Hola a todos/as! Les dejo un nuevo capítulo!

Prometo responder a la brevedad sus reviews! Mil gracias como siempre por sus palabras, me alientan a continuar!

Espero que les guste el nuevo capitulo, quedando aguardando sus comentarios y opiniones!

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 5: Indulto

Estaba impaciente. Caminaba de un lado a otro, sin rumbo, como si estuviera desquiciado.

Pero Su Majestad no estaba loco, por lo menos no todavía.

Ranma estaba aguardando su llegada.

Realmente lamentaba haber tomado esa decisión.

Forzarla a estar a su lado solo pasó por su cabeza una vez, cuando recién la conoció.

En esos meses compartidos no había vuelto a pensar en esa elección.

Sinceramente quería enamorarla, de verdad deseaba que ella se enamorase de él.

Sabía, sin embargo, que jamás podría amarlo con la intensidad con la que él la amaba, pero si sentía un poco de cariño por su persona, el suficiente para aceptar ser su mujer, estaría satisfecho.

Ahora, ese hombre lo cambió todo.

¿Prometido?, ¿era su prometido?

Cada vez que recuerda la escena Su Majestad jura que se le oprime el corazón y se le revuelve el estómago.

Su arrogancia y alta autoestima no lo dejaron vislumbrar la posibilidad de que ella fuera de otro hombre.

Es que nunca la había visto acompañada de alguno. Casada no estaba, pues no había anillo en su dedo. Tampoco mencionó la existencia de un noviazgo, mucho menos su compromiso, si bien era cierto que nunca hablaba de su vida personal.

Ello no le molestaba, sentía que tenía el tiempo del mundo para conocerla y saber todo sobre ella.

Pero todas sus expectativas se vieron desplomadas aquella mañana.

"¡Prometido! ¡Es un buen título de hecho, porque ella solo será una promesa para ti, desgraciado! Para mí…. para mi Akane será una realidad", dijo entre dientes.

-Su Alteza, los soldados trajeron a la sirvienta.

La adrenalina se disparó por todo su cuerpo al escuchar el anuncio.

Cerró los ojos por un instante tratando de alinear sus pensamientos y emociones.

-¿Dónde está, Hibiki?

-En el Salón Real, mi señor.

Dirigió apresuradamente sus pasos para tomar posesión del trono en el esplendoroso lugar.

Estaba seguro de que no se había dado cuenta de su identidad.

No estaba seguro cuál sería su reacción al reconocerlo.

Tampoco tuvo tiempo de seguir con su introspección.

-Su Majestad, la señorita Tendo está aquí _anunció su eunuco.

Las puertas se abrieron.

Dos soldados ingresaron primero y, haciendo una reverencia ante su majestad, dieron la orden de que entrarán a la prisionera.

Con un soldado sosteniéndola de cada brazo la llevaron hacia Ranma, haciéndola arrodillar ante su presencia.

La mujer mantenía su cabeza gacha. Aún así se la escuchaba sollozar.

-Mi príncipe, he aquí la sirvienta que se fugó del palacio_ enunció uno de los guardias.

-Mírame _ordenó el futuro rey.

Sin embargo la muchacha no se atrevía a verlo.

-¡Mírame!_ volvió a ordenar.

Lentamente la mujer levantó la cabeza enfrentando por fin al príncipe heredero.

-¡¿Ranma? !_ exclamó con absoluta sorpresa.

-¿Cómo te atreves a llamar a su majestad con tanta confianza? _expresó un soldado con indignación abalanzándose sobre la desconcertada prisionera.

-¡Detente!, ¿quién te dijo que puedes poner un dedo sobre ella? _reprimió el monarca saltando de su trono.

-Pero… Su Majestad, ella-

-Escuchen bien todos ustedes. ¡Nadie, absolutamente nadie puede tocar a esta mujer! Si veo una sola marca sobre su cuerpo todos ustedes responderán con sus vidas por ello.

-Sí, Su Majestad_ respondieron al unísono los soldados presentes.

-Su… Su Majestad _ dijo la ex sirvienta_ ¿es usted…?

-¿Ahora me recuerdas?

-Yo… no lo había reconocido.

-Lo sé.

