Hola a todos/as! Como siempre les pido disculpas por la demora! No es por falta de inspiración, sino de tiempo. Escribir es solo un hobby que me encanta y entretiene pero lamentablemente hay cuentas que pagar, jajaja.

Antes que nada quiero agradecer todos sus comentarios sobre esta historia, tanto aquellas palabras que me alientan a seguir (compartiendo su entusiasmo por el desarrollo de la misma), como aquellos que tienen una mirada crítica destacando aspectos que consideran aburridos o equívocos. Valoro mucho el hecho de tomarse un tiempo para dejar sus reviews. Por supuesto no puedo satisfacer a todo el mundo, pero siempre tengo en cuenta lo que me dicen. Algunas cosas las tomaré, otras las descartaré porque simplemente no coinciden con la historia que quiero contar incluso si, por la forma en que la estuviese narrada, termina en el olvido.

Quería compartir algo con ustedes. Si bien uno como lector interpreta las obras literarias de diversas formas, tal vez en un sentido completamente opuesto al que los autores quieren trasmitir (he allí lo maravilloso de la literatura), recibí muchos comentarios que destacan el hecho de que Ranma "está loco" o afirmando que mi intención es hacer de él "un loco". Quisiera contarles que no es esa mi voluntad. Ranma está muy cuerdo, no está delirando ni mucho menos. Creo, en todo caso, que el enamorarse siempre implica algo de locura. Empero me gusta mas otro calificativo que utilizaron para describirlo, que es "desesperado". Efectivamente haber encontrado a Akane significó para él un antes y un después. Ella despertó en él un lado afectivo y romántico que jamás había siquiera pensado tener (ya se entenderá mejor mas adelante). Si bien ella no tiene cualidades especialmente distintas a otras personas, para él conocerla fue encontrar el mismo paraíso, alguien que representa ideales que nunca se había topado antes. La sola idea de perder ese edén encontrado lo desespera, llevándolo a hacer uso de todos sus recursos para retenerla a su lado. Creo que allí reside la principal y ya conocida cualidad de nuestro querido personaje, a pesar de que algunos han expresado que este Ranma no se parece en nada al "original". Creo que es justo lo contrario. Si algo caracteriza a Ranma (mas allá de sus dotes de pelea) es su orgullo y terquedad. En el manga/anime Ranma siempre hizo uso de todos los medios (incluso de su maldición, en ello reside la singularidad de la historia) para salirse con la suya, para ganar, ser el más fuerte, el mejor o "la mejor". A veces incluso para proteger a Akane o frustrar las intenciones románticas de los muchachos que la pretendían. Obviamente que todo esto es presentado de una forma cómica, distinta a lo que vemos en esta historia. Para mi es la misma esencia. Aquí aparece la desesperación y el deseo por Akane como su principal motivación (conjuntamente con su historia familiar y románica, su posición social y la personalidad que construyó a partir de ello) llevándolo a hacer lo que sea con tal de no perderla. ¿Les pasó alguna vez?, ¿Sintieron en alguna ocasión la desesperación que emerge ante el miedo de perder algo muy importante o deseado?, o en otro sentido, ¿hicieron alguna locura por amor? Me encantaría leerlos. Quizás, si me habilitan, algunos de sus relatos puedan ser representados en la historia. Les comparto un breve episodio que me pasó la semana pasada al respecto, nada romántico por cierto... o tal vez sí. Compré unas entradas el año pasado para asistir a un recital que se llevó a cabo hace unos días. Invertí mucho dinero en las mismas porque amo a la banda que se iba a presentar, era realmente un sueño. Unos días antes cuando las busqué para tenerlas a mano, no las encontré en el lugar donde las había guardado. No puedo describir lo que sentí en ese momento. No entendía nada. Di vuelta por completo la casa y nada. Comencé a pensar en que me iba a perder el recital, en todo lo que había invertido y cuánto tiempo me costó juntar ese dinero. Todo a mi alrededor desapareció. Empecé a llorar como una desquiciada sin importarme nada ni nadie. Ese es el tipo de desesperación que siente Ranma, pero con algo mil veces más importante. En mi caso era una entrada (que por suerte recuperé) pero en el caso de él se trata de la única persona que tiene importancia en su vida.

