Hola a todxs! Como siempre mas que agradecida con sus comentarios y opiniones.

Agradezco también a aquellos que se muestran disconformes con el desarrollo de la historia, valoro su punto de vista.

Quería decirles que no me olvido que esto es un RanmaXAkane. Pero les pido un poco de paciencia y de fe, por sobre todo, jajaja. Vamos recién por el capítulo 9. Sé que Ranma está dejando mucho que desear. Akane no puede amarlo en este momento después de todo lo que ha pasado. Él no es en este punto el héroe de la historia, no se si lo será. ¡Pero esto recién comienza! Como les dije al principio, mi inspiración fueron las novelas medievales e incluso algunos dramas Chinos y Coreanos de época (que si a alguien le interesa puedo recomendar) en donde se despliegan este tipo de relaciones de poder.

De ninguna manera está bien que alguien fuerce a otro a estar en una relación. Estamos atravesando tiempos difíciles donde muchas personas mueren por ese tipo de relaciones. ¡De ninguna manera apoyo eso! Esta historia es una ficción basada en un estilo narrativo que algunos pueden compartir o no, pero no deja de ser ficción. Por favor téngalo presente.

Si gustan de historias donde Ranma y Akane se atraen de inmediato, bueno, puedo humildemente recomendarles una historia que escribí, que en principio iba a ser un oneshot pero que decidí extender, se llama: "Pero me da miedo enamorarme".

Espero que se encuentren bien con esta cuarentena!

Espero que les guste el nuevo capítulo, quedo aguardando sus reviews!

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 9: Espejismos

El ruido de las puertas siendo abiertas de par en par hizo eco en la habitación.

La fuerza que había ejercido para empujarlas resultó desmida, de modo que hizo su entrada al dormitorio tropezando, perdiendo casi por completo la estabilidad de su cuerpo.

Rápidamente se restableció y se puso en guardia mientras llamaba a su prometida.

-¡Akane!

Miró horrorizado alrededor, pues no imaginaba encontrar aquel desolado escenario.

Segundos después escuchó las puertas cerrarse tras sí.

-¿Hibiki? _ inquirió dándose vuelta en dirección a las mismas.

En efecto el escudero del Príncipe Ranma había ingresado al lugar, sellando la entrada a sus espaldas.

Touma retrocedió sus pasos lentamente, por completo confundido.

Al ver que el escudero no desenvainó su espada siguió buscándola con la mirada, aún alerta a los movimientos del guerrero.

Nada. La habitación estaba vacía.

-Ella no está aquí _aseguró con firmeza.

-¿Cómo… cómo que no está aquí?

El soldado comenzó a buscar por todas partes, en cada rincón de la habitación, mientras el sirviente del heredero a la corona permanecía de pie, viendo la ridícula escena.

-¿Dónde está Akane? _increpó corriendo hacia él para tomarlo del cuello_ ¿Dónde está mi prometida? _cuestionó abatido.

En un movimiento difícil de anticipar, el escudero se deshizo de su agarre y lo lanzó hacia el piso, cayendo de espaldas sin poder siquiera hacer uso de sus reflejos para amortiguar la caída.

Gritó de dolor. Dolor por el golpe, dolor por la impotencia, dolor por la humillación y sobre todo por su enorme pérdida. Inevitablemente las lágrimas comenzaron a caer por su rostro cuando empezó a entender lo que estaba aconteciendo.

-Está donde debe estar _respondió finalmente el escudero.

Touma hizo el ademán de levantarse, pero cayó de rodillas mientras tomaba su cabeza aún intentando unir las piezas del rompecabezas.

-Pero ella….

Ella debería estar aquí, preparándose para la ceremonia, asistida solo por sus sirvientes. Él había acabado fácilmente con la guardia que pusieron para Akane. Tan solo era una campesina y no necesitaba de tanta protección, por lo que ello no revestía ningún problema, mucho menos lo serían las mujeres que estaban a su servicio.

-¿No lo entiendes?, ¿Tú realmente pensaste que podrías llevártela de aquí?

"Él conoce mis intenciones", concluyó Touma aún presionando su cabeza con las manos.

-¿Todavía no comprendes quien es él y quien eres tú? _prosiguió con un tono que sonaba indignado_ Lo que pasó con la señorita Kasumi ¿no fue prueba suficiente para que entiendas que nadie se escapa del palacio sin que él lo sepa?

Touma se derrumbó totalmente sobre el piso. Derrotado. Sus manos sobre el frío suelo apenas lograban evitar que su cabeza estalle contra la superficie.