-Yo… no vi nada, le juro mi señor. Yo me perdí en el palacio, yo… hacía muy poco que había comenzado… con-confundí las habitaciones. ¡Perdóneme, Su Majestad!_ suplicó postrándose ante sus pies.

-No es por ello que estas aquí_ negó Ranma con suma seriedad.

-¿No?, ¿entonces?, ¿cómo lo he ofendido, Su Alteza?

-¡Guardias, llévensela al calabozo hasta que diga lo contrario!

Los soldados caminaron hacia la muchacha y tomándola de los brazos la sacaron del Salón Real.

Lo incomodó más de lo que imaginaba. Sus ojos, llenos de terror, no quería ver eso.

-Hibiki.

-Sí, mi señor.

-Si alguien viene en busca de ella, trae a esa persona de inmediato ante mí. ¿Entendido?

-Sí, Su Alteza.

Se retiró a su alcoba.

Estaba completamente perturbado. ¿Y si las cosas no resultaban como él quería? No, eso no podía suceder.

Pero cabía la posibilidad de que su plan no resultara. Tal vez el vínculo entre ellas no era lo que aparentaba. ¡No! Conocía a Akane. Ella era pura entrega y amor. No, no iba a fallar.

De todos modos aún le quedaba una carta, la peor de todas. Algo que le favorecía ser de la realeza era el poder que el título acarreaba.

Poco después, justo como esperaba, las noticias llegaron.

-Su Alteza.

-Dime Hibik.

-Han venido a buscar a la prisionera. Quieren rogar por ella ante usted, mi señor.

-Vamos.

Salió disparado una vez más.

Al llegar a las enormes puertas del Salón Real hizo una pausa.

-Están ahí dentro, ¿verdad?

-Sí, mi príncipe. El señor Tendo y sus hijas.

- Bien...bien.

Las puertas se abrieron de par en par, develando tres personas de pie ante el trono.

-¡Su Majestad ha llegado!_ anunció el eunuco.

Al escucharlo, el hombre y una de las muchachas automáticamente se arrodillaron.

La otra permaneció orgullosamente erguida.

Ranma, lejos de sentirse ofendido, sonrió.

Avanzó con paso firme pero ansioso hacia su trono.

A medio metro de él estaba de espaldas la muchacha, que a pesar de ser jalada insistentemente por su padre no tenía intenciones de arrodillarse.

El corazón del monarca estaba a punto de estallar. Casi podía tocarla.

Pasó a su lado pero la mujer no lo miró. Tenía su vista clavada fijamente en el trono.

Subió las escalinatas que lo llevaban al enorme asiento revestido de oro.

Ante el mismo se detuvo una vez más.

Y entonces se dio vuelta, con firme intención de afrontar su destino.

Atestiguó como el rostro serio de la muchacha pasaba del asombro al alivio.

"Que hermosa reacción", pensó el príncipe.

-Ran… ma?

-Sí, Akane. Levántese por favor Señor Tendo, tú también Nabiki.

-¿Ranma?_ pronunciaron simultáneamente al develar la identidad del monarca.

-Ranma… ¿tú, tú eres el príncipe heredero?

-Así es Akane_ dijo intentando no sonar soberbio.

"Está encantada con la noticia", pensó triunfante.

-Pero… pe-pero_ titubeó pensando intensamente.

-Ya habrá tiempo para explicaciones.

-Ran… Su-Su Majestad. Mi hija Kasumi ha sido capturada. Le juro, mi señor, que ella es inocente. ¡Usted la conoce, es una muchacha dulce, trabajadora y leal! Por favor Su Alteza, sálvela.

-Por favor Ranma, sálvala_ replicó Nabiki.

-¿Por qué?... ¿Por qué ahora?_ interrumpió Akane_ ¡Tú sabías que Kasumi era la sirvienta que escapó del palacio!, ¿no es así?

Ranma no pudo más que asentir.

La voz de Akane dejaba traslucir un sentimiento extraño que lo incomodaba.

-¿Por qué no la aprisionaste en ese momento? _continuó_ Si… si el crimen de Kasumi es tan grave, ¿por qué no la mandaste a capturar cuando la reconociste?_ preguntó atando cabos.

