Hola a todxs! Les dejo un nuevo capítulo!

Con el próximo contestare cada review que me han dejado, pero quería subir si o si este capitulo ahora que tengo tiempo.

Espero que les gusto, quedo aguardando sus reviews!

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 8: Tiempo, es lo que sobra

Las piedras minuciosamente elegidas golpeaban su ventana en un intervalo de 30 segundos contados en un hilo de voz.

A la quinta vez, la luz que se vislumbraba fija en un rincón de la habitación comenzó a moverse en dirección a la abertura. Segundos después la ventana fue abierta y una pequeña figura se asomó alumbrada por la luz de una vela.

No pudo evitar sonreír, sumamente nervioso, ante su aparición.

-¿Qué haces aquí?_ preguntó sorprendida.

-Yo… eh… yo _titubeó el muchacho, pues obedeció a sus locos impulsos pero no había pensado qué hacer una vez que lograra verla_ ¡libro! _exclamó ideando un excusa_ quisiera… ver aquel libro del que me hablaste.

-¿Ahora?_ interrogó con suspicacia.

-Estoy… estoy con insomnio.

Ella hizo una mueca que revelaba no haber comprado su tonta excusa.

-No puedo abrirte la puerta Touma, si mi padre nos escucha me matará.

-¡Espera!_ dijo entusiasmado mientras comenzó a trepar el enorme árbol cuya rama llegaba cerca de su ventana.

Sabía que Akane usualmente dormía en el altillo de su casa, a pesar de tener una cómoda cama esperando por ella en el dormitorio que compartía con sus hermanas. Pero ella solía quedarse despierta hasta altas horas leyendo y en ese lugar podía hacerlo sin despertar a los demás integrantes de la familia. Se lo había contado años atrás, pero desde hace un tiempo reciente aquella conversación no salía de su cabeza. De hecho no era la primera vez que el muchacho deambulaba la casa de los Tendo en plena noche observando la cálida luz que salía de la pequeña ventana. Solo que ese día tomó el impulso de verla.

Cuando llegó con notable agilidad a su ventana, Akane se movió a un lado dejando entrever que podía ingresar.

Se sentía nervioso, no pensó que ella lo dejaría pasar, pero lo hizo. ¿Acaso no temía de él?, ¿no dudaba de sus intenciones? A decir verdad él mismo no tenía claro qué hacía allí.

Notó el nerviosismo en ella, pero simplemente lo invitó a sentarse mientras enunciaba que iría en búsqueda del libro. Él lo hizo. Recorrió con su mirada la pequeña habitación. Pilas de libros habían por doquier, entre papeles, cuadernos, tinta, velas y ese inconfundible olor a ella.

La observó con ternura buscar con suma concentración la obra, sin éxito. Era hermosa.

No sabía cuando habían empezado esos sentimientos por ella.

Se conocían desde pequeños. Sus padres eran lo que se podía denominar "amigos", además de ser vecinos cercanos. Ambos patriarcas compartían el dolor de haber perdido a sus compañeras y quedar a cargo de la crianza de sus hijos.

Crecieron juntos, jugando y peleando a la vez. A pesar de que ella era un año mayor siempre la había visto como un muchacho más. Akane se ponía a la par a la hora de jugar, luchar, correr, trepar árboles, competir en carreras e incluso al pelear con otros niños que buscaban amedrentarlo por su baja altura. Ella solía defenderlo y él estaba agradecido con ello, como lo haría con cualquier otro amigo. Hasta que no lo hizo.

-¡Eres una niña!, ¡Yo soy un hombre y no necesito que alguien insignificante como tú me defienda!_ le dijo un día enfurecido cuando ella llegó en su ayuda espantando al grupo de varones que querían golpearlo.

Nunca olvidaría sus ojos llenos de rabia y tristeza. Si había algo que la lastimaba era que la rebajaran y desestimaran por su condición de mujer.