-¿Piensas que él te dejaría volver a la tropa, así como así?, ¿o acaso creíste que desconocería tu identidad?, ¿pensaste que no descubriría tus planes con la familia de la señorita Akane o la participación de vecinos del poblado?, ¿Realmente crees que no anticipaba tu intento de acercarte a ella?, ¿Tantas agallas crees tener para fiarte que podrías llegar hasta aquí sin problemas?, Y aún así, ¡te ilusionaste con que ella estuviera detrás de estas puertas! Seguramente debes creer que eres un soldado excepcional, un héroe mítico, un gran samurai. ¡Despierta de tus sueños, muchacho! , ¡Si llegaste hasta aquí es porque él así lo quiso!

-Ayúdame Hibiki! _ suplicó arrastrándose hasta el escudero_ Kasumi me contó que tú has ayudado a Akane, sé que eres justo. ¡Ella no quiere estar aquí, ella es mi prometida!

-¡Lo era! Pero lo que has hecho solo la perjudicará. ¡Tu estúpido plan les ha costado la vida a varias personas!

-¿Qué? _dijo mirándolo aterrorizado.

-¡Tú has arriesgado la integridad de su familia, de la tuya y por sobre todo has puesto en peligro a la señorita Akane!

-¿Qué dices?, ¿Qué han hecho con mi familia?, ¡Dime! _exigió asustado.

Hibiki se quedó en silencio contemplando al derrotado hombre que yacía a sus pies. Llevó sus manos hacia su espada ante los atentos ojos del soldado.

Touma se apartó y retrocedió deslizándose por el piso.

-¿No vas a ayudarme Hibiki, verdad?, ¿Qué haces aquí entonces?


Abrió sus ojos respirando profundamente.

Allí estaba él, al lado de su padre el Rey.

Parecía desconcertado. Akane deseó que su expresión fuera el efecto ante la comprensión del error que estaba por cometer, un reflejo que denotara arrepentimiento, estupor, raciocinio.

Y entonces una estúpida sonrisa se ubicó en su rostro.

No, solo era eso, la expresión del goce que sentía por haberse salido con las suyas.

A su izquierda estaba presente la Reina Madre, recibiéndola con una gélida mirada, y a su derecha tres agraciadas mujeres que la contemplaban con diversas emociones reflejadas en sus jóvenes rostros.

-¡La señorita Akane Tendo ha llegado! _anunció el eunuco.

Ya no había vuelta atrás, debía avanzar.

El salón estaba repleto de personas que desconocía, pero no era difícil deducir que ocupaban diversos cargos políticos dentro del reino, algunos aliados, otros militares de alto rango y los menos sirvientes que debían cuidar de sus amos. Tenía la expectativa de ver a su padre o a sus hermanas. No perdía la esperanza de verlo a él, a su Touma, aunque sea desde lejos. Le habían prometido que él estaba bien, al igual que toda su familia. Pero no encontrarlos allí la intranquilizó.

Tal vez podía detener su marcha y exigir verlos, jurando por el contrario no acceder al estúpido matrimonio. Pero ¿qué caso tenía?, no conseguiría nada, lo sabía. Lo más probable era que la castigaran en el acto, obligándola a casarse de todas formas.

Al fin y al cabo si supiera que él los lastimó había decidió que acabaría con su vida de inmediato.

La intensa mirada sobre ella la incomodaba. A pesar que sus ojos estaban clavados en el largo pasillo que recorría, lo reconocía.

Cuando estuvo a un par de metros del trono él se levantó y caminó hacia ella.

El muy idiota tenía aún aquella sonrisa en su rostro, distinguió la joven novia divisándolo de reojo.

"Es realmente perverso", pensó Akane.

Se detuvo frente a ella y extendió su mano. La mujer se negó a depositar la suya sobre la del contrario, sabiendo que entonces ya no habría marcha atrás (como si realmente existiera alguna alternativa), pero se sorprendió al ver como la masculina mano parecía temblar. Elevó su rostro y se encontró con esa mirada azul tan enigmática. Le pareció ver a aquel muchacho dulce e inocente al que solía atrapar contemplándola en vez de seguir la lectura, como si estuviera enamorado de ella.

-Akane _susurró con dulzura.

Ella bajó su mirada cediendo a lo impostergable. Y entonces tomó su mano.

Ranma, a pesar de que sabía que ella no podría escapar, se sentía desfallecer. Estaba nervioso ante a ella ofreciendo su temblorosa mano, anhelando que aceptara ser su mujer pero temiendo irracionalmente que ella se esfumase ante sus ojos, como un espejismo o un sublime sueño. Es que Akane era como agua en la palma de su mano.

