a esto?_ preguntó con disimulado interés.
-Desde que aprendí a leer, cuando era una niña.
-¿Quién te enseñó?
-Es una larga historia, y no tenemos tiempo que perder.
-Solo quiero busca conversación, Akane _anunció con hastío.
-Yo, solo quiero que aprendas lo antes posible, Ranma_ remató sin siquiera mirarlo.
-¿Tanto te preocupas por mí? _dijo intentando romper la tensión.
-Tanto quiero saldar mi deuda contigo_ respondió mirándolo fijamente.
Sus ojos denotaban completa sinceridad.
Se quedó callado y herido.
Se lo quería sacar de encima, lo antes posible.
Siguió escribiendo las vagas letras en silencio contemplando de reojo a la mujer a su lado, mientras ésta dialogaba con los niños.
No pasó por alto para su majestad como su bello rostro reflejaba con ellos emociones completamente antagonistas a las que emergían cuando se dirigía a él. Akane se veía alegre, tierna, orgullosa, radiante.
Para sus fueros internos deseó con todas sus fuerzas que ella lo observase de esa maravillosa manera. ¿Alguna vez le dedicaría semejante mirada?
Akane lo encontró observándola. Esos ojos azules la incomodaban demasiado. Así que dirigió su atención a la hoja bajo sus manos.
-Conoces las vocales.
-Así es_ dijo fingiendo seriedad.
-Bien, ahora las consonantes.
Y luego de la indicación volvió a concentrarse en los niños.
Él devolvió su vista al papel, y con sumo desinterés retomó la tarea.
-¿Terminaste? _inquirió 10 minutos más tarde al percibir nuevamente la mirada azulada fija sobre su rostro.
-Sí_ respondió un tanto molesto al haber sido descubierto por la joven instructora.
-Bien. Veo que conoces todas las letras. ¿Por qué no intentas escribir alguna palabra?
"¿Acaso ésta tortura no va a terminar jamás?", bufó en su cabeza.
Tomó el lápiz y escribió dos palabras sin dificultad:
"RANMA"
"AKANE"
Dejó el lápiz a un costado y siguió desvergonzadamente observándola.
Akane no era ajena a lo que estaba ocurriendo, pero estaba acostumbrada a este tipo de situaciones.
Con un semblante serio, le dijo.
-Puedes escribir.
-Algunas palabras
Akane pensó unos segundos sobre cómo actuar con él, sintiendo que el muchacho la estaba tomando por tonta.
Así que tomó un libro entre sus manos y abriéndolo azarosamente se lo entregó al mayor de sus alumnos.
-Lee en voz alta.
Ranma se quedó inmóvil. Es que Akane se dio cuenta en tan sólo media hora que él en realidad sabía aquello que negaba saber.
Pero como admitió para sí mismo, no estaba mintiendo al decir que no podía leer.
-¡Vamos, lee!_ lo apresuró Akane.
Él tomó el libro entre sus manos.
Bajó la vista a la página. Comenzó a sudar automáticamente.
La primera palabra era conocida.
-"Capítulo… capítulo tre…ce"_ logró enunciar_ "Entró a…"_ se detuvo.
Su maldición comenzó a manifestarse. Cerró unos instantes sus ojos y procuró concentrarse.
-"Entró a la había… ci… con"_ se volvió a detener.
Respiró profundamente e intentó continuar. Sentía el sudor bajando por sus mejillas.
-"Y… y estaba… co… gue… coco… coco…".
Sus manos temblorosas y empapadas de sudor se aferraban al libro en un intento de proseguir. No quería que ella lo viera así.
-Ranma_ lo interrumpió.
Y entonces vio aquella mirada.
Antes de que pudiera pensarlo cerró el libro abruptamente, se levantó y dejó el lugar sin mirar atrás.
Estuvo varios días encerrado en su habitación, ordenó que nadie lo molestara.
Para su suerte el Rey estaba ocupado cerrado acuerdos comerciales con la familia de su tercer consorte, así que no se enteró del estado de su primogénito.
Se sintió humillado, avergonzado, disminuido frente a ella. Entre todos los habitantes del mundo, ¿por qué tenía que ser Akane quien presenciara su debilidad?