Por último agradezco a Rosiii y a Sil por sus comentarios y hermosas palabras.

Kris muchas gracias por el afecto y buena onda que me transmitiste en tu review! No te preocupes que no me afectan negativamente los malos comentarios. Como dije lineas arriba todos puedan dar sus opiniones, de todas ellas me nutro para motivarme aún más! Pero realmente aprecié mucho tus palabras! Con respecto a la descendencia de Ranma, dentro de poco obtendrás la respuesta! Te mando un abrazo y gracias una vez más.

De igual forma agradezco a "El comentarista" por su mensaje. Como dije anteriormente, tomaré aquellos aspectos que señalaste que considere buenos para mi historia y bueno, si no te agrada el desarrollo de la misma lamentaré perder un lector!

Sin mas que decir les dejo el nuevo capítulo.

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 6: La urgencia

Parecía una bestia enjaulada. Lo era.

No tenía idea de lo que su padre podría hacerle a Akane.

Sabía que no le haría daño, o al menos contaba con eso, pero ciertamente tampoco la recibiría con los brazos abiertos.

Su presencia lo tomó desprevenido.

¿Qué estaba haciendo en el palacio? Se suponía que llegaría dentro de tres días.

Estaba en sus cálculos que para ese entonces la situación con Akane ya estaría más que resuelta.

El día anterior ideó cada detalle. Ya le había adelantado que tenía que discutir con ella un asunto de suma urgencia: finalmente le confesaría sus sentimientos e intenciones.

Con firme determinación llegó esa mañana, ignorando la advertencia enunciada por su instructora en su última lección.

El compromiso de ella, sin embargo, complicó las cosas de forma inesperada.

Originalmente pensó que su declaración y propuesta matrimonial bastarían para convencerla de inmediato. Si no accedía a ello con la urgencia que él deseaba podía esperar un tiempo más, siempre y cuando su respuesta fuese positiva.

Pero la noticia de su futuro matrimonio no daba lugar a esperas ni postergaciones.

Rápidamente analizó todos los escenarios.

Es que si ella estaba comprometida, lo más probable era que ambos estuviesen enamorados el uno del otro, dejándolo fuera de toda oportunidad con la dama.

Existía, sin embargo, la posibilidad de que se viera seducida por la propuesta del príncipe. Pero él la conocía, Akane no cambiaría su corazón por dinero o poder. Ranma no podría quererla si ella accediera a ese intercambio. Aún así, lograr diferenciar sus verdaderas intenciones llevaría tiempo.

Empero, la posibilidad más deseada por el sucesor a la corona era la menos probable. Ella jamás dejó entrever sentimientos románticos hacia su persona. Incluso si milagrosamente en ese tiempo juntos había logrado tocar su corazón, ella no lo admitirá con tanta facilidad. Ranma estaba seguro que el compromiso con aquel hombre, su palabra, tenía más peso incluso que un enamoramiento por él.

Todos los caminos lo llevaron a la misma conclusión: debía llevarla al palacio por la fuerza. No podía pensar en el costo de su decisión en ese momento. Solo sabía que perderla no era una opción.

Una vez allí, con la tranquilidad de que ella estuviese a su lado, resolvería qué hacer.

Claramente sabía que si Akane accedía al compromiso por conveniencia rompería todo lazo con ella. Sería la prueba de que se dejó engañar por su belleza. Su Majestad ya tenía mujeres así a su lado. Ella era todo lo opuesto a sus tres consortes, en ello residía parte de su amor por ella.

Si ella estaba enamorada de él con gusto la liberaría de la culpa y responsabilidad de disolver el compromiso. Él lo haría sin remordimiento alguno. Sin dudas era el más hermoso y pacífico de los desenlaces.

En el peor de los casos, si ella realmente amaba a su prometido y se rehusaba a aceptar su amor, haría uso del más bajo de los chantajes y utilizaría el corazón de Akane como aliado para lograr su objetivo.

