Hola a todxs! Cómo están? Espero que se encuentren todos bien y sanitos en sus casas!
No saben lo feliz que me hicieron sus comentarios! Realmente me motiva a seguir escribiendo. Hoy les dejo un nuevo capítulo. Muero por leer sus opiniones al respecto.
Prometo responder todos sus review a la brevedad.
Agradezco a aquellos a quienes no puedo hacerlo individualmente por sus hermosas palabras: Yancy, Ale, Yuya, Grace, Hikari, Rosi, MelAngi, Daya, James.
Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.
ERES MÍA
Cap 11: Dulces sueños
-¡Yuka ya ha curado mis heridas, acaba de cambiar el ungüento, no hace falta que apliques nada más!_ recitó con urgencia.
Sintió sus pasos acercarse hacia ella. Sintió su peso sobre el colchón.
Akane estaba alerta, expectante, no sabía qué iba a hacer con ella. Tal vez su buena predisposición la noche anterior solo era una mentira para quebrar sus defensas.
Lo sintió removerse a su lado. Y luego un líquido frío descendió sobre su piel haciéndola sobresaltar. Ranma la detuvo presionando suavemente su espalda.
Su mano, por el contrario, ardía al contacto con su epidermis.
-Es la crema que envió el médico real para ti. Evitará que se infecte la herida y además aliviará el ardor.
-Nunca usé cremas para sanar mis heridas, las hierbas más que son suficientes.
-Lo sé. No estoy criticando tus métodos, Akane _dijo un poco abatido_ solo quiero colaborar en tu recuperación.
Akane no arremetió nuevamente. Por un lado porque él de todas formas estaba haciendo lo que quería y por otro porque la crema de verdad estaba calmando el ardor que sentía sobre su piel.
Sin poder evitarlo se relajó y Ranma no pudo estar más complacido al notarlo.
Él, claro, estaba lejos de sentirse relajado. En parte se sentía satisfecho por haber logrado ese mínimo acercamiento a su mujer, de poder demostrarle que en realidad no iba a lastimarla… no más. Se preocupaba por ella, la amaba. Por otra parte estaba todavía colérico por el castigo que osó la Reina a ejercer sobre Akane .Ello, a la vez lo hacía sentir impotente, pues nada podía hacer para limitar el poder de la anciana sobre su consorte. Y finalmente se sentía excitado. No podía evitarlo, todo su cuerpo reaccionó de inmediato a la desnuda espalda de su esposa. Su piel, aún lastimada, lo atraía de una forma irremediable. Especialmente el sector de su baja espalda donde se apreciaba el nacimiento de sus glúteos que, aún cubiertos por la tela de la prenda que escondía su bello cuerpo, dejaba entrever las deliciosas curvas.
Era difícil concentrarse y a la vez sumamente placentero. Hizo su trabajo lento, prolongando lo más que pudo el finalizar con su labor. Imágenes llegaban a su conciencia. Imágenes donde él estaba sobre ella y desvestía su cuerpo por completo dejando ante sí su desnudez. Había invertido incontables horas pensando en cómo sería el cuerpo desnudo de Akane desde que había llegado a su vida. Su imaginación, empero, no le hacía justicia a la realidad, a pesar de que en esas dos primeras noches de casados vio poco y nada el cuerpo desvestido de su esposa.
-Ya es suficiente_ enunció Akane arrastrándose lejos del alcance de Ranma, quedando al filo de la cama.
Ranma no pudo refutar, ya que efectivamente una gruesa capa de crema revestía la espalda de ella como producto de su afán en continuar indefinidamente con su tarea de enfermero.
A pesar de que ya no continuaba esparciendo la medicina sobre ella, Akane sentía que su marido continuaba a su lado.
-Ya puedes irte _dijo impaciente.
Realmente quería dormir. Estaba agotaba.
-Yo… dormiré aquí _dijo un tanto inseguro.
Definitivamente solo ella podía hacerlo titubear.
-¿Qué? _preguntó volteando a verlo.
-Como escuchas, yo dormiré aquí esta noche_ respondió recobrando su seguridad.
-¿Por qué? _inquirió enfurecida.
-¿Por qué no?_ retrucó irónico.
-¡Esta es mi habitación, tú tienes la tuya!
-¡Este es mi palacio, tú eres mi consorte! Yo puedo dormir donde y con quien quiera.
-Por favor, realmente quiero estar sola_ suplicó rendida_ estoy agotada, el día de hoy fue difícil y humillante.
-Yo no te haré nada Akane, solo… quiero dormir contigo.
Eso no era de todo cierto. Él quería dormir con ella pero deseaba por sobre todo hacerle el amor. Su cuerpo se lo pedía, su cuerpo que reaccionaba con tan solo decir su nombre. Tenerla allí tan cerca, compartiendo su cama matrimonial, tan hermosa y temeraria, con parte de su cuerpo develado, era simplemente demasiado para el joven esposo.
Pero no iba a asaltarla, tenía que demostrarle que no quería solo su cuerpo, que él esperaría a que ella quisiera estar con él.
-Pero-
-No hay nada que puedas decir para hacerme desistir_ la interrumpió.