Esa mañana se levantó con la firme, e infantil, determinación de fingir que su matrimonio con la mujer de la que estaba locamente enamorado acontecía en otras condiciones. Quería fingir que ella lo amaba de igual forma y que ansiaba tanto como él unir su vida a la suya. Quería pretender que solo eran un hombre y una mujer enamorados en el día más feliz de sus vidas.

Pero aquel temblor develaba que todo era una ilusión. Si él permitiese que ella libremente lo eligiese, Akane no tomaría su mano, saldría corriendo de allí y jamás volvería a verla. Él lo sabía y no podía encubrirlo.

Cuando tomó su mano, sin embargo, se sintió feliz.

Avanzaron ante su padre quien con un gesto dio la orden al eunuco de leer su decreto real.

-Su Majestad, el Rey Genma Saotome, hijo del difunto Rey…

Ranma dirigió su rostro a la mujer que estaba de pie a su lado. Ella miraba seria al frente, inmóvil, deslumbrante. No escuchaba las palabras que estaban siendo enunciadas, solo podía concentrarse en ella. ¿Qué estará pensando?, ¿Qué estará sintiendo? Sabía que a pesar de que sus sentimientos eran probablemente antagónicos, compartían uno indefectiblemente: miedo.

Él temía por su reacción ante la última oración del decreto.

Ella temía por su vida luego de que esa oración fuese enunciada.

-… Señorita Akane Tendo, hija de Soun Tendo, y su Majestad el Príncipe Ranma Saotome en matrimonio. Fin del decreto_ terminó de leer el eunuco.

La vio cerrar los ojos, la sintió tambalearse ante aquellas palabras. ´Él la sostuvo por los hombros ante la expresión de asombro de los presentes.

Sintió como ella movió sus brazos haciendo que sus manos se alejen.

-Estoy bien, no me toques _le advirtió por lo bajo.

Sabía que ella estaba lejos de sentirse bien, pero una vez más se sintió egoísta porque él estaba inmensamente feliz de que ella, al fin, era suya, su esposa, su mujer.

Cuanto deseaba, empero, que por lo menos ella no estuviera tan triste.

A continuación le entregaron un rollo de papel con el decreto que él mismo quería leer.

Se separó de ella, quien tratando de recobrar su estado y lo poco que le quedaba de dignidad, siguió con el protocolo arrodillándose ante él.

-Por medio del presente decreto yo, Ranma Saotome, hijo del Rey Genma Saotome, te otorgo a ti, mi esposa, Akane Tendo, hija de Soun Tendo, el título de Cuarta Consorte Real.

Akane extendió sus manos hacia él recibiendo el decreto entre ellas.

-Estoy eternamente agradecida, Mi Señor_ recitó siguiendo el protocolo.

Un eunuco se acercó al flamante esposo sosteniendo entre sus manos una pequeña tiara que el príncipe personalmente mandó a forjar con hermosos rubíes a lo largo de ella. Quería entregarle una enorme corona, pero protocolarmente el ornamento ni siquiera podía exceder el tamaño o ser más lujoso que la de sus demás esposas.

Juró que pronto colocaría una corona en su cabeza porque ella sería su reina, como incansablemente se encargaba de repetir.

Tomó el objeto entre sus manos.

Akane se levantó lentamente sin despegar la vista del suelo.

Quería llorar, quería escapar, quería morir. Pero la promesa que le hizo a su hermana seguía presente. No se iba a rendir, aunque todavía no conocía su batalla a librar.

Ranma se acercó a ella y sitúo con suma delicadeza la tiara en su ahora oficial consorte.

-¡Saludos al Príncipe Ranma y la Cuarta Consorte Akane! _anunció el eunuco a los presentes.

"¡Que viva el Príncipe Ranma!, ¡Que viva la Consorte Akane!", aclamaron haciendo reverencias a la pareja de recién casados.

El clamor, sin embargo, pasó desapercibido para los celebrados.

Ranma solo tenía ojos para ella, olvidando por completo el protocolo, a los presentes, hasta su nombre.

Ella no despegaba los ojos del piso, maldiciendo a los cielos por su desgraciada fortuna.

Akane se dio vuelta hacia los invitados, recibiendo los saludos protocolares. Sabía que nadie allí podía importarle su presencia. Por el contrario, muchos ya la aborrecían. Todo aquello era una enorme hipocresía.