Lo peor de todo es que fue él mismo quien se tendió la trampa. De todas las formas en las que podría haberse acercado a ella eligió aquella que dejaba al descubierto su lado más vulnerable.
Ahora no lograba borrar de su cabeza esa conocida mirada: lástima.
La extrañaba, sin embargo. No se atrevía a enfrentarla, pero al mismo tiempo estaba muriendo por verla.
¿Qué podía hacer para satisfacer aunque sea un poco sed por Akane?
Por lo pronto la única solución que encontró fue la de enviar a su escudero a espiar a su ex docente.
Le daba vastas instrucciones sobre todo aquello que debía averiguar antes de despedirlo a primera hora del día.
Luego esperaba con ansias su regreso y lo interrogaba minuciosamente.
Descubrió que Akane seguía como siempre, llevando a cabo día tras día sus actividades con completa e imperturbable normalidad.
¿Acaso no lo extrañaba?, ¿Alguna vez se habrá preguntado por su ausencia?, ¿Recordaba su nombre, o si quiera que existió?
Su majestad estaba viviendo una verdadera tortura. Se encontró prontamente concluyendo que no bastaba con lo que Hibiki relataba. Ninguna descripción, por más precisa que fuere, haría justicia.
Hasta que finalmente el deseo pudo más que el orgullo y decidió partir al amanecer.
Solo la vería a distancia, sólo eso. No necesitaba más.
Cuando divisó su azulado cabello experimentó un alivio que invadió por completo su cuerpo. Sintió cómo sus músculos se relajaban y sus pulmones se llenaban de aire nuevamente. Fue recién ahí cuando se dio cuenta del padecimiento al que estaba sometido su cuerpo
A tan solo un par de metros de distancia estaba Akane, tan hermosa como siempre. Quiso correr hacia ella y abrazarla hasta fundir su cuerpo con el de ella. Pero se contuvo. Extrañaba verla de cerca, sentir su aroma, oír su voz. Pero debía detener sus impulsos. No estaba listo para enfrentarla, ¿y decirle qué?
Así que simplemente la siguió camino al pueblo, atestiguando como saludaba a su paso a todo aquel cruzara su derrotero, como era de costumbre.
De repente la muchacha comenzó a caminar más rápido, haciendo que su majestad tuviera que ajustar la velocidad de sus pasos.
"¿Qué le sucede?, ¿acaso está… escapando?", pensó.
Se detuvo unos segundos mirando a su alrededor. ¿Estaban los guardias aquí? Había ordenado explícita y enfáticamente a Hibiki que ningún guardia debía seguirlo.
Sin embargo no vio nada sospechoso, y para su infortunio tampoco la vio a ella.
Desesperado comenzó a caminar entre el gentío buscando a la muchacha.
Había desaparecido.
Siguió caminando hasta que de repente alguien tocó su hombro.
Giró en dirección al repentino asalto y allí la encontró...
-¿Estás buscándome?, ¿vienes a reclamar el dinero que pagaste por las clases que no estás tomando?
-A… Akane_ exclamó sorprendido y aliviado a la vez.
La contempló como si fuera una aparición divina. Tal vez lo era.
-Dime, ¿qué vienes a hacer aquí? _le dijo en un tono prepotente.
-Yo… tú, es muy…
-Solo dime qué harás Ranma. No tengo tiempo para perder. ¿Quieres tu dinero? ¡Te lo devolveré ya mismo! - dijo revolviendo su morral.
-¡No!_ exclamó el monarca tomándola del brazo_ No quiero el dinero.
-¿Entonces tomarás las clases? Porque yo no quiero nada gratis_ dijo mirándolo con determinación_ O tomas las clases o tomas tu dinero de vuelta.
-Lo haré_ resolvió Ranma impulsivamente.
¿A quién engañaba?, lo único que anhelaba y la razón por la que había vuelto a buscarla era porque necesitaba estar a su lado, casi tanto como el aire en sus pulmones.
Ella emitió una breve sonrisa.
A pesar de que era muy sospechosa la actitud en aquel hombre, sabía que tenía una seria dificultad en cuanto a la lectura. Lo notó de inmediato aquella vez.
-Vamos_ señaló.
Y tomándolo del brazo tiro de él en dirección a la zona de cultivos.