Era verdad. A pesar de que no avanzaría sobre ella, quería dormir allí. Quería que la muchacha fuera lo último que vieran sus ojos y lo primero al despertar.
Akane simplemente se tragó las palabras que quería escupir y dirigió su cuerpo a la orilla nuevamente, dejando su cara oculta del Príncipe.
Éste, al ver que ella se dispuso a dormir, sonrió. La observó allí, quieta y silenciosa, tratando de que la ternura que sentía por Akane lo ayudara a controlar la lujuria que también tenía por ella.
Se levantó y se sacó sus prendas quedando solamente con su ropa interior inferior, mientras Akane escuchaba atentamente sus movimientos, sumamente nerviosa.
Cuando terminó con su tarea resolvió que la próxima vez debería traer algo de ropa de cama para dejar en la habitación. Apagó la iluminación quedando la habitación solo alumbrada por la luz de la luna que ingresaba por una pequeña ventana.
Se volvió a recostar en la cama. Se puso de lado, por supuesto para poder admirar a su esposa, guardando la distancia necesaria para no asustarla.
El compartir la cama con ella lo hacía sentir feliz. A pesar de las circunstancias en las que ellos se habían casado, Ranma se sentía feliz. Feliz, aunque ella no lo amara él, feliz porque ya no se sentía solo. Y ese sentimiento, toda esa felicidad lo abrumaba.
Estiró su mano hacia los cabellos azulados de su esposa, con sigilo tomó unas hebras entre sus dedos y acercó su rostro hasta sentir su aroma.
Cerró los ojos y se durmió de inmediato con el perfume de su amada cuidando su sueño.
Akane no era ajena a sus movimientos. No podía confiar en él. Estaba segura que en algún momento haría algo contra ella.
Esperó en las penumbras de la habitación pero lo único que sintió al otro lado de la cama fue una respiración acompasada. Podía jurar que un mechón de su cabello estaba atrapado bajo el peso de algo, pero no giraría a corroborar la trampa que había sobre él. Al fin y al cabo no le dolía.
Intentó, realmente intentó permanecer despierta, pero por alguna razón sus ojos cedieron al cansancio y no fue sino hasta el día siguiente que despertó cuando sintió con claridad una sensación fría rozando su espalda.
Se levantó de repente quedando a centímetros del rostro de su marido que había sido atrapado con las manos en las masas. Ambos se miraron con sorpresa e intensidad.
Ranma no quería despertarla, pero claro el frío paño empapado en agua que había mandado a traer para limpiar la espalda de su mujer fue un arma de doble filo.
No se imaginó que ella despertaría con tanto sobresalto. Pero no le importaba el resultado, ya que ambos estaban allí, de cuclillas sobre el mullido colchón, a una distancia tan tentadora.
No pudo evitar observar sus labios, deseaba saludarla con un beso de buenos días como tantas veces se había fantaseado. Pero la joven esposa se percató de la dirección que tomaron sus ojos y simplemente se separó de él, sentándose al borde de la cama.
-Perdón, no quería asustarte. Quería curar tu espalda antes de irme _dijo aún bajo el encanto de su consorte.
-No es necesario, ya te lo he dicho. Vete, Yuka podrá curarme_ sentenció Akane caminando en dirección al cuarto de baño.
Ranma no insistió, tan solo la vio desaparecer en la habitación adjunta.
No quería arruinar el humor de su mujer ni mucho menos el suyo.
Había dormido tan bien, a pesar de haber despertado con una notable erección que todavía permanecía expectante. Pues una de las causas de su bienestar fueron la cantidad de sueños que había tenido con su consorte.
Con una sonrisa libidinosa se levantó y se vistió con las ropas del día anterior.
Su escudero ya estaba impaciente esperando por él, es que hace más de media hora debió haberse presentado ante su padre.
Pero Ranma prolongó su estadía en la habitación de su concubina lo más que pudo.
Se acercó a la puerta del baño.
-Akane, por favor, usa las ropas y joyas que te he regalado. No soportaría verte lastimada otra vez.
Aguardó por su respuesta un eterno minuto.
-Lo haré, pero no porque tú me lo pidas. Te lo he dicho anoche, no permitiré que nadie lastime a mi gente por mi culpa.
-Me alegro que así lo hayas resuelto… mi amor.
Akane quería salir y abofetear su cara. Ella no era su amor, ella era su prisionera.
No quería, empero, prolongar su presencia en el cuarto con una discusión, quería que se vaya de una buena vez.
Suficiente tenía con haber compartido su cama.
Suficiente enojo tenía con ella misma por haber bajado la guardia. ¿Cómo pudo haber dormido tan profundamente?
-A la tarde te traeré una sorpresa_ dijo el Príncipe Heredero.
Akane no quería responder.
-Sé que esto te gustará, lo sé _sonrió como un idiota detrás de la puerta.
Akane estaba a punto de salir y lanzarle una palangana por la cabeza, pero el sonido de la puerta rompió con la escena.
-¿Mi señora?
-¿Yuka? _preguntó dubitativa saliendo del baño.
Miró la habitación buscándolo y al no divisarlo respiró aliviada.
-¿Me ayudas con mis curaciones Yuka? _sonrió amistosa.