Él se paró a su lado y tomó nuevamente su helada mano. Apretó su agarre sobre ella queriendo confortarla, pero su mujer no se inmutó ante su gesto.

Las puertas se volvieron a abrir y comenzaron a avanzar en su dirección.

Salieron al balcón del palacio asomándose para saludar, oficialmente como matrimonio, al pueblo presente.

El príncipe se sorprendió ante la cantidad de gente que estaba en el lugar. En sus matrimonios anteriores muy pocas personas se habían acercado a congratularlo.

Sin embargo muchos de ellos se mostraban tristes tal como su consorte, quien conmovida ante el clamor de sus vecinos y amigos no pudo contener las lágrimas.

"¡Viva la consorte Akane!", clamaban con tristeza.

Avanzaron hasta el carruaje que los llevaría al templo donde continuarían ahora con el ritual religioso presentando sus respetos a buda, pidiendo por felicidad para la pareja, abundancia y paz para el reino y herederos para el trono.

Todo el camino Akane estuvo aferrada a la ventana saludando con suma congoja a la gente que acompañaba su marcha. Muchos de ellos eran conocidos.

Buscaba esperanzada ver a su familia, ver a Touma. Y Ranma lo sabía.

-Mañana podrás verlos.

Ella lo miró de reojo.

-¿Dónde están?

-Ellos… están protegidos. Están bien, como te lo prometí. Mañana se mudarán a su nueva casa, más cerca del palacio. Podrás ir a ver-

-¿Dónde está él?_ interrumpió.

Ranma sintió su pecho oprimirse.

-Él también está a salvo, pero no permitiré que se acerque a ti.

-¿Cómo creerte si no puedo verlo? _dijo apretando sus dientes, en un intento fallido de contener su ira.

-Puedes creer en tus hermanas y tu padre, ellos te dirán sobre él. Pero debes olvidarte de ese hombre porque ahora eres mi mujer, Akane.

Ella lo miró irradiando desprecio por sus ojos, pero no dijo palabra alguna y continuó observando la ventana hasta que llegaron al templo.

Ante buda encendieron inciensos, se postraron y rezaron elevando sus pedidos a él.

Akane rogó por la vida de su familia.

Ranma rogó por obtener su corazón.

Finalizando su estadía en el templo, continuaron de vuelta al palacio.

Se dirigieron al patio interno del mismo que había sido decorado sublimemente para llevar a cabo la celebración del matrimonio.

Akane se sentó junto a su marido en la mesa principal a la derecha del Rey. Para su suerte sería la primera y última vez que se sentaría junto a él, ya que ese lugar pertenecía a la Primer Consorte en los actos menos importantes y quedaría vacío en los de mayor relevancia. Es que el lugar junto a él pertenecería a su Reina.

Sabrosos aperitivos eran servidos para todos los presentes, las copas rebalsaban de los mejores vinos. Bailarinas y músicos desplegaban magníficos actos para honrar a la pareja real.

Todos los ojos estaban puestos en la novia. Nadie entendía por qué el príncipe había desposado a una campesina. Nadie, por otro lado, podía negar que efectivamente era bellísima y delicada. Akane había cumplido a raja tabla todos los rituales y reglas que había aprendido sin lograr ocultar, empero, su triste semblante, aumentando aún más el misterio que la cubría.

A nadie realmente le importaba sus sentimientos, nadie más que a él.

Estaba harto de todo el protocolo. A cada rato los interrumpían saludando y felicitándolos decenas de personas. Tuvo que soportar como miraban con desdén a su mujer, otros con deseo, muy pocos con indiferencia, los menos con bondadosa admiración. Ella, sin embargo, saludaba como una reina, como si no le afectara todas aquellas miradas porque su lugar estaba por encima de cualquiera.

Quería llevarla lejos de allí.

Quería estar a solas con ella.

Tenía tanto por decir.

Tanto por hacer.

De repente una sirvienta se acercó a ella. Le dijo algo al oído y ella asintió con su cabeza.

Lentamente se levantó y en un acto reflejo Ranma tomó su mano.

-¿A dónde vas?

Ella solo lo miró apáticamente.

-Su Majestad, es hora de Lady Akane lleve adelante su acto.

-¿Qué?

Ella tiró su brazo liberándose del firme agarre y partió.

El joven esposo miró a su costado llamando al eunuco, quien al ver su cara confundida explicó:

-Ella bailará para su esposo, para usted, Mi Señor.

-Ella…. ella ¿quiso hacerlo? _preguntó completamente sonrojado.

Su eunuco sonrió disimuladamente.