Para su desgracia, éste fue el resultado último.

Por lo menos estaba seguro que ella era la mujer fiel, valiente y honesta de la que se había enamorado.

-¡Su Majestad el Rey Genma ha llegado!_ anunciaron interrumpiendo los pensamientos del Príncipe.

-¿Dónde está Akane?_ demandó apenas vislumbró a su padre.

-¿Quién es Akane? _cuestionó con fingida ignorancia.

-¿Dónde está?, ¿Qué has hecho con ella?_ insistió el joven enamorado.

-¿Qué es lo que has hecho tú, Ranma?, ¡Esa es la verdadera pregunta!_ gritó con indignación.

-No pronunciaré palabra alguna... ¡hasta que me digas dónde está mi mujer!_ amenazó.

-¡Ja!, ¿Tu mujer? _dijo entre risas_ ¿Estás fuera de tus cabales?

- ¡Contéstame! _demandó furioso ante la conducta burlona de su padre.

-Ella volvió al lugar que pertenece.

-¿La dejaste ir? _preguntó con aflicción.

-¡Por supuesto!, ahora contéstame tú, ¿Qué demonios está pasando por tu cabeza?, ¿Te has vuelto loco?

-¡Ordena de inmediato que la retengan! _alertó.

-¡No lo haré!, ¿Por qué habría de hacerlo?

-Si no lo haces… ¡Tendrás que buscar un nuevo heredero!

- ¡Ja!, ¿me estás amenazando?

-¡Te lo estoy prometiendo! _dijo con absoluta seriedad.

A su padre se le erizó la piel.

Fue en ese instante que tomó consciencia del estado irreconocible de su hijo: Lágrimas inundaban sus enrojecidos ojos. Las venas de su cuello, sumamente marcadas, parecían saltar sobre su blanca piel. Sus puños permanecían fuertemente cerrados, listos para atacar ante la menor amenaza. Su mandíbula estaba tan tensa que podría estallar en cualquier momento, jurando incluso que podía escuchar con claridad sus dientes rechinar. Su agitada respiración, su existencia completa dejaba entrever el dolor por el que estaba pasando.

Jamás lo había visto así.

-¿Hijo, qué te sucede? _ acercándose con preocupación_ ¿Por qué… por qué te pones así?, ¿Quién es esa mujer?

-Padre _le dijo tomándolo por los brazos_ ella… es mi destino. Jamás pensé que podría existir un sentimiento tan fuerte, tan pero tan poderoso que produce un dolor insoportable.

-¡Ranma!

- Nunca busqué experimentar algo así, créeme. Pero la encontré y ahora… ¡no puedo vivir sin ella!

-¡¿Qué dices?!

-¡La amo!, yo… estoy desesperado, no la apartes de mi, por favor.

- ¿Cómo?

-Papá, no te estoy mintiendo. Si no dejas que se quede conmigo… entonces… ¡Me iré con ella! Renunciaré a todos mis derechos como heredero, abdicaré al trono, jamás volveré a verte.

-¿Qué te pasa, muchacho?, ¿Cómo puedes decir eso?, ¿Dejar el trono, tu lugar, tu familia?, ¡Entra en juicio, por favor! ¡Es una simple mujer!

-¡No lo es!, ¡Tú no la conoces!, ¡Ella… ella salvó mi vida!

-¡Estás embrujado!

-¡Lo estoy!, ¿Sí?, ¡Tiene razón, Su Majestad!, así que haga lo que le digo u olvídese de mí _correspondió verborrágico.

Ranma admitiría lo que fuese que su padre quisiera creer con tal de ir tras ella.

El Rey, por su parte, estaba atónito. No sabía qué responder. Así que solo atinó a decir lo primero que se le vino a la cabeza.

-Incluso si dejara que se quede… ella no parece desear permanecer aquí.

-¡Lo solucionaré! _dijo con esperanzada determinación, despejando sus ojos de las lágrimas que amenazaban con caer.

-Está bien _accedió_ puedes hacer de ella tu amante, pero debes mantenerlo en secreto porq-

-¿Amante? _interrumpió indignado_ ¡Ella será mi reina!