-Por supuesto _respondió servicialmente.
Akane se sentó sobre el largo banco al pie de la cama, exponiendo su espalda a amiga.
-Oh, Akane, ¡se ve mucho mejor! _exclamó con contento mientras limpiaba la piel terminando con el trabajo que el príncipe no había podido concretar.
Akane lo sabía. Su espalda ya no ardía desde que Ranma esparció la crema sobre su piel.
-Solo… la crema Yuka_ pidió akane cuando la sirvienta hizo el ademán de agarrar las hierbas.
-Él… ¿le hizo algo… anoche?
Akane solo negó con su cabeza.
-Es… inusual.
-¿Qué cosa?
-Que duerma en la habitación de sus concubinas, mucho menos que lo haga dos noches consecutivas.
-Es su juego Yuka, no te sorprendas _dijo akane no queriendo darle demasiada importancia a las palabras de la muchacha_ ahora ayúdame a escoger la más sencillo de las yukatas.
Akane se levantó y se dirigió al rincón donde todavía estaban todos aquellos regalos.
Revisó todas las prendas. No debía ser muy brillante para darse cuenta del valor de cada pieza. Todas eran igual de deslumbrantes así que simplemente eligió el color menos exuberante. Un rosa pálido.
Yuka la ayudó a vestirse y eligieron un par de pequeños aros, un solo anillo, el que tenía la piedra de menor tamaño al igual que el collar que lo acompañaba, y un sencillo arreglo en su pelo se completaba con una horquilla en forma de grulla.
Solo le permitió aplicar un poco de color en los labios y una gota de perfume que era más que suficiente para perfumar su cuerpo.
Cuando Akane se vio en el espejo quedó sorprendida de su imagen. Realmente parecía una consorte pero ese pensamiento no la hizo feliz, simplemente no era ella.
Pero debía representar el papel.
Repasó una última vez el reglamento, orgullosa de cómo permanecía claro en su cabeza y partió con su escolta al palacio de la Reina Madre.
Llegó primera como el día anterior, solo que la mirada sobrante del eunuco que aguardaba por las mujeres convocadas había sido reemplazada por una que evidenciaba irritabilidad.
Esa misma mirada se repitió entre las consortes que de la misma forma y orden que la mañana previa fueron llegando al salón.
Las tres tomaron sus respectivos asientos contemplando, algunas de manera más evidente que las demás, las hermosas vestimentas y las finas joyas que portaba la Cuarta Consorte.
Akane simplemente devolvió cada mirada con una sonrisa educada. Aunque en sus fueros internos celebraba incomodarlas como pago por la burla que le dedicaron el día anterior.
Lo primero que hizo la Reina al ingresar fue mirar escrupulosamente a la Cuarta Consorte. Deseaba vehemente que la campesina no asistiera, que estuviese todavía adolorida por los latigazos en su espalda o que se presentara desafiante vistiendo las ropas del día anterior. Pero para su infortunio no lo hizo. No solo no mostraba señales de dolor sino estaba vestida correctamente, como la consorte que era.
A penas se sentó sobre su trono la convocó ante sí.
-Estamos ansiosas de escuchar el protocolo, Lady Akane.
- No más ansiosa que yo por complacerlas, Mi Reina _respondió con ironía.
-Comienza de una vez muchacha _ordenó impaciente.
La consorte aclaró su garganta y comenzó a citar el primer apartado del protocolo:
"La elección de las Concubinas Reales".
- Cualidades y condiciones que debe tener una mujer para ser candidata al puesto: joven entre los 14 y 27 años, virgen y fértil. No puede medir menos de 1 metro y 51 centímetros, no más de 1 metro y 73 centímetros de altura. Su peso debe oscilar entre los 43 y los 66 kilogramos. Piel blanca y perfecta (sin cicatrices, manchas, heridas, verrugas, estrías). Dentadura sana (sin caries, piezas blancas, completas y parejas). Sus facciones deben ser femeninas y delicadas (no orejas grandes, no bello excesivo, pestañas largas, ojos grandes, nariz respingada, boca pequeña y labios carnosos). Todo ello debe ser acreditado por una exhaustiva revisación médica a cargo del Médico Real.
-Si no cumpliese con alguna de las condiciones explicitadas quedará automáticamente descalificada y será expulsada del palacio.
-Además debe poseer conocimientos en historia, geografía, lenguas, literatura y artes, algo que será evaluado durante el proceso de formación que duraría 10 días.
-Se entrenará a las candidatas profundizando los conocimientos nombrados, además de capacitarlas en el arte de la seducción y de la reproducción efectiva (diversas técnicas sexuales para garantizar la satisfacción del deseo sexual de su marido, y los métodos más efectivos para garantizar un embarazo).
-Deben aprender cómo comer, caminar y hablar dentro y fuera del palacio. Nunca deben olvidar que representaban al reino y que cualquier ofensa dejaría en falta a la corona. Ellas deben ser entrenadas para ser la envidia de cualquier Reina, el objeto de deseo de cualquier Rey y el temor de sus súbditos.