-Es parte de la ceremonia, Mi Señor. ¿No recuerda como lo hicieron sus demás consortes?

Claro, ¿por qué Akane querría dedicarle un baile?

Y no, no recordaba lo que había pasado en sus bodas anteriores, estaba muy ebrio para fijar recuerdos en su cabeza.

Pensó que llegaría a disfrutar de esta, pero estaba demasiado pendiente de Akane, de sus propios nervios y temores para hacerlo.

De repente la música comenzó a sonar lentamente, interrumpiendo su introspección.

Elevó su vista y la vio posando de forma majestuosa.

Tenía en sus manos unos enormes abanicos que lentamente comenzaron a agitarse a medida que iban descubriendo su rostro. Y allí, continuando con el rito, comenzó con los delicados pero preciosos movimientos siguiendo el sonido de la cítara. Reconocía la melodía, conocía el poema Tang que la había inspirado "Río de primavera en la noche de la flor de luna".

Todo el lugar quedó en silencio mientras su esposa danzaba aquella triste melodía.

No sabía que ella podía danzar con tanta habilidad. Cuantas cosas desconocía de ella. Pero ahora que ya estaban casados habría tiempo para conocer cada detalle de su existencia. Para eso la había desposado, para asegurar el tiempo… como si hubiese alguna garantía en ello.

Si bien ese pensamiento lo tranquilizaba, nunca era suficiente. Estos días de espera se sentía desquiciado, temía que ella enfermara nuevamente o que ese hombre lograra efectivamente llevársela de allí. Pero ahora ya era oficial y nada podría separarlos, si bien admitía que no estaban por completo unidos.

Cuando terminó la música los aplausos inundaron el lugar y él sintió el impulso de terminar con todo el circo de una vez por todas y dejar el lugar junto a Akane.

Ella volvió a su lado con ese semblante frió y cansado, bello y cálido a la vez.

Solo faltaba un poco más y todo se habría terminado.

Ella ya no sabía cómo se sentía a estas horas. Solo estaba cansada y quería irse a dormir. Todo el día la inundó la tristeza, la bronca, la impotencia, la repulsión, el desdén. Ahora solo quedaba el cansancio. Solo seguía cumpliendo automáticamente el protocolo sin prestar atención a lo que acontecía a su alrededor.

-Ya es hora, mi señora_ le susurró Yuka media hora más tarde.

La miró confundida y la muchacha aclaró sus palabras.

-Su noche…. de nupcias.

Se le erizó la piel al escuchar esa oración. No estaba lista para que él la tocara. No podría soportarlo.

-Vamos, Akane _ le dijo de forma ansiosa su marido.

Ella lo miró temerosa.

Él ofreció su mano una vez más y ella una vez más tuvo que tomarlo.

Respiró profundamente y se levantó.

"Los esposos se retiran", "Bendiciones", "¡Que los cielos los bendiga con herederos!", "Hermosas noches", gritaban todos a su alrededor a medida que la pareja dejaba el lugar.

Akane percibió como las tres mujeres la observaban con atención.

Una lloraba desconsolada y escandalosamente, o por lo menos más de lo que el protocolo le permitía demostrar. Otra la miraba con notable odio, con puños cerrados y con visible tensión en cada músculo de su atractivo rostro. La última simplemente bajaba la mirada, pero se veía muy afectada a su manera. Triste.

Ranma se dio cuenta de que Akane las observaba.

-No les prestes atención_ murmuró llamando su atención.

-Debe ser difícil para ellas ver que su marido se dirija a la alcoba de otra mujer.

-No me importa lo que sientan, no soy nada de ellas.

-Claro, solo te importan tus propios sentimientos_ dijo con notable rechazo.

-Solo me importas tu Akane.

-Sí, esta noche es lo que estuviste esperando por tanto tiempo, ¿no?

-Lo es _dijo sin atisbo de duda.

Akane se sintió asqueada.

-¿A dónde vamos?_ preguntó cuando sus pasos se dirigieron en dirección opuesta a sus aposentos.

-A la recámara que he preparado para ti, en el ala de las consortes.

-Yo… yo quiero volver al a habitación que conozco, ya me he acostumbrado a ella.

-Es imposible, Akane. Esa habitación es solo de huéspedes. Ni siquiera tú deberías haber estado allí.

-No quiero.

-No puedes elegirlo, lo sabes_ dijo sin ánimos de discutir_ además preparé una bella habitación, mucho más grande y elegante para ti.

-No la necesito.