-Te lo dije Akane.

-¿Qué?

_Tú me llevaste a esto.

-¿A esto?, ¿a qué?, ¿a apresar a mi hermana? _dijo dando unos pasos en dirección a Ranma.

Los guardias de inmediato interrumpieron su avance desenvainando sus espadas.

Enfurecido, Ranma se abalanzó sobre sus súbditos y tomándolos del brazo les dijo:

-¡Bajen de inmediato las espadas!, ¡Nunca más osen en amenazarla!

-¡Su Majestad, debemos protegerlo!_ enunció uno de ellos sosteniendo en alto su arma contra la menor de los Tendo.

-¿Estás desafiando mis órdenes? _ preguntó iracundo al soldado.

El leal soldado dejó caer su espada ante la mirada asesina de príncipe, postrándose a sus pies.

-Yo… yo, yo no…

-Hibiki, llévate a este desacatado de aquí, a partir de hoy queda desterrado.

-¡No, Su Majestad! Le pido que me perdone _suplicó de rodillas_ ¡Por favor, tengo a mi familia aquí, hijos pequeños, por favor no me aparte de ellos!

-¿Qué estás esperando Hibiki?, llévatelo e imparte mis órdenes de inmediato.

-¡No!, ¡Por favor Su Majestad!, ¡Perdóneme! _gritó desgarradamente el guardia que dejó a rastras el salón.

Cuando el príncipe volvió a sus cabales contempló claramente el repudio en la cara de Akane. Todo su cuerpo, de hecho, expresaba rechazo. Tenía sus puños apretados y respiraba aceleradamente.

Ella acababa de conocer un lado de Ranma que podía ser despiadado.

Ya no podía volver atrás.

Así que continuó y decidió ir hasta las últimas consecuencias.

-No me has dicho que quieres, Akane, ¿qué vienes a hacer en mi palacio?

-Vengo a preguntar cuál fue el crimen de mi hermana. ¡Vengo a exigir que la liberen! _declaró mirándolo fijamente.

-Ella dejó el palacio sin mi permiso.

-¿Eso es un delito?_ preguntó incrédula.

-Lo es. Como acabas de ver, todas las personas dentro de este reino deben cumplir mis órdenes. Si ella deseaba dejar el palacio debió pedirlo y esperar mi autorización.

-¡Ella huyó despavorida porque temió por su vida!_ expresó con total repulsión.

-¿Ah sí?, ¿y eso por qué?

-Por haberse topado… contigo.

-La ley es la ley Akane. Ella debe pagar por lo que hizo.

-¿Pagar?, ¿cómo?

-Con su vida.

-¿Asesinar a una persona por dejar el palacio?, ¿Quién te crees que eres?

- ¡Soy tu príncipe!

- ¡Eres un tirano, eso eres!

Las palabras de Akane eran dagas que herían letalmente al joven heredero.

-¡Por favor Su Majestad! _interrumpiendo a su hija menor_ Mi niña es una persona decente. No merece morir. Tome la vida de este anciano en su lugar.

-¡No, papá!, ¡Su Majestad, perdone a mi hermana!

No podía negar que estaba conmovido. Él no quería matar a Kasumi. Al contrario, ésta era una medida extrema, sí, un artilugio perverso pero de suma importancia para salvar una vida, la suya.

- ¿Vas a matar a mi hermana después de todo lo que hemos hecho por ti, ¿después de que nos has engañado todo este tiempo?

-Tú puedes salvarla, Akane.

-¿Cómo?, ¿Quieres matarme a mí en su lugar? ¡Pues bien, hazlo!

El corazón del príncipe se retorció con la sola idea de su muerte.

Avanzó hacia ella mirándola con absoluto dolor.

-¿Cómo… cómo puedes pensar en que tomaría tu vida?

Akane no podía creer lo que acababa de escuchar. ¡Claro que podría tomar su vida, era justamente de lo que estaba haciendo gala!

-¿Entonces? _preguntó exasperada.

Vio como la expresión del príncipe cambió por completo ante su pregunta. Sus ojos dejaron en claro su deseo, su deseo por ella.

Ante tal revelación lágrimas comenzaron a rodar por su rostro.