-Está determinadamente prohibido el contacto de la candidata con cualquier persona externa o interna al palacio. Si la candidata infringe ésta regla será castigada de acuerdo a su ofensa, desde su expulsión hasta su ejecución.
-El matrimonio con la candidata a consorte debe ser una adquisición valiosa para el reino (ya sea económica, política o militarmente) dicha evaluación debe ser llevada a cabo por la Reina, máxima autoridad entre las consortes y concubinas reales.
-La ceremonia de matrimonio debe realizarse durante todo un día. Los novios deben vestir sus trajes de matrimonio hechos especialmente a medida y a combinación.
-La ceremonia oficial debe llevarse a cabo luego de las 4 horas en que el sol salía. El eunuco de mayor jerarquía oficiará la ceremonia y el nombramiento.
-Durante el evento, la consorte deberá seguir a su marido dos pasos detrás a su costado derecho en completo silencio. Tiene prohibido cualquier tipo de intercambio con los invitados salvo que su esposo se lo indique. La única reciprocidad directa que tendrá con los invitados podrá ser a partir de la presentación de su acto artístico (baile, canto, instrumento) al finalizar la ceremonia. Podrá recibir junto a su esposo las felicitaciones y comentarios de quienes deseen hacerlo.
-La Consorte deberá consumar la unión con su esposo al finalizar la ceremonia de matrimonio y nombramiento. Deberá acceder a todos los requisitos que su esposo le indicase con el fin de complacer sexualmente al mismo y de engendrar su descendencia. De no acreditar la consumación del acto sexual será ejecutada como acto de traición.
"Obligaciones de la Consorte Real"
-Las obligaciones de la Consorte son varias, pero la principal es la de engendrar descendencia. Para ello deberá acceder con regularidad a los encuentros sexuales con su esposo cada vez que éste lo solicite o que sea indicado por el calendario lunar. Durante la primera semana de matrimonio el esposo podrá permanecer junto a su Consorte con el fin de garantizar y profundizar los lazos matrimoniales.
-Deberá, de misma forma, complacer y acceder a todos los pedidos que su esposo solicite para satisfacer su deseo sexual. Hará uso para ello de las técnicas aprendidas durante el periodo de entrenamiento.
-Deberá asistir a todas las reuniones solicitadas por la Reina vigente, máxima autoridad entre las consortes.
-Según el grado que la Consorte posea se corresponderán los derechos dentro del palacio, su dote matrimonial, la cantidad de visitas de su esposo, las reuniones y eventos a los cuales podrá acceder, la cantidad y calidad de comida, la cantidad de salidas por fuera del palacio, los sirvientes, guardias y eunucos de su escolta, entre otros.
-La Consorte representa la corona. Por lo cual debe siempre estar a la altura de su posición, desde su imagen impecable (vestimenta, apariencia en general), hasta sus modales intachables (sumisión a la corona, humildad y respeto hacia los de mayor jerarquía, y obediencia a su esposo). Si la imagen de la nación queda ridiculizada de manera alguna por con sus actos, o si llegase a generar algún tipo de conflicto o daño para al reino, deberá ser castigada con la muerte por traicionar al reino conjuntamente con todo su clan.
-La Consorte deberá compartir la responsabilidad de administrar el palacio conjuntamente con la Reina. Para ello se le será asignada una tarea que deberá cumplir exitosamente, siendo su total responsabilidad los efectos positivos como negativos de la misma.
-¡Detente allí, niña!
-Pero Su Alteza, todavía quedan reglas por recitar.
-Lo sé, pero eso nos llevaría toda la mañana y no necesito perder más tiempo_ dijo frustrada.
Ella confiaba que la muchacha se equivocaría, ya sea por efecto de la falta de memoria o por la presión de su penetrante mirada. Después de todo, era una simple campesina. Pero no fue así, y realmente ya estaba cansada de escucharla recitar cada regla con notable perfección.
-Espero que las tengas presentes de aquí en adelante, muchacha.
-Así será, Mi Reina _dijo akane escondiendo su orgullo detrás de una humilde reverencia.
-Que sirvan el desayuno_ ordenó al eunuco.
Akane volvió a su lugar, recibida por los rostros orgullosos de Yuka y Aoi.
Las demás consortes la observaban de reojo con notable irritación. Al igual que la Reina deseaban tener otra oportunidad para desquitarse con ella. Pero eso debía esperar, pues Akane no les iba a dar el gusto, no hoy.
Sirvieron té y unas masitas dulces a cada una de las presentes.
La Reina intercambiaba palabras con su nieta, hablando de los próximos eventos en los cuales las consortes participarían, siendo una necesidad desplegar toda su elegancia y belleza con el fin de que el Príncipe estuviese orgulloso de ellas.
Cuando Akane dirigió el té a su boca percibió ese aroma tan particular. No tenía sentido, ¿por qué usarían aquella planta en las bebidas? Seguramente estaba equivocada. La desconfianza que sentía por esas mujeres la estaba afectando. Sin embargo conocía bien las hierbas y sí confiaba en su olfato. Los campesinos no podían pagar las medicinas que se comercializaban en los niveles más altos de la sociedad, así que la solución para cada enfermedad y dolencia siempre estaba en las hierbas que ellos mismos podían cultivar.