Maravillado por sentir el tacto de la muchacha sobre su brazo se dejó llevar.
Incluso si lo estuviese llevando al mismísimo infierno no se opondría con tal de seguirla y permanecer a su lado.
Para cuando se dio cuenta ya estaban bajo un frondoso árbol enfrente a la humilde casa de Akane.
-¿Qué… qu…qué hacemos aquí?
La joven lo tomó de los hombros y lo empujó hasta hacerlo sentar sobre la enorme roca que yacía al pie del cerezo. Revisó en su morral y sacó un libro.
Con tan solo divisarlo Ranma confirmó que efectivamente lo había arrastrado a su infierno personal.
Le dio el libro y le ordenó:
-¡Lee!
Él lo tomó sin quejarse. No podía escapar nuevamente, ya no sería capaz de alejarse de ella.
Lentamente llevó la vista a las amarillentas páginas de aquel tedioso objeto.
Se aclaró la garganta, respiró profundamente e intentó leer.
-Dio..dos...dios, Dios to… too…
Se detuvo frustrado.
-¿Te cuesta leer, verdad? Cuando intentas hacerlo las letras se mezclan y todo se vuelve confuso. ¿No es así?
Se sorprendió con la precisión con la que describió su padecer.
¿Quiere decir que ella sabe sobre su condición?
Algo en la forma en que se quedó observándola la llevó a responder su pregunta silenciada.
-Sé de tu dificultad. He conocido gente que tiene la misma condición.
-¿Hay otros?, ¿otros como yo? _preguntó asombrado.
-Claro que sí, Ranma. Gente de todo tipo… gente poderosa… _dijo casi para sí misma, pero sin poder evitar que los oídos agudos de su majestad escucharán sus palabras.
-¿Gente poderosa?, ¿cómo quienes?
-Es mejor que no lo sepas, créeme.
Algo en su declaración lo inquietaba. Pero saber que ella, la mujer que se apoderó de su corazón por completo, su futura reina y esposa, entendía lo que le sucedía, era más que suficiente, más de lo que podría haber pedido.
-Yo…
-Intentaré ayudarte Ranma. Con mucha práctica y paciencia vas a poder mejorar.
-Akane, yo no…
-Sé que te da vergüenza, así que tres veces por semana nos encontraremos aquí, bajo este árbol, los dos solos. ¿Trato hecho? _le preguntó extendiendo su mano.
Ranma no sabía que decir, sí sabía qué hacer.
Estrechó su mano como lo había hecho semanas atrás, agradeciendo a los cielos por la nueva oportunidad.
Ya había pasado dos meses y cuatro días desde que comenzaron a compartir sus mañanas juntos tres veces por semana. No supo cuando el tiempo se escapó entre sus dedos.
Solo iba a descubrir las razones detrás de su conducta negativa en torno a la familia real y una vez dueño de ese entender encontraría la mejor forma de disuadirla. Pero debía admitir que las razones de la muchacha eran más que justas. Lo supo cuando por fin recordó esos ojos color café. Tuvo mucha suerte de que la muchacha no reconociera su rostro, lo que solo podría demostrar lo poco que llevaba trabajando en su palacio. Pobre muchacha, tuvo el infortunio de estar en el lugar y momento equivocado, presenciando algo que seguramente no había llegado a comprender en su plenitud. ¿Cómo poder entonces proponerle a Akane que sea su consorte? Jamás podría verse a sí misma teniendo algo que ver con aquel palacio como tantas veces le había asegurado al preguntarle "inocentemente", entre lección y lección, si le gustaría pertenecer a la realeza, tener riqueza y vivir en un enorme a pesar de sus intentos, implementando diversos argumentos teológicos, biológicos e históricos, no pudo conmover ni un poco su opinión al respecto.
Renunciar a ella no era una opción.