Akane lo evadió por un año entero. No hubo día que no se arrepintiera, pero ella lo esquivaba cada vez que él intentaba acercarse y si no podía hacerlo simplemente lo ignoraba.

Esa fue la primera vez que se dio cuenta de lo importante que era para él, cuanto la extrañaba, cuanto la quería.

Para su infortunio, su padre enfermó de repente y tuvo que llevarlo a la casa de sus tíos para ser cuidado apropiadamente en un poblado alejado de su casa y de los Tendo. No hubo día en que no pensara en ella.

Cuando cumplió 14 años la volvió a encontrar en la celebración del fin de año. Habían regresado hace solo unos días pero todavía no se atrevía a ir en su búsqueda. Al principio no la reconoció, había pasado efectivamente mucho tiempo. Pero al lograr acercase supo que ya no era esa niña que se empeñaba en ser un varoncito. Tal vez era porque lucía hermosa con las ropas tradicionales que seguramente su hermana mayor la había obligado a usar. Tal vez porque tenía su pelo peinado y adornado a la perfección. Tal vez era por su cara que lucía reluciente con apenas un poco de colorante en sus mejillas y sus labios… sus bellos labios que estaban pintados por primera vez. O Tal vez era que la muchacha había crecido y ya se había convertido en una deslumbrante mujer. Su corazón latió tan fuerte que pensó que explotaría. Ella se encontró con su mirada y seguramente notó su cara completamente sonrojada, porque le sonrío en complicidad. Se acerco a él y le preguntó cómo se encontraba. Lo primero que Touma hizo, aunque torpemente, fue hacer una reverencia y suplicar su perdón. Ella le dijo que hacía mucho lo había perdonado, que tenía razón y estaba segura de que ya no necesitaría su ayuda para defenderse. Cuando escuchó sus palabras se irguió encontrándose con un revelador rubor en su bonito rostro. Es que efectivamente él también había cambiado. La pubertad llegó de golpe y Touma ya no era el pequeño muchacho, flacuchento y debilucho. Él se había encargado de fortalecer su cuerpo exitosamente y ella, para su fortunio, lo había notado. Era realmente muy apuesto. Últimamente todos se lo decían pero a él no le importaba… hasta aquella noche cuando volvió a ser su amigo.

De pronto se encontró deseando que ella compartiera aquella opinión sobre su persona.

Retomaron sus encuentros, ya no luchando como dos animalitos, sino compartiendo largas y animadas charlas. Supo que la pasión de Akane por los libros había crecido y se dejó contagiar por su entusiasmo. Él no sabía leer muy bien y ella se ofreció a ayudarlo. Con ese fin sus reuniones se incrementaron así como sus sentimientos por ella.

No estaba seguro de qué sentía ella por él, pero por lo pronto no mostraba odio o rechazo, y eso era suficiente para Touma… hasta que cumplió los 16 años.

Sabía que muchos hombres suspiraban por su peliazul y ello lo enervaba. Pero ella se mostraba indiferente ante las insinuaciones de los masculinos, perdida por completo en sus libros y en las clases que había comenzado a dar a los más humildes, "justo como su madre había hecho", comentó Akane al preguntar por eso. Los libros la conectaban a ella, solía decir. Y él quería conectarse en todo sentido con la menor de los Tendo. Quería que fuese su novia y fantaseaba con algún día desposarla. Así es, estaba profundamente enamorado de ella.

-¡Aquí esta!_ dijo con una hermosa sonrisa en sus tentadores labios.
Se acercó a él, erizando furiosamente su piel cuando tomó asiento a su lado.

"Las mil y una noches".

-¿Serás mi Sherezade, Akane? _le preguntó esa madrugada antes de irse.

-¿Quieres que te lea por mil y una noches?_ respondió simpática.

Quisiera que me leyeras por el resto de mis noches, pensó.

Pero solo le sonrió y se marchó.