Ranma, sin poder evitarlo, extendió su mano hacia su mejilla secando con sus dedos la suave piel. Se sintió extasiado. Había soñado tantas veces tocarla.

-Tú puedes salvar dos vidas, Akane _dijo susurrándole al oído.

-¿Dos?

-La de tu hermana y… la mía.

-¿La tuya?, ¿por qué?_ dijo confundida.

-Porque _explicó ahora apoyando su frente contra la de ella_ si no estás a mi lado, voy a enloquecer.

-¿Quieres que sea tu sirvienta?

-No.

-¡Lo haré! Trabajaré de por vida en el palacio.

-No.

-Seré la sirvienta más eficiente y leal, Su Majestad.

-¡No!

-Limpiaré hasta su mierda, lo juro.

-¡Detente! _advirtió indignado.

-Seguiré con las lecciones, prometo que lo haré mejorar.

-¡Akane!

-¡No tendrá que pagarme un centavo! Vendré todos los días.

-¡No, no, no!, ¡No quiero eso! _dijo separándose abruptamente de Akane.

-Por favor Su Alteza, libere a mi hermana entonces _imploró.

-Lo haré… si tú te entregas a mi_ develó ante el asombro de los presentes.

Akane cerró los ojos fuertemente, muy dentro suyo temía esas palabras.

-¿Usted quiere mi cuerpo?

El futuro monarca se acercó a la mujer nuevamente. Ante su avance la muchacha bajó su rostro, contrayendo cada músculo de su cuerpo.

-Quiero tu cuerpo, tu alma, tu corazón _le dijo con sinceridad_ Te quiero por completo Akane.

-Quiere pasar… una... una noche conmigo.

-Quiero que estés el resto de tus noche a mi lado, así es.

-Quiere que sea su amante.

-¡No!, ¡jamás te pediría eso!

Ranma estaba desquiciado. ¿Acaso no eran claras sus intenciones con ella?

-Entonces no lo comprendo.

-Quiero que seas mi consorte.

-¿Qué? _dijo llevando su mirada hacia Ranma.

-No solo eso, pronto te coronaré como mi reina_ reveló su promesa.

Akane se quedó en silencio. No podía creer lo que acababa de escuchar. "Este hombre debe estar loco", pensó.

Efectivamente su silencio lo estaba por enloquecer. ¿Qué había que pensar?, ¿Qué mujer no querría los lujos y la posición que él le estaba ofreciendo?

-¡Akane! _la llamó impaciente.

-Agradezco la propuesta, Su Majestad. Pero no puedo aceptarla. Por favor, piense en otra forma de poder pagar por la libertad de mi hermana.

-¿Por qué no puedes? _gritó iracundo.

-Estoy comprometida.

Ranma estaba a punto de perder todo control.

-Te dije que no me importa.

-Pues a mí sí. Le di mi palabra a Touma y yo no-

-¡Pues tu palabra no tiene más peso que la mía! _gritó desencajado_ Si estás comprometida solo tienes que romper ese compromiso.

-No lo haré_ dijo con determinación mientras sus ojos seguían derramando lágrimas de dolor, de impotencia, de humillación.

-¿No lo harás? _preguntó tomando su rostro rudamente.

-No, mi señor.

-Entonces despídete de tu hermana.

Soltó su agarre y dándole la espalda volvió a tomar asiento en el trono.

-¡Akane, hija!, ¡Por favor, salva a tu hermana! _imploró su padre arrodillado ante ella.

-¡Debe haber otra forma! _exclamó_ ¡Por favor!, ¿quieres que me arrodillé? Lo haré.

Cumpliendo con sus palabras Akane se postró ante él.

Su hermana y padre imitaron su gesto, mientras el salón real se llenaba de súplicas y sollozos.

-¡Por favor Su Majestad, libere a mi hermana! Yo pagaré con trabajo su ofensa. Seré su instructora, dedicaré mi vida a servirlo y a ayudarlo _ofreció Akane una vez más.

Ranma no sabía qué hacer. Akane lo había lastimado como nunca nadie lo había hecho.

Ella no había aceptado su propuesta. Prefería casarse con aquel mugroso soldado, prefería la muerte de su hermana antes que estar con él.