Enamorarla… tampoco podía saber ciertamente si las semanas que compartieron juntos sirvieron para acercarlos. O por lo menos fue algo unilateral, pues su majestad estaba fundido en aquella muchacha, no dejando la mínima posibilidad de pensarse lejos de ella. Para él ya eran uno. Akane, por su parte, nunca mostró interés en el joven monarca. Siempre mantuvo distancia de él, marcando enfáticamente su relación asimétrica de alumno-docente. Debía confesar que casi desfalleció cuando la vio llegar una mañana con un pañuelo de seda bordado y una carta en sus manos. "Para ti", le dijo. Por un instante pensó que era su confesión, que estaba coqueteando con él, que correspondía sus sentimientos. Justo cuando estaba a punto de tomarla entre sus brazos y devorar su boca, Akane pronunció aquellas odiosas palabras: "De parte de Shisuka, la muchacha que vende flores en el mercado". Su majestad estalló colérico. Rompió la carta en mil pedazos, lanzó el pañuelo al suelo y lo pisó como si estuviese aplastando un insecto. "Nunca más vuelvas a traerme recados de otras mujeres, ¿cómo… cómo puedes?", le gritó antes de abandonar el lugar dejando tras sí a una consternada Akane. Al día siguiente la confundida mujer se animó a preguntar con la esperanza de entender su error: "¿Tienes esposa, Ranma?", "tres" respondió su cabeza, "No", respondió su boca. "Entonces… ¿por qué te ofendiste tanto ayer?", consultó ingenuamente. "Porque solo existe una mujer para mi, solo una y nada más". Akane no comprendió su contestación, pero algo le advertía que no debía continuar indagando. Lo que nunca llegaría a entender es que el príncipe estaba dolido porque la mujer que adoraba intentaba hacer de Cupido. ¿Cómo se atrevía a querer unirlo a otras mujeres?, ¿no le daban celos?... No, claro que no.
Por lo menos nunca más volvió a insistir con el tema.
¿Debería entonces seguir con la farsa?, ¿Por cuánto tiempo? Ya no soportaba estar lejos de ella, ardía en deseos de hacerla su mujer. Agotaba las horas del día imaginando como sería tenerla en su lecho junto a él. Pero no sería suficiente solo compartir su cama, no. Ni siquiera podría decirse que estar bajo el mismo techo sería suficiente. Su padre, además, advirtió que si en dos lunas no presentaba a su candidata para ocupar la posición de Reina como se lo había prometido, él mismo tomaría en sus manos esa decisión. El príncipe sabía que la primera consorte sería la elegida. Siempre lo fue.
-¡Ranma! _llamó su atención la joven maestra.
- Sí, Akane.
-¿Si?, ¡Otra vez estás distraído!, ¿Qué voy a hacer contigo, muchacho? Últimamente estás perdido en tus pensamientos.
-Perdón _suspiró bajando la mirada.
-¿Tienes algún problema? _preguntó acercándose peligrosamente al rostro del monarca.
Éste levantó su mirada lentamente, deteniéndose en cada centímetro de aquel adorado rostro. Al encontrarse con la mirada preocupada de la doncella, tuvo el impulso de besarla de una vez por todas.
Pero se detuvo. Tarde, pues sus intenciones fueron leídas claramente por la hábil lectora, quien ruborizada retrocedió unos centímetros de distancia.
-Tengo un problema, sí.
-¿Puedo ayudarte? _preguntó temerosa.
-Sí.
-¿Qué… qué puedo hacer por ti?_ dijo desviando su mirada.
-Akane, yo te-
-¡Ranma! _llamó sobresaltadamente el escudero.
-¿Qué demonios quieres, Hibiki? _gritó enfurecido.
-¡Oye! _se levantó embravecida_ ¡No tienes por qué gritarle así!
Hibiki, se sintió conmovido. Era la primera vez alguien lo defendía de su, a veces, cruel amo.
El príncipe apretó los puños con furia. Odiaba que le dieran órdenes, mucho más que lo confrontaran. Pero en este caso lo que realmente lo hizo enfurecer fue el hecho de que ella, su Akane, defendiera a otro hombre.
Se quedó en silencio tratando de recuperar su compostura mientras su súbdito se acercó a él y le dijo al oído.
-Su padre lo está buscando con urgencia, mi señor.
- La clase está terminada _aprovechó a decir la instructora.
-¡Akane, hace solo media hora que empezamos!_ se quejó el monarca.
-Hoy no tienes cabeza para aprender muchacho, no desperdicies mi tiempo y mejor vete de aquí.
Odiaba que lo llamara "muchacho". Se sentía inferior, sentía que Akane no lo veía como hombre.