A partir de ese día Touma asistía sin falta al altillo de Akane, quien lo esperaba entusiasmada con una enorme taza de té y pedazos de pan que ella misma cocinaba.

Él sinceramente estaba fascinado por la historia del sultán, tanto como por su lectora.

Akane era su Sherezade, audaz, inteligente, valiente y hermosa.

Una noche, cuando la encontró esperándolo apoyada sobre el marco de la ventana, se quedó contemplándola como un bobo bajo el umbral de la misma.

Ella, al ver que el muchacho no reaccionaba, rió y exclamó:

-¡Oh, Romeo, Romeo! _en un tono de voz que además de chistoso fue elevando, despertando a su padre quien la llamó alarmado. Ella le indicó con un gesto a Touma que se vaya pues su padre podría mal interpretar la situación.

Él obedeció. Realmente no le importaría tener que hacerse cargo de sus acciones, pensó mientras dejaba el lugar triste de no haber podido estar con ella esa noche. No es que no se habían visto durante el día, pero sus encuentros nocturnos eran realmente mágicos, como todas aquellas historias que relataba el libro.

Al día siguiente todavía recordaba lo que la muchacha había pronunciado, pero no entendía qué había querido decir. Estaba seguro que tenía que ver con libros, así que recurrió a uno de los monjes del pueblo con quien tenía una buena relación y que para su fortuna administraba una pequeña biblioteca en el monasterio. El hombre desapareció de su vista unos largos minutos, introduciéndose en un cuarto al fondo de la habitación, y trajo consigo un libro titulado "Romeo y Julieta". Le contó que efectivamente Romeo era el personaje de una apasionada pero trágica historia de amor. Touma pidió el libro prestado y el monje lo hizo a condición de que sea un secreto. Se esforzó en leerlo y hasta que no lo finalizó, muy a su pesar, no volvió a escabullirse en la casa de su querida Akane.

Ella solía preguntarle la razón de su ausencia sin lograr esconder su desilusión, algo que lo alentaba a pensar que sus sentimientos tal vez eran correspondidos. Él solo alegaba que estaba ocupado, pues no quería arruinar sus planes.

Por fin cuando se aprendió de memoria aquellas líneas volvió decidido a hacerle saber sus sentimientos.

Llegó con determinación y comenzó con su ritual de elegir las piedras que anunciarían su presencia. Solo tuvo que golpear dos veces, pues la muchacha rápidamente acudió a su llamado abriendo de par en par la ventana.

Él comenzó a recitar lo que había aprendido en el tono más bajo que pudo hacer, con la difícil misión de no despertar a su padre pero aún así lograr que sus palabras llegaran a sus oídos.

-¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan, ¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!… Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa? ¡Hablan sus ojos; les responderé!…Soy demasiado atrevido. No es a mi a quien habla. Dos de las más resplandecientes estrellas de todo el cielo, teniendo algún quehacer ruegan a sus ojos que brillen en sus esferas hasta su retorno. ¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento y las estrellas en su rostro? ¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros, como la luz del día a la de una lámpara! ¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial unos rayos tan claros a través de la región etérea, que cantarían las aves creyendo llegada la aurora!… ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Quién fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla!

Al principio Akane no entendía las raras palabras que el muchacho estaba enunciado. Tuvo que concentrarse mucho para escucharlo pues hablaba muy bajo. Pero pronto reconoció las líneas y su corazón reaccionó emocionado.

- ¡Ay de mí! _recitó siguiendo la escena.

Mientras, el muchacho comenzaba a trepar por el árbol, siguiendo el guión de la majestuosa obra.

- Habla. ¡Oh! ¡Habla otra vez ángel resplandeciente!… Porque esta noche apareces tan esplendorosa sobre mi cabeza como un alado mensajero celeste ante los ojos extáticos y maravillados de los mortales, que se inclinan hacia atrás para verle, cuando él cabalga sobre las tardas perezosas nubes y navega en el seno del aire.

-Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehusa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto.

-¿Continuaré oyéndola, o le hablo ahora?

- ¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera!

Finalmente llegó a su ventana y allí dijo la última línea que logró memorizar.

- Te tomo la palabra. Llámame sólo "amor mío" y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo… y seré Touma.

Akane no pudo contener la risa y por alguna extraña razón tampoco las lágrimas.

-Dime Akane, ¿puedo? _dijo totalmente sonrojado de vergüenza.

- ¿Qué cosa, Touma?

-¿Puedo ser tu amor?

Akane se quedó en silencio pasmada por la declaración del apuesto hombre, silencio que duró una eternidad para el joven enamorado.

-¿Puedo ser el tuyo?_ respondió susurrando.

El chico casi se cae al escuchar su respuesta, pero la joven logró agarrar su brazo y empujarlo hacia el interior del altillo.

Touma quedó a centímetros de su rostro, respirando aceleradamente por el cansancio, por el amor.

Sin poder resistirse se atrevió a tocarla, acariciando con delicadeza su mejilla que ardía bajo su tacto.

-Ya lo eres, y siempre lo serás_ confesó con voz ronca.

Y entonces terminó con toda la distancia existente y la besó.

Ella tímidamente respondió el beso y esa noche pactaron su amor.

-Espera _lo detuvo separándose de él brevemente _ No quiero ser Julieta.

-Yo tampoco Romeo _rió tontamente.

- Seamos solo Akane y Touma.

-Sí, eso me gusta mucho más_ afirmó abrazándola con devoción.

Poco sabían que su historia de amor tendría un trágico final, al igual que la obra que habían representado aquella noche.

Se veían en secreto noche tras noche, compartiendo las historias de Sherezade entre besos, caricias, abrazos y promesas de eterno amor.

Una madrugada, sin embargo su padre los descubrió dormidos en los brazos del otro. Estuvo a punto de acabar con el muchacho pero cedió ante el ruego de su hija y las palabras honestas de Touma. Soun sabía que ellos acabarían juntos, y en realidad estaba muy contento con su futuro yerno. Era un hombre de bien. Así que simplemente permitió su noviazgo siempre y cuando prometiera respetar a su hija.

Y así lo hizo. Porque a pesar que prácticamente Touma vivía en la casa de los Tendo, nunca sobrepasó los límites con Akane, más allá de que la deseaba con pasión. Pero esperaría. Esperaría a estar casado con ella, como corresponde, pensando que tiempo era lo que había de sobra.

Se enlistó en el ejército a pesar de que Akane se opuso a ello. Los soldados ganaban bien. Akane temía por su vida al servicio del temerario príncipe. Pero él quería tener suficiente dinero y construir una hermosa casa para su mujer y todos los hijos que tendrían juntos. Deseaba además construir una pequeña escuela para que su esposa pudiera dar clases como tantas veces le contaba, pensando que solo era un sueño inalcanzable. Él se encargaría en hacerlo una realidad.

Así se convirtió en soldado y descubrió que era bueno en ello.

Los años pasaron y su propuesta de casamiento llegó junto con su ascenso en el pelotón. Si hubiese sido por él se hubiese casado con ella la misma noche en que simuló ser Romeo bajo su invisible balcón, pero quería hacer las cosas bien y demostrar al señor Tendo que hablaba en serio cuando le prometió cuidar a su pequeña hija, proveyendo un futuro próspero y feliz.

Se casarían a su vuelta, luego de aplacar la revuelta.

Jamás hubiese imaginado que Akane sería arrebatada de sus brazos justo como acontecía en aquellas historias que amaba leer.