Si ella era capaz de llegar tan lejos, también lo haría él.

No hay otra forma.

-Por última vez. Acepta mi propuesta, Akane.

La muchacha mantuvo su posición en silencio.

-¡Consejero Gosunkugi!

Las puertas del gran salón se abrieron y por ellas entró un hombre acudiendo al llamado del príncipe.

- La sirviente Kasumi Tendo ha sido capturada luego de huir del palacio sin autorización, desafiando las normas del palacio real. Como lección de ejemplo para los demás sirvientes del palacio recibirá 300 azotes en la plaza de la ciudad por rebeldía. Si sobrevive, pasará el resto de sus días en el calabozo.

-¡No, Su Majestad, por favor! _suplicó el anciano.

-¡Akane, haz algo! _reclamó Nabiki.

El príncipe se sentía desfallecer. No quería tomar semejante medida, pero Akane era inflexible. Y si no le demostraba hasta donde podía llegar ella no accedería a ser su mujer.

Antes de obligarla por completo, debía llegar hasta el límite.

-A su familia _continuó_ confíscale todos sus bienes como pago a la corona por el perjuicio que ocasionó su familiar.

-¡No, por favor!

-¡Su Alteza!

Akane permanecía inmóvil sobre el piso.

-Tú, llama al General Kudo _instrumentó a Hibiki.

-Sí, Su Alteza.

-Por favor Su majestad, tome mi vida y perdone a mis hijas _pidió una vez más el destrozado padre de familia.

Ranma no oyó sus súplicas. Sus cinco sentidos estaban por completo sobre Akane, rogando para sus adentros que ceda de una vez por todas a su deseo.

Las puertas se abrieron una vez.

-Mi príncipe. Su fiel sirviente, el general Kudo está a su servicio _se presentó el imponente militar.

-Kudo. ¿Tienes en tus filas a un soldado llamado Touma?

Akane elevó su cabeza en dirección a Ranma al escucharlo pronunciar el nombre de su prometido.

-¿Touma?_ repitió pensativo_ ¡Ah, sí, sí! Un soldado sumamente valiente.

-¿Sí?, pues como es tan valiente lo enviarás a llevar un mensaje de mi parte al reino de los Daimonji.

-¿Daimonji? _cuestionó el general con notable preocupación_ Es sin dudas una misión altamente riesgosa, pero prepararé a mis mejores hombres y -

-El soldado irá solo.

-¿Cómo ha dicho, Su Majestad?

-El soldado Touma llevará personalmente mi mensaje. Es de suma urgencia y confidencialidad.

-¡Su Majestad, sería una ejecución!

-¿Por qué lo dice, general? _ dijo fingiendo desconocimiento.

Akane definitivamente debía oír esto.

-Los Daimonji… bueno, las relaciones políticas con ellos no podrían estar en peores términos. Dudo que el muchacho logre entregar el mensaje, no llegaría siquiera a las puertas del palacio. Incluso de conseguirlo, lo capturarían y seguramente… enviarán su cabeza como burla a su persona, mi príncipe.

-De todas formas, debo insistir.

-Su Majestad, pero...

-¿Vas a desafiar mi autoridad? _advirtió.

-No me atrevería, mi señor. Con su permiso iré a instruir al soldado.

-¡Acepto! _enunció la muchacha.

Ranma exhaló aliviado.

-Acepto tu voluntad _prosiguió_ Haz conmigo lo que quieras pero deja a mi familia en paz... deja vivir a Touma en paz.

-General. Cambié de opinión. Olvide la carta. Descanse usted y todo su ejército, bien merecido lo tienen.

-Como ordene, Su Majestad _expresó confundido.

El señor Tendo y Nabiki se acercaron a la muchacha y la abrazaron con todas sus fuerzas.

La sensación, sin embargo, de que la estaban entregando a su verdugo, los desconsolaba.

Ranma por su parte también deseaba con todas sus fuerzas cargar a la mujer entre sus brazos y llevarla a sus aposentos, lejos de todo y todos. Quería abrazarla, besarla, consolarla, decirle que todo lo había hecho por el bien de ambos, que la haría feliz, que confiara en él.

Pero también sabía que debía esperar.

-Consejero Gosunkugi.