-¿Qué ridiculeces dices?, ¡Es una campesina!, ¡Como mucho puede ser tu sirvienta personal!

-¡No!, ella será la Reina de esta nación.

-¡Ranma!

-Padre, nunca te he pedido nada. Hice tu voluntad en todo, ¡hasta acepté a esas mujeres! Esto es lo único que te pido. Deja a Akane a mi lado.

-Sabes que las consortes representan acuerdos políticos. Ellas están aquí porque benefician al reino. Tu matrimonio no tiene nada que con el amor, es una transacción entre dos naciones. Esta muchacha ¿qué beneficio nos traerá? _intervino con el fin de instalar un poco de cordura en la cabeza de su hijo.

-Ya te lo demostraré, sólo espera.

-Sabes que no está en nuestras manos la designación de las consortes. Ella no lo permitirá _argumentó como último intento.

-Yo manejaré los asuntos con respecto a Akane. Ahora ¿o me dejas ir a buscarla, o déjame ir para siempre?

El Rey necesitaba procesar toda esta locura. Nunca había visto a su hijo en éstas condiciones. Supo que sus amenazas eran reales, no como las veces anteriores cuando se revelaba con algún berrinche para no asistir a alguna reunión política o compromiso social.

Tenía que retenerlo a toda costa. Al fin y al cabo era su único heredero. No quería que el reino cayera en manos de su sobrino.

Estaba seguro que ella no permitiría que otra mujer opacase a su nieta. Se encargaría sin ningún problema de expulsar a la campesina de la vida de su hijo. Ella deberá ser la culpable de que las aspiraciones de Ranma no se cumplan, liberándolo de toda enemistad con su hijo.

El tiempo ya se encargaría de sanar las heridas.

-Ve, haz lo que quieras con ella_ ordenó el Rey.

Ranma corrió en dirección a la habitación de Akane, solo para encontrarse con horror que ni su amada ni sus cosas se encontraban ya en ese lugar.

-¡Hibiki!, ¡Hibiki! _ comenzó a llamar con urgencia a su escudero real mientras recorría el largo pasillo del ala norte del palacio.

-Su Majestad_ se anunció el escudero apareciendo repentinamente ante él.

-¡¿Dónde está Akane?!


Comenzó a caminar apresuradamente a penas se cerraron tras si las enormes puertas del Palacio Real.

Una parte de ella se rehusaba a tomar en serio las palabras del escolta.

Él no podía estar en lo cierto. Se había acabado. El mismo Rey la había expulsado del palacio. Su hermana Kasumi había sido indultada. No había nada que temer.

Pero Hibiki tenía un punto muy certero, tan certero que su última conversación no abandonaba su cabeza.

Flash back

A penas el Rey dejó la habitación, Akane tomó sus cosas y se dirigió a la salida del palacio.

La pesadilla se había acabado.

Todavía no terminaba de asimilar lo que había acontecido en tan sólo unas horas. No podía creer cómo aquel muchacho que pidió su ayuda para aprender a leer fuera en realidad el hijo del Rey Genma. No, Ranma no podía ser aquel despiadado príncipe del que se rumoreaban tantas injusticias.

Incluso su familia había vivido en carne propia la ira del Heredero Real. El día en que Kasumi llegó llorando a su casa espantada por la temeraria reacción de su amo fue imposible de olvidar.

Pronto se anoticiaron de que la Guardia Real en secreto estaba buscando a una sirvienta que escapó del palacio, condenándola como traidora al reino.

Y la traición se castiga con la muerte.

No entendía el supuesto crimen de su hermana mayor, solo cometió un error, como solía explicar la dulce muchacha. Lo que ella había visto, sin embargo, era algo que el Príncipe jamás querría que se esparciera por el reino. Su hermana era tan inocente que jamás hubiera hablado sobre la debilidad del muchacho, ni siquiera llegó a comprender fehacientemente lo que había descubierto. Akane, por su parte, entendía claramente la situación y advirtió sobre ello a su padre.