No entendía las lágrimas en el rostro de su suegro, y la preocupación incipiente en las caras de Nabiki y Akane cuando llegó a verlas la mañana siguiente luego de volver. No había podido hablar con su prometida sobre la confusa escena con el hombre que pronunció esas repugnantes palabras reclamando a Akane, a su mujer, como suya. Akane le dijo que luego hablarían sobre ello, lo acompañó a su casa para comer junto a él y obligarlo más tarde a dormir. Él no quería, hacía meses que no la veía y la había extrañado tanto. Pero ella insistió asegurando que tenían mucho tiempo para ponerse al día. Si hubiese sabido que esa iba ser una de las últimas veces que la iba a ver no la hubiese dejado ir.

-¿Qué sucede?_ preguntó alarmado.

-Descubrieron a Kasumi, amor. Saben que ella es la sirvienta que escapó del palacio... se la han llevado.

Touma abrigó a Akane en sus brazos tratando de confortarla. Sabía que era casi imposible que Kasumi saliera ilesa de las manos del terrible príncipe, pero pensó que lo habían logrado, realmente pensó que lo habían hecho.

Akane le comunicó que irían al palacio a pedir la liberación de su hermana. Él intentó detenerla, pero sabía que cuando Akane estaba determinada a hacer algo no había poder en el mundo que la detuviera, así que decidió acompañarla, pero ella nuevamente se negó.

-Debes ir a ver a tu familia, recuerda que ella se quedó allí todo este tiempo. Tienes que verificar si ellos están bien o si el príncipe les hizo algo.

-¡Mi lugar es contigo, Akane!

- Tú siempre estás conmigo _le dijo llevando su mano al corazón_ pero por favor, estamos en deuda con ellos, tu padre está allí. Tienes que ir a verlo. Necesitamos saber si están bien.

El muchacho seguía debatiendo en su cabeza, ella lo pudo ver con claridad. Lo conocía a la perfección, como él a ella.

-Todo el pueblo está de nuestro lado, ellos nos ayudarán _continuó_ Ve, mientras antes te vayas más pronto podrás volver.

Touma no quiso irse, no quería dejarla sola. Pero su prometida tenía razón. Su padre en efecto estaba con sus tíos esperando que fuera en su búsqueda para volver a casa.

Se convenció de que ella estaría allí a su regreso y partió. Jamás imaginó que todo se iba a perder.

Luego de dos días y medio de viaje llegó a su destino y el alivio liberó su alma pues su familia estaba sana y salva. Incluso ignoraban la lastimosa captura de Kasumi.

Se quedó un par de horas para descansar solo lo suficiente con el fin de emprender inmediatamente el viaje de regreso junto a su padre. A lo largo del mismo se enteraron que Kasumi había sido liberada. Aparentemente el príncipe Ranma estaba muy feliz por su reciente compromiso y perdonó su vida.

El estilo de vida de la realeza a quien servía lo repugnaba, ¿tener una cuarta mujer?, ¡Qué lamentable!, pensó. Pero rápidamente comprendió que ello no tenía que ver consigo, lo importante es que Kasumi estaba bien.

Al llegar a la casa de la familia de Akane se encontró con una imagen más desoladora de la que dejó, y la ausencia de su muchacha peliazul en la habitación oprimió su pecho.

Aquel tipo, ese desgraciado que lo había enfrentado cuando regresó de la batalla, aquel tipejo era el Príncipe Saotome. Aquel desgraciado había chantajeado a su Akane para liberar a su cuñada y garantizar su propia integridad. Como siempre, Akane lo había protegido. Embravecido, estaba por salir de la casa con destino al terrible lugar pero Nabiki lo detuvo y le entregó la carta de su adorada Julieta.

Cayó rendido sobre sus rodillas, completamente desbordado al leer las simples pero amorosas líneas. Le dolía el pecho, le faltaba el aire, le estallaba la cabeza. Se la habían arrebatado, le arrebataron su vida.

Nunca había sido muy pensante, no se consideraba un hombre inteligente, más bien todo lo contrario, era impulsivo, de armas a tomar.

Pero debía ser precavido. Parece que las horas que pasó hablando junto a sus cuñadas surtieron efecto.