-Sí, su majestad.

-La sirvienta Tendo ha sido beneficiada con un indulto real. Déjenla en libertad de inmediato. Retire la condena a su familia.

-Como ordene, mi señor.

-Hibiki, ve al calabozo y trae a la muchacha.

Minutos después la familia Tendo se reencontraba en un angustiante abrazo.

-Su Majestad, ¡muchas gracias!_ se arrodilló la muchacha ante el monarca, desconociendo el precio de su libertad.

-Levántate Kasumi, seremos familia muy pronto y jamás querré verte de rodillas nuevamente ante mi_ dijo con franqueza.

-¿Qué?, ¿familia?, no... no comprendo, Su Alteza.

-Vámonos Kasumi_ la llamó Akane temiendo la reacción de su hermana ante su decisión.

Kasumi obedeció en silencio.

Los cuatro Tendo giraron en dirección a la salida del Salón Real, pero antes de poder dar el segundo paso, el monarca enunció con alarma.

-¿A dónde crees que vas?

Akane cerró los ojos confirmando como su temor se hacía realidad una vez más.

Respiró profundamente y volteó en su dirección.

-Mañana volveré, usted sabe que tengo palabra.

-¿Mañana?, ¿crees que puedo tolerar que estés otro día más lejos de mi?

-¡Por favor, Su Alteza! ¡Tengo que despedirme de mis alumnos, de mis amigos, de… Touma! _dijo al borde de las lágrimas.

-¡De ninguna forma!_ sentenció_ ¡Hibiki! Acompaña a los Tendo hasta su casa. La señorita Akane podrá empacar las cosas que considere necesarias y luego la escoltarás de ella osara en intentar escapar o contactarse con alguien por fuera de la familia, deberás traerla de inmediato… a la fuerza.

-¿No dejarás siquiera que me despida de él?

-No es necesaria despedida alguna. Pronto todo el reino se enterará de tu nombramiento. Todo el mundo sabrás que eres mía.

-¡Ranma!

-No me obligues a tomar otra medida más efectiva Akane. No tienes idea de las ganas que tengo de desaparecerlo de la faz de la tierra. Esa es la despedida que te ofrezco. Si no la quieres, entonces ve a tu casa, empaca tus cosas y vuelve a mi lado.

Sin decir nada más, Akane dejó el palacio.

Con un sabor agridulce el príncipe se retiró a su recamara, no sin antes ordenar a su consejero que prepare una habitación provisoria para su futura consorte.

¡Suya, Akane ya era suya!

Sin embargo lo que nunca llegaría a imaginar es que la mujer que tanto amaba lo llevaría a experimentar un dolor inimaginable. Ese sería el precio de lo acontecido aquel día.

Mientras tanto, la futura consorte dejaba el palacio con su familia custodiada bajo la atenta mirada del guardia real.

Un carruaje estaba esperando por ellos.

-Akane, no comprendo lo que está sucediendo.

-Kasumi, yo...

-¿Sabías que Ranma era el príncipe heredero?

- No tenía la menor idea, hermana.

- Ninguno de nosotros _acotó Nabiki.

-El príncipe nunca dejó ver su cara por fuera del palacio, todos saben que detesta tener contacto con el pueblo, ¿quién hubiese imaginado que ese muchacho fuese él? _reflexionó el afligido jefe de familia.

-Yo... aquel día no llegué a ver su cara con detenimiento… yo… me parecía conocido pero jamás hubiese pensado que podría ser él.

-Akane, ¿él está enamorado de ti? _inquirió la hermana del medio.

-¿Qué?, ¿Cómo puedes decir eso Nabiki?

-Él quiere hacer de Akane su consorte Kasumi, por eso te-

-Yo, yo lo ayudé con su problema de lectura. Eso es todo. Y ahora quiere que trabaje para él.

-¡No es cierto, Akane!

-Es el príncipe heredero Nabiki, no hay razón por la que un príncipe quisiera hacer de mí su consorte. No tengo dinero, ni rango y seguramente hay mujeres mucho más hermosas que yo.

-Hija, pero…

-Sé su secreto, por eso quiere tenerme aquí.

-¿Qué harás con Touma?