Decidieron enviar a Kasumi de inmediato a la casa de la familia de su futuro esposo, en un pequeño poblado a cientos de kilómetros de allí, en donde permaneció hasta que los soldados del príncipe dejaron de buscarla. Akane creía que habían logrado engañarlos, ya que afortunadamente contaban con la ayuda de toda la ciudad. La noticia de la captura injusta de la hija mayor del señor Tendo se divulgó con rapidez y un voto se silencio se pactó entre todos los habitantes. Es que no existía ciudadano alguno que no estuviese indignado de tener como futuro monarca a un hombre tan indigno de su cargo.

¿Cómo Ranma podía ser aquel hombre? El muchacho era raro, sin lugar a dudas, también un tanto orgulloso y terco. Pero parecía tener un buen corazón. Creía que estaba en la búsqueda de superarse a sí mismo y concretar un futuro mejor. Akane lo admiraba y respetaba por ello, ya que también buscaba lo mismo para sí misma y su familia.

Pero finalmente sus ojos la obligaron a ver con claridad que Ranma era el Príncipe Heredero, e indefectiblemente era cruel e injusto.

¿Por qué le hizo esto?

Sabía que gustaba de ella, desde un principio. Por eso Akane intentó a toda costa mantener la distancia y las formas para no confundirlo o alentarlo. Tampoco podía rechazar algo que nunca fue enunciado, pero su mirada no lograba esconder la atracción que sentía por ella. Tarde o temprano llegaría el momento en que tendría que romper su corazón, ya que la única verdad era que amaba a Touma. Él estaría triste por un tiempo, pero como todo ser humano tendría que aceptar la realidad y seguir adelante con su vida.

Jamás se imaginó que llegaría a sobornarla con la integridad de su hermana solo para retenerla. Humilló a su familia, encerró a Kasumi tratándola como la peor de las delincuentes.

La engañó y utilizó sin remordimientos. Akane ardía con furia ante el recuerdo de todo lo que había atravesado ese día.

Pero ello se había acabado. Él ya la perdonó. Aquello que intentó usar en su contra rápidamente cayó sin validez, gracias a los cielos.

-¡Señorita Tendo!_ llamó una voz conocida.

-¿Hibiki? _dijo sorprendida.

El muchacho la tomó del brazo y la llevó detrás de unas enormes columnas que rodeaban la entrada del palacio.

-Desaparezca lo antes posible del reino. Usted y su familia.

-¿Por qué dices eso? _indagó con curiosidad.

-¿Todavía no se dio cuenta de lo que es capaz de hacer el príncipe para tenerla?

-¡Él ya perdonó a mí hermana y a mí familia! Ya no puede forzarme a estar aquí _dijo triunfante.

-No es así, mi señora _replicó preocupado.

- Quédate tranquilo, él ya no puede hacerme daño _dijo confiada.

Hibiki lamentaba la inocencia de la muchacha. Tenía que alarmarla de algún modo. De otra forma no iba a creer su advertencia.

- ¿Acaso ignora que su prometido es uno de sus soldados?, ¡Él está en sus manos!

Akane se dio cuenta de la verdad en sus palabras. Se había olvidado por completo de ello. Ranma le había demostrado que podía acabar con su vida con tan solo una orden.

-Él jamás hubiese perdonado a su hermana _continuó_ liberándola del único medio para retenerla, al menos que existiese otra forma.

-Pero… pero el Rey. ¡El Rey no lo va a permitir!

-Señorita Akane. Usted no lo conoce. Lo que él príncipe quiere, el príncipe lo obtiene. Y créame…. nunca ha querido algo como la quiere a usted. ¡Váyanse lo antes posible! Huya de aquí. Es lo único que puedo hacer por usted.

Fin flash back

Tenía razón, Touma estaba en sus manos.

No podía confiarse.

Tenía que huir.

Así que apresuró sus pasos.

Tenía que llegar de inmediato a su casa, advertir a su padre y hermanas y buscar a Touma.

-¡Akane!

Aquella voz la heló de inmediato.

Akane giró en dirección a la misma y divisó un caballo azabache y su jinete asomándose por las pesadas puertas que comenzaron a abrirse tras ella.