Tomó la infusión reteniendo en su paladar los restos de la raíz que quedaban al fondo de la taza. Con sumo disimulo los expulsó sobre su pañuelo de tela y lo guardó discretamente entre sus ropas.
-Mañana discutiremos tus tareas en el palacio Consorte Akane_ anunció la Reina antes de dar por finalizado el desayuno.
Dejaron la habitación real del Palacio Tsubaki, siendo Akane la primera en llegar y la última en irse.
Una vez en su habitación se abrazó a Yuka contenta de haber tenido éxito con su tarea.
-Lo hizo muy bien Akane.
-¡Gracias Yuka! No dejaré que nos lastimen, lo prometo.
Su festejo se vio interrumpido por la llegada de su esposo quien irrumpió en la habitación como solía hacer desde que Tendo se convirtió en Saotome.
El semblante feliz de Akane mutó de inmediato a uno serio e irritado.
En cambio Ranma quedó una vez más atrapado en la belleza de su mujer. Estaba deslumbrante y no dudo en decírselo.
-Sabía que te verías así de preciosa, mi amor _expresó sin pensarlo, como si fuese lo más natural del mundo.
-No me llames así, por favor.
-Lo haré, ni tu ni yo podemos evitarlo _le dijo con una enorme sonrisa que desquiciaba a Akane.
-¿Qué hace aquí, su Majestad? _preguntó la joven consorte.
-Viene a entregarte tu sorpresa.
-No quiero nada, ya te lo dije
-¿Akane? _indagó una voz masculina ingresando tímidamente a la habitación.
-¿Papá?
-¡Hija! _exclamó recibiendo a la menor de sus hijas, quien corrió a sus brazos.
Akane se fundió en el conocido calor que le daba su padre. ¡Lo había extrañado tanto! Un sentimiento completamente compartido por el padre de familia. No había día que no llorase la pérdida de su pequeña, sintiéndose un viejo inútil por no haberla protegido
Akane sintió un calor sobre su espalda, llevándola a girar su rostro en dicha dirección.
-¿Cómo has estado hermanita? _susurró Nabiki no pudiendo esconder sus lágrimas.
Akane le sonrió liberando su propio llanto, cuando finalmente Kasumi aparecía dentro de su campo visual terminando de desplomar sus barreras.
Los Tendo de unieron en un abrazo lleno de amor, tristeza y nostalgia.
Mientras, el Príncipe contemplaba la familia que alguna vez le hizo sentir envidia.
¿Sería muy osado en unirse al abrazo? Lo era. Porque a pesar de que ayer su suegro le agradeció las nuevas tierras asignadas en la cercanía del palacio, en donde poseía ahora una hermosa casa llena de comodidades, pudo ver la ira en su mirada, pero por sobre todo su decepción. Su cuñada Nabiki simplemente lo ignoró y Kasumi aún le tenía miedo aunque le aseguró que jamás volvería a hacer uso de lo acontecido el día donde su vida cambió para siempre.
Ordenó que llevaran alimentos e infusiones al jardín interno de la habitación de su esposa. Estaba seguro que Akane todavía no había hecho uso del lugar.
Cuando todo estuvo listo se acercó a la familia que permanecía de pie, abrazándose y compartiendo palabras de amor, y aclarando su garganta llamó la atención de los presentes quienes dirigieron sus miradas a la imponente figura.
-Preparé el jardín para ustedes. Pueden quedarse todo el día, nadie los interrumpirá.
-Gracias, Su Majestad_ respondió Soun.
Ranma sonrió en cortesía pero sus ojos estaban como siempre puestos sobre Akane quien no le dirigió palabra alguna.
Fue un momento más que incómodo, pues Ranma no quería irse del lugar. Pero prometió que le permitiría estar juntos en privado así que simplemente partió.
Al quedarse solos Nabiki, recobrando su espíritu frío y calculador, comenzó a recorrer la habitación expresando su entusiasmo por todo el lujo del lugar. Akane, aún abrasada a su padre, la escuchaba poniendo sus ojos en blanco. Kasumi solamente comentó que era una habitación hermosa, muy distinta a la anterior, dedicando una tierna y cálida mirada como solía hacer.
-¡Guau!_ exclamó nuevamente Nabiki dirigiendo sus pasos al jardín.
Los demás la siguieron expresando admiración por el lugar.
Incluso Akane admitió la belleza del jardín.
Un hermoso Sakura en medio de este, rodeado de otros arbustos más pequeños pero plantados estratégicamente siguiendo un diseño. Bellas flores estaban plantadas por doquier y el césped más verde que Akane había contemplado se extendía cubriendo el pequeño espacio.
Tomaron asiento en las sillas que habían traído para ellos, rodeando la mesa de madera que tenía sobre si toda clase de aperitivos.
-¡Ven Yuka!_ llamó Akane a la muchacha que estaba aguardando las órdenes de Akane.
-Sí, Mi Señora ¿qué quiere que le sirva?
-¿Sirva? Jajaja, ¡No, siéntate con nosotros!
-¿Cómo has estado Yuka? _preguntó Kasumi contenta de reencontrarse con la persona que tan bien la había tratado durante su estadía en el palacio.