-¿Touma?, ¿qué pasó con él? _interrogó Kasumi_ ¡Dime Akane!

-Debo romper mi compromiso con él, hermana. Si tengo que vivir en el palacio, no podré seguir a su lado.

-¡No es justo!... ¡todo esto por mi culpa!

-No es así, Kasumi.

-Volveré al palacio y me entregaré.

-¡Kasumi, hija!

-Es inútil. Él lo supo desde un principio, claramente reconoció quien eras. Esto no tiene que ver contigo. Esto es algo con mi persona, hermana.

-¡Akane!

La mayor de las Tendo tomó el cuerpo casi desfallecido de su hermana entre sus brazos. Recordó las palabras de Ranma, quien había asegurado que su captura no estaba relacionada con su fuga.

-No llores hermana, no me daré por vencida. Él no tiene idea de quién es Akane Tendo.

Llegaron a la humilde morada como si se tratara de un funeral.

De algún modo lo era.

-Tiene media hora, mi señora.

-Tú... tú también me engañaste _le dijo mirándolo a los ojos.

-Lo siento mucho, yo… yo solo _contestó avergonzado.

-Lo sé, cumplías con las órdenes de tu amo. No tienes la culpa.

Con esas palabras entró al que, en tan solo cuestión de minutos, dejaría de ser su amado hogar.

Media hora después Akane estaba de vuelta ante el fiel sirviente.

Se despidió entre lamentos de su familia y le pidió a su hermana Nabiki que le entregue a Touma una carta que dejó sobre su cama.

Solo le dijo que lo amaría por siempre.

Akane no podía frenar las lágrimas que fluían por sus ojos, pero la expresión en su cara, sin embargo, era dura y fría.

Lo que Rama le había hecho, cómo traicionó su confianza, como derrumbó su vida por una actitud caprichosa que seguramente en unos días cedería, nunca se lo perdonaría.

Es que para la joven Tendo, el comportamiento del príncipe heredero lejos de ser una expresión de amor, no era más que un simple antojo de niño rico. La veía como un juguete novedoso, raro, que debía tener entre sus manos. Rápidamente se olvidaría de ella y la descartaría. Claro que para ese entonces, la vida de Akane ya no sería igual.

Lejos de esa impresión estaba el príncipe.

Aguardaba su llegada con sentimientos antagonistas. Alegría porque había aceptado ser su consorte. Abatimiento, porque reveló cuan cruel podría llegar a ser. Ansiedad por verla y tenerla cerca suyo. Tristeza porque vio claramente en los ojos de Akane que lo despreciaba.

-Su Majestad, ya estoy de vuelta_ anunció el escudero a través de las puertas de habitación.

Ranma se precipitó a su encuentro.

-¿Akane?, ¿dónde está?

-La han llevado al cuarto de huéspedes que asignó para ella, mi señor.

-¿Cómo está?

Hibiki no sabía qué decir.

Ranma comprendió lo que su silencio significaba.

-Iré a verla.

Con el corazón en la mano se dirigió a la alcoba que hospedaba a su amor.

-¡Su Majestad el príncipe Ranma está aquí! _anunció un eunuco abriendo las puertas para que el amante ingresara.

Al abrirse las mismas, la hermosa figura de Akane se develó. Estaba de espaldas. No se inmutó ante su llegada. No cumplió con el protocolo, haciendo una reverencia. No le dedicó palabra alguna. Solo se quedó allí, de pie junto al ventanal.

Ranma acompañó su silencio y solo se dedicó a contemplarla, como solía hacer cada vez que estaba junto a ella.

-Esta habitación solo es provisoria, Akane. Cuando seas nombrada consorte te daré la morada más hermosa de este palacio.

Akane siguió ignorándolo.

-¿Trajiste tus cosas?

Divisó unas bolsas sobre la cama.

Sonrió al descubrir que la mayoría de su contenido eran libros.

-No tienes que preocuparte por nada más. Tendrás las mejores y más finas prendas para vestir, brillantes joyas, sirvientes que cuiden de ti. Nunca más deberás trabajar otra vez en tu vida.

El príncipe comenzó a avanzar hacia ella, pues su mutismo lo estaba desesperando.