Instintivamente comenzó a correr.

Era él.

-¡Akane!_ llamaba con insistencia el príncipe.

Pero Akane no se detuvo ante su nombre y siguió corriendo lo más rápido que pudo.

El trote de caballos cada vez se hacía más fuerte, pero ella no iba a detenerse.

Siguió corriendo.

Comenzaron a aparecer jinetes a su izquierda, a su derecha.

Pronto empezaron a sobrepasarla, cada vez más y más.

Hasta que finalmente los soldados a caballo la encerraron por completo, formando un circulo a su alrededor.

La dejaron sin escapatoria.

El Príncipe Ranma emergió entre sus súbditos, seguido de su escudero.

Se acercó a ella con premura.

Akane, al verlo, estalló en lágrimas. Se había equivocado, su pesadilla estaba muy lejos de terminar.

-¿Qué quieres de mi? _gritó con suma angustia.

Él bajó del corcel y se detuvo frente a ella.

-¡Te quiero a ti! _le dijo con desespero.

-¡No puedes tenerme, no soy una cosa que puedes poseer.

- No eres una cosa, no. ¡Tú eres mi mujer! Eres la persona más importante que tengo en mi vida. No puedo Akane, no puedo dejarte ir.

-Lo que no puedes es obligarme, ¿Lo has olvidado? ¡Ya has perdonado a mi hermana!, ¡Su deuda está paga! _lo enfrentó argumentando con seguridad.

- ¿Crees que necesito de ella para que seas mía? _dijo sin intención de esconder la verdad.

- ¿Entonces qué?, ¿utilizarás a mi prometido para obligarme a quedarme contigo? _preguntó mirando de reojo al escudero, que por alguna razón tenía su cabeza gacha.

Su Majestad aborrecía que nombrara a ese hombre, simplemente lo desquiciaba.

-Lo puedo hacer, sí... ¡Puedo hacer lo que se me plazca con él, con tu hermana, contigo, porque soy el Príncipe Heredero de este reino y todas las vidas de él me pertenecen! _dijo con amargura_ Pero para que sepas, no necesito usar a ese tipo para tenerte.

- ¡Es mentira!, ¿Acaso no me chantajeaste con la libertad de mi hermana hace solo un momento?, ¿estás loco o senil?

-¿No lo ves, Akane?, ¿No ves que estoy haciendo un enorme esfuerzo para que me aceptes por tu propia voluntad?

- ¿Voluntad?, ¿Llamas voluntad decidir entre mi vida y la de mi hermana?

Ella estaba por completo en lo cierto. No había como refutarlo.

-Volvamos al palacio, Akane _dijo impaciente.

Tenía miedo. De no poder disuadirla. De perderla.

-¡No!, ¡El Rey me dio la libertad!

-El Rey acaba de emitir un decreto real para que seas mi consorte _aclaró de inmediato.

-¡Mentira! _dijo negando frenéticamente con su cabeza_ ¿Hibiki? _lo miró esperanzada.

- Así es mi señora _afirmó el muchacho con indignado semblante.

Gesto que no pasó inadvertido por su amo.

- Quiero volver a mi casa... ¡por favor Ranma, déjame libre!

-Tú… ¿quieres volver con él?

-¡No!, ¡no se trata de él! Yo-

-No importa _interrumpió_ No tiene importancia si quieres volver con él o no. Yo solo quiero que estés conmigo. Y así será.

-¡Por favor, Ranma, no! _cayendo de rodillas ante él.

-¡Guardias! Escolten a Lady Akane a sus aposentos.

Los guardias cumplieron con las órdenes de su derrotado príncipe.

Derrotado, sí, porque tuvo que recurrir finalmente a su poder para retenerla a su lado.

-¡No!, ¡Suéltenme!, ¡Quiero ir a casa!, ¡Suéltenme! _gritaba desgarradoramente mientras intentaba resistirse a las manos de los soldados que buscaban aprisionarla.


La vio alejarse en aquella horrible escena.

Lo destrozaba verla llorar.