-Estoy muy feliz de servir a la Señora Akane, Kasumi. ¿Cómo ha estado usted?
Kasumi se removió nerviosa en su asiento, y Yuka se sintió estúpida por su torpe pregunta.
Pero Kasumi recobró de inmediato su característica sonrisa y respondió.
-Hoy estoy especialmente feliz, gracias por preguntar Yuka.
-Vamos Yuka siéntate de una vez_ insistió Akane.
Yuka se dio cuenta que no había reparado en el pedido de su ama.
-¿Sentarme?, Oh, no, no, ¡cómo podría!
-Ella es Yuka, mi única amiga en este lugar _presentó Akane.
-Gracias por cuidar de mi hija, Yuka_ agradeció el señor Tendo.
La sirviente hizo una reverencia conmovida por las palabras del padre de Akane.
La consorte la tomó del brazo y la hizo sentar junto a los demás.
-¡Ahora sí! No necesitas servirnos, ¿ves? _extendió ante la muchacha sus extremidades_ ¡Tenemos brazos!
Todos rieron y en efecto cada uno se sirvió lo que tenía ganas de comer.
-¿Dónde… dónde está él? _finalmente preguntó.
Soun miró a Kasumi, mientras Nabiki dirigió su mirada al hermoso sakura.
Kasumi tomó su mano y respondió.
-Él ha dejado el reino hermana, tomó a su padre y se fue.
-Él… me odia, ¿no es así?
Kasumi sintió un nudo formarse en su garganta y solo negó con su cabeza hasta que pudo enunciar palabras nuevamente.
-No, mi querida, él te ama, mucho, de verdad.
-¿Él está bien Kasumi?
-Lo está, pero ha sido muy difícil para él. Así que necesitaba irse lejos, querida. Lo entiendes, ¿verdad?
Akane no pudo evitar angustiarse ante esas palabras. Dentro de su corazón anhelaba que él la estuviese esperando o que intentara siquiera verla. Pero no podía culparlo.
Su padre acarició su espalda intentando consolarla.
-Me alegro de que este bien, eso es suficiente.
Los tres asintieron culposos. Pero como Hibiki les había señalado, era necesario no revelar la verdad sobre Touma. Ello solo lastimaría a Akane.
Lo más difícil había pasado.
La conversación siguió por las novedades de los Tendo. Ellos habían sido trasladados a las tierras que Ranma había prometido. Les contaron como las tierras eran fértiles, la casa era enorme y equipada con todas las comodidades que podía imaginar. Le contaron como también acondicionó una pequeña casa en la ciudad para que el prometido de Kasumi, quien era practicante de medicina, pudiera ejercer sus funciones allí. Le aseguró a Kasumi que le daría unas tierras para ella y su futura familia, pagando además los costos de la boda. Ni la mayor de los Tendo ni su prometido aceptaron su oferta, pero Ranma dijo que ellos eran parte de la familia real y que debían vivir acorde a su nueva condición porque ahora representaban a su monarquía. Akane solo le dijo que hiciera lo que ella deseara, que en todo caso ella intentaría convencerlo.
Luego fue el turno de la menor de contar cómo había estado. Ella fue muy breve y se reservó los peores detalles de su estadía en el palacio, solo se propuso relatar sobre las demás consortes y la Reina Cologne, expresando además cuando los extrañaba.
Se dedicaron nuevamente a relatar y escuchar las novedades del pueblo, transmitiendo uno por uno los saludos que sus allegados le habían enviado.
Mientras Soun y Nabiki se quedaron hablando sobre cómo el hijo del panadero se había escapado del ejército, Akane tomó de la mano a Kasumi llevándola al interior de la habitación.
Buscó el pañuelo de tela entre sus ropas y lo abrió develando los restos que había guardado del té que hace unas horas había tomado.
Se lo mostró a su hermana quien expresó su asombro confirmando sus sospechas.
-Es colocasia.
-Lo sabía.
-Akane, ¿de dónde sacaste esto?
-Estaba en mi té.
-¿Por qué? Son restos de la raíz…
-Esto lo mataría, ¿no es así?
-Sí, sobre todo cuando más temprano se toma.
-¿Por qué alguien querría matar a un bebé?
-¿Por qué te lo han dado a ti Akane?, ¿Acaso tú…?
-No. Pero ellas… no lo saben.
-¿Ellas?
-Seguramente querían asegurarse que abortara. ¿Cómo son capaces de algo así?
Akane no podía creer el alcance de esas mujeres.
¿Qué hubiese pasado si ella estaba embarazada?
La consorte se abrasó a sí misma. El simple pensamiento le dio escalofrío. Hasta ese momento jamás había pensado en la posibilidad de un hijo. Claro que quería ser madre, pero no de ésta forma, no aquí, no de los hijos de ese hombre.
Kasumi pudo leer el miedo en los ojos de su hermana y la abrazó.
-No te preocupes, no te hará daño siempre y cuando no estés embarazada, pero si lo tomas con demasiada regularidad podría dañar el útero. Trata de evitarlo por favor.
-Lo haré.
En ese momento se anunció Hibiki.