Kasumi le contó como la misma Akane estuvo a punto de rendirse, pero como la mujer valiente y luchadora que era se repuso con determinación.

"Mientras haya vida, habrá oportunidades", dijo la mayor.

Touma se reincorporó en el ejército, era la única forma de estar cerca de ella.

El jamás había pisado el interior del palacio, era un soldado y su lugar era el campo de batalla. Tampoco había conocido a nadie de la realeza, al igual que el resto de la tropa, a pesar de tener que servirles. Solo los generales de alto rango tenían audiencias con quien se encargaba de las cuestiones de la milicia, el Rey Genma.

Mucho tiempo se recriminó por no haber reconocido al maldito príncipe a pesar de trabajar para él. Pero las reglas eran claras. Ante la presencia de la realeza debían hacer una reverencia postrados en el piso, e incluso si estaban de pie tenían completamente prohibido mirarles a los ojos salvo que ellos lo ordenasen. No había forma alguna en que pudiera haberlo reconocido. Nadie en el pueblo lo conocía, pues el arrogante heredero los aborrecía demasiado como para atreverse a aparecer por aquellos inmundos lugares, como solía reproducir el gentío. He allí el triunfo de su plan. Los engañó a todos mimetizándose con los pueblerinos que tanto desprestigiaba. Sin embargo nadie entendía por qué lo había hecho, especialmente durante tanto tiempo. Si tanto lo atraía Akane, simplemente podría haberla obligado a estar con él desde un primer momento. Empero, había montado toda esa farsa. Seguramente disfrutaba engañar a todo el mundo. Era perverso, tal como decían. Tampoco se comprendía por qué decidió nombrarla consorte. Era una mujer sin ningún título real, sin dinero ni poder político. No era la primera mujer pobre que atraía a alguien de la nobleza, todos sabían que muchas de las sirvientas que trabajaban para ellos debían también recibirlos en su cama. Incluso algunas llegaban a obtener algún lugar alto dentro de las jerarquías de la servidumbre. Pocas llegaban a ser nombradas concubinas reales. Ninguna, ciertamente, consorte.

No importaban las razones ocultas en todo aquello. Lo importante es que Akane lo amaba, y él daría su vida por salvarla.

Las noticias llegaron pronto.

En solo cinco días se llevaría a cabo el nombramiento y matrimonio de Akane. Touma sentía que se moría con tan solo imaginarlo. Lo peor fue tener que soportar escuchar reiteradas veces como algunos soldados difamaban a su mujer diciendo que ella lo había seducido o que era una bruja que lo había encantado.

Claro que quienes los conocían, supieron acompañar su dolor y se pusieron a su disposición para ayudarlo. Touma, a pesar de ser muy joven era respetado y reconocido entre sus compañeros.

La fecha llegó. Uno de sus amigos tuvo la fortuna de que un día antes de la ceremonia fuese notificado que formaría parte de la escolta de la futura consorte para reforzar su seguridad. El muchacho no dudó en prestar su identidad y cambiar de lugar con Touma.

Debía encontrarla y rápidamente llevársela de allí. Conocía todos los pasadizos secretos del palacio, pues era su deber defender y rescatar a sus amos en caso de algún ataque. Escogió el más cercano a la desembocadura del río. Una barca estaría allí aguadando por ellos. Tenía todo planeado conjuntamente con sus cuñadas y suegro, contando además con la apoyo de innumerables personas del pueblo que al saber su triste historia se pusieron a sus órdenes.

Ella estaba allí, detrás de esas enormes puertas. Su corazón bombeaba con fuerza. Sus manos sudaban. Se acercó sigilosamente a sus compañeros de guardia y, tomándolos desprevenidos, los redujo sin dificultad.

Estaba solo.

A continuación puso sus manos sobre las aberturas y retrocedió un paso haciendo el ademán de empujarlas.