Si tan solo su padre no hubiese arruinado todo, ella estaría por decisión propia junto a él.

"Decisión propia".

Mientras avanzaba en silencio de nuevo al palacio esa oración replicaba con fuerza en su cabeza.

Akane nunca tuvo en sus manos la posibilidad genuina de decidir.

Kasumi y aquel tipejo solo eran falsas carnadas. Desde un comienzo la decisión sobre su vida había sido tomada cuando la escuchó por primera vez leyendo Otelo.

"Eres mía", lo había decidido en aquel instante.

La pantomima de aprender a leer tenía el claro fin de acercarse a ella y nada más.

Cuando vio a la sirvienta entrar a la casa de Akane aquella lluviosa mañana la reconoció de inmediato. Su rostro reflejó un estupor que Akane confundió con sorpresa. "Ella es mi hermana mayor, Kasumi. Estaba … de viaje", anunció con nerviosismo.

Pensó que toda su falsa sería descubierta.

Solo pudo relajarse cuando la cordial mujer hizo una reverencia sin rechazo alguno. Al contrario, tenía una sonrisa cálida y realmente preciosa.

No lo había reconocido. Respiró aliviado.

Ese día también conoció personalmente a su padre y a su otra hermana, Nabiki, gracias a las condiciones climáticas y su terca conducta que forzaron a continuar la clase dentro de la casa de su instructora.

Estaba encantado con la amabilidad de su futura familia, olvidando de inmediato la ofensa que sentía por parte de la fugitiva. En consonancia, no pudo evitar pensar que cuando la verdad sobre su identidad fuese revelada, tendría que pedir disculpas por su actitud con su cuñada. Si no lo había reconocido, ¿cuánto en realidad había visto aquel día? Estaba seguro, aún así, que lo perdonaría. ¿Quién no perdonaría al futuro Rey de la nación?

En los días que compartió junto a los Tendo vivenció por primera vez lo que era tener una familia. Él siempre se sintió muy solo. No podía decir que extrañaba a su madre porque nunca la tuvo. Solo conservaba de ella algunos recuerdos que no podía distinguir si eran verdaderos o fueron fabricados por su mente a partir de simples relatos hechos por terceros. Sin embargo llegaba a envidiar a Akane. El amor con el que su padre se ocupaba de ella, el trato cálido e interesado entre las tres hermanas, el calor que concentraba esa pequeña casa, el aroma a comida casera, las risas, los silencios, las miradas y muestras de afecto ¡Cómo anhelaba Ranma ser parte de todo ello!

Pronto lo sería, solía pensar con encanto.

Ellos eran tan gentiles con él, se mostraban tan cómodos con su presencia en su casa. Todo lo contrario a lo que demostraba Akane. Ella nunca se relajó a su lado. No obstante su familia lo incluyó de inmediato.

¿Qué estarán pensando de él los Tendo?

Cerró los ojos de golpe ante tal pensamiento.

"Remediaré todo esto, mi amor. Te lo prometo", susurró clavando su mirada sobre la pobre mujer que se encontraba a un par de metros de distancia.

Apenas había logrado poner un pie dentro del palacio cuando el eunuco de su padre se acercó a él.

-Mi príncipe. Su padre manda a informarle que la Reina ya lo sabe todo.

Ranma se lamentó de la rapidez con que la llegada de Akane había llegado a sus oídos.

-¡Maldita sea!_ blasfemó por lo bajo.

-Seguramente, Su Alteza, lo convocará ante ella a la brevedad.

-Lo sé.

Sabía que no le haría las cosas fáciles.

Todo intento, no obstante, será fallido. Porque jamás renunciará a Akane.

Dejó al eunuco atrás y avanzó en búsqueda de la mujer que ocupaba su mente.

Los sirvientes que lo vieron acercarse se apresuraron hacia la puerta de la habitación con el fin de anunciar su llegada a su moradora.

Pero ante el gesto del príncipe que pedía sigilo, se mantuvieron en silencio.

-¡Retírense!_ ordenó con urgencia.

Y fue entonces cuando la escuchó llorar.