-Mi Señora Akane _saludó con una reverencia_ Señorita Kasumi, debemos irnos.
-¿Ya? _exclamó Akane.
-Sí, Mi Señora, ya falta poco para que se ponga el sol.
Efectivamente había pasado toda la tarde sin que ella se diera cuenta.
Entre sollozos se despidió de sus hermanas y su padre, prometiendo cuidarse mutuamente.
-Volveremos lo antes posible, mi querida _prometió Kasumi.
-Él aseguró que podríamos verte con la mayor frecuencia posible_afirmó Nabiki.
-Cuídate, mi niña_ pidió una vez más su padre antes de dejar la habitación.
Akane corrió de vuelta al jardín y se sentó sobre el césped abrazando sus piernas. Yuka quiso sentarse junto a ella pero Akane le pidió que se vaya pues quería estar sola.
Todavía percibía el olor de su familia en el aire y quería quedarse allí hasta que ya no existiese rastro alguno de ellos.
Se quedó perdida en los pensamientos de todo lo que había escuchado ese día: Touma, sus amigos, su familia, las consortes, un hijo.
De repente sintió una manta cubrir su espalda.
-Gracias Yuka_ agradeció pues era verdad que tenía frío.
-Es mejor que entres, Akane _aconsejó una voz masculina.
Akane elevó su cabeza encontrándose con aquellos ojos azules que la miraban con preocupación.
-Ya se puso el sol, no quiero que te enfermes _agregó.
-¿Qué haces aquí?_ preguntó Akane a su esposo, volteando su cabeza hacia el césped.
-Vine a verte.
-Ya me viste, puedes irte.
-No, no lo haré. Vamos, la cena está servida_ le dijo ingresando al dormitorio.
Akane cerró los ojos con frustración. Realmente era la última persona que quería ver.
Pero lo mejor era entrar y comer rápido la cena, con la esperanza de que él se marchara luego de complacerlo.
Y efectivamente allí estaba él, sentado frente a la pequeña mesa aguardando por ella.
Akane le entregó la manta a Yuka y se sentó junto a su esposo.
Él no pudo evitar sonreír por la escena que se desplegaba ante sí, la mujer que amaba uniéndose él para cenar.
Sin embargo la cara de la Consorte no mostraba el mínimo entusiasmo, y con la actitud silenciosa que la caracterizaba comenzó a comer.
-Hoy te veías hermosa, Akane.
La aludida no reparó en el comentario.
-Me alegro que hayan salido bien las cosas con Cologne.
Akane lanzó una breve risa cargada de ironía, sin despegar sus ojos del plato.
Ranma la observaba moviendo nerviosamente su pierna. La actitud de su esposa… nunca lo habían tratado así, con tanto desinterés y rencor o tal vez sí, pero él no se había percatado de ello. Es que jamás había deseado tener el interés de alguien sobre sí, nunca de la forma en que anhelaba obtener el de Akane.
-¿Cómo te fue con tu familia? _preguntó impaciente.
El silencio seguía presente.
Ranma simplemente exhaló sonoramente frustrado y solo comenzó a comer.
Minutos después un sirviente del Príncipe se anunció a la puerta.
Akane pidió a Yuka que lo recibiera.
-Aquí esta lo que me ha ordenado, Su Majestad.
Ranma se levantó tomando las prendas en sus brazos entregándoselas a una confundida Yuka, con la indicación de que las acomode correctamente y prepare su baño.
-¿Qué es eso? _preguntó la joven esposa.
-Mi ropa de cama y la vestimenta que usaré mañana.
Akane transformó sus manos en puños.
-¿Por qué ha traído eso aquí, Su Majestad? _interrogó sabiendo la respuesta.
-Anoche dormí muy incómodo. Además mañana no tengo tiempo que perder, debo alistarme rápidamente.
-Tal vez debería dormir en su propia recámara, Mi Señor _dijo con fastidio.
-Pero quiero dormir aquí, contigo _respondió con suma franqueza.
Akane se quedó de pie mirándolo desaparecer en el cuarto de baño luego de que Yuka anunciara que estaba todo listo para él.
Akane se acercó a la criada con una expresión desesperada.
-¡Esto es inaudito!_ se quejó colérica.
Akane no podía creer su suerte. ¿Por qué insistía en dormir con ella? Seguramente porque no había logrado satisfacer su libido. Y ella no podría hacer nada para evitarlo. La conversación con Kasumi llegó a su cabeza. Lo que sí podría evitar quedar embarazada.
-Yuka, mañana visitaremos al boticario real, ¿sí?
-¿Para qué, Mi Señora?
-Por precaución.
-Como ordene, Akane.
En ese instante la puerta del baño se abrió.
Akane no estaba lista para ver lo que vio.
La figura solo estaba vistiendo unos pantalones anchos de algodón que se ajustaban sobre sus caderas. Su pelo estaba empapado, despidiendo gotas que caían a lo largo de su torso desnudo.
Era la primera vez que lo veía sin ropa. En realidad nunca había visto a un hombre desnudo, o por lo menos era la primera vez que observó a uno con tan poca tela encima. Incluso cuando jugaba con sus amigos en el río todos lo hacían vestidos.