-Ordenaré que se asignen unas tierras a tu padre y a tus hermanas, muy cerca del palacio. Podrás ir a verlos cuando quieras, ellos también podrán venir a visitarte. Tendrán una enorme casa para vivir cómodamente y sirvientes que cuiden de ellos. Además les otorgaré una pensión fija por mes _ concluyó quedando a solo centímetros de la taciturna muchacha.

El príncipe acercó su rostro al pelo de Akane, inspirando su olor a lavanda. Prontamente se encontró acariciando su cabello con la nariz. La deseaba tanto. La había esperado por tanto tiempo. Posó, a continuación, sus manos temblorosas sobre los pequeños hombros de la doncella, arrimándola contra su cuerpo. Hundió su rostro en los cabellos azulados mientras sus manos descendían por los brazos firmes como rocas que colgaban imperturbables ante el avance del monarca.

Extasiado, el príncipe de dejó llevar, dando vía libre a todos los sentimientos que había reprimido por meses.

Cruzó sus brazos alrededor de la mujer, aprisionándola con fuerza.

-Akane… Akane… Akane_ repetía con pasión y anhelo, mientras en un arrebato besó su cuello con devoción.

-¡Su Majestad el Rey Genma ha llegado!

Las puertas se abrieron abruptamente interrumpiendo el asalto de Ranma.

-¿Qué está pasando aquí?_ preguntó el rey.

Akane volteó fugazmente en dirección al monarca y se arrodilló ante él.

Ranma, confundido por la reacción de su futura mujer enunció:

-¡Akane!, ¿Qué haces?, ¡Levántate!

-¿Quién es esta mujer, Ranma?

-Ella… ella es mi mujer, padre.

-¿Tu mujer?, ¿qué demonios dices, muchacho?

-Ella será mi reina_ comunicó con total seriedad.

-¿Estás loco? ¡Mírame muchacha!

-No me atrevo a enfrentarlo, mi rey. Por favor acabe con mi vida.

-¡Akane!, ¿qué dices?

-¡Levántate niña!

La joven obedeció.

-¿Trabajas aquí?

-No, Su Majestad. Vivo en el poblado este, junto a mi padre y mis hermanas.

-¿Poblado?, y entonces ¿qué haces aquí?

-¡Yo la traje al palacio para convertirla en mi esposa!

-¡Ranma!, ¡es una campesina!

-Campesina o no, es la mujer que amo.

-¡Esto es inaudito! Muchacha recoge tus cosas y vete de aquí.

-¡No!_ exclamó como un bramido el heredero real, anteponiendo su cuerpo al de Akane.

Su padre lo óbservó colérico.

-Ranma, ve a mi recámara. Tenemos que hablar sobre tu nuevo capricho.

-¡Ella no es un capricho padre! ¡Ella se quedará aquí!, ¿entiendes?

- Ja, ja, ja _rió el Monarca_ ¿quién te crees que eres para darme órdenes a mi?, ¡Guardias!

Se notificaron de inmediato ante él media docena de hombres.

-Lleven al príncipe Ranma a mis aposentos.

-¡Padre!

Los guardias se aproximaron al hombre que reaccionó tomando a Akane de la mano.

-¡No la separarás de mi!

El padre del príncipe se alarmó por la determinación de su hijo. Jamás había demostrado tanta entereza. ¿Qué le estaba pasando?

-Deja que los guardias te acompañen o tendrán que recurrir a la fuerza.

Ranma volteó hacia Akane, quien mantenía su cabeza gacha.

-No dejaré que te aparenten de mi_ le prometió.

Ella no dijo palabra. Poco le importaba lo que podrían hacer con su vida.

Los guardias tomaron al príncipe por los brazos y lo llevaron hacia la salida de la habitación. El príncipe solo soltó su mano cuando la distancia ya no permitió sostenerla.

Ranma no despegó los ojos de Akane hasta que desapareció de su vista. Su padre no despegó sus ojos de él.

Supo de inmediato que era peligroso dejar que aquella muchacha permaneciera en el palacio.

-Toma tus cosas muchacha y vete.

Con esas palabras dejó la habitación, rumbo a sus aposentos.

Akane se dejó caer.

Y después de muchas horas volvió a respirar aliviada.