Pero no pudo discutir, tenía la razón por completo.
-Vendré mañana.
-Mañana no nos veremos _le comunicó, por alguna razón con notable alegría.
-¿No nos veremos?, ¿Por qué? _preguntó frunciendo el ceño.
-No es de tu incumbencia. Te espero el día después de mañana _sentenció recogiendo sus libros.
Ranma caminó hacia ella como un torbellino, borrando la alegría del rostro de la mujer.
-¡Dijiste que me ayudarías con mi problema!
-Lo… lo haré _prometió consternada.
-Mañana vendré y resolveremos mi situación de una vez por todas.
-Mañana no estaré aquí _advirtió simulando firmeza.
La forma en que Ranma la enfrentaba a veces le generaba temor.
-Hasta mañana, Akane_ le advirtió despidiéndose con fastidio.
Tras él partió el joven escudero, quien le dirigió una breve sonrisa en señal de agradecimiento a la amable señorita.
Al día siguiente, haciendo caso omiso a las palabras de Akane, el monarca asistió como todas las mañanas a sus clases de lectura.
Llegó al lugar pero no la encontró por ningún lado.
Probablemente estaba en la casa de la señora Higarashi, leyendo con aquellos mocosos, concluyó.
Hacía allí dirigió sus pasos, ingresando a la casona impacientemente.
-Muchacho, ¿qué haces aquí? _preguntó la señora Higarashi mientras comenzaba con su labor de tejido.
El monarca hizo una breve reverencia y caminó en su dirección.
-Vengo a ver a Akane.
-¿Akane?, ¿pero acaso no te dijo que no dará clases hoy?
-Bueno… sí, pero pensé que de todas formas estaría aquí.
-¡No! Ja,ja,ja, ¿cómo estaría aquí en un día como este?
- ¿Qué hay de especial hoy?
-¡Vuelve el ejército a casa, por supuesto!
-¿Qué tiene que ver eso con Akane?
- ¿Qué tiene que ver eso con ella? , ¡Pues todo!
-No entiendo, ¿puede explicarme por favor qué está sucediendo?
- Vuelve-
-¡Ya están aquí! _gritó un muchacho desenfrenadamente.
-¿Ya llegaron?, ¡Qué alegría!
-¿De qué habla?, ¿qué está pasando?_ preguntó alarmado.
Toda esta situación le estaba dando un mal presentimiento.
-¡Vamos muchacho!, ¡Ellos están aquí!
Y a continuación salió del lugar agradeciendo a los dioses la llegada de los soldados a casa.
Recordó entonces la conversación con su padre el día anterior. El Rey le comunicó que las tropas llegaron victoriosas luego de haber aplacado un intento de revuelta alentado por su mayor enemigo, al oeste de la región.
Sin perder más tiempo partió siguiendo los pasos de la mujer.
Minutos después se encontró llegando al centro del pueblo. Una multitud estaba agrupada abrazándose, agradeciendo a los Dioses, incluso llorando con sonrisas en sus rostros.
-¿Qué esté pasando aquí? _preguntó a una señora que estaba vendiendo rábanos en la cercanía de la multitudinaria reunión.
-¡Están aquí para recibir a los soldados, hijo!
"¡Ahí vienen!", gritó alguien haciendo estallar el clamor de los presentes.
Comenzaron a llegar decenas de hombres. Marchaban unos tras otros formando una larga fila. Llegaban flacos, sucios y con el rostro arrebatado por el cansancio. Pero al entrar en contacto con aquella gente se animaron entusiasmados, corriendo al encuentro con sus seres queridos quienes los habían ido a recibir.
Pronto los gritos y sollozos se apoderaron del lugar. Todo era un caos, pero en realidad parecía una fiesta.
Cuando de repente aquel nombre tan amado comenzó a ser pronunciado por una voz masculina haciendo que su majestad dirigiera su completa atención a dicho llamado.
"¡Akane!, ¡Akane!" _insistía poderosamente.
"¡Touma!" _la escuchó gritar.
Aquella voz era inconfundible.
Akane.
Caminó apresuradamente observando con desenfreno su alrededor.
Maldijo sonoramente por no lograr divisarla.