Se sonrojó de inmediato, pues su marido poseía un cuerpo notablemente masculino. Sus músculos estaban marcados por doquier, algo que Ranma se había encargado de mostrar contrayendo casa uno de ellos.
Lo había hecho a propósito, sí.
Sabía que a sus demás Consortes les gustaba su cuerpo, cuerpo que él mismo entrenaba todos los días antes de desayunar. Él era fuerte, practicaba toda clase de artes marciales. Desde que era pequeño, además, dominaba magistralmente la espada y el arco y la flecha, y sabía que era incluso más talentoso que su propio escudero. Su cerebro, sin embargo, era mucha más valioso que su fuerza física, así que no haría uso de su poderío físico a menos que fuese necesario. Para ello tenía un ejército poderoso, para cuidar su integridad.
Akane, al darse cuenta de que estaba observando a su marido fijamente con indiscutible curiosidad, se dio vuelta dándole la espalda.
-¡Ponte una camisa, degenerado! _ le gritó avergonzada.
Ranma sonrió triunfante.
-Me la he olvidado aquí. Por eso no pude vestirme en el baño _mintió descaradamente_ Muchacha, ve a preparar el baño para tu señora.
Yuka, que no era inmune a los encantos del Príncipe, corrió al baño agradecida de poder esconderse.
Ranma tomó la camisa y cubrió su cuerpo por completo.
Agarrando una toalla seca, se acercó a su mujer quien todavía lo evitaba.
Una vez detrás de ella, le susurró en su oído.
-Sécame el pelo, mi amor.
Logró una vez más su objetivo, pues la mujer se dio vuelta rabiosa para enfrentarlo.
-¡Ya te dije que no soy… tu amor! _repondió Akane cayendo en la trampa que puso su esposo.
Solo estaban a centímetros de distancia. Ranma la miraba con deseo recorriendo minuciosamente su rostro. Su respiración entrecortada rosaba la piel de Akane, quien solo por un momento se perdió en los ojos azules del Príncipe.
Era muy atractivo. El infeliz lo era y lo sabía.
Ella no podía negarlo. Siempre lo supo, incluso cuando creyó que era su alumno. Por eso se sentía incómoda cada vez que estaban cerca el uno del otro. Justo como ahora.
-Akane… _pronunció con voz empapada de deseo, con clara intención de besar sus labios.
Entonces ella reaccionó dirigiéndose hacia la silla más cercana, completamente sonrojada.
-Siéntate_ ordenó.
Ranma exhaló todo el aire de sus pulmones intentando tranquilizarse.
Su cuerpo había reaccionado por completo ante la cercanía de la mujer. ¡Cómo la deseaba, por dios que lo hacía!
Y luego, intentando recobrar su cordura se sentó.
Akane tomó la toalla de sus manos y comenzó a secar el cabello del muchacho.
Sería mejor acceder a esto antes de que terminara abusando de ella, pensó para sí misma.
Lo hizo como lo había hecho incontables veces con Touma luego de que ambos nadaran en el río las tardes calurosas de verano. Claro que aquellos días ese gesto se llevaba a cabo con sumo amor y devoción. Ahora solo lo hacía de forma lenta para ganar tiempo.
Sin embargo, Ranma era invadido nuevamente por un sentimiento distinto al que había sentido hace un momento. Antes era lujuria, ahora era ternura, total y desmedida ternura.
Si antes quería besar cada centímetro de su piel, ahora quería enterrar su rostro en su regazo y sentir las caricias de ella sobre sus cabellos, una y otra vez.
Amaba a esa mujer, lo hacía de verdad. Cada momento que compartía con ella lo confirmaba, pues ¿qué era el amor más que la mezcla perfecta entre la ternura y el erotismo?
-Mi Señora, ya está su baño_ interrumpió Yuka.
Y Akane de inmediato lo dejó perdiéndose en el cuarto de baño, cerrando la puerta tras de sí.
Se sintió vacío, abandonado. No quería estar lejos de ella. Por eso estaba ahí esa noche, porque quería dormir a su lado… para siempre.
Se acomodó en la cama y aguardó por ella. Sabía que estaba tardando a propósito. Pero él la esperaría despierto y quería que ella lo supiera.
Efectivamente ese era el propósito de Akane, propósito que se vio frustrado cuando lo vio acostado sobre la cama con sus enormes ojos azules sobre ella.
Resignada, apagó las luces y se acostó en la cama, bien al borde de la misma, lo más lejos que pudo de él.
Entonces sintió como su esposo se removía y luego estaba ahí esa presión sobre sus cabellos.
-Ranma.
-Dime, mi amor.
-Devuélveme mi libertad.
El silencio se presentó tensionando los corazones de la pareja por igual.
-No puedo hacerlo, lo siento.
-Él… está durmiendo con ella, Mi Señora.
-¿Qué?, ¿Otra vez?, ¿Por qué? ¡Él odia dormir en camas ajenas!
-No… no lo sé, Mi Señora.
La mujer sintió como la ira y el temor se apoderó de su cuerpo.
-Mañana, no te olvides de poner la… ya sabes, en el té. Ella, esa maldita mujer no va a robarme lo que es mío.