Ranma simplemente siguió avanzando. No tenía sentido discutir con ella.

Llegaron al último rincón del palacio. Una enorme puerta ante ellos.

Ranma se dio vuelta dirigiéndose a todos los sirvientes.

-Váyanse.

-Pero… Mi Señor. Tenemos que servirles.

-Lo haremos solos, largo de aquí _dijo con irritación.

-¡Pero el protocolo!

-¡Estoy harto del maldito protocolo!_ gritó_ ¡Ya hicimos todo lo que había que hacerse ahora váyanse y dejemos en privado!

Akane se tensó de inmediato. No quería quedarse a solas con él. Según el protocolo los sirvientes debían ayudarlos a desvestirse.

Todos los siervos hicieron una reverencia dejando sola a la pareja.

Akane vio como Yuka se iba, dedicándole una triste mirada cuando escuchó tras ella la puerta abrirse.

-Entra Akane.

Ella se mantuvo unos instantes parada bajo el umbral de la puerta hasta que resignada dirigió sus pasos al interior.

Era enorme. Estaba decorada con arreglos florales por doquier y decenas de velas se erguían sobre hermosos candelabros iluminando el lugar. Olía exquisito, pues había inciensos encendidos alrededor de la habitación.

Sus paredes tenían un empapelado floral delicado y femenino, los muebles de madera eran finamente labrados. Sillones con almohadones en los rincones del dormitorio, una mesa con sillas, un escritorio y una enorme biblioteca detrás. Sus ojos se abrieron de par en par ante la misma.

Detrás de si había una cama gigante con cobertores a tono, seguramente de seda. Había también un gran ventanal que parecía en realidad una puerta.

Ranma la observó con satisfacción. Sabía que le gustaría el lugar. Era como si fuese la dueña natural del mismo. Por primera vez ese día su expresión lúgubre había cambiado a una más parecida a la alegría.

-¿Te gusta? _preguntó sin recibir respuesta alguna.

Ella jamás lo admitiría, pero estaba asombrada.

-Mañana podrás abrir aquella puerta. Y sé que te gustará la vista. Es la única habitación del palacio que cuenta con un pequeño jardín privado, solo para el disfrute de su dueña, o sea tú.

Ella se dio vuelta para enfrentarlo, encontrándose con su cuerpo a escasos centímetros del suyo.

Retrocedió unos pasos y dijo:

-Yo prefiero el cuarto de antes. Prefiero volver a mi casa, en realidad.

-No es posible, ninguna de las dos cosas.

-Entonces encuéntrame otro lugar más pequeño y sencillo, como la habitación a la que me trasladaron hoy para vestirme. No me gusta tanto lujo y esplendor. Todo esto es un mero espejismo _dijo dándole la espalda nuevamente.

-Por… favor, Akane _no estaba acostumbrado a pedir las cosas, solo a ordenarlas _ Me costó mucho conseguir esta habitación para ti.

-No te he pedido nada.

-Lo sé, pero quiero que estés aquí. Todas las consor…_ se detuvo_ ellas matarían por estar aquí.

-Dáselo a una de ella entonces.

-¡No! _dijo sin poder contener su frustración, viendo de inmediato como el pequeño cuerpo se sacudió temblando por su vozarrón_ Perdóname _pidió apoyando sus manos sobre los delgados hombros de su mujer_ Quiero que tú estés aquí y nadie más. Esta habitación es especial para mi… era de mi madre, Akane.

Ella nunca se lo hubiese imaginado. Pero tampoco quería saber.

-Mi padre la construyó para ella _continuó_ Era como tú, amable, inteligente, hermosa… le gustaba estar al aire libre, pasear por los jardines entre las flores. Amaba leer. No tengo muchos recuerdos sobre ella porque era pequeño cuando la perdí, pero los pocos que tengo son en esta habitación, recostado sobre sus piernas mientras acariciaba mis cabellos _dijo con notable añoranza_ Por eso es sagrado y no iba a dejar que nadie se adueñara de este lugar, hasta que te conocí. Quiero que tú, que eres igual de importante que ella, o incluso más, seas la dueña de esta habitación.

La consorte mantuvo su silencio, no sabía que decir o que pensar.

-Sé que cuidarás de ella porque tú comprendes lo que es perder a alguien tan especial y tener pocos recuerdos de ella. Sé que extrañas a tu madre, como yo.

Akane se desquició con lo que acaba de escuchar, comprendiendo las intenciones ocultas detrás del relato. Por un momento pensó que estaba siendo sincero, pero seguramente todo era mentira. ¿Cómo se atrevía siquiera a nombrar a su madre?