Siguió avanzando en su búsqueda llevándose a todos por delante, como solía hacer cada vez que alguien se interponía entre él y su futura consorte.
"¡Touma!, ¡Aquí!".
La escuchó cerca, indudablemente era ella.
Entonces la divisó.
Estaba caminando entre las personas con su brazo extendido, agitándolo de un lado a otro.
Un hombre, uno de aquellos soldados, expresó con notaria alegría el haberla visto.
Corrió hacia ella.
Ella corrió hacia él.
Se encontraron en un intenso abrazo.
-¡Touma! _exclamó llorando, mientras entrelazaba sus brazos alrededor del cuello del muchacho.
-Akane, ¡mi amor! _expresó con anhelo, sujetándola entre sus brazos hasta el punto de elevarla del suelo.
-¡Volviste!, ¡estás vivo! _dijo la mujer con extrema felicidad.
-Te extrañé tanto, cariño, tanto_ expresó conmovido hasta las lágrimas.
El soldado bajó a la muchacha haciendo que sus pies aterricen nuevamente sobre el suelo.
Y entonces comenzó a besar su cabello, su frente, sus ojos, sus mejillas, sus labios.
-¡Akane! _gritó con todas sus fuerzas, haciendo silenciar a todos a su alrededor.
La pareja detuvo su contacto girando hacia aquel hombre parado a un metro de distancia.
-¿Ranma? _dijo con desconcierto.
-¿Lo conoces?
-Sí, es un muchacho a quien estoy enseñando a leer.
-¿Quién es él? _preguntó su alteza conteniendo a penas su furia.
-¿Qué haces aquí? _cuestionó nuevamente Akane.
-¿Quién demonios es él? _insistió el príncipe impacientemente.
-¿Quién demonios eres tú para hablarle así a mi prometida? _dijo el militar cubriendo a Akane con su cuerpo.
-¿Prometida?, ¿ella… es tu prometida? _dijo sintiendo un dolor satírico oprimiendo su pecho.
-¡Así es!
-Ranma, ¿qué sucede?, ¿qué... qué quieres? _lo enfrentó Akane rodeando a su prometido.
-Nunca… ¡nunca me dijiste que estabas comprometida! _vociferó desgarradamente.
-¿Por qué habría de decírtelo?
-Porque… ¡porque eres mía! _anunció impetuosamente.
-¿Qué? Ranma, creo que has confundido las cosas _dijo Akane intentando aclarar la situación.
-No importa.
-¿Que dices, patán? _arremetió su prometido avanzando hacia el desubicado hombre.
-Espera Touma, déjalo _rogó la mujer reteniéndolo del brazo.
-¡Dije que no importa! _gritó_ ¡No importa si estas comprometida con él!, ¡No me importaría incluso si fueses su esposa!
-¿Qué?, ¿de qué hablas? _preguntó aturdida.
- Akane… no quería hacer las cosas por las malas, realmente no quería… pero no me has dejado opción _expresó casi como un lamento.
-¿Estás amenazando a mi mujer? _advirtió Touma zafándose del agarre de Akane, mientras caminaba con paso firme hacia el desconocido masculino con mirada asesina.
-¿Tu mujer, dices?... Eso lo veremos.
Mirando fijamente a Akane pronunció sus últimas palabras antes de dejar el lugar.
-No quería que fuera así Akane, pero tú me obligas a hacerlo.
-¡Ranma!, ¿Qué carajos estás diciendo? _preguntó asustada.
El príncipe heredero dio la vuelta y se alejó marchando colérico entre la gente que contemplaba con consternación semejante escena.
Su súbdito lo siguió poniéndose a la par rápidamente.
-Hibiki, da la orden a la Guardia Real de capturar a la sirvienta que me ha ofendido.
-¿Qué sirvienta, mi señor?
-La misma que nos trajo aquí, ¿acaso no recuerdas?
De hecho lo había olvidado. Es que su amo desde que había conocido a Akane nunca más sacó el tema a colación.
-Pero su Alteza, ¿acaso… acaso encontró a la muchacha?
-Hace mucho tiempo, esos ojos… desde un principio me fueron familiares.
-¿Usted se refiere…
-Diles a los Guardias que la traigan ante mi presencia de inmediato.