Se recargó sobre la puerta sintiéndose el peor de los hombres. Sin dudas ella lo confirmaría.

"¿Por qué me haces las cosas tan difíciles?, ¿No ves que rompes mi corazón?", enunció en un lamento.

Entonces, lentamente, ingresó al dormitorio.

Ella estaba en el piso abrazando con fuerza unas almohadas empapadas, ya, con sus lágrimas.

Al divisar la terrible imagen Ranma corrió a ella.

Akane, al verlo avanzar, se incorporó de inmediato como si hubiese visto al mismo demonio.

-¡Aléjate de mí! _ gritó borrando las lágrimas de su rostro con el dorso de su mano.

Él la miró con dolor.

-Akane, por favor no me hagas esto.

-¡Por qué tú me estás haciendo esto a mí, Ranma?

-¡Porque te amo! _declaró desde lo más profundo de su alma.

-¡Yo no te amo! _enfatizó con intencionada crueldad.

-¡Haré que me ames!

Era sincero. Realmente iba a esforzarse para ser merecedor de su afecto.

-Amo a Touma. Eso no cambiará, jamás_ sentenció.

"¡Otra vez él!", pensó con hastío.

-Yo cambiaré tu corazón _dijo con tono desafiante.

Akane entendió sus palabras con dicha literalidad, confirmando que para aquel despreciable hombre ella solo representaba un objeto más a sumar en su preciosa colección.

-No lo lograrás. Si es esa tu intención es mejor que me dejes ir.

Lo estaba aniquilando.

Nunca se había enfrentado a alguien que pudiera herirlo con tanta facilidad.

Se sentía impotente ante la verdad en sus palabras.

No había poder en el mundo que lograra cambiar los sentimientos de una persona.

Lo sabía porque nadie podría hacer que su corazón dejara de amar a Akane.

Ese hecho y la impotencia que sentía ante ello solo reforzaba lo peor de sí. Su terquedad, su egoísmo, su dominio.

-Si no me amas Akane, será peor para ti _ amenazó _ Con o sin amor, el resto de tu vida transcurrirá en este palacio… a mi lado.

Akane le dio la espalda.

Ya no quería contemplarlo.

Él ya no podía soportar más semejante humillación.

Dejó la habitación antes de que la muchacha pudiera advertir su ausencia.

Que Akane no lo amaba era algo que siempre supo.

Ahora no podía detenerse a lidiar con ese hecho.

Lo más importante era asegurar su permanencia bajo el mismo techo, y mal que le pesara, era una decisión que dependía de aquella mujer.

Apresuró sus pasos, no había tiempo que regalarle. Ella rápidamente lo utilizaría a su favor.

¡Ranma! _ lo llamó impaciente.

Ni bien escuchó las novedades corrió indignada a buscarlo.

El príncipe detuvo sus pasos de mala gana. No podía ignorarla delante de los sirvientes.

- ¿Qué quieres, Ukyo?

-¿Quién es ella?, ¿Es verdad lo que se comenta en el palacio?, ¿Una campesina?

-No es de tu incumbencia.

-¡Lo es! Soy… ¡soy la futura Reina de esta nación! ¡Soy… tu esposa!... tu amiga.

-Lo eras, eras mi amiga, mi mejor amiga, mi persona de confianza _expresó aún sin lograr esconder su dolor.

A pesar de que había pasado mucho tiempo, su traición todavía lo lastimaba.

-Ranma, por favor. No discutamos de esto ahora _ dijo incómoda.

-Entonces deja de hacerme perder el tiempo.

-¿No te basta con tres esposas?, ¿Quieres sumar una más a tu harem? No sabía que fueras esta clase de hombre.

-Te equivocas. Solo tengo una mujer, el resto son piezas de ajedrez.

Y con dicha aclaración retomó su marcha ignorando el llamado de su primer consorte.

-Su Majestad, el Príncipe Ranma está aquí _anunció el eunuco ante las puertas del palacio Tsubaki.

-Por fin llega, Alteza_ enunció sin mirarlo.

-Gran Reina _contestó haciendo una reverencia.