-¿Tú qué sabes de mi? _respondió la peliazul_ ¿Crees que porque llegaste a conocer a mi familia, engañándonos por supuesto, sabes de algo mí?

-¡Akane, no, yo-!

-¿Sabes cuántos niños huérfanos existen en el pueblo?, ¡Hay historias mil veces más terribles que la mía y en especial que la tuya! Así que no tiene sentido que intentes despertar mi simpatía contándome esa historia que seguramente es falsa como todo lo que me has dicho.

Ranma se sintió dolido por sus palabras. Por primera vez intentaba compartir con ella algo sumamente profundo e íntimo, algo que jamás había compartido con nadie, ¿y ella no le creía?

-¿Crees que te miento?

- ¿Crees que si me endulzas el oído caeré rendida a tus pies? Seguramente funcionó con tus otras mujeres, pero no es necesario conmigo.

Ella se dirigió a la cama y comenzó a sacarse los ornamentos de su pelo y las joyas de sus manos, de sus orejas y su cuello.

Ranma la miró confundido.

-¿Qué haces?

-Seguir con el protocolo, mi señor.

-¿Vas a acostarte conmigo para seguir con el protocolo?

-¿Por qué otra cosa lo haría? Ciertamente no por lástima ante su dura infancia, Su Alteza_ respondió irónica.

-¡Akane! _exclamó con tono de advertencia.

-Por favor, haga de una vez lo que tiene que hacer conmigo y déjeme sola.

-¿Crees que solamente quiero acostarme contigo?

-¡No entiendo sino por qué demonios estoy aquí! _descargó contra él.

Ranma caminó hacia ella haciéndola sobresaltar. La tomó de los brazos acercándola a su cuerpo.

-¿Piensas que hice todo esto solo para acostarme contigo?, ¿Que me enfrente a mi padre, a la Reina Madre, a mis Consortes, que te hice sufrir a ti y a tu familia solo para acostarme contigo?

-Lo creo, porque eres despreciable.

-¡Te equivocas! ¡Akane, te amo! _dijo intentando que sus palabras lleguen a ella con la sinceridad con la que él las estaba pronunciando.

-¿Amor?, ¿Obligarme a casarme contigo bajo chantajes es amor?

-¿Y de qué otra manera crees que podría hacerlo?, ¡Soy el maldito príncipe heredero Akane! No sé lo que es cortejar o tener un noviazgo con la mujer que desee. ¿Por qué piensas que fingí para acercarme a ti?, ¿Crees que podría simplemente ir a tu casa y decirte: "¿Quieres ser mi novia, Akane?", ¡Mi vida no es así! Una mañana mi padre me comunicó que estaba comprometido y luego unos años… ¡No solo tengo una pero tres esposas! ¿Crees que me preguntaron lo que quería?, ¿Piensas que pude elegir casarme con ellas?, ¿Que las amo o siquiera que me gustan?, ¡Ni siquiera puedo coger cuando quiero Akane! , ¡Todo en mi puta existencia ha sido forzado, hasta este título que solo sirve para forzar a los demás!

-¡Suéltame!_ gritó llorando.

-¡Todo es obligatorio menos tú! Sé que soy un maniático egoísta pero no podía perder a la única persona que me importa, que me enamoró sin siquiera intentarlo. Por primera vez alguien así, en mi vida ¡No lo podía creer!, todavía no puedo creer que existas... ¡Sí, te obligué porque no puedo hacerlo de otra forma!

-¡Me lo podrías haber dicho!

-¿Qué cosa?, ¿Que te amaba?, ¡Tú odiabas al príncipe heredero, lo despreciabas!

- Lo sigo haciendo.

- ¡Tú ni siquiera me conocías!

- No era necesario, conocía tus acciones, tus despreciables acciones que afectaron incluso a mi amada hermana.

-Lo sé. Pero no soy solamente ese tirano que todos creen.

- ¿No lo eres?, Entonces dime ¿qué clase de hombre fuerza a una mujer a casarse con él?

-¡Tuve que hacerlo, estabas comprometida! , ¿Acaso me ibas a dar una oportunidad?

-Entonces tendrías que haber renunciado a mí _concluyó volteando su cara.

-¡No puedo! Renuncié a todo pero no puedo renunciar a ti.

-¿Aunque me estés matando? _clavó sus ojos en los de su esposo_ ¿Aunque te odie?

-Sí, aunque sucumbamos juntos.

-Eres un enfermo, Ranma.

-Lo soy, pero te amo.

-¡Suéltame!

Akane empezó a forcejear con él intentando liberarse.

Pero entonces él estampó su boca sobre la de ella, reteniendo su rostro con su mano derecha mientras apresaba su cuerpo con su otro brazo.

Ella empujaba con ambas manos sobre su pecho intentando alejarlo, pero no lo conseguía.

Él continuó presionando sus labios contra los de ella, lamiéndolos, succionándolos, intentando infiltrarse en su boca para tomarla con la pasión que deseaba. Pero ella no se lo permitía, sellando su boca con todas sus fuerzas. Al ver impedidas sus intenciones, comenzó a descender sus labios por sus tersas mejillas, su delicada mandíbula, su suave cuello.

-Hueles tan bien, mi amor _le dijo olfateando su perfume con devoción_ ¿sabes las veces que sentía tu aroma y moría por besar tu piel? _ se separó de ella y la empujó sobre la cama.

Akane cayó sobre su espalda viendo como su ahora esposo la contemplaba con deseo mientras se despojaba de sus túnicas, arrojando sobre el piso con notable tedio el ornamento que todavía llevaba puesto sobre su cabeza, liberando su característica trenza.

Quedó vistiendo solamente un pantalón de seda blanca. Se sacó sus zapatos y subió sobre ella, cuan depredador a punto de cazar a su presa. Sin embargo, por unos instantes Akane pudo jurar que la observó con ojos suplicantes, como si estuviese a punto de llorar, al igual que ella.

Comenzó a desatar el lazo que cruzaba su pequeña cintura, abriendo su hermoso kimono. Ella intentó resistirse pero sabía que era en vano. Él tomó sus manos tirando de ellas, haciéndola sentar, y a continuación desplazó la ropa por sus hombros. Tiró de las mangas de la delicada vestimenta haciendo que sus brazos salgan de ella y en un rápido movimiento lanzó la prenda al suelo. Ella se quedó solamente con una delgada yukata blanca.

Un poco de su piel quedó al descubierto. Él se alejó para admirarla y ella reaccionó cubriéndose con sus brazos.

Había soñado tantas veces tenerla en su cama. Quería hacerle el amor con tanta necesidad. Estaba por completo excitado, listo para tomarla.

Descendió sobre ella aprisionando su cuerpo con el suyo. Capturó sus brazos con su mano derecha, dejándolos estirados sobre su cabeza, y se acomodó entre sus piernas. La muchacha se resistía, moviéndose inútilmente contra su asalto. Cuando el príncipe intentó besarla nuevamente, movió su rostro hacia un costado evitando su contacto.

Akane pensó que podría entregarse a él y que ello no la afectaría, que sería inmune ante su ataque y que podría dejarlo hacer lo que quiera con su cuerpo. Pero ahora no podía soportarlo. No quería que abusara de ella. Porque así se sentía, así lo era.

Ranma siguió besando su cuello, bajando por sus marcadas clavículas. Siguió su recorrido hasta llegar al nacimiento de sus pechos y allí se detuvo.

Agitado, apoyó su oído sobre el corazón de su esposa. Latía a mil por hora, justo como el suyo.

Pero no por la excitación del momento. Latía acelerado por el miedo, el odio y el rechazo que él le generaba.

Ranma también pensó que podía tomarla y satisfacer sus deseos sin que le importase los sentimientos de su mujer. Lo hacía todo el tiempo con sus demás consortes.

-No puedo tomarte así. No quiero obligarte a esto.

Akane se quedó paralizada al escuchar sus palabras. No lo quería ver pero pudo sentir como liberaba el agarre de sus muñecas.

El hombre respiraba agitado y sentía su caliente aliento rosar la piel de su pecho izquierdo.

Ranma descendió sus manos hacia los costados y las hundió debajo la pequeña cintura de su amada, abrazándola con desespero, como si se estuviese aferrando a ella.

-Yo te amo Akane, de verdad lo hago. Quiero con todas mis fuerzas hacerte el amor, no solo cumplir con un protocolo o satisfacer mi libido.

La muchacha cubrió su rostro con sus manos, aliviada. Era el primer gesto respetuoso que había recibido de él desde que llegó a este infierno.

-Estar a tu lado así, por ahora es suficiente, más que suficiente _ susurró el hombre_ Por ahora déjame dormir a tu lado, es más de lo que puedo pedirte.

Se quedaron en silencio permaneciendo en esa posición hasta que finalmente el cansancio acumulado durante el largo día hizo su efecto y se quedaron profundamente dormidos.